MARCELO KISILEVSKI: “Se han configurado nuevos bloques”

(Entrevista en el diario El País de Montevideo, 16.6.14)

Periodista, docente y analista de la compleja realidad de Medio Oriente, Kisilevski ve muchas incógnitas respecto al escenario global, aunque registra algunos cambios sorprendentes en el inestable tablero político.

RENZO ROSSELLO, lun jun 16 2014

Pese a lo irreconciliables que surgen las posiciones israelíes y palestinas en el discurso, el experto israelí observa un doble discurso en el que ambas partes están interesadas en mantener el statu quo. Los cambios en la alineación global, con nuevos bloques que agrupan los intereses del Estado judío con Estados Unidos y todo el Mundo Árabe, frente al alineamiento de Rusia con Siria e Irán, bajo la mirada atenta y cercana de China.

-¿El diálogo entre Israel y palestinos está en un punto muerto o solo lo parece?

-La clave para entender lo que pasó tiene que ver con que al parecer el único que quería una resolución final de todos los puntos del conflicto -que incluyera Jerusalén, refugiados, las fronteras y todo lo demás-, era John Kerry, el secretario de Estado norteamericano. En el sentido de que a ambas partes del conflicto de palestinos e israelíes les conviene el statu quo como interés de Estado supremo. ¿Por qué? Porque si hay una resolución del conflicto que derive en la creación de un Estado Palestino, a (Benjamin) Netanyahu se le cae el gobierno, eso por el lado israelí. Por el lado palestino, también, desde la muerte de (Yaser) Arafat en el 2004 hay una situación en la que Mahmud Abbas, el heredero, cambia toda la política palestina. Es la primera vez que un líder palestino le habla a la gente en la cara, y hace una política de cara a los palestinos. Crea una economía palestina, hay una clase media palestina, hay vida nocturna en Cisjordania. De un tiempo a esta parte no se habla de los palestinos, en general se habla de Gaza, del bloqueo que sufre Gaza, el pueblo que sufre en Gaza, la invasión israelí. ¿Qué pasó con Cisjordania? Que cambiaron de página, el presidente palestino tiene una agenda que consiste en la fórmula de dos estados para dos pueblos y la confrontación no violenta, diplomática, con Israel, conseguir cosas por las buenas. Y le está saliendo muy bien, logró reconocimientos en la ONU, logró la liberación de presos palestinos aún antes de empezar las negociaciones. Del lado de Hamas en Gaza, la agenda es otra: un solo Estado, islámico tipo Irán, y mantener la confrontación violenta.

-¿Y cómo llegan a la unidad con esas diferencias?

-Como dijo un analista israelí, ahora en vez de haber un gobierno unificado hay tres gobiernos. Porque no cambia nada en el terreno, lo primero que no cambia es cuando termina el 30 de abril el plazo de John Kerry de los nueve meses, no pasa absolutamente nada, todo sigue igual, la cooperación en materia de seguridad entre las fuerzas palestinas, la policía y el servicio secreto palestino cooperan con el ejército y el servicio secreto israelí, exactamente igual que antes. Los ministros de Economía de ambas partes se reúnen, si Netanyahu tiene la iniciativa de hacer el boicot impositivo, de no pasarles el dinero de impuestos recaudados a la Autoridad Nacional Palestina, viene (Yair) Lapid, el ministro de Economía, y lo frena y por las dudas le pasa rápido el dinero. Es decir que hay un doble discurso de ambas partes.

-También en Israel hay un nuevo actor, que es el nuevo presidente Reuven Rivlin, ¿cómo incidirá eso?

-El presidente israelí es una figura simbólica, donde lo máximo que hace es dar un matiz. Shimon Peres era una figura de una talla internacional que nunca va a tener Reuven Rivlin y aunque es un halcón, es básicamente un republicano, un demócrata, un “señorito inglés” de la política israelí. A muchos no les gusta, incluido al propio primer ministro Benjamin Netanyahu que hasta último momento estuvo tratando de boicotear al candidato de su propio partido (el Likud, derecha), eso a Bibi Netanyahu le va a costar muy, muy caro, salvo que durante el tiempo que queda hasta las internas del Likud pueda cambiar todo. Yo no veo a un Rubi Rivlin sentándose con Mahmud Abbas y el Papa, daría la impresión, pero no sabemos, pero al mismo tiempo no es un fanático.

-¿Los ruidos en la línea con Estados Unidos no han generado una peligrosa situación con el principal aliado en un momento de gran aislamiento?

-Por un lado, es cierto, comparto esa lectura. Por otro lado, tenemos que entender que la geopolítica del Medio Oriente con las potencias va un poco más allá hoy en día y tiene que ver con el contexto ruso-norteamericano. De un tiempo a esta parte se están configurando bloques nuevos, donde EE.UU. se estaría debilitando en su capacidad no solamente económica, como superpotencia, sino en el sentido político de poder influir en los procesos, como lo hacía antes. Ya no es EE.UU. e Israel contra todo el Mundo Árabe, detrás del cual estaba la Unión Soviética. Es Israel, EE.UU., todo el Mundo Árabe, incluidos los palestinos y por el otro lado, Rusia, Irán, Siria, y China mirando detrás de bambalinas en lo económico.¿Cómo se va a terminar de perfilar, de dibujar el mundo? No lo sabemos exactamente, pero si me preguntan por Israel y EE.UU., yo creo que la alianza se puede llegar a fortalecer, más allá de las simpatías que pueda haber entre Obama y Netanyahu.

 

Los absurdos de la saga siria

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Por Marcelo Kisilevski, desde Modiín, Israel

La incomprensión de lo que es el Medio Oriente y de la dinámica de sus conflictos llega a tal nivel, que el mundo no deja de caer en absurdos que gritan a los cielos de tan evidentes. El primero tiene que ver con la lógica norteamericana sobre el uso de armas de exterminio masivo. La guerra civil en Siria llevaba ya tres años y cien mil muertos cuando Bashar El Assad atravesó la “línea roja” marcada por el presidente norteamericano Barack Obama: el uso de armas químicas.

He aquí el primer absurdo: Assad está perpetrando un genocidio, y lo podría (lo puede) seguir perpetrando con total impunidad, siempre y cuando lo haga con balas, obuses de cañón y bombardeos aéreos con bombas convencionales lanzadas adrede sobre civiles indefensos. Si fuera por EEUU y Occidente, sólo el método, y no la cantidad de muertos, trazan esta arbitraria línea roja.

