Renace la nación aramea, y ocurre en Israel

"Gracias Israel por reconocer a las minorías arameas cristianas. Occidente, paren con la política de doble rasero hacia las comunidades no islámicas". Arameos cristianos israelíes manifiestan en abril pasado.

“Gracias Israel por reconocer a las minorías arameas cristianas. Occidente, paren con la política de doble rasero hacia las naciones no islámicas”. Arameos cristianos israelíes manifiestan, en abril pasado.

Por Marcelo Kisilevski

Hace tiempo venimos explicando la persecución que sufren los cristianos a manos de los musulmanes en el Medio Oriente. Las pruebas más contundentes han venido de la mano de la siniestra organización Estado Islámico con sus crucifixiones, decapitaciones, conversiones forzadas, ejecuciones masivas y expulsiones de cristianos en Irak y Siria.

En Israel hace años ya, la comunidad árabe cristiana intenta separarse de su identidad árabe y abrazar la identidad israelí, por entender que muy bien no les ha ido con su histórica alianza con el panarabismo del siglo pasado, y con la nación árabe en general. Comenzó con un movimiento por el reclutamiento obligatorio de los cristianos al ejército israelí, un derecho-obligación que también solicitaron y se les concedió en su momento a los drusos israelíes.

Ahora el siguiente paso: el ministerio del Interior israelí ha concedido el pedido de los cristianos israelíes de que en sus cédulas de identidad, donde figura el apartado “Etnia” (en hebreo dice Leóm, Nación), en lugar de “Árabe” se lea “Arameo/a”. Se trata de una lucha de años, y ayer el ministro del Interior, Gideon Sáar, supo tomar la decisión correcta.

“No somos árabes, sino cristianos que sólo hablamos árabe”, explican, pero que hasta la conquista árabe en el siglo 7, hablaban arameo, el idioma más extendido en Palestina-Eretz Israel por siglos. En ese idioma se hablaba en Canaán y en la Península Arábiga premahometana, lo hablaron los hebreos, parte del Talmud y muchas plegarias están escritas en ese idioma. En arameo, probablemente habló Jesús. Hasta hoy en día el arameo es la “Lengua Sagrada” de las iglesias orientales.

El intento de ser parte

En los años ’50 del siglo pasado, cristianos como el sirio Michel Aflaq, uno de los ideólogos del Panarabismo y uno de los pensadores fundantes del partido Baath en ese país, intentaron con esta doctrina superar la barrera religiosa que los separaba de los musulmanes y elevar la identidad nacional como una instancia superadora del paradigma religioso, lo cual configuró su mejor intento de integrar el mainstream, e incluso el establishment mesoriental.

Pero el experimento salió mal a medida que el paradigma islamista se hacía carne, y en muchos lugares, el Medio Oriente se retrotrae hoy 1.400 años. No solamente en Irak o en Siria. Belén, la ciudad más importante de toda la grey cristiana en el mundo, ha sido vaciada prácticamente de cristianos en los últimos veinte años. Hoy es una ciudad musulmana, con un magro 1.5% de cristianos.

Israel, en cambio, es el único país en el Medio Oriente donde la comunidad cristiana crece. Lo ha hecho en un 1.000% desde 1948. Sin embargo, quizás con menos violencia, también son hostigados por sus supuestos conacionales, los árabes musulmanes israelíes. Ayer, los cristianos lograron oficialmente el divorcio.

El titular de la Asociación Aramea-Cristiana y capitán del ejército israelí, Shaadi Jalul, se emocionó y felicitó la decisión del ministro Sáar. “Es una decisión histórica y un viraje histórico en las relaciones entre cristianos y judíos en el Estado de Israel”.

Dijo más: “Es quitarles la carta de la mano a todos los antisemitas, que calumnian al pueblo judío y al Estado de Israel. Es la prueba de que Israel cuida a sus ciudadanos y las identidades de las minorías que viven en ella, a diferencia de todos los países árabes en nuestro derredor”.

Ahora se podrá hablar de tres iglesias o ramas cristianas israelíes: la Iglesia Aramea-Maronita (cuya mayoría se encuentra en el Líbano), la Iglesia Aramea-Católica, y la Iglesia Aramea-Ortodoxa. En Israel, en total, se trata de una comunidad de unos 133.000 arameos. Su reconocimiento como etnia separada de los árabes puede tener implicancias importantes, como la posibilidad de una red educativa separada de la árabe: hasta ahora, en las escuelas árabes sólo se estudia la heredad árabe, e islam.

Desde ahora, todo cristiano en Israel podrá optar por colocar “Arameo/a” en su cédula de identidad. La nación aramea ha renacido, y lo hace nada menos que en Israel. ¡Salud!

