El Comunicador Personal

Una mirada (más) sobre Israel, por Marcelo Kisilevski

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La guerra contra el Informe Goldston: ISRAEL Y LOS LOCOS

Publicado por marcelokisilevski en Noviembre 8, 2009

GazaGoldston

Por Marcelo Kisilevski – Modiín

Una característica del demente es la de repetir una y otra vez la misma acción, pero esperar que la reacción sea distinta. El gobierno de Israel al mando de Biniamín Netanyahu se empeña, desde este punto de vista, en la locura.

Israel siempre se ha empeñado en una conducta esquizofrénica consistente en, por un lado, buscar el apoyo del mundo, se diría casi el afecto; pero cuando éste no llega, denunciar esta falta de apoyo como desproporcionada e injusta, cuando no teñida de antisemitismo, para acabar berrincheando de que en realidad no necesita de tal apoyo, y que se vayan todos a freír espárragos.

Esa conducta es la que se pone de manifiesto una vez más en el caso del Informe Goldston, contra cuyas conclusiones e implicancias Israel ha lanzado una guerra mundial en el terreno diplomático. Lo que está resultando hasta ahora es una serie de bajas que serán difíciles de revertir.

En ocasión del debate del informe Goldston en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Israel en Ginebra puso en juego una verdadera batería  de presiones sobre todos sus aliados en Estados Unidos y Europa para que votaran en contra de la adopción del informe por dicho organismo. El Informe, como se recordará, condena a Israel y a Hamás por “posibles crímenes de guerra” antes y durante el operativo Plomo Fundido en la Franja de Gaza en enero de 2009. El Consejo, se queja Israel, trató en su debate sólo los hechos atribuidos a Israel, dejando de lado los cometidos por Hamás.

El temor en Israel no tiene que ver sólo con una cuestión de imagen, sino por las implicancias jurídicas del Informe a nivel internacional: si es aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU en diciembre, oficiales israelíes podrían ser capturados y juzgados por países que, como España, se rigen por la llamada jurisdicción universal, que les permite juzgar a cualquiera en el mundo por delitos cometidos en cualquier lado. El Consejo de Seguridad está en potestad, también, de solicitar juzgamientos en la Corte Penal Internacional de La Haya. En este sentido, por ahora, Israel está mínimamente cubierto: Rodríguez Zapatero dio su compromiso, durante su visita a Israel, de que ningún oficial de Tzahal sería juzgado en suelo español. El presidente Barack Obama, por su lado, ya garantizó su veto en el Consejo de Seguridad. 

Israel se complica

En el camino, Israel complicó sus relaciones con Turquía, Rusia, China y, en los últimos días, incluso Francia, país con el cual ha reinado la amistad en la era Sarkozy. El canciller de ese país, Bernard Kouchner, anunció que anulaba su inminente paso por Israel. ¿Los motivos? La negativa de Israel a que Kouchner visitara la Franja de Gaza para observar la construcción del hospital Al Quds, que está siendo erigido allí en cooperación con Francia. El premier Netanyahu alegó que la visita beneficiaría sólo al Hamás, que centraría el foco en lo ocurrido durante el operativo Plomo Fundido.

Antes, Turquía anuló una tradicional maniobra conjunta entre Estados Unidos, Israel y ese país. A renglón seguido, su primer ministro Recep Tayyip Erdogan anunció una maniobra conjunta con Siria. De ese modo, explicaron los analistas, Turquía pretende competir con Egipto por la supremacía como país más influyente del Oriente Medio.

Las relaciones con Turquía, consideradas un bien importante en la constelación del status internacional israelí, se ensombrecieron notoriamente durante todo este año, luego del operativo. Hubo una escena de riña entre el premier Erdogan y el presidente Shimón Peres, críticas virulentas por Plomo Fundido, y el condicionamiento del mejoramiento de las relaciones a la solución de la tragedia humanitaria en Gaza.

Ahora, Israel se enfrenta también con la televisión turca, que emite una serie de televisión en la que soldados de Tzahal maltratan en cada capítulo a palestinos indefensos. Hubo en el gobierno quien comenzó a cuestionarse si Israel debía seguir “cubriendo” a Turquía en el tema del genocidio armenio. Quizás, dicen, haya llegado la hora de mostrar las cosas como son: si Turquía afirma que no se privará de “criticar a sus amigos”, ¿por qué Israel debe callar su condena de fondo al genocidio de 1915 y seguir haciendo lobby por el silencio de otros?

La opción cuerda

La respuesta israelí de combate y oposición podría, por una vez, ser bien otra. El gobierno ha encomendado al ejército la investigación de los hechos de Plomo Fundido. En sus hallazgos, el ejército aseguró que sus fuerzas se habían comportado “moralmente y de acuerdo con las normas y la ley internacional”. También aseguró que, allí donde se cometieron excesos, los responsables ya han rendido cuentas. Ningún medio en Israel ha publicado nada respecto de soldados castigados por hecho alguno relacionado con Plomo Fundido.

Se trata de dos problemas en uno. El primero, el de suponer que un organismo, menos todavía uno militar, puede objetivamente investigarse a sí mismo. El otro es el de pensar que Israel puede oponerse todo el tiempo a todo el mundo. El primer ministro Biniamín Netanyahu incluso llamó, en su discurso en la Convención Presidencial del 20 de este mes, a “cambiar las reglas de la guerra”.

¿Qué pasaría si, en lugar de dedicar tantas energías a pelearse con todo el planeta, Israel hubiera colaborado con Goldston, o si ahora nombrara una comisión investigadora propia, objetiva y parlamentaria, que hallara verdaderos culpables por delitos eventualmente cometidos? Pues si de verdad se cometieron tales u otros crímenes, ¿no debería ser Israel, que se erige en país moral, el primero en denunciarlos y castigarlos? ¿No beneficiaría eso su propia causa contra las calumnias y los rumores supuestamente antisionistas en el mundo? ¿No ayudaría a arrojar luz sobre lo que realmente ocurrió en ese infierno permanente llamado Gaza, a saber cuál es de verdad la culpa que le cabe a Israel y cuál la que le cabe a Hamás por el sufrimiento de su propia gente? Vivimos en un mundo de subjetividades, hoy más que nunca tienen razón nuestras abuelas: moral no sólo hay que serlo, sino también parecerlo. Bueno, no sólo nuestras abuelas, el concepto de “marit áin“, el de no cometer actos que pudieran siquiera parecer amorales, aun cuando no lo sean, está ya en nuestro Talmud.

