El Comunicador Personal

Una mirada (más) sobre Israel, por Marcelo Kisilevski

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La guerra contra el Informe Goldston: ISRAEL Y LOS LOCOS

Publicado por marcelokisilevski en Noviembre 8, 2009

GazaGoldston

Por Marcelo Kisilevski – Modiín

Una característica del demente es la de repetir una y otra vez la misma acción, pero esperar que la reacción sea distinta. El gobierno de Israel al mando de Biniamín Netanyahu se empeña, desde este punto de vista, en la locura.

Israel siempre se ha empeñado en una conducta esquizofrénica consistente en, por un lado, buscar el apoyo del mundo, se diría casi el afecto; pero cuando éste no llega, denunciar esta falta de apoyo como desproporcionada e injusta, cuando no teñida de antisemitismo, para acabar berrincheando de que en realidad no necesita de tal apoyo, y que se vayan todos a freír espárragos.

Esa conducta es la que se pone de manifiesto una vez más en el caso del Informe Goldston, contra cuyas conclusiones e implicancias Israel ha lanzado una guerra mundial en el terreno diplomático. Lo que está resultando hasta ahora es una serie de bajas que serán difíciles de revertir.

En ocasión del debate del informe Goldston en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Israel en Ginebra puso en juego una verdadera batería  de presiones sobre todos sus aliados en Estados Unidos y Europa para que votaran en contra de la adopción del informe por dicho organismo. El Informe, como se recordará, condena a Israel y a Hamás por “posibles crímenes de guerra” antes y durante el operativo Plomo Fundido en la Franja de Gaza en enero de 2009. El Consejo, se queja Israel, trató en su debate sólo los hechos atribuidos a Israel, dejando de lado los cometidos por Hamás.

El temor en Israel no tiene que ver sólo con una cuestión de imagen, sino por las implicancias jurídicas del Informe a nivel internacional: si es aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU en diciembre, oficiales israelíes podrían ser capturados y juzgados por países que, como España, se rigen por la llamada jurisdicción universal, que les permite juzgar a cualquiera en el mundo por delitos cometidos en cualquier lado. El Consejo de Seguridad está en potestad, también, de solicitar juzgamientos en la Corte Penal Internacional de La Haya. En este sentido, por ahora, Israel está mínimamente cubierto: Rodríguez Zapatero dio su compromiso, durante su visita a Israel, de que ningún oficial de Tzahal sería juzgado en suelo español. El presidente Barack Obama, por su lado, ya garantizó su veto en el Consejo de Seguridad. 

Israel se complica

En el camino, Israel complicó sus relaciones con Turquía, Rusia, China y, en los últimos días, incluso Francia, país con el cual ha reinado la amistad en la era Sarkozy. El canciller de ese país, Bernard Kouchner, anunció que anulaba su inminente paso por Israel. ¿Los motivos? La negativa de Israel a que Kouchner visitara la Franja de Gaza para observar la construcción del hospital Al Quds, que está siendo erigido allí en cooperación con Francia. El premier Netanyahu alegó que la visita beneficiaría sólo al Hamás, que centraría el foco en lo ocurrido durante el operativo Plomo Fundido.

Antes, Turquía anuló una tradicional maniobra conjunta entre Estados Unidos, Israel y ese país. A renglón seguido, su primer ministro Recep Tayyip Erdogan anunció una maniobra conjunta con Siria. De ese modo, explicaron los analistas, Turquía pretende competir con Egipto por la supremacía como país más influyente del Oriente Medio.

Las relaciones con Turquía, consideradas un bien importante en la constelación del status internacional israelí, se ensombrecieron notoriamente durante todo este año, luego del operativo. Hubo una escena de riña entre el premier Erdogan y el presidente Shimón Peres, críticas virulentas por Plomo Fundido, y el condicionamiento del mejoramiento de las relaciones a la solución de la tragedia humanitaria en Gaza.

Ahora, Israel se enfrenta también con la televisión turca, que emite una serie de televisión en la que soldados de Tzahal maltratan en cada capítulo a palestinos indefensos. Hubo en el gobierno quien comenzó a cuestionarse si Israel debía seguir “cubriendo” a Turquía en el tema del genocidio armenio. Quizás, dicen, haya llegado la hora de mostrar las cosas como son: si Turquía afirma que no se privará de “criticar a sus amigos”, ¿por qué Israel debe callar su condena de fondo al genocidio de 1915 y seguir haciendo lobby por el silencio de otros?

La opción cuerda

La respuesta israelí de combate y oposición podría, por una vez, ser bien otra. El gobierno ha encomendado al ejército la investigación de los hechos de Plomo Fundido. En sus hallazgos, el ejército aseguró que sus fuerzas se habían comportado “moralmente y de acuerdo con las normas y la ley internacional”. También aseguró que, allí donde se cometieron excesos, los responsables ya han rendido cuentas. Ningún medio en Israel ha publicado nada respecto de soldados castigados por hecho alguno relacionado con Plomo Fundido.

Se trata de dos problemas en uno. El primero, el de suponer que un organismo, menos todavía uno militar, puede objetivamente investigarse a sí mismo. El otro es el de pensar que Israel puede oponerse todo el tiempo a todo el mundo. El primer ministro Biniamín Netanyahu incluso llamó, en su discurso en la Convención Presidencial del 20 de este mes, a “cambiar las reglas de la guerra”.

¿Qué pasaría si, en lugar de dedicar tantas energías a pelearse con todo el planeta, Israel hubiera colaborado con Goldston, o si ahora nombrara una comisión investigadora propia, objetiva y parlamentaria, que hallara verdaderos culpables por delitos eventualmente cometidos? Pues si de verdad se cometieron tales u otros crímenes, ¿no debería ser Israel, que se erige en país moral, el primero en denunciarlos y castigarlos? ¿No beneficiaría eso su propia causa contra las calumnias y los rumores supuestamente antisionistas en el mundo? ¿No ayudaría a arrojar luz sobre lo que realmente ocurrió en ese infierno permanente llamado Gaza, a saber cuál es de verdad la culpa que le cabe a Israel y cuál la que le cabe a Hamás por el sufrimiento de su propia gente? Vivimos en un mundo de subjetividades, hoy más que nunca tienen razón nuestras abuelas: moral no sólo hay que serlo, sino también parecerlo. Bueno, no sólo nuestras abuelas, el concepto de “marit áin“, el de no cometer actos que pudieran siquiera parecer amorales, aun cuando no lo sean, está ya en nuestro Talmud.

Pero el actual gobierno israelí sabe más. Uno de los ministros dijo, al término de la reunión de gabinete que terminó rechazando la idea, que “una comisión investigadora que tuviera otro mandato que la de rechazar el Informe Goldston, está de más”.

Plomo Fundido todavía debe ser investigado. La insania con la que se maneja Israel en este caso, también. Quién sabe, quizás todavía lleguemos a la conclusión de que se trata de un caso de inimputabilidad…

(Publicado en Nueva Sión N° 950, octubre 2009, www.nuevasion.com.ar)

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“Muerte o unga-unga” a la Netanyahu

Publicado por marcelokisilevski en Octubre 11, 2009

¿Todos los caminos conducen a más asentamientos?

¿Todos los caminos conducen a más asentamientos?

El Congelamiento de la construcción en los territorios

Ya en la escuela primaria contábamos el chiste: un explorador es atrapado por una tribu salvaje en África, cuyo jefe le da a elegir: “Muerte o unga-unga”. Obviamente, el  hombre blanco elige unga-unga. Lo meten en una choza y cinco hombres morenos y grandotes lo violan durante toda la noche. Al día siguiente lo visita el jefe de la tribu: “Muerte o unga-unga”. El explorador no quiere saber más nada: “¡Muerte!”. “Está bien”, replica el africano. “Pero antes, un poquitito de unga-unga”.