Es cierto que todo esto son excusas, y las consideraciones son puramente geopolíticas. Lo último que desea Obama, que prometió que su gobierno sería el del fin de todas las guerras, es atacar a Siria. Cualquier línea roja, desde este punto de vista, era y es una imprudencia retórica. Ahora, cualquier excusa será buena para anular todo el operativo: la ilegalidad que le marcó la ONU, la oposición de su propia opinión pública, la falta de mayoría en el Congreso, e incluso la propuesta rusa de colocar todas las armas químicas sirias bajo supervisión internacional, de la que dijo: “Es posible si es real. Es lo que venimos pidiendo ya años”. Cualquier escalera es buena para Obama, desesperado por bajarse del alto árbol al que se trepó sin querer.

La decisión de no atacar, en todo caso, sería tan correcta como la de atacar. Pues el segundo absurdo, en efecto, tendría que ver con Estados Unidos y también Israel alineándose contra Assad… a favor de Al Qaeda. Esta última organización, que hegemoniza la rebelión contra el régimen alawita, adopta en Siria el nombre camuflado de Jabhat El Nusra, un cambio de marca que posibilitaría la ayuda norteamericana a la organización responsable del mayor atentado terrorista de la historia. Estados Unidos ya ha ayudado a muchas organizaciones islamistas, incluidos Al Qaeda y Talibán, y Obama estará muy gustoso de zafarse de este nuevo absurdo.

Para Israel, el dilema no es menor. El Israel oficial ha mantenido su perfil bajo. Pero a la hora de elegir, parece preferir la caída de Assad a su triunfo contra Al Qaeda. La lógica es que, como dijo un experto militar, “contra los sunitas podremos arreglárnoslas; la caída de Assad es más tentadora, pues implica el quiebre del eje con Irán, principal enemigo de Israel”. Y ahí anduvo, en los últimos días, el premier Biniamín Netanyahu haciendo lobby casi abiertamente ante congresales estadounidenses a favor del ataque contra Damasco. Israel se ve, pues, apoyando (si bien sólo por default) a Al Qaeda, y tampoco se trata de una posición muy cómoda que digamos.

El ajedrez ruso

La incógnita rusa es el tercer absurdo de este episodio. Los opuestos a la guerra y los rusos se oponen a la “intervención norteamericana”. ¿Y qué con respecto a la intervención rusa? Es Rusia la que alimenta con armas al régimen de Assad con municiones, repuestos, cohetes S-300, aviones y todo lo que le pueda servir para mantenerlo en pie. Las motivaciones del presidente Vladimir Putin en esta partida son menos conocidas en el preocupado Occidente. Juegan los intereses económicos en la región de una potencia venida a menos, una ruta del petróleo que defenderán a capa y espada, una industria militar que necesita a toda costa mantener su clientela, incluidos tanto Siria como Irán.

Entra también la política interna rusa, en la que Putin debe demostrar día a día que no está jugando de perrito faldero de Obama. El poder del líder parece estable por ahora, pero en su nuca sopla el primer brote de oposición creíble en una década. Se llama Alexéi Navalny, postulado a alcalde de Moscú, al que las encuestas de intención de voto le daban un escaso 12%, y que en los comicios del último 8 de septiembre obtuvo  el 27% frente al actual alcalde y hombre de Putin, Sergei Sobyanin.

No hay que temer una nueva Guerra Fría todavía. Los números y la fuerza, aunque hubiera motivación, no le dan a Putin. Como quiera que fuere, la “intervención extranjera” en Siria comenzó hace mucho tiempo, existe desde muchos años antes del comienzo de esta guerra civil, y es la intervención rusa, no la norteamericana. Cuanto menos, desde el comienzo del genocidio, que incluye no sólo muertos sino también entre cuatro y seis millones de desplazados, deberíamos haber visto manifestaciones pacifistas en las capitales occidentales bajo el lema: “Rusos go home”.

Pacifismo selectivo

El cuarto absurdo de esta recorrida, precisamente, es la actitud del Occidente pacifista, los abanderados del “No a la guerra en Siria”. ¿Perdón? La “guerra en Siria” ha cumplido ya tres años. Existe allí un dictador genocida brutal. Se llama Bashar El Assad. Ha asesinado ya a más de cien mil de sus propios ciudadanos en una guerra desigual. Lo hace con ayuda iraní y rusa, y no vacila en utilizar todas las armas a su disposición. La guerra lleva ya tres años, pero sólo la insinuación de intervención norteamericana coloca en sus dos patas traseras a la juventud izquierdista y pacifista de Occidente y la saca a la calle con carteles pletóricos de palomas y ramas de olivo. Uno no puede menos que elevar las cejas, una vez más, y señalar: ¿cuál es la agenda detrás de este pacifismo selectivo?

En efecto, para este tipo de pacifismo, sólo falta que, como dice el mito urbano acerca de la BBC de Londres, publiquen un índice de cambio entre muertos según su grupo étnico y el bloque geopolítico al que pertenecen: ¿cuánto espacio en los medios o, en este caso, cuántas manifestaciones vale un muerto palestino y cuántas un muerto sirio? ¿Nueve muertos turcos en una Flotilla por los palestinos equivaldrán a cien mil sirios, o tampoco serán suficientes? ¿Hará falta un millón de ciudadanos sirios muertos para que los carteles acusen a Assad en las calles de América Latina?

Los intereses de los gobiernos y los partidos de izquierda en América Latina pueden ser comprensibles, siempre y cuando entendamos sus motivaciones geopolíticas y económicas, y dejemos de atribuirles virtudes morales.

La pregunta, más bien, va dirigida al individuo, ese joven estudiante universitario, militante de izquierda y por los derechos humanos que de verdad y con todo su idealismo cree en el poder de su generación para crear un mundo mejor. A él debe dirigirse la pregunta: ¿cómo eliges las causas de derechos humanos en el mundo por las cuales lucharás? ¿Cómo es que los palestinos, que suman menos de un tercio de los muertos en treinta años de conflicto con Israel, que los que ya lleva el matadero sirio en sólo tres, te sensibilizan hasta las lágrimas y te hacen dedicar tu escaso tiempo y dinero a participar en manifestaciones furibundas contra Israel, mientras que el verdadero genocidio, que ocurre frente a tus narices en Siria, te mantiene en la más absoluta indiferencia? Quizás llegues a la sospecha molesta de que lo que de verdad estás seleccionando –o están seleccionando por ti- no son pueblos que sufren (entre los que no debiera haber selección alguna), sino victimarios, lo cual es sustancialmente diferente.

Este es, por cierto, un mundo lleno de contradicciones y absurdos. Sólo si los miramos a la cara y nos informamos a fondo, podremos formarnos una opinión fundada. Pero antes, un poco de humildad.

La buena nueva egipcia: “Yo también soy musulmán”

Tahrir Square

Como ya se ha dicho, es imposible prever cuál será el desenlace de la actual serie de acontecimientos, entre la participación ciudadana, la política y la violencia que sacuden a Egipto. Lo que sí podemos afirmar sin temor a pronunciar otra profecía incumplida, es que el avance del islam radical en el Medio Oriente no puede darse ya más por sobreentendido. La segunda revolución egipcia implica la existencia, en las propias sociedades mesorientales, de sectores amplios que intentan modificar una sentencia que parecía segura.

