El blog de Marcelo Kisilevski

Una mirada (más) sobre Israel

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Cómo leer y cómo no leer el ataque israelí*

Publicado por marcelokisilevski en mayo 10, 2013

"Me escandaliza la idea de una intervención extranjera". Una caricatura que nos invita a complejizar el análisis.

“Me escandaliza la idea de una intervención extranjera”. Una caricatura que nos invita a complejizar el análisis.

Una de las cosas que enervan a los israelíes que rompen la claustrofobia de los medios locales para leer lo que se publica y dice afuera de la propia burbuja, es que los setenta mil muertos, entre masacres y sub-masacres que perpetra a diario Bashar El Assad en una guerra civil que tiene lugar en el marco de la erupción volcánica de las llamadas “primaveras árabes”, que comenzaron en Túnez, allá por 2010, y que amenaza con seguir extendiéndose por los países árabes que aún no fueron afectados, arrastrando a potencias y mini-potencias a un agujero negro impredecible, todo eso, digo, no es visto por el mundo como una amenaza a la estabilidad y la paz.

Pero un solo bombardeo israelí fuera de su suelo, con el fin de prevenir ataques en su contra por milicias para-estatales, eso sí, eso y no otra cosa, amenaza nada menos que la paz mundial. Hay que sufrir de una miopía internacional seria, o bien ser dueño de una mente analítica algo torcida, para compartir esa cosmovisión tan de moda según la cual, sólo cuando Israel dispara, el mundo queda puesto al borde del abismo, mientras todo lo demás, en especial lo que hacen los países árabes, es comprendido como parte de un multiculturalismo retorcido, que blanquea las peores atrocidades bajo la bandera del relativismo cultural.

El ataque israelí, es cierto, puede ser entendido por Bashar Assad, desde todas las reglas del derecho internacional, y si de verdad se empecina, como una declaración de guerra por parte de Israel. Pero Siria, al tiempo que combate a sus oponentes domésticos, está hace ya más de una década inmersa hasta el cuello en el programa del eje Irán-Siria-Hezbollah-Jihad Islámica palestina y otros apadrinados de los ayatollas de Teherán para armar hasta los dientes a organizaciones terroristas con las cuales intentar atenazar a Israel por el norte y por el sur sin ensuciar sus propias manos. ¿Armar a organizaciones terroristas y asociarse para atacar a otro país sin provocación de su parte, todo eso sí es legal según el derecho internacional? El mundo debería explicarse y explicar, en cambio, que los actos de armamentismo de Irán y Siria son los que bien pueden ser entendidos por Israel como declaración de guerra en su contra. Pero al parecer, eso es mucho pedir.

Pensar en Israel como violador serial del derecho internacional y en Bashar El-Assad como la Madre Teresa de Calcuta, sólo puede provenir de mentes confundidas en el mejor de los casos, o de mentes afiebradas de sospechosa agenda, en el peor. Lo mejor, en cambio, es intentar entender el conflicto desde su propia dinámica, que no está guiada por derechos y morales, sino por fidelidades, identidades religiosas e intereses.

Desde esta perspectiva, el ataque doble de este fin de semana no estuvo inscripto en la guerra civil siria, sino en el enfrentamiento que la mencionada alianza chiíta-alawi mantiene con Israel. Los israelíes vieron en el virtual “empate” entre el régimen alawita de Assad y los rebeldes sunitas, una oportunidad para destruir parte de un arsenal de misiles de largo alcance que estaban en camino al sur del Líbano, a manos de Hezbollah.

Según fuentes de inteligencia militar occidentales, el cargamento incluiría misiles Fatah 110, con un alcance de unos 70 kilómetros, que podrían llegar desde el sur del Líbano a Tel Aviv, o misiles Scud-D, con un alcance de más de 600 kilómetros, que podrían llegar desde el sur libanés a Eilat, o ambos.

Según los cálculos israelíes, Siria no responderá al ataque, abriendo un nuevo frente en el cual debería utilizar su fuerza aérea, única ventaja estratégica que hoy en día mantiene frente a los rebeldes sunitas. El problema de Assad es que, de iniciarse una contienda contra Israel, éste destruiría sus aviones en un par de días, pero frente a sus rebeldes, esas naves son las que mantienen al régimen en pie. Por eso, a Israel le es más conveniente un Assad fuerte y en control, más que un líder sirio acorralado, que no tenga nada que perder y que desde ese rincón decida lanzar sus misiles contra Israel.

Israel no está preocupado por las armas que puedan detentar los diversos regímenes en el Medio Oriente. Ni los misiles de tecnología iraní y rusa que hoy pasan por territorio sirio, ni las eventuales armas nucleares en manos de Irán. Se trata ciertamente de regímenes autocráticos, pero de gobiernos que, al fin y al cabo, tienen responsabilidad de estado. Siria sabe que atacar a Israel implica colocar a toda la nación en un riesgo mortal. Irán, por su parte, sabe que lanzar una bomba contra Tel Aviv tendrá su réplica en la desaparición de Teherán. E Israel sabe que sus vecinos saben.

A Israel, en cambio, le preocupa que esas tecnologías, convencionales y no convencionales, nucleares y químicas, puedan llegar a las organizaciones terroristas, que carecen de tal responsabilidad por sus estados y por sus habitantes, y que tienen, por lo tanto, el gatillo fácil.

Israel se ha abstenido de participar de modo alguno en ninguna de las llamadas primaveras árabes. No ha intervenido en el plano militar, ni en el de inteligencia, ni en el diplomático, ni siquiera en el verbal. Nada. Este país sabe que cualquier cosa que diga o haga, será utilizada en su contra. Y dado que ningún escenario emergente es necesariamente favorable a Israel –de un lado caen tiranos, pero de otro lado surgen regímenes islamistas- lo mejor es llamarse a un estricto silencio de radio y de acción.

Por eso, a casi dos años y medio de masacres y guerra civil en Siria, se puede confiar con cierta dosis de seguridad en que Israel tuvo buenos motivos para efectuar este ataque doble contra el tren cargado de misiles y el instituto de investigación aledaño a Damasco. Sólo cabe esperar que sus cálculos sean correctos y que Siria se abstenga de reaccionar, que el conflicto en Siria culmine pronto y con la menor cantidad de muertos posible, por el bien y la paz entre todos los actores de la zona.

*Publicado en “El Diario Judío”, http://www.eldiariojudio.com

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Palos para todos: Excursión de un outsider hacia el Periodismo Argentino*

Publicado por marcelokisilevski en abril 28, 2013

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Si un extraterrestre aterrizara en la Argentina y tuviera que describir a sus jefes ahí afuera qué es lo que ve sobre los medios de comunicación, ¿qué informaría? De esa manera me siento: un periodista argentino que vive afuera hace ya 21 años, que se acerca de nuevo y cuenta lo que ve. Es una visión parcial y fragmentada, como toda observación de la realidad, no es ciencia autorizada, no hay relevo ni estadísticas, tiene el defecto y la virtud al mismo tiempo, de ser una visión “desde afuera”, y la de intentar un equilibrio, por no compartir ninguna de las dos agendas básicas en las que se divide hoy en día el país.

