Israel, Gaza y el Mundo: Cuando Todo Aumenta

Por Marcelo Kisilevski

El islam radical aumenta la apuesta. El cinismo de Hamás a trepado a nuevos picos. El antisemitismo se ha quitado la máscara. La superficialidad en el análisis no conoció límites. La guerra de los números (de muertos) adquiere ribetes macabros. Crónica de un mundo que “va por más”. 

En muchas manifestaciones, los motivos antisemitas directos se entremezclaron en los clásicos llamados a "parar la masacre". Los medios y los gobiernos no pueden quedar indiferentes al aumento del antisemitismo abierto.

En muchas manifestaciones, los motivos antisemitas directos se entremezclaron en los clásicos llamados a “parar la masacre”. Los medios y los gobiernos no pueden quedar indiferentes al aumento del antisemitismo abierto.

Durante esta guerra se exacerbó todo. Los cohetes de Hamás llegaron más lejos. Más israelíes quedaron dentro del rango de tiro y millones debieron correr a los refugios. Hamás aumentó su apuesta casi hasta el final, y así aumentó también la reacción israelí.

El islam fundamentalista también fue más. La contienda no fue solamente contra Hamás: los políticos, los países árabes, los analistas, miran hacia el noreste, donde ISIS sólo ha comenzado su carnicería, y su marcha implacable hacia Siria, Líbano Jordania, Israel y también hacia Europa. Las banderas de ISIS ya han llegado al Viejo Continente. No por nada los países árabes no se pronunciaron esta vez, como era su costumbre, condenando a Israel por el ataque en Gaza. El contexto internacional se ha modificado, se ha amplificado.

Durante el último Ramadán, que terminó hace pocos días, organizaciones como ISIS en Irak, Jabat El Nusra en Siria, Boko Haram en Nigeria, mataron a 15.500 personas. En 2013 habían sido 8.000. Este fin de semana, ISIS conquistó una aldea de la etnia yazidi en Irak, y les dio dos opciones: conversión al islam o muerte. Al final fusilaron a sangre fría a 80 varones y secuestraron a 100 mujeres. Los muertos en Siria ya rozan los 200.000, entre ellos 1.800 palestinos de campos de refugiados. Sin embargo, sólo la muerte de 1.867 palestinos en Gaza a manos de Israel, fue calificada de “genocidio” por gente muy respetada en Occidente. El relativismo moral también alcanzó niveles de exuberancia.

Periodistas “apretados” y amenazados

Creció también la sofisticación de la táctica de Hamás de utilización de civiles en la contienda. Una vez que los corresponsales extranjeros salieron de la Franja, comenzaron a relatar lo que verdaderamente había ocurrido. Fueron publicadas las órdenes de Hamás a sus combatientes de mantener a la población en sus hogares: “El ejército israelí limita su fuego contra concentraciones de población civil”, se lee en el documento de instrucciones a los cuadros. “Recomendamos utilizarlas con fines ofensivos. Disparar desde viviendas civiles es interés de Hamás puesto que potencia el odio contra Israel”.

Los periodistas fueron “apretados” para que den una sola versión de los hechos, a saber: “Israel dispara deliberadamente contra civiles”. Cuando un periodista de la India filmó desde su cuarto de hotel a una célula de Hamás disparando misiles de entre las casas, lo hizo murmurando: sabía que estaba arriesgando la vida. Muchos periodistas saben que no podrán entrar más en Gaza por estas revelaciones.

Medios respetados y no precisamente pro-israelíes, como New York Times, la mismísima Al Jezeera y la BBC de Londres, comenzaron a poner en duda las estadísticas hamásicas y a hacer las preguntas correctas, si bien sólo después de la retirada israelí de Gaza, cuando el daño en la opinión pública mundial ya estaba hecho.

El NYTimes analizó las cifras y las edades de los muertos de la lista entregada por “fuentes médicas en Gaza” pero controlada por Hamás con mano de hierro, y descubrieron que los hombres de 20 a 29 años (varones en edad de combatir), que son el 9% de la población general, constituían un tercio de los muertos. Ello implicó, por ejemplo, quitarles los uniformes a los cuerpos de los combatientes caídos y hacerlos pasar por civiles. En cambio, las mujeres y los niños menores de 15 años -menos propensos a empuñar un rifle- y que representan juntos el 71% de la población general, representan un tercio de los muertos. Es decir, con todo el dolor por la muerte de civiles no involucrados, no se puede llamar a eso “matanza indiscriminada”. Algo bien diferente sucedió allí.

En el islam radical, la posibilidad de “ocultar la verdad en la defensa del islam” se llama “taqiyya”, que es difinido como “disimulación, o dispensa legal, por la cual un creyente puede negar su fe o cometer otros actos ilegales o blasfemos, al verse en peligro significativo de persecución”. En otras palabras, el islam prevé el uso de la mentira, pero sólo ante el peligro para la propia vida. El islam radical, con Hamás a la cabeza, ha llevado ese concepto a altísimos y macabros niveles de sofisticación.*

Cuando los “sionistas” eran los “judíos”

La cobertura de ciertos medios de comunicación también fue exacerbadamente militante. Un “poeta” palestino fue entrevistado por una radio sudamericana diciendo que los soldados caminaban entre la multitud palestina “buscando mujeres y niños”, y cuando los encontraban “les disparaban en la cabeza”. Los periodistas de la radio lo dejaron hablar sin siquiera repreguntar.

Es que la superficialidad del análisis también fue la estrella de este período. La lectura se redujo a un pensamiento moralmente escandaloso: “Murieron más palestinos. Ergo, Hamás tiene razón”. Ese pensamiento, llevado a sus últimas consecuencias, daría la razón a Hitler: en los bombardeos de los aliados sobre Alemania murieron entre 400.000 y 600.000 alemanes civiles. Por los cohetes nazis sobre Londres, murieron 10 veces menos: 60.000.

También ha crecido el antisemitismo en el mundo, o por lo menos, ha aumentado el desembozo. A partir de la Segunda Guerra Mundial y la Shoá, el antisemitismo había quedado colocado en el freezer: ya no era políticamente correcto decir “yo soy antisemita”, o “yo odio a los judíos” a excepción de los neonazis, por décadas alejados del mainstream occidental. No es que el odio hubiera desaparecido, sino que había quedado sublimado, recanalizado hacia “el judío entre los estados”, Israel. De ello hemos tratado en un post anterior.

Pues bien: el “recreo” de siete décadas ha finalizado, y los antisemitas ya no tienen problema en identificar al odiado sionismo con los judíos. En Alemania se escuchaban gritos de “judíos (ya no ‘sionistas’) a las cámaras de gas”. En Berlín, un hombre fue golpeado por usar kipá en la calle, y el embajador israelí en Alemania denunció que “están atacando judíos en la calle como si fuera 1938″. En México se gritó “Fuera judíos de México”, en París una sinagoga fue atacada por una horda neonazi y repelida por la juventud judía. En Toulouse, un hombre fue arrestado por lanzar bombas incendiarias contra un centro judío, periodistas mezclaron la palabra “judío” como sinónimo del demoníaco “sionista”. En las manifestaciones en Londres, Hitler fue convocado y bendecido.

Es que también ha aumentado la claridad, el sinceramiento de todas las pasiones. El antisemitismo no había desaparecido, sólo estaba camuflado. Ahora ha recibido certificado de buena conducta, ha quedado en libertad, y se ha sincerado. La mayor parte de la humanidad, que en general se mantiene imparcial, cuando no indiferente, deberá ser advertida de que de eso se trataba, y deberán cuidarse de aquellos que llaman a la destrucción de Israel: estaban hablando de los judíos. Ahora queda más claro.