Pero el actual gobierno israelí sabe más. Uno de los ministros dijo, al término de la reunión de gabinete que terminó rechazando la idea, que “una comisión investigadora que tuviera otro mandato que la de rechazar el Informe Goldston, está de más”.

Plomo Fundido todavía debe ser investigado. La insania con la que se maneja Israel en este caso, también. Quién sabe, quizás todavía lleguemos a la conclusión de que se trata de un caso de inimputabilidad…

(Publicado en Nueva Sión N° 950, octubre 2009, www.nuevasion.com.ar)

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Casi Ángeles: “Estamos tan lejos, pero somos tan iguales”

Publicado por marcelokisilevski en Octubre 16, 2009

Balance de la visita de Casi Ángeles a Israel: entrevista a Eugenia Suárez (Jazmín) y Nico Riera (Tacho)

Por Marcelo Kisilevski, desde Israel marcelokisi@gmail.com  

Casi Ángeles y una enorme delegación del Cris Morena Group anduvieron por Israel repartiendo buenas ondas, para alegría de cientos de miles de adolescentes israelíes durante la festividad de Sucot (Tabernáculos). Además de las notas publicadas en Clarín, pude entrevistar a Ma. Eugenia Suárez (Jazmín en la tira) y a Nicolás Riera (Tacho). Por asuntos técnicos de la redacción del diario, la nota no se llegó a publicar, y por eso aquí va en exclusiva.

Marcelo Kisi con Euge Suárez y Nico Riera. No, el que tiene pelo no es Kisi... (Foto: Miriam Khon)

Marcelo Kisi con Euge Suárez y Nico Riera. No, el que tiene pelo no es Kisi... (Foto: Miriam Khon)

Nico y Euge son dos amigos que juegan al fútbol en el pasillo con una pelotita de plástico. Pero en lugar de estar en el colegio o en una plaza, están junto al camarín del Palacio Nokia de Tel Aviv, esperando al primer cronista que los va a entrevistar después de cuatro días y trece shows sin que la prensa los “moleste”. Ma. Eugenia Suárez (17 años, Jazmín en Casi Ángeles) y Nicolás Riera (24, Tacho) están ansiosos por hablar, por elaborar un poco todo el delirio y la admiración sin fin del público israelí.

La charla con este corresponsal, por eso, tiene un poco de terapia de grupo, e incluso bromean con ello. Hablaron de la fama, de su adolescencia no perdida sino “distinta”, hablaron del futuro. Eugenia está segura que quiere llegar a Hollywood. Nico quiere desarrollar su veta musical y puede que ya en abril, cuando vuelvan a Israel, toque uno de los temas en guitarra.

Pero primero, viven muy bien el presente, y repasan el furor que acaban de provocar en Israel. “Fue increíble”, empieza Eugenia. “Tengo la voz y el cuerpo muy cansados, pero el cansancio es sólo físico. Tengo 17 años, puedo hacer miles de shows más y quiero hacer esto toda mi vida”. Nico explicó que “a mí se me iba pasando demasiado rápido sin poder registrar del todo, casi sin poder pararme a disfrutar”.

Más allá del fenómeno Casi Ángeles en Israel, el asombro de las estrellas pasa por el país en sí. Para Nico era la primera visita: “La imagen que llega allá es todo guerra y conflicto. Un poco me asusté cuando me dijeron que veníamos a Israel. Pero llegamos y dije: ‘Loco, esto es Miami, me vengo acá de vacaciones’. La playa, las ciudades, los paisajes, los negocios, la gente. ¡Está buenísimo!” “Bueno, a la playa no podíamos ir por los fans, pero yo salí al balcón a tomar sol. No me quemé, pero…”, confiesa Euge entre risas. “Yo ya había estado a los 11 años con Rincón de Luz, pero era chiquita, no era consciente de nada. En esta vuelta me encantó, especialmente Jerusalén”.

Después llegó el momento del ping-pong.:

El momento inolvidable de su paso por Israel: Nico: “La primera aparición, de ver caños y un ventilador debajo del escenario, subís en los ascensores, ves todo ese despliegue y escuchás los gritos. Es impresionante y no me lo voy a olvidar”. Euge:” A mí me queda el final de los shows, cuando prenden las luces y ves la cara de la gente, algunos llorando, otros gritando y mostrándote fotos y carteles”.

El momento cómico: Euge: “Ayer me regalaron cremas del Mar Muerto, con Lali (Mariana Espósito, Mar en la tira) y Cande (Candela Vetrano, Tefi) nos pusimos máscaras y entramos en los cuartos de todos a oscuras y los asustábamos”. Nico: “Un día nos trajeron globos con helio y filmamos escenas de backstage con la vocecita que te hace sacar”.

El papelón sobre el escenario: Nico: “En el tema con las linternas a uno de nosotros se le cayó la suya y se hizo añicos, ¡te juro que se desintegró! Por suerte yo tenía que salir, le dejé la mía y seguimos como si nada”. Euge: “En general soy muy torpe, pero en el escenario no me importa. Ya en la segunda canción, ‘Casi Ángeles’, me trabé y casi me caigo. Se lo dije a la gente: ‘Espero que la estén pasando bien, yo empecé con una casi caída, pero estoy bien’”.

El regalo más significativo de los fans: Euge: “Me encantaron las cremas porque eran del Mar Muerto. Pero me gusta más todavía que cuando te regalan una jamsa (la manito de la suerte) o una estrella de David”. Nico: “A mí me gusta cuando te hacen un collage de fotos, y son todos fotos tuyas, distintas, mezcladas. Algo que me impresiona también es que puedan escribirte una carta en español. Tienen sus faltas, claro, pero se entiende todo lo que quieren decir”.

