“Nosotras también podemos ser rabinas”

POR MARCELO KISILEVSKI

Miles de mujeres en Israel se definen como la cara del feminismo más efervescente y combativo: “el feminismo religioso”. Luchan por la igualdad sin dejar la ortodoxia.

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 TEL AVIV. ESPECIAL – 07/01/14 – 10:24

“Hoy en Israel el feminismo más efervescente y combativo es justamente el feminismo religioso”, asegura Jana Kehát, fundadora y directora de Koléj (Tu voz, en hebreo), la mayor organización feminista religiosa en Israel, en diálogo con Clarín. Koléj lucha contra toda discriminación, exclusión e incluso violencia contra las mujeres en nombre de la religión.

¿Cuáles son los problemas que enfrenta la mujer en el sector judío religioso ortodoxo, diferente del resto de las mujeres en el mundo?

“Violencia en el hogar, violencia sexual, acoso sexual general, acoso sexual por rabinos, exclusión de la mujer de los espacios públicos, negación de divorcio por el hombre, que deja a cientos de mujeres sin poder rehacer su vida (el casamiento es confesional en Israel, y el divorcio es de hecho un repudio, el “guet”, del hombre hacia la mujer)”, enumera Kehat.

“Nos dedicamos también de temas como salud femenina, mujeres en la política, igualdad ritual y demás. Como las comunidades ortodoxas son muy cerradas en sí mismas, todo lo que se relaciona con la mujer siempre fue barrido debajo de la alfombra”.  Para ese doble objetivo de combatir la discriminación y también romper el silencio, el encubrimiento dentro de la comunidad, es que funda en 1998 la organización Koléj.

El grupo, sin embargo, no desea abandonar la ortodoxia en pos de la igualdad, como lo hicieron las corrientes modernas en el judaísmo, el conservadorismo y el reformismo, por ejemplo en Argentina. Para ella, no es necesario romper con la ortodoxia para lograr la igualdad. En la Halajá (ley religiosa basada en el Viejo Testamento y el Talmud), asegura, no existe la discriminación expresa. “Incluso en lo ritual, si bien las mujeres están ‘exentas’ de tomar parte, nada les está prohibido”, sorprende.

Es decir, concluye categórica, que ponerse kipá (solideo), talit (paño ritual), tefilín (filacterias) e incluso ser rabinas y oficiar matrimonios, está permitido para las mujeres en la ortodoxia judía. “Por lo tanto, lo machista es la práctica en el establishment ortodoxo, no las leyes. Es la costumbre social y es lo político. Eso se puede cambiar y a eso nos dedicamos”.

Jana nació en el seno de una comunidad ultraortodoxa, de aquellas en que los hombres se visten de negro. Pero en su juventud se pasó al sector ortodoxo más moderno, conocido como el de la “kipá (solideo) tejida”, y allí desarrolla su lucha.

Pero en su sector natal, el ultraortodoxo, el despertar recién comienza, y desde Koléj intenta ayudar también a las mujeres de ese sector. Sin duda las mujeres ultraortodoxas, en aquellos casos donde los maridos se dedican a estudiar Torá, y las mujeres a trabajar y también criar a los hijos, son las que más sufren. “El sector ultraortodoxo destroza literalmente a sus mujeres”, denuncia Kehat contundente. “Las destroza físicamente. Trabajan duro en su empleo, manejan una familia numerosa y limpian la casa. Su expectativa de vida es la menor de Israel, y la de sus maridos es casi la más alta de Israel. Ellas se enferman y mueren jóvenes.” ¿Les cae la ficha de que hay algo injusto en el reparto de responsabilidades? “No, es un proceso muy largo y difícil, están inmersas en una situación de explotación que pasa también por lo mental”.

“Yo no quiero renunciar a mi religiosidad. Soy religiosa ortodoxa. Pero soy feminista. Empezamos como un grupo pequeño, sólo queríamos decirles a los rabinos que se equivocaban, que trataran mejor a las mujeres en todas esas áreas. Pero abrimos una caja de Pandora, y hoy somos miles”.

¿Es optimista? “Hay cosas que están trabadas”, responde, “en especial en lo que respecta al establishment religioso. Por ejemplo, en el tema del divorcio, existe la posibilidad, en la línea de Maimónides, de instaurar la imposición del divorcio al marido negador, pero el establishment rabínico se niega a ir con Maimónides, y los motivos son políticos, el temor a perder el control”.

Pero el plano social fuera del establishment, se enorgullece, los logros no son pocos. “Quince años después, tenemos refugios para mujeres golpeadas del sector. En el tema del acoso sexual logramos sacar una regulación que fue la que destapó todo el tema del Rabino Moti Elón (procesado por pedofilia contra alumnos suyos). Tenemos muchos programas para escuelas y cada vez somos más requeridas allí. Llevamos programas de identidad sexual, adolescencia, violencia sexual, relaciones de pareja; escritura femenina, liderazgo femenino, la mujer en la Torá, la lucha contra la exclusión de mujeres de los espacios públicos. En todo eso hemos avanzado enormemente”.

Publicado en http://www.clarin.com, 7/1/14.

El judaísmo israelí y el “Paradigma Koala”

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Por Marcelo Kisilevski, Modiín, Israel*

Las especies en Oceanía son únicas, porque se desarrollaron luego de la separación de ese archipiélago del resto del continente asiático. Algo parecido le ocurrió al judaísmo: la creación de Israel con su singularidad diferenciada del resto del mundo judío,  generó una serie de prácticas judaicas, corrientes, discursos y dinámicas específicas, que sólo fueron posibles a partir del movimiento tectónico que significó la creación del Estado judío.

Se trata de fenómenos que sólo se podían haber dado en una comunidad judía convertida en mayoría, en una comunidad vuelta Estado, donde entra a tallar la política, el perfil de un país, el dinero público y, a veces, incluso la vida y la muerte, entre muchos otros factores.

Como koalas y ornitorrincos, surgieron en Israel corrientes y grupos específicos: el movimiento religioso sefardí Shas, por ejemplo, formado por judíos llegados de países como Marruecos, pero vestidos como en Lituania del siglo 18, es quizás el fenómeno más moderno de la historia judía, y que sólo hubiera sido posible en Israel. Cuando se analiza la sociedad israelí, nadie habla de “ortodoxos, conservadores y reformistas”, como en la Diáspora: el sector judío aquí se divide en jaredim (ortodoxos no sionistas, reconocibles por su vestimenta negra), religiosos nacionales (con su característica kipá tejida), tradicionalistas y laicos.

Los conservadores y reformistas tienen ciertamente su desarrollo y presencia en Israel. Pero no han llegado a una masa crítica como para que tallen socio-políticamente. Su llegada al sionismo es tardía, luego de haber nacido al compás de la Emancipación y el Iluminismo europeos, como expresiones de la flamante separación entre religión y Estado en Europa y Estados Unidos: abrazaremos la ciudadanía que nos ofrece la Revolución Francesa, pero mantendremos nuestro judaísmo, al que a partir de ahora entenderemos como nuestra religión. Seremos franceses (o alemanes, o estadounidenses, o argentinos) de fe mosaica. Al punto tal, que rezaremos en nuestros dos idiomas: el religioso y el nacional. Por ende, su ADN original fue no-sionista por definición.