 

* Para leer un informe completo de USNews traducido al español: http://hatzadhasheni.com/las-mentiras-del-hamas-sobre-los-muertos-y-los-medios-de-comunicacion-que-les-creen-por-oren-kessler/ 

Reconocer al antisemita, para esquivar el odio

La acusación de "Israel = Nazis", además de justificar el Holocausto en retrospectiva, tiene un solo corolario: la destrucción de Israel.

La acusación de “Israel = Nazis”, además de justificar el Holocausto en retrospectiva, tiene un solo corolario: la destrucción de Israel.

Claves para distinguir una crítica legítima a Israel de aquella con trasfondo antisemita: algunos lectores de este blog como “case study”, y guía práctica.

Por Marcelo Kisilevski

Están pasando cosas terribles en Gaza, el operativo se convierte en guerra, Hamás viola su quinta tregua, llevando a la continuación de la guerra con sus decenas de muertos palestinos diarios, un soldado israelí ha sido secuestrado por esa organización, los países se alinean y realinean y hay mucho que explicar y entender.

Pero el blog de este cronista se ha poblado con algunos lectores a los que todo esto no interesa, pues están hace ya días obsesionados, ocupados febrilmente en “Israel mata civiles y le encanta hacerlo”, y en “cómo podemos agarrar al judío en una mentira”. Por eso, se trata de una buena oportunidad para dotar a nuestros lectores de herramientas para distinguir las críticas de corte antisemita, de aquellas opiniones legítimas, con las que podemos entablar un diálogo.

Carlos, Salva y Diego, que así se hacen llamar estos lectores, han emprendido una campaña en este blog, escribiendo todos los días lo que para ellos es una prueba contundente del carácter “nazi” de Israel: “Israel dispara, niños mueren”. En sus diatribas, utilizan medias verdades, descontextualizaciones, manipulaciones e insultos, como “sionista” (en su sentido insultante), “mentiroso” y “nazi”, contra mi persona y otros lectores del blog. En algunos países, el antisemitismo es una figura penal. Eso solo basta para cerrarles el micrófono.

 

Una técnica interesante consiste en señalar una inexactitud informativa vertida en alguna nota del blog y cargar las tintas contra ello, presentándolo una y otra vez como una mentira deliberada, lo cual supuestamente probaría que la información que estamos presentando diariamente es en su totalidad una construcción falsa: en realidad, quieren demostrar, Israel mata adrede a civiles palestinos, y el hecho de que para ocultarlo se recurra a “mentiras”, así lo demuestra.

Pues la pregunta no es si el judío miente en su blog, sino: ¿cuál es la agenda del que lo denuncia con tanto fervor durante días y días?*

En algún momento, al señalar la maligna astucia de Israel de “decretar  una tregua para que, cuando los palestinos vayan al mercado los bombardeen en plena compra”, dijo el antisemita de nombre Salva: “Ahora entiendo por qué los judíos ganan tantos premios Nobel”.

Él responderá de ninguna manera es antisemita, que le importa defender a los palestinos y no atacar a los judíos y, por supuesto, que tiene amigos judíos. Además, dirá que lo estamos acusando de antisemita “como siempre lo hacen los judíos, para justificar la matanza”. Pero sabemos que hemos llegado a la verdad: los palestinos no les importan, sino solamente cuando Israel, el país de los judíos, está ahí para echarle la culpa.

Denunciar una supuesta “práctica de matar adrede y por placer”, y no contextualizarlo en un trasfondo geopolítico mayor, o en la agresión del oponente, a saber Hamás, es el intento de presentar a Israel como una fuerza maligna, que disfruta de poder matar palestinos por el solo hecho de serlo. Si esto es así, la única manera de parar la matanza es destruyendo al matador.

Empezando por el principio

¿Se puede criticar a Israel sin ser declarado antisemita? ¡Por supuesto que se puede! Este cronista ha mantenido decenas de intercambios en estas semanas con críticos de Israel, muchos bastante duros y buenos oponentes, y ha sido un verdadero intercambio de ideas. Los mentados lectores, en cambio, no debaten, sólo atacan, como matoncitos de barrio, esperando que salga el gordito de anteojos, que esta vez es judío, a la salida del colegio para ponerle el pie y hacer que se caiga. Sinceramente les importan un bledo los palestinos, incluso les importa un bledo un dato mal puesto en una crónica. Lo que los hace temblar de placer hasta el orgasmo es “tener a Israel agarrado por sus genitales: hemos pescado al judío entre los países matando gente”; y al judío de turno: “lo hemos pescado en una mentira”, lo que prueba que los judíos no sólo son diabólicos asesinos que matan sin explicaciones y sin ofrecerlas: también manipulan la realidad para ocultarlo.

Que ellos hagan lo mismo que dicen denunciar, poco importa. Por ejemplo, a la luz de los kilómetros y más kilómetros de túneles revestidos en cemento, construidos para atacar en suelo israelí, tanto a soldados como a civiles, el antisemita llamado Salva me insta a contestar, confiado en tener acorralado a este autor: ¿por qué se niega Israel a dejar a entrar en la Franja de Gaza “algo tan inocente como materiales de construcción”?

Es que no solamente los palestinos los tienen muy sin cuidado, sino que lo que también les importa bien poco es la verdad. Hasta el cansancio se les puede señalar, como lo hemos hecho en los informes, algunas verdades incontrastables: que Hamás utilizó cantidades colosales de cemento llegado a Gaza para revestir kilómetros y más kilómetros de túneles, en lugar de construir casas y otras cosas positivas, tan necesarias y de verdad inocentes. Todo eso no importa: ellos seguirán machacando que Hamás reclama “algo tan inocente como material de construcción”. Es decir, con tal de dejar mal a Israel, están dispuestos a ver en Hamás a la Madre Teresa de Calcuta. Pero para ellos el que manipula es el judío, que además se arroga “superioridad moral”, acusan, como si ellos se condujeran como humildes monjes tibetanos (su tono, además de sus dichos, pueden ser apreciados en los comentarios a los posts anteriores).

Podemos mostrar una y otra vez que no hay operativos semejantes en Cisjordania, pero sí en Gaza, y eso solo tiene que llamar a la reflexión. Y si la razón parece misteriosa y genera curiosidad podemos explicarla. Al contrario que en Cisjordania, donde gobierna una Autoridad Nacional Palestina con la que se puede tratar, y se ha logrado un “modus vivendi” con altibajos por las buenas durante años, en Gaza gobierna Hamás, una organización embanderada con el islam radical, la ideología más reaccionaria y nefasta del siglo 20 y 21 después del nazismo, y que la practica matando, no sólo judíos sino a su propia población o, como ellos mismos lo dicen “no llevamos a nuestro pueblo a la destrucción; lo llevamos hacia la muerte”. Para ello, han convertido a toda la Franja de Gaza en un gigantesco bunker y campamento militar, con la característica de tener mucha gente civil circulando dentro. Por suerte pueden acusar al enemigo externo de “encerrarnos en un gigantesco campo de concentración”, y la analogía atraerá al Hamás tantos idiotas útiles como los antisemitas Carlos, Salva y Diego, que ya pueden cantar victoria festejando por medio de “algo tan inocente” como sus tradicionales y tiernos disparos al aire.

