“Margen Protector”: Sexto Día

 

"Espacio protegido" en Jerusalén, durante una alarma. Hamás no tiene problema en disparar contra la tercera ciudad sagrada del Islam.

“Espacio protegido” en Jerusalén, durante una alarma. Hamás no tiene problema en disparar contra la tercera ciudad sagrada del Islam.

El sexto día comenzó a las 6.00 AM con ráfagas de cohetes hacia el sur del país, hacia la Shfelá (un poco más hacia el centro) y en la zona de Tel Aviv y alrededores.

Decenas de cohetes fueron lanzados también durante todo el día de ayer, el quinto día, contra poblados de todo Israel. Los más significativos de ayer, y que dan un cambio cualitativo cayeron en Hebrón, donde impactaron en dos viviendas palestinas, y en Belén. Hamás aseguró que había apuntado a Jerusalén. También apuntaron a Dimona, donde según diversas fuentes Israel posee su central nuclear.

Es decir, en principio Hamás no tiene problema en impactar en la central nuclear, fantaseando con una explosión que barrería, también, a la propia Franja de Gaza. Tampoco tienen problema en disparar contra Jerusalén, la tercera ciudad más sagrada del islam, impactar en Hebrón, una ciudad densamente poblada por palestinos y será interesante verificar qué tendrán que decir a eso los países árabes, que decidieron para esta semana una reunión de emergencia en el marco de la Liga Árabe.

Allí aumentan las voces de hastío contra la actitud de Hamás, que cíclicamente atrae el fuego israelí. El propio Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, acusó a Hamás de “comerciar con la guerra”, aludiendo al precio que paga la población en Gaza por la locura bélico-religiosa de esa organización. Un portavoz de Hamás respondió iracundo que Abbas era un traidor y “un agente del sionismo”. Ya antes acusaron desde Gaza a la Autoridad Palestina de no mover un dedo para ayudar a sus hermanos en Gaza. Así, después del operativo, habrá que ver en qué estado sigue el supuesto gobierno de “unidad nacional” que habían formado ambos partidos, el Fatah de Mahmud Abbas, y Hamás.

Otros hechos significativos: cohetes que llegaron anoche hasta la Galilea Occidental, entre otras la ciudad norteña de Naharía, y la captura por parte del ejército egipcio en el Sinaí de 20 cohetes que intentaban ser contrabandeados hacia la Franja de Gaza, previo tiroteo con hombres armados de Hamás.

A medida que sigue aumentando la llama del fuego y sube la cuenta de muertos, tanto de palestinos armados como de civiles, aumentan también los esfuerzos diplomáticos por alcanzar un cese del fuego. Tanto Israel como Hamás anunciaron que no había posibilidad en este momento de alcanzarlo. No obstante, el enviado del Cuarteto para el Medio Oriente, Tony Blair, se encontró con el presidente egipcio, general A-Sisi, los norteamericanos hacen gestiones para involucrar a Turquía y a Qatar, y el Consejo de Seguridad llamó a un cese del fuego inmediato.

Siempre trayendo la voz de la esperanza, el Papa Francisco llamó ayer a una “tregua olímpica” para todos los conflictos armados en el mundo, obviamente dirigido especialmente para el caso de Israel y los palestinos. Las treguas olímpicas eran el cese de las guerras entre los pueblos de la antigua Grecia en el lapso que duraran los Juegos Olímpicos.

Desde el comienzo del operativo, según fuentes palestinas, han perdido la vida en Gaza 126 personas, han sido lanzados 570 cohetes y el ejército israelí ha bombardeado unos 1.200 blancos de Hamás y otras organizaciones en Gaza.

Tres comentarios a las noticias del día

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Por Marcelo Kisilevski

1) No a la desinformación sobre la nueva vuelta de violencia con Gaza, que ya empezó. Tal como ocurrió con los operativos israelíes anteriores, la actual espiral ya ha comenzado. Desde hace varios días se producen ráfagas diarias de cohetes Qassam desde la Franja de Gaza hacia Israel. En el fin de semana, uno impactó en una fábrica de Sderot, que ardió en llamas. Hoy cayeron 13, solamente a la mañana, por suerte en terrenos abiertos. En Gaza gobierna el Hamás, probablemente autor también del secuestro de los tres adolescentes en Cisjordania. Hamás sigue con una agenda que es inversa a la del Fatah, partido laico nacionalista que controla la Autoridad Palestina en Cisjordania: mientras que este partido apoya la fórmula de “dos estados para dos pueblos”, también aceptada por Israel, y la confrontación no violenta y diplomática, Hamás se empecina en un solo estado, que sea de corte islámico radical en toda la llamada Palestina, destrucción de Israel mediante. También apoya el mantenimiento de la “lucha armada” y se opone a todo diálogo con Israel. Como lo dijo Yossi Beilin, ex líder de Meretz: “Por supuesto que habría que hablar con Hamás, pues no podemos elegir a nuestros enemigos; el problema es que Hamás no quiere hablar con nosotros”. Desde Cisjordania, que intenta -hasta nuevo aviso- mantener una calma que da paso al desarrollo, miran azorados cómo sus hermanos palestinos de Gaza patean su propio avispero una y otra vez. Hasta que Hamás no dé su vuelta de página, que implicará abandonar dogmas religiosos ligados a Dar el Islam y la vuelta al Califato, cualquier gobierno de unidad nacional con Fatah será sólo para John Kerry, la ONU y la CNN. En tanto, debe quedar claro que todo cohete que cae en territorio soberano ajeno es “casus belli”, causal de guerra. Y que por lo tanto, si se produce (lo que ocurrirá en caso de que los lanzamientos trepen a decenas o cientos por día, o si hay muertes israelíes, indigeribles para la opinión pública), Hamás ya ha encargado el próximo operativo israelí. En todas las de la ley internacional.

2) Sí al estado kurdo. El premier Netanyahu se pronunció ayer a favor de un estado kurdo en el norte de Irak, donde los kurdos tienen ya autonomía. Ese estado debería abarcar también el resto de la zona del Kurdistán, que incluye territorios de Turquía y de Siria. Los tres estados -así como el resto de los países árabes- son creación occidental post Primera Guerra Mundial, sin tener en cuenta grupos étnicos ni religiosos, sino solamente qué tipo de arreglo garantizaría a las potencias europeas el conveniente flujo petrolero hacia el Mediterráneo. En algunos lugares, las fronteras fueron trazadas literalmente con reglas. Probablemente, y a la luz de los sangrientos aconteceres en Medio Oriente, haya llegado el momento de rever el dibujo. Si aceptamos el principio de autodeterminación de los pueblos (de todos los pueblos), e Israel oficialmente ha declarado su apoyo a la fórmula de un estado palestino, el pueblo kurdo está parado en fila incluso desde antes que nuestros vecinos de Cisjordania y Gaza. Sólo cabe esperar que el sinceramiento del mapa implique también un reconocimiento árabe -y de aquellos que todavía no se despertaron en el resto del mundo- a la autodeterminación, de hecho ya concretada, de otra minoría étnica en el Medio Oriente: los judíos del Estado de Israel. Dicho sea de paso, los kurdos ya agradecieron el apoyo israelí.

3) No al cierre de comercios en Shabat en Tel Aviv, decretado por el ministro del Interior Gideon Saar. Israel es un estado judío y democrático que basa su delicado equilibrio entre los deseos y sentires de su población laica y de su población religiosa en base a delicados arreglos de modus vivendi. El primero de ellos fue el acuerdo de “Status quo en materia de religión y estado”, entre Ben Gurión y el partido religioso ortodoxo no sionista Agudat Israel. Éste concedía a los religiosos el no transporte público en Shabat, la kashrut en las instituciones estatales, el manejo de los asuntos de familia (casamientos, entierros) y la prórroga al servicio militar (que luego se fue convirtiendo en exención) entre otras cosas. A cambio, los religiosos prometían no batallar contra el estado sionista al que, ideológicamente, consideraban herético. Las líneas del “status quo” se fueron corriendo con los años: los religiosos fueron cerrando más y más calles en Shabat al tránsito automotor, consiguieron leyes de no importación de productos no kasher; los laicos fueron abriendo más y más comercios, restaurantes y discotecas en Shabat. Pero el equilibrio se sigue manteniendo, e incluso ha cobrado ribetes geográficos: en Jerusalem (y en Modiin, donde vivo) todo se cierra en Shabat; en Tel Aviv, ciudad de colores plurales, muchos establecimientos abren. En el resto de Israel, todos los matices coexisten. Así, en Israel se vive y se deja vivir, aquí y allá con medidas que enfurecen a uno u otro sector, y sembrando el terreno para oportunismos políticos varios. Por ejemplo, el embanderado de la nueva embestida contra la apertura de comercios en Shabat es el ministro del Interior Gideon Saar, un laico, del partido Likud, autor del decreto de cierre. La municipalidad de Tel Aviv anunció que apelaría a la Corte Suprema la orden de Saar, y agregó que la ordenanza “retrotrae a Tel Aviv decenas de años hacia el pasado”. Yo puedo entender al ex ministro del Interior Eli Ishai, del partido religioso sefardí Shas, que solía hacer campañas parecidas. ¿Pero cuál es la agenda personal de Gideon Saar?