Los ortodoxos, que poblaron Israel antes que esas corrientes modernas, lo hicieron por motivos de tradición y de comodidad, no de sionismo. Sin embargo, llegaron primero y fueron más, fundando un establishment religioso en Israel con el que el nuevo Estado hebreo tuvo que negociar, llegándose al famoso “acuerdo de statu-quo en materia de religión y estado”. Los conservadores y reformistas, que entre tanto han fundado por fin movimientos juveniles sionistas en su seno, tendrán por lo tanto que trabajar mucho, incluyendo el enviar importantes olas de inmigración de entre sus filas, si quieren quebrar algún día el monopolio ortodoxo en Israel.

Los laicos, en cambio, sí somos un componente sociológico importante: cerca del 25% de la población judía. Pero si en la Diáspora son los no observantes, los laicos en Israel somos aquellos que practicamos “poco”. En mi caso, por ejemplo, me inscribo con mi familia dentro del laicismo israelí, pero los viernes decimos generalmente el kidush antes de cenar, e incluso a veces se encienden las velas. En Iom Kipur no viajamos, como prácticamente todos los israelíes. En Jánuka hay receso escolar, y nos juntamos varias de las noches con parientes o amigos, los chicos encienden las velas, comen sufganiot y juegan con trompos. En Pesaj se lee la Hagadá y, en general, no nos perdemos ninguna cena familiar por festividades. Todos los niños en Israel, laicos o religiosos, tienen infancias pletóricas de fogatas de Lag Baomer. No solemos asistir a la sinagoga, excepto para ceremonias de Bar Mitzvá, propias y ajenas. Sin embargo, nadie en la Argentina nos llamaría “laicos”.  El laico israelí es un oso distinto: es un koala.

La separación de la isla judeo-israelí del continente judío mundial ha creado también un discurso específico, y para que siga habiendo comunicación entre Israel y la Diáspora, tendrán que aprender  la resignificación de las palabras que ha tenido lugar aquí. Así como les explico sin cansancio (y a veces sin esperanza de éxito) a mis amigos israelíes que para nosotros hablar hebreo, escuchar música israelí en la radio todos los días y, en general, vivir en Israel, ya es practicar el judaísmo, los judíos diaspóricos deberán entender que para el israelí, hablar de “iahadut”, judaísmo, es hablar de religión. Y cuando se habla de religión, se habla de ortodoxia.

Esta fue, quizás, la victoria más grande de la corriente rabínica ortodoxa israelí sobre el sionismo: luego de que éste proclamara en sus inicios que el judaísmo era una nación y una cultura, en la que la religión era un elemento más, los religiosos ortodoxos han logrado que aun los israelíes más laicos de hoy en día identifiquen “judaísmo” como sinónimo de “religión judía”. Cuando se les pregunta a muchos de ellos si no creen que Israel estaría mejor sin un sector jaredí tan fuerte, contestarán: “No, porque está bien que haya gente que aun practique el ‘judaísmo’. Si no, ¿quién lo hará?” Respuestas del tipo: “Lo haremos nosotros, como de hecho ya lo hacemos:  viviendo en Israel, hablando hebreo, bailando rikudim, cantando las canciones de Arik Einstein, yendo al ejército, jugando al burako en las playas de Tel Aviv, dando a los que menos tienen, y estudiando la filosofía y la historia del pueblo judío”, los dejan perplejos.

Atrás quedaron los guías turísticos sionistas socialistas, que salían por los caminos de Israel con sus sandalias y su Tanaj en mano, a mostrar a sus janijim de Hashomer Hatzair, movimiento ateo si los hay, pero sionista hasta los huesos, los lugares por los que pasaron los personajes fundadores de la nación en tiempos bíblicos. Fuera de algunos sobrevivientes laicos, los únicos que siguen con esta práctica de unir tierra e historia a través de la Biblia son los inscriptos en la órbita de Benei Akiva, es decir, los sionistas religiosos. Cuando éstos se jactan de ser “los últimos jalutzim (pioneros)”, tienen un punto.

En las escuelas públicas judías laicas, la enseñanza de Tanaj, Toshba (Torá SheBeAlPé, Ley Oral) y materias afines, suele estar en manos de un docente religioso, y ello por dos motivos: uno, porque se ha impuesto la cultura de “la Biblia para los religiosos”; dos, sencillamente porque ya no quedan suficientes  docentes laicos para cubrir esos puestos en toda la red.

Estos y muchos otros “koalas” han surgido en Israel. Los jóvenes que se definen como “israelíes” antes que como “judíos”; el combativo movimiento Neshot Hakotel (las Mujeres del Kotel), que luchan, a veces físicamente, por rezar allí con su talit, su tefilín y su kipá igual que los hombres; los movimientos de judaísmo alternativo, a través de los cuales israelíes “laicos con contenido” intentan comenzar a dar batalla; la segregación de la mujer en el sector jaredí; paralelamente, la silenciosa rebelión femenina en ese mismo sector; los rabinos milagreros; los movimientos religiosos de extrema derecha, y muchísimas “nuevas especies” más.

Sobre algunos de estos apasionantes fenómenos de la fauna israelí intentaremos poner nuestra lupa en futuras entregas.

*Publicado para Limud Buenos Aires en http://www.itongadol.com.ar

JANUKIÁ DE QASSAMS. ¿ME ESTÁN CARGANDO?

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En Sderot armaron una Janukiá, el candelabro de 8 brazos que se prende en la festividad de Jánuka, hecha con restos de misiles Qassam, de los muchos lanzados por los palestinos desde la Franja de Gaza. Podría leerse el asunto como dos pronunciamientos claros: por un lado, a la oscuridad que plantea el Hamás, nosotros le oponemos luz. Por otro, como lo dijeron en una de las ceremonias, protestar contra el gobierno que no previene los lanzamientos.

A mí, qué quieren que les diga, me dio cosa. Si fuera religioso hablaría de profanación. Volví a recordar la memorable película de la saga “El Planeta de los Simios”, cuando los humanos sobrevivientes a la hecatombe adoraban, deformados por la radiación, un misil atómico. Así desarrollamos por aquí también la famosa “identidad de la catástrofe”. Nadie en Israel se escandalizó por esto. Al contrario, las crónicas cuentan cómo tal o cual alta personalidad “tuvo el honor” de encender la vela del día. ¿Estaré yo muy mal, o acá estamos todos muy mal?

Rabino Menajem Fruman Z”L, el “extraño” rabino de Tekoa

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El Rabino Menajem Fruman con un amigo, Ibrahim Abulhawa,

invitado al casamiento de la hija de Fruman.

Pocas personas en Israel ilustran tanto la complejidad del conflicto israelo-palestino como el Rabino Menajem Fruman, que falleció a principios de este mes. Era colono de los territorios, pues vivía en el asentamiento de Tekoa. Por otro lado era “pacifista”, pues quería solucionar el conflicto, y para ello fue capaz de hacer lo prohibido: conversar y activar con el Hamás. Incluso llegó a desempeñarse como “enlace” entre el establishment rabínico israelí y líderes musulmanes. Por un tercer lado, ir hasta el fondo del diálogo tenía podía tener ribetes extremos: participar junto con los sacerdotes del Hamás en manifestaciones contra las Marchas del Orgullo Gay. Fue muy controvertido incluso a su muerte, cuando su vida se convierte en texto. Un texto que vale la pena leer.