Dos frases rescato de la manifestación contra el depuesto presidente Muhammad Morsi. Una, pronunciada por una periodista egipcia en perfecto hebreo, entrevistada por el Canal 2 de la televisión israelí: “Nosotros no somos Siria”. En el país de la familia Assad se da una lucha sin cuartel entre dos bandos étnica y religiosamente bien identificados: por un lado la elite alawita pro iraní enquistada en el poder, una minoría oligárquica que gobierna autocráticamente un país de mayoría sunita; por otro, los propios sunitas, hartos del desgobierno y de la violencia, pero con una agenda de corte islamista radical.

En Egipto, los manifestantes dijeron claramente: aquí las cosas son mucho más complejas. La lógica imposible de la última revolución dejó atónito incluso al gobierno de Obama, quien debió soportar duras críticas en su campo doméstico por su ambivalente reacción a los acontecimientos: un movimiento claramente democrático pide a su ejército, que ha sostenido a los gobiernos más autoritarios, derribar un gobierno democráticamente electo, con el fin de restaurar… la democracia.

La buena nueva consistiría en que los egipcios declaran que pueden aspirar a la democracia, pero no al precio de caer en la trampa del islamismo radical, que busca encaramarse en el sistema democrático para perpetuarse en el poder. En otras palabras, democráticos pero no imbéciles.

Obviamente la Hermandad Musulmana los ha ayudado, destruyendo totalmente la economía egipcia, cometiendo todos los errores de manejo político posibles, e intentando de manera demasiado burda la destrucción de los resortes de convivencia que los egipcios consideraban una buena base para comenzar a construir una sociedad y un país más o menos sustentables. Pero eso no quita mérito a los egipcios de intentar no caer en el mismo error que plagó al siglo 20 de autoritarismos, de izquierda y derecha, que llegaron –y en algunas latitudes aún llegan- al poder por vías límpidamente democráticas.

“No nos robará la religión”

La segunda frase, leída en uno de los carteles de la manifestación en Plaza Tahrir era aún más emocionante: “Yo también soy musulmán”. El cartel acusaba con dedo invisible y con incontenible ira a la Hermandad Musulmana y a su representante, el ex presidente Morsi, y le decía: “Usted nos ha robado la revolución, está intentando robarnos el país, pero no le permitiremos robarnos también la religión”.

“El Islam –parecía seguir diciendo el conmovedor cartel- no es radical. No es esa versión deforme y violenta que ustedes intentan imponer como el islam verdadero. El islam es una religión de paz, que le dice ‘No’ al régimen de exclusión que ustedes instauran. No lo lograrán”.

Las sencilla frase “Yo también soy musulmán” es una excelente noticia, más allá del desenlace que pueda tener la ola de violencia desatada por la Hermandad, la cual técnicamente puede entender que se le ha arrebatado el gobierno democráticamente alcanzado. Es excelente, porque su mensaje que no va dirigido solamente a Muhammad Morsi sino también a todos los movimientos islamistas de los cuales la Hermandad Musulmana es su matriz histórica: el Hamás palestino, la Jihad Mundial, la Jihad Islámica palestina, la Jihad Islámica jordana, incluso grupos más radicales como los salafistas y hasta el propio Al Qaeda que, bajo el nombre de Jabhat al-Nusra hegemoniza la rebeldía en Siria.

La frase, así como toda la segunda revuelta egipcia, es una clara toma de posición de la principal sociedad en el Medio Oriente, en contra de dos paradigmas: uno, el del radicalismo y la violencia islámica como corriente hegemónica en la religión musulmana. Desde ahora, los moderados también se animan a hablar, y sólo es de esperar que el ejemplo cunda.

El otro paradigma es el del “choque de civilizaciones” como status eterno e irremediable de la geopolítica mundial del siglo XXI. La guerra que el islamismo radical impone a los “Cruzados”, o sea al Occidente visto por aquél como un enemigo religioso, puede ser ganada si la alianza es con aquellos que dicen: “Yo también soy musulmán”.

Los occidentales amantes de la paz, la justicia social y los derechos humanos deben aprender la lección, dejar de tratar al islamismo radical con los guantes de seda del multiculturalismo e incluso del socialismo, y tender una mano urgente a los sectores moderados (y oprimidos) del mundo musulmán, cuyas voces han sido hasta ahora acalladas, sacrificadas en el altar de lo “politically correct”.

*Publicado en “El Diario Judío”, http://www.eldiariojudio.com

Cómo leer y cómo no leer el ataque israelí*

"Me escandaliza la idea de una intervención extranjera". Una caricatura que nos invita a complejizar el análisis.

“Me escandaliza la idea de una intervención extranjera”. Una caricatura que nos invita a complejizar el análisis.

Una de las cosas que enervan a los israelíes que rompen la claustrofobia de los medios locales para leer lo que se publica y dice afuera de la propia burbuja, es que los setenta mil muertos, entre masacres y sub-masacres que perpetra a diario Bashar El Assad en una guerra civil que tiene lugar en el marco de la erupción volcánica de las llamadas “primaveras árabes”, que comenzaron en Túnez, allá por 2010, y que amenaza con seguir extendiéndose por los países árabes que aún no fueron afectados, arrastrando a potencias y mini-potencias a un agujero negro impredecible, todo eso, digo, no es visto por el mundo como una amenaza a la estabilidad y la paz.

Pero un solo bombardeo israelí fuera de su suelo, con el fin de prevenir ataques en su contra por milicias para-estatales, eso sí, eso y no otra cosa, amenaza nada menos que la paz mundial. Hay que sufrir de una miopía internacional seria, o bien ser dueño de una mente analítica algo torcida, para compartir esa cosmovisión tan de moda según la cual, sólo cuando Israel dispara, el mundo queda puesto al borde del abismo, mientras todo lo demás, en especial lo que hacen los países árabes, es comprendido como parte de un multiculturalismo retorcido, que blanquea las peores atrocidades bajo la bandera del relativismo cultural.

El ataque israelí, es cierto, puede ser entendido por Bashar Assad, desde todas las reglas del derecho internacional, y si de verdad se empecina, como una declaración de guerra por parte de Israel. Pero Siria, al tiempo que combate a sus oponentes domésticos, está hace ya más de una década inmersa hasta el cuello en el programa del eje Irán-Siria-Hezbollah-Jihad Islámica palestina y otros apadrinados de los ayatollas de Teherán para armar hasta los dientes a organizaciones terroristas con las cuales intentar atenazar a Israel por el norte y por el sur sin ensuciar sus propias manos. ¿Armar a organizaciones terroristas y asociarse para atacar a otro país sin provocación de su parte, todo eso sí es legal según el derecho internacional? El mundo debería explicarse y explicar, en cambio, que los actos de armamentismo de Irán y Siria son los que bien pueden ser entendidos por Israel como declaración de guerra en su contra. Pero al parecer, eso es mucho pedir.