“Nosotras también podemos ser rabinas”

POR MARCELO KISILEVSKI

Miles de mujeres en Israel se definen como la cara del feminismo más efervescente y combativo: “el feminismo religioso”. Luchan por la igualdad sin dejar la ortodoxia.

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 TEL AVIV. ESPECIAL – 07/01/14 – 10:24

“Hoy en Israel el feminismo más efervescente y combativo es justamente el feminismo religioso”, asegura Jana Kehát, fundadora y directora de Koléj (Tu voz, en hebreo), la mayor organización feminista religiosa en Israel, en diálogo con Clarín. Koléj lucha contra toda discriminación, exclusión e incluso violencia contra las mujeres en nombre de la religión.

¿Cuáles son los problemas que enfrenta la mujer en el sector judío religioso ortodoxo, diferente del resto de las mujeres en el mundo?

“Violencia en el hogar, violencia sexual, acoso sexual general, acoso sexual por rabinos, exclusión de la mujer de los espacios públicos, negación de divorcio por el hombre, que deja a cientos de mujeres sin poder rehacer su vida (el casamiento es confesional en Israel, y el divorcio es de hecho un repudio, el “guet”, del hombre hacia la mujer)”, enumera Kehat.

“Nos dedicamos también de temas como salud femenina, mujeres en la política, igualdad ritual y demás. Como las comunidades ortodoxas son muy cerradas en sí mismas, todo lo que se relaciona con la mujer siempre fue barrido debajo de la alfombra”.  Para ese doble objetivo de combatir la discriminación y también romper el silencio, el encubrimiento dentro de la comunidad, es que funda en 1998 la organización Koléj.

El grupo, sin embargo, no desea abandonar la ortodoxia en pos de la igualdad, como lo hicieron las corrientes modernas en el judaísmo, el conservadorismo y el reformismo, por ejemplo en Argentina. Para ella, no es necesario romper con la ortodoxia para lograr la igualdad. En la Halajá (ley religiosa basada en el Viejo Testamento y el Talmud), asegura, no existe la discriminación expresa. “Incluso en lo ritual, si bien las mujeres están ‘exentas’ de tomar parte, nada les está prohibido”, sorprende.

Es decir, concluye categórica, que ponerse kipá (solideo), talit (paño ritual), tefilín (filacterias) e incluso ser rabinas y oficiar matrimonios, está permitido para las mujeres en la ortodoxia judía. “Por lo tanto, lo machista es la práctica en el establishment ortodoxo, no las leyes. Es la costumbre social y es lo político. Eso se puede cambiar y a eso nos dedicamos”.

Jana nació en el seno de una comunidad ultraortodoxa, de aquellas en que los hombres se visten de negro. Pero en su juventud se pasó al sector ortodoxo más moderno, conocido como el de la “kipá (solideo) tejida”, y allí desarrolla su lucha.

Pero en su sector natal, el ultraortodoxo, el despertar recién comienza, y desde Koléj intenta ayudar también a las mujeres de ese sector. Sin duda las mujeres ultraortodoxas, en aquellos casos donde los maridos se dedican a estudiar Torá, y las mujeres a trabajar y también criar a los hijos, son las que más sufren. “El sector ultraortodoxo destroza literalmente a sus mujeres”, denuncia Kehat contundente. “Las destroza físicamente. Trabajan duro en su empleo, manejan una familia numerosa y limpian la casa. Su expectativa de vida es la menor de Israel, y la de sus maridos es casi la más alta de Israel. Ellas se enferman y mueren jóvenes.” ¿Les cae la ficha de que hay algo injusto en el reparto de responsabilidades? “No, es un proceso muy largo y difícil, están inmersas en una situación de explotación que pasa también por lo mental”.

“Yo no quiero renunciar a mi religiosidad. Soy religiosa ortodoxa. Pero soy feminista. Empezamos como un grupo pequeño, sólo queríamos decirles a los rabinos que se equivocaban, que trataran mejor a las mujeres en todas esas áreas. Pero abrimos una caja de Pandora, y hoy somos miles”.

¿Es optimista? “Hay cosas que están trabadas”, responde, “en especial en lo que respecta al establishment religioso. Por ejemplo, en el tema del divorcio, existe la posibilidad, en la línea de Maimónides, de instaurar la imposición del divorcio al marido negador, pero el establishment rabínico se niega a ir con Maimónides, y los motivos son políticos, el temor a perder el control”.

Pero el plano social fuera del establishment, se enorgullece, los logros no son pocos. “Quince años después, tenemos refugios para mujeres golpeadas del sector. En el tema del acoso sexual logramos sacar una regulación que fue la que destapó todo el tema del Rabino Moti Elón (procesado por pedofilia contra alumnos suyos). Tenemos muchos programas para escuelas y cada vez somos más requeridas allí. Llevamos programas de identidad sexual, adolescencia, violencia sexual, relaciones de pareja; escritura femenina, liderazgo femenino, la mujer en la Torá, la lucha contra la exclusión de mujeres de los espacios públicos. En todo eso hemos avanzado enormemente”.

Publicado en http://www.clarin.com, 7/1/14.

El judaísmo israelí y el “Paradigma Koala”

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Por Marcelo Kisilevski, Modiín, Israel*

Las especies en Oceanía son únicas, porque se desarrollaron luego de la separación de ese archipiélago del resto del continente asiático. Algo parecido le ocurrió al judaísmo: la creación de Israel con su singularidad diferenciada del resto del mundo judío,  generó una serie de prácticas judaicas, corrientes, discursos y dinámicas específicas, que sólo fueron posibles a partir del movimiento tectónico que significó la creación del Estado judío.

Se trata de fenómenos que sólo se podían haber dado en una comunidad judía convertida en mayoría, en una comunidad vuelta Estado, donde entra a tallar la política, el perfil de un país, el dinero público y, a veces, incluso la vida y la muerte, entre muchos otros factores.

Como koalas y ornitorrincos, surgieron en Israel corrientes y grupos específicos: el movimiento religioso sefardí Shas, por ejemplo, formado por judíos llegados de países como Marruecos, pero vestidos como en Lituania del siglo 18, es quizás el fenómeno más moderno de la historia judía, y que sólo hubiera sido posible en Israel. Cuando se analiza la sociedad israelí, nadie habla de “ortodoxos, conservadores y reformistas”, como en la Diáspora: el sector judío aquí se divide en jaredim (ortodoxos no sionistas, reconocibles por su vestimenta negra), religiosos nacionales (con su característica kipá tejida), tradicionalistas y laicos.

Los conservadores y reformistas tienen ciertamente su desarrollo y presencia en Israel. Pero no han llegado a una masa crítica como para que tallen socio-políticamente. Su llegada al sionismo es tardía, luego de haber nacido al compás de la Emancipación y el Iluminismo europeos, como expresiones de la flamante separación entre religión y Estado en Europa y Estados Unidos: abrazaremos la ciudadanía que nos ofrece la Revolución Francesa, pero mantendremos nuestro judaísmo, al que a partir de ahora entenderemos como nuestra religión. Seremos franceses (o alemanes, o estadounidenses, o argentinos) de fe mosaica. Al punto tal, que rezaremos en nuestros dos idiomas: el religioso y el nacional. Por ende, su ADN original fue no-sionista por definición.

Los ortodoxos, que poblaron Israel antes que esas corrientes modernas, lo hicieron por motivos de tradición y de comodidad, no de sionismo. Sin embargo, llegaron primero y fueron más, fundando un establishment religioso en Israel con el que el nuevo Estado hebreo tuvo que negociar, llegándose al famoso “acuerdo de statu-quo en materia de religión y estado”. Los conservadores y reformistas, que entre tanto han fundado por fin movimientos juveniles sionistas en su seno, tendrán por lo tanto que trabajar mucho, incluyendo el enviar importantes olas de inmigración de entre sus filas, si quieren quebrar algún día el monopolio ortodoxo en Israel.