El primer ministro israelí Biniamín Netanyahu decidió congelar por seis meses la construcción en los territorios, la gran piedra israelí de choque frente a los palestinos. Pero antes, anunció de modo resonante, será autorizada la construcción de cientos viviendas en Judea y Samaria, la Margen Occidental, que se sumarán a las 2.500 que ya están siendo construidas allí. Y dicho congelamiento será efectuado sólo a condición de que los países árabes tomen medidas tendientes a la normalización de relaciones con Israel.

Debe entenderse bien. La construcción de asentamientos judíos en los territorios es la espina israelí clavada en el costado de los palestinos, así como el terrorismo es la piedra que duele en el zapato de los israelíes. La derecha puede repetir hasta el cansancio que “no se puede comparar la matanza indiscriminada de gente con la construcción de casas”. Es, dicho en buen criollo, hacerse el sota. Esa construcción es, cuanto menos, un acto de matonerismo, con características mafiosas. Sus mismas motivaciones, las de hacer más difícil eventuales entregas de territorios, y sus características, las de una superior calidad de vida, una ubicación que entorpece la futura continuidad territorial de un estado palestino cuya existencia futura ya ha sido reconocida hasta por Biniamín Netanyahu, y las características violentas, profundamente fundamentalistas y antidemocráticas de sus habitantes más activos, la convierten en un acto de violencia política de escala nacional.

Israel viene reclamando con razón el fin del terrorismo como modo de dirimir su conflicto con los palestinos. Esperando no estar abriéndole la boca al diablo, como se dice en Israel, 2009 ha sido un año prácticamente sin terrorismo, sea por los motivos que fuere: la Cerca Separadora o “Muro”, el aumento de la calidad de vida palestina en Cisjordania, o por la habilidad gubernativa –y silenciosa- de Abu Mazen.

El operativo Plomo Fundido también puede haber aportado. Una vez terminado, Hamás siguió lanzando algunos Kassam para el protocolo, y después paró. Se dedicó a instaurar un régimen de terror fundamentalista hacia su propia sociedad, por frustración o por dictado iraní. Pero también a abrir un proceso de reconciliación con el Fatah de Abu Mazen y a negociar la liberación de cientos de palestinos presos en Israel a cambio de su único naipe fuerte, el soldado Guilad Shalit.

Por ahora, como quiera que sea, el terrorismo ha pasado a segundo plano también en ese frente. Nótese, también para el protocolo, que el operativo Plomo Fundido en Gaza no desató, como hubiera sido obvio muy pocos meses antes, una Tercera Intifada en la Margen Occidental. Esto solo debiera haber encendido varias “luces verdes” del lado israelí: la fractura interna palestina entorpece la paz, pero también puede ser visto como una oportunidad para avanzar.

El renacimiento de la Hoja de Ruta

El cese del terrorismo de facto, es también el cumplimiento, aunque no de jure ni en el plazo acordado, de la Hoja de Ruta, que también fuera adoptado por el actual gobierno como “pacto preexistente” a ser cumplido a pie juntillas. Es interesante cómo se dan algunos procesos en el Medio Oriente. Muchos documentos se rechazan, y se termina luego actuando de acuerdo con ellos. Ocurrió con el legendario Plan Alón para asentar provisoriamente los territorios recién conquistados en 1967. El plan se rechazó oficialmente, pero se llevó a la práctica con variantes por los  propios gobiernos laboristas, para ser intensificado con entusiasmo por los gobiernos del Likud. Ya había ocurrido antes con la doctrina del Muro de Hierro del nacionalista Zeev Jabotinsky, rechazado por el hegemónico partido de Ben Gurión. Éste, no obstante, fue quien convirtió a Israel en la potencia regional invencible tan soñada por “Jabo”.

Es lo que parece ocurrir ahora, de a poco, con la Hoja de Ruta, el plan de George W. Bush hijo. El primer aporte de dicho plan es el mismo que en su momento hiciera el propio Biniamín Netanyahu: la reciprocidad. Ya en su primer párrafo, el plan estipula el desmantelamiento de las organizaciones militares paralelas del lado palestino. Desde entonces la realidad cambió, y la fuerza armada del Hamás es indesmantelable, por ser gobierno en Gaza, y sólo es cooptable, por medio de la refusión política. Sin embargo, el terrorismo ha entrado en un impasse que no es recomendable desperdiciar.

A cambio, Israel debía cesar toda construcción en los territorios, incluida la generada por el crecimiento vegetativo, y desmantelar todos los “outposts” (asentamientos ilegales aun desde la óptica israelí) montados desde marzo de 2001. Este gobierno, cuyo canciller Avigdor Liberman se llenara la boca con la Hoja de Ruta en su primer día en funciones, parece no haber leído la segunda parte del primer apartado del plan de Bush.

La empresa colonizadora en su conjunto es el acto más irracional y absurdo de Israel. Obsérvese, si no, la actual conducta del gobierno, la de autorizar la construcción de viviendas para luego anunciar el congelamiento de la construcción, que tiene el fin de destrabar negociaciones que podrían llevar, eventualmente, a evacuar dichas construcciones. ¿Para qué seguir destinando fondos del contribuyente israelí a seguir alimentando un peligro que, a su vez, se traducirá en nuevos y cuantiosos gastos militares? Como me lo preguntaba, presa de la impotencia, una estudiante de América Latina recién llegada al embrollo mesoriental: “¿Por qué no hacen de una vez lo que todos saben que debe ser hecho?”

Bibi, el obediente

La respuesta, sin embargo, no es del todo desalentadora, por lo menos en opinión de quien firma estas líneas. Al fin y al cabo, Bibi Netanyahu está haciendo –siempre a regañadientes, pero siempre obediente- lo que sabe que debe ser hecho. Desde su asunción, no se han vendido más terrenos, ni se habían otorgado hasta ahora más permisos de construcción. Las mentadas 2.500 viviendas habían sido autorizadas por el gobierno anterior, de Ehud Olmert, líder de Kadima.

Ahora, Netanyahu está congelando la construcción en los territorios, pero la está frenando como frenan los vehículos: con una distancia de freno. En un coche, frenar de golpe pone en peligro de muerte a los pasajeros. Si Netanyahu congelara de modo súbito, como lo quiere Obama, el ala derecha de su gobierno se retiraría y su coalición se desmembraría, con todo el retraso que ello significa. Ningún miembro de la actual coalición quiere retirarse, y no lo harán por un congelamiento en los territorios que no es fatal ni sella destinos de nada. Pero sus “constituencies“, sus votantes, no lo podrán digerir, y vomitarán a sus líderes. Y sólo si el coche de Bibi sigue viajando, podrá seguir haciendo lo que, según lo muestra la historia, sólo los coches de la derecha israelí parecen ser capaces de efectuar.

Sea por la razón que fuere, lo que resulta es un gobierno que actúa como la tribu africana del chiste. “Elijan: o paran con el terrorismo (que es la “muerte” del gran naipe de la causa palestina que, admitamos, los ha llevado a sus grandes logros), o habrán más operativos tipo Plomo Fundido y más asentamientos (unga-unga)”.

Sin ser del todo categóricos, los palestinos por una vez parecen haber aprendido la lección de la fuerza israelí: “Está bien, basta, no podemos más: paramos con el terrorismo”. Y el gobierno israelí, que necesita demostrar que es macho que nadie le va a venir a él, justo a él, con dictados e imposiciones, parece responderles: “Muy bien, pero antes, un poquito más de asentamientos”.