Sólo cuando se puede culpar a Israel

A ellos, decíamos, les importan un bledo los palestinos. Fingen que les importan sólo cuando pueden acusar a Israel de infligirles cualquier sufrimiento. Kuwait expulsó 300.000 palestinos de su territorio en 1991 cuando Arafat abrazó a Saddam Hussein luego de que éste se tragara a aquél de un bocado. Pero los “pro-palestinos” ni siquiera se deben haber enterado porque Israel no estaba allí para ser culpado.

Cuando lo colgaron a Saddam en 2003, los chiítas que habían sufrido su puño de hierro salieron a la calle a matar palestinos por ser sunitas, y por haber sido los protegidos del dictador. 400 palestinos murieron por el solo hecho de serlo. Ahora, Bashar Assad mató a 1.800 palestinos entre todos los civiles sirios. ¿Se metieron nuestros héroes de la verdad a buscar camorra en los blogs de todos los defensores del país “nazi” Kuwait, de los chiítas “nazis” iraquíes, del dictador “nazi” Assad? No, porque para ellos el único país “nazi” es Israel, y el hecho de las imágenes de niños palestinos muertos, lejos de provocarles empatía con el sufrimiento palestino, los hace gozar hasta  el orgasmo, y vuelven todos los días por ese placer sexual al blog de “Marcelino el sionista”, o el judío, (a quién le importa a esta altura diferenciar) para probar de una vez “por qué los judíos tienen tantos Premios Nobel”, como dijo el antisemita llamado Salva con profunda sinceridad y honestidad intelectual. No son los palestinos el asunto, ni siquiera lo es Israel: el asunto son los judíos.

Por supuesto que se puede criticar al gobierno de turno de Israel. Yo mismo lo hago, pero porque quiero un Israel mejor, no porque quiero que desaparezca. Esa es la primera señal para reconocer una crítica de corte antisemita. Cuando el trasfondo es: “dado tal o cual acto, y dados los refugiados palestinos, Israel es un estado forajido que debe desaparecer”, estamos en presencia de judeofobia, de antisemitismo en estado puro.

El tema del derecho a la existencia

En uno de sus ataques de odio confesó el antisemita llamado Diego su verdadera agenda:

“En cuanto a motivaciones históricas, si alguien viene a mi casa, y me dice que se queda el cuarto de baño, un dormitorio y medio salón, yo también le mando a tomar por culo, que es lo que hicieron los palestinos en el 48. Que Israel haya ganado todas las guerras posteriores, no reconvierte el expolio que fue la fundación de Israel.”

Es decir, de la discusión de si Israel es criminal al matar civiles, pasamos a la mismísima fundación de Israel. Los antisemitas siempre terminan llegando allí: la fundación de Israel fue un expolio, y por lo tanto ilegal. ¿Y por qué es esto antisemitismo del más bajo?

No solamente porque Israel fue uno de los pocos países en el mundo creado en una base tan sólida de acuerdo con la ley internacional. Casi se diría que fue la ley internacional personificada la que creó a Israel.

Es antisemita, porque el razonamiento le niega el derecho de autodeterminación de los pueblos a un solo pueblo: el judío. No importa que ese pueblo ya haya reconocido el derecho de autodeterminación del vecino palestino, y que lo único que se le exige para concretarlo es dejar de intentar matar a sus civiles. El judío, que se debe ir de su país de origen, porque era “extraño”, se debe ir también de Israel, porque es un estado ilegítimo. Ergo, lo que es ilegítimo para el antisemita es que el judío viva.

Pero el argumento del “pecado original de 1948″ es antisemita, además, porque de la acusación de que Israel provocó el tema de los refugiados y les robó sus tierras, (cosa que habría que discutir, y lo solemos hacer, pero aquí no hace al punto), se desprendería un principio general, a saber:

“Todo país que en su proceso de nacimiento y desarrollo le hizo daño a otro colectivo humano –expulsión, despojo o matanza-, debería desaparecer”.

Si fuéramos intelectualmente honestos y no desproporcionados, como ellos reclaman a Israel, esa debe la gran lección que nos deja el caso de los refugiados palestinos.

Si ese esa es la regla, pensemos en algunos otros ejemplos de países a los que a Carlos, Salva y Diego les encantaría ver desaparecer, según el principio general que ellos mismos están estableciendo.

Debería desaparecer España, por haber despojado a sus judíos y a sus árabes de todas sus propiedades en 1492, expulsándolos luego sin más ni más. Debería desaparecer una segunda vez, por quemar luego a los “judaizantes” en la hoguera de la Inquisición, y una tercera vez, por matar nada menos que a 500 millones de aborígenes en el continente americano durante los siguientes cinco siglos.

Debería desaparecer mi país, la Argentina, pues ha perpetrado el genocidio de los indios de la Patagonia en la famosa Campaña al Desierto, para “pacificar” y ampliar “las fronteras de la patria”. Y una segunda vez por el terrorismo de estado con los desaparecidos.

Debería desaparecer Francia, por el Terror de Robespierre y por Argelia.

Alemania también, por provocar la Segunda Guerra Mundial. Y por el Holocausto.

Estados Unidos, por los Sioux y los Apaches, también por Irak, Afganistán, Nicaragua, la Operación Cóndor, el bloqueo a Cuba, y la lista es larga.

Rusia debería desaparecer muchísimas veces: por los gulags, por las purgas de Stalin, por aplastar a Checoslovaquia, por los chechenios, los tártaros, los georgianos y los ucranianos.

China por Tibet, Xinjiang, la Revolución Cultural, los Falon Gong y la violación a todas las libertades fundamentales de todos quienes no adscriben al PCC.

Pakistán y la India deberían desaparecer, porque en 1948, el mismo año de los refugiados palestinos, cada uno expulsó a millones de un país al otro, siendo mutuamente masacrados cientos de miles de cada bando en el camino.

Egipto debería ser desmantelado, por las matanzas de Hermanos Musulmanes y otros opositores. Otra vez Egipto, por las matanzas de éstos contra los cristianos coptos. Irak, por invadir Kuwait. Kuwait, por expulsar a los 300.000 palestinos. Sudán debería desaparecer por Darfur.

Creo que el punto queda claro: prácticamente no hay país moderno que no haya “nacido en pecado”. Cada lector puede colocar en los comentarios por qué debería desaparecer su propio país, según el principio general fijado por los antisemitas a partir del caso de Israel.

Es extraño verificar cómo la historia recuerda a algunos, y olvida totalmente a otros. Pero es fácil de comprender cuando se verifica que lo que importa es el victimario, no la víctima.

El mundo ciertamente ha denunciado todas esas masacres y crímenes en masa. Muchos países, como Estados Unidos, son criticados duramente, es casi el país más odiado del mundo. Sin embargo, nadie dice que Estados Unidos deba por ello desaparecer ni ningún otro país. Del único que se dice que, por haberle hecho algo a otros (y de nuevo, sin discutir lo que realmente pasó allí) debería desaparecer, es el estado de los judíos, el judío entre los estados.

Los niños, el agua, el expansionismo

La crítica a Israel es antisemita también cuando, en el plano de los contenidos, se subliman en ese país los viejos mitos antisemitas o judeófobos. Dado que a partir del Holocausto dejó de ser políticamente correcto decir que uno es antisemita, el odio milenario se sublima en el judío entre los estados. Cuando vemos los mitos del viejo antisemitismo resignificados y endilgados al judío convertido en país, estamos en presencia de crítica antisemita.**

Veamos:

1) Antigüedad, el “deicidio”. Si en la antigüedad se acusaba a los judíos de haber matado a Cristo, hoy se acusa a Israel de “crucificar al pueblo palestino”. Los posters e imágenes de un hombre crucificado llevando una kefiá, el paño palestino, en la cabeza, son un motivo que apela directamente al viejo antisemitismo católico europeo.

