Breve reflexión sobre Olmert

Por Marcelo Kisilevski

El ex Primer Ministro Ehud Olmert fue hallado culpable de soborno por el Juzgado de Distrito de Tel Aviv, en el caso de la construcción del monstruoso complejo edilicio que arruinó el paisaje de Jerusalén, conocido como Hollyland. Falta saber la condena, y fuentes policiales me cuentan que es probable un mínimo de cuatro años en la cárcel. Junto con él fueron sentenciadas unas diez personas más, entre ellos su Directora de Despacho Shula Zaken y el ex alcalde de Jerusalén, Uri Lupolianski.

Una querida amiga israelí posteó entonces en nuestro grupo de whatsapp: “Intentaron hacerme una broma pesada por el 1° de abril (el equivalente al Día de los Inocentes en Israel). Me dijeron que existe un país en el mundo en el que un Presidente está preso, un ex Primer Ministro lo estará, una Directora del Despacho del Premier también lo estará, un ex ministro de Economía (Hirschzon) estuvo en la cárcel, un ex Ministro del Interior (Arieh Deri) estuvo en la cárcel, ministros de gobierno y parlamentarios estuvieron presos también, un alcalde de Jerusalén (Olmert) estará en la cárcel, y la lista continúa y es larga… Por suerte no soy ingenua y no me lo creí… No es posible que exista semejante país”.

Le contesté, y lo comparto: “En cambio para mí son excelentes noticias. Si ustedes (los israelíes) se quejan, es porque no tienen idea de lo que ocurre ahí afuera. Imagínense un país en el que todo político roba y no lo atrapan, no pasa un solo día de su vida en la cárcel y se ríe de todos todo el tiempo, al tiempo que refriega su riqueza robada en la cara de todos los ciudadanos en sus apariciones mediáticas. No es una broma de 1° de abril. Yo crecí en uno así, y es realmente triste. La frase ‘Será justicia’ no es obvia, un poco de orgullo puede venir bien también hoy.”

Mi amiga honestamente me contestó: “Ah, caramba”.

Comunidad judía de Palestina: ¿por qué no?

POR MARCELO KISILEVSKI

Por primera vez en las negociaciones sale a la luz la posibilidad de que los colonos judíos en los asentamientos en los territorios de Cisjordania, aquellos que no sean anexados a Israel, permanezcan en sus casas y vivan como ciudadanos comunes del futuro estado palestino. Esta vez es la reacción palestina la que pone de manifiesto una de las grandes paradojas del proceso negociador. 

JudiosArabes

“Vecinos llaman a la paz”. Judíos y árabes manifiestan por la convivencia del lado israelí. ¿Próximamente en Palestina?

La noticia fue tapa ayer, cuando la agencia de noticias francesa AFP citó a una alta fuente gubernamental según la cual el premier israelí Netanyahu “cree que en la paz, así como en Israel existe una minoría árabe, no existe razón lógica para en el estado palestino no haya una minoría judía, y que a los judíos que viven hoy en Judea y Samaria (Cisjordania) se les otorgue la posibilidad de quedarse allí”.

Por estas playas todos, a uno y otro lado de la Línea Verde, pusieron el grito en el cielo, y ahora veremos las razones. Pero cabe recordar que la incógnita de “qué hacer con los colonos” ya flota en el aire desde el primer día en que Israel, de la mano de Ehud Barak en Camp David versión 2000, instalara el principio de “intercambio de territorios”.

Según este principio, Israel anexaría ciertos bloques de asentamientos, cercanos a la Línea Verde, y entregaría todo lo demás. El cálculo grueso es de integrar a Israel a unos 150 mil colonos, y nada se decía de los restantes 200 mil. A cambio, Israel entregaría a Palestina, territorios actualmente bajo soberanía israelí, pero no poblados.

Con los años hubo insinuaciones de escenarios futuros. Se dice que si Ariel Sharón no hubiera caído en coma, habría continuado la retirada unilateral también en Cisjordania. Y que si su continuador Ehud Olmert no se hubiera enredado en la aventura de la Guerra del Líbano II en 2006, habría puesto en marcha un plan que ya tenía nombre: Operativo Convergencia.

En 2008, Olmert mostró al presidente palestino Mahmud Abbas (Abu Mazen) un mapa con ocho bloques de asentamientos que serían anexados por Israel y los territorios que serían entregados a cambio, a Palestina. Abbas pidió consultarlo, pero Olmert le dijo que era la línea roja y rehusó entregarle el mapa secreto, que fue filtrado por el diario Haaretz. Como quiera que sea, si bien el mapa de Olmert implica anexión, también significa la disposición tácita a renunciar a todo lo demás.

Un fantasma recorre Cisjordania

Ya el entonces presidente norteamericano George Bush hijo, durante el mandato de Ariel Sharón, había dado su beneplácito a Israel para la anexión -siempre a cambio de otros territorios- de tres de dichos bloques: Gush Etzion en el sur, Maalé Adumim al este de Jerusalén, y la ciudad de Ariel y alrededores en el norte de Samaria. Desde esa posición negocia desde entonces Israel: la anexión de los bloques es explícita; la renuncia a 200 mil colonos y sus asentamientos es tácita, pero siempre estuvo ahí.

El único que parecía advertir el problema parecía ser el Rabino Menajem Fruman de Tekoa, en el sur de Cisjordania, que hablaba de paz con imanes musulmanes, y que proponía la permanencia de los colonos en sus casas en un futuro arreglo.

Fuera de eso, el interrogante flotaba como un fantasma del que nadie hablaba: qué hacer con los colonos, pues, a la luz de la Desconexión de Gaza en 2005, queda claro que será técnica y políticamente imposible evacuar a todos. De repente sale la voz oficial: es un interrogante que habrá que resolver, dijo la fuente del Despacho del Primer Ministro en Jerusalén, y el premier no se opone a que permanezcan en sus lugares bajo soberanía palestina. Nada dijo de qué ciudadanía habrían de adoptar, ni de miles de detalles más, pero la piedra ya fue lanzada.

Del lado israelí, la derecha ya se ocupó de poner a Netanyahu en el banquillo de los acusados de alta traición. Naftali Bennett, líder del partido religioso nacional “La Casa Judía”, miembro de la coalición, dijo que “las palabras citadas son muy graves y demuestran una pérdida de cordura y de valores. Dos mil años de añoranza por Eretz Israel no pasaron para que vivamos bajo el gobierno de Abu Mazen”. Así se refirieron también personeros del ala derecha del propio Likud, como el vice ministro de Defensa Dany Danón y el vicecanciller Zeev Elkin, que hace ya un buen tiempo se la tienen jurada al titular de su partido.