 Dentro del amplio paraguas ideológico del sionismo surge el Rabino Menajem Fruman, que funda junto con su grupo un asentamiento que, si bien está en los territorios, se plantea como premisa la convivencia, tanto entre judíos religiosos y laicos, como entre judíos y palestinos de la zona.

 Según él, el conflicto entre israelíes y palestinos es eminentemente religioso. Por ende, sólo los sacerdotes de ambos credos serán capaces de llegar a la paz entre ambos pueblos. Veía con preocupación la actitud menospreciativa de los israelíes hacia los palestinos, pues, sostenía, esa actitud es la que impide un diálogo verdaderamente abierto y sincero. Afirmaba que, dado el carácter religioso del conflicto, es justamente con el liderazgo del Hamás que se debe dialogar. Ello se debe a que sólo ellos comprenden que su visión puede no cumplirse de modo inmediato sino que la resolución última, en especial sus plazos y cronogramas, están en manos de Dios. Ello se contrapone a la visión laica, según la cual, son precisamente los religiosos los que carecen de toda capacidad de flexibilización de sus posiciones. Paradójicamente, desde esa visión laica, son los mismos laicos los que actúan más “religiosamente” al oponerse a todo diálogo con el Hamás.

 ¿Y los asentamientos? Los laicos en Israel están dispuestos a evacuar. Los religiosos se oponen, y sostienen que deben permanecer todos ellos bajo soberanía israelí. Los partidos de centro se han mostrado más pragmáticos: anexar los grandes bloques de asentamientos a Israel, evacuar el resto, transferir territorios bajo soberanía israelí a los palestinos en compensación por las anexiones. Del lado palestino, el presidente Mahmud Abbas ha expresado lo que ningún líder no judío se había atrevido a pronunciar desde Hitler: que ningún judío vivirá en el Estado palestino a crearse. Eso hizo correr un escalofrío por las espaldas de muchos judíos, que recuerdan el concepto de Judenrein, zona “limpia” de judíos de la Alemania nazi.

Sólo Menajem Fruman plantea un escenario que no sólo es pragmático sino que aparece como el único plausible: una Tierra de Israel en la que existen dos estados, uno palestino y otro judío, y en donde cada uno alberga una minoría nacional del pueblo vecino. Israel ya tiene un 20% de palestinos con ciudadanía israelí plena. Que el Estado palestino tenga un porcentaje de judíos con ciudadanía palestina plena, no debería poner los pelos de punta a nadie. Al fin y al cabo, los judíos han vivido en Eretz Israel siempre, hoy existe el Estado de Israel, y su propuesta no contradice en una sola coma a la promesa divina hecha a los Patriarcas hebreos. El cumplimiento de la promesa seguirá siendo esperado con ansias, pues habrá de llegar indudablemente, algún día.

 Es tan sencillo, que aun hoy nadie, salvo el fallecido Rabino Menajem Fruman de Tekoa, se atreve a hablar del asunto. Sin dudas, un pensador “extraño”, quizás demasiado adelantado a su tiempo.

 * Publicado en El Diario Judío, http://www.eldiariojudio.com, 13.3.13

Primera conversión laica al judaísmo

Herzl, padre del sionismo, como campo de batalla de la definición de lo judío.

El sionismo no sólo fue la revolución popular del retorno judío a su tierra ancestral, sino una revolucionaria reinterpretación del judaísmo -como una nación, como una cultura: por primera vez en siglos aparecía una nueva concepción del judaísmo que colocaba a la religión en un pie de igualdad con las demás manifestaciones de la cultura judía: historia, idioma hebreo, música, literatura, danza, movimientos políticos judíos, etc. Y también religión como opción. Es decir, el judaísmo como pueblo y nación, y ya no como religión.

Siempre me hizo ruido una paradoja: la única área que el sionismo como visión laica del judaísmo dejó vacante fue nada menos que  la puerta de entrada a ese pueblo. Se puede ser del movimiento sionista Hashomer Hatzair y jugar al fútbol en los campeonatos Hapoel, pero si querés llamarte judío, andá a la sinagoga de acá a tres cuadras, pasá el curso de conversión, que es religioso, y sólo entonces también nosotros, los laicos, te llamaremos judío.

Pero si el ingreso al pueblo en los tiempos bíblicos era territorial, y sólo con el exilio nació la práctica de la conversión, el sionismo debió haber articulado una manera de restituir, no sólo al pueblo a su tierra, sino la reglamentación acerca del modo de convertirse en perteneciente a un pueblo que vuelve a poseer la tierra. El agua corrida bajo el puente y la complejidad de sus implicancias, parece, han obligado al sionismo a postergar (también) esa deuda conceptual e histórica pendiente.

Esa es la paradoja que parece haberse comenzado a resolver ahora, a través del Movimiento de Judaísmo Laico y Humanista, que ha comenzado a celebrar conversiones laicas. Las llaman ingreso o adopción al pueblo judío. Hace algunos días tuvo lugar la primera de estas conversiones hechas en Israel, y por eso me hago eco de la siguiente entrevista con el Dr. Efraim Zadoff, rabino laico israelí de origen argentino.

La autora de la entrevista es la periodista Ana Jerosolimsky.

Primera conversión laica al judaímo

El rabino secular, Dr. Efraim Zadoff, es israelí de origen argentino. Historiador con especialidad en historia judía en el siglo XX, Ph.D. en Historia Judía, Universidad de Tel Aviv; Investigador Asociado del Centro Liwerant de la Universidad Hebrea de Jerusalén; Rabino laico humanista, Instituto Internacional del Judaísmo Laico Humanista «Tmurá» Israel; Miembro del ejecutivo de MERJAV, Consejo de rabinos laicos humanistas de Israel; Redactor y editor de: Enciclopedia de la historia y la cultura del pueblo judío, SHOÁ – Enciclopedia del Holocausto, traductor y editor de diversos libros más.

Nuestro contacto con él, plasmado en diferentes oportunidades ha versado mayormente sobre este singular enfoque del judaísmo secular. Pero esta vez, el tema no tiene precedentes: una conversión laica al judaísmo. El Dr. Zadoff nos explica de qué se trata.

