El blog de Marcelo Kisilevski

Una mirada (más) sobre Israel

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Cómo leer y cómo no leer el ataque israelí*

Publicado por marcelokisilevski en mayo 10, 2013

"Me escandaliza la idea de una intervención extranjera". Una caricatura que nos invita a complejizar el análisis.

“Me escandaliza la idea de una intervención extranjera”. Una caricatura que nos invita a complejizar el análisis.

Una de las cosas que enervan a los israelíes que rompen la claustrofobia de los medios locales para leer lo que se publica y dice afuera de la propia burbuja, es que los setenta mil muertos, entre masacres y sub-masacres que perpetra a diario Bashar El Assad en una guerra civil que tiene lugar en el marco de la erupción volcánica de las llamadas “primaveras árabes”, que comenzaron en Túnez, allá por 2010, y que amenaza con seguir extendiéndose por los países árabes que aún no fueron afectados, arrastrando a potencias y mini-potencias a un agujero negro impredecible, todo eso, digo, no es visto por el mundo como una amenaza a la estabilidad y la paz.

Pero un solo bombardeo israelí fuera de su suelo, con el fin de prevenir ataques en su contra por milicias para-estatales, eso sí, eso y no otra cosa, amenaza nada menos que la paz mundial. Hay que sufrir de una miopía internacional seria, o bien ser dueño de una mente analítica algo torcida, para compartir esa cosmovisión tan de moda según la cual, sólo cuando Israel dispara, el mundo queda puesto al borde del abismo, mientras todo lo demás, en especial lo que hacen los países árabes, es comprendido como parte de un multiculturalismo retorcido, que blanquea las peores atrocidades bajo la bandera del relativismo cultural.

El ataque israelí, es cierto, puede ser entendido por Bashar Assad, desde todas las reglas del derecho internacional, y si de verdad se empecina, como una declaración de guerra por parte de Israel. Pero Siria, al tiempo que combate a sus oponentes domésticos, está hace ya más de una década inmersa hasta el cuello en el programa del eje Irán-Siria-Hezbollah-Jihad Islámica palestina y otros apadrinados de los ayatollas de Teherán para armar hasta los dientes a organizaciones terroristas con las cuales intentar atenazar a Israel por el norte y por el sur sin ensuciar sus propias manos. ¿Armar a organizaciones terroristas y asociarse para atacar a otro país sin provocación de su parte, todo eso sí es legal según el derecho internacional? El mundo debería explicarse y explicar, en cambio, que los actos de armamentismo de Irán y Siria son los que bien pueden ser entendidos por Israel como declaración de guerra en su contra. Pero al parecer, eso es mucho pedir.

Pensar en Israel como violador serial del derecho internacional y en Bashar El-Assad como la Madre Teresa de Calcuta, sólo puede provenir de mentes confundidas en el mejor de los casos, o de mentes afiebradas de sospechosa agenda, en el peor. Lo mejor, en cambio, es intentar entender el conflicto desde su propia dinámica, que no está guiada por derechos y morales, sino por fidelidades, identidades religiosas e intereses.

Desde esta perspectiva, el ataque doble de este fin de semana no estuvo inscripto en la guerra civil siria, sino en el enfrentamiento que la mencionada alianza chiíta-alawi mantiene con Israel. Los israelíes vieron en el virtual “empate” entre el régimen alawita de Assad y los rebeldes sunitas, una oportunidad para destruir parte de un arsenal de misiles de largo alcance que estaban en camino al sur del Líbano, a manos de Hezbollah.

Según fuentes de inteligencia militar occidentales, el cargamento incluiría misiles Fatah 110, con un alcance de unos 70 kilómetros, que podrían llegar desde el sur del Líbano a Tel Aviv, o misiles Scud-D, con un alcance de más de 600 kilómetros, que podrían llegar desde el sur libanés a Eilat, o ambos.

Según los cálculos israelíes, Siria no responderá al ataque, abriendo un nuevo frente en el cual debería utilizar su fuerza aérea, única ventaja estratégica que hoy en día mantiene frente a los rebeldes sunitas. El problema de Assad es que, de iniciarse una contienda contra Israel, éste destruiría sus aviones en un par de días, pero frente a sus rebeldes, esas naves son las que mantienen al régimen en pie. Por eso, a Israel le es más conveniente un Assad fuerte y en control, más que un líder sirio acorralado, que no tenga nada que perder y que desde ese rincón decida lanzar sus misiles contra Israel.

Israel no está preocupado por las armas que puedan detentar los diversos regímenes en el Medio Oriente. Ni los misiles de tecnología iraní y rusa que hoy pasan por territorio sirio, ni las eventuales armas nucleares en manos de Irán. Se trata ciertamente de regímenes autocráticos, pero de gobiernos que, al fin y al cabo, tienen responsabilidad de estado. Siria sabe que atacar a Israel implica colocar a toda la nación en un riesgo mortal. Irán, por su parte, sabe que lanzar una bomba contra Tel Aviv tendrá su réplica en la desaparición de Teherán. E Israel sabe que sus vecinos saben.

A Israel, en cambio, le preocupa que esas tecnologías, convencionales y no convencionales, nucleares y químicas, puedan llegar a las organizaciones terroristas, que carecen de tal responsabilidad por sus estados y por sus habitantes, y que tienen, por lo tanto, el gatillo fácil.

Israel se ha abstenido de participar de modo alguno en ninguna de las llamadas primaveras árabes. No ha intervenido en el plano militar, ni en el de inteligencia, ni en el diplomático, ni siquiera en el verbal. Nada. Este país sabe que cualquier cosa que diga o haga, será utilizada en su contra. Y dado que ningún escenario emergente es necesariamente favorable a Israel –de un lado caen tiranos, pero de otro lado surgen regímenes islamistas- lo mejor es llamarse a un estricto silencio de radio y de acción.

Por eso, a casi dos años y medio de masacres y guerra civil en Siria, se puede confiar con cierta dosis de seguridad en que Israel tuvo buenos motivos para efectuar este ataque doble contra el tren cargado de misiles y el instituto de investigación aledaño a Damasco. Sólo cabe esperar que sus cálculos sean correctos y que Siria se abstenga de reaccionar, que el conflicto en Siria culmine pronto y con la menor cantidad de muertos posible, por el bien y la paz entre todos los actores de la zona.

*Publicado en “El Diario Judío”, http://www.eldiariojudio.com

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Rabino Menajem Fruman Z”L, el “extraño” rabino de Tekoa

Publicado por marcelokisilevski en marzo 15, 2013

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El Rabino Menajem Fruman con un amigo, Ibrahim Abulhawa,

invitado al casamiento de la hija de Fruman.

Pocas personas en Israel ilustran tanto la complejidad del conflicto israelo-palestino como el Rabino Menajem Fruman, que falleció a principios de este mes. Era colono de los territorios, pues vivía en el asentamiento de Tekoa. Por otro lado era “pacifista”, pues quería solucionar el conflicto, y para ello fue capaz de hacer lo prohibido: conversar y activar con el Hamás. Incluso llegó a desempeñarse como “enlace” entre el establishment rabínico israelí y líderes musulmanes. Por un tercer lado, ir hasta el fondo del diálogo tenía podía tener ribetes extremos: participar junto con los sacerdotes del Hamás en manifestaciones contra las Marchas del Orgullo Gay. Fue muy controvertido incluso a su muerte, cuando su vida se convierte en texto. Un texto que vale la pena leer.