Con todo, y a pesar de que como siempre no ofrecen solución alternativa al embrollo, las reacciones de la derecha israelí son previsibles. Lo que grita al cielo, en cambio, es la reacción palestina. El jefe del equipo negociador palestino, Saeb Erekat, fue contundente: “Todo aquel que hable de dejar a los colonos judíos en el estado palestino, de hecho está diciendo que no quiere un estado palestino. A ningún colono le será permitido permanecer en el estado palestino, ni siquiera uno, dado que los asentamientos son ilegales y la presencia de los colonos en territorios ocupados es ilegal”.

Es decir: mientras que Israel mantiene la igualdad de derechos de su minoría árabe, mientras también se le exige recibir a los refugiados palestinos, a los palestinos les está permitido negarse a poseer una minoría judía en su futuro estado, y las razones escapan a toda lógica.

Cuando el débil siempre tiene razón

¿Qué pasaría si los judíos que actualmente viven en territorio de lo que será el estado palestino pasan por un proceso de integración, anulando las desigualdades y ateniéndose a las nuevas leyes? Algunos dirán que se tratará de una minoría hostil, pero recordemos que la mayoría musulmana en el futuro estado palestino tampoco les será exactamente amigable. Así que dejemos eso por un momento y hablemos de principios.

Las negociaciones entre Israel y el futuro Estado de Palestina son las únicas en las que las exigencias de una parte son que millones de habitantes propios, pasen al territorio del adversario. En efecto, los palestinos tienen muchas exigencias que implican traslado masivo de población, luego que durante décadas vienen denunciándolo como violatorio de los derechos humanos: nos solamente millones de palestinos a los que llaman refugiados (a los que se han negado sistemáticamente a integrar, dar bienestar, vivienda, etc.) deberán pasar a Israel, en el marco del derecho al retorno palestino, sino que cientos de miles de judíos deberían abandonar Palestina y retornar al lado israelí.

Cuando se señala que la postura de Abu Mazen y Saeb Erekat de que “ningún judío permanecerá en territorio palestino” rememora el Judenrein de Hitler, los propalestinos se rasgan las vestiduras: no se puede comparar a Hitler con Abu Mazen. ¿Por qué? Porque los palestinos son la parte débil y Hitler era el poder, y porque los colonos viven como reyes y armados hasta los dientes, hacen vandalismo, etc. Pero en el marco de la paz, esto será modificado y los palestinos pasarán a ser el poder. Mientras tanto, en el altar de la debilidad palestina, la izquierda cae en la justificación de todas las atrocidades palestinas, tanto las de violencia física como las de violencia retórica. Y esto es violencia retórica.

A mis amigos de la izquierda les digo: la debilidad no otorga automáticamente la razón. Pues lo que están planteando los palestinos es un escenario para cuando dejen de ser débiles, para cuando posean en sus manos una maquinaria estatal igual a la de cualquier país, con poder para reprimir, para controlar, para dar ciudadanía o expulsar, para dar bienestar o para decidir sobre la vida y la muerte de sus habitantes. Yo también quiero el estado palestino y que dejen de ser débiles. ¿Pero qué diremos entonces de su ideología de no permanencia de judíos?

Los colonos deberán pensar qué harán en la perspectiva, por ahora lejana, de un estado palestino que quizás los incluya. Los palestinos, por su parte, deberán dar explicaciones: ¿por qué se oponen al nacimiento de la comunidad judía de Palestina?

Murió un duro entre los halcones de la política israelí

POR MARCELO KISILEVSKI

Tenía 85 años. Y fue uno de los últimos veteranos que fundaron Israel. Ex general, ministro de Defensa y premier, estaba en coma desde hacía ocho años. Fue una figura intensa y controvertida.

Image TEL AVIV. ESPECIAL PARA CLARIN – 12/01/14 Dejó de respirar, luego de ocho años de coma, quien fuera uno de los políticos más famosos y controvertidos de la historia israelí, Ariel Sharon. Fue uno de los últimos veteranos que fundaron el país junto con David Ben Gurion, y que acompañaron como el asesinado Yitzhak Rabin, o el presidente Shimon Peres, la historia de Israel desde sus comienzos. En diciembre de 2005 cayó en coma, luego de dos infartos cerebrales. Una insuficiencia renal lo llevó al colapso primero y al final después. Sharon nació como Ariel Sheinerman en el poblado de Kfar Malal, en 1928, en una familia de pioneros agrícolas provenientes de Rusia. En 1945 se incorporó a la Haganá, la principal milicia clandestina judía en la Palestina del Mandato Británico, que luchaba contra la potencia colonialista y contra las milicias árabes locales. La Guerra de Independencia, en 1948, lo encontró como comandante de pelotón, y fue herido de gravedad en la batalla de Latrún. Al parecer, la herida sería fundacional en su ideología y en su accionar posterior. En la Guerra de los Seis Días, en 1967 fue factor clave, al frente de la División 38, en la conquista de la Península del Sinaí de manos de Egipto. La Guerra del Día del Perdón, en octubre de 1973, fue la última guerra de invasión emprendida por Egipto y Siria, pero que tomó por sorpresa a la mayoría de los israelíes y al gobierno de Golda Meirpreso de una concepción según la cual los países árabes ya no se atreverían a atacar a Israel. Luego de una desventaja inicial, Sharonimpulsó y condujo un audaz operativo, resistido en principio por el alto mando, para cruzar el Canal de Suez pasando entre fuerzas egipcias, lo que empujó a El Cairo a pedir el alto el fuego. Pero uno de los episodios que más trascendieron al mundo fue el papel de Sharon como Ministro de Defensa durante la Primera Guerra del Líbano en 1982. Uno de los incidentes más graves fue la matanza de palestinos por las falanges cristianas en los campos de refugiados de Sabra y Chatila. La comisión investigadora israelí Kahanadeterminó la responsabilidad indirecta de Sharon y del propio Menajem Begin (“No se les podían haber escapado los hechos de las falanges”, rezó el informe), que un año después renunció y se retiró de la política hasta su muerte. Sobre Sharon, la comisión r ecomendó que no se le permitiera retomar Defensa. Nada dijo de la posibilidad de que fuera Primer Ministro. En 2000, luego del fracaso de las conversaciones de Camp David entre el premier israelí Ehud Barak y el presidente palestino Yasser Arafat, Sharon efectuó como jefe de la oposición una resonante visita al Monte del Templo, donde se halla la Mezquita de Al Aqsa. Lo hizo acompañado de mil efectivos de policía por temor a disturbios y, según se supo luego, con la anuencia del Waqf, la autoridad religiosa a cargo de los lugares santos para el islam en Jerusalén, que había asegurado al gobierno israelí que no habría incidentes. Las razones de la Intifada de Al Aqsa son más profundas, deben buscarse en l a frustración palestina por el fracaso del diálogo de paz y la continuación de una situación incierta. Sin embargo, y aunque ya había habido incidentes pocos días antes, la visita de Sharon se inscribió como la chispa que la encendió. Luego de numerosos cargos ministeriales, Sharon llegó a la jefatura de gobierno en 2001, pero no fue sino hasta 2005, ya al frente de Kadima, el nuevo partido que fundó luego de perder en las internas del Likud frente a Benjamin Netanyahu, que efectuó su acto más dramático y, tal vez, el más controvertido: la retirada unilateral de la Franja de Gaza. Muchos, incluida la propia Autoridad Palestina presidida por Mahmud Abbas, se oponían a la jugada: el fundamentalista grupo Hamas, opuesto Al Fatah de Abbas, era hegemónico en la Franja, decían, y la policía palestina no era suficiente para imponer control. Pero Sharon insistió, con el argumento de que “no hay con quién hablar de paz” en el lado palestino y, por lo tanto, se deben efectuar medidas “que aseguren la mayoría judía en el Estado de Israel”, al replegar las tropas hacia líneas más defendibles, según dijo. La retirada se efectuó en agosto de 2005, y las imágenes de los 8.000 colonos judíos evacuados a la fuerza recorrieron el mundo. El resultado, si bien pudo haberse leído como el principio del fin de la ocupación israelí, fue “vendido” por Hamas como una victoria propia sobre el “enemigo sionista” y, entre otros factores, le valió la victoria en las elecciones palestinas de 2006. Para algunos, fue el error más grande de Sharon, al signar el cisma que separa hasta hoy, tanto geográfica como políticamente, a Cisjordania de Gaza. Hay quienes dicen que fue ése, precisamente, el resultado que quiso conseguir, si bien habrá que esperar a los historiadores para determinarlo. Eso, y la construcción de la discutida Cerca Separadora o “Muro”, fueron los últimos actos de Sharon, que cayó en coma en diciembre de ese mismo año.

