John Kerry, bueno para los palestinos… y para los israelíes

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En Israel también lo acusaron de perseguir solamente el Premio Nobel de la Paz. John Kerry.

Por Marcelo Kisilevski

El hermano del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, publicó ayer en Yediot Ajaronot una carta abierta a los israelíes donde intenta defenderlo de aquellos que lo denostan en el lado israelí de la mesa de negociaciones con los palestinos. Algún transnochado diputado israelí (específicamente Moti Yoguev, de Habait Hayehudí, partido religioso nacionalista), dijo que en sus palabras acerca del posible boicot a Israel se notaba un “tono antisemita”. Antes, el ministro de Defensa Moshé Yaalón lo había acusado en diálogos cerrados de ser “obsesivo y mesiánico” en sus denodados esfuerzos de paz. Algún otro aseguró que Kerry había “declarado una guerra al Santo Bendito Sea”. Sus comentarios sobre la ola de boicots que podría estar cirniéndose sobre Israel si esta negociación fracasa fueron tomados como desembozadas amenazas por parte del Secretario de Estado de que EEUU apoyaría tales boicots. No fue un malentendido: fue un calculado -y notoriamente sobreactuado- ataque contra el norteamericano.

Para presentar su caso a favor de su hermano, Cameron Kerry despliega en su artículo el pasado judío de la familia, remontándose a los días de la Segunda Guerra Mundial. Comienza contando que viajó con un grupo de su sinagoga en Boston a los campos de exterminio en Europa. Su abuelo Frederick Kerry, nacido como Fritz Cohen, tuvo que convertirse al catolicismo debido al antisemitismo en el ejército checo, en cuyas filas servía. Su madre fue una de tantos refugiados huidos a París por el terror nazi, y sirvió como enfermera antes de ser encerrada por su ayuda a la resistencia antinazi francesa. Entre otros, ayudó a familias judías a huir de la Francia de Vichy. Cameron mismo, con todo este telón de fondo, se convirtió más tarde al judaísmo y John le dio su bendición, si bien no se sumó.

Todo esto y muchos otros episodios que cuenta son parte, según Kerry, del ADN de su hermano John. Esto, y el hecho de que desde siempre estuvo involucrado y siguiendo de cerca el conflicto mesoriental, incluido un vuelo en un avión militar cruzando todo Israel, comprendiendo que se podía atravesar el país en minutos. Desde entonces, dice, John está comprometido con la seguridad de Israel. Y para Kerry, como para muchos israelíes, incluido el aquí firmante, la única manera de que Israel continúe siendo un estado que sea a la vez seguro y a la vez judío y democrático, es crear un estado palestino a su lado, con el que pueda vivir relativamente en paz. (Y no me refiero aquí a la pregunta de si es posible llegar a eso o no. Esa es una incógnita que dejo a la opinología y la futurología de los lectores, aunque tratándose del Medio Oriente, no recomiendo estar seguro de ningún escenario, ni rosado ni negro).

Los exabruptos de algunos políticos israelíes deben ser leídos como nerviosismo por lo que se perfila como la cercanía de la hora de la verdad, el “money time”, cuando ambas partes deberán tomar decisiones históricas como dolorosas. También los palestinos opuestos al proceso de paz hacen lo propio, en su caso aumentando los intentos de atentados terroristas, tanto desde Gaza como desde Cisjordania, para sabotear un proceso que ven como amenazante a sus mitos relativos a Dar El Islam, el antiguo Califato perdido, dogma central del radicalismo islámico. En ambos casos, se trataría de buenas noticias, en el sentido de que algo de verdad está logrando mover John Kerry.

Buena propuesta, mala propuesta

Ciertamente su propuesta para un acuerdo marco que logre persuadir a ambas partes de permanecer en la mesa de negociaciones más allá de la fecha tope de fin de abril próximo, no es todo lo que la parte israelí sueña; tampoco es la panacea para los palestinos. A saber:

1) Acuerdo de “dos estados para dos pueblos” tomando las líneas de 1967 como base, con intercambio de territorios. A eso -a tomar 1967 como base- se opone el equipo negociador israelí.

2) Jerusalem será la capital de ambos estados. A esto también se opone Israel.

3) Todas las medidas de seguridad posibles para Israel, incluida la presencia del ejército israelí en el Valle del Jordán. A esto se oponen los palestinos.

4) Los refugiados serán absorbidos en el estado palestino. A ello se oponen también los palestinos; implicaría la renuncia al sacralizado derecho al retorno, quizás un árbol demasiado alto del que les será difícil bajarse. Pero resolvería un absurdo único en términos de política internacional: que un reclamo de un país a otro sea que éste acepte en su territorio a parte de la población de aquél.