Pensar en Israel como violador serial del derecho internacional y en Bashar El-Assad como la Madre Teresa de Calcuta, sólo puede provenir de mentes confundidas en el mejor de los casos, o de mentes afiebradas de sospechosa agenda, en el peor. Lo mejor, en cambio, es intentar entender el conflicto desde su propia dinámica, que no está guiada por derechos y morales, sino por fidelidades, identidades religiosas e intereses.

Desde esta perspectiva, el ataque doble de este fin de semana no estuvo inscripto en la guerra civil siria, sino en el enfrentamiento que la mencionada alianza chiíta-alawi mantiene con Israel. Los israelíes vieron en el virtual “empate” entre el régimen alawita de Assad y los rebeldes sunitas, una oportunidad para destruir parte de un arsenal de misiles de largo alcance que estaban en camino al sur del Líbano, a manos de Hezbollah.

Según fuentes de inteligencia militar occidentales, el cargamento incluiría misiles Fatah 110, con un alcance de unos 70 kilómetros, que podrían llegar desde el sur del Líbano a Tel Aviv, o misiles Scud-D, con un alcance de más de 600 kilómetros, que podrían llegar desde el sur libanés a Eilat, o ambos.

Según los cálculos israelíes, Siria no responderá al ataque, abriendo un nuevo frente en el cual debería utilizar su fuerza aérea, única ventaja estratégica que hoy en día mantiene frente a los rebeldes sunitas. El problema de Assad es que, de iniciarse una contienda contra Israel, éste destruiría sus aviones en un par de días, pero frente a sus rebeldes, esas naves son las que mantienen al régimen en pie. Por eso, a Israel le es más conveniente un Assad fuerte y en control, más que un líder sirio acorralado, que no tenga nada que perder y que desde ese rincón decida lanzar sus misiles contra Israel.

Israel no está preocupado por las armas que puedan detentar los diversos regímenes en el Medio Oriente. Ni los misiles de tecnología iraní y rusa que hoy pasan por territorio sirio, ni las eventuales armas nucleares en manos de Irán. Se trata ciertamente de regímenes autocráticos, pero de gobiernos que, al fin y al cabo, tienen responsabilidad de estado. Siria sabe que atacar a Israel implica colocar a toda la nación en un riesgo mortal. Irán, por su parte, sabe que lanzar una bomba contra Tel Aviv tendrá su réplica en la desaparición de Teherán. E Israel sabe que sus vecinos saben.

A Israel, en cambio, le preocupa que esas tecnologías, convencionales y no convencionales, nucleares y químicas, puedan llegar a las organizaciones terroristas, que carecen de tal responsabilidad por sus estados y por sus habitantes, y que tienen, por lo tanto, el gatillo fácil.

Israel se ha abstenido de participar de modo alguno en ninguna de las llamadas primaveras árabes. No ha intervenido en el plano militar, ni en el de inteligencia, ni en el diplomático, ni siquiera en el verbal. Nada. Este país sabe que cualquier cosa que diga o haga, será utilizada en su contra. Y dado que ningún escenario emergente es necesariamente favorable a Israel –de un lado caen tiranos, pero de otro lado surgen regímenes islamistas- lo mejor es llamarse a un estricto silencio de radio y de acción.

Por eso, a casi dos años y medio de masacres y guerra civil en Siria, se puede confiar con cierta dosis de seguridad en que Israel tuvo buenos motivos para efectuar este ataque doble contra el tren cargado de misiles y el instituto de investigación aledaño a Damasco. Sólo cabe esperar que sus cálculos sean correctos y que Siria se abstenga de reaccionar, que el conflicto en Siria culmine pronto y con la menor cantidad de muertos posible, por el bien y la paz entre todos los actores de la zona.

*Publicado en “El Diario Judío”, http://www.eldiariojudio.com

Rabino Menajem Fruman Z”L, el “extraño” rabino de Tekoa

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El Rabino Menajem Fruman con un amigo, Ibrahim Abulhawa,

invitado al casamiento de la hija de Fruman.

Pocas personas en Israel ilustran tanto la complejidad del conflicto israelo-palestino como el Rabino Menajem Fruman, que falleció a principios de este mes. Era colono de los territorios, pues vivía en el asentamiento de Tekoa. Por otro lado era “pacifista”, pues quería solucionar el conflicto, y para ello fue capaz de hacer lo prohibido: conversar y activar con el Hamás. Incluso llegó a desempeñarse como “enlace” entre el establishment rabínico israelí y líderes musulmanes. Por un tercer lado, ir hasta el fondo del diálogo tenía podía tener ribetes extremos: participar junto con los sacerdotes del Hamás en manifestaciones contra las Marchas del Orgullo Gay. Fue muy controvertido incluso a su muerte, cuando su vida se convierte en texto. Un texto que vale la pena leer.

 Dentro del amplio paraguas ideológico del sionismo surge el Rabino Menajem Fruman, que funda junto con su grupo un asentamiento que, si bien está en los territorios, se plantea como premisa la convivencia, tanto entre judíos religiosos y laicos, como entre judíos y palestinos de la zona.

 Según él, el conflicto entre israelíes y palestinos es eminentemente religioso. Por ende, sólo los sacerdotes de ambos credos serán capaces de llegar a la paz entre ambos pueblos. Veía con preocupación la actitud menospreciativa de los israelíes hacia los palestinos, pues, sostenía, esa actitud es la que impide un diálogo verdaderamente abierto y sincero. Afirmaba que, dado el carácter religioso del conflicto, es justamente con el liderazgo del Hamás que se debe dialogar. Ello se debe a que sólo ellos comprenden que su visión puede no cumplirse de modo inmediato sino que la resolución última, en especial sus plazos y cronogramas, están en manos de Dios. Ello se contrapone a la visión laica, según la cual, son precisamente los religiosos los que carecen de toda capacidad de flexibilización de sus posiciones. Paradójicamente, desde esa visión laica, son los mismos laicos los que actúan más “religiosamente” al oponerse a todo diálogo con el Hamás.

 ¿Y los asentamientos? Los laicos en Israel están dispuestos a evacuar. Los religiosos se oponen, y sostienen que deben permanecer todos ellos bajo soberanía israelí. Los partidos de centro se han mostrado más pragmáticos: anexar los grandes bloques de asentamientos a Israel, evacuar el resto, transferir territorios bajo soberanía israelí a los palestinos en compensación por las anexiones. Del lado palestino, el presidente Mahmud Abbas ha expresado lo que ningún líder no judío se había atrevido a pronunciar desde Hitler: que ningún judío vivirá en el Estado palestino a crearse. Eso hizo correr un escalofrío por las espaldas de muchos judíos, que recuerdan el concepto de Judenrein, zona “limpia” de judíos de la Alemania nazi.