 Dentro del amplio paraguas ideológico del sionismo surge el Rabino Menajem Fruman, que funda junto con su grupo un asentamiento que, si bien está en los territorios, se plantea como premisa la convivencia, tanto entre judíos religiosos y laicos, como entre judíos y palestinos de la zona.

 Según él, el conflicto entre israelíes y palestinos es eminentemente religioso. Por ende, sólo los sacerdotes de ambos credos serán capaces de llegar a la paz entre ambos pueblos. Veía con preocupación la actitud menospreciativa de los israelíes hacia los palestinos, pues, sostenía, esa actitud es la que impide un diálogo verdaderamente abierto y sincero. Afirmaba que, dado el carácter religioso del conflicto, es justamente con el liderazgo del Hamás que se debe dialogar. Ello se debe a que sólo ellos comprenden que su visión puede no cumplirse de modo inmediato sino que la resolución última, en especial sus plazos y cronogramas, están en manos de Dios. Ello se contrapone a la visión laica, según la cual, son precisamente los religiosos los que carecen de toda capacidad de flexibilización de sus posiciones. Paradójicamente, desde esa visión laica, son los mismos laicos los que actúan más “religiosamente” al oponerse a todo diálogo con el Hamás.

 ¿Y los asentamientos? Los laicos en Israel están dispuestos a evacuar. Los religiosos se oponen, y sostienen que deben permanecer todos ellos bajo soberanía israelí. Los partidos de centro se han mostrado más pragmáticos: anexar los grandes bloques de asentamientos a Israel, evacuar el resto, transferir territorios bajo soberanía israelí a los palestinos en compensación por las anexiones. Del lado palestino, el presidente Mahmud Abbas ha expresado lo que ningún líder no judío se había atrevido a pronunciar desde Hitler: que ningún judío vivirá en el Estado palestino a crearse. Eso hizo correr un escalofrío por las espaldas de muchos judíos, que recuerdan el concepto de Judenrein, zona “limpia” de judíos de la Alemania nazi.

Sólo Menajem Fruman plantea un escenario que no sólo es pragmático sino que aparece como el único plausible: una Tierra de Israel en la que existen dos estados, uno palestino y otro judío, y en donde cada uno alberga una minoría nacional del pueblo vecino. Israel ya tiene un 20% de palestinos con ciudadanía israelí plena. Que el Estado palestino tenga un porcentaje de judíos con ciudadanía palestina plena, no debería poner los pelos de punta a nadie. Al fin y al cabo, los judíos han vivido en Eretz Israel siempre, hoy existe el Estado de Israel, y su propuesta no contradice en una sola coma a la promesa divina hecha a los Patriarcas hebreos. El cumplimiento de la promesa seguirá siendo esperado con ansias, pues habrá de llegar indudablemente, algún día.

 Es tan sencillo, que aun hoy nadie, salvo el fallecido Rabino Menajem Fruman de Tekoa, se atreve a hablar del asunto. Sin dudas, un pensador “extraño”, quizás demasiado adelantado a su tiempo.

 * Publicado en El Diario Judío, http://www.eldiariojudio.com, 13.3.13

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Cuando israelíes y palestinos se hablan… o juegan al rugby

Publicado por marcelokisilevski en octubre 5, 2012

Entre tanta noticia de antagonismo, educación para el odio, y un proceso de paz estancado, es importante recordarnos y recordar al mundo, a las organizaciones de derechos humanos y a los liderazgos, que palestinos e israelíes se hablan, sencillamente se hablan. A veces con la ayuda de ONGs del exterior, y a veces no. Existen miles de organizaciones para la coexistencia, y es importante reflejar sus iniciativas.

A partir de aquí, en palabras de Rubén Friedmann, para Israelenlínea.com:

El próximo 23 de noviembre la ONG argentina «Rugby sin Fronteras» realizará un partido en Jerusalén con 60 niños israelíes y palestinos con el fin de llevar un mensaje de paz y respeto al mundo.

«Queremos llevar los valores del rugby de solidaridad y amor a nuestros hermanos palestinos e israelíes jugando un partido con ellos. Esta será sin duda la más importante de nuestras acciones solidarias. Tratemos de cambiar nosotros para cambiar el mundo», expresó Juan Bautista Segonds, titular y fundador de la ONG que ya es patrimonio de la humanidad.

El evento se cerrará con un tercer tiempo cantando todos juntos «We are the world» de Michael Jackson.

Al evento de presentación asistieron el conductor de televisión Julián Weich, el ex embajador de Israel, Daniel Gazit, el actual embajador de Nueva Zelanda, Darrly Dunn, y diplomáticos de las cancillerías de Argentina y Sudáfrica. Además, participaron Carlos Campagnoli, presidente de la URBA, Marcelo Loffreda, ex entrenador de Los Pumas y Gustavo Zerbino, sobreviviente uruguayo de la tragedia aérea de Los Andes, entre otras personalidades del rugby.

Según consigna su sitio web, «Rugby sin Fronteras es una organización sin fines de lucro, nacida en 2009, con la clara meta de formar a niños y jóvenes para que puedan ser personas nobles y honorables, guiados por los valores que enseña el rugby, aplicándolos diariamente en su vida personal y social. Para que una vez jugado el partido en la cancha puedan empezar a jugar el partido de su vida. Promover la importancia del deporte para la salud como también para el crecimiento personal a través del trabajo en equipo, entendiendo al rugby no sólo como un deporte sino también como un vehículo de valores como humildad, compromiso, identidad, respeto, nobleza y fidelidad».

Desde su nacimiento, la ONG realizó partidos solidarios en las Islas Malvinas, en la Cordillera de Los Andes, en homenaje a los 16 sobrevivientes y 29 víctimas de la tragedia del equipo uruguayo en 1972, y en Robben Island, prisión donde el líder sudafricano, Nelson Mandela, permaneció 18 años.

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Allah Islam, sobre el islamismo en Europa

Publicado por marcelokisilevski en octubre 3, 2012

El prestigioso periodista israelí, Tzvi Yejezkeli, del Canal 10 de la televisión de este país, ha realizado una miniserie de 4 capítulos sobre la pentración del islam fundamentalista en Europa. Yejezkeli proviene de una familia de judíos irakíes, es especialista en el mundo árabe y, en la actualidad, es analista para varios medios de comunicación.

La miniserie contribuye a comenzar a comprender un fenómeno que parece haberse colado en Europa por su puerta trasera y mejor intencionada. La minimización del fenómeno por parte de los sectores más progresistas con una fácil acusación de racismo o xenofobia tiene un doble peligro: por un lado se trata de un peligro real, que ya ha comenzado a cobrar vidas inocentes. Por otro, deja la lucha contra el extremismo islámico en manos de las corrientes más acendradas de la ultraderecha europea, que ven en esta penetración una excelente oportunidad de levantar cabeza.

A continuación los primeros dos capítulos, subtitulados al español por Gabriel Ben Tasgal.

Allah Islam, Capítulo 1

Allah Islam, Capítulo 2

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La crítica a Israel: aclarando los tantos

Publicado por marcelokisilevski en enero 25, 2012

Mi último post armó una pequeña bataola que no ha hecho más que alimentar mi ego. Los apoyos y las críticas han venido de todos los costados, como si se tratara de una especie de manifiesto político. Yo en realidad lo escribí como un post más, tomando café en Aroma y mirando gente pasar, como si nadie fuera a leerlo. Me tendré que hacer cargo, y aclarar varios puntos:

1) No fue una diatriba contra los dirigentes comunitarios. En cambio, fue una propuesta para mejorar. La calidad o no de los dirigentes queda a juicio de cada comunidad (tampoco hablé de ninguna en particular sino de tendencias generales), pero para entenderme a mí hay que leer posts anteriores. Pues ya lo he dicho y repetido: creo que los dirigentes son personas que activan con el alma, con su tiempo y con su dinero. Mientras podrían estar veraneando en Montecarlo (algunos) o rompiéndose el alma de sol a sol porque el sueldo no alcanza (otros) ellos van a la comunidad a deshoras para que los marcos funcionen. Todo lo que quieren a cambio es reconocimiento, que los aplaudan. O sea, quieren que los amen por cosas buenas que hacen. No es un precio muy alto el que exigen, y además, ¿no es acaso lo que queremos todos?