5) Reconocimiento de la naturaleza judía del Estado de Israel. A esto se oponen los palestinos con más energía aun.

6) Compensación económica a los judíos orientales, aquellos que fueron prácticamente expulsados de los países del Medio Oriente en reacción a la creación de Israel. Este curioso punto puede estar motivado en su percepción de que es necesario trazar un paralelismo con los refugiados palestinos, que ulteriormente podrían ser también compensados materialmente. O bien, como se ha analizado en Israel, podría ser un intento de congraciarse con una parte de la opinión pública israelí, prácticamente la mitad de la población judía, que, debido a sus vivencias personales de expulsión y persecución, no ve con buenos ojos ningún acuerdo con árabes de cualquier tipo y lugar. De todos modos un punto extraño, si bien se mira, que implica involucrar -y hacer pagar- a otros países que no son parte de esta negociación específica.

Se dice con razón que una negociación exitosa es aquella en la que ambas partes se sienten perdedoras en igual medida. Para que esta negociación sea exitosa, hace falta un mediador que, si bien pueda no ser imparcial (y Kerry, insistimos, se declara abiertamente pro-israelí), por lo menos sea equilibrado. Los israelíes no necesitan un mediador que sea favorable solamente a Israel, porque la sola sospecha de que ello es así echaría por tierra la confianza palestina en esa mediación. Obama y Kerry son mejores que sus antecesores para los israelíes, porque son mejores que esos mismos antecesores para los palestinos. Una propuesta que incluye puntos inaceptables para ambas partes, por lo tanto, es una buena propuesta. Por lo menos para seguir negociando más allá de abril.

JANUKIÁ DE QASSAMS. ¿ME ESTÁN CARGANDO?

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En Sderot armaron una Janukiá, el candelabro de 8 brazos que se prende en la festividad de Jánuka, hecha con restos de misiles Qassam, de los muchos lanzados por los palestinos desde la Franja de Gaza. Podría leerse el asunto como dos pronunciamientos claros: por un lado, a la oscuridad que plantea el Hamás, nosotros le oponemos luz. Por otro, como lo dijeron en una de las ceremonias, protestar contra el gobierno que no previene los lanzamientos.

A mí, qué quieren que les diga, me dio cosa. Si fuera religioso hablaría de profanación. Volví a recordar la memorable película de la saga “El Planeta de los Simios”, cuando los humanos sobrevivientes a la hecatombe adoraban, deformados por la radiación, un misil atómico. Así desarrollamos por aquí también la famosa “identidad de la catástrofe”. Nadie en Israel se escandalizó por esto. Al contrario, las crónicas cuentan cómo tal o cual alta personalidad “tuvo el honor” de encender la vela del día. ¿Estaré yo muy mal, o acá estamos todos muy mal?

Los absurdos de la saga siria

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Por Marcelo Kisilevski, desde Modiín, Israel

La incomprensión de lo que es el Medio Oriente y de la dinámica de sus conflictos llega a tal nivel, que el mundo no deja de caer en absurdos que gritan a los cielos de tan evidentes. El primero tiene que ver con la lógica norteamericana sobre el uso de armas de exterminio masivo. La guerra civil en Siria llevaba ya tres años y cien mil muertos cuando Bashar El Assad atravesó la “línea roja” marcada por el presidente norteamericano Barack Obama: el uso de armas químicas.

He aquí el primer absurdo: Assad está perpetrando un genocidio, y lo podría (lo puede) seguir perpetrando con total impunidad, siempre y cuando lo haga con balas, obuses de cañón y bombardeos aéreos con bombas convencionales lanzadas adrede sobre civiles indefensos. Si fuera por EEUU y Occidente, sólo el método, y no la cantidad de muertos, trazan esta arbitraria línea roja.

Es cierto que todo esto son excusas, y las consideraciones son puramente geopolíticas. Lo último que desea Obama, que prometió que su gobierno sería el del fin de todas las guerras, es atacar a Siria. Cualquier línea roja, desde este punto de vista, era y es una imprudencia retórica. Ahora, cualquier excusa será buena para anular todo el operativo: la ilegalidad que le marcó la ONU, la oposición de su propia opinión pública, la falta de mayoría en el Congreso, e incluso la propuesta rusa de colocar todas las armas químicas sirias bajo supervisión internacional, de la que dijo: “Es posible si es real. Es lo que venimos pidiendo ya años”. Cualquier escalera es buena para Obama, desesperado por bajarse del alto árbol al que se trepó sin querer.