Los laicos, en cambio, sí somos un componente sociológico importante: cerca del 25% de la población judía. Pero si en la Diáspora son los no observantes, los laicos en Israel somos aquellos que practicamos “poco”. En mi caso, por ejemplo, me inscribo con mi familia dentro del laicismo israelí, pero los viernes decimos generalmente el kidush antes de cenar, e incluso a veces se encienden las velas. En Iom Kipur no viajamos, como prácticamente todos los israelíes. En Jánuka hay receso escolar, y nos juntamos varias de las noches con parientes o amigos, los chicos encienden las velas, comen sufganiot y juegan con trompos. En Pesaj se lee la Hagadá y, en general, no nos perdemos ninguna cena familiar por festividades. Todos los niños en Israel, laicos o religiosos, tienen infancias pletóricas de fogatas de Lag Baomer. No solemos asistir a la sinagoga, excepto para ceremonias de Bar Mitzvá, propias y ajenas. Sin embargo, nadie en la Argentina nos llamaría “laicos”.  El laico israelí es un oso distinto: es un koala.

La separación de la isla judeo-israelí del continente judío mundial ha creado también un discurso específico, y para que siga habiendo comunicación entre Israel y la Diáspora, tendrán que aprender  la resignificación de las palabras que ha tenido lugar aquí. Así como les explico sin cansancio (y a veces sin esperanza de éxito) a mis amigos israelíes que para nosotros hablar hebreo, escuchar música israelí en la radio todos los días y, en general, vivir en Israel, ya es practicar el judaísmo, los judíos diaspóricos deberán entender que para el israelí, hablar de “iahadut”, judaísmo, es hablar de religión. Y cuando se habla de religión, se habla de ortodoxia.

Esta fue, quizás, la victoria más grande de la corriente rabínica ortodoxa israelí sobre el sionismo: luego de que éste proclamara en sus inicios que el judaísmo era una nación y una cultura, en la que la religión era un elemento más, los religiosos ortodoxos han logrado que aun los israelíes más laicos de hoy en día identifiquen “judaísmo” como sinónimo de “religión judía”. Cuando se les pregunta a muchos de ellos si no creen que Israel estaría mejor sin un sector jaredí tan fuerte, contestarán: “No, porque está bien que haya gente que aun practique el ‘judaísmo’. Si no, ¿quién lo hará?” Respuestas del tipo: “Lo haremos nosotros, como de hecho ya lo hacemos:  viviendo en Israel, hablando hebreo, bailando rikudim, cantando las canciones de Arik Einstein, yendo al ejército, jugando al burako en las playas de Tel Aviv, dando a los que menos tienen, y estudiando la filosofía y la historia del pueblo judío”, los dejan perplejos.

Atrás quedaron los guías turísticos sionistas socialistas, que salían por los caminos de Israel con sus sandalias y su Tanaj en mano, a mostrar a sus janijim de Hashomer Hatzair, movimiento ateo si los hay, pero sionista hasta los huesos, los lugares por los que pasaron los personajes fundadores de la nación en tiempos bíblicos. Fuera de algunos sobrevivientes laicos, los únicos que siguen con esta práctica de unir tierra e historia a través de la Biblia son los inscriptos en la órbita de Benei Akiva, es decir, los sionistas religiosos. Cuando éstos se jactan de ser “los últimos jalutzim (pioneros)”, tienen un punto.

En las escuelas públicas judías laicas, la enseñanza de Tanaj, Toshba (Torá SheBeAlPé, Ley Oral) y materias afines, suele estar en manos de un docente religioso, y ello por dos motivos: uno, porque se ha impuesto la cultura de “la Biblia para los religiosos”; dos, sencillamente porque ya no quedan suficientes  docentes laicos para cubrir esos puestos en toda la red.

Estos y muchos otros “koalas” han surgido en Israel. Los jóvenes que se definen como “israelíes” antes que como “judíos”; el combativo movimiento Neshot Hakotel (las Mujeres del Kotel), que luchan, a veces físicamente, por rezar allí con su talit, su tefilín y su kipá igual que los hombres; los movimientos de judaísmo alternativo, a través de los cuales israelíes “laicos con contenido” intentan comenzar a dar batalla; la segregación de la mujer en el sector jaredí; paralelamente, la silenciosa rebelión femenina en ese mismo sector; los rabinos milagreros; los movimientos religiosos de extrema derecha, y muchísimas “nuevas especies” más.

Sobre algunos de estos apasionantes fenómenos de la fauna israelí intentaremos poner nuestra lupa en futuras entregas.

*Publicado para Limud Buenos Aires en http://www.itongadol.com.ar

Primera conversión laica al judaísmo

Herzl, padre del sionismo, como campo de batalla de la definición de lo judío.

El sionismo no sólo fue la revolución popular del retorno judío a su tierra ancestral, sino una revolucionaria reinterpretación del judaísmo -como una nación, como una cultura: por primera vez en siglos aparecía una nueva concepción del judaísmo que colocaba a la religión en un pie de igualdad con las demás manifestaciones de la cultura judía: historia, idioma hebreo, música, literatura, danza, movimientos políticos judíos, etc. Y también religión como opción. Es decir, el judaísmo como pueblo y nación, y ya no como religión.

Siempre me hizo ruido una paradoja: la única área que el sionismo como visión laica del judaísmo dejó vacante fue nada menos que  la puerta de entrada a ese pueblo. Se puede ser del movimiento sionista Hashomer Hatzair y jugar al fútbol en los campeonatos Hapoel, pero si querés llamarte judío, andá a la sinagoga de acá a tres cuadras, pasá el curso de conversión, que es religioso, y sólo entonces también nosotros, los laicos, te llamaremos judío.

Pero si el ingreso al pueblo en los tiempos bíblicos era territorial, y sólo con el exilio nació la práctica de la conversión, el sionismo debió haber articulado una manera de restituir, no sólo al pueblo a su tierra, sino la reglamentación acerca del modo de convertirse en perteneciente a un pueblo que vuelve a poseer la tierra. El agua corrida bajo el puente y la complejidad de sus implicancias, parece, han obligado al sionismo a postergar (también) esa deuda conceptual e histórica pendiente.

Esa es la paradoja que parece haberse comenzado a resolver ahora, a través del Movimiento de Judaísmo Laico y Humanista, que ha comenzado a celebrar conversiones laicas. Las llaman ingreso o adopción al pueblo judío. Hace algunos días tuvo lugar la primera de estas conversiones hechas en Israel, y por eso me hago eco de la siguiente entrevista con el Dr. Efraim Zadoff, rabino laico israelí de origen argentino.

La autora de la entrevista es la periodista Ana Jerosolimsky.

Primera conversión laica al judaímo

El rabino secular, Dr. Efraim Zadoff, es israelí de origen argentino. Historiador con especialidad en historia judía en el siglo XX, Ph.D. en Historia Judía, Universidad de Tel Aviv; Investigador Asociado del Centro Liwerant de la Universidad Hebrea de Jerusalén; Rabino laico humanista, Instituto Internacional del Judaísmo Laico Humanista «Tmurá» Israel; Miembro del ejecutivo de MERJAV, Consejo de rabinos laicos humanistas de Israel; Redactor y editor de: Enciclopedia de la historia y la cultura del pueblo judío, SHOÁ – Enciclopedia del Holocausto, traductor y editor de diversos libros más.

Nuestro contacto con él, plasmado en diferentes oportunidades ha versado mayormente sobre este singular enfoque del judaísmo secular. Pero esta vez, el tema no tiene precedentes: una conversión laica al judaísmo. El Dr. Zadoff nos explica de qué se trata.