Muchos hacen un excelente trabajo, otro menos, muchos estudian y se profesionalizan. Sí, ya sé que hay casos de corrupción, como lo hay en todo, pero también hay que entender que se trata de una arena política, con sus propias reglas de juego, y no se puede tildar a todos de corruptos. A la larga, sin que se les agradezca demasiado, los dirigentes comunitarios voluntarios, esa raza incomprendida, son los que mantienen la comunidad funcionando. (Sí, ya, ahora los profesionales de las comunidades se me echarán encima. Todo bien.) Pero todo esto no implica que sean incriticables.

2) Crítica a Israel I: ¿cuál fue entonces la “propuesta para mejorar”? Que se separe el contenido, de la política de gobierno comunitaria. Descalificar a un judío progresista como antisionista ante cualquier crítica a Israel puede estar bien para un debate de café, incluso de salón. Pero como política a seguir no es muy afortunado, ni moral ni tácticamente, en especial si se quiere atraer a los jóvenes. La propuesta es sencilla: abrir los espacios para que, sin descalificar a nadie, se digan unos a otros lo que quieran. Eso también incluye presupuestos y estructuras. No hay atajos. No alcanza con decirles “escriban un blog”.

3) “No se permite el disenso”: Me dicen que no es cierto una de las razones del alejamiento de los jóvenes de la comunidad sea el monolitismo de opinión. Me dicen que el tema es más complejo. Debe ser. Pero yo no me lo inventé, lo juro. Lo escucho de jóvenes que pasaron por mis charlas y seminarios, y de antiguos janijim de años, que han atestiguado un proceso de vaciamiento y/o que ellos mismos se han sentido excluidos.  También otros colegas en las comunidades han coincidido conmigo. Pero quien quiera aportarme diagnósticos más diversos en cada país, estaré profundamente agradecido.

4) Crítica a Israel II: Hacia adentro y también hacia afuera. Un viejo caballito de batalla desde el establishment comunitario es: “podemos criticar a Israel, pero puertas adentro, en casa, porque si se critica afuera, eso le da pasto a los leones antisionistas-antisemitas”. Pues bien: eso se acabó. A quienes siguen sosteniendo el argumento les tengo noticias: en la era de la globalización, internet y facebook, las paredes de la “casa” son transparentes.  Y además, los antisionistas-antisemitas no necesitan de nuestro pasto, se las apañan bien solos. La solución no es acallar las voces críticas “porque se las escucha afuera” sino salir también afuera y contestar. Ello, con dos condiciones, desde mi punto de vista: que se critique para mejorar, y que sea con una sólida base informativa. Veamos.

5) Crítica a Israel III: Desde el amor. Suena cursi, lo sé, pero criticar a Israel desde el amor, y no desde la deslegitimación, son mis líneas rojas, la cancha dentro la cual yo juego este juego. Cito por enésima vez al rabino Marshal Meyer Z”L: “Se critica lo que se ama”. Yo critico las políticas del gobierno de turno de Israel (y no a “Israel” como si fuera un ser uniforme con conciencia única) porque quiero que Israel sea mejor, no para que desaparezca.

Israel puede estar gobernado por personas que pueden equivocarse, pero es ante todo la expresión de una revolución popular en el más izquierdista, derechista y centrista sentido de la palabra. Y el hecho de que sea un país espectacular -que lo es- no debe ser una traba para querer mejorarlo.

En cambio, atacar a Israel por todo lo que hace, sin señalar logros, comprando el argumento de que es un país “ocupante y opresor” por esencia, es de mala leche. Es buscar siempre por dónde se lo puede atacar… a pesar de todo.

Pequeño ejemplo: no muchos se han percatado de que hace varios años, por lo menos desde 2004 (fallecimiento de Arafat), ya no se habla más de los sufrientes “palestinos” sino de la sufriente “Gaza”. Eso se debe a que la Autoridad Palestina en Cisjordania bajo Mahmud Abbas ha emprendido un camino diferente: está gobernando para su gente, desarrollando la economía, el trabajo, la educación. El conflicto violento con la ANP gobernada por el Fatah se puede dar por concluido por ahora, abriendo la histórica oportunidad de cerrar trato, dejando aislada a la Gaza del fundamentalista (y reaccionario) partido Hamás. Si yo hago mi crítica porque el proceso de paz está frenado, lo hago hacia ambos liderazgos, el de Netanyahu y el de Abbas, pero se trata de una crítica coyuntural.

Quiero decir: si Israel es el mismo “opresor de palestinos” tanto hacia el este como hacia el oeste, pues no puede ser un monstruo de dos cabezas, ¿por qué trata diferente a Cisjordania que a Gaza? La diferencia son los palestinos mismos, no Israel. En Cisjordania bajo el partido Fatah existe un proyecto de construir un estado palestino, y en Gaza existe otro proyecto, el de destruir a Israel. Es contra los misiles y el terrorismo que llegan desde Gaza que Israel se defiende, no contra el pueblo palestino, con el que Israel no tiene problema alguno. Pero el hecho de que haya un bloqueo en Gaza, que hoy se reduce a armas y personas, ya alcanza para atacar a “la entidad sionista” como un todo.

La crítica a Israel es antisemita cuando, de todos los conflictos que hay en el mundo, en todos los cuales hay fuertes y débiles, el único en el que se propone como solución que una de las partes desaparezca es el que mantiene el estado judío, hoy en día sólo con Gaza. Cuando el Hamás siente cabeza y este conflicto también desaparezca, se llamará a la destrucción de Israel por matar vacas para hacer bifes. Algo habrá que encontrar…

6) Criticar a Israel IV: Desde el conocimiento. Lamentablemente, mucha gente que en otras áreas critica de modo conciente, en el tema de Israel lo hacen desde una pasión “derecho-humanista” pero ignorante. Y esto, lamentablemente, incluye a muchos jóvenes judíos que se ven a sí mismos como progresistas.

Ejemplo, más breve que el anterior: ¿cómo se puede ser progresista y apoyar a los movimientos fundamentalistas como si fueran “luchadores contra el imperialismo yanqui y por la justicia social”? Esto es ideológicamente aberrante, por no decir imbécil. El resultado es que la ideología que se ve a sí misma como la más progresista y de avanzada del mundo, blanquea y se alía con la ideología que, dicho en los términos marxistas más ortodoxos, es la más reaccionaria, la más violadora de los derechos humanos, la más feudal y la más retardataria de la historia. Pero para entenderlo, hay que estudiar islam y jihadismo, y eso, parece, ya da mucho trabajo. El islam fundamentalista es demasiado peligroso para dejarle el combate sólo a la derecha. Ese es el principal pecado de la izquierda actual. Pero no se preocupen: no vamos a llamar a su destrucción…

El problema es dinámico y no estoy repartiendo culpas: si los jóvenes judíos no encuentran su lugar en la comunidad, por las razones diversas que sean, mal se les puede exigir que les guste el tema Medio Oriente y que lo investiguen. Es un tema tan complejo que abarca incluso el sexo. Como se lo dijo un universitario judío a un educador israelí -y de izquierda- especialista en Medio Oriente: “Tienes que entender: si yo hablo bien de Israel en mi universidad, no me encamo más”. Entre nos, los puedo entender, pero el resultado de este “antisionismo sexual” es que los jóvenes judíos se pliegan a una corriente que legitima la ignorancia y se autoconvencen de criticar a Israel como “brazo del imperialismo yanqui” para no verse excluidos también allí.