(Publicado primero por Nueva Sión, N° 949, septiembre 2009)

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Ni Madoff, ni Einstein

Publicado por marcelokisilevski en Julio 25, 2009

Esta semana, por no decir este año, estuvo signada, signado, por judíos e israelíes que se portaron y se portan mal. Digo año por Madoff, que ya fue condenado a unos cuantos añitos en prisión. Pero esta semana se le agregaron una madre ultraortodoxa que tal vez casi mata a su hijo de inanición, una banda de israelíes que tal vez trafican con óvulos, explotando quizás a adolescentes rumanas en Bucarest, y ahora una quizás mafia de rabinos pro-Shas en Nueva York, que posiblemente han lavado toneladas de millones de dólares utilizando para ello, y quizás, asociaciones de beneficencia en Israel.

No es improbable que salgan los antisemitas de siempre con sus diatribas: “¿Ven? ¡Se los dijimos! Así son. Es el judaísmo internacional en su máxima expresión! Ta, no podemos esperar otra cosa de los antisemitas de siempre.

Pero a mí me interesan los de mi lado, los judíos, que al fin y al cabo soy uno de ellos. Los delincuentes israelíes y judíos en el mundo, ponen en un brete al “pueblo judío”. Porque existe un “pueblo judío que cierra filas”. A veces las cierra tanto, que espanta a otros, a los que después sorprende que pasen a llamarse los “desinstitucionalizados”. Y los medios de comunicación del “pueblo judío que cierra filas” escacearon en la información sobre estos casos, salvo honradas excepciones.

El “pueblo judío que cierra filas” es el que se escandaliza cuando los antisemitas atacan al pueblo judío como un todo cuando un judío comete un delito. “Que lo condenen por delincuente, no por judío; la generalización es prejuicio antisemita”, claman con razón. Pero el mismo “pueblo judío que cierra filas” es el que, a renglón seguido, escribe artículos y libros sobre “el aporte del pueblo judío al mundo”, y como ejemplo ponen a Einstein, a Freud, a los escritores, a los inventores de ICQ y a todos los Premios Nobel.

¿En qué quedamos, vive Agnón? ¿Se puede generalizar respecto de lo judío o no se puede generalizar? ¿O acaso se puede generalizar sólo si es a favor? ¿Se puede ensalzar al pueblo judío por haber dado al mundo a Einstein, pero no se lo puede juzgar por haber dado al mundo a Madoff? De verdad, oh, hermanos judíos, ¿cuál es ese “mérito judío” que ha generado a Einstein, distinto del “desmérito judío” de haber generado a Madoff? Mmm, disculpen, pero yo, judío, respiro un leve tufillo a prosemitismo, que no es menos peligroso que el anti. Porque la generalización en contra ha dado origen a la violencia antisemita, eso queda claro. Pero la generalización a favor hace algo más sutil, y por lo tanto más grave: legitima la generalización, sea del signo que sea. Y al hacerlo, deslegitima la denuncia.

Madoff es un delincuente, y no se lo ataque ya por su origen o apellido.Einstein fue un genio, y no se lo alabe ya por su origen o apellido.

Y que quede bien claro: yo no tengo nada contra los judíos. Es más, mis mejores amigos lo son. Boina semana.

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Videítos nuevos

Publicado por marcelokisilevski en Julio 12, 2009

En un intento por ponerse al día con la tecnología, me han llegado videos nuevos que buscan articular el mensaje en favor de Israel y sus políticas de paz, que quizás les interese ver, y difundir.

El primero fue producido por el American Jewish Comittee y se titula: “No”: el verdadero obstáculo para la paz.

El segundo lleva ya varios días circulando por la red, y es el último grito del rap! Incluye final feliz…

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Taír y Tâher

Publicado por marcelokisilevski en Enero 24, 2009

Por Darío Teitelbaum – Kibutz Gvulot, en el límite con Gaza

Taír es mi hija, y es tan real como sus respiraciones, que escucho llegar de la habitación contigua donde duerme. Taír tiene cuatro años y nueve meses (a pesar de que ella sostiene tener cuatro y medio) y vive con su mamá Ana y conmigo en el Kibutz Gvulot (1).

Tâher es tan real como mi hija Taír. No estoy seguro si se llama Tâher, si tiene cuatro o cinco años. No se si vive en Rafah , en Nuseirat o Shaty. Con seguridad hay una, diez o cien Tâher en la Franja de Gaza.

Taír significa “iluminará” , neologismo hebreo.
Tâher significa “puro, limpio”, en árabe literario.
Al parecer las raíces etimológicas de ambos nombres desprenden de una fuente en común. Fuente seca en estos días.

Taír se fue a dormir , luego de cenar. Cena habitual de sábado, cena que Ana y yo logramos proveerle día a día (así como los desayunos, almuerzos, meriendas y demás antojos infantiles) gracias a nuestro trabajo. Ya que estamos en invierno (no muy riguroso, por cierto) su habitación está agradablemente calefaccionada. Ana le leyó un cuento.

No sé dónde Tâher duerme esta noche. Quizás en su propia casa, quizás en la de su tío en un barrio más seguro, lejos de zonas de lanzamiento de misiles Kassam y de represalias israelíes. No sé qué comió Tâher, si fue comida caliente , o tan sólo una ración repartida por las organizaciones humanitarias. Ni sé si Tâher sufre frío o soledad.

Por cierto Taír se quedó en casa con nosotros, no así muchas “Taír” de su edad , habitantes de la región del Neguev, que optaron – sus padres optaron – por salir de la zona ante la inminente amenaza de caída de misiles tipo Kassam y Katiusha, la constante tensión de vivir bajo interminables alarmas y de compartir un jardín de infantes improvisado en un refugio subterráneo.

Taír y Tâher viven en estos dias una vida que ellas no eligieron, sino que nosotros como progenitores les asignamos, y quizás (ojalá no) a la cual las condenamos.

Sus vidas no son simétricas, ni tampoco lo es el mundo que les construimos. Tampoco lo es la ceguera terrorista de aquellos que no reconocen el derecho de Taír de vivir sin amenazas de muerte, o la impotencia nuestra de no llegar a un acuerdo que permita a Tâher lo mismo que está permitido a mi Taír.

No obstante las asimetrías, ambas están potencialmente bajo un extremo riesgo existencial: ser las victimas de un conflicto como no tiene lugar sobre la faz del planeta.

Un conflicto que amenaza al carácter humano de todos y cada uno de nosotros, sea en las calles afligidas de Sderot, en los senderos tortuosos de Beit Hanun, en los campos de Jolit y el las playas de Dir el Balah.

Un conflicto que pone en evidencia el oscurantismo de los fundamentalismos y lo nocivo de los nacionalismos exacerbados, y esto más allá del derecho natural de los pueblos a la autodeterminación.

Conflicto en el cual todo humanista, antes de tomar partido impulsivo debe acudir a la empatía y a la capacidad de entender la situación de riesgo latente y peligro inminente. La reacción natural de cada padre de defender a su niña. A su Taír o a su Tâher.
Y al comprender esto, su obligación moral (y no solo política) de actuar en favor de disminuir ese riesgo, esa amenaza y ese temor.

Es su misión hacer que las Taír y las Tâher puedan gozar de una niñez feliz, una adolescencia plena y una perspectiva de vida digna.

Eso no se logrará con un Kassam o un hombre-bomba, ni con un tanque o un avión, ni con negaciones ni abnegaciones.

A eso no se llegará si cada año se suman a la lista de muertos, heridos, damnificados y afectados, y así se refuerzan los circulos viciosos de la violencia.

Sino al entender el riesgo y peligro y potencialidad de una tragedia más profunda aún, ejercer la defensa y autodefensa por medio del diálogo, del respeto a la vida y de la voluntad humana de auto superación.