Operativo “Margen Protector”: Cuarto Día. Los logros de Hamás, que tienden a cero

Estación de servicio arde en Ashdod, esta mañana (viernes 11 de julio).

Estación de servicio arde en Ashdod, esta mañana (viernes 11 de julio).

Esta mañana Hamás obtuvo un primer logro: un cohete lanzado desde Gaza impactó en una estación de servicio de Ashdod, incendiándola e hiriendo a varias personas, una de ellas en estado grave.

Se trata de un incidente importante, porque hasta el momento Hamás no había alcanzado ningún objetivo: sus cohetes habían logrado producir algún daño material (a algunos automóviles, una casa en Beer Sheva y no mucho más); sus atentados cualitativos han sido frustrados uno por uno. En lo político, no han logrado despertar el apoyo significativo de Occidente, que en su gran mayoría que entiende que es Hamás el que ha atraído el fuego adrede y sobre las sufridas espaldas de su población civil; ni siquiera han logrado el apoyo del mundo árabe, el cual, denunció ayer el vocero de Hamás, ha dejando a Gaza a la deriva; la Autoridad Palestina de Cisjordania, con su presidente Mahmud Abbas a la cabeza, dijo el mismo portavoz, “no nos ha enviado ni armas, ni medicamentos ni alimentos”. Por primera vez, el Hamás no logra vender su acostumbrada mercadería de martirologio, y cada vez más gente en Occidente se da cuenta de que se trata de un sufrimiento forzado, evitable, autoprovocado, y por lo tanto criminal.

Ayer el Hamás recibió un nuevo golpe de aislamiento. El EIIL (Estado Islámico para Irak y el Levante), ese desprendimiento de Al Qaeda en Irak devenido en ejército, y que está conquistando Irak, anunció que no apoyaría a Hamás. “El precepto es matar ante todo a aquellos que tergiersan el Islam, y sólo después a los herejes de fuera”. En la página de Twitter de la organización se leyó ayer: “Allah no nos ordenó matar a los judíos y a Israel hasta que no matemos a los herejes”.

Así, Hamás, que perdió a Irán y a Siria como padrinos al apoyar a los rebeldes sunitas sirios, y luego a Egipto al caer los Hermanos Musulmanes, está verdaderamente solo en la partida. Ello no implica necesariamente un pronto izamiento de bandera blanca por parte de esa organización fundamentalista. Al contrario, podría indicar que seguirá huyendo hacia adelante tantos días como se lo permita su arsenal de cohetes, acumulados durante la anterior época de vacas gordas. Ante ello, Israel decide en estos días si lanza su ofensiva terrestre, por ahora intentando a toda costa evitarlo.

Esta mañana, también, se registró un disparo desde un nuevo frente: un cohete cayó desde el Líbano en la zona de Metula, en terreno abierto. El ejército disparó hacia la fuente del lanzamiento, pero aún no se informó qué organización lo había efectuado. Otras alarmas se escucharon en la zona de Jedera hasta Haifa.

 

Jerusalén, ayer: mensaje de tranquilidad a turistas (y sus padres)

Ayer el operativo israelí continuó, llegando a atacar unos 800 blancos operativos del Hamás. Los muertos del lado palestino alcanzaron los 88, según cifras suministradas por esa organización, que mantiene bien controlado el flujo de información. Entre los muertos se hallan varios jefes y operativos del andamiaje terrorista y de lanzamiento de cohetes de Hamás y Jihad Islámica. Entre ellos fue liquidado desde el aire Ayman Siam, jefe del sistema balístico de Hamás, que era también uno de los jefes del brazo armado de esa organización.

El atentado cualitativo de ayer fue un coche bomba, que nunca llegó a destino pues fue interceptado en un “check point”, una barrera de control del ejército, sobre la ruta 5. Por la noche se registraron impactos directos en Ashdod y Beer Sheva, sin que se registraran víctimas.

A eso de las 18.00, a punto de encontrarme con jóvenes argentinos del programa Taglit (BRIA) en Jerusalén, sonó la alarma en esa ciudad. Entramos todos a salones internos, protegidos, previamente asignados por oficiales de seguridad del hotel, todo muy bien organizado y en calma. La charla que les di luego sirvió sobre todo para calmar su ansiedad, y explicarles (y por estas vías a sus padres) que ellos (y todos los turistas en paseos organizados) están más seguros aun que los habitantes comunes: el equipo profesional de sus programas está en contacto permanente con cuartos de control, a su vez en contacto con el ejército, que los ponen al tanto permanentemente acerca de lugares a los cuales ir o no, medidas de seguridad adicionales, etc.