Sólo Menajem Fruman plantea un escenario que no sólo es pragmático sino que aparece como el único plausible: una Tierra de Israel en la que existen dos estados, uno palestino y otro judío, y en donde cada uno alberga una minoría nacional del pueblo vecino. Israel ya tiene un 20% de palestinos con ciudadanía israelí plena. Que el Estado palestino tenga un porcentaje de judíos con ciudadanía palestina plena, no debería poner los pelos de punta a nadie. Al fin y al cabo, los judíos han vivido en Eretz Israel siempre, hoy existe el Estado de Israel, y su propuesta no contradice en una sola coma a la promesa divina hecha a los Patriarcas hebreos. El cumplimiento de la promesa seguirá siendo esperado con ansias, pues habrá de llegar indudablemente, algún día.

 Es tan sencillo, que aun hoy nadie, salvo el fallecido Rabino Menajem Fruman de Tekoa, se atreve a hablar del asunto. Sin dudas, un pensador “extraño”, quizás demasiado adelantado a su tiempo.

 * Publicado en El Diario Judío, http://www.eldiariojudio.com, 13.3.13

Cuando israelíes y palestinos se hablan… o juegan al rugby

Entre tanta noticia de antagonismo, educación para el odio, y un proceso de paz estancado, es importante recordarnos y recordar al mundo, a las organizaciones de derechos humanos y a los liderazgos, que palestinos e israelíes se hablan, sencillamente se hablan. A veces con la ayuda de ONGs del exterior, y a veces no. Existen miles de organizaciones para la coexistencia, y es importante reflejar sus iniciativas.

A partir de aquí, en palabras de Rubén Friedmann, para Israelenlínea.com:

El próximo 23 de noviembre la ONG argentina «Rugby sin Fronteras» realizará un partido en Jerusalén con 60 niños israelíes y palestinos con el fin de llevar un mensaje de paz y respeto al mundo.

«Queremos llevar los valores del rugby de solidaridad y amor a nuestros hermanos palestinos e israelíes jugando un partido con ellos. Esta será sin duda la más importante de nuestras acciones solidarias. Tratemos de cambiar nosotros para cambiar el mundo», expresó Juan Bautista Segonds, titular y fundador de la ONG que ya es patrimonio de la humanidad.

El evento se cerrará con un tercer tiempo cantando todos juntos «We are the world» de Michael Jackson.

Al evento de presentación asistieron el conductor de televisión Julián Weich, el ex embajador de Israel, Daniel Gazit, el actual embajador de Nueva Zelanda, Darrly Dunn, y diplomáticos de las cancillerías de Argentina y Sudáfrica. Además, participaron Carlos Campagnoli, presidente de la URBA, Marcelo Loffreda, ex entrenador de Los Pumas y Gustavo Zerbino, sobreviviente uruguayo de la tragedia aérea de Los Andes, entre otras personalidades del rugby.

Según consigna su sitio web, «Rugby sin Fronteras es una organización sin fines de lucro, nacida en 2009, con la clara meta de formar a niños y jóvenes para que puedan ser personas nobles y honorables, guiados por los valores que enseña el rugby, aplicándolos diariamente en su vida personal y social. Para que una vez jugado el partido en la cancha puedan empezar a jugar el partido de su vida. Promover la importancia del deporte para la salud como también para el crecimiento personal a través del trabajo en equipo, entendiendo al rugby no sólo como un deporte sino también como un vehículo de valores como humildad, compromiso, identidad, respeto, nobleza y fidelidad».

Desde su nacimiento, la ONG realizó partidos solidarios en las Islas Malvinas, en la Cordillera de Los Andes, en homenaje a los 16 sobrevivientes y 29 víctimas de la tragedia del equipo uruguayo en 1972, y en Robben Island, prisión donde el líder sudafricano, Nelson Mandela, permaneció 18 años.

Allah Islam, sobre el islamismo en Europa

El prestigioso periodista israelí, Tzvi Yejezkeli, del Canal 10 de la televisión de este país, ha realizado una miniserie de 4 capítulos sobre la pentración del islam fundamentalista en Europa. Yejezkeli proviene de una familia de judíos irakíes, es especialista en el mundo árabe y, en la actualidad, es analista para varios medios de comunicación.

La miniserie contribuye a comenzar a comprender un fenómeno que parece haberse colado en Europa por su puerta trasera y mejor intencionada. La minimización del fenómeno por parte de los sectores más progresistas con una fácil acusación de racismo o xenofobia tiene un doble peligro: por un lado se trata de un peligro real, que ya ha comenzado a cobrar vidas inocentes. Por otro, deja la lucha contra el extremismo islámico en manos de las corrientes más acendradas de la ultraderecha europea, que ven en esta penetración una excelente oportunidad de levantar cabeza.

A continuación los primeros dos capítulos, subtitulados al español por Gabriel Ben Tasgal.

Allah Islam, Capítulo 1

Allah Islam, Capítulo 2

La crítica a Israel: aclarando los tantos

Mi último post armó una pequeña bataola que no ha hecho más que alimentar mi ego. Los apoyos y las críticas han venido de todos los costados, como si se tratara de una especie de manifiesto político. Yo en realidad lo escribí como un post más, tomando café en Aroma y mirando gente pasar, como si nadie fuera a leerlo. Me tendré que hacer cargo, y aclarar varios puntos:

1) No fue una diatriba contra los dirigentes comunitarios. En cambio, fue una propuesta para mejorar. La calidad o no de los dirigentes queda a juicio de cada comunidad (tampoco hablé de ninguna en particular sino de tendencias generales), pero para entenderme a mí hay que leer posts anteriores. Pues ya lo he dicho y repetido: creo que los dirigentes son personas que activan con el alma, con su tiempo y con su dinero. Mientras podrían estar veraneando en Montecarlo (algunos) o rompiéndose el alma de sol a sol porque el sueldo no alcanza (otros) ellos van a la comunidad a deshoras para que los marcos funcionen. Todo lo que quieren a cambio es reconocimiento, que los aplaudan. O sea, quieren que los amen por cosas buenas que hacen. No es un precio muy alto el que exigen, y además, ¿no es acaso lo que queremos todos?

Muchos hacen un excelente trabajo, otro menos, muchos estudian y se profesionalizan. Sí, ya sé que hay casos de corrupción, como lo hay en todo, pero también hay que entender que se trata de una arena política, con sus propias reglas de juego, y no se puede tildar a todos de corruptos. A la larga, sin que se les agradezca demasiado, los dirigentes comunitarios voluntarios, esa raza incomprendida, son los que mantienen la comunidad funcionando. (Sí, ya, ahora los profesionales de las comunidades se me echarán encima. Todo bien.) Pero todo esto no implica que sean incriticables.