La decisión de no atacar, en todo caso, sería tan correcta como la de atacar. Pues el segundo absurdo, en efecto, tendría que ver con Estados Unidos y también Israel alineándose contra Assad… a favor de Al Qaeda. Esta última organización, que hegemoniza la rebelión contra el régimen alawita, adopta en Siria el nombre camuflado de Jabhat El Nusra, un cambio de marca que posibilitaría la ayuda norteamericana a la organización responsable del mayor atentado terrorista de la historia. Estados Unidos ya ha ayudado a muchas organizaciones islamistas, incluidos Al Qaeda y Talibán, y Obama estará muy gustoso de zafarse de este nuevo absurdo.

Para Israel, el dilema no es menor. El Israel oficial ha mantenido su perfil bajo. Pero a la hora de elegir, parece preferir la caída de Assad a su triunfo contra Al Qaeda. La lógica es que, como dijo un experto militar, “contra los sunitas podremos arreglárnoslas; la caída de Assad es más tentadora, pues implica el quiebre del eje con Irán, principal enemigo de Israel”. Y ahí anduvo, en los últimos días, el premier Biniamín Netanyahu haciendo lobby casi abiertamente ante congresales estadounidenses a favor del ataque contra Damasco. Israel se ve, pues, apoyando (si bien sólo por default) a Al Qaeda, y tampoco se trata de una posición muy cómoda que digamos.

El ajedrez ruso

La incógnita rusa es el tercer absurdo de este episodio. Los opuestos a la guerra y los rusos se oponen a la “intervención norteamericana”. ¿Y qué con respecto a la intervención rusa? Es Rusia la que alimenta con armas al régimen de Assad con municiones, repuestos, cohetes S-300, aviones y todo lo que le pueda servir para mantenerlo en pie. Las motivaciones del presidente Vladimir Putin en esta partida son menos conocidas en el preocupado Occidente. Juegan los intereses económicos en la región de una potencia venida a menos, una ruta del petróleo que defenderán a capa y espada, una industria militar que necesita a toda costa mantener su clientela, incluidos tanto Siria como Irán.

Entra también la política interna rusa, en la que Putin debe demostrar día a día que no está jugando de perrito faldero de Obama. El poder del líder parece estable por ahora, pero en su nuca sopla el primer brote de oposición creíble en una década. Se llama Alexéi Navalny, postulado a alcalde de Moscú, al que las encuestas de intención de voto le daban un escaso 12%, y que en los comicios del último 8 de septiembre obtuvo  el 27% frente al actual alcalde y hombre de Putin, Sergei Sobyanin.

No hay que temer una nueva Guerra Fría todavía. Los números y la fuerza, aunque hubiera motivación, no le dan a Putin. Como quiera que fuere, la “intervención extranjera” en Siria comenzó hace mucho tiempo, existe desde muchos años antes del comienzo de esta guerra civil, y es la intervención rusa, no la norteamericana. Cuanto menos, desde el comienzo del genocidio, que incluye no sólo muertos sino también entre cuatro y seis millones de desplazados, deberíamos haber visto manifestaciones pacifistas en las capitales occidentales bajo el lema: “Rusos go home”.

Pacifismo selectivo

El cuarto absurdo de esta recorrida, precisamente, es la actitud del Occidente pacifista, los abanderados del “No a la guerra en Siria”. ¿Perdón? La “guerra en Siria” ha cumplido ya tres años. Existe allí un dictador genocida brutal. Se llama Bashar El Assad. Ha asesinado ya a más de cien mil de sus propios ciudadanos en una guerra desigual. Lo hace con ayuda iraní y rusa, y no vacila en utilizar todas las armas a su disposición. La guerra lleva ya tres años, pero sólo la insinuación de intervención norteamericana coloca en sus dos patas traseras a la juventud izquierdista y pacifista de Occidente y la saca a la calle con carteles pletóricos de palomas y ramas de olivo. Uno no puede menos que elevar las cejas, una vez más, y señalar: ¿cuál es la agenda detrás de este pacifismo selectivo?

En efecto, para este tipo de pacifismo, sólo falta que, como dice el mito urbano acerca de la BBC de Londres, publiquen un índice de cambio entre muertos según su grupo étnico y el bloque geopolítico al que pertenecen: ¿cuánto espacio en los medios o, en este caso, cuántas manifestaciones vale un muerto palestino y cuántas un muerto sirio? ¿Nueve muertos turcos en una Flotilla por los palestinos equivaldrán a cien mil sirios, o tampoco serán suficientes? ¿Hará falta un millón de ciudadanos sirios muertos para que los carteles acusen a Assad en las calles de América Latina?

Los intereses de los gobiernos y los partidos de izquierda en América Latina pueden ser comprensibles, siempre y cuando entendamos sus motivaciones geopolíticas y económicas, y dejemos de atribuirles virtudes morales.