Pero era la primera vez que las alarmas sonaban en la capital, y también se las escuchó hasta en el Mar Muerto. Hamás había lanzado 4 cohetes. Dos fueron interceptados por el sistema Cúpula de Hierro, y otros dos cayeron en terrenos abiertos, y hubo esquirlas que impactaron en viviendas de palestinos. Hamás se adjudicó los disparos e indicaron: “Apuntamos a la Knesset”. Pero en algún lado del Medio Oriente, alguien está anotando en el protocolo que Hamás, organización islámica radical, disparó contra Al Quds (Jerusalén), el tercer lugar más sagrado para el Islam…

Fueron también disparados decenas de cohetes (70 solamente hasta las 14.00 de ayer), a todos los poblados del sur israelí, y también a lugares más alejados como Cesárea en el norte. 16 de ellos fueron interceptados por Cúpula de Hierro.

 

Rabino Menajem Fruman Z”L, el “extraño” rabino de Tekoa

  Imagen

El Rabino Menajem Fruman con un amigo, Ibrahim Abulhawa,

invitado al casamiento de la hija de Fruman.

Pocas personas en Israel ilustran tanto la complejidad del conflicto israelo-palestino como el Rabino Menajem Fruman, que falleció a principios de este mes. Era colono de los territorios, pues vivía en el asentamiento de Tekoa. Por otro lado era “pacifista”, pues quería solucionar el conflicto, y para ello fue capaz de hacer lo prohibido: conversar y activar con el Hamás. Incluso llegó a desempeñarse como “enlace” entre el establishment rabínico israelí y líderes musulmanes. Por un tercer lado, ir hasta el fondo del diálogo tenía podía tener ribetes extremos: participar junto con los sacerdotes del Hamás en manifestaciones contra las Marchas del Orgullo Gay. Fue muy controvertido incluso a su muerte, cuando su vida se convierte en texto. Un texto que vale la pena leer.

 Dentro del amplio paraguas ideológico del sionismo surge el Rabino Menajem Fruman, que funda junto con su grupo un asentamiento que, si bien está en los territorios, se plantea como premisa la convivencia, tanto entre judíos religiosos y laicos, como entre judíos y palestinos de la zona.

 Según él, el conflicto entre israelíes y palestinos es eminentemente religioso. Por ende, sólo los sacerdotes de ambos credos serán capaces de llegar a la paz entre ambos pueblos. Veía con preocupación la actitud menospreciativa de los israelíes hacia los palestinos, pues, sostenía, esa actitud es la que impide un diálogo verdaderamente abierto y sincero. Afirmaba que, dado el carácter religioso del conflicto, es justamente con el liderazgo del Hamás que se debe dialogar. Ello se debe a que sólo ellos comprenden que su visión puede no cumplirse de modo inmediato sino que la resolución última, en especial sus plazos y cronogramas, están en manos de Dios. Ello se contrapone a la visión laica, según la cual, son precisamente los religiosos los que carecen de toda capacidad de flexibilización de sus posiciones. Paradójicamente, desde esa visión laica, son los mismos laicos los que actúan más “religiosamente” al oponerse a todo diálogo con el Hamás.

 ¿Y los asentamientos? Los laicos en Israel están dispuestos a evacuar. Los religiosos se oponen, y sostienen que deben permanecer todos ellos bajo soberanía israelí. Los partidos de centro se han mostrado más pragmáticos: anexar los grandes bloques de asentamientos a Israel, evacuar el resto, transferir territorios bajo soberanía israelí a los palestinos en compensación por las anexiones. Del lado palestino, el presidente Mahmud Abbas ha expresado lo que ningún líder no judío se había atrevido a pronunciar desde Hitler: que ningún judío vivirá en el Estado palestino a crearse. Eso hizo correr un escalofrío por las espaldas de muchos judíos, que recuerdan el concepto de Judenrein, zona “limpia” de judíos de la Alemania nazi.

Sólo Menajem Fruman plantea un escenario que no sólo es pragmático sino que aparece como el único plausible: una Tierra de Israel en la que existen dos estados, uno palestino y otro judío, y en donde cada uno alberga una minoría nacional del pueblo vecino. Israel ya tiene un 20% de palestinos con ciudadanía israelí plena. Que el Estado palestino tenga un porcentaje de judíos con ciudadanía palestina plena, no debería poner los pelos de punta a nadie. Al fin y al cabo, los judíos han vivido en Eretz Israel siempre, hoy existe el Estado de Israel, y su propuesta no contradice en una sola coma a la promesa divina hecha a los Patriarcas hebreos. El cumplimiento de la promesa seguirá siendo esperado con ansias, pues habrá de llegar indudablemente, algún día.

 Es tan sencillo, que aun hoy nadie, salvo el fallecido Rabino Menajem Fruman de Tekoa, se atreve a hablar del asunto. Sin dudas, un pensador “extraño”, quizás demasiado adelantado a su tiempo.