Netanyahu, la plataforma doble y el offside

Bibi, entre la mano dura y un horizonte de paz

En muchos ámbitos he explicado la “Ley de la Plataforma Doble” que rige en Israel. El principio indica que ningún líder puede ganar los comicios en este país si no se maneja en base a dos lineamientos electorales y gubernativos paralelos: por un lado, mano dura sin concesiones contra el terrorismo palestino; por otro, un horizonte de paz negociada.

El descubridor de este principio, que en los últimos 15 años, desde los Acuerdos de Oslo, parece haber funcionado como la ley de la gravedad de Newton, no es otro que el actual premier, Biniamín Netanyahu. Con genialidad política, triunfó en las elecciones de 1996, contra Shimon Peres, candidato laborista post magnicidio de Rabin, con su famoso lema: “Osim Shalom Batúaj”, “Hacemos una Paz Segura”. “Haremos la paz”, decía, “pero no al precio de arriesgar la seguridad de nuestros ciudadanos.

Así, Peres perdió por apuntar a un solo término de la ecuación, cuando tanto él como Rabin antes de su asesinato, llamaban a las víctimas del terrorismo “víctimas de la paz”. La gente dejó de “comprar”, en especial ante la ola de atentados suicidas de 1996, y le pasaron la batuta a quien lo había captado, Biniamín Netanyahu. Ariel Sharón, el emblemático “archi-derechista”, ganó las elecciones en 2001 mirando a la cara de la gente y anunciándole que habría “concesiones dolorosas” (el término de la mano dura en la ecuación no necesitaba explicitarlo: él la encarnaba).

Pero Sharón comenzó a caer en popularidad cuando aplicó sólo la mano dura en su gobierno, intensificando la política de las “liquidaciones selectivas”, dando muerte, entre otros, al líder espiritual del Hamás, el jeque Ahmad Yassin, y a su lugarteniente, Abed El Aziz Rantisi, una semana después. Por aquel entonces, se había lanzado el “Acuerdo de Ginebra”, un pacto virtual sin validez, de políticos de segunda línea israelíes y palestinos. Esto -y otros factores, como los casos por corrupción que pendían sobre su cabeza- dejó a Sharón en offside y fue cuando decidió recordar a la gente lo de “concesiones dolorosas”, y lanzar el “Plan de Desconexión”, concretado en 2005. Su popularidad volvió a estabilizarse.

Pero la Desconexión había sido el puntal de la plataforma de su adversario en esos mismos comicios, el olvidable y olvidado Amram Mitzna, del Laborismo. Él había prometido explícitamente: retirada unilateral de la Franja de Gaza en el lapso de un año y construcción de una Cerca Separadora. Pero Mitzna perdió miserablemente, porque fue percibido como demasiado blando al faltarle el otro plato en la balanza: mano dura contra el terrorismo palestino.

Netanyahu volvió a vencer en 2009 con otro soundbyte doble: “Si dan, recibirán; si no dan, no recibirán”. Y así sucesivamente, la “Plataforma doble” debe ser manejada con virtuosismo por el político israelí si quiere gobernar una sociedad israelí que se debate en el dilema mesoriental, que quiere seguridad, pero que también entiende que la paz por medio de un pacto con sus enemigos es la única salida, aunque parezca imposible, y están dispuestos a pagar el precio.

El desafío de Abu Mazen

Con vistas al encuentro entre el premier israelí Biniamín Netanyahu y el presidente norteamericano Barack Obama esta semana, el titular de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) Mahmud Abbas (Abu Mazen) presentó al enviado norteamericano al Oriente Medio, George Mitchell, su propuesta de paz con Israel, que no se diferencia mucho del viejo Plan Clinton, pero sí, quizás, presenta un tono más apaciguado, buscando probablemente hacerse más potable para la opinión pública israelí.

Abu Mazen propone la creación de un estado palestino según las fronteras de 1967, con modificaciones. Y pone el acento en la aceptación de los reclamos israelíes: renuncia a los bloques de asentamientos: Gush Etzion, Pisgat Zeev, Maalé Adumim, Ariel. Reclamo de un 2,7% de territorios a cambio, a ubicarse en el sur del Monte Hebrón, es decir, al sur de Cisjordania, además del Paso Seguro entre Cisjordania y la Franja de Gaza. En Jerusalem se repite el Esquema de Clinton: Jerusalem Oriental fuera de la Ciudad Vieja, será la capital palestina. En la Ciudad Vieja: el Barrio Cristiano y el Musulmán serán palestinos, el Barrio Armenio y el Barrio Judío serán israelíes. La Explanada del Muro y el Muro mismo, serán israelíes (novedad, porque hasta ahora los palestinos lo consideraban parte de la Explanada del Monte de Al Aqsa), y habrá libertad de culto para todas las religiones en todos los lugares santos. Esto debería ser también una obviedad, pero los palestinos jamás lo habían mencionado y, además, es significativo como gesto, teniendo en cuenta que, en realidad, no habría lugares santos del judaísmo bajo su jurisdicción en Jerusalem, aunque sí cristianos.