- Efraim; ya hemos estado en contacto en otras ocasiones para publicar en estas páginas testimonios y opiniones tuyas sobre lo que podríamos llamar propuestas alternativas a la vida judía en algunos de sus aspectos más básicos. O sea, ya no solamente alternativas a la corriente ortodoxa que para algunos sigue siendo la única aceptada y aceptable, sino alternativas a la opción religiosa en sí: concretamente, un judaísmo laico. Recuerdo con especial interés la entrevista que realizamos sobre tu condición de rabino secular, un término que para muchos será una contradicción en sí misma, y también lo que hemos hablado sobre casamientos que has oficiado precisamente como tal. Y ahora, una nueva dimensión, que debo confesar, suena muy extraña: conversión secular al judaísmo. ¿De qué se trata?
– Para poder comprender la definición de judaísmo laico o secular quiero utilizar un término más adecuado para determinar a qué nos referimos: judaísmo libre, que es el que se utilizaba ya en el siglo XIX, y se refiere a libre de la interpretación religiosa de la cultura judía.
El tema de conversión al judaísmo o como solemos llamarlo «adopción al pueblo judío» requiere una aclaración: esta es la puerta para un no judío que desea incorporarse al pueblo judío, adopta como suya la cultura judía y se siente parte del pueblo y se comporta como tal. La «conversión» es un proceso educativo y social por el cual se le enseñan los fundamentos relevantes de la cultura judía. Para ello se debe tomar como modelo al tipo de judío que sirve de prototipo. La situación hasta el presente en la cual hay sólo conversiones religiosas implica que un judío no-religioso es un paradigma no legítimo del judaísmo; y si un no judío quiere incorporarse al judaísmo desde una perspectiva, digamos como la mía, hasta ahora no podía.
El Movimiento de Judaísmo Secular Humanista en Estados Unidos se ocupa hace ya unos años de este tipo de conversiones. El Movimiento en Israel comenzó hace cinco años a desarrollar programas educativos y a estudiar los aspectos legales, para poder realizar este tipo de actos de conversión/adopción. Asimismo mantenemos un estrecho contacto con el Centro Reformista de Pluralismo Judío, que dirigió las acciones legales que llevaron al reconocimiento por parte de la Corte Suprema de Justicia de conversiones de conservadores y reformistas.

- Antes de entrar en los detalles de la conversión, o adopción tal cual le has llamado, que tú mismo has guiado o dirigido hace muy poco, una pregunta que surge de algo que recién has comentado. ¿Qué significado tiene el reconocimiento por parte de la Corte Suprema de Israel de las conversiones no ortodoxas? O sea, en la vida práctica, en la vida diaria. Si alguien va al ministerio del Interior en Israel y su documentación de conversión no es la ortodoxa, ¿acaso le anotarán en la cédula que es judío?
– La Corte Suprema de Justicia dictaminó que conversiones aceptadas por una comunidad reconocida deben ser aceptadas por el Estado. Esta decisión se refiere a comunidades de las corrientes conservadora, reformista y reconstruccionista. Estas organizaciones en Israel decidieron limitarse a realizar conversión a personas que tienen residencia en Israel y por lo tanto documento de identidad israelí. El ministerio del Interior debe anotarlos en su documento de identidad como judíos.
Es interesante la reacción del ministerio bajo la administración del partido ultraortodoxo Shas que decidió que se anula en estos documentos el rubro de la filiación nacional.

- Pero además, hay aún diferencias entre las conversiones no ortodoxas y la que tú has hecho, laica. ¿Cómo las ve el Estado?
– Es cierto, hay diferencias desde el momento en que nuestra interpretación del judaísmo es diferente. Su perspectiva es religiosa. La nuestra es cultural. No sabemos cómo se expedirán las instancias estatales, ya sea las administrativas como las jurídicas a nuestra posición, ya que aún no se ha presentado solicitud de reconocimiento.

- Tú ya has dirigido un proceso de este tipo y me has comentado antes de esta entrevista, que la ceremonia resultó sumamente emocionante. ¿Qué detalles me puedes comentar al respecto tanto sobre la ceremonia en sí como sobre la persona convertida aunque entiendo que por ahora no desea que se revele su identidad?
– La organización que se ocupa de este acto de conversión/adopción es MERJAV que son las siglas en hebreo del Consejo de Rabinos Laicos de Israel (ya contamos con 18 rabinos graduados en Jerusalén). Hemos formado un tribunal de tres rabinos.
El caso al que te refieres es el de la primera ceremonia de este tipo que se realiza en Israel. Una pareja de judíos israelíes que adoptó a un niño de dos años y solicitó que realicemos la ceremonia de adopción a la familia y al pueblo judío. El tribunal entrevistó a la familia, se interiorizó de los motivos de esta solicitud, del carácter judío de la familia, y decidió aceptar la petición y declarar la incorporación del niño al seno del pueblo judío. La ceremonia se realizó en el seno de la comunidad de familiares y amigos de esta familia. Además se realizaron como actos simbólicos la «tvilá», es decir la inmersión en un manantial fluyente, y la «hatafat dam», es decir se sacó una gota de sangre del niño como símbolo del pacto con el pueblo judío.

- ¿En qué consistió el proceso de conversión secular? ¿Y cuál es su diferencia principal con la conversión tradicional ortodoxa y con la que realiza por ejemplo el movimiento conservador, masortí?
– La conversión ortodoxa jaredí (son los que dominan en los tribunales rabínicos oficiales) exige que la familia cumpla una forma de vida religiosa ortodoxa y que envíe al niño o niña a una escuela religiosa.
Los conservadores y reformistas enseñan cosas desde una perspectiva religiosa naturalmente liberal, es decir sin inmiscuirse en la vida de la familia. Pero exigen circuncisión (los reformistas en Estados Unidos no la exigen). Nosotros dejamos a decisión de los padres si circuncidar o no al chico. En este caso no quisieron circuncisión pero pidieron un acto simbólico (también la circuncisión lo es) y la gota de sangre fue la respuesta adecuada.

- ¿La religión no tiene presencia alguna en este proceso? ¿O se la interpreta de otra forma?
– Para nosotros el judaísmo es una cultura en la que las expresiones religiosas son sólo una parte. Nuestra interpretación es humanista libre de toda interpretación religiosa es decir que atribuye a sus valores a una fuerza superior que la transmitió a los hombres por medio de sus emisarios. En nuestra interpretación la cultura nacional judía es el resultado de la experiencia de un grupo humano durante unos 3.000 años a lo largo de los cuales pasó muchas modificaciones e interpretaciones y aún lo sigue pasando. Nosotros pertenecemos a este pueblo, grupo humano y cultural, y estamos convencidos que su capacidad de reinterpretar su cultura de acuerdo a la realidad a lo largo de los siglos es lo que lo mantiene vívido y vibrante.

- Creo que aquí es necesario preguntarte en qué medida las tradiciones, las costumbres algunas de las cuales pueden tener sus orígenes en la interpretación de los textos bíblicos, son para tí, para ustedes, una expresión religiosa. Te lo preguntaría con algún ejemplo concreto de las fiestas más recientes. Si en Yom Kipur, el Día del Perdón, un judío desea ayunar porque siente que es una tradición clave en un día muy especial del calendario judío, o inclusive ir a la sinagoga a escuchar Kol Nidrei o Unetané Tokef, pero no es una persona religiosa. ¿En qué marco estaría a tu criterio?
– Está en el marco de su decisión personal y como tal es totalmente legítima. Nuestra posición es absolutamente respetuosa de las decisiones de personas que se identifican con otras interpretaciones del judaísmo y exigimos que también las interpretaciones no religiosas (hay varias) sean respetadas. El intento de imponer una sola interpretación sobre todos es la receta para el anquilosamiento del pueblo judío. En estos momentos se está desarrollando un debate muy duro dentro del campo religioso ortodoxo si es que se debe imponer una sola Halajá, es decir una sola ley rabínica. En realidad hay varias. Sólo como ejemplo mencionaré algunas: la que se basa en el Shulján Aruj de Iosef Caro, la que se basa en el Mishné Torá de Maimónides, las que se basan en tradiciones diferentes de los judíos yemenitas, de los del norte de África, de los oriundos de Etiopía, etc. La diversidad es la característica de nuestra cultura nacional y el respeto es la clave para seguir manteniendo unido al pueblo. El lema es: unidad pero no uniformidad.

