La muerte de Alfonsín

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Raúl Alfonsín fue el primer presidente argentino después de la más cruenta dictadura militar que sufriera ese país. Alejandro Stein hizo aliá (inmigración a Israel) en 1976, por estar en la mira, como tantos otros, de la “Junta Militar”. Hoy comparte con este blog su visión de Alfonsín, fallecido esta semana, el hombre que marcó el fin del régimen que lo obligó a exiliarse.

Por Alejandro Stein*

Me golpeó la muerte de Alfonsín. Para mí que lo vi y lo viví desde afuera, Alfonsín tuvo un papel total y absolutamente central en el retorno a la democracia. Para bien y para mal. Siendo lo que fue, no nos olvidemos, por sobre todo y ante todo: un radical. Un radicheta.

Porque Alfonsín fue la cosa deleznable del Pacto de Olivos, que él hizo, supongo desde su punto de vista, para evitar que el peronismo atropellara a la Constitución como según él lo había hecho en el ’49; porque el peor felices pascuas que se le puede haber deseado a nadie nunca en el país, lo deseó él. Y sus consecuencias, el “Punto Final”, que por suerte fue un punto seguido, aunque con muchos años de oprobio entre oración y oración, y la “Obediencia Debida”, que en realidad fue la debida obediencia a una clase militar que todavía era una sombra amenazante y un recuerdo fresco y doloroso, fueron suyos.

No se le puede pedir a ningún radical, desde Yrigoyen hasta acá, que organice un movimiento de defensa popular. No nos olvidemos que el último levantamiento popular organizado por un radical fue la revolución del ’93 armada por Yrigoyen con Aristobulo del Valle, si no me equivoco. De allí para acá, son todos maricones… política de comité, congreso, leyes, internas y trenzas partidarias, principios inviolables a veces abiertos de gambas por motus propio… Y algún que otro grupo de gente bienintencionada que, creyendo en la democracia, y a pesar de que había una clase militar que era la dueña de la pelota en el juego político, pensaron honestamente en construir algo mejor para el país. Fue Frondizi en un principio, como oposición de izquierda dentro del radicalismo, que terminó desvirtuando y traicionando totalmente su discurso inicial, fue Illia, Amaya, asesinado por la dictadura, Solari Yrigoyen, y Alfonsín, ya en otro contexto. Con los milicos haciendo mutis por el foro, empezando a ser repudiados y odiados en voz alta.

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Pero Alfonsín fue también quien se dedicó a defender presos políticos del Cordobazo y del Viborazo en Córdoba durante la dictablanda de Onganía y Cía., sin reparar en su filiación política; fue quien juzgó a los militares; fue quien (a propo lo que hizo con el Pacto de Olivos) finalizaba sus actos durante la campaña electoral recitando el Preámbulo de la Constitución, fuente de toda razón y justicia para un radical y demócrata convencido; fue quien se negó a asistir al tedeum en la Catedral el día de la asunción del mando en un claro mensaje a la Iglesia colaboracionista; y quien le paró los pies al dueño del mango y la sartén por aquellos días, Ronald Reagan, negando la participación argentina en el infausto proyecto de los “contras”, y haciéndolo en público durante un acto en la Casa Blanca. Entre otras cosas.

Fue un ser humano, y creo que hizo lo que creyó justo, y lo mejor para el país en el momento que le tocó vivir, pero sobre todo, creo que tenemos que tener en cuenta qué país le tocó a Alfonsín durante su presidencia. En mi opinión, el país que recibió Alfonsín, independientemente de vivir doblado en 2 por la cantidad innumerable de patadas en las bolas que había recibido, era un país que no sabía lo que era vivir en democracia prácticamente desde los albores de su historia. Y su gran mérito fue el habérselo enseñado. Equivocado o no. Pero honestamente. Creyendo en lo que hacía, con una libertad de prensa total y absolutamente abierta, como pocas veces había habido, con un respeto enorme por los derechos humanos, con un ejército agazapado y soñando con volver, porque todavía no era totalmente consciente del repudio y el asco que inspiraba. Y sobre sus hombros cayó la responsabilidad de enseñarle a ese país quién era, qué era. Sin imponerle adónde ir.