La pregunta, más bien, va dirigida al individuo, ese joven estudiante universitario, militante de izquierda y por los derechos humanos que de verdad y con todo su idealismo cree en el poder de su generación para crear un mundo mejor. A él debe dirigirse la pregunta: ¿cómo eliges las causas de derechos humanos en el mundo por las cuales lucharás? ¿Cómo es que los palestinos, que suman menos de un tercio de los muertos en treinta años de conflicto con Israel, que los que ya lleva el matadero sirio en sólo tres, te sensibilizan hasta las lágrimas y te hacen dedicar tu escaso tiempo y dinero a participar en manifestaciones furibundas contra Israel, mientras que el verdadero genocidio, que ocurre frente a tus narices en Siria, te mantiene en la más absoluta indiferencia? Quizás llegues a la sospecha molesta de que lo que de verdad estás seleccionando –o están seleccionando por ti- no son pueblos que sufren (entre los que no debiera haber selección alguna), sino victimarios, lo cual es sustancialmente diferente.

Este es, por cierto, un mundo lleno de contradicciones y absurdos. Sólo si los miramos a la cara y nos informamos a fondo, podremos formarnos una opinión fundada. Pero antes, un poco de humildad.

La buena nueva egipcia: “Yo también soy musulmán”

Tahrir Square

Como ya se ha dicho, es imposible prever cuál será el desenlace de la actual serie de acontecimientos, entre la participación ciudadana, la política y la violencia que sacuden a Egipto. Lo que sí podemos afirmar sin temor a pronunciar otra profecía incumplida, es que el avance del islam radical en el Medio Oriente no puede darse ya más por sobreentendido. La segunda revolución egipcia implica la existencia, en las propias sociedades mesorientales, de sectores amplios que intentan modificar una sentencia que parecía segura.

Dos frases rescato de la manifestación contra el depuesto presidente Muhammad Morsi. Una, pronunciada por una periodista egipcia en perfecto hebreo, entrevistada por el Canal 2 de la televisión israelí: “Nosotros no somos Siria”. En el país de la familia Assad se da una lucha sin cuartel entre dos bandos étnica y religiosamente bien identificados: por un lado la elite alawita pro iraní enquistada en el poder, una minoría oligárquica que gobierna autocráticamente un país de mayoría sunita; por otro, los propios sunitas, hartos del desgobierno y de la violencia, pero con una agenda de corte islamista radical.

En Egipto, los manifestantes dijeron claramente: aquí las cosas son mucho más complejas. La lógica imposible de la última revolución dejó atónito incluso al gobierno de Obama, quien debió soportar duras críticas en su campo doméstico por su ambivalente reacción a los acontecimientos: un movimiento claramente democrático pide a su ejército, que ha sostenido a los gobiernos más autoritarios, derribar un gobierno democráticamente electo, con el fin de restaurar… la democracia.

La buena nueva consistiría en que los egipcios declaran que pueden aspirar a la democracia, pero no al precio de caer en la trampa del islamismo radical, que busca encaramarse en el sistema democrático para perpetuarse en el poder. En otras palabras, democráticos pero no imbéciles.

Obviamente la Hermandad Musulmana los ha ayudado, destruyendo totalmente la economía egipcia, cometiendo todos los errores de manejo político posibles, e intentando de manera demasiado burda la destrucción de los resortes de convivencia que los egipcios consideraban una buena base para comenzar a construir una sociedad y un país más o menos sustentables. Pero eso no quita mérito a los egipcios de intentar no caer en el mismo error que plagó al siglo 20 de autoritarismos, de izquierda y derecha, que llegaron –y en algunas latitudes aún llegan- al poder por vías límpidamente democráticas.

“No nos robará la religión”

La segunda frase, leída en uno de los carteles de la manifestación en Plaza Tahrir era aún más emocionante: “Yo también soy musulmán”. El cartel acusaba con dedo invisible y con incontenible ira a la Hermandad Musulmana y a su representante, el ex presidente Morsi, y le decía: “Usted nos ha robado la revolución, está intentando robarnos el país, pero no le permitiremos robarnos también la religión”.

“El Islam –parecía seguir diciendo el conmovedor cartel- no es radical. No es esa versión deforme y violenta que ustedes intentan imponer como el islam verdadero. El islam es una religión de paz, que le dice ‘No’ al régimen de exclusión que ustedes instauran. No lo lograrán”.