- ¿Quién determina los parámetros para una conversión de este tipo, secular?  O sea ¿en qué marco tú actúas con algo así?
– MERJAV que es parte del Movimiento Judío Humanista Israelí que está asociado a la IISHJ, Instituto Internacional del Judaísmo Secular Humanista en Estados Unidos. El programa de conversión que desarrollamos para adultos tiene un año de duración y contiene introducciones a diversos temas que consideramos esenciales para una primera aproximación: literatura clásica y moderna, calendario hebreo, ceremonias de vida, arte judío, hebreo, conocimiento sobre la realidad judía en Israel y en el mundo.

- Me hiciste acordar ahora de una apasionante entrevista que hice hace unos años al ex diputado y ministro de MAPAM Yair Tzabán, que me dijo que para él, su biblioteca de tesoros judíos incluye no sólo el Talmud sino también tesoros de la moral y la cultura occidental. No lo estoy citando palabra por palabra, pero sin duda ese fue el espíritu de sus palabras. Comento esto porque al oir la temática que mencionas, debo admitir que me parece un poco extraño que no haya nada de religión judía, para conocerla, no para imponerla. O sea, la ortodoxia peca si omite dimensiones no religiosas de la vida judía como si no existieran. ¿Pero no te parece que sumarse al pueblo judío sin conocer su historia y preceptos en lo que a religión se refiere, es presentar el cuadro de forma sumamente incompleta?
– El conocimiento es la base de la pertenencia a la cultura judía. Todos los aspectos de lo que denominas «religión judía» están registrados en el concepto de literatura judía clásica (TANAJ, Mishná, Talmud y toda la literatura que se creó en esas épocas y que no ingresaron al canon) y moderna, en el calendario judío, en las ceremonias de vida, en el arte judío y también en la realidad presente en Israel y en la diáspora.
El elemento determinante es qué interpretación vas a adoptar y cuál es la interpretación que más se adecua a nuestra realidad. La Biblia hebrea, el TANAJ, puede ser considerada como una fuente religiosa inapelable o como una creación literaria extraordinaria en la cual se pueden encontrar elementos vigentes aún hoy, como por ejemplo el séptimo día de descanso universal. Es interesante que también los sabios de la Mishná y el Talmud, JAZAL, lo consideraron como fuente en base a la cual se pueden hacer cambios, a veces de 180 grados.
Te daré un ejemplo: la pertenencia al pueblo de Israel y luego al pueblo judío en la época bíblica se determinaba por vía paterna. En la Mishná (aproximadamente siglo II e.c.) se determinó que sería por la vía materna por razones prácticas que los rabinos en aquel momento consideraron cruciales. Al pasar de los siglos comenzaron a agregarse interpretaciones religiosas y místicas que le dan a esta decisión un status de ser al menos «un mandato divino». En una perspectiva histórica podemos ver que los judíos de Etiopía mantienen la tradición de la vía paterna, al igual que los judíos karaítas. En la realidad presente es irreal plantear que un niño nacido de vientre judío es culturalmente diferente de uno nacido de vientre no judío. En realidad la diferencia la hace la educación que recibe en su hogar. Si la interpretación que vas a adoptar es la religiosa y mística corres el riesgo de rechazar a personas que son absolutamente judías y considerar como judíos a quienes no lo son.

- ¡Qué complejo y multifacético este tema, como tantos sobre la vivencia y condición judía! Efraim; ¿qué motiva a una persona que se quiere convertir al judaísmo en conversión secular?
– Querer ser parte del pueblo judío y de su cultura sin hacer concesiones en su idiosincrasia no religiosa y humanista. Ser judío, por ejemplo, como yo.

- ¿Entra en juego la posibilidad de cansancio o desesperación de la conversión ortodoxa?
– Entra en juego el desinterés o desacuerdo en tener que mentir y realizar declaraciones de fe religiosa que todos saben que no son ciertas para poder satisfacer a la entidad que tiene el monopolio y recibir el certificado de conversión.

- Sea como sea, entiendo que vuestra visión es que así como puede haber un judío que  quiere destacar su identidad como tal sin pasar por lo religioso, puede haber un no judío que se sienta atraído por la parte humana y cultural de lo judío pero no por lo religioso y quiera acercarse pues a lo primero.
– Justamente esta es la opción que nosotros ofrecemos. Deseo aclarar que no consideramos que esta es la única vía correcta para incorporarse al pueblo judío. Hay muchos caminos; este es sólo uno y la persona que desea incorporarse a nuestro pueblo puede elegir cuál es más adecuada para él.

- ¿Hay más gente en camino, en proceso, que se interesa por esta opción?
– Hay muchas personas que se interesan. Lamentablemente aún no disponemos de los suficientes recursos como para responder a la demanda, pero confío que llegaremos también a eso.

- ¿También en América Latina?
– También en América Latina hay interés en la conversión de acuerdo a esta perspectiva de la cultura judía. Recordemos que algunas décadas atrás esta visión del judaísmo constituía la columna vertebral de las vida comunitaria judía y de las importantes redes escolares. Actualmente debemos dedicar todas nuestras energías y recursos al proyecto de reestructuración: la organización en las diversas comunidades latinoamericanas de entidades que ofrezcan una opción de vida judía activa desde una perspectiva cultural libre de religión. Ya hay algunos comienzos importantes. El problema es que la dispersión y la falta de coordinación dificultan el desarrollo organizado y sistemático de entidades comunitarias que ofrezcan actividades culturales significativas también en el ámbito del calendario judío, como actividades que se realizaron por ejemplo en Yom Kipur en Montevideo y Buenos Aires, y de las ceremonias de vida como festejo de nacimientos, Bnei Mitzvá, casamientos, etc.
En estas semanas estamos tratando de coordinar un encuentro, probablemente en Montevideo, y con la centralización de organizaciones locales y de Brasil, Argentina y Chile. En definitiva la propuesta dirigida a todas las edades que surja de este encuentro planteará una alternativa para evitar el abandono de los marcos judíos por parte de considerables partes de nuestro pueblo: la asimilación, o mejor dicho desjudaización.

- Será interesante seguir el tema pues. Muchísimas gracias por tu tiempo.
– A tí por esta oportunidad.

Fuente: Semanario Hebreo de Uruguay

¿Jaredim al ejército? No los hagan reir

Contra lo que se cree, cada vez más jaredim van al ejército. Unidad de "Najal Jaredí".