Una enseñanza que se llevan de Israel: La enseñanza que se lleva Eugenia son decenas de palabras y frases en hebreo que repite en ráfaga dejando anonadados a los hebreo-parlantes en el camarín. Y además: “Me llevo el valorar mucho lo que tengo. Yo nada más quería tener salud, ir al colegio. Y de repente me doy cuenta que hago todo lo que quiero y lo que me gusta, y estoy muy agradecida”. Nico: “Que todos los seres humanos somos muy parecidos. Estando allá uno piensa que son todos diferentes, que viven todo al revés que nosotros. Venís acá y de repente somos todos iguales, nos reímos de las mismas cosas y nos gusta lo mismo. Eso me impresiona: tanta distancia y ser tan parecidos en tantas cosas. Está bueno”.

Sin esta foto no me dejaban entrar a casa. Pero sobre todo, ¡Nico y Euge son unos fenómenos! (Foto: Idith Helman)

Sin esta foto no me dejaban entrar a casa. Pero sobre todo, ¡Nico y Euge son unos fenómenos! (Foto: Idith Helman)

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“Muerte o unga-unga” a la Netanyahu

Publicado por marcelokisilevski en Octubre 11, 2009

¿Todos los caminos conducen a más asentamientos?

¿Todos los caminos conducen a más asentamientos?

El Congelamiento de la construcción en los territorios

Ya en la escuela primaria contábamos el chiste: un explorador es atrapado por una tribu salvaje en África, cuyo jefe le da a elegir: “Muerte o unga-unga”. Obviamente, el  hombre blanco elige unga-unga. Lo meten en una choza y cinco hombres morenos y grandotes lo violan durante toda la noche. Al día siguiente lo visita el jefe de la tribu: “Muerte o unga-unga”. El explorador no quiere saber más nada: “¡Muerte!”. “Está bien”, replica el africano. “Pero antes, un poquitito de unga-unga”.

El primer ministro israelí Biniamín Netanyahu decidió congelar por seis meses la construcción en los territorios, la gran piedra israelí de choque frente a los palestinos. Pero antes, anunció de modo resonante, será autorizada la construcción de cientos viviendas en Judea y Samaria, la Margen Occidental, que se sumarán a las 2.500 que ya están siendo construidas allí. Y dicho congelamiento será efectuado sólo a condición de que los países árabes tomen medidas tendientes a la normalización de relaciones con Israel.

Debe entenderse bien. La construcción de asentamientos judíos en los territorios es la espina israelí clavada en el costado de los palestinos, así como el terrorismo es la piedra que duele en el zapato de los israelíes. La derecha puede repetir hasta el cansancio que “no se puede comparar la matanza indiscriminada de gente con la construcción de casas”. Es, dicho en buen criollo, hacerse el sota. Esa construcción es, cuanto menos, un acto de matonerismo, con características mafiosas. Sus mismas motivaciones, las de hacer más difícil eventuales entregas de territorios, y sus características, las de una superior calidad de vida, una ubicación que entorpece la futura continuidad territorial de un estado palestino cuya existencia futura ya ha sido reconocida hasta por Biniamín Netanyahu, y las características violentas, profundamente fundamentalistas y antidemocráticas de sus habitantes más activos, la convierten en un acto de violencia política de escala nacional.

Israel viene reclamando con razón el fin del terrorismo como modo de dirimir su conflicto con los palestinos. Esperando no estar abriéndole la boca al diablo, como se dice en Israel, 2009 ha sido un año prácticamente sin terrorismo, sea por los motivos que fuere: la Cerca Separadora o “Muro”, el aumento de la calidad de vida palestina en Cisjordania, o por la habilidad gubernativa –y silenciosa- de Abu Mazen.

El operativo Plomo Fundido también puede haber aportado. Una vez terminado, Hamás siguió lanzando algunos Kassam para el protocolo, y después paró. Se dedicó a instaurar un régimen de terror fundamentalista hacia su propia sociedad, por frustración o por dictado iraní. Pero también a abrir un proceso de reconciliación con el Fatah de Abu Mazen y a negociar la liberación de cientos de palestinos presos en Israel a cambio de su único naipe fuerte, el soldado Guilad Shalit.

Por ahora, como quiera que sea, el terrorismo ha pasado a segundo plano también en ese frente. Nótese, también para el protocolo, que el operativo Plomo Fundido en Gaza no desató, como hubiera sido obvio muy pocos meses antes, una Tercera Intifada en la Margen Occidental. Esto solo debiera haber encendido varias “luces verdes” del lado israelí: la fractura interna palestina entorpece la paz, pero también puede ser visto como una oportunidad para avanzar.

El renacimiento de la Hoja de Ruta

El cese del terrorismo de facto, es también el cumplimiento, aunque no de jure ni en el plazo acordado, de la Hoja de Ruta, que también fuera adoptado por el actual gobierno como “pacto preexistente” a ser cumplido a pie juntillas. Es interesante cómo se dan algunos procesos en el Medio Oriente. Muchos documentos se rechazan, y se termina luego actuando de acuerdo con ellos. Ocurrió con el legendario Plan Alón para asentar provisoriamente los territorios recién conquistados en 1967. El plan se rechazó oficialmente, pero se llevó a la práctica con variantes por los  propios gobiernos laboristas, para ser intensificado con entusiasmo por los gobiernos del Likud. Ya había ocurrido antes con la doctrina del Muro de Hierro del nacionalista Zeev Jabotinsky, rechazado por el hegemónico partido de Ben Gurión. Éste, no obstante, fue quien convirtió a Israel en la potencia regional invencible tan soñada por “Jabo”.

Es lo que parece ocurrir ahora, de a poco, con la Hoja de Ruta, el plan de George W. Bush hijo. El primer aporte de dicho plan es el mismo que en su momento hiciera el propio Biniamín Netanyahu: la reciprocidad. Ya en su primer párrafo, el plan estipula el desmantelamiento de las organizaciones militares paralelas del lado palestino. Desde entonces la realidad cambió, y la fuerza armada del Hamás es indesmantelable, por ser gobierno en Gaza, y sólo es cooptable, por medio de la refusión política. Sin embargo, el terrorismo ha entrado en un impasse que no es recomendable desperdiciar.

A cambio, Israel debía cesar toda construcción en los territorios, incluida la generada por el crecimiento vegetativo, y desmantelar todos los “outposts” (asentamientos ilegales aun desde la óptica israelí) montados desde marzo de 2001. Este gobierno, cuyo canciller Avigdor Liberman se llenara la boca con la Hoja de Ruta en su primer día en funciones, parece no haber leído la segunda parte del primer apartado del plan de Bush.