En cuanto a la seguridad, Abu Mazen suena revolucionario: fuerzas no palestinas, sino de la OTAN, serán responsables últimos por la paz en la zona; Israel se retirará totalmente, poniendo fin a la ocupación. “Nosotros obtendremos soberanía, Israel obtendrá seguridad”, dijo. Recuerda con ello la solución que destrabó las negociaciones con Egipto por el Sinaí: desarme de la península por un lado, soberanía egipcia, con honor y banderas, por el otro.

Hace una semana, Abu Mazen había dado un paso previo al reunirse con seis cronistas políticos de diversos medios israelíes para decirles estas cosas, apuntando al corazón de los israelíes, y reclamaba a Israel que, en el marco de  conversaciones directas, las negociaciones se reanudaran desde el punto en que se habían interrumpido con el gobierno anterior de Ehud Olmert. Según Abu Mazen, todos estos puntos habían ya sido acordados entre ambos líderes si bien no se había firmado papel alguno, y no es razonable, dijo, que con cada cambio de gobierno en Israel haya que retornar a fojas cero. No queda claro cuánto de estos y otros detalles no conocidos habían sido aceptados por Olmert, y sus allegados ya se apuraron a aclarar que habían quedado muchos puntos de desacuerdo.

Como quiera que sea, el marketing pacificador agresivo de Abu Mazen pone a Netanyahu ante un nuevo desafío. Por un lado, sus acciones han puesto de relieve el lado duro de la ecuación por él descubierta y lo han colocado, como antes a Sharón, en offside ante la opinión pública israelí, por no hablar de la internacional. Por otro, su reducido margen de maniobra coalicionaria le impide por el momento lanzar su propia propuesta de paz, y se ve obligado a actuar por reflejo y por reacción. La reducción del bloqueo a Gaza es el efecto colateral de la “Flotilla de la Libertad”. La reanudación de las conversaciones de paz también lo serán. De la Flotilla y de la iniciativa de Abu Mazen.

Quizás está bien que así sea, como ya hemos dicho antes. La paz con la ANP versión Cisjordania -para aislar a Hamás en Gaza- es un interés israelí, y a Netanyahu no se le escapa. Si hay presiones, podrá decir a Avigdor Liberman y sus demás amigos a su derecha, lo que ya les dijo antes: “No quedó más alternativa”. Lo hizo con el retiro del bloqueo, y con su declaración de Bar Ilán, de aceptación de la fórmula de “dos estados para dos pueblos”.

La oportunidad es tentadora: el “conflicto árabe-israelí” que, de un tiempo a esta parte, se va convirtiendo en “conflicto palestino-israelí” (faltaría hablar con la Liga Árabe de su propuesta de 2002, y luego la paz con Siria), podría reducirse aun más, a un “conflicto Gaza-israelí”.

Para ello, sin embargo, Bibi deberá cruzar una línea roja, la de una eventual concesión en Jerusalem, y Abu Mazen se cuidó por ahora de no mencionar el tema del derecho al retorno de los refugiados. Por un lado, no le hace falta su ala derecha para poner el freno: el propio Netanyahu no acepta modificaciones en el status de Jerusalem. Pero por otro, Kadima y otros partidos ya le han prometido un colchón de seguridad, para que no se caiga de su sillón si las presiones se vuelven insoportables.

Para Bibi, la realidad le va cerrando las pinzas, y le va llegando la hora de volver a reeditar la “Plataforma doble”, que tantas satisfacciones le ha dado en el pasado.

Israel 2010: adiós paz, hola disuasión

Si algún balance real se puede hacer de lo que fue esta década para Israel, es el abandono de la estrategia de una paz negociada por la de una disuasión mutua con los vecinos enemigos, tal como lo presenta el analista Aluf Ben del diario Haaretz de este viernes.

La nueva estrategia fue un invento de Ehud Barak, que partió de la idea de que “no hay con quién hablar del otro lado”. Y si no hay con quién hablar, todo lo que le queda a Israel por hacer es imponer hechos consumados en el terreno de modo unilateral, que aseguren el máximo posible de seguridad para la ciudadanía israelí.

Empezó con Siria. Ehud Barak intentó llegar a un acuerdo por el Golán y, al no conseguirlo de modo negociado, realizó una movida sorpresiva que involucraba al protegido de Siria en el Líbano, Hezbollah, en la forma de la retirada unilateral del sur del Líbano. Israel abandonó la Zona de Seguridad del Sur del Líbano y continuó vigilando y castigando desde lejos, a través de su fuerza aérea. Cuando esto no fue suficiente, Israel lanzó una arremetida bélica aparentemente desproporcionada, pero que tenía por ebjeto crear un equilibrio de disuasión. El mensaje era: el vecino Israel se ha vuelto loco, y no conviene provocarlo más. Desde entonces, fuera de algún misil lanzado por alguna banda indisciplinada, el equilibrio se ha mantenido. También ocurrió con el intento de Siria de hacerse con poder atómico. Cuando Israel destruyó desde el aire el reactor en ciernes, Siria balbuceó una protesta y se llamó a cuarteles.

Lo mismo ocurrió en el sur. Israel se retiró en 2005 de la Franja de Gaza, la organización Hamás quedó como hegemonía, batalla civil con Al Fatah mediante, y a los redoblados misiles Qassam siguió el desproporcionado -en apariencia, desde este angulo- Operativo Plomo Fundido. Luego de algunos misiles de compromiso luego de la retirada israelí, siguió un equilibrio que, a un año, todavía se mantiene. Hamás, vuelto gobierno, incluso reprime a las bandas y hamulas que osan disparar misiles contra el sur israelí.

Porque la estrategia de disuasión tiene dos aristas interesantes. La primera es que tanto Hizbollah como Hamás han adoptado la misma estrategia. El terror directo parece haber dado paso, en la última década, cada vez más, al lanzamiento de cargas explosivas a larga distancia y por aire, es decir sus respectivos misiles. Todo ello, para contrabalancear el poder de fuego de la fuerza aérea israelí.