2) Crítica a Israel I: ¿cuál fue entonces la “propuesta para mejorar”? Que se separe el contenido, de la política de gobierno comunitaria. Descalificar a un judío progresista como antisionista ante cualquier crítica a Israel puede estar bien para un debate de café, incluso de salón. Pero como política a seguir no es muy afortunado, ni moral ni tácticamente, en especial si se quiere atraer a los jóvenes. La propuesta es sencilla: abrir los espacios para que, sin descalificar a nadie, se digan unos a otros lo que quieran. Eso también incluye presupuestos y estructuras. No hay atajos. No alcanza con decirles “escriban un blog”.

3) “No se permite el disenso”: Me dicen que no es cierto una de las razones del alejamiento de los jóvenes de la comunidad sea el monolitismo de opinión. Me dicen que el tema es más complejo. Debe ser. Pero yo no me lo inventé, lo juro. Lo escucho de jóvenes que pasaron por mis charlas y seminarios, y de antiguos janijim de años, que han atestiguado un proceso de vaciamiento y/o que ellos mismos se han sentido excluidos.  También otros colegas en las comunidades han coincidido conmigo. Pero quien quiera aportarme diagnósticos más diversos en cada país, estaré profundamente agradecido.

4) Crítica a Israel II: Hacia adentro y también hacia afuera. Un viejo caballito de batalla desde el establishment comunitario es: “podemos criticar a Israel, pero puertas adentro, en casa, porque si se critica afuera, eso le da pasto a los leones antisionistas-antisemitas”. Pues bien: eso se acabó. A quienes siguen sosteniendo el argumento les tengo noticias: en la era de la globalización, internet y facebook, las paredes de la “casa” son transparentes.  Y además, los antisionistas-antisemitas no necesitan de nuestro pasto, se las apañan bien solos. La solución no es acallar las voces críticas “porque se las escucha afuera” sino salir también afuera y contestar. Ello, con dos condiciones, desde mi punto de vista: que se critique para mejorar, y que sea con una sólida base informativa. Veamos.

5) Crítica a Israel III: Desde el amor. Suena cursi, lo sé, pero criticar a Israel desde el amor, y no desde la deslegitimación, son mis líneas rojas, la cancha dentro la cual yo juego este juego. Cito por enésima vez al rabino Marshal Meyer Z”L: “Se critica lo que se ama”. Yo critico las políticas del gobierno de turno de Israel (y no a “Israel” como si fuera un ser uniforme con conciencia única) porque quiero que Israel sea mejor, no para que desaparezca.

Israel puede estar gobernado por personas que pueden equivocarse, pero es ante todo la expresión de una revolución popular en el más izquierdista, derechista y centrista sentido de la palabra. Y el hecho de que sea un país espectacular -que lo es- no debe ser una traba para querer mejorarlo.

En cambio, atacar a Israel por todo lo que hace, sin señalar logros, comprando el argumento de que es un país “ocupante y opresor” por esencia, es de mala leche. Es buscar siempre por dónde se lo puede atacar… a pesar de todo.

Pequeño ejemplo: no muchos se han percatado de que hace varios años, por lo menos desde 2004 (fallecimiento de Arafat), ya no se habla más de los sufrientes “palestinos” sino de la sufriente “Gaza”. Eso se debe a que la Autoridad Palestina en Cisjordania bajo Mahmud Abbas ha emprendido un camino diferente: está gobernando para su gente, desarrollando la economía, el trabajo, la educación. El conflicto violento con la ANP gobernada por el Fatah se puede dar por concluido por ahora, abriendo la histórica oportunidad de cerrar trato, dejando aislada a la Gaza del fundamentalista (y reaccionario) partido Hamás. Si yo hago mi crítica porque el proceso de paz está frenado, lo hago hacia ambos liderazgos, el de Netanyahu y el de Abbas, pero se trata de una crítica coyuntural.

Quiero decir: si Israel es el mismo “opresor de palestinos” tanto hacia el este como hacia el oeste, pues no puede ser un monstruo de dos cabezas, ¿por qué trata diferente a Cisjordania que a Gaza? La diferencia son los palestinos mismos, no Israel. En Cisjordania bajo el partido Fatah existe un proyecto de construir un estado palestino, y en Gaza existe otro proyecto, el de destruir a Israel. Es contra los misiles y el terrorismo que llegan desde Gaza que Israel se defiende, no contra el pueblo palestino, con el que Israel no tiene problema alguno. Pero el hecho de que haya un bloqueo en Gaza, que hoy se reduce a armas y personas, ya alcanza para atacar a “la entidad sionista” como un todo.

La crítica a Israel es antisemita cuando, de todos los conflictos que hay en el mundo, en todos los cuales hay fuertes y débiles, el único en el que se propone como solución que una de las partes desaparezca es el que mantiene el estado judío, hoy en día sólo con Gaza. Cuando el Hamás siente cabeza y este conflicto también desaparezca, se llamará a la destrucción de Israel por matar vacas para hacer bifes. Algo habrá que encontrar…

6) Criticar a Israel IV: Desde el conocimiento. Lamentablemente, mucha gente que en otras áreas critica de modo conciente, en el tema de Israel lo hacen desde una pasión “derecho-humanista” pero ignorante. Y esto, lamentablemente, incluye a muchos jóvenes judíos que se ven a sí mismos como progresistas.

Ejemplo, más breve que el anterior: ¿cómo se puede ser progresista y apoyar a los movimientos fundamentalistas como si fueran “luchadores contra el imperialismo yanqui y por la justicia social”? Esto es ideológicamente aberrante, por no decir imbécil. El resultado es que la ideología que se ve a sí misma como la más progresista y de avanzada del mundo, blanquea y se alía con la ideología que, dicho en los términos marxistas más ortodoxos, es la más reaccionaria, la más violadora de los derechos humanos, la más feudal y la más retardataria de la historia. Pero para entenderlo, hay que estudiar islam y jihadismo, y eso, parece, ya da mucho trabajo. El islam fundamentalista es demasiado peligroso para dejarle el combate sólo a la derecha. Ese es el principal pecado de la izquierda actual. Pero no se preocupen: no vamos a llamar a su destrucción…

El problema es dinámico y no estoy repartiendo culpas: si los jóvenes judíos no encuentran su lugar en la comunidad, por las razones diversas que sean, mal se les puede exigir que les guste el tema Medio Oriente y que lo investiguen. Es un tema tan complejo que abarca incluso el sexo. Como se lo dijo un universitario judío a un educador israelí -y de izquierda- especialista en Medio Oriente: “Tienes que entender: si yo hablo bien de Israel en mi universidad, no me encamo más”. Entre nos, los puedo entender, pero el resultado de este “antisionismo sexual” es que los jóvenes judíos se pliegan a una corriente que legitima la ignorancia y se autoconvencen de criticar a Israel como “brazo del imperialismo yanqui” para no verse excluidos también allí.