2) Edad Media: los libelos de sangre.

a) La matanza de niños. Si en la Edad Media se acusaba a los judíos de matar un niño cristiano cada víspera de Pesaj para hacer matzá (pan ácimo) con su sangre, hoy en día es Israel al que le encanta matar niños. En esta última contienda, una de las tácticas propagandísticas de Hamás es ocultar los cadáveres de los combatientes de esa organización, que suman por lo menos un tercio. Los civiles fueron ciertamente muchos, y más de doscientos niños perdieron la vida, pero sus cadáveres fueron morbosamente exhibidos como carta de triunfo del martirologio palestino con siniestro cinismo. Para los antisemitas, el último conflicto consistió en: “Israel solo mata niños”. Sin contextualizar, sin necesidad de más conceptos que ayuden a entender la complejidad del conflicto y la responsabilidad de la parte débil en el mismo. Israel mata niños por ser la fuerza maligna que es, y al comprenderlo se satisfacen los corazones y las conciencias antisemitas: teníamos razón en odiar al judío. Tuvimos razón en no ayudarlos durante la Shoá. Las pintadas de “Hitler tenía que haber terminado la tarea”, dados a conocer en el contexto israelí-palestino, son elocuentes.

Caricatura aparecida en un periódico de Qatar. El motivo del niño y su sangre, junto con el de EEUU e Israel dominando y matando, es de origen europeo, adoptado en el siglo 20 por el islam radical.

Caricatura aparecida en un periódico de Qatar. El motivo del niño y su sangre, junto con el de EEUU e Israel dominando y matando, es de origen europeo, adoptado en el siglo 20 por el islam radical.

b) El agua. Si en la Edad Media los judíos fueron acusados de envenenar los pozos de agua de Europa provocando la famosa peste negra que diezmó al continente, hoy en día es Israel el que priva de agua a los palestinos. Israel, una potencia en desalinización, ya produce más del 50% del agua que necesita de la desalinización del agua marítima, es decir que prácticamente el problema israelí del agua ha sido resuelto. Si hubiera paz en el Medio Oriente, la región estaría llena de desalinizadoras israelíes. Si los palestinos no tienen agua es por su escasa infraestructura, no porque Israel los prive (una vez más, porque le encanta deshidratar gente, o hacerles llegar agua intomable: envenenada). Hoy la Autoridad Palestina gobierna sobre el 95% de los palestinos. En la Franja de Gaza, Hamás gobierna al 100% de ellos. Habrá que preguntar a esta angelical organización, por qué, con el dinero de los países donantes, a razón de miles de millones por año, en lugar de construir casas, acueductos, cañerías, cloacas, todo lo que construyeron fue túneles y cohetes. La respuesta es sencilla: la miseria palestina es funcional a perpetuar la imagen de martirologio, junto con la imagen atávica de Israel como el judío expoliador. El mito del agua (que se conecta hoy, también, con el de la energía eléctrica como otro recurso) está en el inconsciente colectivo del antisemitismo europeo,  que adopta una y otra vez no sólo al pueblo palestino, sino también a Hamás, como la moderna víctima del demonio judío, un demonio temible, al que los europeos tan bien conocen.

3) Edad Moderna: los Protocolos. En la Edad Moderna, por último, al judío se lo acusaba de querer dominar el mundo, y el texto fundacional de ello fue el panfleto apócrifo titulado “Los Protocolos de los Sabios de Sión”. Hoy en día es Israel el que domina la prensa mundial, la banca mundial, los medios de comunicación, es el que decide quién se sentará en el sillón presidencial en la Casa Blanca y, sobre todo, es expansionista al robar cada vez más territorios a los palestinos.

Israel tiene 22.000 km2, menos que la provincia argentina de Tucumán. Cabe dentro de la Comunidad Valenciana en España, le empata apenas al estado brasileño de Sergipe, y le gana por poco a New Jersey, el estado más pequeño de los EEUU. Si eso es un imperio, debe ser el imperio más fracasado de la historia. Desde 1993 está negociando con los palestinos retiradas, algunas de ellas se concretaron, se creó la Autoridad Palestina, que gobierna ya sobre el 40% de Cisjordania, Israel se ha retirado unilateralmente de toda Gaza y del sur del Líbano, ha aceptado (tanto el Laborismo como el Likud) la fórmula de dos estados para dos pueblos. La desocupación de los territorios es un proceso largo, que requiere renuncias también de ambas partes, a veces se avanza por las buenas, otras por las malas, pero hacia allá vamos.

Sólo que esa verdad no encaja en el relato del judeófobo, que en su fiebre de odio no ve otra cosa que “judíos usurpando tierras ajenas”. Un sociólogo argentino que es vocero de cierta izquierda en ese país, Pedro Brieger, osó utilizar la figura de los Pac-Man para caracterizar a Israel: “Se acuerdan ustedes, seguramente los que me han visto en más de una oportunidad, que yo les digo que Israel es como un Pac-Man, que avanza comiéndose al territorio palestino”, dijo sin atragantarse. O sea, encima se jactó de haberlo repetido una y otra vez, como quien enseña a sus alumnos una lección importante, útil y humanista.

En la época de los Protocolos y de Mein Kampf de Hitler, se caricaturizaba a los judíos como cerdos, como buitres o como ratas, todo tipo de animales más o menos repugnantes, que van desguazando a la sociedad civilizada, apoderándose de todo recurso posible, corrompiéndola y provocando todas sus guerras. Pues bien: de la mano de Pedro Brieger, los judíos se convirtieron en Israel, y los mentados animalillos se han convertido en Pac-Man: Pedro Brieger está citando a los Protocolos de los Sabios de Sión en versión digital.

Los Carlos, Salva y Diego responderán a este artículo. Acusarán a este cronista de “insultarlos” para justificar el “genocidio”. Seguirán oponiendo “hechos contundentes” de que el que mata es Israel a los palestinos, y no al revés, seguirán defendiendo a Hamás y seguirán insinuando, como lo hicieron ayer, que soy un periodista pagado (¿por quién? ¿por el “sionismo internacional”, heredero del “judaísmo internacional”? Que por favor me informen quién es mi jefe, porque ya anda siendo día de pago).

Ellos seguirán, pero en sus dichos se podrán seguir encontrando las huellas inconfundibles del antisemitismo. Las críticas de corte antisemita son parte del problema, no de la solución. Pues si todo el relato de lo que está ocurriendo se reduce a: “Israel mata, palestinos mueren”, ¿cuál es la solución? Parar a Israel. Y ¿quién puede parar a Israel, que es una fuerza maligna que mata por el placer de hacerlo o, en su voracidad expansionista, para quedarse con una Gaza vacía de palestinos? Nadie, que no sea por la fuerza. La conclusión necesaria de “Israel mata por matar y expandirse” sería que es necesaria la destrucción de Israel.

Por eso, el debate no es con ellos. A los antisemitas no se los puede convencer. La judeofobia es odio y no razón, es una enfermedad emocional que debe ser tratada como tal, y no un conjunto de ideas que se pueden cambiar si “se les explica bien”.

Este escrito va dirigido, en cambio, al grueso de los lectores, a toda la gente de buena voluntad cuya posición es neutra o incluso indiferente, que de verdad se preocupa por los pueblos que sufren y de verdad quiere entender el conflicto. Para que el lector pueda reconocer cuándo se intenta hacer comprender, y cuándo se intenta incitar al odio. Y para esquivar al odio. Para que de verdad, algún día, se pueda llegar al entendimiento y la paz.