La segunda arista es en realidad una paradoja de la estrategia iniciada por Barak: para funcionar, necesita del otro lado un poder bien establecido que disuada y sea disuadido, es decir, que pueda responder contrabalanceando el poder propio. Que pueda decidir e imponerse en su terreno. Al retirarse del sur del Líbano primero, y con la Segunda Guerra del Líbano después, el poder de Hezbollah quedó afianzado en esa zona del país de los cedros, y es la organización shiíta la que decide si se dispara y qué se dispara. Para más exactitud, qué no se dispara. Y si hay una katiusha rebelde cada tantos meses, responde al juego interno de fuerzas entre hamulas y la milicia, al otro lado de la frontera, y no a un deseo de recalentar la frontera. Al quedar como poder, Hezbollah se convierte, de una banda de terroristas ruidosos de teorías y mitos, en un gobierno paralelo que debe velar por una población de carne y hueso.

En 2005, Israel emprende el mismo camino en la llamada Desconexión, de un Ariel Sharón convencido de que con el gobierno de la ANP no se podía hablar. Eso, su triunfo en las elecciones palestinas y su reyerta con Al Fatah convirtieron también al Hamás, de una banda de terroristas despreocupados e irresponsanbles, en un gobierno que debe velar por un millón y medio de palestinos. Luego de Plomo Fundido, la principal función de Hamás es garantizar que el operativo no se repita, si quiere perpetuarse en el poder.

Luego de la Desconexión, Ehud Olmert quiso continuar con la nueva estrategia israelí, y ya había comenzado a lanzar globos de ensayo sobre su “Plan de Convergencia” para la retirada unilateral de parte de la Margen Occidental, pero la Segunda Guerra del Líbano le hizo encajonar los planes.

Justamente esta simetría en la estrategia de disuasión es la que puede convertir a las partes del conflicto en interlocutores más válidos y más competentes que antes, como parece probarlo, por ejemplo, la negociación indirecta entre Israel y Hamás por la liberación de Guilad Shalit. Pero si los actuales intentos de reanudar las negociaciones de paz vuelven a fracasar, no será extraño ver nuevamente a Israel fijando hechos consumados de modo unilateral, que ciertamente vayan poniendo fin a la política de ocupación, pero desatando en el terreno situaciones y dinámicas impredecibles.

La guerra contra el Informe Goldston: ISRAEL Y LOS LOCOS

GazaGoldston

Por Marcelo Kisilevski – Modiín

Una característica del demente es la de repetir una y otra vez la misma acción, pero esperar que la reacción sea distinta. El gobierno de Israel al mando de Biniamín Netanyahu se empeña, desde este punto de vista, en la locura.

Israel siempre se ha empeñado en una conducta esquizofrénica consistente en, por un lado, buscar el apoyo del mundo, se diría casi el afecto; pero cuando éste no llega, denunciar esta falta de apoyo como desproporcionada e injusta, cuando no teñida de antisemitismo, para acabar berrincheando de que en realidad no necesita de tal apoyo, y que se vayan todos a freír espárragos.

Esa conducta es la que se pone de manifiesto una vez más en el caso del Informe Goldston, contra cuyas conclusiones e implicancias Israel ha lanzado una guerra mundial en el terreno diplomático. Lo que está resultando hasta ahora es una serie de bajas que serán difíciles de revertir.

En ocasión del debate del informe Goldston en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Israel en Ginebra puso en juego una verdadera batería  de presiones sobre todos sus aliados en Estados Unidos y Europa para que votaran en contra de la adopción del informe por dicho organismo. El Informe, como se recordará, condena a Israel y a Hamás por “posibles crímenes de guerra” antes y durante el operativo Plomo Fundido en la Franja de Gaza en enero de 2009. El Consejo, se queja Israel, trató en su debate sólo los hechos atribuidos a Israel, dejando de lado los cometidos por Hamás.

El temor en Israel no tiene que ver sólo con una cuestión de imagen, sino por las implicancias jurídicas del Informe a nivel internacional: si es aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU en diciembre, oficiales israelíes podrían ser capturados y juzgados por países que, como España, se rigen por la llamada jurisdicción universal, que les permite juzgar a cualquiera en el mundo por delitos cometidos en cualquier lado. El Consejo de Seguridad está en potestad, también, de solicitar juzgamientos en la Corte Penal Internacional de La Haya. En este sentido, por ahora, Israel está mínimamente cubierto: Rodríguez Zapatero dio su compromiso, durante su visita a Israel, de que ningún oficial de Tzahal sería juzgado en suelo español. El presidente Barack Obama, por su lado, ya garantizó su veto en el Consejo de Seguridad. 

Israel se complica

En el camino, Israel complicó sus relaciones con Turquía, Rusia, China y, en los últimos días, incluso Francia, país con el cual ha reinado la amistad en la era Sarkozy. El canciller de ese país, Bernard Kouchner, anunció que anulaba su inminente paso por Israel. ¿Los motivos? La negativa de Israel a que Kouchner visitara la Franja de Gaza para observar la construcción del hospital Al Quds, que está siendo erigido allí en cooperación con Francia. El premier Netanyahu alegó que la visita beneficiaría sólo al Hamás, que centraría el foco en lo ocurrido durante el operativo Plomo Fundido.

Antes, Turquía anuló una tradicional maniobra conjunta entre Estados Unidos, Israel y ese país. A renglón seguido, su primer ministro Recep Tayyip Erdogan anunció una maniobra conjunta con Siria. De ese modo, explicaron los analistas, Turquía pretende competir con Egipto por la supremacía como país más influyente del Oriente Medio.

Las relaciones con Turquía, consideradas un bien importante en la constelación del status internacional israelí, se ensombrecieron notoriamente durante todo este año, luego del operativo. Hubo una escena de riña entre el premier Erdogan y el presidente Shimón Peres, críticas virulentas por Plomo Fundido, y el condicionamiento del mejoramiento de las relaciones a la solución de la tragedia humanitaria en Gaza.

Ahora, Israel se enfrenta también con la televisión turca, que emite una serie de televisión en la que soldados de Tzahal maltratan en cada capítulo a palestinos indefensos. Hubo en el gobierno quien comenzó a cuestionarse si Israel debía seguir “cubriendo” a Turquía en el tema del genocidio armenio. Quizás, dicen, haya llegado la hora de mostrar las cosas como son: si Turquía afirma que no se privará de “criticar a sus amigos”, ¿por qué Israel debe callar su condena de fondo al genocidio de 1915 y seguir haciendo lobby por el silencio de otros?

La opción cuerda

La respuesta israelí de combate y oposición podría, por una vez, ser bien otra. El gobierno ha encomendado al ejército la investigación de los hechos de Plomo Fundido. En sus hallazgos, el ejército aseguró que sus fuerzas se habían comportado “moralmente y de acuerdo con las normas y la ley internacional”. También aseguró que, allí donde se cometieron excesos, los responsables ya han rendido cuentas. Ningún medio en Israel ha publicado nada respecto de soldados castigados por hecho alguno relacionado con Plomo Fundido.