Mi Taír y Tâher podrían cumplir con la aspiración que sus nombres encierran: iluminar y purificar…Amén, asi sea…

O mejor dicho… hagámoslo así.

Darío, Papá de Tair,

1 Kibutz Gvulot, granja comunitaria situada a 7 Km. de la franja de Gaza

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Dor (generacion, nombre masculino hebreo)/ Janan Yovel

La próxima generación duerme en la habitación de al lado,
Oigo su respiración.
La próxima generación duerme en la habitación de al lado,
Balbucea temores al soñar.
Quiero acercarme, abrazarlo fuerte
Pero al meditarlo entiendo
Yo me equivoqué, él razón tendrá
 

Dor, Dor,
No quiebres tu sueño como lo hice yo
Dor, Dor  
No remates tu mundo.
Abre tus ojos, no olvides lo que ahora anhelas
Extiende tus manos, pero no confíes en los que en vano imploran
No te silencies, enfréntate a mí…
No te fíes de mi generación.

La próxima generación distingue muy bien entre bien o mal
Y con un desarrolado sentido de justicia sabe contar.
La próxima generación puede ver claramente lo que sucedió
Y no mantiene en secreto su sensación.

Quiero decirle – basta ya,
Que alto costo tiene este mundo
Pero al pensarlo nuevamente sé que –
Él es tan puro, yo ya no lo soy.

Dor, Dor …

La próxima generación duerme en la habitación de al lado,
Oigo su respiración.

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Ahora sí: El Día Después

Publicado por marcelokisilevski en Enero 20, 2009

(Extracto de la nota “Licitación para la Reconstrucción”, de Alex Fischman en Yediot Ajaronot, Suplemento de Shabat, del viernes 16.1.09)

El Jihad Mundial tardó en darse cuenta del operativo “Plomo Fundido”. Recién una semana después comenzaron a verse, en los sitios web fundamentalistas, llamados a armarse y cumplir preceptos de “Jihad personal”, penetrar en Palestina y atacar. Días después dieron instrucciones más detalladas, puntos ideales para infiltrarse, lugares clave a ser atacados.

De repente, se registraron algunos incidentes en las fronteras. Disparos desde la frontera con Siria contra una patrulla de Tzahal, o contra otra de la Gendarmería en la frontera jordana. Casos aislados, pero en Israel -y también en Siria y Jordania- tomaron en serio esas señales, producto de la incitación de la Jihad Mundial por Internet.

Esta semana (por la pasada) se sumó también Bin Laden a los llamados a convertir a Gaza en un segundo Afganistán, pero para Hamás, todos llegaron tarde. En los bunkers de Gaza comienza un balance doloroso con un profundo olor a derrota y a traición. El “Ratzád” (servicio de inteligencia interno del Hamás) mandó agentes a la calle, al mercado, a ver qué dice la gente. A pesar de lo que los gazeños dicen por la televisión del mundo, los líderes del Hamás saben la verdad: comienzan a percibir la agitación en la calle palestina, que se pregunta si la guerra fue conveniente, y acusa al Hamás de un comportamiento “aventurero”. También apuntan su bronca y su dolor contra sus hermanos palestinos en Cisjordania, que no hicieron nada en su favor, y contra los países árabes, que no enviaron ayuda desde afuera. La sensación generalizada en Gaza es que el liderazgo los llevó a una situación miserable y que el mundo los ha abandonado.

El número de refugiados en Gaza llega ya a 90 mil. La gente que se escapó de sus casas -tanto por los preavisos del ejército israelí como por temor a los bombardeos- no tiene adónde volver. Nadie, hoy por hoy en Gaza, tiene solución para estos refugiados. Parte se hospedan con familiares y parte dan vueltas por sus casas en ruinas, intentando salvar algo más. Tzahal se encontró con una “ciudad de explosivos”, y destruyó cada casa, barrios enteros, sospechosos de estar entrampados con bombas.

Es de suponer que en el Hamás hablan hoy de un fracaso total en la preparación de la retaguardia civil para la guerra. Los hospitales no fueron equipados con implementos médicos suficientes, no se formaron equipos de rescate y salvataje al nivel necesario, no fueron diseñados programas para resolver los problemas de los refugiados ni de la reconstrucción de infraestructura que colapsó en la guerra: agua, electricidad, alimentos.

En este punto temporal, el Hamás no sabe ni por dónde empezar. Todas las oficinas gubernamentales fueron borradas, la gente no tiene siquiera adónde ni a quién dirigirse. No hay dinero en la caja de gobierno ni un registro poblacional ordenado. Israel destruyó 12 mezquitas centrales en Gaza utilizadas como reservorios de armamento y municiones, acción que no se había realizado jamás en confrontaciones entre Israel y el mundo árabe. El gobierno del Hamás, que era la cúspide de los logros del movimiento fundamentalista en el Medio Oriente, perdió su capacidad. Si no da respuestas a la población, perderá su legitimidad en la calle. No hay todavía señales de revuelta en la calle gazeña, ni las habrá, pero hay algunos incidentes que dan cuenta de la insatisfacción. A no pocas células del Hamás los civiles les exigieron bajarse de los techos de sus edificios de viviendas. No los quieren allí. No quieren “ligarla” por su culpa.

Hamás y el mundo árabe todo, estudian ahora las lecciones de esta guerra. Hasta la Segunda Guerra del Líbano pensaron que habían hallado una “patente” para combatir a Israel: lanzar cohetes contra su retaguardia civil. Con “Plomo fundido”, la patente terminó de colapsar, pues Israel devuelve con la misma moneda.

La segunda lección es la militar propiamente dicha. En Hamás intentan averiguar ahora por qué su plan de defensa militar no funcionó. No entienden, por ejemplo, por qué los tanques israelíes no fueron penetrados ni volados como en el Líbano. Por qué el plan de ataque que habían preparado, de fuego ascendente contra la población israelí, fracasó. No sólo en Hamás. También en Beirut, en Damasco y en Teherán, intentan ahora reunir data del campo de batalla y entender qué fue lo que hizo allí Israel. Qué defensas tenían los tanques, cómo actuaron los grupos de combate de Tzahal. Esta guerra encendió entre los sirios y los iraníes varias luces de advertencia.

Si bien Hamás no levantará banderas blancas e intentará presentarse como vencedor, le costará muchísimo vender esa historia de éxito. Al no lograr anotarse logros en las batallas frente a Tzahal, comenzaron a fabricar historias sobre muertes de soldados israelíes. Fuera de Al Jezeera, nadie compró. Ni siquiera lo creyó la calle en Gaza. Hamás sabe que ha fracasado, y los egipcios, en las conversaciones de El Cairo, se preocupan por ponerles bien en claro su miserable situación. Los egipcios son concientes de las fisuras entre Hamás-Damasco y Hamás-Gaza, y humillan a los representantes del Hamás con la exigencia de rendición total. Los del Hamás no luchan ya por las condiciones de la rendición, sino por el honor de su organización.

En cuanto al resultado final, Israel no quiso derribar el gobierno del Hamás, por temor a que se generara un vacío de gobierno al que fueran atraídos factores islámicos aún más extremos, y a una anarquía de bandas armadas. A Israel le es cómodo que Hamás permanezca en su puesto, pero que sea un Hamás debilitado. Esto se oponía al interés egipcio que, precisamente, deseaba ver caer al Hamás del gobierno de Gaza. Cuando el Comando Sur presionaron para continuar avanzando, en el Alto Mando en Tel Aviv los frenaron, y no sólo por razones humanitarias o presiones diplomáticas. Otro golpe, y el Hamás se habría desmenuzado por completo. ¿Y entonces qué? ¿Habríamos tenido que formar una administración militar y empezar a repartir alimentos y preocuparnos por los refugiados?