- Efraim; ya hemos estado en contacto en otras ocasiones para publicar en estas páginas testimonios y opiniones tuyas sobre lo que podríamos llamar propuestas alternativas a la vida judía en algunos de sus aspectos más básicos. O sea, ya no solamente alternativas a la corriente ortodoxa que para algunos sigue siendo la única aceptada y aceptable, sino alternativas a la opción religiosa en sí: concretamente, un judaísmo laico. Recuerdo con especial interés la entrevista que realizamos sobre tu condición de rabino secular, un término que para muchos será una contradicción en sí misma, y también lo que hemos hablado sobre casamientos que has oficiado precisamente como tal. Y ahora, una nueva dimensión, que debo confesar, suena muy extraña: conversión secular al judaísmo. ¿De qué se trata?
- Para poder comprender la definición de judaísmo laico o secular quiero utilizar un término más adecuado para determinar a qué nos referimos: judaísmo libre, que es el que se utilizaba ya en el siglo XIX, y se refiere a libre de la interpretación religiosa de la cultura judía.
El tema de conversión al judaísmo o como solemos llamarlo «adopción al pueblo judío» requiere una aclaración: esta es la puerta para un no judío que desea incorporarse al pueblo judío, adopta como suya la cultura judía y se siente parte del pueblo y se comporta como tal. La «conversión» es un proceso educativo y social por el cual se le enseñan los fundamentos relevantes de la cultura judía. Para ello se debe tomar como modelo al tipo de judío que sirve de prototipo. La situación hasta el presente en la cual hay sólo conversiones religiosas implica que un judío no-religioso es un paradigma no legítimo del judaísmo; y si un no judío quiere incorporarse al judaísmo desde una perspectiva, digamos como la mía, hasta ahora no podía.
El Movimiento de Judaísmo Secular Humanista en Estados Unidos se ocupa hace ya unos años de este tipo de conversiones. El Movimiento en Israel comenzó hace cinco años a desarrollar programas educativos y a estudiar los aspectos legales, para poder realizar este tipo de actos de conversión/adopción. Asimismo mantenemos un estrecho contacto con el Centro Reformista de Pluralismo Judío, que dirigió las acciones legales que llevaron al reconocimiento por parte de la Corte Suprema de Justicia de conversiones de conservadores y reformistas.

- Antes de entrar en los detalles de la conversión, o adopción tal cual le has llamado, que tú mismo has guiado o dirigido hace muy poco, una pregunta que surge de algo que recién has comentado. ¿Qué significado tiene el reconocimiento por parte de la Corte Suprema de Israel de las conversiones no ortodoxas? O sea, en la vida práctica, en la vida diaria. Si alguien va al ministerio del Interior en Israel y su documentación de conversión no es la ortodoxa, ¿acaso le anotarán en la cédula que es judío?
- La Corte Suprema de Justicia dictaminó que conversiones aceptadas por una comunidad reconocida deben ser aceptadas por el Estado. Esta decisión se refiere a comunidades de las corrientes conservadora, reformista y reconstruccionista. Estas organizaciones en Israel decidieron limitarse a realizar conversión a personas que tienen residencia en Israel y por lo tanto documento de identidad israelí. El ministerio del Interior debe anotarlos en su documento de identidad como judíos.
Es interesante la reacción del ministerio bajo la administración del partido ultraortodoxo Shas que decidió que se anula en estos documentos el rubro de la filiación nacional.

- Pero además, hay aún diferencias entre las conversiones no ortodoxas y la que tú has hecho, laica. ¿Cómo las ve el Estado?
- Es cierto, hay diferencias desde el momento en que nuestra interpretación del judaísmo es diferente. Su perspectiva es religiosa. La nuestra es cultural. No sabemos cómo se expedirán las instancias estatales, ya sea las administrativas como las jurídicas a nuestra posición, ya que aún no se ha presentado solicitud de reconocimiento.

- Tú ya has dirigido un proceso de este tipo y me has comentado antes de esta entrevista, que la ceremonia resultó sumamente emocionante. ¿Qué detalles me puedes comentar al respecto tanto sobre la ceremonia en sí como sobre la persona convertida aunque entiendo que por ahora no desea que se revele su identidad?
- La organización que se ocupa de este acto de conversión/adopción es MERJAV que son las siglas en hebreo del Consejo de Rabinos Laicos de Israel (ya contamos con 18 rabinos graduados en Jerusalén). Hemos formado un tribunal de tres rabinos.
El caso al que te refieres es el de la primera ceremonia de este tipo que se realiza en Israel. Una pareja de judíos israelíes que adoptó a un niño de dos años y solicitó que realicemos la ceremonia de adopción a la familia y al pueblo judío. El tribunal entrevistó a la familia, se interiorizó de los motivos de esta solicitud, del carácter judío de la familia, y decidió aceptar la petición y declarar la incorporación del niño al seno del pueblo judío. La ceremonia se realizó en el seno de la comunidad de familiares y amigos de esta familia. Además se realizaron como actos simbólicos la «tvilá», es decir la inmersión en un manantial fluyente, y la «hatafat dam», es decir se sacó una gota de sangre del niño como símbolo del pacto con el pueblo judío.

- ¿En qué consistió el proceso de conversión secular? ¿Y cuál es su diferencia principal con la conversión tradicional ortodoxa y con la que realiza por ejemplo el movimiento conservador, masortí?
- La conversión ortodoxa jaredí (son los que dominan en los tribunales rabínicos oficiales) exige que la familia cumpla una forma de vida religiosa ortodoxa y que envíe al niño o niña a una escuela religiosa.
Los conservadores y reformistas enseñan cosas desde una perspectiva religiosa naturalmente liberal, es decir sin inmiscuirse en la vida de la familia. Pero exigen circuncisión (los reformistas en Estados Unidos no la exigen). Nosotros dejamos a decisión de los padres si circuncidar o no al chico. En este caso no quisieron circuncisión pero pidieron un acto simbólico (también la circuncisión lo es) y la gota de sangre fue la respuesta adecuada.

- ¿La religión no tiene presencia alguna en este proceso? ¿O se la interpreta de otra forma?
- Para nosotros el judaísmo es una cultura en la que las expresiones religiosas son sólo una parte. Nuestra interpretación es humanista libre de toda interpretación religiosa es decir que atribuye a sus valores a una fuerza superior que la transmitió a los hombres por medio de sus emisarios. En nuestra interpretación la cultura nacional judía es el resultado de la experiencia de un grupo humano durante unos 3.000 años a lo largo de los cuales pasó muchas modificaciones e interpretaciones y aún lo sigue pasando. Nosotros pertenecemos a este pueblo, grupo humano y cultural, y estamos convencidos que su capacidad de reinterpretar su cultura de acuerdo a la realidad a lo largo de los siglos es lo que lo mantiene vívido y vibrante.

- Creo que aquí es necesario preguntarte en qué medida las tradiciones, las costumbres algunas de las cuales pueden tener sus orígenes en la interpretación de los textos bíblicos, son para tí, para ustedes, una expresión religiosa. Te lo preguntaría con algún ejemplo concreto de las fiestas más recientes. Si en Yom Kipur, el Día del Perdón, un judío desea ayunar porque siente que es una tradición clave en un día muy especial del calendario judío, o inclusive ir a la sinagoga a escuchar Kol Nidrei o Unetané Tokef, pero no es una persona religiosa. ¿En qué marco estaría a tu criterio?
- Está en el marco de su decisión personal y como tal es totalmente legítima. Nuestra posición es absolutamente respetuosa de las decisiones de personas que se identifican con otras interpretaciones del judaísmo y exigimos que también las interpretaciones no religiosas (hay varias) sean respetadas. El intento de imponer una sola interpretación sobre todos es la receta para el anquilosamiento del pueblo judío. En estos momentos se está desarrollando un debate muy duro dentro del campo religioso ortodoxo si es que se debe imponer una sola Halajá, es decir una sola ley rabínica. En realidad hay varias. Sólo como ejemplo mencionaré algunas: la que se basa en el Shulján Aruj de Iosef Caro, la que se basa en el Mishné Torá de Maimónides, las que se basan en tradiciones diferentes de los judíos yemenitas, de los del norte de África, de los oriundos de Etiopía, etc. La diversidad es la característica de nuestra cultura nacional y el respeto es la clave para seguir manteniendo unido al pueblo. El lema es: unidad pero no uniformidad.

- ¿Quién determina los parámetros para una conversión de este tipo, secular?  O sea ¿en qué marco tú actúas con algo así?
- MERJAV que es parte del Movimiento Judío Humanista Israelí que está asociado a la IISHJ, Instituto Internacional del Judaísmo Secular Humanista en Estados Unidos. El programa de conversión que desarrollamos para adultos tiene un año de duración y contiene introducciones a diversos temas que consideramos esenciales para una primera aproximación: literatura clásica y moderna, calendario hebreo, ceremonias de vida, arte judío, hebreo, conocimiento sobre la realidad judía en Israel y en el mundo.