Cuando estudiaba Ciencias de la Comunicación en la UBA, allá por fines de los años ’80, nuestro ideal era ser el cuarto poder, que critica a los otros tres y que es el “perro guardián” de la democracia. Ser “oficialistas” daba vergüenza, no importaba de qué signo fuera el gobierno. Los que lo eran, eran sospechados inmediatamente de ser periodistas comprados. Sabíamos que los había, en especial por empresarios, pero nuestro ideal era “dar palo” a todos por igual. Ejercer el pensamiento crítico, por tantos años cercenado. Era nuestra garantía de incorruptibilidad, era nuestro sello de credibilidad. Si para un periodista surgido de la dictadura había una “agenda”, eran la democracia y los derechos humanos, y cómo mejorarlos.

Las nuevas tecnologías lograron acercarme de nuevo a los medios y a la trama argentinos. Una aplicación de Smartphone me permitió un buen día caminar por las calles de Israel, al otro lado del océano, escuchando radios de todo el mundo como si estuviera en esos países. De repente me reencontraba con Radio Mitre, con la que había crecido escuchando a Magdalena a la mañana, antes de ir al cole. O Del Plata, donde me vuelvo a reencontrar con Dolina, héroe de mi juventud. Fue como haber dado un salto en el tiempo.

Intenté escuchar una radio K y de entrada me incomodó su adhesión al gobierno. No porque yo sea anti-K: estando tan lejos, no puedo ser ni pro ni anti, ni siquiera entiendo bien esta interna. Mi incomodidad se debe, en cambio,  a que creo sinceramente que ningún periodista en ninguna parte del mundo debe ser pro-gobierno, pro ningún gobierno. Recuerdo que en ese tramo defendían a Cristina por haber sido “injustamente atacada” por estudiantes universitarios en una conferencia que dio en Estados Unidos. “Indudablemente”, aseguraron en una emisora que ya no recuerdo, estos estudiantes habían sido convenientemente adoctrinados por astutos opositores. Sin investigar, sin entrevistar, sin chequear la info. Desde el punto de vista periodístico más básico, era cuanto menos débil.

Radio Mitre no me deparaba menos insatisfacciones. Es cierto que le pegaban al gobierno, cumpliendo mi ideal de una profesión que debe aspirar a arreglar el mundo. Pero dos cosas me molestaron sobremanera: por el lado del gobierno, es cierto, Mitre no tiene publicidad estatal; pero por el lado de Mitre, jamás se entrevista a nadie del gobierno. Ni para preguntar incisivamente, cuestionando cara a cara al “poder”, ni para aplaudir un proyecto piola y saber más detalles. Nada. Para escuchar al gobierno, tengo que ir a los medios K, obsecuentes, para los cuales el “poder” es “la Corpo”. Todos atrincherados, todos creyendo que son “los buenos”. No es así como me enseñaron el oficio. A mí me enseñaron lo de las dos campanas. ¿Qué ha ocurrido aquí? ¿Todo debe medirse por la vara “Clarín vs. K”?  ¿Todo está tan dictado desde arriba?

Excursión a “PPT vs. 6-7-8″

Como decía, la estética creada por los llamados “medios K” no me resulta de fácil digestión. Pero esta semana hice de tripas corazón y, al haber seguido una recomendación y ver la nueva temporada de “Periodismo Para Todos” y las denuncias de Jorge Lanata, decidí que tenía ver también “6-7-8″.

Ahí me reencontré con Jorge Dorio, tipo brillante al que conocía como segundo de Dolina, y de alguna experiencia televisiva de vanguardia en los ’80 junto a Martín Caparrós. Estaba Sandra Russo, inteligente periodista de Página/12, igual que Nora Veiras. Al resto no tenía el gusto.

A esta altura entendí: la polarización argentina ha hecho que los periodistas hayan comprado todo el paquete de aquel bando en cuyo medio les ha tocado trabajar. “6-7-8″ va a defender todo y no va cuestiona nada. Lanata ataca todo, no aplaude nada. Todo el paquete se compra, y al otro se lo patea. Me molesta que se defienda a cualquier gobierno, eso ya lo dije. Pero por lo menos, que se planteen dudas, que se hagan preguntas.

En el programa sobre la manifestación del 18A, tuvieron el mérito de enviar a una movilera, Cynthia García, a cubrir. Se hablaba del “coraje” que había que tener para mandar a alguien, si era un riesgo o no, etc. Lamentablemente era una pregunta relevante. Colegas de la pro-K agencia Télam fueron agredidos, y la misma García no pudo hacer una segunda salida al aire por los enardecidos que le rodearon el móvil donde se tuvo que refugiar con su equipo. Así está la polarización. Me molesta que colegas sean identificados con el gobierno, no hacen honor a la profesión. Pero más me molesta que a mis colegas, no importa su agenda, no se los deje hacer su trabajo en democracia. Tampoco sé qué le harían a Lanata si fuera a un acto K y se paseara entre la gente haciendo preguntas con un micrófono…

Pero antes, Cynthia García tuvo huevos y entrevistó a la gente en medio de los gritos. Me gustó su actitud, no se achicó. Pero volvieron a incomodarme todas sus preguntas, del tipo: “A ver, pensemos un poquito juntos: ¿no te parece que el plan tal y cual de este gobierno apunta precisamente a resolver esa desigualdad de la que hablás?” Más allá del paternalismo arrogante con tonito inocente de la García, en ese género de notas el periodismo debe reflejar la opinión de la gente, no actuar como vocero gubernamental.

Palos Para Todos

Si yo estuviera trabajando en la Argentina como periodista en un medio independiente, y Lanata sacara una denuncia como la del affaire Lázaro Báez, yo me mordería el codo por no haberlo descubierto yo, y luego saldría corriendo a averiguar más información sobre mafias, lavado y amenazas. Quizás la primicia que haga caer al gobierno la consiga yo y no El Trece. ¡Rápido que no hay tiempo! En eso se debería basar la competencia entre periodistas en una sociedad sana: en quién logra la próxima primicia.

En cambio, quizás porque lo creen pero quizás para no arriesgar su fuente de trabajo –y en lo personal los puedo entender, no en lo sociológico, aunque no me molestaría ver a un noble colega renunciando porque no lo dejan hacer su trabajo como se debe- en “6-7-8″ se dedicaron tan solo a desacreditar a Lanata en lo personal, pero sin investigar el asunto en cuestión.