Se trata de dos problemas en uno. El primero, el de suponer que un organismo, menos todavía uno militar, puede objetivamente investigarse a sí mismo. El otro es el de pensar que Israel puede oponerse todo el tiempo a todo el mundo. El primer ministro Biniamín Netanyahu incluso llamó, en su discurso en la Convención Presidencial del 20 de este mes, a “cambiar las reglas de la guerra”.

¿Qué pasaría si, en lugar de dedicar tantas energías a pelearse con todo el planeta, Israel hubiera colaborado con Goldston, o si ahora nombrara una comisión investigadora propia, objetiva y parlamentaria, que hallara verdaderos culpables por delitos eventualmente cometidos? Pues si de verdad se cometieron tales u otros crímenes, ¿no debería ser Israel, que se erige en país moral, el primero en denunciarlos y castigarlos? ¿No beneficiaría eso su propia causa contra las calumnias y los rumores supuestamente antisionistas en el mundo? ¿No ayudaría a arrojar luz sobre lo que realmente ocurrió en ese infierno permanente llamado Gaza, a saber cuál es de verdad la culpa que le cabe a Israel y cuál la que le cabe a Hamás por el sufrimiento de su propia gente? Vivimos en un mundo de subjetividades, hoy más que nunca tienen razón nuestras abuelas: moral no sólo hay que serlo, sino también parecerlo. Bueno, no sólo nuestras abuelas, el concepto de “marit áin“, el de no cometer actos que pudieran siquiera parecer amorales, aun cuando no lo sean, está ya en nuestro Talmud.

Pero el actual gobierno israelí sabe más. Uno de los ministros dijo, al término de la reunión de gabinete que terminó rechazando la idea, que “una comisión investigadora que tuviera otro mandato que la de rechazar el Informe Goldston, está de más”.

Plomo Fundido todavía debe ser investigado. La insania con la que se maneja Israel en este caso, también. Quién sabe, quizás todavía lleguemos a la conclusión de que se trata de un caso de inimputabilidad…

(Publicado en Nueva Sión N° 950, octubre 2009, www.nuevasion.com.ar)

Elecciones: resultados y algunas lecturas

Tzipi Livni es la ganadora de las elecciones de ayer, aunque no pueda formar finalmente coalición. En la última semana, en la recta final, la campaña despertó un poco de su adormilamiento, y en muchos sectores pudo más el miedo a Bibi. A ella parecen haber confluido, en efecto, votos del Laborismo, de Meretz, de las mujeres y de los árabes.

Finalmente le ganó a Biniamín Netaniahu y esa es una victoria personal que no le podrán arrebatar. Tzipi Livni será una líder central en la política israelí en los próximos años, y su partido Kadima ha demostrado que no hereda a otros intentos fracasados de partidos de centro (Shinui, Haderej Hashlishit, Dash, etc.). Sin embargo, quizás repita la historia de Al Gore, que ganó en cantidad de votos, pero quedó fuera de la Casa Blanca.

Otra lectura es que, en realidad, todos perdieron: Livni ganó en votos, pero tiene escasas posibilidades de formar coalición. Netaniahu quedó segundo; puede ser el próximo primer ministro, pero se lo privó de una victoria clara, y ayer reclamaba el triunfo, no del Likud, sino del “sector nacional”, la victoria de la derecha, “con el Likud a la cabeza”. Casi suena a premio consuelo.

Ehud Barak, líder del Laborismo, que esperaba obtener 20 diputados, obtuvo apenas 13, detrás de Liberman con su partido Israel Beiteinu, al que se le propiciaba 19 diputados en las intenciones de voto. Sin embargo, no parece haber posibilidad de gobierno sin Liberman, y ese es su consuelo y su triunfo.

Shas, el partido religioso sefardí, conserva su peso parlamentario de 11 diputados, y la izquierda sionista tradicional, el Nuevo Movimiento Meretz, sigue su lenta agonía, habiendo obtenido 3 diputados solamente.

Lo que queda claro es que la sociedad israelí, en su eterno pendular, dio en este caso un paso a la derecha. Si Netaniahu quiere, puede formar tranquilamente una coalición de por lo menos 64 diputados, en la que él sería su puntal izquierdo, cosa que no desea.

Las razones de este viraje -que tranquilamente se puede revertir en los próximos comicios- se pueden rastrear en un enojo y un miedo. Enojo contra el actual gobierno de Ehud Olmert (Kadima) por lo que se percibe en la calle israelí como un “desperdicio de oportunidad”, la de derribar al Hamás de su gobierno en la Franja de Gaza, después de un operativo militar tan bien ejecutado, y con tan pocas bajas para Israel.

Y el miedo es Irán. Netaniahu ha dicho claramente que “no va a haber un Irán nuclear”, negándose enigmáticamente a añadir más, pero no hacía falta. Es evidente que Irán y su inminente poderío nuclear, unido a otras advertencias del ex premier del Likud sobre la posibilidad de que Livni “divida Jerusalem”, han surtido buen efecto sobre la mitad de la sociedad israelí.

Una mala noticia para todo el sistema político es la agonía de la izquierda y el progresismo israelí. El Laborismo puede de algún modo atribuir su deshidratación al miedo a Netaniahu, que hizo que muchos migraran a Kadima. No falta quien recomiende en la prensa israelí la urgente fusión entre ambos partidos, entre los que prácticamente no existe diferencia programática. Entre ambos reunirían 41 escaños en la 18° Knesset y serían un factor central indiscutible en este período parlamentario, incluida la posibilidad de ser gobierno.

Los votos también migraron a Kadima desde Meretz, que hoy lame las heridas y les pregunta a los votantes por qué dieron la espalda al partido laico-ashkenazí-progresista. Lo de Meretz se parece a una tragedia griega. A medida que su plataforma histórica va siendo adoptada por los partidos del mainstream, como por ejemplo, “territorios a cambio de paz” y “dos estados para dos pueblos”, el partido que representaba a lo “más lindo” del sionismo histórico, a saber: los kibutzim, el socialismo, el pionerismo no violento, el pacifismo y los derechos humanos, es castigado en las urnas en lugar de ser premiado por su triunfo en la historia. Los próximos años, Meretz deberá dedicarse a diseñar una estrategia para no desaparecer en los próximos comicios.