No olvidemos tampoco quién derribó a Alfonsín, desde la Rural que hoy se desgarra las vestiduras , la mesa de enlace que va a su velatorio y le hace un panegírico!!!, hasta el resto de los capitales que después disfrutarían y apoyarían la yevolución produtiva. No se lo quiso, se lo criticó… Pero comparemos su figura con el cinismo de sus sucesores, Menem, de la Rúa… Mientras escribo esto estoy escuchando por Radio Nacional el programa de Anguita, y realmente no sorprende, pero sí repele que hoy el radicalismo esté alineado con la misma Sociedad Rural que lo abucheó mientras era presidente.

No puedo dejar de pensar en la analogía de la gente en un delirio de felicidad unciéndose a la carroza del presidente electo Hipólito Yrigoyen, de la misma gente destrozando su casa cuando fue derribado en el 30 por Uriburu (no olvidemos que el teniente Perón fue uno de los participantes del golpe), y de la misma gente asistiendo a su entierro y llorándolo masivamente cuando falleció.

Alfonsín fue una figura política a quien supongo no hubiera votado, ni siquiera en el ’83, con la cual disentí mucho, muchísimo más de lo que acordé, pero a la cual jamás le perdí el respeto. Que en paz descanse, porque a pesar de todo, se lo merece.

*Alejandro Stein es miembro del kibutz Barkai. Argentino, 54 años, vino a vivir a Israel en 1976, como exiliado de la dictadura militar. Divorciado y con dos hijas, es también miembro del partido de izquierda Meretz. Sobre su identidad entre un continente y otro dice: “Soy argentino e israelí, quiero mucho a Israel, lo duelo, pero a pesar de que tengo bastante más de media vida vivida acá, sigo ‘con el corazón mirando al sur.'”

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4 pensamientos en “La muerte de Alfonsín

  1. Solamente hacernos la hipótesis de qué hubiese pasado si ganaba Luder. O si el primer presidente de la democracia era el meshigue K. Creo que en estos actos se revaloró bastante, aunque no del todo, el detalle de que entre 1983-89 hubo libertad (no sólo de prensa, sino de todo) como no hubo nunca después. Pese a los milicos rondando la esquina y a los gremios todavía no desacreditados por sus afanosos líderes, que por cualquier motivo te plantaban un paro, tras la figura del “mantequita y llorón” Saúl Ubaldini.
    Alfonsin tuvo dos pecados: no saber un pomo de economía y creer que él solito era más que todo el pueblo al que pretendía defender…

  2. Me parece un artículo justo, equilibrado y sensato el del señor Stein. Raul Alfonsín es uno de los pocos políticos argentinos de los que yo puedo afirmar, sin duda alguna y a pesar de los errores que haya cometido en el pasado, que era un tipo honesto. Señor Alfonsín, descanse en paz.

  3. Menem NO me traicionó. Primero porque NO lo voté. Segundo,porque como peraca facho-al-fin, no se podía esperar menos que un indulto para los colegas de Perón. En cambio, a MOJARRA yo lo voté…”con la democracia se educa…nos, los representantes de…”. Me olió a radicha podrida cuando gritó enardecido “No me pidan un NÜremberg!” (Y por qué no? Acaso Nüremberg fué gran cosa? Cuántos colgaron “a cambio” de 6 millones de judíos? (más los gitanos,los negros, los gays,etc).Después que no cantáramos “paredón,paredón/a todos los milicos que vendieron la nación”. (Temería que lo regañaran en el Liceo Militar de donde el egresó?) Alfonsín me traicionó:A mí y a todos los que lo votamos…También cuando le pidió a Menem que asumiera antes, porque el ya no aguantaba más. Ahora se murió y “era un santo!!!!”

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