Sandra Russo: “Más allá de estas acusaciones, que son a todas luces ridículas…” ¿Cómo lo sabés, Sandra? ¿Cuándo y dónde saliste a investigar? ¿A quién entrevistaste para llegar a una conclusión tan terminante?  ¿Qué otros documentos revisaste? ¿Cómo llegaste desde esa descalificación, a la perorata apologética sobre la “redistribución” que instaura el gobierno? ¡Fuera de tema! Ni siquiera, en horas de programa, mencionaron una sola vez al señor Lázaro Báez, el implicado principal. Digo, ustedes saben que Lanata, bien o mal, tocó un nervio sensible, que ahí hay una punta de iceberg. Lo saben, porque alguien evidentemente les bajó línea: no mencionar a Báez. Por lo tanto, saben que ahí hay un filón que cualquier periodista que se precie, en condiciones normales, querría explotar. Y ustedes decidieron perdérselo. ¿Para conservar el trabajo? ¿Por amenazas? ¿El miedo que “un poquito” inspira Cristina?

A lo más que atinó el equipo de “6-7-8″ fue a entrar en Google y encontrar que se podía falsificar el título de propiedad de la empresa trucha en Panamá atribuida a Martín Báez. El resto fue una seguidilla de columnas de opinión como la pirueta discursiva de la Russo, a cargo de todos los panelistas, y sus risitas satisfechas mientras veían los “tapes” ridiculizantes. Como periodismo, nuevamente, es cuanto menos flojo. Sobre todo, me dio mucha pena escuchar a Dorio, al que tengo afecto, ir a un corte diciendo: “Estas son las cosas que también podemos aprender en este bendito tiempo que nos toca vivir. Ya volvemos”. Me dio vergüenza periodística ajena.

Aclaración necesaria, dado que se invocará la libertad de expresión: no hay problema en expresarse a favor del gobierno en tal o cual cuestión, en columnas de opinión, como un género periodístico más, entre otros. Pero cuando la defensa es tan militante y a rajatabla, ya se sale de lo que es el periodismo y se convierte en un panel de militantes políticos. Tampoco hay problema. Pero entonces no están haciendo periodismo, sino otra cosa, otro género. Y deberían aclarárselo al público, porque hacer militancia –o más bien propaganda oficial- y presentarla como periodismo, es estafarlo.

Lanata también debe hacer sus cuentas otra vez. Como periodista sabe que debe entrevistar a todos, pero la otra campana no se escuchó. Ok, entrevistaron a Fabián Rossi en su coche. Big deal. Pero con los datos que averiguó, que implican al marido de Cristina ya muerto y también a la propia mandataria, ¿no se le ocurrió que tiene que enviar la nota a la Casa Rosada para avisar que se transmitiría, y pedir réplica a la Presidenta o a su portavoz? ¿Se le ocurrió buscar una entrevista con el propio Lázaro Báez, supuesto socio de Néstor? ¿Se le ocurrió utilizar la palabra “supuesto” hasta que la justicia lo pruebe culpable o lo absuelva? Lo mío no es crítica política; es periodismo de primer año.

Mérito de “6-7-8″: ellos sí fueron a entrevistar a la oposición, a escuchar la otra campana. Lo entrevistaron al mismísimo Lanata. ¿Y qué decidió hacer “el Gordo”, otro héroe de mi juventud, desde su fundación de Página/12, refundando el periodismo argentino? Decidió responder a todas las preguntas con: “Gvirtz es un chorro”. Es cierto: el periodista también le hacía preguntas que eran todas pro K. Pero fue educado, las preguntas fueron relevantes y bien formuladas, no se achicó ni ante la envergadura de Lanata como personaje, ni ante su infantil repetición de la frasecita, y le llevó documentos que una y otra vez le proponía a Lanata revisar. Y dado que, como ya dije, un periodista debe hacer preguntas cuestionadoras, el entrevistador en este caso me pareció impecable (sin meterme, por imposibilidad, a analizar toda la carrera del joven: me encantaría enterarme que entrevista también, así de bien, a los ministros del gobierno K).

Lanata, en cambio, y dado que parece haber decidido que esto no es periodismo sino una guerra, se permitió hacer pelota la propia aura del periodismo bien entendido: la de entrevistar y dejarse entrevistar. A todos y por todos, respondiendo educadamente a un colega que viene preparado y que no se tentó de agredirlo a su vez. Habrá tenido “importantísimas razones” para comportarse así. Pero le habían abierto el micrófono para que todo el público lo viera, él podía habérselas explicado a ese público que supuestamente tanto le importa, y prefirió hacerse el payaso. Lástima. Lanata, en este caso, también me hizo sentir vergüenza periodística ajena.

En fin, no estoy contento con el mundillo periodístico al que llegué de visita a través de Internet. Mi pregunta es, igual a los filósofos que se cuestionan si un pez sabe que está en el agua: ¿saben los periodistas argentinos que esto es lo que les está pasando? ¿O lo saben, pero al mismo tiempo están seguros de que la culpa de esta polarización la tienen “los K” de un lado, o “la Corpo” del otro? Aun si fuera así, ¿los periodistas no deberían sacudirse la lacra y volver a declarar su independencia como cuarto poder? ¿O ya no hay vuelta atrás, tanto que mis reflexiones, que debieran ser de Perogrullo, suenan para siempre, e irremediablemente, demasiado ingenuas?

*Publicada en “Opinión Veintidós – El portal de Adrián Freijó”

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Rabino Menajem Fruman Z”L, el “extraño” rabino de Tekoa

Publicado por marcelokisilevski en marzo 15, 2013

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El Rabino Menajem Fruman con un amigo, Ibrahim Abulhawa,

invitado al casamiento de la hija de Fruman.

Pocas personas en Israel ilustran tanto la complejidad del conflicto israelo-palestino como el Rabino Menajem Fruman, que falleció a principios de este mes. Era colono de los territorios, pues vivía en el asentamiento de Tekoa. Por otro lado era “pacifista”, pues quería solucionar el conflicto, y para ello fue capaz de hacer lo prohibido: conversar y activar con el Hamás. Incluso llegó a desempeñarse como “enlace” entre el establishment rabínico israelí y líderes musulmanes. Por un tercer lado, ir hasta el fondo del diálogo tenía podía tener ribetes extremos: participar junto con los sacerdotes del Hamás en manifestaciones contra las Marchas del Orgullo Gay. Fue muy controvertido incluso a su muerte, cuando su vida se convierte en texto. Un texto que vale la pena leer.

 Dentro del amplio paraguas ideológico del sionismo surge el Rabino Menajem Fruman, que funda junto con su grupo un asentamiento que, si bien está en los territorios, se plantea como premisa la convivencia, tanto entre judíos religiosos y laicos, como entre judíos y palestinos de la zona.