En fin. Los resultados, por el momento, y hasta que se implementen los acuerdos por votos residuales, quedan así:

Kadima (Livni): 28

Likud: 27

Israel Beiteinu (derecha, partido de los nuevos inmigrantes): 15

Laborismo: 13

Shas (ultraortodoxos sefardíes): 11

Iahadut Hatorá (ultraortodoxos ashkenazíes): 5

Ijud Leumí (derecha): 4

Jadash (comunistas): 4

Raam-Taal (árabes): 4

Balad (árabes): 3

Se quedaron fuera por no alcanzar el umbral necesario de votos: Guil (Jubilados), el gran perdedor, pues había gozado de 7 escaños en la Knesset saliente; Ierukim (Verdes, ecologistas), Alé Yarok (Hoja Verde, por la despenalización del uso de drogas livianas), el Movimiento-Verde-Meimad (ecologistas y religiosos sionistas moderados), e Israel Jazaká (derecha, contra el crimen organizado), entre muchos otros.

Encuentro de Análisis Post-Electoral

Imagen de la última video conferencia con las comunidades latinas del norte. La del jueves, apta para todo público.

Imagen de la última video conferencia con las comunidades latinas del norte. La del jueves, apta para todo público.

Este martes son las elecciones. El miércoles vienen las repercusiones, empiezan las negociaciones coalicionarias de aquellos que ganaron, y los rendimientos de cuenta para aquellos que perdieron.

Yo los invito a encontrarnos el jueves en la red para analizar juntos lo que pasó y lo que puede pasar de acá en más. Repitiendo el éxito de la web-conference de la semana pasada, la cita es este jueves 12.2 a las 23.oo hora israelí (GMT+2), cosa de ajustarme lo más posible al horario latinoamericano.

¿Cómo acceder? Hagan click aquí abajo, donde dice “Israel, elecciones y después”, que los va a llevar a la plataforma de WizIQ.com. Ahí se les va a pedir que se inscriban con email y contraseña, y quedarán inscriptos a la charla. Si hay preguntas al respecto, no duden en escribir. Los espero!

Get your own Virtual Classroom

Una situación política imposible

Luego de la primera jornada de operativo terrestre, ya tenemos un soldado muerto. Será hora de empezar a pensar en el “día después”. Mientras tanto, sigue la entrevista que me hiciera Guillermo Lipis para la Agencia Télam. La nota publicada la posteé ayer, acá van mis respuestas completas.

- ¿Cómo se entiende esta escalada de violencia mutua?
-Yo pondría el punto de partida en una situación políticamente imposible creada entre Israel, los palestinos y EE.UU., en ocasión de las últimas elecciones generales en la ANP. George W. Bush presionó a Israel para permitir participar en ellas al Hamás. Éste triunfó en los comicios, pero no abandonó su plataforma, ante lo cual, tanto Bush como Israel y el presidente palestino Abu Mazen les negaron el traspaso del poder. De la mano del Cuarteto impusieron  4 condiciones para reconocer su gobierno: el reconocimiento del derecho a la existencia de Israel, la renuncia al terrorismo,  el cese de los misiles Kassam y el respeto de acuerdos internacionales preexistentes. Tanto la imposición de estas condiciones a un cuerpo soberano y democráticamente electo, como practicar lo contrario a estos principios por parte del Hamás, es calificable de antidemocrático y violento. Nadie puede adjudicarse en este triste episodio mayores virtudes democráticas. Se trataba de la primera vez que un partido gana las elecciones, se quejaba Ismail Haniyeh, y no se le entregan las riendas de las fuerzas armadas. Sobrevino el golpe y con esas “fuerzas armadas” Hamás copó de modo violento y criminal la Franja de Gaza, continuó con el terrorismo contra civiles del estado vecino, lo que a su vez arrastró a Israel al bloqueo, lo cual generó un endurecimiento de la “resistencia” del Hamás, que pone el punto de partida de toda esta secuencia en otro lugar, a saber, en la mera existencia de Israel.  Entre la miopía de Estados Unidos en insistir en la participación electoral de una organización que niega todos los principios democráticos, los dilemas defensivos de Israel que derivan en operativos violentos cíclicos, y el cinismo de Hamás que no duda en provocar estas “crónicas de operativos anunciados” a costa de arriesgar a sabiendas la seguridad de su propia gente, creo que las responsabilidades están bien repartidas entre todos los actores, tanto los fuertes como los débiles. 
 
- Hay analistas que opinan que el conflicto de Medio Oriente no puede ser comprendido desde la cultura occidental. ¿Usted cree que el problema además de político es que existe una mirada diferente de la vida y la muerte?

-Indudablemente existe una mirada diferente acerca de la vida y la muerte. La que se fue desarrollando en el paradigma del fundamentalismo islámico retoma la idea del martirio coránico, que veía la muerte en batalla como la más sublime de las muertes. Pero el Corán no ordenaba provocar guerras sólo para poder morir de esa manera, aunque sí sostenía el concepto de soberanía islámica. De algún modo, el Hamás está imponiendo a su sociedad una visión de que la muerte está por sobre la vida, que no es una prescripción original del Islam, para el que el ideal sigue siendo la vida y no la muerte, sino un desarrollo reciente derivado. Y ello a pesar que en el Islam siempre han ido unidas religión y política, pero no a este punto. La prueba está en la agenda declarada del Hamás, que no acepta la creación de un estado palestino junto a Israel, sino en lugar de Israel. No obstante, hay que subrayar que ello ocurre en el plano político, religioso e ideológico colectivo. En el plano personal, a la hora de la verdad, el padre y la madre palestinos lloran a sus hijos muertos exactamente igual que los israelíes.

-¿Qué condiciones deberían darse y no están sucendiendo para que israelíes y palestinos se entiendan?

-Esta pregunta toca ya a la ideología u opinión de cada uno. Hay quienes dicen que Israel debe retirarse de los territorios y dejar a los palestinos decidir su propio destino. Pero Israel ya salió de la Franja de Gaza y la decisión de Hamás fue, en lugar de construir un estado, continuar el estado de guerra contra el enemigo retirado, lo que generó el bloqueo israelí. Lo subrayo porque hay quienes afirman que Israel se retiró, pero cerró la “puerta de la cárcel y tiró la llave”, cosa que es decididamente falso, las cosas ocurrieron al revés. Del otro lado, hay quienes dicen que, ante esta situación, no queda más remedio que destruir al Hamás e imponer por la fuerza el dominio del Fatah. Queda la sensación de que la imposición de un modelo político a otro pueblo es tan inefectiva como el dejar hacer, por lo menos en el campo de los resultados y por lo menos en este caso, en el que estoy convencido de que Israel está ante una organización con la que, por su propia definición, no se puede dialogar. Queda el plano de los sueños, el de la visión. Personalmente comparto la del presidente Shimón Peres: a mí también me gustaría ver un estado palestino laico y democrático conviviendo en paz con Israel. Me gustaría ver a Israel y al mundo occidental inyectando capitales y know-how para convertir a ese nuevo estado en un pequeño Hong Kong, de modo tal que el fundamentalismo y la guerra dejen de ser un interés palestino. Me gustaría ver la táctica israelí de represión virar hacia una de “progreso inducido”, de modo que paradigmas como el del Hamás pierdan terreno por decantación. Sólo que las visiones y las utopías son ingenuas, por lo menos hasta que se concretan…

- ¿Qué sucede con los partidos y los movimientos pacifistas israelíes?