En resumen, se les puede pedir a los jóvenes que se informen, y también se puede esperar que las comunidades abran espacios formativos donde el disenso tenga cabida junto con el aumento del caudal informativo. El proceso ya ha comenzado:  existen seminarios de los que soy parte, organizados por CLAM (Confederación Latinoamericana Macabi) en sociedad con todas las comunidades iberoamericanas, por ejemplo, en los que buscamos complejizar, debatir, y en especial informar mucho.

El desafío sigue siendo llegar a los jóvenes alejados, que en muchos casos quizás ni se enteran de estos seminarios, y volver a despertar en ellos un interés apagado por algo que, a la larga, les toca y les pertenece.

 

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Sí al nombramiento de ex terroristas en la ANP; sí a las liquidaciones selectivas por Israel

Publicado por marcelokisilevski en enero 3, 2012

El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, ha nombrado al general Mahmud Damra, como su nuevo asesor, según informa hoy el diario Israel Haiom. Damra fue condenado en 2006 por estar involucrado en atentados terroristas en los que fueron asesinados civiles israelíes, y fue liberado de la prisión israelí en el marco del acuerdo por la liberación de Guilad Shalit de manos del Hamás.

La prensa israelí, en especial un diario como Israel Haiom, que es prácticamente un vocero del premier derechista Biniamín Netanyahu, se escandaliza por el apoyo y nombramiento de personajes que Israel ve como terroristas en cargos oficiales en la Autoridad Palestina, pues se trata a las claras de ver a los terroristas como héroes nacionales, y de dar al terrorismo premios por sus actos criminales.

Pero el blanqueo de terroristas no es nuevo. Israel mismo ha hecho las pases con el archi terrorista Yasser Arafat en los Acuerdos de Oslo. Del lado israelí, durante el Mandato Británico, milicias clandestinas judías mataron civiles, tanto ingleses como árabes, y no sólo el Etzel y el Leji. Algunos de sus líderes, como Menajem Beguin e Itzjak Shamir, llegaron a ser respetables primeros ministros del estado judío.

Es hora de que tanto israelíes como palestinos se deshagan de su pose de ingenuidad y de su careta de hipocresía si quieren llegar a la paz algún día. El terrorismo, esa plaga de muerte que ha asolado el siglo 20, y al parecer nos acompañará por un buen par de siglos más, ha dado buenos resultados, históricamente, como táctica de guerra. Ha obtenido logros significativos y los gobiernos han debido negociar con él. El caso de Guilad Shalit es una sola prueba entre muchas.

Pero si esto es así, lo mismo cabe advertir a los palestinos y a todo pueblo que haga de sus terroristas, héroes de guerra. Pues si ellos no se autodefinen como terroristas, sino como “guerreros de la libertad”, entonces las reglas de juego que están imponiendo son las de matar y morir. Si ellos convierten a un autobús lleno de israelíes civiles en su campo de batalla, su casa y su barrio en Gaza, en los que se ocultan luego, también lo son.

Una de las respuestas de Israel al terrorismo es el encarcelamiento, cuando ello es posible. Lo atestiguan los 10.000 presos palestinos que aún permanecen en cárceles israelíes. Pero en otras circunstancias también lo es la tan debatida “liquidación selectiva”. Algunos lo llaman “asesinato selectivo”, cargando el concepto negativamente. Pero si son viles asesinatos selectivos o ejecuciones sumarias, entonces los actos terroristas no son “ataques”, sino también viles homicidios en serie y en masa, que deben ser igualmente condenados. Vaya eso a mis colegas en los medios de comunicación.

Las liquidaciones selectivas tienen como fin limitar la matanza. Intenta matar al combatiente palestino, que está en guerra, y a cuantos menos personas a su alrededor mejor. Al ocultarse en su casa, el “guerrero de la libertad” está convirtiendo a su casa y su barrio en campo de batalla, y está poniendo en peligro a quienes lo rodean. Los está tomando de rehenes. Si él está en guerra, Israel también, con todo lo que ello implica.

Pues no puede ser que se juzgue a los palestinos según el criterio de “estado de guerra”, en la que todo les está permitido, y a los israelíes según el criterio de “estado de paz”, donde todo procedimiento que no sea arrestar y buscar evidencias como si se tratara de un caso para CSI, les estuviera prohibido.

Si los palestinos eligen esa táctica, ese campo de batalla -un autobús, una escuela- y esos blancos, y son luego convertidos en héroes de guerra y en altos dignatarios, todo bien. Esa es su percepción de la guerra que están librando. Pero a no reclamar cuando Israel, precisamente respetando la percepción palestina, se maneje también como en la guerra que es.

ImagenEl Presidente de la Autoridad Nacional palestina, Mahmud Abbas, reunido con Amana Muna, responsable de seducir a un adolescente israelí de 14 años, Ofir Rajum en un chat de Internet. Quedaron en un encuentro, y el chico fue asesinado por los terroristas cómplices de Muna, que fue convertida así en “heroína de la resistencia palestina”. (Imagen tomada de la televisión palestina). 

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Bibi y Abbas, dos líderes en el freezer

Publicado por marcelokisilevski en mayo 30, 2011

Uno de los problemas graves para desempantanar las negociaciones entre israelíes y palestinos es, una vez más, el estancamiento de sus líderes. Ni el primer ministro israelí Biniamín Netanyahu, ni el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, están en condiciones político-mentales de crear un estado palestino.

El premier israelí ha efectuado un serio viraje hacia la izquierda durante su actual gestión, por lo menos con tres medidas. Primero: en su discurso de Bar Ilán declaró que aceptaba la fórmula de dos estados para dos pueblos. Por decir mucho menos, a saber, que el Likud debía prepararse para la realidad de un estado palestino, Ariel Sharón perdió el liderazgo del Likud. En Bar Ilán, a sus aliados en ese partido y en el gobierno no se les movió un solo pelo cuando Bibi, que le había hecho la guerra a Sharón por pronunciar las palabras prohibidas, aceptó la fórmula. En procesos políticos, no es recomendable minimizar los virajes discursivos de los líderes.

Segundo, tal como lo anunciara en el mismo discurso, Netanyahu decidió el congelamiento de la construcción en los territorios de Cisjordania por diez meses. Tampoco es poca cosa. Los palestinos, que descalificaron la acción indicando que faltaba extenderla a Jerusalem, desaprovecharon la oportunidad de volver corriendo a la mesa de negociaciones y cerrar trato. Como veremos, esto no es casual.

Se puede anotar una tercera medida, aunque esto depende de las lecturas. En su discurso en la Knesset antes de rumbear para Estados Unidos a su duelo de discursos con el presidente norteamericano Obama, Netanyahu volvió a decir “estado palestino” y rompió otro tabú del Likud al decir: “bloques de asentamientos”. Es cierto que no innovó: ya lo había dicho Sharón y también Ehud Olmert. Pero ambos estaban ya en Kadima. La fórmula “bloques de asentamientos” implica la anexión de los tres bloques ya prometidos por el presidente George Bush (hijo) en una carta a Ariel Sharón: Gush Etzión, Maalé Adumim y la ciudad de Ariel y alrededores.