 Según él, el conflicto entre israelíes y palestinos es eminentemente religioso. Por ende, sólo los sacerdotes de ambos credos serán capaces de llegar a la paz entre ambos pueblos. Veía con preocupación la actitud menospreciativa de los israelíes hacia los palestinos, pues, sostenía, esa actitud es la que impide un diálogo verdaderamente abierto y sincero. Afirmaba que, dado el carácter religioso del conflicto, es justamente con el liderazgo del Hamás que se debe dialogar. Ello se debe a que sólo ellos comprenden que su visión puede no cumplirse de modo inmediato sino que la resolución última, en especial sus plazos y cronogramas, están en manos de Dios. Ello se contrapone a la visión laica, según la cual, son precisamente los religiosos los que carecen de toda capacidad de flexibilización de sus posiciones. Paradójicamente, desde esa visión laica, son los mismos laicos los que actúan más “religiosamente” al oponerse a todo diálogo con el Hamás.

 ¿Y los asentamientos? Los laicos en Israel están dispuestos a evacuar. Los religiosos se oponen, y sostienen que deben permanecer todos ellos bajo soberanía israelí. Los partidos de centro se han mostrado más pragmáticos: anexar los grandes bloques de asentamientos a Israel, evacuar el resto, transferir territorios bajo soberanía israelí a los palestinos en compensación por las anexiones. Del lado palestino, el presidente Mahmud Abbas ha expresado lo que ningún líder no judío se había atrevido a pronunciar desde Hitler: que ningún judío vivirá en el Estado palestino a crearse. Eso hizo correr un escalofrío por las espaldas de muchos judíos, que recuerdan el concepto de Judenrein, zona “limpia” de judíos de la Alemania nazi.

Sólo Menajem Fruman plantea un escenario que no sólo es pragmático sino que aparece como el único plausible: una Tierra de Israel en la que existen dos estados, uno palestino y otro judío, y en donde cada uno alberga una minoría nacional del pueblo vecino. Israel ya tiene un 20% de palestinos con ciudadanía israelí plena. Que el Estado palestino tenga un porcentaje de judíos con ciudadanía palestina plena, no debería poner los pelos de punta a nadie. Al fin y al cabo, los judíos han vivido en Eretz Israel siempre, hoy existe el Estado de Israel, y su propuesta no contradice en una sola coma a la promesa divina hecha a los Patriarcas hebreos. El cumplimiento de la promesa seguirá siendo esperado con ansias, pues habrá de llegar indudablemente, algún día.

 Es tan sencillo, que aun hoy nadie, salvo el fallecido Rabino Menajem Fruman de Tekoa, se atreve a hablar del asunto. Sin dudas, un pensador “extraño”, quizás demasiado adelantado a su tiempo.

 * Publicado en El Diario Judío, http://www.eldiariojudio.com, 13.3.13

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Bashar Assad, el incomprendido

Publicado por marcelokisilevski en febrero 8, 2013

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Muy bien, Bashar! Has presentado una queja formal en el Consejo de Seguridad contra el bombardeo israelí en tu territorio. Genial, o sea, puedes matar a más de 60.000 ciudadanos de tu país, fabricar armas químicas (nucleares ya intentaste, pero Israel te lo impidió, el muy maldito, y de la misma manera, lo cual ya empieza a formar un patrón psicopático), pasarle armas no convencionales a Hezbollah, todo eso sí te está permitido. No confíes mucho en el Consejo de Seguridad, Bashar: es que, sabes, el mundo es un lugar injusto…

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Algunas notas optimistas sobre las últimas elecciones

Publicado por marcelokisilevski en enero 30, 2013

Los dos ganadores, discurseando en simultáneo. Lapid, a la derecha, Netanyahu a la izquierda.

Los dos ganadores, discurseando en simultáneo. Lapid, a la derecha, Netanyahu a la izquierda.

Los israelíes están más optimistas. Quieren un estado judío y democrático en paz con sus vecinos, y la ola derechizante que se venía los terminó de hacer sentir incómodos, no sólo frente al mundo sino también ante sí mismos. No significa que automáticamente vayan a salir a festejar si se cierra el trato con los palestinos al día siguiente de formado el próximo gobierno. Después de todo, Yair Lapid, la nueva estrella de la política israelí, habla sólo de negociar. Es intransigente en el tema de Jerusalem, pero no dice nada de todo lo demás. Con lo cual se vuelve potable para la izquierda, pero también para Netanyahu. Es una política de abrir espacios y perspectivas. Eso es lo que quería y quiere el israelí de la calle: no cerrar puertas ni que se las cierren.

En las negociaciones coalicionarias en Israel se delibera siempre en torno a dos ejes: las políticas que tendrá el gobierno a formarse, llamadas “Línas básicas”, y el reparto de ministerios, comisiones parlamentarias y otros cargos. El tema político con los palestinos será discutido por Lapid en las negociaciones por las “Líneas básicas”. Las líneas iniciales de Netanyahu, enumeradas en su discurso triunfal, y en este orden, son también bastante laxas: 1) Impedir la nuclearización iraní; 2) Aumentar el reparto de la “carga” en el servicio militar (o sea, que los ultraortodoxos, paulatinamente, se sumen a él); 3) Responsabilidad económica frente a las crisis globales; 4) Responsabilidad por la seguridad, hacia una “paz verdadera”; 5) Lograr una baja en los precios de la vivienda. Él también está abriendo puertas, las más posibles.

Se lo acusa a Netanyahu de agitar temibles fantasmas para asustar al electorado y ganar su voto. Pero en estas elecciones, con aliados tan a su derecha, no sólo Liberman, sino el campo ultraderechista de “los Feiglin” que lograron invadir en las internas la propia lista de diputados del Likud, parece que el pudor le pudo también a él: el tema palestinos y el tema Irán estuvieron prácticamente ausentes en la mayor parte de las campañas. Como si Sheli Yajimovich, del Laborismo, hubiera triunfado en su desesperado intento de mover el eje de votación, del tema político-militar al tema socio-económico. El tiro le salió torcido: el grueso del electorado aceptó -probablemente por primera vez en la historia del país- votar por otra cosa que no sea el conflicto, pero eso no significó darle el voto a ella.

En resumen, en las líneas de Bibi aparecen ciertamente Irán y los palestinos, pero son dos puntos más, entre el resto, que hablan de una política con la mirada puesta hacia adentro. (Recuerdo alguna vez -no se me tome la palabra- en que había dicho algo así como: “Los 3 temas más importantes del país son: Irán, Irán e Irán”. No deja de ser un cambio).

Incluso Naftali Bennet de Habait Hayehudí, el partido de los ortodoxos sionistas de derecha, que logró duplicar su poder parlamentario, se mandó con un discurso que no fue triunfalista ni militarista. Su discurso luego de los comicios fue en cambio inclusivo, con el eje puesto en la necesidad de sanear el país de todas sus desigualdades, y retrotrayendo su agrupación a los tiempos en que también era fiel de la balanza entre izquierda y derecha. De la “Gran Eretz Israel” ni siquiera se acordó. No tendrá problema en sentarse en la mesa del gabinete con Lapid.