- Me hiciste acordar ahora de una apasionante entrevista que hice hace unos años al ex diputado y ministro de MAPAM Yair Tzabán, que me dijo que para él, su biblioteca de tesoros judíos incluye no sólo el Talmud sino también tesoros de la moral y la cultura occidental. No lo estoy citando palabra por palabra, pero sin duda ese fue el espíritu de sus palabras. Comento esto porque al oir la temática que mencionas, debo admitir que me parece un poco extraño que no haya nada de religión judía, para conocerla, no para imponerla. O sea, la ortodoxia peca si omite dimensiones no religiosas de la vida judía como si no existieran. ¿Pero no te parece que sumarse al pueblo judío sin conocer su historia y preceptos en lo que a religión se refiere, es presentar el cuadro de forma sumamente incompleta?
- El conocimiento es la base de la pertenencia a la cultura judía. Todos los aspectos de lo que denominas «religión judía» están registrados en el concepto de literatura judía clásica (TANAJ, Mishná, Talmud y toda la literatura que se creó en esas épocas y que no ingresaron al canon) y moderna, en el calendario judío, en las ceremonias de vida, en el arte judío y también en la realidad presente en Israel y en la diáspora.
El elemento determinante es qué interpretación vas a adoptar y cuál es la interpretación que más se adecua a nuestra realidad. La Biblia hebrea, el TANAJ, puede ser considerada como una fuente religiosa inapelable o como una creación literaria extraordinaria en la cual se pueden encontrar elementos vigentes aún hoy, como por ejemplo el séptimo día de descanso universal. Es interesante que también los sabios de la Mishná y el Talmud, JAZAL, lo consideraron como fuente en base a la cual se pueden hacer cambios, a veces de 180 grados.
Te daré un ejemplo: la pertenencia al pueblo de Israel y luego al pueblo judío en la época bíblica se determinaba por vía paterna. En la Mishná (aproximadamente siglo II e.c.) se determinó que sería por la vía materna por razones prácticas que los rabinos en aquel momento consideraron cruciales. Al pasar de los siglos comenzaron a agregarse interpretaciones religiosas y místicas que le dan a esta decisión un status de ser al menos «un mandato divino». En una perspectiva histórica podemos ver que los judíos de Etiopía mantienen la tradición de la vía paterna, al igual que los judíos karaítas. En la realidad presente es irreal plantear que un niño nacido de vientre judío es culturalmente diferente de uno nacido de vientre no judío. En realidad la diferencia la hace la educación que recibe en su hogar. Si la interpretación que vas a adoptar es la religiosa y mística corres el riesgo de rechazar a personas que son absolutamente judías y considerar como judíos a quienes no lo son.

- ¡Qué complejo y multifacético este tema, como tantos sobre la vivencia y condición judía! Efraim; ¿qué motiva a una persona que se quiere convertir al judaísmo en conversión secular?
- Querer ser parte del pueblo judío y de su cultura sin hacer concesiones en su idiosincrasia no religiosa y humanista. Ser judío, por ejemplo, como yo.

- ¿Entra en juego la posibilidad de cansancio o desesperación de la conversión ortodoxa?
- Entra en juego el desinterés o desacuerdo en tener que mentir y realizar declaraciones de fe religiosa que todos saben que no son ciertas para poder satisfacer a la entidad que tiene el monopolio y recibir el certificado de conversión.

- Sea como sea, entiendo que vuestra visión es que así como puede haber un judío que  quiere destacar su identidad como tal sin pasar por lo religioso, puede haber un no judío que se sienta atraído por la parte humana y cultural de lo judío pero no por lo religioso y quiera acercarse pues a lo primero.
- Justamente esta es la opción que nosotros ofrecemos. Deseo aclarar que no consideramos que esta es la única vía correcta para incorporarse al pueblo judío. Hay muchos caminos; este es sólo uno y la persona que desea incorporarse a nuestro pueblo puede elegir cuál es más adecuada para él.

- ¿Hay más gente en camino, en proceso, que se interesa por esta opción?
- Hay muchas personas que se interesan. Lamentablemente aún no disponemos de los suficientes recursos como para responder a la demanda, pero confío que llegaremos también a eso.

- ¿También en América Latina?
- También en América Latina hay interés en la conversión de acuerdo a esta perspectiva de la cultura judía. Recordemos que algunas décadas atrás esta visión del judaísmo constituía la columna vertebral de las vida comunitaria judía y de las importantes redes escolares. Actualmente debemos dedicar todas nuestras energías y recursos al proyecto de reestructuración: la organización en las diversas comunidades latinoamericanas de entidades que ofrezcan una opción de vida judía activa desde una perspectiva cultural libre de religión. Ya hay algunos comienzos importantes. El problema es que la dispersión y la falta de coordinación dificultan el desarrollo organizado y sistemático de entidades comunitarias que ofrezcan actividades culturales significativas también en el ámbito del calendario judío, como actividades que se realizaron por ejemplo en Yom Kipur en Montevideo y Buenos Aires, y de las ceremonias de vida como festejo de nacimientos, Bnei Mitzvá, casamientos, etc.
En estas semanas estamos tratando de coordinar un encuentro, probablemente en Montevideo, y con la centralización de organizaciones locales y de Brasil, Argentina y Chile. En definitiva la propuesta dirigida a todas las edades que surja de este encuentro planteará una alternativa para evitar el abandono de los marcos judíos por parte de considerables partes de nuestro pueblo: la asimilación, o mejor dicho desjudaización.

- Será interesante seguir el tema pues. Muchísimas gracias por tu tiempo.
- A tí por esta oportunidad.

Fuente: Semanario Hebreo de Uruguay

Cuando israelíes y palestinos se hablan… o juegan al rugby

Entre tanta noticia de antagonismo, educación para el odio, y un proceso de paz estancado, es importante recordarnos y recordar al mundo, a las organizaciones de derechos humanos y a los liderazgos, que palestinos e israelíes se hablan, sencillamente se hablan. A veces con la ayuda de ONGs del exterior, y a veces no. Existen miles de organizaciones para la coexistencia, y es importante reflejar sus iniciativas.

A partir de aquí, en palabras de Rubén Friedmann, para Israelenlínea.com:

El próximo 23 de noviembre la ONG argentina «Rugby sin Fronteras» realizará un partido en Jerusalén con 60 niños israelíes y palestinos con el fin de llevar un mensaje de paz y respeto al mundo.

«Queremos llevar los valores del rugby de solidaridad y amor a nuestros hermanos palestinos e israelíes jugando un partido con ellos. Esta será sin duda la más importante de nuestras acciones solidarias. Tratemos de cambiar nosotros para cambiar el mundo», expresó Juan Bautista Segonds, titular y fundador de la ONG que ya es patrimonio de la humanidad.

El evento se cerrará con un tercer tiempo cantando todos juntos «We are the world» de Michael Jackson.

Al evento de presentación asistieron el conductor de televisión Julián Weich, el ex embajador de Israel, Daniel Gazit, el actual embajador de Nueva Zelanda, Darrly Dunn, y diplomáticos de las cancillerías de Argentina y Sudáfrica. Además, participaron Carlos Campagnoli, presidente de la URBA, Marcelo Loffreda, ex entrenador de Los Pumas y Gustavo Zerbino, sobreviviente uruguayo de la tragedia aérea de Los Andes, entre otras personalidades del rugby.

Según consigna su sitio web, «Rugby sin Fronteras es una organización sin fines de lucro, nacida en 2009, con la clara meta de formar a niños y jóvenes para que puedan ser personas nobles y honorables, guiados por los valores que enseña el rugby, aplicándolos diariamente en su vida personal y social. Para que una vez jugado el partido en la cancha puedan empezar a jugar el partido de su vida. Promover la importancia del deporte para la salud como también para el crecimiento personal a través del trabajo en equipo, entendiendo al rugby no sólo como un deporte sino también como un vehículo de valores como humildad, compromiso, identidad, respeto, nobleza y fidelidad».

Desde su nacimiento, la ONG realizó partidos solidarios en las Islas Malvinas, en la Cordillera de Los Andes, en homenaje a los 16 sobrevivientes y 29 víctimas de la tragedia del equipo uruguayo en 1972, y en Robben Island, prisión donde el líder sudafricano, Nelson Mandela, permaneció 18 años.

¿Jaredim al ejército? No los hagan reir

Contra lo que se cree, cada vez más jaredim van al ejército. Unidad de "Najal Jaredí".

Yo estaba de acuerdo con la Ley Tal. En eso me diferenciaba de mis correligionarios laicos (nótese el contrasentido: “correligionarios laicos” es tan paradójico como “el juez que es perfecto porque nunca falla”…), sin por eso ganarme la simpatía de los religiosos.