* Puntualmente, al denunciar que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha anunciado una comisión investigadora para los “crímenes de guerra de Israel”, y señalar que nunca ha denunciado los de Siria, debí decir que se propone investigar los crímenes de Israel pero no los de Hamás. En el inmenso caudal informativo de esta conflagración se trata de una nimiedad, pero muy funcional para el antisemita interesado en una construcción de imagen negativa: “los judíos matan, y además mienten; y si mienten en esto, mienten también cuando culpan al Hamás”.

Lo cierto es que la mentada Comisión de Derechos Humanos de la ONU es un foro cooptado por países que lo componen tales como Siria, Irán, Arabia Saudita, Sudán, Venezuela, Cuba, todos probados “campeones” de los derechos humanos. El foro sistemáticamente descuida graves violaciones a los derechos humanos en el mundo para dedicarse en proporción abismalmente superior al caso de Israel. A los que de verdad se interesan en profundizar en el tema, ver el sitio web de UN Watch: www.unwatch.org

Ver también el siguiente video, de hace algunos días, donde se ve a representantes de países tan morales como Siria intentar callar al crítico representante de UN Watch.

http://hatzadhasheni.com/paises-despotas-dictatoriales-dirigen-el-consejo-ddhh-contra-israel/

Para profundizar en todos los temas ligados al conflicto, incluyendo libros en PDF gratuitos y películas, ver el sitio de Diplomacia Pública del proyecto Hatzad Hasheni, www.hatzadhasheni.com

**Para revisar el tema del antisemitismo o judeofobia: Gustavo Daniel Perednik, La naturaleza de la judeofobia, en el que hemos basado parte de este artículo. Su versión resumida en PDF por su autor, se puede descargar del sitio de Hatzad Hasheni.

MARCELO KISILEVSKI: “Se han configurado nuevos bloques”

(Entrevista en el diario El País de Montevideo, 16.6.14)

Periodista, docente y analista de la compleja realidad de Medio Oriente, Kisilevski ve muchas incógnitas respecto al escenario global, aunque registra algunos cambios sorprendentes en el inestable tablero político.

RENZO ROSSELLO, lun jun 16 2014

Pese a lo irreconciliables que surgen las posiciones israelíes y palestinas en el discurso, el experto israelí observa un doble discurso en el que ambas partes están interesadas en mantener el statu quo. Los cambios en la alineación global, con nuevos bloques que agrupan los intereses del Estado judío con Estados Unidos y todo el Mundo Árabe, frente al alineamiento de Rusia con Siria e Irán, bajo la mirada atenta y cercana de China.

-¿El diálogo entre Israel y palestinos está en un punto muerto o solo lo parece?

-La clave para entender lo que pasó tiene que ver con que al parecer el único que quería una resolución final de todos los puntos del conflicto -que incluyera Jerusalén, refugiados, las fronteras y todo lo demás-, era John Kerry, el secretario de Estado norteamericano. En el sentido de que a ambas partes del conflicto de palestinos e israelíes les conviene el statu quo como interés de Estado supremo. ¿Por qué? Porque si hay una resolución del conflicto que derive en la creación de un Estado Palestino, a (Benjamin) Netanyahu se le cae el gobierno, eso por el lado israelí. Por el lado palestino, también, desde la muerte de (Yaser) Arafat en el 2004 hay una situación en la que Mahmud Abbas, el heredero, cambia toda la política palestina. Es la primera vez que un líder palestino le habla a la gente en la cara, y hace una política de cara a los palestinos. Crea una economía palestina, hay una clase media palestina, hay vida nocturna en Cisjordania. De un tiempo a esta parte no se habla de los palestinos, en general se habla de Gaza, del bloqueo que sufre Gaza, el pueblo que sufre en Gaza, la invasión israelí. ¿Qué pasó con Cisjordania? Que cambiaron de página, el presidente palestino tiene una agenda que consiste en la fórmula de dos estados para dos pueblos y la confrontación no violenta, diplomática, con Israel, conseguir cosas por las buenas. Y le está saliendo muy bien, logró reconocimientos en la ONU, logró la liberación de presos palestinos aún antes de empezar las negociaciones. Del lado de Hamas en Gaza, la agenda es otra: un solo Estado, islámico tipo Irán, y mantener la confrontación violenta.

-¿Y cómo llegan a la unidad con esas diferencias?

-Como dijo un analista israelí, ahora en vez de haber un gobierno unificado hay tres gobiernos. Porque no cambia nada en el terreno, lo primero que no cambia es cuando termina el 30 de abril el plazo de John Kerry de los nueve meses, no pasa absolutamente nada, todo sigue igual, la cooperación en materia de seguridad entre las fuerzas palestinas, la policía y el servicio secreto palestino cooperan con el ejército y el servicio secreto israelí, exactamente igual que antes. Los ministros de Economía de ambas partes se reúnen, si Netanyahu tiene la iniciativa de hacer el boicot impositivo, de no pasarles el dinero de impuestos recaudados a la Autoridad Nacional Palestina, viene (Yair) Lapid, el ministro de Economía, y lo frena y por las dudas le pasa rápido el dinero. Es decir que hay un doble discurso de ambas partes.

-También en Israel hay un nuevo actor, que es el nuevo presidente Reuven Rivlin, ¿cómo incidirá eso?

-El presidente israelí es una figura simbólica, donde lo máximo que hace es dar un matiz. Shimon Peres era una figura de una talla internacional que nunca va a tener Reuven Rivlin y aunque es un halcón, es básicamente un republicano, un demócrata, un “señorito inglés” de la política israelí. A muchos no les gusta, incluido al propio primer ministro Benjamin Netanyahu que hasta último momento estuvo tratando de boicotear al candidato de su propio partido (el Likud, derecha), eso a Bibi Netanyahu le va a costar muy, muy caro, salvo que durante el tiempo que queda hasta las internas del Likud pueda cambiar todo. Yo no veo a un Rubi Rivlin sentándose con Mahmud Abbas y el Papa, daría la impresión, pero no sabemos, pero al mismo tiempo no es un fanático.

-¿Los ruidos en la línea con Estados Unidos no han generado una peligrosa situación con el principal aliado en un momento de gran aislamiento?

-Por un lado, es cierto, comparto esa lectura. Por otro lado, tenemos que entender que la geopolítica del Medio Oriente con las potencias va un poco más allá hoy en día y tiene que ver con el contexto ruso-norteamericano. De un tiempo a esta parte se están configurando bloques nuevos, donde EE.UU. se estaría debilitando en su capacidad no solamente económica, como superpotencia, sino en el sentido político de poder influir en los procesos, como lo hacía antes. Ya no es EE.UU. e Israel contra todo el Mundo Árabe, detrás del cual estaba la Unión Soviética. Es Israel, EE.UU., todo el Mundo Árabe, incluidos los palestinos y por el otro lado, Rusia, Irán, Siria, y China mirando detrás de bambalinas en lo económico.¿Cómo se va a terminar de perfilar, de dibujar el mundo? No lo sabemos exactamente, pero si me preguntan por Israel y EE.UU., yo creo que la alianza se puede llegar a fortalecer, más allá de las simpatías que pueda haber entre Obama y Netanyahu.

 

Los absurdos de la saga siria

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Por Marcelo Kisilevski, desde Modiín, Israel

La incomprensión de lo que es el Medio Oriente y de la dinámica de sus conflictos llega a tal nivel, que el mundo no deja de caer en absurdos que gritan a los cielos de tan evidentes. El primero tiene que ver con la lógica norteamericana sobre el uso de armas de exterminio masivo. La guerra civil en Siria llevaba ya tres años y cien mil muertos cuando Bashar El Assad atravesó la “línea roja” marcada por el presidente norteamericano Barack Obama: el uso de armas químicas.