Este último, mientras tanto, exigiría hoy, según tapa del matutino Haaretz, la presidencia de la Comisión de Finanzas de la Knesset y el Ministerio de Vivienda, para ponerse en el centro de la acción reclamada hace ya un año y medio en la “Protesta de las Carpas”. La Comisión de Finanzas, la más importante de la Knesset, estaba hasta ahora en manos de Iahadut Hatorá, los ultraortodoxos ashkenazíes.

Meretz también duplicó su fuerza, de 3 a 6 diputados. Los árabes aumentaron un poco su índice de votación, reduciendo su boycot al juego democrático israelí. Los israelíes en general votaron más: 67,5% (frente al 65,2% anterior). Habrá más mujeres diputadas en la 19° Knesset: 27, en comparación con las 21 de la Knesset anterior.

Nuevos vientos, y varios, soplan en Israel.

 

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Se baraja y da de nuevo en Israel

Publicado por marcelokisilevski en enero 22, 2013

Prácticamente empate entre los bloques izquierda y derecha según boca de urna: Likud-Beiteinu: 31; Iesh Atid: 19; Avodá: 17; Bait Yehudí: 12; Shas: 12; Livni: 7; Meretz: 7; Yahadut Hatorá: 6; Jadash: 4; Raam: 3; Balad: 2. Bloque derecho: 61; Bloque izquierdo: 59. Si Lapid de Iesh Atid se pasa para Bibi, éste tiene 80, con opción a formar gobierno con menos partidos religiosos. Por eso, Lapid es la gran sorpresa y el gran ganador. Meretz más que duplicó su presencia en la Knesset, también buena noticia. Salud!

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Entrevista en “Libre Expresión”, FM Laser, Mar del Plata

Publicado por marcelokisilevski en septiembre 5, 2012

Entrevista extensa y jugosa (espero) con un servidor en el programa “Libre Expresión” conducido por Adrián Freijó en FM Laser de Mar del Plata sobre dos temas: 1) Política de Medio Oriente; 2) La Era Post-Salarial. La pasé bárbaro, me sentí como en casa. Gracias Adrián y Gustavo (el operador)! Pasen, vean y escuchen (tecnología buenísima!):
http://www.ustream.tv/recorded/25197706

(La entrevista empieza en el minuto 27)

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La crítica a Israel: aclarando los tantos

Publicado por marcelokisilevski en enero 25, 2012

Mi último post armó una pequeña bataola que no ha hecho más que alimentar mi ego. Los apoyos y las críticas han venido de todos los costados, como si se tratara de una especie de manifiesto político. Yo en realidad lo escribí como un post más, tomando café en Aroma y mirando gente pasar, como si nadie fuera a leerlo. Me tendré que hacer cargo, y aclarar varios puntos:

1) No fue una diatriba contra los dirigentes comunitarios. En cambio, fue una propuesta para mejorar. La calidad o no de los dirigentes queda a juicio de cada comunidad (tampoco hablé de ninguna en particular sino de tendencias generales), pero para entenderme a mí hay que leer posts anteriores. Pues ya lo he dicho y repetido: creo que los dirigentes son personas que activan con el alma, con su tiempo y con su dinero. Mientras podrían estar veraneando en Montecarlo (algunos) o rompiéndose el alma de sol a sol porque el sueldo no alcanza (otros) ellos van a la comunidad a deshoras para que los marcos funcionen. Todo lo que quieren a cambio es reconocimiento, que los aplaudan. O sea, quieren que los amen por cosas buenas que hacen. No es un precio muy alto el que exigen, y además, ¿no es acaso lo que queremos todos?

Muchos hacen un excelente trabajo, otro menos, muchos estudian y se profesionalizan. Sí, ya sé que hay casos de corrupción, como lo hay en todo, pero también hay que entender que se trata de una arena política, con sus propias reglas de juego, y no se puede tildar a todos de corruptos. A la larga, sin que se les agradezca demasiado, los dirigentes comunitarios voluntarios, esa raza incomprendida, son los que mantienen la comunidad funcionando. (Sí, ya, ahora los profesionales de las comunidades se me echarán encima. Todo bien.) Pero todo esto no implica que sean incriticables.

2) Crítica a Israel I: ¿cuál fue entonces la “propuesta para mejorar”? Que se separe el contenido, de la política de gobierno comunitaria. Descalificar a un judío progresista como antisionista ante cualquier crítica a Israel puede estar bien para un debate de café, incluso de salón. Pero como política a seguir no es muy afortunado, ni moral ni tácticamente, en especial si se quiere atraer a los jóvenes. La propuesta es sencilla: abrir los espacios para que, sin descalificar a nadie, se digan unos a otros lo que quieran. Eso también incluye presupuestos y estructuras. No hay atajos. No alcanza con decirles “escriban un blog”.

3) “No se permite el disenso”: Me dicen que no es cierto una de las razones del alejamiento de los jóvenes de la comunidad sea el monolitismo de opinión. Me dicen que el tema es más complejo. Debe ser. Pero yo no me lo inventé, lo juro. Lo escucho de jóvenes que pasaron por mis charlas y seminarios, y de antiguos janijim de años, que han atestiguado un proceso de vaciamiento y/o que ellos mismos se han sentido excluidos.  También otros colegas en las comunidades han coincidido conmigo. Pero quien quiera aportarme diagnósticos más diversos en cada país, estaré profundamente agradecido.

4) Crítica a Israel II: Hacia adentro y también hacia afuera. Un viejo caballito de batalla desde el establishment comunitario es: “podemos criticar a Israel, pero puertas adentro, en casa, porque si se critica afuera, eso le da pasto a los leones antisionistas-antisemitas”. Pues bien: eso se acabó. A quienes siguen sosteniendo el argumento les tengo noticias: en la era de la globalización, internet y facebook, las paredes de la “casa” son transparentes.  Y además, los antisionistas-antisemitas no necesitan de nuestro pasto, se las apañan bien solos. La solución no es acallar las voces críticas “porque se las escucha afuera” sino salir también afuera y contestar. Ello, con dos condiciones, desde mi punto de vista: que se critique para mejorar, y que sea con una sólida base informativa. Veamos.

5) Crítica a Israel III: Desde el amor. Suena cursi, lo sé, pero criticar a Israel desde el amor, y no desde la deslegitimación, son mis líneas rojas, la cancha dentro la cual yo juego este juego. Cito por enésima vez al rabino Marshal Meyer Z”L: “Se critica lo que se ama”. Yo critico las políticas del gobierno de turno de Israel (y no a “Israel” como si fuera un ser uniforme con conciencia única) porque quiero que Israel sea mejor, no para que desaparezca.

Israel puede estar gobernado por personas que pueden equivocarse, pero es ante todo la expresión de una revolución popular en el más izquierdista, derechista y centrista sentido de la palabra. Y el hecho de que sea un país espectacular -que lo es- no debe ser una traba para querer mejorarlo.

En cambio, atacar a Israel por todo lo que hace, sin señalar logros, comprando el argumento de que es un país “ocupante y opresor” por esencia, es de mala leche. Es buscar siempre por dónde se lo puede atacar… a pesar de todo.