 * Publicado en El Diario Judío, http://www.eldiariojudio.com, 13.3.13

Obama: bueno para Israel, malo para Netanyahu

Entrevista en la última gira de conferencias por Sudamérica en el diario “La Capital” de Rosario, 4-6-11, conjunta con mi compañero de viaje, Julián Schvindlerman: 

“Obama le exige mucho a Israel y nada a los palestinos”

La propuesta de Barack Obama de crear un Estado palestino con las fronteras de 1967 (sobre la Franja de Gaza y los territorios ocupados de Cisjordania y Jerusalén Este) encendió las alarmas en Israel.

La propuesta de Barack Obama de crear un Estado palestino con las fronteras de 1967 (sobre la Franja de Gaza y los territorios ocupados de Cisjordania y Jerusalén Este) encendió las alarmas en Israel. El primer ministro hebreo, Benjamin Netanyahu, rechazó este proyecto de plano, generando uno de los mayores cortocircuitos en años entre Tel Aviv y su aliado EEUU. El periodista Marcelo Kisilevski, quien vive en Israel desde 1992, y el analista político internacional Julián Schvindlerman, ambos de visita en Rosario, opinaron en charla con La Capital sobre las causas y las consecuencias de este inesperado conflicto.

——¿Es posible volver a las fronteras de 1967, como propone Obama?

——Schvindlerman: Israel tiene un problema con esas fronteras, porque las considera indefendibles. Es una nación muy pequeña, del tamaño de Tucumán, rodeada de vecinos: con algunos tiene acuerdos de paz formales, con otros está en estado técnico de guerra y con los palestinos tiene un conflicto que ha sido violento en el pasado. La preocupación tiene que ver con hasta dónde Israel puede hacer concesiones territoriales hacia los palestinos cuando, habiéndose retirado de Gaza y del sur del Líbano, estos territorios terminaron siendo usados como base de ataque contra la nación.

—Kisilevski: El gran problema de Netanyahu es que ya hizo muchos gestos “de izquierda” y no puede hacer más. Congeló la construcción en los territorios (palestinos) por diez meses, algo inédito para un primer ministro del Likud (el partido gobernante, de derecha). De crearse un Estado palestino basado en el intercambio de territorios, el Likud va a tener que evacuar todos los asentamientos que están aislados, y estamos hablando de 140 mil personas, no de 8.000 como en la Franja de Gaza. Por eso Netanyahu tiene dificultad en aceptar una cosa así, y en lugar de fluir con la propuesta de Obama, necesita ir a la confrontación. Además, Obama le exige a Israel volver a las fronteras de 1967, pero, por otra parte no le exige nada a los palestinos, como que renuncien al derecho al retorno de los refugiados, por ejemplo.

—¿Cuáles pueden ser las consecuencias del rechazo de Netanyahu?

—Kisilevski: Yo creo que Netanyahu comete un error. El tenía dos posibilidades: ir al choque con Obama, que es lo que eligió, o aflojar y decir “OK, vamos a dejar que los palestinos sientan que tienen un amigo en Obama”, y eso los va a traer a la mesa de negociaciones sin exigir un congelamiento de los asentamientos, porque esto traba el proceso. De esa manera se podría crear un Estado palestino por medio de negociaciones y no por una imposición, que puede ser muy peligrosa. En septiembre, cuando el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmmud Abbas, pida a la ONU que reconozca un Estado palestino, podemos llegar a tener una crisis violenta, y creo que las dos partes, tanto israelíes como palestinos, van a un camino de colisión bastante duro.

—¿Por qué el proceso de paz entre israelíes y palestinos parece estar estancado indefinidamente?

—Kisilevski: Hay hechos concretos que demuestran que tanto israelíes como palestinos no quieren crear un Estado palestino. En caso de crearse ese Estado, Netanyahu va a tener que evacuar a 140 mil israelíes de los territorios de Cisjordania, con lo cual su gobierno caería. Por otro lado, Mahmmud Abbas, si acepta un Estado palestino tal cual está ahora, estaría renunciando a todo el resto de la tierra de Palestina, como ellos la llaman, o la tierra de Israel, como la llaman los israelíes, y estaría renunciando al derecho al retorno de los refugiados palestinos. Eso no lo puede hacer por motivos nacionales y por motivos religiosos, porque estaría reconociendo una soberanía no musulmana sobre tierra sagrada. Es decir que a Abbas le es muy cómodo el statu quo actual, donde no hay un Estado palestino y donde él está mejorando mucho la condición de vida palestina en Cisjordania.

—La Unión Europea (UE) apoya la propuesta de Obama. En ese sentido, ¿Israel queda aislado internacionalmente?