La empresa colonizadora en su conjunto es el acto más irracional y absurdo de Israel. Obsérvese, si no, la actual conducta del gobierno, la de autorizar la construcción de viviendas para luego anunciar el congelamiento de la construcción, que tiene el fin de destrabar negociaciones que podrían llevar, eventualmente, a evacuar dichas construcciones. ¿Para qué seguir destinando fondos del contribuyente israelí a seguir alimentando un peligro que, a su vez, se traducirá en nuevos y cuantiosos gastos militares? Como me lo preguntaba, presa de la impotencia, una estudiante de América Latina recién llegada al embrollo mesoriental: “¿Por qué no hacen de una vez lo que todos saben que debe ser hecho?”

Bibi, el obediente

La respuesta, sin embargo, no es del todo desalentadora, por lo menos en opinión de quien firma estas líneas. Al fin y al cabo, Bibi Netanyahu está haciendo –siempre a regañadientes, pero siempre obediente- lo que sabe que debe ser hecho. Desde su asunción, no se han vendido más terrenos, ni se habían otorgado hasta ahora más permisos de construcción. Las mentadas 2.500 viviendas habían sido autorizadas por el gobierno anterior, de Ehud Olmert, líder de Kadima.

Ahora, Netanyahu está congelando la construcción en los territorios, pero la está frenando como frenan los vehículos: con una distancia de freno. En un coche, frenar de golpe pone en peligro de muerte a los pasajeros. Si Netanyahu congelara de modo súbito, como lo quiere Obama, el ala derecha de su gobierno se retiraría y su coalición se desmembraría, con todo el retraso que ello significa. Ningún miembro de la actual coalición quiere retirarse, y no lo harán por un congelamiento en los territorios que no es fatal ni sella destinos de nada. Pero sus “constituencies“, sus votantes, no lo podrán digerir, y vomitarán a sus líderes. Y sólo si el coche de Bibi sigue viajando, podrá seguir haciendo lo que, según lo muestra la historia, sólo los coches de la derecha israelí parecen ser capaces de efectuar.

Sea por la razón que fuere, lo que resulta es un gobierno que actúa como la tribu africana del chiste. “Elijan: o paran con el terrorismo (que es la “muerte” del gran naipe de la causa palestina que, admitamos, los ha llevado a sus grandes logros), o habrán más operativos tipo Plomo Fundido y más asentamientos (unga-unga)”.

Sin ser del todo categóricos, los palestinos por una vez parecen haber aprendido la lección de la fuerza israelí: “Está bien, basta, no podemos más: paramos con el terrorismo”. Y el gobierno israelí, que necesita demostrar que es macho que nadie le va a venir a él, justo a él, con dictados e imposiciones, parece responderles: “Muy bien, pero antes, un poquito más de asentamientos”.

(Publicado primero por Nueva Sión, N° 949, septiembre 2009)

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Un misterio llamado Avigdor Liberman*

Publicado por marcelokisilevski en Septiembre 11, 2009

Liberman

No cabe duda de que el canciller israelí Avigdor Liberman es uno de los fenómenos más extraños y misteriosos de la actualidad israelí. Es cierto, Liberman, ex mano derecha de Biniamín Netanyahu durante su primer mandato allá por 1996, es el líder de uno de los partidos más derechistas que ha conocido la política legal en el país. Sin ir más lejos, en 2003, dos años después del asesinato del líder de Moledet, Rejavam Zeevi (Gandhi), Liberman adoptó sin tapujos la idea acuñada por aquél conocida como “Transfer”: aquella “invitación cordial” a los palestinos de Eretz Israel a que se suban a autobuses gentilmente financiados por el gobierno, y abandonen nuestro país hacia cualquiera de los 22 países árabes en el Medio Oriente. Con esa plataforma, logró 7 diputados en la Knesset con su partido, Israel Beitenu.

Su última patente es el lema: “Sin fidelidad, no hay ciudadanía”, con la idea de despojar de su ciudadanía israelí a los árabes israelíes. La ley de la Naqba, propuesta por diputados de su partido, fue aprobada por el gabinete en versión suavizada: quien osare conmemorar el inicio del drama de los refugiados palestinos conocido como la Naqba (catástrofe) será penado con multas y retiro de subsidios institucionales, en lugar de cárcel, como había propuesto Israel Beiteinu. La Knesset tiene todavía la última palabra.

Y la corrupción. El jueves 17.7 último, la policía se reunió con el asesor letrado del gobierno, Menny Mazuz, para recomendar el procesamiento de Liberman por lavado de muchos millones de dólares y soborno, entre otras figuras delictivas que comienzan a ser demasiado habituales en la escena de este país supuestamente primer-mundista.

Y sus expresiones. Desde el estrado de la Knesset llamó a tratar como a nazis a diputados árabes que se habían reunido con representantes de Hamás y de Hezbollah, por considerarlos colaboracionistas con el enemigo: “En los juicios de Nuremberg ejecutaron no sólo a los nazis sino también a quienes colaboraron con ellos. Yo espero que ese sea el destino que corran los colaboracionistas dentro de esta casa”, sentenció.

Pero sería muy fácil despachar a Liberman con el mote de facho sin más ni más, en un tiempo posmoderno en el que lo original es precisamente la mezcla. Y aun a riesgo de caer de la tabla de lo políticamente correcto, la verdad sea dicha: la ideología política de Liberman es compleja, no simple, al punto que por muy poco no formó coalición con Tzipi Livni, líder de Kadima, luego de las últimas elecciones.

En efecto, en las elecciones anteriores en 2006, Liberman había propuesto su propio invento para resolver el conflicto en el Medio Oriente: el intercambio de territorios. Para él, derechista, la solución del conflicto pasa por la separación, no sólo de los palestinos de los territorios, sino también de los árabes israelíes. Con ese fin, Liberman propuso que en el futuro estado palestino, la frontera del norte de la Margen Occidental sea corrida más hacia el norte, desde la Línea Verde, aquella línea de armisticio de 1949, hasta abarcar también a los poblados árabes del triángulo, con poblaciones tan importantes como Um El Fajem. En total, unos 120.000 palestinos viven en la zona, atravesada por la famosa ruta 65.  A cambio, Israel podría anexar territorios equivalentes en los llamados “bloques de asentamientos”: Gush Etzión, Maalé Adumim y Ariel.