Pero decir “bloques de asentamientos” implica también su contracara: la disposición a evacuar todos los demás asentamientos que no se hayan en dichos bloques. Se trata de la evacuación de 140.000 colonos de los territorios, nada menos. Al bajarse del estrado, se le acercó preocupada la diputada Tzipi Jutubeli (Likud) a pedirle explicaciones. Netanyahu le respondió: “Hay muchas maneras de definir la palabra bloques”… Pero lo dicho, dicho está.

Bueno para Israel, malo para Netanyahu

No es probable que Netanyahu pueda hacer más. No quiere ni puede. Para él, cerrar el trato al que ya comprometió a su gobierno y al Estado de Israel todo implica dos cosas: la capitulación de todas sus banderas y, por ende, la caída de su gobierno. Netanyahu no tiene ninguna intención de terminar así su carrera política, sobre todo cuando, con una coalición más estable que nunca, no le hace falta. Su escándalo por las palabras de Obama, que no hicieron más que oficializar lo que ya se viene hablando hace cerca de cuatro gobiernos israelíes, parece más una táctica de frenar un proceso del que está perdiendo el control, que una reacción sincera a una propuesta de paz que él mismo ya aceptó en rasgos generales.

Por eso, el discurso de Obama es bueno para Israel, pero es malo para Netanyahu. En el famoso discurso, Obama trazó líneas para un futuro estado palestino “basado en las líneas de 1967 con intercambio de territorios”. Todos los demás elementos de su discurso fueron favorables a Israel. Pero la oficialización de la fórmula -ya que no la innovación, pues fue meramente la primera vez que lo dice oficialmente un presidente estadounidense- tuvo como objetivo algo muy concreto: el mensaje a los palestinos de que tienen en él a un mediador imparcial que puede pararse en el medio de ambas partes sin mostrar preferencias.

Pero esto, agregado al intento por disuadirlos de jugar la carta de la declaración en la ONU en septiembre, o de llegar incluso al Consejo de Seguridad, que colocaría a Estados Unidos en la incómoda posición de tener que emitir un nuevo veto. Se los dijo de frente: “Acciones simbólicas para aislar a Israel en las Naciones Unidas en septiembre no crearán un estado palestino… Y los palestinos nunca concretarán su indepenencia negando el derecho de Israel a existir”. También calificó la reconciliación entre Fatah y Hamás “un obstáculo para la paz”. Una vez más, se trata de una jugada a favor, y no en contra de Israel.

La fórmula de “intercambio de territorios” ya es vieja. Lo había ofrecido ya Ehud Barak en Camp David en el año 2000. Lo dijo también Sharón, si bien prefería ocho bloques de asentamientos a ser anexados a Israel y no tres, como le garantizó Bush. Lo propuso Olmert, incluso, en un mapa que, sin embargo, rehusó entregar a Abbas. Y ahora lo dice Netanyahu en la Knesset. Es más: su aliado Liberman también adhiere, cuando propone que los mentados intercambios incluyan zonas pobladas.

Pero una vez más, en lugar de contemporizar y “fluir” con Obama, Netanyahu prefiere la vía de la confrontación, y la razón es sencilla: la dinámica desatada obligaría a Netanyahu a pagar la factura de sus propios discursos, pronunciados para liberarse de las presiones de afuera y de adentro. Lo obligan a atenerse a tiempos políticos que no son los suyos. Y Netanyahu, ya lo dijimos, es incapaz de dar más. No en este mandato. Sobre todo cuando él también está por entrar en año electoral, y necesita desesperadamente tomarle la delantera a Liberman como líder de la derecha. Para ello debe volver a jugar la carta del miedo, de las “fronteras indefendibles” y de “el mundo está contra nosotros, ahora también la Casa Blanca”.

El estado palestino que los palestinos no quieren

Los palestinos no están en una posición mejor. Mahmud Abbas y la Autoridad Palestina tampoco quieren crear un estado palestino, a pesar de que los esfuerzos de este año por reclutar el apoyo a una declaración unilateral de independencia parezcan indicar lo contrario.

A Abbas el status quo le es muy cómodo. Después de la muerte de Yasser Arafat en 2004, ha emprendido un camino mucho más moderado que su antecesor, con una política de caras a la gente en la calle palestina, resolviendo problemas puntuales en la administración civil, invirtiendo el dinero recibido de los países donantes y de impuestos en infraestructuras, salud, empleo, vivienda y educación. Ha surgido en Cisjordania una clase media y una cultura del tiempo libre. Ramallah y su vida nocturna son la Tel Aviv palestina, cerveza incluida. Abbas no será recordado como un líder de masas, sí como un buen gestor para su gente.

Pero la creación de un estado palestino cambiaría para él todo el guión. Una entidad estatal limitada a Cisjordania y Gaza, incluso con Jerusalem como su capital, implicará una renuncia que no podra hacer: a todo el resto de la denominada Palestina, que incluye a los territorios y a todo Israel, por un lado, y al derecho al retorno de los refugiados palestinos a sus casas en Israel, por el otro. Su pena, por aceptarlo, podría ser la ejecución sumaria por traición. Véase el caso Anwar El Sadat.

¿Qué quiere entonces Abbas? ¿Por qué sus denodados esfuerzos por el reconocimiento del mundo a un estado virtual en septiembre en la ONU, que a todas luces no producirá cambios en el terreno? Desde esta lectura, lo único que pretende Abbas en este momento es una presión seria internacional sobre Israel para que se atenga a congelar la construcción de viviendas en los territorios, y que se siente a la mesa de negociaciones, que deben durar, si por Abbas fuere, por siempre jamás.

Así, el único que parece estar deseoso de un estado palestino parece ser Barack Obama. El único problema es que la aguja del reloj político no corre ni a la velocidad de Netanyahu ni a la de Abbas. Septiembre se acerca, las juventudes palestinas podrían organizarse a través de facebook (indeseable para Israel, pero también para Fatah y Hamás, que se han reconciliado para neutralizar la amenaza de una revolución a la El Cairo), y con la declaración en la ONU podríamos tener una nueva crisis de violencia, quizás una nueva Intifada.

Después de ella, habrán pasado meses, quizás años y muchas muertes innecesarias, se volverá a negociar, a partir del mismo punto exacto en que las tratativas fueron interrumpidas. Parece que así son las cosas por aquí.

 

 

 

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Bibi, el granjero holgazán

Publicado por marcelokisilevski en mayo 14, 2011

El granjero Bibi lo tenía todo. Coalición, casi nada de terrorismo, florecimiento económico. Sólo se olvidó de arreglar ese techo...

Se cuenta de un granjero. En el techo del granero tenía un agujero enorme que, cuando llovía, mojaba la paja, y ponía nerviosa a la vaca y a la cabra que buscaban allí inútil refugio. Su mujer ya estaba cansada de pedirle que arregle el bendito agujero. Cuando había sol, su marido le contestaba: “¿Para qué? Hay sol, no hay problema.” Y cuando llovía: “¿Estás loca? ¿Con esta tormenta?”

Parece que así se han comportado los gobiernos israelíes a lo largo de la historia respecto de los palestinos: los tiempos de terror e Intifadas han sido de defensa y represión, sin lugar a negociaciones de paz, pues hay tormenta. Los tiempos de relativa calma han sido disfrutados sin tomar acciones estratégicas que perpetuaran esa calma.