Las sencilla frase “Yo también soy musulmán” es una excelente noticia, más allá del desenlace que pueda tener la ola de violencia desatada por la Hermandad, la cual técnicamente puede entender que se le ha arrebatado el gobierno democráticamente alcanzado. Es excelente, porque su mensaje que no va dirigido solamente a Muhammad Morsi sino también a todos los movimientos islamistas de los cuales la Hermandad Musulmana es su matriz histórica: el Hamás palestino, la Jihad Mundial, la Jihad Islámica palestina, la Jihad Islámica jordana, incluso grupos más radicales como los salafistas y hasta el propio Al Qaeda que, bajo el nombre de Jabhat al-Nusra hegemoniza la rebeldía en Siria.

La frase, así como toda la segunda revuelta egipcia, es una clara toma de posición de la principal sociedad en el Medio Oriente, en contra de dos paradigmas: uno, el del radicalismo y la violencia islámica como corriente hegemónica en la religión musulmana. Desde ahora, los moderados también se animan a hablar, y sólo es de esperar que el ejemplo cunda.

El otro paradigma es el del “choque de civilizaciones” como status eterno e irremediable de la geopolítica mundial del siglo XXI. La guerra que el islamismo radical impone a los “Cruzados”, o sea al Occidente visto por aquél como un enemigo religioso, puede ser ganada si la alianza es con aquellos que dicen: “Yo también soy musulmán”.

Los occidentales amantes de la paz, la justicia social y los derechos humanos deben aprender la lección, dejar de tratar al islamismo radical con los guantes de seda del multiculturalismo e incluso del socialismo, y tender una mano urgente a los sectores moderados (y oprimidos) del mundo musulmán, cuyas voces han sido hasta ahora acalladas, sacrificadas en el altar de lo “politically correct”.

*Publicado en “El Diario Judío”, http://www.eldiariojudio.com

Cómo leer y cómo no leer el ataque israelí*

"Me escandaliza la idea de una intervención extranjera". Una caricatura que nos invita a complejizar el análisis.

“Me escandaliza la idea de una intervención extranjera”. Una caricatura que nos invita a complejizar el análisis.

Una de las cosas que enervan a los israelíes que rompen la claustrofobia de los medios locales para leer lo que se publica y dice afuera de la propia burbuja, es que los setenta mil muertos, entre masacres y sub-masacres que perpetra a diario Bashar El Assad en una guerra civil que tiene lugar en el marco de la erupción volcánica de las llamadas “primaveras árabes”, que comenzaron en Túnez, allá por 2010, y que amenaza con seguir extendiéndose por los países árabes que aún no fueron afectados, arrastrando a potencias y mini-potencias a un agujero negro impredecible, todo eso, digo, no es visto por el mundo como una amenaza a la estabilidad y la paz.

Pero un solo bombardeo israelí fuera de su suelo, con el fin de prevenir ataques en su contra por milicias para-estatales, eso sí, eso y no otra cosa, amenaza nada menos que la paz mundial. Hay que sufrir de una miopía internacional seria, o bien ser dueño de una mente analítica algo torcida, para compartir esa cosmovisión tan de moda según la cual, sólo cuando Israel dispara, el mundo queda puesto al borde del abismo, mientras todo lo demás, en especial lo que hacen los países árabes, es comprendido como parte de un multiculturalismo retorcido, que blanquea las peores atrocidades bajo la bandera del relativismo cultural.

El ataque israelí, es cierto, puede ser entendido por Bashar Assad, desde todas las reglas del derecho internacional, y si de verdad se empecina, como una declaración de guerra por parte de Israel. Pero Siria, al tiempo que combate a sus oponentes domésticos, está hace ya más de una década inmersa hasta el cuello en el programa del eje Irán-Siria-Hezbollah-Jihad Islámica palestina y otros apadrinados de los ayatollas de Teherán para armar hasta los dientes a organizaciones terroristas con las cuales intentar atenazar a Israel por el norte y por el sur sin ensuciar sus propias manos. ¿Armar a organizaciones terroristas y asociarse para atacar a otro país sin provocación de su parte, todo eso sí es legal según el derecho internacional? El mundo debería explicarse y explicar, en cambio, que los actos de armamentismo de Irán y Siria son los que bien pueden ser entendidos por Israel como declaración de guerra en su contra. Pero al parecer, eso es mucho pedir.

Pensar en Israel como violador serial del derecho internacional y en Bashar El-Assad como la Madre Teresa de Calcuta, sólo puede provenir de mentes confundidas en el mejor de los casos, o de mentes afiebradas de sospechosa agenda, en el peor. Lo mejor, en cambio, es intentar entender el conflicto desde su propia dinámica, que no está guiada por derechos y morales, sino por fidelidades, identidades religiosas e intereses.

Desde esta perspectiva, el ataque doble de este fin de semana no estuvo inscripto en la guerra civil siria, sino en el enfrentamiento que la mencionada alianza chiíta-alawi mantiene con Israel. Los israelíes vieron en el virtual “empate” entre el régimen alawita de Assad y los rebeldes sunitas, una oportunidad para destruir parte de un arsenal de misiles de largo alcance que estaban en camino al sur del Líbano, a manos de Hezbollah.