Pequeño ejemplo: no muchos se han percatado de que hace varios años, por lo menos desde 2004 (fallecimiento de Arafat), ya no se habla más de los sufrientes “palestinos” sino de la sufriente “Gaza”. Eso se debe a que la Autoridad Palestina en Cisjordania bajo Mahmud Abbas ha emprendido un camino diferente: está gobernando para su gente, desarrollando la economía, el trabajo, la educación. El conflicto violento con la ANP gobernada por el Fatah se puede dar por concluido por ahora, abriendo la histórica oportunidad de cerrar trato, dejando aislada a la Gaza del fundamentalista (y reaccionario) partido Hamás. Si yo hago mi crítica porque el proceso de paz está frenado, lo hago hacia ambos liderazgos, el de Netanyahu y el de Abbas, pero se trata de una crítica coyuntural.

Quiero decir: si Israel es el mismo “opresor de palestinos” tanto hacia el este como hacia el oeste, pues no puede ser un monstruo de dos cabezas, ¿por qué trata diferente a Cisjordania que a Gaza? La diferencia son los palestinos mismos, no Israel. En Cisjordania bajo el partido Fatah existe un proyecto de construir un estado palestino, y en Gaza existe otro proyecto, el de destruir a Israel. Es contra los misiles y el terrorismo que llegan desde Gaza que Israel se defiende, no contra el pueblo palestino, con el que Israel no tiene problema alguno. Pero el hecho de que haya un bloqueo en Gaza, que hoy se reduce a armas y personas, ya alcanza para atacar a “la entidad sionista” como un todo.

La crítica a Israel es antisemita cuando, de todos los conflictos que hay en el mundo, en todos los cuales hay fuertes y débiles, el único en el que se propone como solución que una de las partes desaparezca es el que mantiene el estado judío, hoy en día sólo con Gaza. Cuando el Hamás siente cabeza y este conflicto también desaparezca, se llamará a la destrucción de Israel por matar vacas para hacer bifes. Algo habrá que encontrar…

6) Criticar a Israel IV: Desde el conocimiento. Lamentablemente, mucha gente que en otras áreas critica de modo conciente, en el tema de Israel lo hacen desde una pasión “derecho-humanista” pero ignorante. Y esto, lamentablemente, incluye a muchos jóvenes judíos que se ven a sí mismos como progresistas.

Ejemplo, más breve que el anterior: ¿cómo se puede ser progresista y apoyar a los movimientos fundamentalistas como si fueran “luchadores contra el imperialismo yanqui y por la justicia social”? Esto es ideológicamente aberrante, por no decir imbécil. El resultado es que la ideología que se ve a sí misma como la más progresista y de avanzada del mundo, blanquea y se alía con la ideología que, dicho en los términos marxistas más ortodoxos, es la más reaccionaria, la más violadora de los derechos humanos, la más feudal y la más retardataria de la historia. Pero para entenderlo, hay que estudiar islam y jihadismo, y eso, parece, ya da mucho trabajo. El islam fundamentalista es demasiado peligroso para dejarle el combate sólo a la derecha. Ese es el principal pecado de la izquierda actual. Pero no se preocupen: no vamos a llamar a su destrucción…

El problema es dinámico y no estoy repartiendo culpas: si los jóvenes judíos no encuentran su lugar en la comunidad, por las razones diversas que sean, mal se les puede exigir que les guste el tema Medio Oriente y que lo investiguen. Es un tema tan complejo que abarca incluso el sexo. Como se lo dijo un universitario judío a un educador israelí -y de izquierda- especialista en Medio Oriente: “Tienes que entender: si yo hablo bien de Israel en mi universidad, no me encamo más”. Entre nos, los puedo entender, pero el resultado de este “antisionismo sexual” es que los jóvenes judíos se pliegan a una corriente que legitima la ignorancia y se autoconvencen de criticar a Israel como “brazo del imperialismo yanqui” para no verse excluidos también allí.

En resumen, se les puede pedir a los jóvenes que se informen, y también se puede esperar que las comunidades abran espacios formativos donde el disenso tenga cabida junto con el aumento del caudal informativo. El proceso ya ha comenzado:  existen seminarios de los que soy parte, organizados por CLAM (Confederación Latinoamericana Macabi) en sociedad con todas las comunidades iberoamericanas, por ejemplo, en los que buscamos complejizar, debatir, y en especial informar mucho.

El desafío sigue siendo llegar a los jóvenes alejados, que en muchos casos quizás ni se enteran de estos seminarios, y volver a despertar en ellos un interés apagado por algo que, a la larga, les toca y les pertenece.

 

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Entre el sionismo y los valores universales

Publicado por marcelokisilevski en enero 23, 2012

Hay muchas buenas causas por las cuales luchar en Israel, y los judíos de la Diáspora no deberían quedarse fuera. Manifestación contra el racismo, en la que participaron israelíes "blancos" junto a los judíos etíopes.

Ante el clima enrarecido en Israel, las comunidades judías deberían liderar un nuevo paradigma: la distinción entre el derecho a la existencia de Israel como estado judío por un lado, y la posibilidad de criticar -desde la diáspora y en público- al gobierno israelí de turno por el otro. Su monolitismo de opinión es lo que está alejando a los jóvenes, no sólo de su identidad sionista, sino de todo marco comunitario judío. 

El ministro de Inteligencia, Dan Meridor (Likud) fue el único ministro que votó ayer domingo en contra de la ley que extiende la Ley de Ciudadanía, que prohíbe la reunificación familiar entre árabes israelíes y palestinos de la Margen Occidental y de la Franja de Gaza. La ley fue extendida en un año más debido al “aumento del peligro a la seguridad”.

“Tomen el caso de una persona de Kiriat Arba (en Cisjordania) que se enamora de una persona en Haifa. Si ambas personas son judías, podrán vivir en Haifa. Si son árabes, no podrán hacerlo. Es algo con lo que no puedo conciliar. Sé que la Corte Suprema falló que es una ley constitucional, pero eso no significa que tengamos que sancionarla. Es una ley discriminatoria que no aporta un ápice a la seguridad del estado, sino sólo afecta a los árabes”. Palabras de Dan Meridor.

El hecho de que las voces de la derecha democrática israelí todavía se animen a hacerse oír, es una buena noticia. Gente como Benny Beguin, Meridor y el propio Netanyahu cuando no lo aprietan por derecha, deberían gritar más fuerte. En una coyuntura donde se proponen leyes antidemocráticas como si los enemigos de la democracia israelí hubieran sido dotados de una metralla de matonerismo político, la protesta se hace urgente.

La lista de propuestas de ley que descansan sobre los escritorios de los parlamentarios -todavía no aprobadas pero en proceso activo- es preocupante:

* Ley para acallar los llamados a la plegaria musulmana porque “molestan al medio ambiente”.