—Schvindlerman: Sí, es una realidad. De todas maneras Israel ha estado gran parte de su existencia aislado, a contrapunto de una opinión mayoritaria en Naciones Unidas y en la UE. Tradicionalmente EEUU fue una especie de protector diplomático de Israel. Pero cuando Obama pareciera sumarse a la posición convencional de los europeos, esto no puede menos que fomentar una sensación de aislamiento israelí. Obama no está siendo sabio en este sentido: lejos de garantizar a Israel la confianza y la protección norteamericana en estos llamados “riesgos por la paz”, lo que hace es radicalizar más la posición israelí, con una imposición que hasta el momento los israelíes sólo la escuchaban de los árabes, los palestinos y los europeos.

Los augurios de Ahmadineyad

El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, auguró la destrucción de Israel y la decadencia Estados Unidos en un “futuro próximo” durante un acto público. “Estoy seguro de que la región será pronto testigo del colapso de Israel y Estados Unidos”, dijo Ahmadineyad ante el sepulcro del ayatolá Ruhollah Khomeini.

En su intervención, Ahmadineyad acusó a Israel de ser el principal motivo de la inseguridad regional y global, y culpó a la administración estadounidense de Barack Obama por apoyar al Estado judío. En 2005 el presidente iraní recibió condenas internacionales al sostener que el Estado de Israel debía ser “barrido del mapa”, o sacado de Medio Oriente y trasladado a Europa o Norteamérica.

Abbas con el Papa. Las “legítimas aspiraciones” palestinas de un “Estado independiente” deben ser posibles, afirmó el Papa Benedicto XVI al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, en el Vaticano. Durante la audiencia se deslizó también que Israel y el futuro Estado palestino deben “vivir seguros” y que el conflicto debe tener una “solución justa y duradera”.

¡Y dale con “Estado judío”!

¿A qué se debe, de verdad, la negativa palestina y de todo el mundo árabe a reconocer a Israel como Estado del pueblo judío?

Por Marcelo Kisilevski

Las dos partes en las negociaciones, Israel y los palestinos, se enfrentan actualmente en torno a dos puntos no elevados anteriormente como condición para negociar: en este rincón, la exigencia palestina de continuar con el congelamiento de la construcción en los territorios. En el otro, la exigencia israelí del reconocimiento palestino de Israel como estado judío.

Ninguna de los dos puntos había trabado antes las negociaciones. La construcción en los territorios es un punto central de ellas, no está fuera de ellas. Es cierto: ya había sido uno de los hitos de la Hoja de Ruta, luego que los palestinos atinaran a desmantelar todas las organizaciones terroristas. En Cisjordania, el terrorismo ha descendido a niveles nunca conocidos, de la mano de una verdadera persecución policial de la Autoridad Palestina contra los miembros de Hamás, y una “movida” general de construcción de un eventual estado viable en los territotorios gobernados por Mahmud Abbas y Salam Fayad.

Pero las organizaciones terroristas siguen vivas y coleando: el Hamás no sólo existe, incluso gobierna la Franja de Gaza. La Jihad Islámica está muy lejos de desaparecer. El Tanzim y las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, los brazos armados del partido oficial Fatah, tampoco se han llamado a disolución. Eso solo ya libera a Israel, a nivel legal, de tener que paralizar los bulldozers en la Margen Occidental.

Pero, como quiera que sea, con construcción o sin ella, con “estado judío” o sin él, esto no había detenido antes las negociaciones. Los palestinos, de Oslo a esta parte, habían negociado a la sombra de más y más asentamientos. Los israelíes elevan en cada etapa –lo hizo Barak, lo hizo Olmert- la exigencia de reconocimiento de Israel como Estado judío, pero aun así, nunca dejaron de avanzar en el proceso.

Dicho sea de paso, para aquellos que todavía siguen sosteniendo el supuesto fracaso de Oslo: hoy, todo el mainstream israelí, incluido el mismísimo Likud de Biniamín Netaniahu, acepta la fórmula de “dos estados para dos pueblos”. Seguirá llevando tiempo –y sobre todo vidas humanas, lamentablemente- pero hacia eso vamos. Cuando este escriba iniciaba su carrera periodística en Nueva Sión, a fines de los ’80, se trataba de una frase “subversiva”.