La Ley Tal planteaba para los jaredim (ortodoxos de negro, que no aceptan la existencia del moderno Estado de Israel por razones teológicas), una solución para el tema del servicio militar que en su mayoría no cumplen.

Según el plan trazado en la mentada Ley, el estudiante de ieshivá estudiaría hasta los 20 años sin ser llamado a filas. A los 20 se le otorgaría un año de gracia, en el que podría salir de la ieshivá al mercado laboral, si así lo deseaba, sin que el ejército lo moleste. Al término de ese año debía optar: volver a la ieshivá para siempre, o salir al mercado del trabajo productivo. Si optaba por esto último, debía primero prestar un año de servicio civil, tal como lo hacen las mujeres religiosas sionistas.

Los laicos se opusieron porque se estaba legitimando por ley el no cumplimiento del servicio militar por parte de un sector visto como privilegiado. Los laicos, decían, damos tres años de servicio regular, y luego somos “soldados de tiempo completo con 11 meses de vacaciones”, por hacer un mes anual en la reserva.

Yo, en cambio la apoyaba. El status quo en materia de religión y estado, con todos los beneficios a los religiosos, fue una manera que encontró Ben Gurión para permitir a los partidos religiosos acercarse a la estructura del Estado recién fundado y no boicotearlo, sin por eso renunciar a sus principios. Se trató pues, de un invento laico y no se podía venir luego con quejas al sector religioso.

Pero no todos los religiosos quieren ser estudiantes de ieshivá de por vida. Muchos quieren trabajar -de hecho muchos lo hacen-, pero otros no pueden hacerlo porque serían llamados al servicio militar, lo que está mal visto en sus comunidades, que los escupirían a la calle. Ir al ejército, para muchos, implica renunciar a su familia y su pertenencia. La Ley Tal les ofrecía un salvoconducto y los acercaba un paso más a la sociedad general.

En teoría todo perfecto. Pero hubo dos problemas, sin contar la oposición de los laicos: primero, que en los hechos muy pocos jaredim se acogieron a esta Ley supuestamente beneficiosa para ellos.

Segundo, lo que yo no tuve en cuenta en su momento: que se trataba de una ley. La forma que tiene la tradición política de Israel de arreglar sus entuertos entre mayoría y minorías es a través de acuerdos políticos, y no de leyes que fijan dichos acuerdos para siempre.

El precedente es la famosa y por suerte malograda Ley de Conversión. Sobre suelo israelí, la única conversión al judaísmo legítima, que da status válido para aspectos civiles como casamiento y divorcio, es la ortodoxa. Pero se trata de un acuerdo, logrado en su momento por el partido gobernante de turno para que los partidos religiosos no abandonaran la coalición.

En el momento que los religiosos usaron su poder de lobby para dar a dicho estado de cosas fuerza de ley, no sólo los conservadores y reformistas en Israel pusieron el grito en el cielo, sino que toda la judería norteamericana, en su mayoría conservadora y reformista, también se pararon sobre sus patas traseras. Y ellos sí tienen fuerza política en Israel.

Como crudamente me dijo por entonces un amigo, rabino en Nueva Jersey: “Si esta Ley de Conversión se aprueba, estarán creando un pueblo judío paralelo. Los judíos norteamericanos les podrán decir con justicia: ‘Estan en su derecho de dictar leyes, pero si sancionan la Ley de Conversión, métanse su Estado en el trasero y no nos llamen más’”.

Es decir, los judíos de la Diáspora pueden vivir con una situación en la que la conversión es tal y cual, pero no con una en la que dicha situación se cristaliza para siempre en ley.

Lo mismo se puede decir de la Ley Tal sobre el servicio militar para los jaredim. Yo estoy de acuerdo con su esencia, pero darle forma de ley a lo que podría haber sido otro acuerdo político, creó más problemas que soluciones.

Ahora, la Corte Suprema de Justicia anuló su continuación, y pasará a mejor vida. Los laicos pueden decir que se ha hecho justicia. Sólo que la discusión si Ley o no Ley, es una discusión de laicos. Muchas encuestas en la calle jaredí dan cuenta de que muy pocos, siquiera, han escuchado hablar de la Ley Tal. Y sobre ir al ejército: no los hagan reír.

Es decir, la Ley Tal no logró modificar nada. Su anulación, tampoco. Es tan solo una vuelta a lo que había antes, y las modificaciones, que se están produciendo en la calle -más jaredim trabajan, más van por motu proprio al ejército- no vendrán de la Knesset, sino de la tradición política israelí de trifulcas esporádicas, acuerdos de convivencia pacífica y evoluciones sociales silenciosas.

De knishes, de Facebook, y de Lubavitch también*

Reflexiones desde afuera sobre el devenir de las comunidades judías en Sudamérica, que se debaten a capa y espada, con liderazgo, creatividad y profesionalización creciente, entre fuerzas centrífugas que las desintegran y fuerzas centrípetas que son reacción a las primeras, pero que no siempre responden al proyecto original que les dio vida hace más de un siglo. 

Por Marcelo Kisilevski, Modiín

El primer nuevo desafío con el que se enfrentan las comunidades judías de América Latina es, en realidad, uno viejo: el éxodo de sus jóvenes. Un éxodo que se da en varios niveles, no siempre físicos.

Durante el último año he tenido la oportunidad de visitar numerosas comunidades judías. Todas pujantes, todas pletóricas de actividades, propuestas, en una lucha permanente por ser atractivas en un mundo convertido en un supermercado de opciones, para un miembro de la comunidad convertido en consumidor, sea de la edad que fuere.

Y los jóvenes miran el panorama grande: ¿por qué voy a casarme con un/a judío/a cuando las opciones son tantas otras, fuera de mi comunidad?, se preguntan. ¿Por qué habría de quedarme en mi ciudad o pueblo, cuando el mundo ahí afuera es tanto más grande? Y si me voy, ¿por qué habría de ser Israel mi primera opción, cuando hay tantas otras que revisar?

El posmodernismo y la globalización ha traído a las comunidades el desafío de la competencia. La identidad del individuo ya no se compone de una, sino de muchas identidades parciales, que generan tantas comunidades como personas hay, pudiendo cada individuo pertenecer a decenas de ellas. Tantas, como a la cantidad de grupos de facebook a los que se quiera pertenecer con sólo hacer un clic. ¿Por qué habríamos de pertenecer sólo al grupo “Yo también me siento orgulloso de ser judío”, cuando es más sexy ser de “Nudistas contra la matanza de toros”?

Fuerzas centrífugas

Lo que resulta, como dos caras de una misma moneda, es una polarización entre las fuerzas centrífugas y las centrípetas. De un lado, los jóvenes que se alejan de instituciones judías centrales que ven como anacrónicas. Aquí se dan dos atenuantes. Uno ya tradicional, y el otro novedoso, interesante, al que las comunidades debieran prestar atención y decidido apoyo.

Lo tradicional: los jóvenes que vuelven a la comunidad luego de completar sus estudios universitarios, casarse y convertirse en padres jóvenes que buscan marcos judaicos para sus pequeños.

Lo novedoso: jóvenes que se salen de las estructuras y crean sus propios marcos. Grupos sociales, bandas de música, clubes de cine, revistas satíricas de humor propio judío, proyectos particulares ad hoc. Estructuras académicas no alineadas como Lomdim, o un poco más institucionalizadas como Hilel, esta última con propuestas donde lo judío es tangencial, pero está, porque el nombre del juego es “Peoplehood”. Una “Pueblitud” judía (el lector que haya descubierto una mejor traducción, favor de avisarnos) que, dicho sea de paso, ha desplazado a Israel de su anterior centralidad.

En junio se reunió la cuarta conferencia internacional ROI en Jerusalem. Reúne a jóvenes judíos que ya no se sienten representados por las viejas estructuras y reinventan su judaísmo con proyectos de todo tipo, particularistas judíos, o universalistas desde lo judío. Si pasan ciertos filtros, reciben ayuda económica de una filántropa judía estadounidense, Lynn Schusterman, tampoco alineada con nadie.

Se trata del nuevo paradigma de judaísmo desinstitucionalizado pero vivo, entramado en las redes sociales, individualizado pero “facebookizado”, que viene levantando polvareda desde Estados Unidos, pero que ya está haciendo carne en América Latina. Las instituciones no lo ven, porque los jóvenes, aunque quieran seguir siendo judíos, les votan con los pies. No parece ser un proceso que ellas puedan evitar (si es que esto fuera siquiera deseable) y, por lo tanto, la nueva pregunta será cómo acompañar el proceso.