He aquí el primer absurdo: Assad está perpetrando un genocidio, y lo podría (lo puede) seguir perpetrando con total impunidad, siempre y cuando lo haga con balas, obuses de cañón y bombardeos aéreos con bombas convencionales lanzadas adrede sobre civiles indefensos. Si fuera por EEUU y Occidente, sólo el método, y no la cantidad de muertos, trazan esta arbitraria línea roja.

Es cierto que todo esto son excusas, y las consideraciones son puramente geopolíticas. Lo último que desea Obama, que prometió que su gobierno sería el del fin de todas las guerras, es atacar a Siria. Cualquier línea roja, desde este punto de vista, era y es una imprudencia retórica. Ahora, cualquier excusa será buena para anular todo el operativo: la ilegalidad que le marcó la ONU, la oposición de su propia opinión pública, la falta de mayoría en el Congreso, e incluso la propuesta rusa de colocar todas las armas químicas sirias bajo supervisión internacional, de la que dijo: “Es posible si es real. Es lo que venimos pidiendo ya años”. Cualquier escalera es buena para Obama, desesperado por bajarse del alto árbol al que se trepó sin querer.

La decisión de no atacar, en todo caso, sería tan correcta como la de atacar. Pues el segundo absurdo, en efecto, tendría que ver con Estados Unidos y también Israel alineándose contra Assad… a favor de Al Qaeda. Esta última organización, que hegemoniza la rebelión contra el régimen alawita, adopta en Siria el nombre camuflado de Jabhat El Nusra, un cambio de marca que posibilitaría la ayuda norteamericana a la organización responsable del mayor atentado terrorista de la historia. Estados Unidos ya ha ayudado a muchas organizaciones islamistas, incluidos Al Qaeda y Talibán, y Obama estará muy gustoso de zafarse de este nuevo absurdo.

Para Israel, el dilema no es menor. El Israel oficial ha mantenido su perfil bajo. Pero a la hora de elegir, parece preferir la caída de Assad a su triunfo contra Al Qaeda. La lógica es que, como dijo un experto militar, “contra los sunitas podremos arreglárnoslas; la caída de Assad es más tentadora, pues implica el quiebre del eje con Irán, principal enemigo de Israel”. Y ahí anduvo, en los últimos días, el premier Biniamín Netanyahu haciendo lobby casi abiertamente ante congresales estadounidenses a favor del ataque contra Damasco. Israel se ve, pues, apoyando (si bien sólo por default) a Al Qaeda, y tampoco se trata de una posición muy cómoda que digamos.

El ajedrez ruso

La incógnita rusa es el tercer absurdo de este episodio. Los opuestos a la guerra y los rusos se oponen a la “intervención norteamericana”. ¿Y qué con respecto a la intervención rusa? Es Rusia la que alimenta con armas al régimen de Assad con municiones, repuestos, cohetes S-300, aviones y todo lo que le pueda servir para mantenerlo en pie. Las motivaciones del presidente Vladimir Putin en esta partida son menos conocidas en el preocupado Occidente. Juegan los intereses económicos en la región de una potencia venida a menos, una ruta del petróleo que defenderán a capa y espada, una industria militar que necesita a toda costa mantener su clientela, incluidos tanto Siria como Irán.

Entra también la política interna rusa, en la que Putin debe demostrar día a día que no está jugando de perrito faldero de Obama. El poder del líder parece estable por ahora, pero en su nuca sopla el primer brote de oposición creíble en una década. Se llama Alexéi Navalny, postulado a alcalde de Moscú, al que las encuestas de intención de voto le daban un escaso 12%, y que en los comicios del último 8 de septiembre obtuvo  el 27% frente al actual alcalde y hombre de Putin, Sergei Sobyanin.

No hay que temer una nueva Guerra Fría todavía. Los números y la fuerza, aunque hubiera motivación, no le dan a Putin. Como quiera que fuere, la “intervención extranjera” en Siria comenzó hace mucho tiempo, existe desde muchos años antes del comienzo de esta guerra civil, y es la intervención rusa, no la norteamericana. Cuanto menos, desde el comienzo del genocidio, que incluye no sólo muertos sino también entre cuatro y seis millones de desplazados, deberíamos haber visto manifestaciones pacifistas en las capitales occidentales bajo el lema: “Rusos go home”.

Pacifismo selectivo

El cuarto absurdo de esta recorrida, precisamente, es la actitud del Occidente pacifista, los abanderados del “No a la guerra en Siria”. ¿Perdón? La “guerra en Siria” ha cumplido ya tres años. Existe allí un dictador genocida brutal. Se llama Bashar El Assad. Ha asesinado ya a más de cien mil de sus propios ciudadanos en una guerra desigual. Lo hace con ayuda iraní y rusa, y no vacila en utilizar todas las armas a su disposición. La guerra lleva ya tres años, pero sólo la insinuación de intervención norteamericana coloca en sus dos patas traseras a la juventud izquierdista y pacifista de Occidente y la saca a la calle con carteles pletóricos de palomas y ramas de olivo. Uno no puede menos que elevar las cejas, una vez más, y señalar: ¿cuál es la agenda detrás de este pacifismo selectivo?

En efecto, para este tipo de pacifismo, sólo falta que, como dice el mito urbano acerca de la BBC de Londres, publiquen un índice de cambio entre muertos según su grupo étnico y el bloque geopolítico al que pertenecen: ¿cuánto espacio en los medios o, en este caso, cuántas manifestaciones vale un muerto palestino y cuántas un muerto sirio? ¿Nueve muertos turcos en una Flotilla por los palestinos equivaldrán a cien mil sirios, o tampoco serán suficientes? ¿Hará falta un millón de ciudadanos sirios muertos para que los carteles acusen a Assad en las calles de América Latina?

Los intereses de los gobiernos y los partidos de izquierda en América Latina pueden ser comprensibles, siempre y cuando entendamos sus motivaciones geopolíticas y económicas, y dejemos de atribuirles virtudes morales.

La pregunta, más bien, va dirigida al individuo, ese joven estudiante universitario, militante de izquierda y por los derechos humanos que de verdad y con todo su idealismo cree en el poder de su generación para crear un mundo mejor. A él debe dirigirse la pregunta: ¿cómo eliges las causas de derechos humanos en el mundo por las cuales lucharás? ¿Cómo es que los palestinos, que suman menos de un tercio de los muertos en treinta años de conflicto con Israel, que los que ya lleva el matadero sirio en sólo tres, te sensibilizan hasta las lágrimas y te hacen dedicar tu escaso tiempo y dinero a participar en manifestaciones furibundas contra Israel, mientras que el verdadero genocidio, que ocurre frente a tus narices en Siria, te mantiene en la más absoluta indiferencia? Quizás llegues a la sospecha molesta de que lo que de verdad estás seleccionando –o están seleccionando por ti- no son pueblos que sufren (entre los que no debiera haber selección alguna), sino victimarios, lo cual es sustancialmente diferente.

Este es, por cierto, un mundo lleno de contradicciones y absurdos. Sólo si los miramos a la cara y nos informamos a fondo, podremos formarnos una opinión fundada. Pero antes, un poco de humildad.