Yo estaba de acuerdo con la Ley Tal. En eso me diferenciaba de mis correligionarios laicos (nótese el contrasentido: “correligionarios laicos” es tan paradójico como “el juez que es perfecto porque nunca falla”…), sin por eso ganarme la simpatía de los religiosos.

La Ley Tal planteaba para los jaredim (ortodoxos de negro, que no aceptan la existencia del moderno Estado de Israel por razones teológicas), una solución para el tema del servicio militar que en su mayoría no cumplen.

Según el plan trazado en la mentada Ley, el estudiante de ieshivá estudiaría hasta los 20 años sin ser llamado a filas. A los 20 se le otorgaría un año de gracia, en el que podría salir de la ieshivá al mercado laboral, si así lo deseaba, sin que el ejército lo moleste. Al término de ese año debía optar: volver a la ieshivá para siempre, o salir al mercado del trabajo productivo. Si optaba por esto último, debía primero prestar un año de servicio civil, tal como lo hacen las mujeres religiosas sionistas.

Los laicos se opusieron porque se estaba legitimando por ley el no cumplimiento del servicio militar por parte de un sector visto como privilegiado. Los laicos, decían, damos tres años de servicio regular, y luego somos “soldados de tiempo completo con 11 meses de vacaciones”, por hacer un mes anual en la reserva.

Yo, en cambio la apoyaba. El status quo en materia de religión y estado, con todos los beneficios a los religiosos, fue una manera que encontró Ben Gurión para permitir a los partidos religiosos acercarse a la estructura del Estado recién fundado y no boicotearlo, sin por eso renunciar a sus principios. Se trató pues, de un invento laico y no se podía venir luego con quejas al sector religioso.

Pero no todos los religiosos quieren ser estudiantes de ieshivá de por vida. Muchos quieren trabajar -de hecho muchos lo hacen-, pero otros no pueden hacerlo porque serían llamados al servicio militar, lo que está mal visto en sus comunidades, que los escupirían a la calle. Ir al ejército, para muchos, implica renunciar a su familia y su pertenencia. La Ley Tal les ofrecía un salvoconducto y los acercaba un paso más a la sociedad general.

En teoría todo perfecto. Pero hubo dos problemas, sin contar la oposición de los laicos: primero, que en los hechos muy pocos jaredim se acogieron a esta Ley supuestamente beneficiosa para ellos.

Segundo, lo que yo no tuve en cuenta en su momento: que se trataba de una ley. La forma que tiene la tradición política de Israel de arreglar sus entuertos entre mayoría y minorías es a través de acuerdos políticos, y no de leyes que fijan dichos acuerdos para siempre.

El precedente es la famosa y por suerte malograda Ley de Conversión. Sobre suelo israelí, la única conversión al judaísmo legítima, que da status válido para aspectos civiles como casamiento y divorcio, es la ortodoxa. Pero se trata de un acuerdo, logrado en su momento por el partido gobernante de turno para que los partidos religiosos no abandonaran la coalición.

En el momento que los religiosos usaron su poder de lobby para dar a dicho estado de cosas fuerza de ley, no sólo los conservadores y reformistas en Israel pusieron el grito en el cielo, sino que toda la judería norteamericana, en su mayoría conservadora y reformista, también se pararon sobre sus patas traseras. Y ellos sí tienen fuerza política en Israel.

Como crudamente me dijo por entonces un amigo, rabino en Nueva Jersey: “Si esta Ley de Conversión se aprueba, estarán creando un pueblo judío paralelo. Los judíos norteamericanos les podrán decir con justicia: ‘Estan en su derecho de dictar leyes, pero si sancionan la Ley de Conversión, métanse su Estado en el trasero y no nos llamen más'”.

Es decir, los judíos de la Diáspora pueden vivir con una situación en la que la conversión es tal y cual, pero no con una en la que dicha situación se cristaliza para siempre en ley.

Lo mismo se puede decir de la Ley Tal sobre el servicio militar para los jaredim. Yo estoy de acuerdo con su esencia, pero darle forma de ley a lo que podría haber sido otro acuerdo político, creó más problemas que soluciones.

Ahora, la Corte Suprema de Justicia anuló su continuación, y pasará a mejor vida. Los laicos pueden decir que se ha hecho justicia. Sólo que la discusión si Ley o no Ley, es una discusión de laicos. Muchas encuestas en la calle jaredí dan cuenta de que muy pocos, siquiera, han escuchado hablar de la Ley Tal. Y sobre ir al ejército: no los hagan reír.

Es decir, la Ley Tal no logró modificar nada. Su anulación, tampoco. Es tan solo una vuelta a lo que había antes, y las modificaciones, que se están produciendo en la calle -más jaredim trabajan, más van por motu proprio al ejército- no vendrán de la Knesset, sino de la tradición política israelí de trifulcas esporádicas, acuerdos de convivencia pacífica y evoluciones sociales silenciosas.

Exclusión de mujeres… ahora en la ginecología

"Devolver a las mujeres a las publicidades callejeras". Mujeres se preparan para salir a manifestar.

Genial. Los organizadores de la Convención sobre “Innovaciones en la ginecología  y la Halajá (ley religiosa judía)” han anunciado que las mujeres no podrán participar. Las ginecólogas y las investigadoras en el área que debían exponer, deberán enviar hombres a hacerlo por ellas. Para las mujeres se anuncia una convención en fecha separada. Deberían agradecer.

Las preguntas son muchas. ¿Cuál es el miedo de los ginecólogos religiosos? ¿Estar sentados cerca de mujeres en la platea de la Convención? ¿O en realidad no hay ginecólogos religiosos y los temerosos son los organizadores, que temen por las tentaciones que sufrirán los participantes masculinos durante el evento? ¿Quién fue el imbécil que se olvidó que la ginecología es la medicina femenina?

La imbecilidad, ya lo vemos, no es exclusiva de ningún pueblo ni sector social. Una columnista en la prensa israelí (Tzefi Saar, Haaretz) propone sumarse y aportar más propuestas para enriquecer el espíritu de la época:

- Prohibir la entrada a los jardines de infantes a personas entre 2 y 6 años de edad.

- Emitir órdenes judiciales de alejamiento a abogados de los tribunales.

- Prohibir la postulación de políticos de mente estrecha, nacionalistas y racistas en la lista del Likud a la Knesset.

- Se prohibirá el estudio de la Torá a estudiantes de ieshivot.

- Los jazanim no podrán entrar en las sinagogas.

Y así sucesivamente. Podemos seguir nosotros: los actores serán excluidos de los teatros, los periodistas de las redacciones, los revoltosos estudiantes tendrán prohibido ir a clases.

Y la vuelta puede seguir: los ladrones no podrán ir a la cárcel, los enfermos no podrán entrar en los hospitales, los asesinos no podrán ingresar en la sala de ejecución (en USA y otros lugares), los drogadictos tendrán prohibida la entrada a instituciones de rehabilitación, los negros no podrán entrar en lugares de blancos, los habitantes de viviendas no podrán ingresar en ellas. O sea, ¿para qué limitarse?

Podemos también ponernos serios y analizar. ¿A qué se debe esta fiebre de la condenable práctica religiosa de “exclusión de mujeres”? En efecto, en los últimos dos años se acumularon los ámbitos de exclusión.