Veníamos bien

Desde la muerte de Arafat en 2004, la Autoridad Palestina liderada por Mahmud Abbas (Abu Mazen) ha emprendido otro camino que el del bodevilesco líder de la kefía y la pistola al cinto. Junto con su primer ministro, Salam Fayad, Abu Mazen se dedicaba a los problemas de la sufrida calle palestina: sanear la economía, construir una clase media que garantizara una transición democrática; la cultura del tiempo libre comienza a crecer en Cisjordania, e incluso se construye una nueva ciudad: Rawabi. Analistas han sugerido que la nueva ciudad es un intento de comenzar a buscar respuesta al retorno de los refugiados palestinos en el futuro estado.

Los años de relativa calma en Cisjordania desde las últimas elecciones tuvieron que ver con eso, también con la Cerca Separadora y también, en especial, con la cooperación en materia de seguridad entre la policía y los servicios de inteligencia palestinos con sus paralelos israelíes. El terrorismo, en especial a partir del golpe perpetrado por Hamás en 2007, provenía casi exclusivamente desde la Franja de Gaza.

El cisma era no sólo entre dos territorios, Cisjordania y Gaza, sino entre dos paradigmas: el nacionalista laico en el primero, más occidentalizado, y con el que Israel podía hablar, y el fundamentalismo islámico en Gaza, encerrado en su dogma islámico, negador de toda soberanía no musulmana sobre Palestina.

La prueba de esta división casi insalvable se dio en 2009, durante el operativo “Plomo Fundido”: ante el férreo ataque israelí, hubiera cabido esperar el estallido de una tercera intifada en la Margen Occidental, impulsada por el Fatah de Abu Mazen o, quizás, por su líder encarcelado -y que espera pacientemente su retorno del cautiverio- Marwan Bargutti. Sin embargo, nada de esto ocurrió. Fuera de declaraciones de condena “para cumplir”, el liderazgo y la calle palestina en Cisjordania esperaron ansiosos la destrucción del Hamás por Israel.

La reducción del conflicto

A nivel estratégico se abría una oportunidad colosal: la creación de un estado palestino limitado a Cisjordania, para dejar aislada a la Franja de Gaza. La ocasión era estratégica y también colosal por varios motivos.

Primero: el histórico conflicto árabe-israelí se vería reducido nuevamente. Ya en 2002, con el “Plan Saudita”, que contempla siquiera la posibilidad de una “normalización de relaciones” entre todos los países que componen la Liga Árabe e Israel, el histórico conflicto se vería reducido de “árabe-israelí” a “palestino-israelí”. Si se crea un estado palestino en Cisjordania, estaríamos pasando de “conflicto palestino-israelí” a “conflicto Gaza-israelí”.

Segundo: la creación de un estado palestino, y el reconocimiento de sus fronteras seguras y reconocidas, incluido Jerusalem oriental como su capital, implica también, como lo menciona el profesor Shlomo Avineri de la Universidad Hebrea de Jerusalem esta semana en Haaretz, la culminación del delineamiento de las fronteras de Israel, lo cual no ha sido logrado aún en sus 63 años de historia. En el momento de tener fronteras seguras y reconocidas, y Jerusalem occidental sea reconocida como la capital de Israel, las embajadas del mundo “subirán” también a esta ciudad. No sólo los reclamos palestinos -reconocidos y comprendidos por el mundo- comenzarán a llegar a su fin, también los del mundo.

Tercero: es la garantía de la continuidad de Israel como estado judío y democrático. Quienes se oponen a un estado palestino olvidan que la opción es un estado binacional sobre toda la Tierra de Israel (o Palestina) histórica. En tal estado, las opciones serían entre estado democrático -que podría tener mayoría árabe, lo cual implica el fin de la empresa sionista- o estado judío, lo cual es inaceptable, judaica y moralmente hablando, pues implicaría que la futura mayoría árabe no tenga derecho al voto. Sería ni más ni menos que la “sudafricanización” de Israel.

Cuarto: sería dejar de estirar lo que ya se ha convertido, aunque sea a nivel teórico o discursivo, la política de estado de Israel, a saber: dos estados para dos pueblos. Si ya Netanyahu lo había declarado en su Discurso de Bar Ilán, ¿por qué no plasmarlo de una vez?

Pero él mismo ha desperdiciado todos esos años de no terrorismo proveniente de Cisjordania, (hay sol, hay coalición, no hay terrorismo, ¿para qué mover un solo dedo por arreglar ese techo?) y ahora, con el acuerdo de reconociliación entre Fatah y Hamás, nos acercamos a una nueva tormenta.

Dicho sea de paso, se trata de un agujero colateral en el techo: antes no se podía cerrar trato con los palestinos porque no estaban unidos, y por lo tanto no hay un líder que pueda respaldar lo que firma; pero ahora que están unidos tampoco se puede, porque Hamás no reconoce a Israel, no renuncia al terrorismo y porque será una puerta abierta para que Irán hinque sus dientes también sobre Ramallah. Un Bibi histérico recorre el mundo con este mensaje, que lo dibuja como cualquier cosa menos como un líder cuerdo.

Para este fin de semana, los palestinos prepararon un “Día de la Naqba” especial. Ayer viernes ya comenzaron las manifestaciones, convocadas mayormente por facebook, y su punto culminante sería el domingo, donde los organizadores esperan que sea el disparo inicial de una nueva Intifada. Por primera vez en años, manifestantes del Hamás, con todo y banderas, han desfilado por las calles de Hebrón y otras ciudades, con anuencia de la Autoridad Palestina.

Si de frases hechas se trata

A favor del equilibrio, digamos que los palestinos no son mejores. Con mucho esfuerzo -y presión de Obama- lograron que Bibi congelara por diez meses la construcción en los territorios. En lugar de acercarse corriendo a la mesa de negociaciones, la misma Autoridad Palestina de Abu Mazen desperdició todos esos meses reclamando que el congelamiento se extendiera también a Jerusalem. Tácticamente era inútil. Estratégicamente resultó estúpido.

Es cierto, si hablamos de frases hechas: los palestinos no pierden oportunidad de perder la oportunidad. Y que entienden sólo por la fuerza.

La verdad es que Israel también sabe perder oportunidades. Y también, que este país también entiende sólo por la fuerza. Así como la paz con Egipto llegó después de la Guerra de Iom Kipur, vivida como una derrota moral; así como los Acuerdos de Oslo llegaron después de la primera Intifada, la nueva crisis que parece avecinarse entre mayo y septiembre abrirá quizás paso a una paz que será dolorosa.

A nivel de procesos macro, a los tumbos, hacia eso vamos. A nivel micro, parece que los tiempos políticos tardarán un poco, todavía, en madurar. Nos espera por delante lo que pase este fin de semana, quizás una nueva Intifada o un intento, y en septiembre la declaración del reconocimiento al estado palestino en la ONU. Habrá rechazos, habrá violencia, habrá muertos. Israel volverá a ganar la batalla, habrá esfuerzos de esclarecimiento por explicar al mundo que se trató de legítima defensa contra el terrorismo, lo cual será cierto, y luego “perderá” en la negociación.

Pero Israel logrará verla, como lo vio Beguin en 1979, como una victoria. Pues, si todo esto es cierto, implica que Bibi el buen granjero no quiere ni puede ver la imagen completa, y por lo tanto necesita ayuda. Aquí con una Intifada, allí con una declaración en la ONU, más allá con un plan de Obama, que también está al caer.

Quizás, después de este año tórrido, emerjamos al 2012 con el techo arreglado. La pregunta sigue siendo el precio en tiempo, dinero y sobre todo en vidas humanas, que se pagará todavía en el camino.

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¡Y dale con “Estado judío”!