Según fuentes de inteligencia militar occidentales, el cargamento incluiría misiles Fatah 110, con un alcance de unos 70 kilómetros, que podrían llegar desde el sur del Líbano a Tel Aviv, o misiles Scud-D, con un alcance de más de 600 kilómetros, que podrían llegar desde el sur libanés a Eilat, o ambos.

Según los cálculos israelíes, Siria no responderá al ataque, abriendo un nuevo frente en el cual debería utilizar su fuerza aérea, única ventaja estratégica que hoy en día mantiene frente a los rebeldes sunitas. El problema de Assad es que, de iniciarse una contienda contra Israel, éste destruiría sus aviones en un par de días, pero frente a sus rebeldes, esas naves son las que mantienen al régimen en pie. Por eso, a Israel le es más conveniente un Assad fuerte y en control, más que un líder sirio acorralado, que no tenga nada que perder y que desde ese rincón decida lanzar sus misiles contra Israel.

Israel no está preocupado por las armas que puedan detentar los diversos regímenes en el Medio Oriente. Ni los misiles de tecnología iraní y rusa que hoy pasan por territorio sirio, ni las eventuales armas nucleares en manos de Irán. Se trata ciertamente de regímenes autocráticos, pero de gobiernos que, al fin y al cabo, tienen responsabilidad de estado. Siria sabe que atacar a Israel implica colocar a toda la nación en un riesgo mortal. Irán, por su parte, sabe que lanzar una bomba contra Tel Aviv tendrá su réplica en la desaparición de Teherán. E Israel sabe que sus vecinos saben.

A Israel, en cambio, le preocupa que esas tecnologías, convencionales y no convencionales, nucleares y químicas, puedan llegar a las organizaciones terroristas, que carecen de tal responsabilidad por sus estados y por sus habitantes, y que tienen, por lo tanto, el gatillo fácil.

Israel se ha abstenido de participar de modo alguno en ninguna de las llamadas primaveras árabes. No ha intervenido en el plano militar, ni en el de inteligencia, ni en el diplomático, ni siquiera en el verbal. Nada. Este país sabe que cualquier cosa que diga o haga, será utilizada en su contra. Y dado que ningún escenario emergente es necesariamente favorable a Israel –de un lado caen tiranos, pero de otro lado surgen regímenes islamistas- lo mejor es llamarse a un estricto silencio de radio y de acción.

Por eso, a casi dos años y medio de masacres y guerra civil en Siria, se puede confiar con cierta dosis de seguridad en que Israel tuvo buenos motivos para efectuar este ataque doble contra el tren cargado de misiles y el instituto de investigación aledaño a Damasco. Sólo cabe esperar que sus cálculos sean correctos y que Siria se abstenga de reaccionar, que el conflicto en Siria culmine pronto y con la menor cantidad de muertos posible, por el bien y la paz entre todos los actores de la zona.

*Publicado en “El Diario Judío”, http://www.eldiariojudio.com

Allah Islam, sobre el islamismo en Europa

El prestigioso periodista israelí, Tzvi Yejezkeli, del Canal 10 de la televisión de este país, ha realizado una miniserie de 4 capítulos sobre la pentración del islam fundamentalista en Europa. Yejezkeli proviene de una familia de judíos irakíes, es especialista en el mundo árabe y, en la actualidad, es analista para varios medios de comunicación.

La miniserie contribuye a comenzar a comprender un fenómeno que parece haberse colado en Europa por su puerta trasera y mejor intencionada. La minimización del fenómeno por parte de los sectores más progresistas con una fácil acusación de racismo o xenofobia tiene un doble peligro: por un lado se trata de un peligro real, que ya ha comenzado a cobrar vidas inocentes. Por otro, deja la lucha contra el extremismo islámico en manos de las corrientes más acendradas de la ultraderecha europea, que ven en esta penetración una excelente oportunidad de levantar cabeza.

A continuación los primeros dos capítulos, subtitulados al español por Gabriel Ben Tasgal.

Allah Islam, Capítulo 1

Allah Islam, Capítulo 2

¿Quién está tirando misiles Qassam?

Sderot, ayer. (Foto: Avi Rókaj, Ynet)

Las noticias en Israel son que las clases comenzaron hoy con éxito, sin amenazas de huelga, y yo ya filmé a mi hijo conduciendo el acto de apertura. Eso es lo más importante.