Más allá de las estratagemas de Mahmud Abbas y de Netanyahu para empantanar las negociaciones, lo que resulta extraño es la negativa palestina a reconocer a Israel como estado judío. La exigencia israelí no fue elevada en Oslo, y luego fue rechazada sin que Israel se escandalizara, pero la negativa palestina no deja de ser enervante. Pues la fórmula de “dos estados para dos pueblos” es una copia de la votada en la ONU en noviembre de 1947: un estado judío y otro árabe en lo que se conoce como Palestina. Israel aceptó la Partición entonces, y vuelve a aceptar dicha fórmula hoy en día. En los círculos progresistas, nos hemos resistido a formular preguntas: ¿por qué los palestinos la rechazan? ¿Cuáles son las motivaciones palestinas profundas para rechazar el derecho de autodeterminación del pueblo judío en Israel, como reflejo especular directo del derecho de autodeterminación del pueblo palestino en el mismo lugar? Para los palestinos, se debe crear un Estado palestino en Cisjordania y Gaza. Pero Israel no puede ser del otro pueblo: debe ser binacional. Quien crea en la autodeterminación de los pueblos, de todos los pueblos, podría sopesar seriamente la posibilidad de enviar a los palestinos delicadamente a freír espárragos.

Como se diría en Israel, algunos argumentos de esta negativa hacen levantar las cejas. Dijo el canciller egipcio, Ahmed Abu Gheit, en una entrevista televisiva: “La demanda de Israel de ser reconocido como un Estado judío es preocupante”, y la equiparó con la decisión iraní de llamarse “República Islámica de Irán”. Saeb Erekat, jefe del equipo negociador palestino, fue más lejos: “No existe país en el mundo en el que las identidades nacional y religiosa estén entrelazadas”.

Existe un pequeño problema: se trata de una vil mentira, y los palestinos lo saben. No sólo porque la Constitución griega diga que la religión “imperante” allí “es la de la Iglesia Ortodoxa Oriental de Cristo”, y así en muchos países pequeños y alejados del tema, sino porque en la propia constitución de la Autoridad Nacional Palestina se lee, en el artículo 4, que “el Islam es la religión oficial de Palestina” y que “los principios de la Shaaría Islámica (equivalente a la Halajá judía, M.K.) serán la principal fuente de legislación”. De Irán no hace falta hablar. Y en la bandera de Arabia Saudita se puede leer la fórmula de fe islámica “Alahu Ajbar” (Alá es el más grande), y así sucesivamente.

Y eso es sólo si permitimos que los palestinos definan al judaísmo como religión. El judaísmo es una entidad histórica y nacional, con un componente religioso fuerte. Otra vez, como en las épocas más oscuras, otros vienen y nos definen desde afuera. La totalidad de los países árabes pertenecen tanto a la Liga Árabe como a la Organización de la Conferencia Islámica. La organización que los define como “pueblo árabe” y la que les da carácter religioso musulmán. Nuevamente: a freír espárragos.

La pregunta se repite, ensordecedora: ¿qué es lo que hace, a ojos de los palestinos y demás países árabes y musulmanes, que su definición como tales sea aceptable y legítima, mientras que la definición de Israel como judío sea inadmisible?

Los palestinos aducen varios argumentos: que ello pondría en peligro a la minoría árabe en Israel, por ejemplo, y por lo tanto se trata de una exigencia que acerca a Israel a los límites del fascismo. Vamos: ninguna minoría del Medio Oriente está más segura que la árabe israelí. Usted no quisiera ser parte de una minoría en ningún otro país árabe. Con todos los problemas que quedan por resolver, ni los propios árabes israelíes desean ser parte de ningún otro estado árabe.

Las razones no declaradas tienen que ver, precisamente, con la naturaleza totalitaria del Islam al que adscriben todos los países del Medio Oriente sin que nadie se atreva a acusarlos de oscurantistas, pues ello sería cometer el pecado capital de “imperialismo cultural”, Dios nos libre.

Pero las cosas deben ser dichas. Desde un punto de vista teológico, existe una estrecha vinculación entre la ley islámica y la soberanía política, de un modo que no se da en el cristianismo ni en el judaísmo. El Corán divide al mundo entre Dar El Islam (Casa de la Paz) y Dar el Harb (Casa de la Guerra). La Casa de la Paz consiste en todos aquellos territorios donde ya gobierna o ha gobernado alguna vez el Islam. Así, tanto Israel como Al Andaluz (toda la Península Ibérica), deben ser reconquistados primero. La Casa de la Guerra está compuesta por todos aquellos territorios que aún no han conocido el gobierno de Alá. La paz universal llegará cuando todos los hombres acepten a Alá, o bien se sometan al gobierno del Islam mediante la condición de “dhimmi” (minoría tolerada y protegida) y el pago de la “jizya“, el impuesto de los no musulmanes.

La aceptación de una soberanía no musulmana en Palestina, cuyo territorio es parte de Dar El Islam, va contra las leyes del Corán y la Shaaría. Lo comprendió muy bien Anwar Sadat en el momento de ser asesinado brutalmente por los Hermanos Musulmanes en 1981, luego de aceptar el Estado de Israel a cambio de la Península del Sinaí. Cuando se le preguntó a Arafat por qué no aceptaba la oferta sin precedentes de Barak en Camp David versión 2000, dijo sin ambajes: “Si yo no vuelvo con la bandera palestina flameando en el Monte del Templo y con el derecho al retorno de todos los refugiados, a mí me matan”. Tenía razón: la soberanía es teológicamente fundamental, y el derecho al retorno de los refugiados acabaría con el carácter judío de Israel.