Atención con esta idea. Es cierto que está formulada desde la derecha. Pero en esta versión de separación, los árabes no pierden la ciudadanía israelí, sino que pasarían a tenerla doble: israelí y palestina. Tampoco son expulsados de sus hogares, sus hamulas (el clan, esa unidad de referencia y pertenencia del árabe) sigue incólume.  Sencillamente, pasan a morar bajo otra soberanía, que es la de su propio marco de pertenencia étnica. ¿Violación a los derechos humanos? A discutir. Al punto que el presidente Shimón Peres comenzó a comentarla en los pasillos protocolares de Estados Unidos y Europa.

Y el detalle más importante, que pasa desapercibido en este programa, supuestamente brutal: al querer “mudar” a los árabes hacia la soberanía palestina… Liberman está aceptando el estado palestino. Tan sencillo como eso. Al asumir su cargo de canciller, Liberman fue claro o, como nos gusta calificarlo, brutal: “Que nadie se engañe”, dijo. “Este gobierno no acepta Annapolis porque no fue aprobado por la Knesset. Sólo estamos comprometidos con la Hoja de Ruta”.

El estilo era de derecha; el contenido ya pertenece al mainstream israelí. La Hoja de Ruta fue el primer plan norteamericano, propuesto por la Administración Bush, en hablar explícitamente de un estado palestino como meta final de las negociaciones. Tanto la derecha como la izquierda podían respirar aliviados: la Hoja de Ruta llama, en el mismo primer apartado en que se habla de “estado palestino”, al desmantelamiento por la Autoridad Palestina de todas las organizaciones terroristas. Para la derecha, “esto jamás ocurrirá, Liberman está quedando bien gratis”. Para la izquierda, por el mismo motivo, Liberman estaba buscando una excusa para continuar con la negativa.

La tardanza pataleante de Netanyahu en rendirse a la presión de Obama y pronunciar en Bar Ilán las odiadas palabras, “estado palestino”, era sólo un gesto de política interna, para los votantes de derecha que lo veían por televisión. Pero ciertamente a Liberman no se le iba a ocurrir abandonar la coalición por ello.

Otro tema que haría de Liberman un candidato potable para la izquierda israelí –de nuevo, si no fuera por su bestialidad y, aparentemente, por su poco respeto de la legalidad- es el tema del casamiento por civil, asunto que empuja como él solo sabe hacerlo. Liberman no es amigo de Meretz ni es un adalid de los derechos civiles. Sencillamente, hay demasiados inmigrantes rusos que no pasan el examen del rabinato, y la cruda realidad demanda una solución para este sector de “judíos dudosos”, que llegan a un 5% de la población, y todavía no nombramos a quienes no tienen ganas de que su rabino bajo la jupá sea ortodoxo.

Últimamente, Liberman conduce un cambio de rumbo en la política de imagen de Israel, de la clásica hasbará (esclarecimiento) a favor de todo lo que hace Israel en su política externa, a lo que se conoce en los pasillos de Cancillería como “Diplomacia Pública”: en lugar de buscar todo el tiempo “tener razón”, buscar “tener amigos”. Es decir, consolidar buenas relaciones con países y regiones hasta ahora distantes, crear puentes, mejorar las relaciones económicas con la mayor cantidad de países, y buscar nuevas alianzas. En esta idea se inscribe su actual visita a Brasil, Argentina, Perú y Colombia. Sus siguientes metas son otras economías emergentes, en especial India, China y Rusia. En Sudamérica, el blanco principal es Brasil. La hasbará argumentativa clásica deberá pivotear de los palestinos a la amenaza iraní, dice Liberman. Y el resto debe ser “branding”, la política ya iniciada en la era Livni de posicionar a Israel como marca de tecnología, turismo y mujeres hermosas, en lugar de como escenario de conflicto.

Lo cierto es que Avigdor Liberman plantea un enigma. Una especie de noticia de que no sólo la izquierda se ha corrido, con mayor o menor disimulo, hacia el centro. Por las razones que fueren, Liberman acepta el estado palestino, y va a votar a favor de su fundación, con tal de ver a los palestinos lejos de su vista. Y favorece el casamiento por civil, una vieja deuda del estado laico de Israel. Si no termina en la cárcel, cuando miremos en retrospectiva su gestión, y una vez pasada la bronca por sus exabruptos racistas, Liberman podría sorprendernos. 

*Publicado primero en Nueva Sión, Buenos Aires, número de julio de 2009, con vistas a la gira oficial del canciller Avigdor Liberman a Sudamérica.

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No expulsar a los chicos

Publicado por marcelokisilevski en Julio 31, 2009

Hijos de trabajadores extranjeros manifiestan en Tel Aviv contra la nueva Dirección de Migraciones, a principios de mes.

Hijos de trabajadores extranjeros manifiestan en Tel Aviv contra la nueva Dirección de Migraciones, a principios de mes.

Ayer fue postergada por tres meses, por orden del primer ministro Biniamín Netanyahu, la expulsión de 2.800 menores nacidos en Israel, hijos de trabajadores extranjeros y refugiados de África.

A veces me pregunto dónde habrá mecanismos que protejan a Israel de sí mismo, por lo menos cuando se trata de sus propios embrollos morales. Un embrollo moral es aquel resultado colateral que no se había tenido en cuenta a la hora de legislar una regla dictada con buena intención, pero que venía a resolver una situación totalmente distinta.

A la hora de decidir que serán israelíes sólo los hijos de israelíes, o los inmigrantes beneficiarios de la Ley del Retorno (judíos, sus familiares directos y sus descendientes hasta la tercera generación), los primeros israelies, surgidos de una realidad post Segunda Guerra Mundial no tuvieron que responder a la siguiente pregunta: ¿qué pasaría si hubiera trabajadores extranjeros en Israel, por naturaleza no judíos y no israelíes, que tuvieran hijos en Israel? ¿Qué nacionalidad tendrán?

La respuesta por default es casi violenta: ninguna. Porque la israelidad es sanguínea, y así la heredan aquí tanto judíos como árabes. Pero la ciudadanía de sus padres, en general, es territorial. Un hijo de obreros peruanos no judíos, nacido en Israel, no será israelí ni peruano, ni nada. Ni qué decir de los hijos de padres de distinta nacionalidad que, hasta ayer temían que sus padres fueran separados por la fuerza.