En resumen, se les puede pedir a los jóvenes que se informen, y también se puede esperar que las comunidades abran espacios formativos donde el disenso tenga cabida junto con el aumento del caudal informativo. El proceso ya ha comenzado:  existen seminarios de los que soy parte, organizados por CLAM (Confederación Latinoamericana Macabi) en sociedad con todas las comunidades iberoamericanas, por ejemplo, en los que buscamos complejizar, debatir, y en especial informar mucho.

El desafío sigue siendo llegar a los jóvenes alejados, que en muchos casos quizás ni se enteran de estos seminarios, y volver a despertar en ellos un interés apagado por algo que, a la larga, les toca y les pertenece.

 

Sí al nombramiento de ex terroristas en la ANP; sí a las liquidaciones selectivas por Israel

El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, ha nombrado al general Mahmud Damra, como su nuevo asesor, según informa hoy el diario Israel Haiom. Damra fue condenado en 2006 por estar involucrado en atentados terroristas en los que fueron asesinados civiles israelíes, y fue liberado de la prisión israelí en el marco del acuerdo por la liberación de Guilad Shalit de manos del Hamás.

La prensa israelí, en especial un diario como Israel Haiom, que es prácticamente un vocero del premier derechista Biniamín Netanyahu, se escandaliza por el apoyo y nombramiento de personajes que Israel ve como terroristas en cargos oficiales en la Autoridad Palestina, pues se trata a las claras de ver a los terroristas como héroes nacionales, y de dar al terrorismo premios por sus actos criminales.

Pero el blanqueo de terroristas no es nuevo. Israel mismo ha hecho las pases con el archi terrorista Yasser Arafat en los Acuerdos de Oslo. Del lado israelí, durante el Mandato Británico, milicias clandestinas judías mataron civiles, tanto ingleses como árabes, y no sólo el Etzel y el Leji. Algunos de sus líderes, como Menajem Beguin e Itzjak Shamir, llegaron a ser respetables primeros ministros del estado judío.

Es hora de que tanto israelíes como palestinos se deshagan de su pose de ingenuidad y de su careta de hipocresía si quieren llegar a la paz algún día. El terrorismo, esa plaga de muerte que ha asolado el siglo 20, y al parecer nos acompañará por un buen par de siglos más, ha dado buenos resultados, históricamente, como táctica de guerra. Ha obtenido logros significativos y los gobiernos han debido negociar con él. El caso de Guilad Shalit es una sola prueba entre muchas.

Pero si esto es así, lo mismo cabe advertir a los palestinos y a todo pueblo que haga de sus terroristas, héroes de guerra. Pues si ellos no se autodefinen como terroristas, sino como “guerreros de la libertad”, entonces las reglas de juego que están imponiendo son las de matar y morir. Si ellos convierten a un autobús lleno de israelíes civiles en su campo de batalla, su casa y su barrio en Gaza, en los que se ocultan luego, también lo son.

Una de las respuestas de Israel al terrorismo es el encarcelamiento, cuando ello es posible. Lo atestiguan los 10.000 presos palestinos que aún permanecen en cárceles israelíes. Pero en otras circunstancias también lo es la tan debatida “liquidación selectiva”. Algunos lo llaman “asesinato selectivo”, cargando el concepto negativamente. Pero si son viles asesinatos selectivos o ejecuciones sumarias, entonces los actos terroristas no son “ataques”, sino también viles homicidios en serie y en masa, que deben ser igualmente condenados. Vaya eso a mis colegas en los medios de comunicación.

Las liquidaciones selectivas tienen como fin limitar la matanza. Intenta matar al combatiente palestino, que está en guerra, y a cuantos menos personas a su alrededor mejor. Al ocultarse en su casa, el “guerrero de la libertad” está convirtiendo a su casa y su barrio en campo de batalla, y está poniendo en peligro a quienes lo rodean. Los está tomando de rehenes. Si él está en guerra, Israel también, con todo lo que ello implica.

Pues no puede ser que se juzgue a los palestinos según el criterio de “estado de guerra”, en la que todo les está permitido, y a los israelíes según el criterio de “estado de paz”, donde todo procedimiento que no sea arrestar y buscar evidencias como si se tratara de un caso para CSI, les estuviera prohibido.

Si los palestinos eligen esa táctica, ese campo de batalla -un autobús, una escuela- y esos blancos, y son luego convertidos en héroes de guerra y en altos dignatarios, todo bien. Esa es su percepción de la guerra que están librando. Pero a no reclamar cuando Israel, precisamente respetando la percepción palestina, se maneje también como en la guerra que es.

ImagenEl Presidente de la Autoridad Nacional palestina, Mahmud Abbas, reunido con Amana Muna, responsable de seducir a un adolescente israelí de 14 años, Ofir Rajum en un chat de Internet. Quedaron en un encuentro, y el chico fue asesinado por los terroristas cómplices de Muna, que fue convertida así en “heroína de la resistencia palestina”. (Imagen tomada de la televisión palestina). 

Bibi y Abbas, dos líderes en el freezer

Uno de los problemas graves para desempantanar las negociaciones entre israelíes y palestinos es, una vez más, el estancamiento de sus líderes. Ni el primer ministro israelí Biniamín Netanyahu, ni el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, están en condiciones político-mentales de crear un estado palestino.

El premier israelí ha efectuado un serio viraje hacia la izquierda durante su actual gestión, por lo menos con tres medidas. Primero: en su discurso de Bar Ilán declaró que aceptaba la fórmula de dos estados para dos pueblos. Por decir mucho menos, a saber, que el Likud debía prepararse para la realidad de un estado palestino, Ariel Sharón perdió el liderazgo del Likud. En Bar Ilán, a sus aliados en ese partido y en el gobierno no se les movió un solo pelo cuando Bibi, que le había hecho la guerra a Sharón por pronunciar las palabras prohibidas, aceptó la fórmula. En procesos políticos, no es recomendable minimizar los virajes discursivos de los líderes.

Segundo, tal como lo anunciara en el mismo discurso, Netanyahu decidió el congelamiento de la construcción en los territorios de Cisjordania por diez meses. Tampoco es poca cosa. Los palestinos, que descalificaron la acción indicando que faltaba extenderla a Jerusalem, desaprovecharon la oportunidad de volver corriendo a la mesa de negociaciones y cerrar trato. Como veremos, esto no es casual.