Podríamos haber esperado que con el ascenso del Panarabismo en los años ’50, todo el paradigma islámico de Dar El Islam-Dar El Harb se hubiera suavizado, “europeizado”, para dar paso a las posturas, quizás no menos totalitarias, incluso expansionistas, pero sí más moderadas teológicamente, en los estados que llevan la voz cantante en la región. El no reconocimiento de Israel como expresión de la autodeterminación judía, pone esta supuesta moderación histórica en tela de juicio, y acerca las posturas palestinas a las más reaccionarias y premodernas concepciones islámicas fundamentalistas.

Netanyahu no se equivoca en la esencia de su demanda, pero la banaliza, al utilizarla para “franelear” a los palestinos y a Estados Unidos: el reconocimiento de Israel como estado judío no debe ser una mera “precondición” para seguir negociando, sino que debe ser elevado como uno de los puntos centrales de las tratativas, al mismo nivel como lo son Jerusalem, la delimitación de las fronteras, los asentamientos y el destino de los refugiados palestinos.

He aquí una base, poco tratada hasta hoy por el “campo de la paz”, para una paz duradera entre los pueblos: la del reconocimiento mutuo, verdadero, profundo y justo.

 Publicado en Nueva Sión N° 955, noviembre 2010

Flotilla de la Libertad: más idiotas que útiles

Israel en general, y su Marina en particular, están muy preocupados con el tema de la “Flotilla de la Libertad”, la manifestación de embarcaciones en camino desde Chipre. Israel sabe que tiene todas las de perder en el campo mediático, pero en este caso no puede hacer nada por impedirlo. La llegada de barcos al puerto de Gaza constituirá un desbloqueo impuesto al Hamás sobre el en Gaza, que le permitiría a la larga intensificar su contrabando de armas, a expensas del pueblo palestino, verdadero damnificado de este rompecabezas interminable.

Esta iniciativa, según explica Alex Fischman en Yediot Ajaronot de este fin de semana, no es de un grupo de izquierdistas de buena voluntad, unidos con algunos sacerdotes musulmanes encantadores que tejen escarpines y preparan el té a sus nietitos. Que los mentados izquierdistas ya han recibido hace rato su doctorado en idiotez útil al unir armas con el fundamentalismo islámico reaccionario no hace falta explicarlo. El hecho de que cuando el Hamás logre su cometido de crear en toda Palestina (Israel + Territorios) una república islámica a la Irán, y no un estado socialista con justicia social, convierte a todos los derecho-humanistas en más idiotas que útiles.

En este caso queda claro que se trató de una iniciativa orquestada, no por verdosas ONGs pacifistas, sino por un estado, a saber Turquía, en su proceso de realineamiento con el eje iraní-sirio, en alianza con los Hermanos Musulmanes egipcios y jordanos, padres intelectuales del Hamás en la Franja de Gaza, con padrinazgo iraní. A bordo de uno de los barcos, incluso, se encuentra el jeque Salah Raed, líder del Movimiento Islámico Facción Norte, que es la versión árabe israelí con sede en Um El Fajem de los mentados y temibles Hermanos Musulmanes.

Mientras tanto, Israel se asegura que las necesidades de la gente en la Franja estén satisfechas, por medio de unos 100 camiones con suministros que entran todos los días a la zona, con atención médica y provisión energética permanente.

Israel no puede permitir la expansión del Hamás a expensas del laico y más racional Al-Fatah, explica Fischman, pero tampoco desea su caída, debido a que no hay por el momento una fuerza política capaz de reemplazarlo. En esto coincide con Egipto, y juntos se encargan de apretar, sin ahorcar, al Hamás.

Turquía, y sus aliados fundamentalistas islámicos, desean quebrar esta dinámica. Este juego, pues, es de intereses entre países y no tiene nada que ver con lo humanitario. No por nada Chipre se negó a ofrecer su puerto como base de lanzamiento de la alegre regata. Y a este juego de Realpolitik pura han entrado militantes de izquierda europea que probablemente tienen buena voluntad y una inocencia conmovedora.

Si de verdad les preocuparan los derechos humanos lucharían contra las violaciones a esos derechos que comete el Hamás, no sólo contra israelíes, sino en la represión de su propia gente y de la oposición política y en el freno a la creación de un estado palestino viable, al lado -y no en lugar de- Israel. En cambio, hoy al mediodía, cuando estaba previsto en encuentro con la Marina israelí, se dejarán fotografiar con gente dispuesta literalmente a cortar cabezas si en ello va la supremacía del Islam.