La carrera hacia la reconstrucción

Nadie sabe estimar los daños a la Franja de Gaza en las últimas 3 semanas. La Oficina Central de Estadísticas Palestina habla de 1.500 millones de dólares. No suena a mucho en términos de catástrofes internacionales, pero relativamente al presupuesto de la ANP es una cifra astronómica. Ahora comienza la carrera hacia la reconstrucción. Empieza por goteo de puentes aéreos: un avión francés trae insumos, otro de la UNICEF desde Dinamarca, delegaciones de Médicos sin Fronteras que intentan obtener autorización israelí para actuar en la Franja. La UE ya está reunida con el secretario general de la ONU e intenta hallar financiación para la reconstrucción de las infraestructuras en Gaza. Y ni siquiera es el comienzo.

Muchos organismos extranjeros, occidentales y otros, vendrán y actuarán junto a las organizaciones de asistencia a refugiados. En Europa, EE.UU. y Egipto entienden que se da aquí una competencia: quién llegará a Gaza primero con el dinero, si los iraníes, o el mundo libre junto con los países árabes moderados. Los egipcios colaboran con el cierre del Paso de Philadelphi no sólo por su temor al contrabando de armas que podrían ser apuntadas también contra ellos. Un Philadelphi cerrado seca también los conductos de dinero iraní a Gaza. Decenas de millones de dólares pasaron a Gaza en maletas de dinero a través de los túneles y mantuvieron al gobierno del Hamás. Los egipcios, en cooperación con los jordanos, sauditas y países del Golfo, hacen hoy esfuerzos serios por cortar a la Franja del eje Irán-Siria. “Plomo Fundido” les abrió la oportunidad de devolver la Franja a la Autoridad Palestina y reducir el enfrentamiento israelo-palestino a sus dimensiones locales, en lugar de un conflicto regional.

Para Israel, en tanto, la guerra no se termina con el cese del fuego. Éste traerá también a la prensa internacional y la gran primera batalla de Israel será en el plano del esclarecimiento. El gobierno ha nombrado al ministro Itzjak Herzog para que concentre los esfuerzos israelíes del Día Después. El primer esfuerzo en la batalla por la concientización será incluso el judicial: reunir las evidencias que demuestren que la destrucción de las edificaciones civiles se debió al hecho de que en la zona actuaban organizaciones terroristas. Existe el temor de que el comandante en jefe de Tzahal Gaby Ashkenazi y el general Yoav Galant (que comandó el operativo) deban dejar sus pasaportes en el cajón por mucho tiempo. Una reunión de rutina con los comandantes en jefe de la OTAN en Bruselas podría terminar con su arresto en el aeropuerto.

La lucha israelí por la concientización es un capítulo importante, en el corto y mediano plazo. En el largo, le espera a Israel una lucha de estado prolongada contra la posible legitimación del gobierno del Hamás. En este punto, podría salirle a Israel el tiro por la culata: Israel buscaba debilitar al gobierno de Hamás, pero por la destrucción provocada, Hamás podría precisamente obtener la legitimación internacional. Las delegaciones de asistencia de países europeos y otras, permanecerán en la Franja de Gaza por mucho tiempo, y tendrán contactos constantes con las autoridades. El gobierno local era y seguirá siendo del Hamás. Así, paulatinamente, los contactos humanitarios se convertirán en diálogo político y, seguidamente, en reconocimiento de los países del mundo al Hamás y a la ideología que éste representa.

Traducción y edición: Marcelo Kisilevski, en El Comunicador Personal (www.marcelokisilevski.wordpress.com)

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Fósforo blanco: gol en contra

Publicado por marcelokisilevski en Enero 19, 2009

Al dar comienzo la fase terrestre del Operativo Plomo Fundido me llamó la atención, en las imágenes televisivas, una de las visiones de proyectiles lanzados por Israel: una especie de fuego de artificio al revés, que estallaba arriba y se dispersaba hacia abajo, y de color blanco. Nadie en la prensa israelí lo comentaba, y supuse que se trataba de otras tantas granadas de iluminación, como otras que también se veían.

Los medios en el mundo empezaron a incluir en sus condenas el uso de fósforo blanco. La organización Human Rights Watch publicó enseguida un llamado a Israel a cesar su utilización.

Al parecer, dice la misma organización, el fósforo blanco era utilizado por Israel para crear cortinas de humo que ocultaran las operaciones militares en tierra, un uso permitido por la ley internacional, según HRW. Sólo en los últimos días, en una nota de la televisión israelí, el ejército explicó que se utilizaba en los obuses de humo sólo para su encendido. Pero el fósforo blanco arde en contacto con el oxígeno, su apagado es difícil, y en contacto con la piel provoca horrorosas quemaduras, de 2° y 3° grado, además de ser capaz de incendiar viviendas y estructuras edilicias.

La prestigiosa organización entiende que “el uso de fósforo blanco en zonas densamente pobladas en la Franja de Gaza transgrede la exigencia del derecho humanitario internacional de emplear todos los medios de precaución posibles para evitar la muerte y herida de civiles”. El temor aumenta por el método elegido por el ejército para utilizarlo, a saber, lanzamiento desde el aire, dispersando 116 copos ardientes, en un radio aumentado de entre 125 y 250 metros, en lugar de explosiones localizadas en tierra.

El portavoz de Tzahal negó rotundamente, el 10.1, al segundo día de iniciada la operación terrestre, ante la CNN, que Israel estuviera haciendo uso alguno de fósforo blanco. Sólo en los últimos días se admitió su uso y se esbozó la explicación antes mencionada. ¿No sabía el ejército que el fósforo blanco iba a arder, aun llegado a tierra? En la tele israelí indicaron que el ejército ha comenzado a investigar el caso.

Ya lo dije, y no tengo problemas en seguir argumentando a favor del caso de Israel en esta contienda. Sigo pensando que la mayoría de los críticos y de todos los manifestantes en las calles de Occidente pecan de deshonestidad intelectual al no manifestar también por los muertos en el Congo, o por la cara desfigurada por ácido de niñas escolares afganas a manos de los Talibán. Pero ellos son hipócritas, o sus idiotas útiles. Yo, en cambio, amo a Israel.

Y desde ese amor a Israel, no puedo dejar de preguntarme: ¿hacía falta? ¿Tzahal no tiene otros medios para crear cortinas de humo? Créanme, yo vivo acá, y serví en el ejército. Israel puede crear otras cortinas de humo, sin necesidad de fósforo blanco.

¿Qué quieren que les diga? Hoy me embarga una sensación incómoda. Siento que si no digo esto, no voy a poder acusar a otros de deshonestidad intelectual e hipocresía. Y tampoco voy a poder escribir el post de mañana, donde volveré a explicar que la opinión pública palestina está por mandar al infierno al Hamás, por provocarles esta tragedia, y que Irán se está preparando para reducir daños y financiar el rearme de Hamás, y que Al Qaeda quiere hincarle el diente a la sufrida Palestina, reemplazando a los inútiles de Hamás.

Porque en Gaza han muerto cientos de personas, miles de otras han quedado tullidas y quemadas para siempre, y unos 90.000 han quedado sin casa, y sin que haya nadie que se ocupe de ellos por el momento. Si somos honestos al decir que “no tenemos problema con el pueblo palestino” sino con el terrorismo, entonces por lo menos debemos hacernos cargo de lo que le hemos provocado a parte de ese pueblo con el que no tenemos problema.

El operativo está bien, se justifica, y explicaciones sobran, y las muertes de civiles utilizados como escudos humanos por Hamás son terribles, pero inevitables en toda guerra, sobre todo en una como ésta. Y sí, señores críticos: era una guerra, y nunca se puede saber cuántas muertes se pudieron haber evitado en lo táctico. En lo estratégico, Hamás habría podido evitar todas.