Así va creciendo en Israel un grupo no muy grande, de unos 2.800 chicos, hijos de trabajadores extranjeros y de refugiados de África nacidos en Israel y criados como israelíes, pero que no son israelíes: hablan hebreo con acento israelí (esa erre que yo ya ni sueño con poder aprender), se educan en escuelas israelíes con contenidos israelíes e incluso judaicos, sueñan con ser alguien en esta sociedad, incluido el poder ir al ejército y aportar al país como el resto de sus amigos. En fin, se enamoran, como cualquier ser humano, de la tierra en que nacieron, que es su casa.

El embrollo moral no se resuelve fácil diciendo: sus padres tienen la culpa; vinieron a Israel para trabajar, con visas de hasta tres años, y cuando se les venció se quedaron como ilegales, siguieron trabajando, se casaron o juntaron, y tuvieron hijos. Ahora, ellos y sus hijos nacidos aquí están por ser expulsados por violación a la ley de visado laboral. ¿Por qué no lo pensaron antes?

Porque resulta que las condiciones para su llegada fueron creadas por el estado israelí, bajo presión de los lobbies empresariales a los que les convenía la importación de mano de obra barata del tercer mundo para reemplazar a la palestina, en cuya estabilidad no se podía ya confiar debido a sus repetidos levantamientos y consiguientes cierres periódicos de los territorios. ¿Visas vencidas? El empresariado y distintos sectores de la economía privada bien pueden servirse de los ilegales, que si se quedan es porque hay dónde y para qué. Lo que se dice, una situación win-win.

Israel es el segundo país en cantidad de trabajadores extranjeros después de Suiza. Según datos del Ministerio del Interior, entran cada año 8.000 extranjeros a Israel, más de la mitad de los inmigrantes judíos, lo cual, para hombres del círculo cercano al primer ministro Netanyahu, “tiene significaciones demográficas”. Últimamente se ha creado una nueva unidad de policía, la “Unidad Oz”, bajo una nueva “Dirección de Migraciones” que debe “combatir el mal”, confinando a trabajadores ilegales y gestionando su expulsión a sus países de origen, obviamente con sus hijos.

Ayer, los chicos festejaban la noticia de la postergación del veredicto por tres meses, “hasta que el nuevo gobierno elabore una política al respecto”, según el premier, que tuvo que intervenir personalmente para impedir la expulsión. Hasta el presidente Shimón Peres entendió que la situación ameritaba su participación. Escribió bien:

“Qué pueblo mejor que el que ha sufrido amarguras en los países de su exilio deberá ser sensible hacia el prójimo que vive en su seno”, escribió al ministro del Interior Eli Ishai (Shas). “No podemos permanecer indiferentes al destino de niños y adolescentes. Soy consciente de la complejidad de esta cuestión, pero creo que corresponde que se halle una solución justa, en el espíritu de la tradición y la herencia de nuestro pueblo y en el marco de la ley en esta cuestión”.

Dentro de tres meses, Israel deberá encontrar, como suele hacerlo, otro artilugio legal para extender la situación provisoria que se acaba de inaugurar, o bien para llegar a una resolución permanente de la cuestión, consistente en otorgamiento, si no de ciudadanía, por lo menos de residencia temporaria para chicos nacidos en Israel y sus padres. Es un precio menor, comparado con la expulsión y sus secuelas.

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Ni Madoff, ni Einstein

Publicado por marcelokisilevski en Julio 25, 2009

Esta semana, por no decir este año, estuvo signada, signado, por judíos e israelíes que se portaron y se portan mal. Digo año por Madoff, que ya fue condenado a unos cuantos añitos en prisión. Pero esta semana se le agregaron una madre ultraortodoxa que tal vez casi mata a su hijo de inanición, una banda de israelíes que tal vez trafican con óvulos, explotando quizás a adolescentes rumanas en Bucarest, y ahora una quizás mafia de rabinos pro-Shas en Nueva York, que posiblemente han lavado toneladas de millones de dólares utilizando para ello, y quizás, asociaciones de beneficencia en Israel.

No es improbable que salgan los antisemitas de siempre con sus diatribas: “¿Ven? ¡Se los dijimos! Así son. Es el judaísmo internacional en su máxima expresión! Ta, no podemos esperar otra cosa de los antisemitas de siempre.

Pero a mí me interesan los de mi lado, los judíos, que al fin y al cabo soy uno de ellos. Los delincuentes israelíes y judíos en el mundo, ponen en un brete al “pueblo judío”. Porque existe un “pueblo judío que cierra filas”. A veces las cierra tanto, que espanta a otros, a los que después sorprende que pasen a llamarse los “desinstitucionalizados”. Y los medios de comunicación del “pueblo judío que cierra filas” escacearon en la información sobre estos casos, salvo honradas excepciones.

El “pueblo judío que cierra filas” es el que se escandaliza cuando los antisemitas atacan al pueblo judío como un todo cuando un judío comete un delito. “Que lo condenen por delincuente, no por judío; la generalización es prejuicio antisemita”, claman con razón. Pero el mismo “pueblo judío que cierra filas” es el que, a renglón seguido, escribe artículos y libros sobre “el aporte del pueblo judío al mundo”, y como ejemplo ponen a Einstein, a Freud, a los escritores, a los inventores de ICQ y a todos los Premios Nobel.

¿En qué quedamos, vive Agnón? ¿Se puede generalizar respecto de lo judío o no se puede generalizar? ¿O acaso se puede generalizar sólo si es a favor? ¿Se puede ensalzar al pueblo judío por haber dado al mundo a Einstein, pero no se lo puede juzgar por haber dado al mundo a Madoff? De verdad, oh, hermanos judíos, ¿cuál es ese “mérito judío” que ha generado a Einstein, distinto del “desmérito judío” de haber generado a Madoff? Mmm, disculpen, pero yo, judío, respiro un leve tufillo a prosemitismo, que no es menos peligroso que el anti. Porque la generalización en contra ha dado origen a la violencia antisemita, eso queda claro. Pero la generalización a favor hace algo más sutil, y por lo tanto más grave: legitima la generalización, sea del signo que sea. Y al hacerlo, deslegitima la denuncia.