Se puede anotar una tercera medida, aunque esto depende de las lecturas. En su discurso en la Knesset antes de rumbear para Estados Unidos a su duelo de discursos con el presidente norteamericano Obama, Netanyahu volvió a decir “estado palestino” y rompió otro tabú del Likud al decir: “bloques de asentamientos”. Es cierto que no innovó: ya lo había dicho Sharón y también Ehud Olmert. Pero ambos estaban ya en Kadima. La fórmula “bloques de asentamientos” implica la anexión de los tres bloques ya prometidos por el presidente George Bush (hijo) en una carta a Ariel Sharón: Gush Etzión, Maalé Adumim y la ciudad de Ariel y alrededores.

Pero decir “bloques de asentamientos” implica también su contracara: la disposición a evacuar todos los demás asentamientos que no se hayan en dichos bloques. Se trata de la evacuación de 140.000 colonos de los territorios, nada menos. Al bajarse del estrado, se le acercó preocupada la diputada Tzipi Jutubeli (Likud) a pedirle explicaciones. Netanyahu le respondió: “Hay muchas maneras de definir la palabra bloques”… Pero lo dicho, dicho está.

Bueno para Israel, malo para Netanyahu

No es probable que Netanyahu pueda hacer más. No quiere ni puede. Para él, cerrar el trato al que ya comprometió a su gobierno y al Estado de Israel todo implica dos cosas: la capitulación de todas sus banderas y, por ende, la caída de su gobierno. Netanyahu no tiene ninguna intención de terminar así su carrera política, sobre todo cuando, con una coalición más estable que nunca, no le hace falta. Su escándalo por las palabras de Obama, que no hicieron más que oficializar lo que ya se viene hablando hace cerca de cuatro gobiernos israelíes, parece más una táctica de frenar un proceso del que está perdiendo el control, que una reacción sincera a una propuesta de paz que él mismo ya aceptó en rasgos generales.

Por eso, el discurso de Obama es bueno para Israel, pero es malo para Netanyahu. En el famoso discurso, Obama trazó líneas para un futuro estado palestino “basado en las líneas de 1967 con intercambio de territorios”. Todos los demás elementos de su discurso fueron favorables a Israel. Pero la oficialización de la fórmula -ya que no la innovación, pues fue meramente la primera vez que lo dice oficialmente un presidente estadounidense- tuvo como objetivo algo muy concreto: el mensaje a los palestinos de que tienen en él a un mediador imparcial que puede pararse en el medio de ambas partes sin mostrar preferencias.

Pero esto, agregado al intento por disuadirlos de jugar la carta de la declaración en la ONU en septiembre, o de llegar incluso al Consejo de Seguridad, que colocaría a Estados Unidos en la incómoda posición de tener que emitir un nuevo veto. Se los dijo de frente: “Acciones simbólicas para aislar a Israel en las Naciones Unidas en septiembre no crearán un estado palestino… Y los palestinos nunca concretarán su indepenencia negando el derecho de Israel a existir”. También calificó la reconciliación entre Fatah y Hamás “un obstáculo para la paz”. Una vez más, se trata de una jugada a favor, y no en contra de Israel.

La fórmula de “intercambio de territorios” ya es vieja. Lo había ofrecido ya Ehud Barak en Camp David en el año 2000. Lo dijo también Sharón, si bien prefería ocho bloques de asentamientos a ser anexados a Israel y no tres, como le garantizó Bush. Lo propuso Olmert, incluso, en un mapa que, sin embargo, rehusó entregar a Abbas. Y ahora lo dice Netanyahu en la Knesset. Es más: su aliado Liberman también adhiere, cuando propone que los mentados intercambios incluyan zonas pobladas.

Pero una vez más, en lugar de contemporizar y “fluir” con Obama, Netanyahu prefiere la vía de la confrontación, y la razón es sencilla: la dinámica desatada obligaría a Netanyahu a pagar la factura de sus propios discursos, pronunciados para liberarse de las presiones de afuera y de adentro. Lo obligan a atenerse a tiempos políticos que no son los suyos. Y Netanyahu, ya lo dijimos, es incapaz de dar más. No en este mandato. Sobre todo cuando él también está por entrar en año electoral, y necesita desesperadamente tomarle la delantera a Liberman como líder de la derecha. Para ello debe volver a jugar la carta del miedo, de las “fronteras indefendibles” y de “el mundo está contra nosotros, ahora también la Casa Blanca”.

El estado palestino que los palestinos no quieren

Los palestinos no están en una posición mejor. Mahmud Abbas y la Autoridad Palestina tampoco quieren crear un estado palestino, a pesar de que los esfuerzos de este año por reclutar el apoyo a una declaración unilateral de independencia parezcan indicar lo contrario.

A Abbas el status quo le es muy cómodo. Después de la muerte de Yasser Arafat en 2004, ha emprendido un camino mucho más moderado que su antecesor, con una política de caras a la gente en la calle palestina, resolviendo problemas puntuales en la administración civil, invirtiendo el dinero recibido de los países donantes y de impuestos en infraestructuras, salud, empleo, vivienda y educación. Ha surgido en Cisjordania una clase media y una cultura del tiempo libre. Ramallah y su vida nocturna son la Tel Aviv palestina, cerveza incluida. Abbas no será recordado como un líder de masas, sí como un buen gestor para su gente.

Pero la creación de un estado palestino cambiaría para él todo el guión. Una entidad estatal limitada a Cisjordania y Gaza, incluso con Jerusalem como su capital, implicará una renuncia que no podra hacer: a todo el resto de la denominada Palestina, que incluye a los territorios y a todo Israel, por un lado, y al derecho al retorno de los refugiados palestinos a sus casas en Israel, por el otro. Su pena, por aceptarlo, podría ser la ejecución sumaria por traición. Véase el caso Anwar El Sadat.

¿Qué quiere entonces Abbas? ¿Por qué sus denodados esfuerzos por el reconocimiento del mundo a un estado virtual en septiembre en la ONU, que a todas luces no producirá cambios en el terreno? Desde esta lectura, lo único que pretende Abbas en este momento es una presión seria internacional sobre Israel para que se atenga a congelar la construcción de viviendas en los territorios, y que se siente a la mesa de negociaciones, que deben durar, si por Abbas fuere, por siempre jamás.

Así, el único que parece estar deseoso de un estado palestino parece ser Barack Obama. El único problema es que la aguja del reloj político no corre ni a la velocidad de Netanyahu ni a la de Abbas. Septiembre se acerca, las juventudes palestinas podrían organizarse a través de facebook (indeseable para Israel, pero también para Fatah y Hamás, que se han reconciliado para neutralizar la amenaza de una revolución a la El Cairo), y con la declaración en la ONU podríamos tener una nueva crisis de violencia, quizás una nueva Intifada.

Después de ella, habrán pasado meses, quizás años y muchas muertes innecesarias, se volverá a negociar, a partir del mismo punto exacto en que las tratativas fueron interrumpidas. Parece que así son las cosas por aquí.