Le sigue en importancia, claro está, los misiles Qassam que cayeron en Sderot y alrededores ayer, cuando chicos de la secundaria hacían un encuentro previo con sus docentes. De un tiempo a esta parte han cambiado las constelaciones políticas en Gaza, y para entender quién ha lanzado los misiles hay que retrotraernos al líder espiritual del Hamás, el jeque Ahmad Yassin.

Hasta su muerte, el Hamás, como buena organización palestina, era aislacionista e independentista aun dentro del mundo árabe y musulmán, resistiendo todas las voces internas que lo presionaban, ante la quiebra económica impuesta por Israel, Estados Unidos y la Unión Europea, a aceptar el padrinazgo, el dinero y los pertrechos iraníes.

En 2001 Israel liquida al líder terrorista, y la nueva conducción del Hamás acepta el abrazo de oso iraní, pasando a la égida de los ayatollahs chiítas, tradicionales enemigos del mundo árabe, que son en general sunitas. La conducción política y económica se instala en Damasco, el gran aliado iraní.

Pero cuando comienza hace un año y medio la revuelta en Siria, el Hamás no tiene más alternativa que apoyarla, puesto que buena parte de los rebeldes son sunitas en armas contra el régimen alawita (que religiosamente son un antiguo desprendimiento chiíta) del carnicero de Damasco, Bashar El Assad. Éste se siente traicionado por el Hamás, y arroja de todas las escaleras a su líder político, Khaled Mashal.

Hamás queda huérfano de protectores, y vira hacia Egipto, aún gobernado por el general Tantawi, post-Hosni Mubarak, pero donde los Hermanos Musulmanes, su movimiento matriz, van levantando cabeza. En efecto, el Hamás se autodefine en su carta fundacional como “el brazo palestino de los Hermanos Musulmanes”.

Tantawi le dice al Hamás, no necesariamente con estas palabras: “No tengo problema en que pactemos una alianza, pero yo tengo que cuidar mis relaciones con Estados Unidos, Israel y Occidente en general. Ustedes tienen hace cinco años encerrado a un pobre soldadito, Gilad Shalit. Libérenlo y hay trato”. La liberación de Shalit en 2011, pues, fue posible gracias a la revuelta siria y a una flexibilización en la posición del Hamás, no de Israel.

Desde entonces, en los hechos, la relativa calma entre Israel y Gaza se debe a una coyuntural comunión de intereses entre Egipto, Israel y Hamás, todos interesados en bajar los decibeles de la violencia. Una vez que los Hermanos Musulmanes asumen el poder ordenadamente en Egipto, tienen interés en controlar a las facciones más extremistas que ellos, y asegurar el monopolio del uso de la fuerza en su país. Su introducción de tanques en el Sinaí (cuya prohibición es una cláusula clara en los acuerdos de Camp David de 1979) está más motivado por su necesidad de reprimir a las nuevas facciones terroristas beduinas allí, que con cualquier intención de violar el tratado de paz con Israel.

Israel, no hace falta explayarse, tiene la obsesión de la paz y la tranquilidad por razones obvias, pero ahora acrecentada por la coyuntura abierta frente a Irán.

¿Y Hamás? El gobierno hamásico en Gaza necesita desesperadamente una calma que le permita reafirmar su poder político y económico una vez abandonado el cálido hogar iraní. Necesita reconquistar a las masas palestinas, que no estaban tan acostumbradas a la tan estricta ley de la Shaaría. Y necesitan consolidar su control de corte mafioso de la principal industria gazeña: la industria de los túneles de contrabando de mercaderías civiles, drogas y armas.

Pero dentro de esta política, quizás la principal obsesión es la represión de las facciones opositoras en Gaza, generalmente terroristas y jihadistas más fundamentalistas que el Hamás, similar al desafío que enfrenta la Hermandad Musulmana egipcia. Irán no iba a renunciar tan fácilmente a su cabeza de playa en “Palestina”, así que luego de la traición hamásica, los iraníes pasaron a apadrinar a la Jihad Islámica y a los Comités de Resistencia. Hamás incluso llegó a crear un cuerpo de policía especial cuya función exclusiva es prevenir lanzamientos de misiles contra Israel, desafiando su autoridad. Suena surrealista, pero si las cosas no pasan a mayores en el último año entre Israel y Gaza, es en buena parte gracias al Hamás.

Otros desafíos se asoman en Gaza, como una pequeña sucursal de la multinacional del terror, Al Qaeda, y como una organización salafista, quizás los fundamentalistas de mayor extremismo en el mundo de la jihad, que ven a todos los demás musulmanes como herejes, autodenominada “Consejo de Combatientes junto a Jerusalem”.

Según el analista de asuntos árabes del Canal 2, Ehud Yaari, ellos son los que lanzaron los Qassam de ayer, pero no en respuesta a Israel… sino en represalia contra alguna acción represiva del Hamás.