Madoff es un delincuente, y no se lo ataque ya por su origen o apellido.Einstein fue un genio, y no se lo alabe ya por su origen o apellido.

Y que quede bien claro: yo no tengo nada contra los judíos. Es más, mis mejores amigos lo son. Boina semana.

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Videítos nuevos

Publicado por marcelokisilevski en Julio 12, 2009

En un intento por ponerse al día con la tecnología, me han llegado videos nuevos que buscan articular el mensaje en favor de Israel y sus políticas de paz, que quizás les interese ver, y difundir.

El primero fue producido por el American Jewish Comittee y se titula: “No”: el verdadero obstáculo para la paz.

El segundo lleva ya varios días circulando por la red, y es el último grito del rap! Incluye final feliz…

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Bibi y el estado palestino

Publicado por marcelokisilevski en Julio 10, 2009

Como Michael Jackson, pertenecer tiene su precio. Bibi cambia de color.

Como Michael Jackson, pertenecer tiene su precio. Bibi cambia de color.

Vaya primero un palo para el premier Biniamín Netanyahu. En su encuentro con el ministro de exteriores de Alemania dijo, refiriéndose a la eventual evacuación de la Margen Occidental, que “los territorios no serán Judenrein”, “zona libre de judíos” que era el concepto nazi de la limpieza étnica del Tercer Reich. Lo dijo, lo repitió, y recomendó a sus ministros utilizar ese mismo concepto en sus declaraciones. El alemán movió la cabeza perplejo, pero no respondió. No se puede juzgar a las víctimas en sus expresiones, sobre todo cargando con semejante culpa.

Pero diantres -por usar una palabra delicada y en desuso, pregúntenle al zeide lo que significa-, ¿no le da vergüenza? De un solo plumazo, Bibi ha borrado esfuerzos gigantescos de educadores, políticos, diplomáticos y comunicadores judíos y no judíos en todo el mundo por separar el Holocausto de lo que ocurre en los territorios, porque toda traspolación histórica es brutal y deshonra la memoria de las víctimas. Y así como no permitimos que los anti-sionistas comparen, al punto que nos negamos a entrar en la mera comparación, que implicaría en sí un triunfo del comparador, así me niego a discutir la ridiculez de la comparación de Bibi, por no decir su imbecilidad.

Y de aquí a su otro discurso. Aluf Ben, el brillante analista de Haaretz, da razón a mi último post: “El domingo (en la reunión de gabinete) Biniamín Netanyahu aprovechó esa tribuna para emitir su declaración más significativa hasta hoy: ‘Hemos logrado un acuerdo nacional en torno al conepto de dos estados para dos pueblos’. En su discurso de Bar Ilán, tres semanas antes, Netanyahu ya había dado su acuerdo a un estado palestino, pero se había cuidado de formulaciones, y habló con una manifiesta falta de entusiasmo. Esta semana sonó totalmente distinto, al adoptar el viejo slogan de la izquierda, encima presentándolo como un logro de su gobierno en sus primeros 100 días”.

Y agrega Ben, casi como si fuera lector de mi blog: “Netanyahu también respaldó su lema con medidas en el terreno, en cooperación con el ministro de Defensa Ehud Barak. Muchos checkpoints fueron retirados, y a los palestinos les es mucho más fácil circular por las rutas de la Margen Occidental. La cooperación de seguridad entre Israel y la Autoridad Palestina ya superó los récords de los días de Oslo, según altos funcionarios palestinos. Ambas partes tienen interés en minimizar el asunto, cada lado por sus propios motivos políticos, pero debe ser dicho a favor de Netanyahu, que está cumpliendo en el terreno lo que prometió en su campaña electoral”.

Más adelante, Aluf Ben da otra “pista” de que Netanyahu se propone lanzar dentro de poco un proceso político de extrema significación. Es cierto que Bibi habló en Bar Ilán de las condiciones para la creación de ese estado palestino, y de las garantías que le exigía a la comunidad internacional, empezando por Estados Unidos. “Pero una averiguación reveló que Netanyahu estaba adoptando de hecho el ‘Documento de los Ocho Puntos’ que su antecesor Ehud Olmert había presentado a la Administración Bush. Los puntos en sí son bastante triviales: desmilitarización total del estado palestino, observadores extranjeros en la frontera con Jordania, Paso de Rafah con supervisión europea, control israelí del espacio aéreo y en la adjudicación de frecuencias. Barak ya había elevado exigencias similares en Camp David hace nueve años, y Olmert las reformuló, logrando incluso, según testimonio de sus allegados, acuerdo norteamericano para ellas. Netanyahu quiere obtener de Obama esas garantías por escrito, para asegurar que Israel goce de la legitimidad internacional para sus temores de seguridad respecto de la creación de un estado palestino”.

A partir de allí, Ben se dedica a analizar las motivaciones personales del premier para este viraje histórico, por el cual él y el Likud adoptan la línea de “dos estados para dos pueblos” y abandonan la idea de la “Gran Eretz Israel”. Está claro que ello convierte en irrelevante la oposición de Kadima, y que Netanyahu aspira a atraer a sus miembros de regreso al Likud, así como a gente de otros partidos, convirtiéndose en “más grande que Ben Gurión”.

Pero la historia se escribe así, al compás de los intereses personales de sus pequeños-grandes actores. Y si todo lo que quiere este político llamado Netanyahu a cambio de hacer lo correcto, es que lo aplaudan, entonces, aplaudamos. Que, como diría Adler, prácticamente todo lo que hace el ser humano, luego de sus pulsiones fisiológicas, es para satisfacer su instinto de pertenencia. Y Bibi quiere pertenecer al consenso nacional, ser un prócer.

O, para usar el lenguaje tanguero del Negro Dolina: “Todo lo que hace el hombre es pa’ levantarse minas”. Pero para eso la tenemos a Doña Sara, la primera dama, manteniendo las riendas bien cortas.

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¿Pienso igual que Bibi?

Publicado por marcelokisilevski en Julio 6, 2009

Ya dije que no había comentado el discurso de nuestro primer ministro, don Biniamín Netanyahu. En ese discurso dijo, ni más ni menos, que en determinadas condiciones, Israel estaría dispuesta a aceptar la idea de un estado palestino viviendo al lado de Israel.