Pero el uso de fósforo blanco por Israel fue un crimen de guerra. Innecesario e inhumano. Sobre todo para un ejército que se jacta de su doctrina de “Pureza de las armas”. Desde esa doctrina, esto es un crimen de guerra, y los responsables tendrán que rendir cuentas e ir a prisión. Para que yo, y muchos otros, al defender la causa de Israel, no acabemos, también, justificando crímenes.

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Hamás y los niños

Publicado por marcelokisilevski en Enero 17, 2009

Cerca del final de la contienda, y cuando nos acercamos a la hora de pensar en lo que Israel ha hecho en la Franja de Gaza, y en lo que le han hecho, y en cómo seguir de acá en más, vaya este artículo de Ana Jerozolimski, con la que estoy de acuerdo.

LOS NIÑOS EN LA GUERRA CONTRA HAMAS

Por Ana Jerozolimski

Por más que no tenga duda alguna sobre la razón que acompaña a Israel en su guerra contra Hamas, la intención de esta nota no es justificar todo lo que hace Israel. Por más convencida que esté de que la guerra actual en Gaza no habría estallado de no ser por los ataques de Hamas con misiles hacia la población civil de Israel durante años, la intención de estas líneas no es  decir amén a todos los resultados de su ofensiva contra Hamas.

Es terrible que mueran también civiles, especialmente niños. La intención aquí no es minimizar lo grave de ese hecho.

Pero sí recordar que fue precisamente para evitar esas muertes, que Israel se contuvo durante ocho años antes de lanzar el fuerte ataque  que lleva a cabo ahora contra Hamas. Sabía que la muerte de civiles en una zona como Gaza, en la que no sólo hay alta densidad de población sino más que nada terroristas que no tienen reparos en usar a los civiles de rehenes y escudos humanos, sería inevitable.

Y quisiera concentrarme en los niños.

En las últimas dos semanas, recorren el mundo imágenes muy duras de niños afectados, heridos y muertos en Gaza. Ninguno de ellos debería haber perdido tan prematuramente la vida.

Pero para comprender por qué Israel finalmente se decidió a actuar con dureza contra Hamas, aún a riesgo de que el fuego alcance también a niños, blancos no buscados por cierto, hay que conocer también otras imágenes.

Hay que conocer las imágenes de los niños de Gaza usados durante años por Hamas como instrumentos de odio en su propaganda. Imágenes de niños pequeños con uniforme de camouflage, portando armas, practicando maniobras propias de campamento militar durante los “campamentos de verano” en los que todo niño promedio quiere simplemente divertirse y pasarla bien.

Y entonando canciones que les enseñan sus guías de Hamas, con loas a la “shahada”, muerte como mártires, y elogios como “éstos son los niños del cuchillo y la muerte”, que hemos visto personalmente en filmaciones de la televisión “Al Aqsa” de Hamas.

Especialmente espeluznante fue una puesta en escena -que no es nueva, aunque estos días ha comenzado a circular nuevamente por la red- de elogio a la muerte y el suicidio, como valores superiores a la vida y al propio marco familiar. En esa filmación -que siendo yo madre, admito, recuerdo con una mezcla de ira y nudo en la garganta- se ve una niña pequeña, que no parece tener más de 5 años, observando a su madre cuando envuelve algo en una tela, que resulta ser un cinturón explosivo. Le pide a la madre que se quede con ella, pero la madre sale, se ve la explosión que simboliza el atentado suicida que perpetró y luego, nuevamente, la niña que vuelve al dormitorio de la madre, hurga en su cajón y encuentra explosivos. Los toma en sus manos y la música de fondo promete, como si fuera la niña misma la que habla, que “nos juntaremos pronto mamá, porque yo seguiré tus pasos”.

“Ahora entiendo qué era más precioso que yo”, dice la niña.

¿Es normal que el mensaje de una organización que dice representar el bien de su pueblo, enseñe a sus niños que la bomba valía más para su madre que ellos mismos?

¿Es normal mostrar a un niño que ora en la mezquita y que al salir, con el Corán en la mano, empuña también un rifle, mientras de fondo se canta sobre el sueño de morir?

¿Es normal vanagloriarse de que “así como los israelíes santifican la vida, nosotros santificamos la muerte” y mostrarlo como señal de fuerza a tomar en cuenta?

¿Se le cruzaría por la cabeza al editor de un programa de televisión normal y civilizado utilizar las figuras del Ratón Mickey y otros personajes infantiles (como el conejo Assud, en árabe), para diseminar odio , con frases como “me voy a comer a todos los judíos”? La voz es aguda, como es propio del personaje infantil… el contenido, nada infantil por cierto.

Tener esto en mente es esencial para comprender contra quién Israel está luchando. Pero no se atacó a Hamas por esos videos retorcidos ni por el mensaje  fanático que usa a sus propios niños como arma de odio, sino porque además, buscó durante años, incesamente, matar a niños de Israel.

Toda la anormalidad puesta en el desarrollo de ese mensaje de odio y fanatismo, fue puesta en cada cohete Qassam disparado desde Gaza a partir de enero del 2001 –y ni que hablar de los innumerables atentados suicidas orquestados por Hamas  por todo Israel durante años.

En cada cohete había y hay  explosivos y esquirlas destinados a matar numerosos niños. Y no mueren por decenas por día, por la sola razón de que mientras ellos, los terroristas, están dedicados a desarrollar la industria de la muerte, en Israel intentan salvar la vida. Mientras , a pesar de la retirada israelí de Gaza, Hamas se abocó a desarrollar sus misiles y no a hacer florecer la Franja palestina en su nueva etapa, a los niños del sur de Israel se les entrenó sobre cómo y hacia dónde correr para salvarse en 15 segundos.

En lugar de llenar Sderot de misiles y armas, se colocaron protectores de cemento en cada esquina, para que la gente tenga hacia dónde correr. Y se construyeron refuerzos especiales en los techos de escuelas y jardines de infantes, para que puedan detener los impactos directos de los Qassam.

Sólo  eso salvó a los niños del sur. Y el hecho que cayeran cohetes en aulas cuando los alumnos estaban en el patio o viceversa. Y en casas vacías de las que por miedo, la gente se había ido por unos días a lo de familiares en otro lugar, volviendo luego vivos, a una casa destrozada.

Y a pesar de que muchos se salvaron por este cúmulo de razones, Israel no podía dejar de responder al fin a la amenaza, pero no para tomar represalia, sino para tratar de poner fin al peligro. Y eso no se podía hacer lanzando Qassams sobre Gaza, sino atacando a Hamas con una fuerza que le convenza que más le vale no volver a disparar.

Israel no podía no dejar de contenerse. Ya lindaba con lo inmoral el no enfrentar la amenaza. Su pecado no fue salir al fin a combatirla, sino no haberlo hecho mucho antes.

Es tal como me dijo el viernes último el escritor israelí Abraham B. Yehoshua en una conversación telefónica . ”Si cayera en Madrid un misil por semana -no varios por día durante años como en el sur de Israel sino uno o dos por semana- ¿acaso alguien en España diría que no hay que reaccionar contra quienes los dispara porque  casi siempre sólo hay  heridos y algunos daños materiales?”.

Sea como sea, entre los muertos cobrados por los Qassam, hubo varios niños de Sderot. Muchos otros quedaron con secuelas para toda la vida, aunque sus fotos no estén dando vuelta al mundo .

Israel no salió a atacar a Hamas en Gaza para “vengarlos” sino para garantizar que la lista de muertos no pueda seguir aumentando… y porque nadie podía asegurarle que algún día no se le terminara la cuota diaria de milagros.