- El frente de izquierda Meretz, apuntalado para estas elecciones por refuerzos de figuras intelectuales, ha declarado su apoyo con reservas a este operativo. De alguna manera se ajusta a mi opinión de que, puntualmente, con misiles llegando a tantos lugares del territorio soberano israelí, no quedaba más opción que realizar un operativo. Pero en mirada más abarcativa, la estrategia a largo plazo debe ser otra. Y los mismos izquierdistas israelíes que hoy apoyan, miran muy de cerca lo que ocurre en el terreno, denunciando crímenes de guerra o demandando el fin de las operaciones y la investigación de lo actuado. Los más pacifistas reclaman el fin total de las acciones y el diálogo con el Hamás. En mi opinión olvidan que tal diálogo, con la mediación egipcia, sí existió, pero por ahora fracasó. También creo que habrá, a la larga, que volver a intentar dialogar con esa organización.

- ¿Existen interlocutores válidos del frente palestino? ¿Quiénes son, por qué no tienen peso específico a la hora de una negociación definitiva?

-Tiendo a creer que no, por dos razones sencillas. Una es que también los palestinos están en un proceso político de recambio, por un acuerdo de rotación presidencial pactada con Hamás a partir de las últimas elecciones. Hasta ahora el presidente Mahmud Abbas (Abu Mazen) ha logrado postergar dicha rotación, que se tenía que concretar en estas semanas. Por otro lado, Abu Mazen sufre de debilidad política y militar, y no puede de ningún modo imponerse, ni por las urnas ni por la fuerza, al poder acumulado por Hamás. Éste, por su lado, no es ni tampoco desea ser ese interlocutor.

- ¿Hay interlocutores del lado israelí en este momento a sabiendas del próximo recambio de primer ministro?

-El panorama tampoco es alentador del lado israelí, aunque ello sea más coyuntural. Recién el 10 de febrero se realizan elecciones, y hasta entonces, sigue gobernando interinamente Ehud Olmert, que ya ha presentado su renuncia, disparando la contienda comicial. En ese carácter, Olmert carece de plafón para cerrar tratos, tanto constitucional como políticamente. A partir de la asunción del próximo premier, la historia será otra. La historia desde los Acuerdos de Oslo ha demostrado que todo nuevo mandatario ha debido atenerse, tanto a los pactos ya firmados, como a las dinámicas marcadas por las alianzas e intereses internacionales, a saber, las presiones provenientes de EE.UU. y Europa, por las que tanto gobiernos de izquierda como de derecha han negociado, a regañadientes o no, nuevas concesiones y avances en el proceso de paz. Así es de suponer que ocurrirá también en 2009, marcado además por el inicio de la era Obama. Pero se trata de un escenario posible, no de una profesía, ni siquiera de una apuesta, que es lo último que se debe hacer cuando se habla del Medio Oriente.

Despertar estratégico tardío

¿Hacia una mejor administración del conflicto? Mapa de la Franja de Gaza.

¿Hacia una mejor administración del conflicto? Mapa de la Franja de Gaza.

En el análisis militar de la seguridad de Israel, el periodista Amir Oren, del matutino Haaretz, expone hoy algunos principios esclarecedores de la visión israelí acerca de la relación de fuerzas con sus vecinos.

Dice Oren que la doctrina de defensa de Israel, diseñada por David Ben Gurión, postulaba la definición de objetivos moderados, junto con un mensaje a los vecinos acerca de una predisposición a defenderlos por medios extremos. Así eran las fronteras del 49 al 67, sostenidas por una fuerza aérea y de blindados poderosas, junto a la disuasión proveniente del reactor nuclear -supuesto o no- en Dimona. En la última generación se invirtieron los términos: las metas se volvieron extremas (asentamientos judíos en los territorios, retención del Golán), pero los medios y la disuasión se debilitaron.

Oren enumera los errores que llevaron al vestíbulo que condujo al operativo iniciado anteayer, de los cuales es responsable Ariel Sharón: el despeje del Paso de Filadelfia y de los puntos de control estratégico de la Franja de Gaza -a excepción de la evacuación de los asentamientos- y la agachada ante la presión norteamericana de permitir la participación de Hamás en las elecciones en la Autoridad Palestina en enero de 2006.

Sharón ya no estaba en escena cuando su subalterno en aquellos errores, Ehud Olmert, agregó otros nuevos: la debilidad en la respuesta a los ataques de Hamás que, a su vez, facilitó el secuestro de Guilad Shalit de dentro de su propio tanque, y el traspaso permanente del umbral de desafío militar de Hamás hacia Israel.

Este fue el umbral bombardeado anteayer y ayer, en la esperanza de que, del fuego y el humo, surja entre ambas partes una convivencia disuasiva más estable. Hamás continuará fortaleciéndose, pero con el dedo en el seguro del arma, y ya no en el gatillo.

Sharón y Olmert, continúa Oren, diseñaron el peor de todos los mundos. La retirada de Gaza no liberó a Israel de su responsabilidad jurídica por el destino del territorio ocupado, pero al Hamás se le permitió participar en elecciones mientras continuaba conspirando declaradamente para el exterminio de Israel (lo cual le habría estado prohibido por ley, de participar en elecciones para la Knesset). Dichas decisiones estimularon al Hamás a seguir en actitud provocativa. 

Junto con el fracaso político serial, hubo un fracaso militar continuado, del que participaron todos los jefes de estado y del ejército en los últimos ocho años, así como los jefes de investigación y desarrollo en el sistema militar, que no adjudicaron prioridad ni recursos a los procedimientos de emergencia para la intercepción de misiles Kassam y la destrucción de los túneles.

Con el ataque lanzado anteayer, el ministro de Defensa Ehud Barak, que continuaba hasta ahora la línea de la autocontención, busca regresar a la línea bengurioniana de utilizar la fuerza al servicio de objetivos moderados, lograr un arreglo que pueda ser custodiado y cumplido. El despertar del coma nacional es justificado, aun cuando sea demasiado tarde.