Publicado por marcelokisilevski en noviembre 2, 2010

¿A qué se debe, de verdad, la negativa palestina y de todo el mundo árabe a reconocer a Israel como Estado del pueblo judío?

Por Marcelo Kisilevski

Las dos partes en las negociaciones, Israel y los palestinos, se enfrentan actualmente en torno a dos puntos no elevados anteriormente como condición para negociar: en este rincón, la exigencia palestina de continuar con el congelamiento de la construcción en los territorios. En el otro, la exigencia israelí del reconocimiento palestino de Israel como estado judío.

Ninguna de los dos puntos había trabado antes las negociaciones. La construcción en los territorios es un punto central de ellas, no está fuera de ellas. Es cierto: ya había sido uno de los hitos de la Hoja de Ruta, luego que los palestinos atinaran a desmantelar todas las organizaciones terroristas. En Cisjordania, el terrorismo ha descendido a niveles nunca conocidos, de la mano de una verdadera persecución policial de la Autoridad Palestina contra los miembros de Hamás, y una “movida” general de construcción de un eventual estado viable en los territotorios gobernados por Mahmud Abbas y Salam Fayad.

Pero las organizaciones terroristas siguen vivas y coleando: el Hamás no sólo existe, incluso gobierna la Franja de Gaza. La Jihad Islámica está muy lejos de desaparecer. El Tanzim y las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, los brazos armados del partido oficial Fatah, tampoco se han llamado a disolución. Eso solo ya libera a Israel, a nivel legal, de tener que paralizar los bulldozers en la Margen Occidental.

Pero, como quiera que sea, con construcción o sin ella, con “estado judío” o sin él, esto no había detenido antes las negociaciones. Los palestinos, de Oslo a esta parte, habían negociado a la sombra de más y más asentamientos. Los israelíes elevan en cada etapa –lo hizo Barak, lo hizo Olmert- la exigencia de reconocimiento de Israel como Estado judío, pero aun así, nunca dejaron de avanzar en el proceso.

Dicho sea de paso, para aquellos que todavía siguen sosteniendo el supuesto fracaso de Oslo: hoy, todo el mainstream israelí, incluido el mismísimo Likud de Biniamín Netaniahu, acepta la fórmula de “dos estados para dos pueblos”. Seguirá llevando tiempo –y sobre todo vidas humanas, lamentablemente- pero hacia eso vamos. Cuando este escriba iniciaba su carrera periodística en Nueva Sión, a fines de los ’80, se trataba de una frase “subversiva”.

Más allá de las estratagemas de Mahmud Abbas y de Netanyahu para empantanar las negociaciones, lo que resulta extraño es la negativa palestina a reconocer a Israel como estado judío. La exigencia israelí no fue elevada en Oslo, y luego fue rechazada sin que Israel se escandalizara, pero la negativa palestina no deja de ser enervante. Pues la fórmula de “dos estados para dos pueblos” es una copia de la votada en la ONU en noviembre de 1947: un estado judío y otro árabe en lo que se conoce como Palestina. Israel aceptó la Partición entonces, y vuelve a aceptar dicha fórmula hoy en día. En los círculos progresistas, nos hemos resistido a formular preguntas: ¿por qué los palestinos la rechazan? ¿Cuáles son las motivaciones palestinas profundas para rechazar el derecho de autodeterminación del pueblo judío en Israel, como reflejo especular directo del derecho de autodeterminación del pueblo palestino en el mismo lugar? Para los palestinos, se debe crear un Estado palestino en Cisjordania y Gaza. Pero Israel no puede ser del otro pueblo: debe ser binacional. Quien crea en la autodeterminación de los pueblos, de todos los pueblos, podría sopesar seriamente la posibilidad de enviar a los palestinos delicadamente a freír espárragos.

Como se diría en Israel, algunos argumentos de esta negativa hacen levantar las cejas. Dijo el canciller egipcio, Ahmed Abu Gheit, en una entrevista televisiva: “La demanda de Israel de ser reconocido como un Estado judío es preocupante”, y la equiparó con la decisión iraní de llamarse “República Islámica de Irán”. Saeb Erekat, jefe del equipo negociador palestino, fue más lejos: “No existe país en el mundo en el que las identidades nacional y religiosa estén entrelazadas”.

Existe un pequeño problema: se trata de una vil mentira, y los palestinos lo saben. No sólo porque la Constitución griega diga que la religión “imperante” allí “es la de la Iglesia Ortodoxa Oriental de Cristo”, y así en muchos países pequeños y alejados del tema, sino porque en la propia constitución de la Autoridad Nacional Palestina se lee, en el artículo 4, que “el Islam es la religión oficial de Palestina” y que “los principios de la Shaaría Islámica (equivalente a la Halajá judía, M.K.) serán la principal fuente de legislación”. De Irán no hace falta hablar. Y en la bandera de Arabia Saudita se puede leer la fórmula de fe islámica “Alahu Ajbar” (Alá es el más grande), y así sucesivamente.

Y eso es sólo si permitimos que los palestinos definan al judaísmo como religión. El judaísmo es una entidad histórica y nacional, con un componente religioso fuerte. Otra vez, como en las épocas más oscuras, otros vienen y nos definen desde afuera. La totalidad de los países árabes pertenecen tanto a la Liga Árabe como a la Organización de la Conferencia Islámica. La organización que los define como “pueblo árabe” y la que les da carácter religioso musulmán. Nuevamente: a freír espárragos.

La pregunta se repite, ensordecedora: ¿qué es lo que hace, a ojos de los palestinos y demás países árabes y musulmanes, que su definición como tales sea aceptable y legítima, mientras que la definición de Israel como judío sea inadmisible?

Los palestinos aducen varios argumentos: que ello pondría en peligro a la minoría árabe en Israel, por ejemplo, y por lo tanto se trata de una exigencia que acerca a Israel a los límites del fascismo. Vamos: ninguna minoría del Medio Oriente está más segura que la árabe israelí. Usted no quisiera ser parte de una minoría en ningún otro país árabe. Con todos los problemas que quedan por resolver, ni los propios árabes israelíes desean ser parte de ningún otro estado árabe.

Las razones no declaradas tienen que ver, precisamente, con la naturaleza totalitaria del Islam al que adscriben todos los países del Medio Oriente sin que nadie se atreva a acusarlos de oscurantistas, pues ello sería cometer el pecado capital de “imperialismo cultural”, Dios nos libre.

Pero las cosas deben ser dichas. Desde un punto de vista teológico, existe una estrecha vinculación entre la ley islámica y la soberanía política, de un modo que no se da en el cristianismo ni en el judaísmo. El Corán divide al mundo entre Dar El Islam (Casa de la Paz) y Dar el Harb (Casa de la Guerra). La Casa de la Paz consiste en todos aquellos territorios donde ya gobierna o ha gobernado alguna vez el Islam. Así, tanto Israel como Al Andaluz (toda la Península Ibérica), deben ser reconquistados primero. La Casa de la Guerra está compuesta por todos aquellos territorios que aún no han conocido el gobierno de Alá. La paz universal llegará cuando todos los hombres acepten a Alá, o bien se sometan al gobierno del Islam mediante la condición de “dhimmi” (minoría tolerada y protegida) y el pago de la “jizya“, el impuesto de los no musulmanes.