La buena nueva egipcia: “Yo también soy musulmán”

Tahrir Square

Como ya se ha dicho, es imposible prever cuál será el desenlace de la actual serie de acontecimientos, entre la participación ciudadana, la política y la violencia que sacuden a Egipto. Lo que sí podemos afirmar sin temor a pronunciar otra profecía incumplida, es que el avance del islam radical en el Medio Oriente no puede darse ya más por sobreentendido. La segunda revolución egipcia implica la existencia, en las propias sociedades mesorientales, de sectores amplios que intentan modificar una sentencia que parecía segura.

Dos frases rescato de la manifestación contra el depuesto presidente Muhammad Morsi. Una, pronunciada por una periodista egipcia en perfecto hebreo, entrevistada por el Canal 2 de la televisión israelí: “Nosotros no somos Siria”. En el país de la familia Assad se da una lucha sin cuartel entre dos bandos étnica y religiosamente bien identificados: por un lado la elite alawita pro iraní enquistada en el poder, una minoría oligárquica que gobierna autocráticamente un país de mayoría sunita; por otro, los propios sunitas, hartos del desgobierno y de la violencia, pero con una agenda de corte islamista radical.

En Egipto, los manifestantes dijeron claramente: aquí las cosas son mucho más complejas. La lógica imposible de la última revolución dejó atónito incluso al gobierno de Obama, quien debió soportar duras críticas en su campo doméstico por su ambivalente reacción a los acontecimientos: un movimiento claramente democrático pide a su ejército, que ha sostenido a los gobiernos más autoritarios, derribar un gobierno democráticamente electo, con el fin de restaurar… la democracia.

La buena nueva consistiría en que los egipcios declaran que pueden aspirar a la democracia, pero no al precio de caer en la trampa del islamismo radical, que busca encaramarse en el sistema democrático para perpetuarse en el poder. En otras palabras, democráticos pero no imbéciles.

Obviamente la Hermandad Musulmana los ha ayudado, destruyendo totalmente la economía egipcia, cometiendo todos los errores de manejo político posibles, e intentando de manera demasiado burda la destrucción de los resortes de convivencia que los egipcios consideraban una buena base para comenzar a construir una sociedad y un país más o menos sustentables. Pero eso no quita mérito a los egipcios de intentar no caer en el mismo error que plagó al siglo 20 de autoritarismos, de izquierda y derecha, que llegaron –y en algunas latitudes aún llegan- al poder por vías límpidamente democráticas.

“No nos robará la religión”

La segunda frase, leída en uno de los carteles de la manifestación en Plaza Tahrir era aún más emocionante: “Yo también soy musulmán”. El cartel acusaba con dedo invisible y con incontenible ira a la Hermandad Musulmana y a su representante, el ex presidente Morsi, y le decía: “Usted nos ha robado la revolución, está intentando robarnos el país, pero no le permitiremos robarnos también la religión”.

“El Islam –parecía seguir diciendo el conmovedor cartel- no es radical. No es esa versión deforme y violenta que ustedes intentan imponer como el islam verdadero. El islam es una religión de paz, que le dice ‘No’ al régimen de exclusión que ustedes instauran. No lo lograrán”.

Las sencilla frase “Yo también soy musulmán” es una excelente noticia, más allá del desenlace que pueda tener la ola de violencia desatada por la Hermandad, la cual técnicamente puede entender que se le ha arrebatado el gobierno democráticamente alcanzado. Es excelente, porque su mensaje que no va dirigido solamente a Muhammad Morsi sino también a todos los movimientos islamistas de los cuales la Hermandad Musulmana es su matriz histórica: el Hamás palestino, la Jihad Mundial, la Jihad Islámica palestina, la Jihad Islámica jordana, incluso grupos más radicales como los salafistas y hasta el propio Al Qaeda que, bajo el nombre de Jabhat al-Nusra hegemoniza la rebeldía en Siria.

La frase, así como toda la segunda revuelta egipcia, es una clara toma de posición de la principal sociedad en el Medio Oriente, en contra de dos paradigmas: uno, el del radicalismo y la violencia islámica como corriente hegemónica en la religión musulmana. Desde ahora, los moderados también se animan a hablar, y sólo es de esperar que el ejemplo cunda.

El otro paradigma es el del “choque de civilizaciones” como status eterno e irremediable de la geopolítica mundial del siglo XXI. La guerra que el islamismo radical impone a los “Cruzados”, o sea al Occidente visto por aquél como un enemigo religioso, puede ser ganada si la alianza es con aquellos que dicen: “Yo también soy musulmán”.

Los occidentales amantes de la paz, la justicia social y los derechos humanos deben aprender la lección, dejar de tratar al islamismo radical con los guantes de seda del multiculturalismo e incluso del socialismo, y tender una mano urgente a los sectores moderados (y oprimidos) del mundo musulmán, cuyas voces han sido hasta ahora acalladas, sacrificadas en el altar de lo “politically correct”.

*Publicado en “El Diario Judío”, http://www.eldiariojudio.com

Cómo leer y cómo no leer el ataque israelí*

"Me escandaliza la idea de una intervención extranjera". Una caricatura que nos invita a complejizar el análisis.

“Me escandaliza la idea de una intervención extranjera”. Una caricatura que nos invita a complejizar el análisis.

Una de las cosas que enervan a los israelíes que rompen la claustrofobia de los medios locales para leer lo que se publica y dice afuera de la propia burbuja, es que los setenta mil muertos, entre masacres y sub-masacres que perpetra a diario Bashar El Assad en una guerra civil que tiene lugar en el marco de la erupción volcánica de las llamadas “primaveras árabes”, que comenzaron en Túnez, allá por 2010, y que amenaza con seguir extendiéndose por los países árabes que aún no fueron afectados, arrastrando a potencias y mini-potencias a un agujero negro impredecible, todo eso, digo, no es visto por el mundo como una amenaza a la estabilidad y la paz.

Pero un solo bombardeo israelí fuera de su suelo, con el fin de prevenir ataques en su contra por milicias para-estatales, eso sí, eso y no otra cosa, amenaza nada menos que la paz mundial. Hay que sufrir de una miopía internacional seria, o bien ser dueño de una mente analítica algo torcida, para compartir esa cosmovisión tan de moda según la cual, sólo cuando Israel dispara, el mundo queda puesto al borde del abismo, mientras todo lo demás, en especial lo que hacen los países árabes, es comprendido como parte de un multiculturalismo retorcido, que blanquea las peores atrocidades bajo la bandera del relativismo cultural.

El ataque israelí, es cierto, puede ser entendido por Bashar Assad, desde todas las reglas del derecho internacional, y si de verdad se empecina, como una declaración de guerra por parte de Israel. Pero Siria, al tiempo que combate a sus oponentes domésticos, está hace ya más de una década inmersa hasta el cuello en el programa del eje Irán-Siria-Hezbollah-Jihad Islámica palestina y otros apadrinados de los ayatollas de Teherán para armar hasta los dientes a organizaciones terroristas con las cuales intentar atenazar a Israel por el norte y por el sur sin ensuciar sus propias manos. ¿Armar a organizaciones terroristas y asociarse para atacar a otro país sin provocación de su parte, todo eso sí es legal según el derecho internacional? El mundo debería explicarse y explicar, en cambio, que los actos de armamentismo de Irán y Siria son los que bien pueden ser entendidos por Israel como declaración de guerra en su contra. Pero al parecer, eso es mucho pedir.

Pensar en Israel como violador serial del derecho internacional y en Bashar El-Assad como la Madre Teresa de Calcuta, sólo puede provenir de mentes confundidas en el mejor de los casos, o de mentes afiebradas de sospechosa agenda, en el peor. Lo mejor, en cambio, es intentar entender el conflicto desde su propia dinámica, que no está guiada por derechos y morales, sino por fidelidades, identidades religiosas e intereses.