Fuerzas centrípetas

Las fuerzas centrípetas tienen un solo nombre: Jabad Lubavitch. Jóvenes en estado de anomia que, cada vez más, se repliegan, buscan refugio y respuesta en una religiosidad que les resuelva la incertidumbre provocada, por un lado, por la pérdida de relevancia de las instituciones y, por el otro, por el posmodernismo del “todo vale y todo es lo mismo”, del relativismo cultural y del relativismo moral. Pensemos lo que pensáremos del fenómeno, no cabe duda que el movimiento Lubavitch se ha convertido en las últimas décadas en una alternativa judía válida para decenas de miles de jóvenes judíos en el mundo entero. Reducirlo a “qué buen marketing que hacen”, es la manera más simple y simplista de no querer entender quiénes somos hoy, y hacia dónde vamos.

¿Y las instituciones judías? Están allí, en el medio, con una relevancia que varía de país a país y de ciudad a ciudad. En algunos lugares son de verdad, todavía, centrales y relevantes. En otros, quedan como resabios, cumpliendo a rajatablas la regla universal de que ninguna institución se autodisuelve por motu proprio, pero sin atinar a debatir a fondo qué función debieran tener las instancias comunitarias en nuestros días.

Están allí con mucha buena voluntad, con mucho tiempo y dinero de sus askanim, que también son cada vez menos, intentando profesionalizarse, y sobrevivir a las marchas de nuestro siglo. Sobre todo, se discute mucho, a veces con más ego que sentido. Como siempre. Pero se siguen generando cosas, se siguen capeando las crisis financieras con cierres y fusiones de escuelas, a veces renovando estructuras e incluso, aquí y allá, construyendo nuevos clubes. “Quizás -parecen decir-, cuando pasen estas tormentas, o cuando vengan algunas peores incitadas desde afuera, todos querrán volver. Entonces, aquí estaremos esperándolos, como una buena madre judía, con knishes calentitos y reproches a granel. Por eso, no nos rendimos. Por eso, aquí nos quedamos”.

*Publicado en “Piedra Libre” N° 48, Israel, julio 2011.

Amos Oz: “Fue un error, una estupidez enorme”

En el mismo espíritu de las responsabilidades bien repartidas, comparto con ustedes una entrevista al escritor israelí Amos Oz en el Corriere della Sera de Italia.
JERUSALEN ( Corriere della Sera ).- Estupidez. En esta historia de horror y tiniebla, Amos Oz no encuentra mucho más que la estupidez. “Estoy bastante habituado a estas explosiones de insensatez”, dice. Algunas ha conseguido explicárselas, algunas ha logrado entenderlas. ¿Pero esta vez? Está delante del televisor, junto a su computadora: “No hay ideas para cosas como ésta. El gobierno israelí ha cometido un error de una estupidez enorme”, dice. “Se les metió en la cabeza interceptar esas naves, de las que probablemente no se sabía nada. Y crearon enorme atención y expectativa. Durante varios días en Israel no se habló de otra cosa. Y eso es una estupidez: tendrían que haberlas dejado pasar y se habrían ahorrado todo esto”.

-La comunidad internacional, los palestinos, hablan de un crimen de guerra.

-No estoy seguro de que se pueda hablar de un crimen de guerra.

-¿Disparar contra civiles, en aguas internacionales?

-Un crimen de guerra presupone que deben ser militares los que abren fuego, deliberadamente y sin aviso previo, sobre personas inermes que tan sólo lo padecen. En este caso, no estoy seguro de que las cosas hayan sido así. Hubo un intercambio de violencia, aunque obviamente de proporciones diferentes.

-Pero se trataba, en cualquier caso, de pacifistas armados con bastones y cuchillos.

-Yo no conozco a estos pacifistas. Muchos no pueden definirse con ese término. Son islámicos militantes, simpatizantes de Hamas, tienen vínculos con organizaciones terroristas. Creo que quisieron provocar. Eso es un hecho. Entre ellos, es cierto, había pacifistas de buena fe. Y además, se crea lo que se crea, interceptarlos y matarlos es un error. En un enfrentamiento armado entre militares y civiles, los militares siempre son los equivocados.

-Quizá los soldados excedieron lo que se les había ordenado.

-Los soldados hacen lo que sus políticos les ordenan. El gobierno debe asumir la responsabilidad de estos errores. Y si es necesario, dimitir. Porque en este caso tiene la culpa debido a la estupidez. En el pasado, hemos visto muchos episodios como éste. Cuando en todas partes predomina el extremismo, se produce una clase de estupidez incontrolable.

-¿Estamos en un punto crucial con Gaza?

-Todavía es demasiado pronto para decirlo. Seguramente hemos llegado al momento en que Hamas debe liberar al soldado Shalit y el gobierno israelí debe levantar el bloqueo de Gaza. No sé si llegaremos a un acuerdo sobre el bloqueo. Este gobierno de Netanyahu comete un error estúpido todos los meses. El anuncio de la construcción de casas en el este de Jerusalén durante la visita del vicepresidente estadounidense fue una obra maestra. Siempre se espera que no cometan esas equivocaciones, pero se equivocan siempre.

-¿El gobierno israelí puede remediar la desastrosa imagen que tiene ahora?

-El único modo es levantar el bloqueo de Gaza.

(Traducción de Mirta Rosenberg)

¿Se puede ser pro-Israel y criticar a su gobierno?

Biniamín Netanyahu ofreció al mejor y más brillante defensor del “Caso de Israel”, el famoso abogado norteamericano Alan Dershowitz, ser embajador de Israel en la ONU.  Éste rechazó cortésmente la invitación, porque le crearía problemas con su ciudadanía norteamericana, pero además, según dijo, porque “tiene problemas” con la política israelí de asentamientos en los territorios.

Si en el post anterior hablábamos de la posibilidad o no de criticar las políticas de Israel desde una postura pro-israelí, tres iniciativas que son una, tocan esa posibilidad con por medio de la acción. Empezó J-Street (http://jstreet.org/), un grupo de lobbistas judíos norteamericanos que decidieron impulsar la política oficial de la Casa Blanca de impulsar la solución pacífica del conflicto palestino-israelí basada en “dos estados para dos pueblos”. Lo hacen como saben los estadounidenses, con mucho fundraising, con imagen, nivel intelectual y contactos en las altas esferas. Fue fundada por Jeremy Ben-Ami, ex asesor político de Bill Clinton, en abril de 2008.

Les siguió una iniciativa llamada J-Call (http://www.jcall.eu/?lang=es), que comenzó como un petitorio internético titulado “Un llamado judío europeo a la razón”, y fue lanzado como agrupación este 3 de mayo en el Parlamento Europeo en Bruselas, autoproclamándose como la versión europea de J-Street.
Por último, despacio, los latinoamericanos han decidido promover “J-Llamada” (http://www.petition.fm/petitions/jllamado), un petitorio titulado: “Un llamado a la razón: judíos lationamericanos por la paz en el Medio Oriente”. Lo impulsa Darío Teitelbaum, miembro de la dirigencia del movimiento Hashomer Hatzair Mundial, y la idea es también tender a convertirlo en movimiento. Los principios y el texto del petitorio son los mismos que en la versión europea:
 
Llamamiento a la razón

Ciudadanos de países Latinoamericanos, judíos, estamos implicados en la vida política y social de nuestros respectivos países. Cualesquiera sean nuestros itinerarios personales, el vínculo al Estado de Israel forma parte de nuestra identidad. El futuro y la seguridad de este Estado al que estamos indefectiblemente ligados nos preocupan.

Sin embargo, vemos que la existencia de Israel está de nuevo en peligro. Lejos de subestimar la amenaza de sus enemigos exteriores, sabemos que este peligro se encuentra también en la ocupación y la implantación ininterrumpida de los asentamientos en Cisjordania y en los barrios árabes de Jerusalén Este, lo que constituye un error político y una falta moral. Y esto alimenta, además un proceso de deslegitimación inaceptable de Israel como Estado.

Por estos motivos hemos decidido movilizarnos en torno a los siguientes principios :
El futuro de Israel pasa necesariamente por el establecimiento de una paz con el pueblo palestino según el principio de “dos Pueblos, dos Estados”. Lo sabemos todos, es urgente.