A la tradicional “Ezrat Nashim”, la costumbre más antigua de separar a las mujeres de los hombres en las sinagogas ortodoxas, se le sumaron ahora: separación en algunos autobuses de pasajeros, prohibición rabínica a los soldados religiosos -contra órdenes de sus comandantes- de presenciar actos militares donde cantan chicas, separación de las veredas: de un lado caminan los hombres, enfrente las mujeres. En algunos hogares ultraortodoxos se ha comenzado a ver mesas separadas para las comidas: mamá y las chicas por aquí, papá y los muchachos por allá.

Los incidentes se multiplican. Una inmigrante rusa se niega a pasar a la parte trasera del autobús generando el escándalo. A una nena de 8 años que va al colegio, un jaredí (ultraortodoxo) le escupe en la cara por caminar en la vereda equivocada en Beit Shemesh, una ciudad con predominancia religiosa, pero no ultra. Empresas privadas se autocensuran, absteniéndose de colocar imágenes femeninas en las publicidades en la vía pública, para que los jaredim no las arranquen. Manifestaciones, debate público.

Las teorías que he recolectado en este ambiente enrarecido son dos. Una es buena noticia: las mujeres están protagonizando una revolución silenciosa contra su condición. En los últimos años han surgido ONGs de mujeres religiosas, que se quejan por el hecho de que no sólo deben criar a numerosos hijos, sino que son las que mantienen económicamente el hogar, mientras los hombres tienen exención para estudiar en las ieshivot, so pena de ser convocados a las filas del ejército, y para cuidar “el alma del pueblo judío”.

Son ellas las que se están formando, se profesionalizan, son las que estudian matemática y computación, se modernizan, y empiezan a abrir los ojos. Por fin, han comenzado a sentir que “algo huele mal en Meah Shearim”, y que a las mujeres “les vieron la cara”.

La fiebre excluidora, entonces, sería una reacción masculina contra la revolución femenina. ¿Se pronuncian? ¿Se expresan? ¿Salen a la calle? ¿Cantan?? El mensaje de Hadarat Nashim es: aquí todavía mandamos nosotros.

La otra teoría, que no es contradictoria, preanuncia batallas por venir. Dice que los cambios en la sociedad ultraortodoxa (jaredit) no provienen sólo de un despertar de la conciencia femenina, sino que los hombres también están saliendo de la égida de los rabinos, en múltiples marcos de trabajo para jaredim, ejército para jaredim, educación superior para jaredim, mujeres que se profesionalizan y se expresan, etc.

Por eso, los “askanim”, activistas colaboradores de los rabinos y de los partidos políticos jaredim, se están quedando “sin trabajo” una especie de “mano de obra desocupada a la jaredí”, y han hallado solución a su inactividad: la militancia de imponer en la calle ultraortodoxa prácticas absolutamente novedosas -y perniciosas- en la tradición judía.

En efecto, no existe una verdadera tradición de exclusión de mujeres en el judaísmo tradicional, fuera de las sinagogas. Es más: no hay ni siquiera hoy un solo “psak halajá” (fallo halájico) que lo ordene o la avale. Alguien lo está inventando, contradiciendo todo espíritu judaico. Y debe ser detenido.

Nace un político “sabra”

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Yair Lapid, periodista israelí estrella, acaba de dar el salto a la política. No fue el primero ni será el último, pero en su familia ya es tradición. Su padre, el ya fallecido Yossef “Tomy” Lapid, lo había hecho con bastante éxito cuando dejó la pantalla chica para resucitar al partido Shinui con el que llegó a obtener 15 escaños, de los 120 que tiene la Knesset. Hoy por hoy, esa es la cifra que las encuestas le dan a también a Yair. Casualmente es lo mismo, escaño más o menos, que se lleva otra ex colega, Sheli Iajimovich, que se hizo con el liderazgo del Partido Laborista. Parece que 15 fuera el techo de los periodistas que pegan el salto prohibido.

Lapid, hasta ayer conductor del principal semanario de noticias en la tele, “Ulpán Shishí” (“Estudio de los Viernes”), y columnista estrella en el vespertino Yediot Ajaronot, es un buen tipo. Israelí clásico, encarna la ya mitológica figura del “sabra”: ashkenazí, guapo, fuerte (practicó kickboxing amateur, fue soldado combatiente), solidario, carismático pero con pudor, con bondad, sin arrollar. Es segunda generación del Holocausto, por si le faltaban títulos, y escribió la biografía de su padre Tomy, sobreviviente de Hungría, en primera persona. Cuando lo invitó a un programa de entrevistas que conducía hace unos años, le preguntó: “¿Qué es lo israelí para vos?” Tomy le contestó a su hijo: “Vos”.

El establishment político actual, en efecto, intentó impedir la entrada de Lapid a la política, aunque el hombre, de ideología centrista y liberal, no tiene todavía partido. Para eso, le hicieron otro honor: aprobaron una ley en la Knesset por la cual un comunicador deberá pasar un año de “congelamiento” antes de entrar a la política. Es decir, no aparecer en los medios, porque eso ya sería hacer campaña. La apodaron: “Ley Lapid”.

Quizás sea el último intento de devolver al “sabra” al centro de la israelidad, antes que ésta desaparezca en una jungla de tribus multicolor cada vez más irreconciliables. Mainstream a muerte, Lapid intenta gustarles a todos, y quizás esa sea su principal debilidad, en una profesión que, aquí y en todo el mundo, se come vivos a sus hijos.

Nuestro gobierno te educa, nuestro gobierno entretiene…

"La democracia comienza por la educación". Cartel de los chicos del Colegio Arara.

Linda manera de terminar el año. Noticia en Haaretz: el director de una escuela árabe en Israel salió con todos sus alumnos a una manifestación por los derechos humanos y contra el racismo. Recibió por ello una reprimenda del Ministerio de Educación: “Los alumnos portaban pancartas contra el racismo, la demolición de casas y otros, lo cual contraviene las instrucciones del Director General”.

En la escuela respondieron anonadados: “Se trató de una apasionante clase de educación cívica. Los alumnos  actuaron según las reglas de la educación y la democracia, y propusieron ellos mismos su participación en un evento de esta naturaleza, a expensas de sus días libres. Se encontraron allí con todo el abanico social del Estado de Israel. ¿Por qué el estado nos ataca?”

En octubre de 2000, al iniciarse la Intifada de Al Aqsa, los árabes israelíes salieron a protestar en paralelo con los palestinos de los territorios. Lo hicieron “a la palestina”: en lugar de salir a las plazas con carteles, lanzaron piedras y cócteles molotov y quemaron coches. La policía los reprimió, también “a la palestina”: con balas de goma y de las otras, muriendo 13 ciudadanos árabes.

En la escuela árabe Arara, en la zona del Triángulo (norte de Israel) decidieron enseñar a sus alumnos, por fin, a protestar “a la israelí”: caminando, con pancartas y con cánticos, tomando parte activa en la lucha por el perfil democrático de Israel. Tampoco esto es suficiente para nuestro nacionalista gobierno, que prefiere ver bocas cerradas a bocas educadas y críticas, eso sí, pero en pacífica coexistencia.