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El rol de Dios

Publicado por marcelokisilevski en Enero 7, 2009

Desde el viernes estoy queriendo tener tiempo para traducir el siguiente artículo, escrito por Yair Lapid, el príncipe del mainstream israelí. A la luz de lo que pasó ayer en las dos escuelas de la UNRWA en Gaza, y antes de explicar que los del Hamás usan chicos y mujeres como escudos humanos, cosa cierta y sabida, vaya esta nota, para que no nos olvidemos de quiénes somos.

El rol de Dios

Por Yair Lapid – Yediot Ajaronot

La última semana, con todas sus sacudidas y horrores, surge nuevamente la pregunta que nadie se interesa por responder: ¿cuál es la función de Dios?

Porque, a pesar de todos sus fracasos probados, el Hamás ha logrado por lo menos una cosa: ha convertido el actual conflicto en una guerra entre nuestro Dios y el Dios de ellos.

En el plano táctico, nuestro Dios va ganando por ahora, porque tiene helicópteros Apache. En el estratégico, no se supone que el Dios de los judíos deba entrometerse en grescas de barrio del tipo que tiene lugar actualmente en Gaza. Él no es un jugador, sino el Árbitro.

Porque el Dios de los judíos es el verdadero fundador de la Globalización. Es lo que siempre fue tan fulgurante en él. El hecho de que ustedes creen en mí, le dice al Pueblo Elegido, les da un rol especial, pero eso no significa -ni por un segundo- que soy sólo de ustedes. Yo les pertenezco a todos, y todos me pertenecen.

No soy religioso, pero ello no significa que la idea no me atraiga. Hay algo de agradable en la pertenencia a la única tribu de la historia que ha logrado mirar más allá de su propio ombligo. El extremista Dios del Islam amenaza con asesinar a todo aquel que no acepte sus principios. El Dios de los cristianos acostumbra a ofenderse desde el fondo de su alma de que todavía no nos hemos bautizado en aguas benditas. Sólo nuestro Dios contempla a toda la humanidad con una mirada llena de misericordia. Musulmanes, cristianos u otentotes, nos dice, todos son mis hijos, y por todos me preocupo.

El Tanaj (Antiguo Testamento) nos recuerda una y otra vez que no estamos solos en el mundo. “Como ciudadano entre ustedes será para ustedes el extranjero que vive entre ustedes”, dice el Levítico, “y lo amarás como a ti mismo”. El hecho de que seamos judíos no nos da el derecho a ignorar que personas inocentes están perdiendo la vida. De hecho, se supone que nos debe angustiar más que a cualquier otro pueblo.

El rabino (ortodoxo) Yonatan Zachs escribe en su maravilloso libro “En favor de la diferencia” las siguientes palabras: “Sólo aquellos que han probado el sabor de la esclavitud entienden en lo más profundo de su ser por qué está prohibido esclavizar a otros. Sólo aquellos que han sentido la soledad del ser extranjeros pueden identificarse de modo natural con ellos”.

Claro está que nos es más fácil identificarnos con nuestro dolor particular. En el último Shabat murió en Netivot por un misil Qassam Beber Vaknin, de 58 años. Su muerte nos dolió más que todos los 255 muertos en Gaza ese mismo día, incluidos 20 niños muertos allí. La muerte de Irit Shitrit de Ashdod, madre de cuatro, ya nos vacunó por completo de la necesidad de ver también las desgracias de la otra parte. ¿Catástrofe humanitaria? Ellos se lo buscaron. Estamos tan enojados con el gobierno del Hamás, que nos hemos enseñado a dejar de sentir. Que se mueran. Culpables e inocentes juntos.

¿Pero no es ése, precisamente, el rol de Dios? ¿Hacernos señas de cuál es nuestra obligación moral aun cuando nos enojamos? ¿Obligarnos a mirar más allá de nuestro dolor particular? ¿Recordarnos que la santidad de la vida y el respeto por el hombre -dos conceptos que nosotros, los judíos, hemos traído al mundo- no desaparecen ni siquiera cuando hacemos lo más obligatorio para mantener la entereza y la seguridad de nuestro estado?

El Estado de Israel no se puede permitir ser pacifista. Se ha reservado siempre, con empecinamiento, su derecho a la autodefensa, y la ola de misiles Qassam en el sur ha elevado el nivel de rabia más y más. La acción en Gaza es obligatoria y está justificada, pero no podemos aceptar ni adoptar la concepción hamásica del conflicto. Si ellos quieren ver aquí un conflicto inter-religioso, problema de ellos. Pues precisamente por eso, el Islam se ha convertido en la religión más criticada y temible del planeta: debido a que matan gente en nombre de Dios.

Nosotros hemos pensado siempre de modo diferente. No es el estado judío el que se está defendiendo hoy, sino la democracia israelí. Quien sostenga que “Dios está con nosotros”, está degradando a Dios. Aun según la concepción laica de Dios -sí, existe tal cosa- Dios no es un comandante de Golani ni conduce un tanque Merkavá. Él es el Dios del amor.

Nuestros sacerdotes traicionan su mandato. En nombre de Dios se han convertido en el factor más militante en nuestro seno. Una y otra vez colocan a Dios en el medio de una competencia: quién tiene más razón, quién es más fuerte, quién garantiza la redención más rápida.

La mayoría de nosotros no estamos capacitados, en días de batalla, para continuar viendo en cada ser humano -ni siquiera en cada niño- una creación divina merecedora de protección y respeto. Por naturaleza, una guerra divide al mundo en “nosotros” y “ellos”. Es mucho más cómodo creer que “ellos” -todos- son lo mismo, incluidas las dos hermanas, una de 4 años y otra de 11, que murieron esta semana en Beit Laía.

Sólo que los rabinos no debieran ser como la mayoría de nosotros. Deberían ser mejores. Hay algo de inaudito -y tremendamente triste- en el hecho de que no haya entre nosotros un solo líder religioso significativo, ni siquiera uno, que hable en voz alta acerca del sufrimiento de la otra parte.

Es cierto que hablar de la otra parte es un asunto complicado e impopular mientras los misiles caen en nuestras ciudades, pero ¿acaso no es ése, precisamente, el rol de los rabinos: ser capaces de transmitir mensajes aun cuando no fueren populares? ¿Aclararnos que los fundamentos de la fe no se actualizan con las noticias? ¿Formularnos ideas un poco más complejas, y más audaces, que “se lo merecen”? ¿Convertirnos en mejores personas, en lugar de emitir certificados de aptos a nuestros lados más oscuros?

36 veces aparece en las Escrituras el principio que dice: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Amar significa ver. Reconocer que el otro posee voluntad, fe, y a menudo errores, que les son propios.

Nosotros no hemos destruido Gaza, el Hamás lo ha hecho. Con su estupidez, con su violencia ciega, con haber colocado a su dudoso Dios en la línea del frente. Pero no los vamos a vencer convirtiéndonos en similares a ellos. Los niños muertos son niños muertos, y a los judíos siempre nos han importado los niños muertos.

(Traducción: Marcelo Kisilevski)

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Separando algunos tantos: la polémica alrededor de Gaza

Publicado por marcelokisilevski en Diciembre 30, 2008

En la polémica que se da en el seno de los propios judíos en torno a lo que está sucediendo hoy en día en Gaza, siento la necesidad de separar tantos en varios planos, para que hilemos más fino que la ecuación clásica “violencia” vs. “no violencia”.

Uno de ellos es 1) pacifismo vs. pasividad, por llamarlo de algún modo. No son lo mismo. 2) Otro plano es el de estado de guerra vs. estado de paz, y 3) un tercero toca a lo político: palestinos de un tipo frente a palestinos de otro, en cuanto a sus intenciones y nuestras posibilidades de negociar con ellos. 4) Y cuando se defiende a los palestinos desde Occidente, se está cometiendo otro pecado moralista e incluso paternalista, el de juzgar diferecialmente entre derechos humanos y relativismo cultural. Vamos por partes.