La aceptación de una soberanía no musulmana en Palestina, cuyo territorio es parte de Dar El Islam, va contra las leyes del Corán y la Shaaría. Lo comprendió muy bien Anwar Sadat en el momento de ser asesinado brutalmente por los Hermanos Musulmanes en 1981, luego de aceptar el Estado de Israel a cambio de la Península del Sinaí. Cuando se le preguntó a Arafat por qué no aceptaba la oferta sin precedentes de Barak en Camp David versión 2000, dijo sin ambajes: “Si yo no vuelvo con la bandera palestina flameando en el Monte del Templo y con el derecho al retorno de todos los refugiados, a mí me matan”. Tenía razón: la soberanía es teológicamente fundamental, y el derecho al retorno de los refugiados acabaría con el carácter judío de Israel.

Podríamos haber esperado que con el ascenso del Panarabismo en los años ’50, todo el paradigma islámico de Dar El Islam-Dar El Harb se hubiera suavizado, “europeizado”, para dar paso a las posturas, quizás no menos totalitarias, incluso expansionistas, pero sí más moderadas teológicamente, en los estados que llevan la voz cantante en la región. El no reconocimiento de Israel como expresión de la autodeterminación judía, pone esta supuesta moderación histórica en tela de juicio, y acerca las posturas palestinas a las más reaccionarias y premodernas concepciones islámicas fundamentalistas.

Netanyahu no se equivoca en la esencia de su demanda, pero la banaliza, al utilizarla para “franelear” a los palestinos y a Estados Unidos: el reconocimiento de Israel como estado judío no debe ser una mera “precondición” para seguir negociando, sino que debe ser elevado como uno de los puntos centrales de las tratativas, al mismo nivel como lo son Jerusalem, la delimitación de las fronteras, los asentamientos y el destino de los refugiados palestinos.

He aquí una base, poco tratada hasta hoy por el “campo de la paz”, para una paz duradera entre los pueblos: la del reconocimiento mutuo, verdadero, profundo y justo.

 Publicado en Nueva Sión N° 955, noviembre 2010

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Cómo no defender a Israel

Publicado por marcelokisilevski en octubre 11, 2010

Por Carlo Strenger – Haaretz, 22.9.10

Deberíamos estar contentos. Luego de más de medio año de rodeos, el Ministerio de Diplomacia Pública (Hasbará) y Asuntos de la Diáspora ha lanzado la versión en inglés de su sitio Masbirim (Esclarecedores), que apunta a proveer a aquellos que quieren responder a los detractores y enemigos de Israel con material para defender a este país. ¡Qué idea maravillosa! Finalmente contamos con las municiones que nos permitirán, de una vez y para siempre, contrarrestar a todos los críticos de Israel.

Veamos pues el contenido del website. El mismo parte de la suposición de que la gente ignorante en el mundo piensa que Israel es un país atrasado, donde la gente se traslada montada en camellos, y explica orgullosamente que Israel es pletórico en automóviles, que los israelíes no cocinan en primitivas parrillas, ni que comen sólo falafel.

La sección que pretende derribar mitos sobre Israel ofrece abundante “información”. Se nos dice que la Línea Verde ha sido inflada más allá de toda proporción, y que los asentamientos no son de ninguna manera un obstáculo para la paz. El problema real es que los árabes no aceptan en absoluto a Israel. El problema, parece insinuar el sitio web, es que Tel Aviv no es menos que Elon Moreh (asentamiento en Cisjordania, N. de T.), pues los árabes sencillamente no aceptan la existencia de Israel. Más aun, así se nos dice, Israel no tuvo nada que ver con el origen del problema de los refugiados palestinos.

Todo el proyecto Masbirim está basado en la falsa premisa de que defender todo lo que hace Israel es una manera efectiva de representar los intereses y asuntos de este país. El Ministro Edelstein podría saber ya que esto no funciona, nada más revisando la excelente información recogida por el proyecto Israel Branding del Ministerio de Relaciones Exteriores. Uno de los hallazgos más importantes es que en el mismo momento en que los voceros israelíes asumen una posición esencialista, según la cual Israel tiene razón en todo y jamás comete errores, pierden a su audiencia automáticamente.

Los siguientes son algunos consejos para la gente que quiere generar empatía hacia Israel, que no costarán al contribuyente israelí un centavo, debido a que se basan en datos sólidos por los que ya han pagado. El proyecto Branding Israel ha mostrado que la élite juvenil global es el público más importante al que debemos dirigirnos.

No piensen que están todos mal informados, ni piensen que son estúpidos. No tienen ninguna de las malas persepciones que el Ministerio de Hasbará les imputa. Tienen una sola preocupación primordial: piensan que la ocupación de los territorios palestinos y la construcción de asentamientos en los territorios es indefendible; que el acoso a los palestinos en la Margen Occidental y el bloqueo en Gaza es inmoral; y que Israel utiliza a menudo fuerza desproporcionada, como lo hizo en el operativo Plomo Fundido. No están para nada preocupados por si utilizamos más camellos que automóviles.

Mi sugerencia es: no traten de venderles patrañas. Nunca se rebajen al nivel de los peores detractores de Israel. Nunca mientan, y nunca distorcionen los hechos. Nunca utilicen frases propagandísticas huecas; perderán su credibilidad en el preciso momento en que lo hagan.

En lugar de ello, traten de de hacer a Israel humanamente inteligible. Señalen que la mayoría de los israelíes desean una solución de dos estados, pero que una serie de eventos, desde la segunda Intifada, al bombardeo del sur de Israel luego de la retirada de Israel de la Franja de Gaza, ha decepcionado profundamente a los israelíes; que éstos tienen temores bastante justificados de que una retirada de la Margen Occidental podría conducir al bombardeo de la zona central de Israel; y que son bastante reacios a correr riesgos por la paz después de estos traumas.  

Hablen acerca de los temores y los errores de Israel; de la parálisis de su sistema político; del hecho de que los israelíes tienen problemas para elegir a un primer ministro que no exude un duro machismo, debido a que temen los muchos peligros reales que los rodean. Díganles que los israelíes a menudo no pueden desentenderse por más tiempo de los muy reales peligros de Hezbollah y Hamás por un lado, y del Fatah y otros árabes moderados por el otro, porque vivir en Israel puede ser bien traumático.

Se encontrarán con que la gente estará dispuesta a escucharles. Yo vivo esta experiencia una y otra vez. A menudo escribo en The Guardian, un diario que no es precisamente pro-israelí. La mayoría de los comentarios son considerados (aun cuando siempre van a haber algunos groseros). No siempre aceptan mis argumentos, pero en general aprecian los intentos de proveer un análisis equilibrado y no ideológico.

Mi experiencia con otros medios europeos es similar: los periodistas me dicen que están absolutamente hartos de los voceros oficiales israelíes; sienten que éstos los llenan de propaganda vacía, y no creen una palabra de lo que escuchan. Pero se interesan inmediatamente cuando les explican qué difícil es la situación de Israel en términos humanos. Estarán dispuestos a escuchar explicaciones acerca de las cosas inaceptables que Israel hace, si comparten su experiencia aquí, en lugar de hablar con slogans propagandísticos, más típicos de regímenes totalitarios.

Díganles que están preocupados por el aumento del odio hacia Israel; díganles que son críticos de muchas de las políticas de Israel, pero que sienten que muchos detractores siemplemente no advierten que la sombra de la muerte pende sobre Israel todo el tiempo, y que muchos de los temores de Israel son, desafortunadamente, bastante reales.

Si quieren que la gente entienda a Israel, lean a Amos Oz y David Grossman. Ellos son mucho mejores embajadores de Israel. Y por último: si se sienten dolidos por los errores de Israel, no tengan miedo de compartirlo. La mayor parte de sus interlocutores prefieren la imperfección humana a una engreída arrogancia.

Traducción: Marcelo Kisilevski

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