Desde esta perspectiva, el ataque doble de este fin de semana no estuvo inscripto en la guerra civil siria, sino en el enfrentamiento que la mencionada alianza chiíta-alawi mantiene con Israel. Los israelíes vieron en el virtual “empate” entre el régimen alawita de Assad y los rebeldes sunitas, una oportunidad para destruir parte de un arsenal de misiles de largo alcance que estaban en camino al sur del Líbano, a manos de Hezbollah.

Según fuentes de inteligencia militar occidentales, el cargamento incluiría misiles Fatah 110, con un alcance de unos 70 kilómetros, que podrían llegar desde el sur del Líbano a Tel Aviv, o misiles Scud-D, con un alcance de más de 600 kilómetros, que podrían llegar desde el sur libanés a Eilat, o ambos.

Según los cálculos israelíes, Siria no responderá al ataque, abriendo un nuevo frente en el cual debería utilizar su fuerza aérea, única ventaja estratégica que hoy en día mantiene frente a los rebeldes sunitas. El problema de Assad es que, de iniciarse una contienda contra Israel, éste destruiría sus aviones en un par de días, pero frente a sus rebeldes, esas naves son las que mantienen al régimen en pie. Por eso, a Israel le es más conveniente un Assad fuerte y en control, más que un líder sirio acorralado, que no tenga nada que perder y que desde ese rincón decida lanzar sus misiles contra Israel.

Israel no está preocupado por las armas que puedan detentar los diversos regímenes en el Medio Oriente. Ni los misiles de tecnología iraní y rusa que hoy pasan por territorio sirio, ni las eventuales armas nucleares en manos de Irán. Se trata ciertamente de regímenes autocráticos, pero de gobiernos que, al fin y al cabo, tienen responsabilidad de estado. Siria sabe que atacar a Israel implica colocar a toda la nación en un riesgo mortal. Irán, por su parte, sabe que lanzar una bomba contra Tel Aviv tendrá su réplica en la desaparición de Teherán. E Israel sabe que sus vecinos saben.

A Israel, en cambio, le preocupa que esas tecnologías, convencionales y no convencionales, nucleares y químicas, puedan llegar a las organizaciones terroristas, que carecen de tal responsabilidad por sus estados y por sus habitantes, y que tienen, por lo tanto, el gatillo fácil.

Israel se ha abstenido de participar de modo alguno en ninguna de las llamadas primaveras árabes. No ha intervenido en el plano militar, ni en el de inteligencia, ni en el diplomático, ni siquiera en el verbal. Nada. Este país sabe que cualquier cosa que diga o haga, será utilizada en su contra. Y dado que ningún escenario emergente es necesariamente favorable a Israel –de un lado caen tiranos, pero de otro lado surgen regímenes islamistas- lo mejor es llamarse a un estricto silencio de radio y de acción.

Por eso, a casi dos años y medio de masacres y guerra civil en Siria, se puede confiar con cierta dosis de seguridad en que Israel tuvo buenos motivos para efectuar este ataque doble contra el tren cargado de misiles y el instituto de investigación aledaño a Damasco. Sólo cabe esperar que sus cálculos sean correctos y que Siria se abstenga de reaccionar, que el conflicto en Siria culmine pronto y con la menor cantidad de muertos posible, por el bien y la paz entre todos los actores de la zona.

*Publicado en “El Diario Judío”, http://www.eldiariojudio.com

Rabino Menajem Fruman Z”L, el “extraño” rabino de Tekoa

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El Rabino Menajem Fruman con un amigo, Ibrahim Abulhawa,

invitado al casamiento de la hija de Fruman.

Pocas personas en Israel ilustran tanto la complejidad del conflicto israelo-palestino como el Rabino Menajem Fruman, que falleció a principios de este mes. Era colono de los territorios, pues vivía en el asentamiento de Tekoa. Por otro lado era “pacifista”, pues quería solucionar el conflicto, y para ello fue capaz de hacer lo prohibido: conversar y activar con el Hamás. Incluso llegó a desempeñarse como “enlace” entre el establishment rabínico israelí y líderes musulmanes. Por un tercer lado, ir hasta el fondo del diálogo tenía podía tener ribetes extremos: participar junto con los sacerdotes del Hamás en manifestaciones contra las Marchas del Orgullo Gay. Fue muy controvertido incluso a su muerte, cuando su vida se convierte en texto. Un texto que vale la pena leer.

 Dentro del amplio paraguas ideológico del sionismo surge el Rabino Menajem Fruman, que funda junto con su grupo un asentamiento que, si bien está en los territorios, se plantea como premisa la convivencia, tanto entre judíos religiosos y laicos, como entre judíos y palestinos de la zona.

 Según él, el conflicto entre israelíes y palestinos es eminentemente religioso. Por ende, sólo los sacerdotes de ambos credos serán capaces de llegar a la paz entre ambos pueblos. Veía con preocupación la actitud menospreciativa de los israelíes hacia los palestinos, pues, sostenía, esa actitud es la que impide un diálogo verdaderamente abierto y sincero. Afirmaba que, dado el carácter religioso del conflicto, es justamente con el liderazgo del Hamás que se debe dialogar. Ello se debe a que sólo ellos comprenden que su visión puede no cumplirse de modo inmediato sino que la resolución última, en especial sus plazos y cronogramas, están en manos de Dios. Ello se contrapone a la visión laica, según la cual, son precisamente los religiosos los que carecen de toda capacidad de flexibilización de sus posiciones. Paradójicamente, desde esa visión laica, son los mismos laicos los que actúan más “religiosamente” al oponerse a todo diálogo con el Hamás.

 ¿Y los asentamientos? Los laicos en Israel están dispuestos a evacuar. Los religiosos se oponen, y sostienen que deben permanecer todos ellos bajo soberanía israelí. Los partidos de centro se han mostrado más pragmáticos: anexar los grandes bloques de asentamientos a Israel, evacuar el resto, transferir territorios bajo soberanía israelí a los palestinos en compensación por las anexiones. Del lado palestino, el presidente Mahmud Abbas ha expresado lo que ningún líder no judío se había atrevido a pronunciar desde Hitler: que ningún judío vivirá en el Estado palestino a crearse. Eso hizo correr un escalofrío por las espaldas de muchos judíos, que recuerdan el concepto de Judenrein, zona “limpia” de judíos de la Alemania nazi.

Sólo Menajem Fruman plantea un escenario que no sólo es pragmático sino que aparece como el único plausible: una Tierra de Israel en la que existen dos estados, uno palestino y otro judío, y en donde cada uno alberga una minoría nacional del pueblo vecino. Israel ya tiene un 20% de palestinos con ciudadanía israelí plena. Que el Estado palestino tenga un porcentaje de judíos con ciudadanía palestina plena, no debería poner los pelos de punta a nadie. Al fin y al cabo, los judíos han vivido en Eretz Israel siempre, hoy existe el Estado de Israel, y su propuesta no contradice en una sola coma a la promesa divina hecha a los Patriarcas hebreos. El cumplimiento de la promesa seguirá siendo esperado con ansias, pues habrá de llegar indudablemente, algún día.

 Es tan sencillo, que aun hoy nadie, salvo el fallecido Rabino Menajem Fruman de Tekoa, se atreve a hablar del asunto. Sin dudas, un pensador “extraño”, quizás demasiado adelantado a su tiempo.

 * Publicado en El Diario Judío, http://www.eldiariojudio.com, 13.3.13