1) Pacifismo vs. Pasividad

Pacifismo no tiene por qué significar no levantar un arma jamás, y la pregunta que queda entonces es cuándo sí. Si estamos de acuerdo en que para defendernos sí, la siguiente pregunta es si existe algún caso en que atacar sea para defendernos. Si consideramos los ataques con misiles sobre territorio soberano como “causal de guerra”, la pregunta siguiente es cuándo se agotan las instancias diplomáticas, puesto que estos misiles, en efecto, no están poniendo en peligro la existencia del estado.

Para acercarlo más a la Argentina, es como ya dijo alguien, como si Uruguay quisiera resolver el tema de las papeleras bombardeando con pequeños misiles, todos los días, la ciudad de Gualeguaychú. Yo no sé si el gobierno y el ejército argentinos lo tolerarían por 8 años! Por no hablar del resto de los atentados terroristas cometidos por Hamás y sus similares.

Y antes del ataque, Israel acudió a las instancias internacionales, Consejo de Seguridad, etc. Digo, el abstenerse de matar a veces es difícil cuando de un lado se pide dejar de tirar, y del otro se pide dejar de existir. Se dirá que Israel forzó a los palestinos por su bloqueo, en cuyo caso los que se están defendiendo son los palestinos. Pero vamos, que las cosas son al revés, exactamente al revés. Después de copar violentamente la Franja, el Hamás se convirtió en agresor. Sí, qué vamos a hacer, a veces el débil es el agresor. ¿Que había y hay ocupación? La pregunta es qué hizo Hamás con la desocupación de Gaza en 2005. Oportunidades no faltaron, ni van a faltar en el futuro.

2) Estado de guerra vs. Estado de paz

Los reclamos de no matar a los asesinos sino capturarlos y someterlos a juicio, en mi opinión, son la base de la segunda doble vara con la cual se miran estos episodios, entre estado de guerra o estado de paz. Aquí caemos en una trampa, a veces en la “mala leche” de la prensa y la opinión pública internacionales: a los palestinos se los juzga según el criterio de estado de guerra, desde el cual, con razón o sin ella, tienen derecho a resistirse al ocupante con los medios a su alcance.

Pero a Israel, cuando combate, con razón o sin ella, con los medios a su alcance, se lo juzga según el criterio de estado de paz, según el cual no está matando a su enemigo en el campo de batalla sino perpetrando ejecución sumaria; en cambio, debiera capturar a los “sospechosos”, investigar cada crimen y obtener pruebas -que de paso no violen las normas investigativas del derecho penal, o sea: que un juez es el que autorice allanamientos, y demás- y luego probar su culpabilidad por medio de la presentación de evidencias y testigos.

La respuesta en mi opinión, es contundente: o ambas partes se comportan civilmente, o ambas lo hacen militarmente. Desde el momento en que el Hamás comete actos bélicos, por más débiles (e imbéciles, por inútiles, pues ellos sí podrían lograr su cometido -salvo la destrucción de Israel- por vías diplomáticas), todos sus miembros se están colocando a sí mismos en el campo de batalla y en la mira de armas. Y a reclamar a otra parte. Dicho sea de paso, esto tiene que ver con lo que Marky Levy definió alguna vez como “la responsabilidad del débil”.

3) Palestinos nacionalistas vs. Palestinos fundamentalistas

Quiero abundar menos en ello, que mucho ya se ha escrito. Pero puedo resumir diciendo, citando al politólogo Shlomo Avineri, que la gran tragedia palestina es su propio fracaso en conformarse como nación. Tenemos hoy en día dos unidades políticas que no sólo están separadas por lo geográfico y lo religioso, sino por sus agendas, por el “qué queremos”. Incluso si se mantuvieran así, y sus diferencias se redujeran al tipo de estado palestino que quisieran ver creado junto a Israel, este país estaría dispuesto a continuar con la agenda de dos estados para dos pueblos, convertida en los últimos años en política de estado. Pues que quede claro: Israel ha entendido que dos estados para dos pueblos es el llamado de la hora, porque la alternativa es uno solo, binacional, que acabe a la larga con el carácter judío de Israel, que era su razón de ser primigenia. El problema radica en que una parte del establishment palestino no ha conciliado con la existencia de Israel, y con esa parte es que tenemos un problema. No con la OLP, no con la Autoridad Palestina, y mucho menos con el pueblo palestino, sino con el Hamás. Sólo con el Hamás, cuya agenda contradice mi mera existencia y niega mi derecho a la autodeterminación como pueblo, tan defendida por las izquierdas occidentales.

Dicho sea de paso: las izquierdas occidentales, al defender al fundamentalismo islámico creen estar defendiendo a los pueblos subyugados por él, cuando en realidad están reivindicando, como idiotas útiles, a los regímenes más reaccionarios y fascistas de la histora humana, con los que no hay negociación que valga. No quisiera ningún izquierdista latinoamericano, progresista y derecho-humanista, intentar organizar una huelga obrera en Irán, o defender los derechos de las mujeres.

4) Derechos Humanos vs. Relativismo Cultural

Aquí Israel se debate en otra trampa de la que le cuesta salir. El pecado paternalista de Occidente es considerar a los palestinos como un “pueblo primitivo”, o mejor dicho “sociedad tradicional”, para usar la nueva terminología de la antropología académica. Dicha concepción sostiene que Occidente ha pecado al querer “civilizar” a los pueblos tradicionales de oriente y África, según el Modelo Antropológico Clásico del siglo XIX. Éste fue reemplazado por el modelo de Relativismo Cultural, que buscaba estudiar cada cultura tal cual es, y condenaba cualquier intento de modificarla como violento e imperialista. En cambio, Israel no es “primitivo” ni “tradicional”, y sus conductas no deben ser juzgadas según la vara del relativismo cultural sino por la de los derechos humanos, que son bien civilizados y universales.

Así, si los palestinos ejecutan colaboracionistas en la plaza pública, sin demasiado juicio previo, eso no viola los derechos humanos: es su cultura y no tenemos derecho a modificarla desde afuera. Si les cortan el clítoris a las nenas, eso es cultura. Si amputan los dedos de los ladrones, eso es cultura, y si las mujeres deben ser encerradas en sus casas, o asesinadas si se niegan a casarse con un tío anciano o si se enamoran indebidamente, eso es su cultura. Y si lanzan misiles y se inmolan con el expreso fin de matar inocentes, eso no es terrorismo, sino que así es su cultura. Ok, bueno, quizás sí violan los DD.HH, pero no lo saben, porque son primitivos e ignorantes, pobre gente. O peor todavía: así es como expresan su desesperación contra una civilización que los ha pauperizado y no les ha dejado alternativa. Perdón, pero en las fabelas de Brasil están más desesperados, y nadie se ha inmolado todavía en un autobús.

No señor: su objetivo no es comer mejor ni tener un estado -que si fuera sólo eso ya lo habrían conseguido hace rato-, sino la destrucción del otro que no es como ellos. Y eso, eso, viola los derechos humanos.

¿Qué pasaría si Israel hiciera estas mismas cosas? ¿Qué pasa con lo que sí hace: intentar eliminar una amenaza por medios que son a la vez de represión pero que pretenden a la larga crear una disuasión que sirva de base para seguir -una vez más- negociando formas de convivencia? Ah, no, Israel es un país europeo, fue creado por la mismísima ONU y entiende razones y, por lo tanto, está violando a sabiendas los derechos humanos. Y eso, eso, es mala leche.

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