* Ley de calumnias, ya sancionada: un político podrá demandar por centenas de miles de shekels a un periodista si se siente calumniado.

* Ley de la Naqba: un ciudadano que conmemore o siquiera mencione públicamente a la Naqba (la evacuación en masa de árabes en la Guerra de Independencia, que marcó el inicio del problema de los refugiados palestinos), será arrestado.

* Quien niegue la existencia del Estado de Israel como estado judío y democrático, será arrestado.

* Ley de las ONG, apuntada a poner bajo la lupa a organizaciones de derechos humanos israelíes, según la cual toda ONG que recibe financiación del exterior deberá reportarlo al Registro de Partidos Políticos.

La lista sigue, pero valga la muestra. Las leyes fueron propuestas por diputados como David Rotem, Anastasia Mijaeli, Zevulún Orlev, todos de partidos a la derecha del Likud: Israel Beiteinu, Ijud Leumí, Habait Haiehudí.

El actual gobierno tiene una línea roja: la exclusión de mujeres. En este asunto, Netanyahu ha sido claro en la necesidad de combatir el fenómeno y de no permitir ninguna violación a la ley en este contexto. El gobierno también ha condenado el racismo callejero, lumpen, contra los judíos etíopes, aunque no haya tomado aún medidas concretas. En el resto, Bibi deja a sus adláteres continuar con esta danza diabólica a su gusto y piacere.

Los judíos fuera de Israel observan este espectáculo con perplejidad. Ellos se debaten entre su fidelidad al Estado de Israel como expresión del derecho de autodeterminación del pueblo judío, y sus valores universales. Las actitudes que han adoptado en el mundo anglosajón son dos: apoyar a ONGs israelíes que luchan por el perfil democrático y liberal de Israel, incluso llegando a formar asociaciones que apoyan la solución política -ya aceptada incluso por el Likud, aunque todavía no implementada- de dos estados para dos pueblos. Los ejemplos son J-Street en Estados Unidos, o las israelíes Keren Yerushalaim, la Asociación por los Derechos Civiles y similares.

El espíritu de este apoyo es absolutamente sionista, tal como lo expresó una joven judía australiana: “Es nuestra manera de apoyar a nuestros hermanos judíos en Israel”. Pero si se votan leyes dracónicas que cuestionen este apoyo como “antiisraelí”, los israelíes que acepten sus donaciones estarán violando la ley, y los judíos de la diáspora, con todo su amor sionista, estarán actuando como cómplices de delito.

La otra actitud que se adopta en la diáspora, en especial en la generación joven, es el abandono total de Israel. Dicho con todas las letras, es un país del que se avergüenzan. El problema para las comunidades es más grave aún, sobre todo en aquellos lugares donde Israel ocupa un lugar central en la identidad judía: los jóvenes no sólo se despegan de Israel, sino que se alejan por ello de todo marco comunitario judío pues, dicen: “La comunidad está llena de fachos”.

En las comunidades latinoamericanas, la opción de permanecer en la identificación con Israel pero defendiendo sus valores progresistas, humanistas y democráticos, enfrentando a los sectores derechistas tanto de su comunidad como de Israel, no ha prendido aún. Por lo tanto, lo que viene primando es la segunda actitud, es decir, la del alejamiento total de toda cosa que huela a judío o, en el mejor de los casos, a sionista, pues los jóvenes han “comprado” la resignificación del vocablo como insulto.

Si este es el caso, los jóvenes judíos participan de marcos judíos donde Israel queda fuera, porque es un tema incómodo. El judaísmo pasa a ser un tema individual, que hay que combinar con valores ligados a la globalización. Se hacen talleres artísticos, muestras de fotografía y festivales de cine judío. Se habla mucho de la defensa del medio ambiente desde la perspectiva de la visión profética de “tikún olam”, la reparación del mundo. ¿E Israel? Bien, gracias, si Netanyahu y sus amigos saben tan bien lo que hacen, que se las arreglen sin nosotros. Les deseamos suerte, pero no nos llamen más.

Las comunidades judías deberían hacer un esfuerzo al que no están acostumbradas: distinguir su apoyo a la existencia del Estado de Israel como expresión de la autodeterminación judía, cosa que es posible y nuevamente urgente apoyar, primero y principal desde una posición de izquierda bien entendida, y su apoyo a las políticas del gobierno de turno.

Deberían abrir el debate y los espacios de participación para que los derechistas y los izquierdistas puedan criticar al gobierno de turno del Estado judío, tanto dentro como fuera de las “paredes” de la comunidad, sin por ello sentirse parias de la comunidad. Deberían llamar a sus jóvenes a no abandonar la arena del debate, entendiendo que el monolitismo de opinión, tanto en este como en otros temas, es lo que está vaciando a las comunidades de sus jóvenes.

Israel es demasiado importante como para dejarlo en manos de un solo sector de su espectro político. Sería una lástima que el país se aleje de los valores que le dieron origen debido a la prepotencia y el autoritarismo de un gobierno que todavía puede ser reemplazado. Demasiados judíos en el mundo podrían abandonarlo y entonces sí, la “empresa sionista” toda podría bajar la persiana.

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Bibi, el granjero holgazán

Publicado por marcelokisilevski en mayo 14, 2011

El granjero Bibi lo tenía todo. Coalición, casi nada de terrorismo, florecimiento económico. Sólo se olvidó de arreglar ese techo...

Se cuenta de un granjero. En el techo del granero tenía un agujero enorme que, cuando llovía, mojaba la paja, y ponía nerviosa a la vaca y a la cabra que buscaban allí inútil refugio. Su mujer ya estaba cansada de pedirle que arregle el bendito agujero. Cuando había sol, su marido le contestaba: “¿Para qué? Hay sol, no hay problema.” Y cuando llovía: “¿Estás loca? ¿Con esta tormenta?”

Parece que así se han comportado los gobiernos israelíes a lo largo de la historia respecto de los palestinos: los tiempos de terror e Intifadas han sido de defensa y represión, sin lugar a negociaciones de paz, pues hay tormenta. Los tiempos de relativa calma han sido disfrutados sin tomar acciones estratégicas que perpetuaran esa calma.

Veníamos bien

Desde la muerte de Arafat en 2004, la Autoridad Palestina liderada por Mahmud Abbas (Abu Mazen) ha emprendido otro camino que el del bodevilesco líder de la kefía y la pistola al cinto. Junto con su primer ministro, Salam Fayad, Abu Mazen se dedicaba a los problemas de la sufrida calle palestina: sanear la economía, construir una clase media que garantizara una transición democrática; la cultura del tiempo libre comienza a crecer en Cisjordania, e incluso se construye una nueva ciudad: Rawabi. Analistas han sugerido que la nueva ciudad es un intento de comenzar a buscar respuesta al retorno de los refugiados palestinos en el futuro estado.