Pronto Israel deberá enfrentarse a una alternativa desastrosa: o convertirse en un Estado donde los judíos serían minoritarios en su propio país o establecer un régimen que deshonre a Israel y lo transforme en un campo de guerra civil. Si bien la última palabra pertenece al pueblo soberano de Israel, la solidaridad de los judíos de la Diáspora les obliga a actuar para que esta decisión sea la correcta. La alineación sistemática en favor a las políticas del gobierno israelí es peligrosa ya que va en contra de los intereses verdaderos del Estado de Israel.

Queremos crear un movimiento latinoamericano capaz de hacer oír la voz de la razón a todos. Este movimiento se sitúa más allá de desacuerdos partidistas. Ambiciona trabajar por la supervivencia de Israel como Estado judío y democrático y dicha supervivencia se ve condicionada por la creación de un Estado palestino soberano y viable.

Más allá del escándalo que pueda producir su contenido pro-estado palestino, la novedad de estas tres iniciativas, que son en realidad una sola, no es esa. En efecto, la idea de “dos estados para dos pueblos” ya había sido instituida en los avatares del proceso de paz desde la Hoja de Ruta, el primer documento -elaborado por la Administración Bush (hijo)- que explicitó las palabras “estado palestino” como estación terminal de las negociaciones. El documento, recordemos, fue firmado por el entonces primer ministro israelí Ariel Sharón y refrendado por el gabinete israelí. La última expresión oficial fue el pronunciamiento del actual premier, Biniamín Netanyahu, en su discurso de Bar Ilán, en favor de la fórmula de dos estados.  La verdad es que, con su llamado a la paz y a dos estados, estos judíos de la Diáspora no están haciendo más que dar un espaldarazo a lo que ya es política oficial del Estado de Israel.

Por eso, no es ésa la innovación de J-Street y sus vástagos. A decir verdad, se trata por ahora de llamados a la paz bastante generales y, si bien se lee, simplistas: paz en el Medio Oriente, dos estados, no a la construcción en los territorios, incluido Jerusalem, hasta que se decida qué pasará allí. Eso es todo. La idea, lo declaran ellos mismos, es ser abarcativos, tratar de superar las diferencias partidistas, anteponiendo la preocupación por la letigimidad y la seguridad de Israel como estado judío.

La novedad, en cambio, es que se trata de judíos de la Diáspora que intentan romper un tabú: el de que “nuestros desacuerdos los ventilamos sólo puertas adentro”, pues “críticas de judíos son utilizadas por los antisionistas para deslegitimar a Israel”.

Ya he dado mi posición al respecto en más de un lugar y ocasión: este argumento se ha utilizado para censurar a las izquierdas comunitarias, más que lo que ha servido a la hasbará de Israel o a la lucha contra el antisionismo. En la era de Internet, no se puede plantear como real que, por ejemplo, la prensa crítica israelí se acalle. Se ha llegado a asegurar que el escritor israelí  “Amós Oz y muchos como él son los peores enemigos de Israel”. ¿De verdad se pretende que Amós Oz, Premio Israel y Premio Príncipe de Asturias, entre otros premios, deje de escribir lo que piensa y que sus artículos no sean traducidos al inglés y al español? ¿De verdad piensan que el silencio de Amós Oz sería “bueno para los judíos”? Al contrario, Amós Oz debe seguir escribiendo, y a él se le deben sumar voces judías pro-israelíes en la Diáspora.

El mentado tabú está basado en ciertos supuestos erróneos o irrealistas:

- Como está dicho, “los antisionistas se basan en opiniones judías para atacar a Israel”. Vean, si no, el ejemplo de Noam Chomsky. Respuesta: el problema es que los judíos pro-israelíes no habían hecho hasta ahora oír su voz. Noam Chomsky es un judío judeófobo, enfermo de auto-odio. Aquí hablamos de voces judías sionistas que se atreven a disentir desde el amor a Israel, desde el denominador común entre izquierda sionista y derecha sionista, de la defensa del derecho de autodeterminación del pueblo judío. A partir de ahí, el judío diaspórico no debe estar obligado a defender toda política del gobierno israelí de turno. Esa censura interna es la que ha terminado por alejar a masas de judíos de los ámbitos comunitarios institucionalizados. Lo que faltaba no era una voz judía crítica, sino una voz judeo-sionista crítica.

-”Los antisemitas no deben ver nuestras divisiones; debemos mostrar una imagen de fuerte unión, y sólo así los disuadiremos de atacar nuestra legitimidad”. Como se diría en inglés: yeah, right. Los ataques, lejos de disminuir debido a la supuesta unión, aumentan, con o sin ayuda de los Amós Oz del mundo. Yo prefiero otra estrategia: no dirigirnos a los antisemitas deslegitimadores, sino a la gran mayoría que desea entender la complejidad del conflicto desde el derecho de todos los pueblos a su autodeterminación, incluido el judío. A esa gran mayoría, yo quiero contarle de nuestra pluralidad, nuestra disidencia interna, nuestra política de inclusión de todas las opiniones, cuyo denominador común son el sincero deseo de paz.

-”El gobierno israelí necesita ‘silencio de radio’ en la calle judía, un alineamiento incondicional con el estado israelí”. Nuevamente, este supuesto confunde entre estado y gobierno. Las comunidades están unidas incondicionalmente con Israel como estado judío, pues es un componente central -aunque no el único- de su identidad como pueblo. Pero eso no significa que deban apoyar sus políticas coyunturales.

Más aun: el gobierno de turno no quiere “silencio de radio”, sino apoyo a sus políticas gritado a los cuatro vientos. Lo busca con fruición Biniamín Netanyahu cuando habla ante AIPAC, y cuando recluta a Elie Wiesel para que haga hasbará “pro-israelí”, que es en realidad pro-gobierno de derecha israelí.

Tengo noticias para ustedes: yo estoy de acuerdo con Bibi, aunque ahora mis amigos de la izquierda frunzan la nariz. Me parece absolutamente legítimo que Netanyahu busque apoyo donde le dé la gana. Que lo haga en AIPAC, que lo haga en Francia con Elie Wiesel, y que mande a Avigdor Liberman a buscar el apoyo de la AMIA a su gobierno, aunque la institución judeo-argentina esté dirigida por el Laborismo; allá ellos y sus incoherencias. Estoy incluso de acuerdo con que el Likud israelí recaude fondos en USA para sus campañas electorales.

Con lo que no puedo estar de acuerdo es con la hipocresía de estimular voces judías diaspóricas cuando están a favor de su gobierno, pero censurar las voces judías diaspóricas que le están en contra. Si se abre el juego a las voces judías diaspóricas, que se abra para todas ellas.

Pero tengo mejores noticias aun: el gobierno israelí no es hipócrita porque no censura ni puede censurar nada, sino que la autocensura viene de adentro. La verdad es que a Israel le importan bien poco, lamentablemente, las repercusiones de sus políticas en las comunidades judías del exterior. Y por eso es peligroso, no solamente para Israel sino también para las propias comunidades, alinearse con todas las medidas, políticas y acciones del gobierno de Israel de turno. Parafraseando a Clemenceau, la identidad judía es demasiado importante para los judíos de la Diáspora, como para dejarla en manos de Israel y, mucho menos, de los antisionistas.

Es hora de otra mirada judeo-diaspórica sobre Israel. Una mirada de militancia por reafirmar el derecho del pueblo judío a su propio estado, pues esa es la línea roja, y es innegociable. Una mirada, también, que no se alinee automáticamente con todo lo que hace Israel en tal o cual situación. Una mirada que sirva también a sus hermanos en Israel para obtener otra perspectiva: ni mejor ni peor, sencillamente con otro ángulo. Una mirada que sirva de posibilidad a los judíos de relacionarse de otra manera con el Israel que en el fondo aman. Una mirada que le sirva al judío diaspórico preocupado para hacer la defensa de Israel desde una postura que no violente sus principios en pos de la paz.

Biniamín Netanyahu ofreció al mejor y más brillante defensor del “Caso de Israel”, el famoso abogado norteamericano Alan Dershowitz, ser embajador de Israel en la ONU.  Éste rechazó cortésmente la invitación, porque le crearía problemas con su ciudadanía norteamericana, pero además, según dijo, porque “tiene problemas” con la política israelí de asentamientos en los territorios.

Israel también se puede beneficiar la nueva voz del judío diaspórico, al ganar a un amigo que le sea sincero, que le diga de verdad, y sin obsecuencia, lo que espera de él.