Se baraja y da de nuevo en Israel

Prácticamente empate entre los bloques izquierda y derecha según boca de urna: Likud-Beiteinu: 31; Iesh Atid: 19; Avodá: 17; Bait Yehudí: 12; Shas: 12; Livni: 7; Meretz: 7; Yahadut Hatorá: 6; Jadash: 4; Raam: 3; Balad: 2. Bloque derecho: 61; Bloque izquierdo: 59. Si Lapid de Iesh Atid se pasa para Bibi, éste tiene 80, con opción a formar gobierno con menos partidos religiosos. Por eso, Lapid es la gran sorpresa y el gran ganador. Meretz más que duplicó su presencia en la Knesset, también buena noticia. Salud!

Elecciones: resultados y algunas lecturas

Tzipi Livni es la ganadora de las elecciones de ayer, aunque no pueda formar finalmente coalición. En la última semana, en la recta final, la campaña despertó un poco de su adormilamiento, y en muchos sectores pudo más el miedo a Bibi. A ella parecen haber confluido, en efecto, votos del Laborismo, de Meretz, de las mujeres y de los árabes.

Finalmente le ganó a Biniamín Netaniahu y esa es una victoria personal que no le podrán arrebatar. Tzipi Livni será una líder central en la política israelí en los próximos años, y su partido Kadima ha demostrado que no hereda a otros intentos fracasados de partidos de centro (Shinui, Haderej Hashlishit, Dash, etc.). Sin embargo, quizás repita la historia de Al Gore, que ganó en cantidad de votos, pero quedó fuera de la Casa Blanca.

Otra lectura es que, en realidad, todos perdieron: Livni ganó en votos, pero tiene escasas posibilidades de formar coalición. Netaniahu quedó segundo; puede ser el próximo primer ministro, pero se lo privó de una victoria clara, y ayer reclamaba el triunfo, no del Likud, sino del “sector nacional”, la victoria de la derecha, “con el Likud a la cabeza”. Casi suena a premio consuelo.

Ehud Barak, líder del Laborismo, que esperaba obtener 20 diputados, obtuvo apenas 13, detrás de Liberman con su partido Israel Beiteinu, al que se le propiciaba 19 diputados en las intenciones de voto. Sin embargo, no parece haber posibilidad de gobierno sin Liberman, y ese es su consuelo y su triunfo.

Shas, el partido religioso sefardí, conserva su peso parlamentario de 11 diputados, y la izquierda sionista tradicional, el Nuevo Movimiento Meretz, sigue su lenta agonía, habiendo obtenido 3 diputados solamente.

Lo que queda claro es que la sociedad israelí, en su eterno pendular, dio en este caso un paso a la derecha. Si Netaniahu quiere, puede formar tranquilamente una coalición de por lo menos 64 diputados, en la que él sería su puntal izquierdo, cosa que no desea.

Las razones de este viraje -que tranquilamente se puede revertir en los próximos comicios- se pueden rastrear en un enojo y un miedo. Enojo contra el actual gobierno de Ehud Olmert (Kadima) por lo que se percibe en la calle israelí como un “desperdicio de oportunidad”, la de derribar al Hamás de su gobierno en la Franja de Gaza, después de un operativo militar tan bien ejecutado, y con tan pocas bajas para Israel.

Y el miedo es Irán. Netaniahu ha dicho claramente que “no va a haber un Irán nuclear”, negándose enigmáticamente a añadir más, pero no hacía falta. Es evidente que Irán y su inminente poderío nuclear, unido a otras advertencias del ex premier del Likud sobre la posibilidad de que Livni “divida Jerusalem”, han surtido buen efecto sobre la mitad de la sociedad israelí.

Una mala noticia para todo el sistema político es la agonía de la izquierda y el progresismo israelí. El Laborismo puede de algún modo atribuir su deshidratación al miedo a Netaniahu, que hizo que muchos migraran a Kadima. No falta quien recomiende en la prensa israelí la urgente fusión entre ambos partidos, entre los que prácticamente no existe diferencia programática. Entre ambos reunirían 41 escaños en la 18° Knesset y serían un factor central indiscutible en este período parlamentario, incluida la posibilidad de ser gobierno.

Los votos también migraron a Kadima desde Meretz, que hoy lame las heridas y les pregunta a los votantes por qué dieron la espalda al partido laico-ashkenazí-progresista. Lo de Meretz se parece a una tragedia griega. A medida que su plataforma histórica va siendo adoptada por los partidos del mainstream, como por ejemplo, “territorios a cambio de paz” y “dos estados para dos pueblos”, el partido que representaba a lo “más lindo” del sionismo histórico, a saber: los kibutzim, el socialismo, el pionerismo no violento, el pacifismo y los derechos humanos, es castigado en las urnas en lugar de ser premiado por su triunfo en la historia. Los próximos años, Meretz deberá dedicarse a diseñar una estrategia para no desaparecer en los próximos comicios.