Los años de relativa calma en Cisjordania desde las últimas elecciones tuvieron que ver con eso, también con la Cerca Separadora y también, en especial, con la cooperación en materia de seguridad entre la policía y los servicios de inteligencia palestinos con sus paralelos israelíes. El terrorismo, en especial a partir del golpe perpetrado por Hamás en 2007, provenía casi exclusivamente desde la Franja de Gaza.

El cisma era no sólo entre dos territorios, Cisjordania y Gaza, sino entre dos paradigmas: el nacionalista laico en el primero, más occidentalizado, y con el que Israel podía hablar, y el fundamentalismo islámico en Gaza, encerrado en su dogma islámico, negador de toda soberanía no musulmana sobre Palestina.

La prueba de esta división casi insalvable se dio en 2009, durante el operativo “Plomo Fundido”: ante el férreo ataque israelí, hubiera cabido esperar el estallido de una tercera intifada en la Margen Occidental, impulsada por el Fatah de Abu Mazen o, quizás, por su líder encarcelado -y que espera pacientemente su retorno del cautiverio- Marwan Bargutti. Sin embargo, nada de esto ocurrió. Fuera de declaraciones de condena “para cumplir”, el liderazgo y la calle palestina en Cisjordania esperaron ansiosos la destrucción del Hamás por Israel.

La reducción del conflicto

A nivel estratégico se abría una oportunidad colosal: la creación de un estado palestino limitado a Cisjordania, para dejar aislada a la Franja de Gaza. La ocasión era estratégica y también colosal por varios motivos.

Primero: el histórico conflicto árabe-israelí se vería reducido nuevamente. Ya en 2002, con el “Plan Saudita”, que contempla siquiera la posibilidad de una “normalización de relaciones” entre todos los países que componen la Liga Árabe e Israel, el histórico conflicto se vería reducido de “árabe-israelí” a “palestino-israelí”. Si se crea un estado palestino en Cisjordania, estaríamos pasando de “conflicto palestino-israelí” a “conflicto Gaza-israelí”.

Segundo: la creación de un estado palestino, y el reconocimiento de sus fronteras seguras y reconocidas, incluido Jerusalem oriental como su capital, implica también, como lo menciona el profesor Shlomo Avineri de la Universidad Hebrea de Jerusalem esta semana en Haaretz, la culminación del delineamiento de las fronteras de Israel, lo cual no ha sido logrado aún en sus 63 años de historia. En el momento de tener fronteras seguras y reconocidas, y Jerusalem occidental sea reconocida como la capital de Israel, las embajadas del mundo “subirán” también a esta ciudad. No sólo los reclamos palestinos -reconocidos y comprendidos por el mundo- comenzarán a llegar a su fin, también los del mundo.

Tercero: es la garantía de la continuidad de Israel como estado judío y democrático. Quienes se oponen a un estado palestino olvidan que la opción es un estado binacional sobre toda la Tierra de Israel (o Palestina) histórica. En tal estado, las opciones serían entre estado democrático -que podría tener mayoría árabe, lo cual implica el fin de la empresa sionista- o estado judío, lo cual es inaceptable, judaica y moralmente hablando, pues implicaría que la futura mayoría árabe no tenga derecho al voto. Sería ni más ni menos que la “sudafricanización” de Israel.

Cuarto: sería dejar de estirar lo que ya se ha convertido, aunque sea a nivel teórico o discursivo, la política de estado de Israel, a saber: dos estados para dos pueblos. Si ya Netanyahu lo había declarado en su Discurso de Bar Ilán, ¿por qué no plasmarlo de una vez?

Pero él mismo ha desperdiciado todos esos años de no terrorismo proveniente de Cisjordania, (hay sol, hay coalición, no hay terrorismo, ¿para qué mover un solo dedo por arreglar ese techo?) y ahora, con el acuerdo de reconociliación entre Fatah y Hamás, nos acercamos a una nueva tormenta.

Dicho sea de paso, se trata de un agujero colateral en el techo: antes no se podía cerrar trato con los palestinos porque no estaban unidos, y por lo tanto no hay un líder que pueda respaldar lo que firma; pero ahora que están unidos tampoco se puede, porque Hamás no reconoce a Israel, no renuncia al terrorismo y porque será una puerta abierta para que Irán hinque sus dientes también sobre Ramallah. Un Bibi histérico recorre el mundo con este mensaje, que lo dibuja como cualquier cosa menos como un líder cuerdo.

Para este fin de semana, los palestinos prepararon un “Día de la Naqba” especial. Ayer viernes ya comenzaron las manifestaciones, convocadas mayormente por facebook, y su punto culminante sería el domingo, donde los organizadores esperan que sea el disparo inicial de una nueva Intifada. Por primera vez en años, manifestantes del Hamás, con todo y banderas, han desfilado por las calles de Hebrón y otras ciudades, con anuencia de la Autoridad Palestina.

Si de frases hechas se trata

A favor del equilibrio, digamos que los palestinos no son mejores. Con mucho esfuerzo -y presión de Obama- lograron que Bibi congelara por diez meses la construcción en los territorios. En lugar de acercarse corriendo a la mesa de negociaciones, la misma Autoridad Palestina de Abu Mazen desperdició todos esos meses reclamando que el congelamiento se extendiera también a Jerusalem. Tácticamente era inútil. Estratégicamente resultó estúpido.

Es cierto, si hablamos de frases hechas: los palestinos no pierden oportunidad de perder la oportunidad. Y que entienden sólo por la fuerza.

La verdad es que Israel también sabe perder oportunidades. Y también, que este país también entiende sólo por la fuerza. Así como la paz con Egipto llegó después de la Guerra de Iom Kipur, vivida como una derrota moral; así como los Acuerdos de Oslo llegaron después de la primera Intifada, la nueva crisis que parece avecinarse entre mayo y septiembre abrirá quizás paso a una paz que será dolorosa.

A nivel de procesos macro, a los tumbos, hacia eso vamos. A nivel micro, parece que los tiempos políticos tardarán un poco, todavía, en madurar. Nos espera por delante lo que pase este fin de semana, quizás una nueva Intifada o un intento, y en septiembre la declaración del reconocimiento al estado palestino en la ONU. Habrá rechazos, habrá violencia, habrá muertos. Israel volverá a ganar la batalla, habrá esfuerzos de esclarecimiento por explicar al mundo que se trató de legítima defensa contra el terrorismo, lo cual será cierto, y luego “perderá” en la negociación.

Pero Israel logrará verla, como lo vio Beguin en 1979, como una victoria. Pues, si todo esto es cierto, implica que Bibi el buen granjero no quiere ni puede ver la imagen completa, y por lo tanto necesita ayuda. Aquí con una Intifada, allí con una declaración en la ONU, más allá con un plan de Obama, que también está al caer.

Quizás, después de este año tórrido, emerjamos al 2012 con el techo arreglado. La pregunta sigue siendo el precio en tiempo, dinero y sobre todo en vidas humanas, que se pagará todavía en el camino.

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