Ahora que la cosa no es con Israel, y que se entiende un poco más la interna palestina, uno podría quedarse más tranquilo. Pero no sé, la sensación de que los palestinos dirimen sus entuertos jugando al “Tiro al pato” no es muy agradable que digamos. Pero por lo menos no es personal. Al fin y al cabo, somos sólo patos…

Sí al nombramiento de ex terroristas en la ANP; sí a las liquidaciones selectivas por Israel

El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, ha nombrado al general Mahmud Damra, como su nuevo asesor, según informa hoy el diario Israel Haiom. Damra fue condenado en 2006 por estar involucrado en atentados terroristas en los que fueron asesinados civiles israelíes, y fue liberado de la prisión israelí en el marco del acuerdo por la liberación de Guilad Shalit de manos del Hamás.

La prensa israelí, en especial un diario como Israel Haiom, que es prácticamente un vocero del premier derechista Biniamín Netanyahu, se escandaliza por el apoyo y nombramiento de personajes que Israel ve como terroristas en cargos oficiales en la Autoridad Palestina, pues se trata a las claras de ver a los terroristas como héroes nacionales, y de dar al terrorismo premios por sus actos criminales.

Pero el blanqueo de terroristas no es nuevo. Israel mismo ha hecho las pases con el archi terrorista Yasser Arafat en los Acuerdos de Oslo. Del lado israelí, durante el Mandato Británico, milicias clandestinas judías mataron civiles, tanto ingleses como árabes, y no sólo el Etzel y el Leji. Algunos de sus líderes, como Menajem Beguin e Itzjak Shamir, llegaron a ser respetables primeros ministros del estado judío.

Es hora de que tanto israelíes como palestinos se deshagan de su pose de ingenuidad y de su careta de hipocresía si quieren llegar a la paz algún día. El terrorismo, esa plaga de muerte que ha asolado el siglo 20, y al parecer nos acompañará por un buen par de siglos más, ha dado buenos resultados, históricamente, como táctica de guerra. Ha obtenido logros significativos y los gobiernos han debido negociar con él. El caso de Guilad Shalit es una sola prueba entre muchas.

Pero si esto es así, lo mismo cabe advertir a los palestinos y a todo pueblo que haga de sus terroristas, héroes de guerra. Pues si ellos no se autodefinen como terroristas, sino como “guerreros de la libertad”, entonces las reglas de juego que están imponiendo son las de matar y morir. Si ellos convierten a un autobús lleno de israelíes civiles en su campo de batalla, su casa y su barrio en Gaza, en los que se ocultan luego, también lo son.

Una de las respuestas de Israel al terrorismo es el encarcelamiento, cuando ello es posible. Lo atestiguan los 10.000 presos palestinos que aún permanecen en cárceles israelíes. Pero en otras circunstancias también lo es la tan debatida “liquidación selectiva”. Algunos lo llaman “asesinato selectivo”, cargando el concepto negativamente. Pero si son viles asesinatos selectivos o ejecuciones sumarias, entonces los actos terroristas no son “ataques”, sino también viles homicidios en serie y en masa, que deben ser igualmente condenados. Vaya eso a mis colegas en los medios de comunicación.

Las liquidaciones selectivas tienen como fin limitar la matanza. Intenta matar al combatiente palestino, que está en guerra, y a cuantos menos personas a su alrededor mejor. Al ocultarse en su casa, el “guerrero de la libertad” está convirtiendo a su casa y su barrio en campo de batalla, y está poniendo en peligro a quienes lo rodean. Los está tomando de rehenes. Si él está en guerra, Israel también, con todo lo que ello implica.

Pues no puede ser que se juzgue a los palestinos según el criterio de “estado de guerra”, en la que todo les está permitido, y a los israelíes según el criterio de “estado de paz”, donde todo procedimiento que no sea arrestar y buscar evidencias como si se tratara de un caso para CSI, les estuviera prohibido.

Si los palestinos eligen esa táctica, ese campo de batalla -un autobús, una escuela- y esos blancos, y son luego convertidos en héroes de guerra y en altos dignatarios, todo bien. Esa es su percepción de la guerra que están librando. Pero a no reclamar cuando Israel, precisamente respetando la percepción palestina, se maneje también como en la guerra que es.

ImagenEl Presidente de la Autoridad Nacional palestina, Mahmud Abbas, reunido con Amana Muna, responsable de seducir a un adolescente israelí de 14 años, Ofir Rajum en un chat de Internet. Quedaron en un encuentro, y el chico fue asesinado por los terroristas cómplices de Muna, que fue convertida así en “heroína de la resistencia palestina”. (Imagen tomada de la televisión palestina).