“Comando papás”: la (otra) vida nocturna en Israel

La "Saieret Horim" (Comando Padres) de Naharía. La 3° desde la izq. es Miki Goldwasser con su esposo (2°), padres del soldado secuestrado y muerto por Hezbollah, Udi Goldwasser (z"l) que siguen dando a la comunidad, más allá del dolor.

Por los chicos, contra la violencia y el alcohol

Por Marcelo Kisilevski

Dana (nombre ficticio) se acerca a los padres que recorren de noche Naharía. Desde hace ya medio año los ve ofreciendo café, té y galletitas a los adolescentes de la ciudad, todos los jueves y viernes a la noche. No quieren que los chicos tomen, y tratan de bajar los niveles de violencia. Los “compran” con cosas dulces, pero funciona. Les preguntan: “¿No quieres tomar un café, mejor?” También les hacen la prueba del alcohol, antes que lo haga la policía. “Tú ya no manejas hoy, ¿quién te puede llevar a tu casa?”

Para Dana –como para muchos otros- son algo más: adultos que quieren escucharla, allí donde sus padres jamás lo hicieron. Al final se anima y les dice que necesita hablarles reservadamente. Una mamá se ofrece a dar una vuelta con ella, y ahí se entera de lo peor: en su casa la violan hace tiempo, sistemáticamente. A fuerza de diálogo empático, la mamá la va guiando y la deriva a Bait Jam (Casa Cálida), una de las organizaciones sociales de la ciudad, en este caso para chicas en este y otros trances.

En más de veinte municipalidades de Israel se han puesto en marcha, hace ya unos dos años, las llamadas “Saieret Horim”, “Comando Padres”. En muchas ciudades como Beer Sheva, Naharía, Kfar Saba, Karmiel, Hedera, Rishon LeTzion, Eilat y muchas más, todos los jueves y viernes a la noche, decenas de padres se ponen el chaleco o la camiseta  de la Saieret, se arman de mochilas con comida y bebida caliente, y salen “de pic-nic”, a la (otra) vida nocturna en Israel. Se ubican cerca de los puntos de encuentro de los adolescentes, los invitan a comer algo y, entre burekas y café, se crea una relación.

La “Saieret Horim” de Naharía, por ejemplo, adoptó el lema: “Hablamos por la noche”. Empezó a funcionar en junio de 2009 bajo la batuta de Tamy Hachuel, y hoy ya cuenta con unos 30 padres voluntarios.

Marcos Lion hizo aliá de la Argentina. De día es director de Cultura de la Comunidad Emet VeShalom de Naharía. Por las noches, una vez por semana, sale a escuchar y a cuidar a los adolescentes de su ciudad.  “Es una vivencia muy enriquecedora. A veces es solamente estar ahí, es el mensaje de que ‘existe otro tipo de padres’, otro modelo. Porque la sensación de muchos de ellos es que a sus padres no les importa, una vivencia de abandono”, explica. “Nos acercamos con café o té y galletitas. Los chicos se van animando a hablar: la relación con los padres, el proyecto de vida, el fracaso escolar, las ganas de cambiarse de escuela”.

“Saieret”, comando, es una palabra tomada de la jerga militar, que puede provocar alergia en muchos oídos latinoamericanos. Pero aquí tiene una connotación positiva e incluso popular, como que se trata de “comandos solidarios”. La “Saieret Horim” es ya parte del paisaje nocturno israelí, al punto que, en algunos lugares, los chicos los reciben con aplausos cuando los ven llegar. 

“No somos fuerza de ley ni tenemos poderes de imposición”, aclara Marcos. “Eso es muy bueno, porque el no estar pegados a la autoridad nos hace confiables a los ojos de los chicos. Tampoco podemos tomarnos atribuciones. En la capacitación nos encontramos con los organismos a los cuales hacer derivación: trabajadores sociales, Maguen David Adom, Bait Jam o, en casos donde hay involucrado delito, la policía: no tenemos poder, por ejemplo, para parar una pelea entre bandas, pero sí, al contrario, obligación de informar a las autoridades”.

La Saieret Horim no está sola en su intento de dar un lugar a los adolescentes israelíes. En Naharía se destacan tres instituciones. Una es la ya mencionada Bait Jam, que da amparo y orientación a las muchachas. Otro es Migdalor, un verdadero club social, un edificio moderno y bien equipado con todo lo mejor, con salas de juegos y computadoras, y actividades que les permiten a los chicos dejar las calles la mayor parte del día. El tercer lugar es Kidum Noar (Progreso de la Juventud) una escuela abierta donde alumnos que ya han sido expelidos por todos los demás marcos encuentran un canal por donde volver al sistema. Últimamente, una promoción entera de la escuela cumplió con todas las bagruiot (exámenes de bachillerato) y se incorporó al ejército.

Abandono por omisión, o por ideología

“Muchos padres dejan hacer a sus hijos, ya sea por omisión, o desde una ideología activa que supone que ‘hay que confiar en los chicos’, ‘mis hijos son responsables por carácter’, o ‘son cosas de la edad, ya se les va a pasar’, sin darse cuenta que, junto con esa confianza, necesitan límites, por más ‘buenos chicos’ que sean”, dice Eti Cohen, coordinadora de la Saieret Horim de Tirat Hacarmel. “Un chico de 13 ó 14 años con una botella de alcohol en la mano es un chico que está pidiendo ayuda, porque está sufriendo y no encuentra quién lo escuche”.

Los grupos dependen de la Unidad de Lucha contra el Abuso de Alcohol y Drogas de las Municipalidades, y cada una de ellas decide si canalizar o no presupuestos y ponerlos en marcha en sus ciudades. Cohen sabe contar que  de entrada se inscribieron 20 padres y hoy ya son 30, con una lista de espera para el próximo curso de capacitación.

Pues no es fácil decir: “Salimos a la noche a cuidar a los chicos”. Los padres deben atravesar una capacitación profesional si quieren entender el mundo adolescente de hoy, y cómo se le habla a un chico con una botella de cerveza en la mano a las 2 de la mañana.

“El curso consta de dos partes. Una es la parte práctica, cómo se habla, qué se dice, qué se prepara, dónde se busca al adolescente”, explica Shaúl Abir, conductor del curso en Tirat Hacarmel. “La segunda parte es reforzar las capacidades de los adultos como padres: capacidad de escucha, situación del adolescente, muchos ejercicios de simulación”.

Los padres se preparan. Es viernes, son las 22.00 horas, y decenas de padres en todo el país dejan casas y se han acercado al Matnás, centro comunitario barrial, como punto de encuentro, preparación e instrucciones con vistas a la noche que les espera. Todos han dejado a sus familias, algunos incluso tenían invitados, a los que dejaron a los postres.

Pero para todos ellos, bien vale la pena. Como lo dice Marcos Lion: “Quizás los cambios son chiquitos, y muchas veces no los ves, porque son a largo plazo. Pero si un solo pibe deja la droga, vuelve a la escuela o se lleva mejor con los padres, es una satisfacción bárbara, y no se cambia por nada”.

(Publicado por Piedra Libre N° 41, marzo-abril 2010)