Dijo las palabras “estado palestino”, pero tuvo que condimentarlas con tanto discurso de derecha, que aquí no dejó contento a nadie. Y además no dijo “dos estados para dos pueblos”.

Ahora, en el noticiero de esta noche, acaba de decir Netanyahu algo más inequívoco: “Hemos creado un consenso nacional alrededor de la fórmula ‘dos estados para dos pueblos’, que tiene que ver con que los palestinos deben aceptar, en ese caso, a Israel como estado del pueblo judío, y que el problema de los refugiados se resolverá por fuera del territorio soberano de Israel”.

Así, cortito, con la fórmula pronunciada en sencillo, como al pasar, “dos estados para dos pueblos”, Netanyahu acaba de completar el viraje histórico del Likud hacia el mainstream israelí, ubicado más a su izquierda. Esto es incontestable, por más que duela en el estómago de más de uno de mis amigos de la izquierda. Queda ver qué pasará por el estómago de mis amigos de la derecha.

Estoy de acuerdo con un estado palestino, pero no sólo porque a esta altura sea lo justo, sino porque implicará también la culminación de la configuración de Israel como el estado del pueblo judío. Si como izquierdista apoyo el derecho de autodeterminación de todos los pueblos, es ridículo que apoye a Palestina como “el estado del pueblo palestino”, y reclame al mismo tiempo que Israel sea el “estado de todos sus ciudadanos” porque, según el argumento palestino, pronunciado textualmente por el presidente de la Autoridad Palestina, Abu Mazen: “no se concibe un estado basado en la religión; el estado palestino será un estado laico”. A veces la hipocresía y el carácter manipulativo del débil tampoco tienen límites. De esto se desprendería que el único pueblo al que está bien negarle el derecho a la autodeterminación es el pueblo judío. Izquierdistamente sea dicho, con el nivel académico que me caracteriza: ¡Váyanse a freír espárragos!

Ahora sólo falta que los desarrollos históricos en el campo de lo discursivo se acerquen a lo que pasa en el terreno. Algunas señales ya hay. Si bien se sigue construyendo en los territorios, la construcción se ha reducido significativamente, y varios checkpoints principales se han retirado, mejorando considerablemente la calidad de vida de los palestinos de la calle. Obvio que es por la presión de Obama, no hemos nacido ayer. Pero ni Barak ni Olmert habían llegado a tanto.

Desde la izquierda hoy digo: ¡Vamos Bibi todavía!

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Obama y el arte de la puesta en escena

Publicado por marcelokisilevski en Junio 5, 2009

Obama 

Me gustó el discurso de Obama. La novedad que trajo no fue su contenido sino su forma. Porque, la verdad sea dicha, Obama no dijo nada nuevo. Lo nuevo estuvo en la manera en que armó la puesta en escena, la dimensión de espectáculo, los días que precedieron, con un impresionante marketing del “Discurso de Obama”, con vistas a la avant premier, que fue presenciada por el mundo entero, y más allá también.

Obama les dijo a todos lo que ya sabían, pero lo dijo de un modo en que todos quedaran contentos. Obama intentó decir a todos lo que esperaban oir, pero no le molestó, tampoco, que todos se pudieran molestar. Ayer me consultaron en la CNN en español, y antes de mi intervensión, un analista peruano de origen palestino se quejaba de que Obama hablara del  fin del terrorismo, siendo que Israel no había cesado la construcción en los asentamientos desde los años ‘90, cuando los acuerdos de Oslo. Yo recordé luego, a mi turno, que tampoco los palestinos cesaron con el terrorismo, a pesar de que ello también formaba parte de los mismos acuerdos. Pero eso no era lo más importante.

También los judíos e israelíes se pueden enojar. Obama, por primera vez, equiparó por completo a palestinos con israelíes. Comparó el sufrimiento del pueblo judío de siglos hasta llegar al Holocausto, con el sufrimiento palestino de “las últimas décadas”. Y equiparó el terrorismo palestino con la construcción en los asentamientos, frente a lo que la derecha siempre se ha enojado: “¿Construir casas es lo mismo que matar mujeres y niños inocentes? ¿Cómo amenaza la paz construir lugares donde vivir?”

Pero Obama les estaba diciendo otra cosa, a condición que se lo quiera oir: por primera vez tienen un presidente norteamericano que intenta ser un mediador imparcial en serio, que entiende tanto a unos como a otros, que habla del “Holly Koran” y resucita su segundo nombre, Hussein, pero que mañana visitará Buchenwald, porque no se olvida.

Ahora tienen ustedes dos opciones: o seguir colocados de cara al pasado y quejarse infinitamente, o de convertir el conflicto en problema, y colocarnos todos del mismo lado frente a ese problema en común, y de cara al futuro.

Todos ustedes, les dijo ayer Obama a todas las partes de todos los conflictos en el Medio Oriente, saben perfectamente qué es lo que pueden alcanzar, qué es lo que les corresponde. Todos ustedes, también, saben cuál es el precio que tendrán que pagar por ello, qué es lo que las otras partes esperan de ustedes. Ya lo hemos hablado hasta el cansancio, y de algunas de esas cosas tenemos incluso contratos firmados.

Y aunque esto estaba tan claro, Obama se tomó el trabajo de nombrar una por una a las partes del conflicto, sus necesidades, sus exigencias y sus precios a pagar, pero sin pretensiones de renovar en la información, ni de fundar en El Cairo ninguna “Doctrina Obama”. Con respecto a Israel y los palestinos, prácticamente se trató de una repetición de la Hoja de Ruta.

Ahora, terminó Obama, dejémonos todos de berrinches y de quejas, y hagamos lo que tenemos que hacer, pero esta vez, todos juntos.

Todo ello, repito, a condición que se lo quiera oir, pues se sabe que, si tanta gente desea algo, nada es imposible. Pregúntenle, si no, a Theodoro Herzl. Y para atacar esa dimensión emocional, igual que el dramaturgo frustrado Herzl en aquel 1° Congreso Sionista de 1897, al que montó como si fuera una gala teatral, es que el histriónico Obama armó lo que armó.

Aunque los resultados se verán en la cancha -pero el norteamericano ya trae buenas referencias-, ya no cabe duda de que Obama es un artista del marketing, de la oratoria y de la escena.

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