En su respuesta, la dirección de la escuela también citó textualmente al ministro de Educación, Gideon Saar, en su comunicado difundido con motivo del Día Internacional de los Derechos Humanos: Saar llamaba a TODOS los docentes israelíes a enseñar a sus alumnos a “demostrar compromiso y responsabilidad personal, social, cívica y nacional, que los lleve al involucramiento y la participación”. En el Ministerio se abstuvieron de replicar. Parece que el sentido del absurdo de todo este gobierno tiene también sus límites, aunque esto podría ser wishful thinking.

Tengo amigos que me propondrán una solución drástica a este problema: “¡Dejá de leer Haaretz de una vez!” Pero no puedo. Junto con mi optimismo a ultranza termino este año con un sentimiento de preocupación por el año que está por empezar.

Yo tengo otra solución. Seguir bregando por un Israel mejor, más seguro pero también más democrático, transitar este 2012 en puntas de pie (pero con pancartas en alto) y esperar pacientemente a las elecciones de 2013.

Feliz año nuevo para todos.

De knishes, de Facebook, y de Lubavitch también*

Reflexiones desde afuera sobre el devenir de las comunidades judías en Sudamérica, que se debaten a capa y espada, con liderazgo, creatividad y profesionalización creciente, entre fuerzas centrífugas que las desintegran y fuerzas centrípetas que son reacción a las primeras, pero que no siempre responden al proyecto original que les dio vida hace más de un siglo. 

Por Marcelo Kisilevski, Modiín

El primer nuevo desafío con el que se enfrentan las comunidades judías de América Latina es, en realidad, uno viejo: el éxodo de sus jóvenes. Un éxodo que se da en varios niveles, no siempre físicos.

Durante el último año he tenido la oportunidad de visitar numerosas comunidades judías. Todas pujantes, todas pletóricas de actividades, propuestas, en una lucha permanente por ser atractivas en un mundo convertido en un supermercado de opciones, para un miembro de la comunidad convertido en consumidor, sea de la edad que fuere.

Y los jóvenes miran el panorama grande: ¿por qué voy a casarme con un/a judío/a cuando las opciones son tantas otras, fuera de mi comunidad?, se preguntan. ¿Por qué habría de quedarme en mi ciudad o pueblo, cuando el mundo ahí afuera es tanto más grande? Y si me voy, ¿por qué habría de ser Israel mi primera opción, cuando hay tantas otras que revisar?

El posmodernismo y la globalización ha traído a las comunidades el desafío de la competencia. La identidad del individuo ya no se compone de una, sino de muchas identidades parciales, que generan tantas comunidades como personas hay, pudiendo cada individuo pertenecer a decenas de ellas. Tantas, como a la cantidad de grupos de facebook a los que se quiera pertenecer con sólo hacer un clic. ¿Por qué habríamos de pertenecer sólo al grupo “Yo también me siento orgulloso de ser judío”, cuando es más sexy ser de “Nudistas contra la matanza de toros”?

Fuerzas centrífugas

Lo que resulta, como dos caras de una misma moneda, es una polarización entre las fuerzas centrífugas y las centrípetas. De un lado, los jóvenes que se alejan de instituciones judías centrales que ven como anacrónicas. Aquí se dan dos atenuantes. Uno ya tradicional, y el otro novedoso, interesante, al que las comunidades debieran prestar atención y decidido apoyo.

Lo tradicional: los jóvenes que vuelven a la comunidad luego de completar sus estudios universitarios, casarse y convertirse en padres jóvenes que buscan marcos judaicos para sus pequeños.

Lo novedoso: jóvenes que se salen de las estructuras y crean sus propios marcos. Grupos sociales, bandas de música, clubes de cine, revistas satíricas de humor propio judío, proyectos particulares ad hoc. Estructuras académicas no alineadas como Lomdim, o un poco más institucionalizadas como Hilel, esta última con propuestas donde lo judío es tangencial, pero está, porque el nombre del juego es “Peoplehood”. Una “Pueblitud” judía (el lector que haya descubierto una mejor traducción, favor de avisarnos) que, dicho sea de paso, ha desplazado a Israel de su anterior centralidad.

En junio se reunió la cuarta conferencia internacional ROI en Jerusalem. Reúne a jóvenes judíos que ya no se sienten representados por las viejas estructuras y reinventan su judaísmo con proyectos de todo tipo, particularistas judíos, o universalistas desde lo judío. Si pasan ciertos filtros, reciben ayuda económica de una filántropa judía estadounidense, Lynn Schusterman, tampoco alineada con nadie.

Se trata del nuevo paradigma de judaísmo desinstitucionalizado pero vivo, entramado en las redes sociales, individualizado pero “facebookizado”, que viene levantando polvareda desde Estados Unidos, pero que ya está haciendo carne en América Latina. Las instituciones no lo ven, porque los jóvenes, aunque quieran seguir siendo judíos, les votan con los pies. No parece ser un proceso que ellas puedan evitar (si es que esto fuera siquiera deseable) y, por lo tanto, la nueva pregunta será cómo acompañar el proceso.

Fuerzas centrípetas

Las fuerzas centrípetas tienen un solo nombre: Jabad Lubavitch. Jóvenes en estado de anomia que, cada vez más, se repliegan, buscan refugio y respuesta en una religiosidad que les resuelva la incertidumbre provocada, por un lado, por la pérdida de relevancia de las instituciones y, por el otro, por el posmodernismo del “todo vale y todo es lo mismo”, del relativismo cultural y del relativismo moral. Pensemos lo que pensáremos del fenómeno, no cabe duda que el movimiento Lubavitch se ha convertido en las últimas décadas en una alternativa judía válida para decenas de miles de jóvenes judíos en el mundo entero. Reducirlo a “qué buen marketing que hacen”, es la manera más simple y simplista de no querer entender quiénes somos hoy, y hacia dónde vamos.

¿Y las instituciones judías? Están allí, en el medio, con una relevancia que varía de país a país y de ciudad a ciudad. En algunos lugares son de verdad, todavía, centrales y relevantes. En otros, quedan como resabios, cumpliendo a rajatablas la regla universal de que ninguna institución se autodisuelve por motu proprio, pero sin atinar a debatir a fondo qué función debieran tener las instancias comunitarias en nuestros días.

Están allí con mucha buena voluntad, con mucho tiempo y dinero de sus askanim, que también son cada vez menos, intentando profesionalizarse, y sobrevivir a las marchas de nuestro siglo. Sobre todo, se discute mucho, a veces con más ego que sentido. Como siempre. Pero se siguen generando cosas, se siguen capeando las crisis financieras con cierres y fusiones de escuelas, a veces renovando estructuras e incluso, aquí y allá, construyendo nuevos clubes. “Quizás -parecen decir-, cuando pasen estas tormentas, o cuando vengan algunas peores incitadas desde afuera, todos querrán volver. Entonces, aquí estaremos esperándolos, como una buena madre judía, con knishes calentitos y reproches a granel. Por eso, no nos rendimos. Por eso, aquí nos quedamos”.

*Publicado en “Piedra Libre” N° 48, Israel, julio 2011.