¿Desean bregar por la paz y la autodeterminación de los pueblos? Vengan a Israel y únanse a uno de los miles de proyectos israelo-palestinos que buscan con acciones positivas e inteligentes presionar a los liderazgos de ambas partes a una paz viable. No a una paz que implique la desaparición de una de ellas.

Mientras tanto, del puerto de Ashdod salía una “contra-flotilla” israelí de la organización Stand With Us International, con carteles y camisetas con el lema: “Liberen a Gaza del Hamás”. Se quieren encontrar con los barquitos anti-israelíes y veremos qué resulta.

Los marineros israelíes, en tanto, se preparaban para reducir al máximo posible la violencia en el encuentro con los barcos, y recibían instrucciones precisas de cómo no agredir ni empujar ni gritar.

Es lo que se llama “control de daños”, porque la batalla, como dijimos, se perdió de antemano.

Reflexión seria (?) sobre el Gran Hermano israelí

Shai, el yuppie canchero, y Einav, la marroqui temperamental.

Shai, el yuppie canchero, y Einav, la marroquí temperamental.

Haáj Hagadól, el Gran Hermano, ese formato de reality sobre el que todos se preguntan cómo es que tiene éxito, barre con todo también en Israel. Todos entendemos que es una estupidez, una burla a la inteligencia, pero todos sabemos quién es Asher, el religioso que hoy fue eliminado de la competencia, todos conocemos también a Yossi Búblil y a su hija Einav, los otros dos candidateados a la eliminación, y todos hablamos en los pasillos de Ranín, Léon (así, acentuado en la é), Shai, Tzabar, Shifra e Itai.

No tengo idea qué pasa en otros países, pero el Gran Hermano israelí refleja la sociedad de una manera antropológicamente interesante. Como un claro truco de raiting y sin intenciones científicas, los productores colocaron en un chalet a varios jóvenes israelíes del mainstream yuppie ashkenazí; a algún par de inmigrantes rusos, a un homosexual, a un religioso nacional (de kipá tejida) pero sefardí, dos marroquíes tradicionalistas, que son además padre e hija, una princesa árabe israelí que habla medio en hebreo y medio en inglés, con un sensual desvío en un ojo que me recuerda a Raquel Welch, una ex ultraortodoxa (de los llamados “jozrim besheilá”) y espero no estar olvidándome de nadie.

El análisis intelectual no puede ir demasiado lejos, claro, pero sólo quiero señalar el punto interesante que se da en la dinámica entre los participantes. Las reglas de juego determinan que los participantes votan quiénes son los candidatos a ser eliminados, entre 3 y 4 participantes, y luego el público, con los redituables mensajes SMS votan a quién dejar en el chalet. Quien reciba menos votos, es eliminado sumariamente.

Lo interesante del caso israelí es que los participantes parecen votar al revés que el público. Los marroquíes considerados “ársim” (vulgares), Yossi, su hija Einav y el religioso Asher, están en franca antagonía con la mayoría ashkenazí, que siempre los candidatea, en especial a los dos primeros. Pero si un ashkenazí es postulado junto con ellos, llámense Boris, Miki, Erán o Keren, éstos serán (y ya fueron) eliminados por el público, y los “ársim” serán salvados.

Es decir, los representantes de las minorías en la sociedad israelí tienen un colchón de respaldo frente a los televisores en casa. Creo que si el homosexual Léon o Ranín, la árabe de Nevé Shalom, fueran candidateados junto a participantes más mainstream, ocurriría lo mismo. Pero por ahora, nadie se anima a votarles en contra: aparte de que son buena gente, (pero no todos en la casa piensan así de Ranín) no sería políticamente correcto.

Y esto es lo que pasa en Israel: el viejo establishment “tzabra”, que era definido como el judío nacido en Israel, pero que en los hechos configuraba a un tipo muy claro de israelí: blanco, ashkenazí, laico, izquierdoso, combatiente en el ejército y, agreguemos, heterosexual, ha perdido su conciencia de grupo, se ha vuelto una manifestación del posmodernismo y la globalización nihilistas. Los que se manifiestan con conciencia de clase son las minorías -salvo la rusa, parece, que no atina a votar étnicamente, tampoco en las elecciones nacionales, y cuyo representante Boris fue el primer eliminado del programa-.

Hoy voló Ásher, sefardí y religioso nacional, una mezcla relativamente novedosa, (a la que también pertenece, Igal Amir, asesino de Rabin, aunque eso no quiere decir absolutamente nada), pero sólo porque no hubo ashkenazim entre los nominados.

¿Qué dice todo esto de los rumbos que va tomando la sociedad israelí? ¿Nos dirigimos hacia la atomización o hacia el multiculturalismo? ¿Eh?