En fin. Los resultados, por el momento, y hasta que se implementen los acuerdos por votos residuales, quedan así:

Kadima (Livni): 28

Likud: 27

Israel Beiteinu (derecha, partido de los nuevos inmigrantes): 15

Laborismo: 13

Shas (ultraortodoxos sefardíes): 11

Iahadut Hatorá (ultraortodoxos ashkenazíes): 5

Ijud Leumí (derecha): 4

Jadash (comunistas): 4

Raam-Taal (árabes): 4

Balad (árabes): 3

Se quedaron fuera por no alcanzar el umbral necesario de votos: Guil (Jubilados), el gran perdedor, pues había gozado de 7 escaños en la Knesset saliente; Ierukim (Verdes, ecologistas), Alé Yarok (Hoja Verde, por la despenalización del uso de drogas livianas), el Movimiento-Verde-Meimad (ecologistas y religiosos sionistas moderados), e Israel Jazaká (derecha, contra el crimen organizado), entre muchos otros.

Pastillas electorales

"A la hora de la verdad, Barak". Siempre y cuando Bibi mire para otro lado, y a Tzipi -como en todos los carteles de Jerusalem- le escrachen la cara, para que nos libre de todo instinto carnal (de votarla).

"A la hora de la verdad, Barak". Siempre y cuando Bibi mire para otro lado, y a Tzipi -como en todos los carteles de Jerusalem- le escrachen la cara, para que nos libre de todo instinto carnal (de votarla).

 

Me siento como en uno de esos diarios argentinos de los años ’40, que usaban palabras como “misceláneas” para sus crónicas costumbristas. Acá lo de “pastillas” es eso y además política, pero quizás sea también, para algunos, pastillas contra la náusea. Ahí vamos.

Día de fiesta

En fin, hoy los israelíes salen a votar y después a gastar en el kenion (shopping, mall). Porque llueve y está feo ahí afuera, y además porque los israelíes, tan acostumbrados a paseos en la naturaleza, están ya acostumbrados, también, a paseos por el ruido de la ciudad y el consumo. Y hoy los kenionim aprovechan, con cientos de ofertas, que mejor ni aparecer por ahí. Parafraseando un aviso estatal, a veces, también un día de fiesta puede ser una pesadilla…

Y en la política

Lo más interesante de estas elecciones es el ascenso de Avigdor Liberman, del partido de derecha, a la derecha del Likud, llamado Israel Beiteinu (Israel es Nuestro Hogar). Las claves habrá que buscarlas en el miedo, las mismas cuerdas que toca desde el comienzo de su carrera Biniamín (Bibi) Netaniahu, líder del Likud y favorito en las intenciones de voto. Así quedan, en este orden: Likud, Kadima (Tzipi Livni), Israel Beiteinu, Avodá (Ehud Barak).

En efecto, en las últimas encuestas Liberman se convirtió en el tercer partido, luego de Likud y Kadima. En estos dos últimos partidos la brecha se ha achicado hasta alcanzar los 3 mandatos de diferencia.

Liberman parece concentrar en sí la suma de los miedos israelíes, empezando por el “asunto no terminado en Gaza” frente al Hamás, y siguiendo por el “enemigo interno”, los árabes israelíes, que para el líder derechista, ex mano derecha de Netaniahu, ex militante (en su lejana juventud) del movimiento de ultraderecha religiosa Kaj, son “peores que los externos”.

La coalición de sus sueños

Si de miedos hablamos, Bibi teme a Liberman. Dice en su campaña que votar a Liberman no asegura un gobierno “nacional”, o sea de derecha. Hay que votarlo a él. Liberman dice que al contrario, votando Israel Beiteinu, se asegura el gobierno de Bibi. Es como votar con boleta doble, como en los regímenes presidenciales. “Votá a Liberman para la Knesset, estarás votando también a Bibi para primer ministro”.

Para Bibi, no sólo se trata de la posibilidad de, al final, perder frente a Kadima hoy. Se trata también de un abrazo de oso: él no quiere ser el “puntal izquierdo” de su propio gobierno. Su coalición de los sueños está formada por muchos: Liberman, Shas, Avodá (con Barak como su ministro de Defensa), y entonces sí, se puede invitar a Ijud Leumí por derecha, a Iahadut Hatorá e, incluso, a Kadima. A Tzipi le será difícil rechazar, porque ella quiere “ganar y llamar a un gobierno de unidad nacional”. Si pierde, no se sentirá muy unida, pero tampoco será muy coherente si rechaza.

Esperanza para Guilad Shalit

Mientras tanto, en Ciudad Gótica, Egipto ha logrado en los últimos días, con mucho trabajo de hormiga, ir quebrando la oposición de Irán y de Hamás-Damasco a un acuerdo de cese el fuego entre Hamás-Gaza e Israel. Logró que Israel aceptara que un alto líder oculto en los bunkers, Mahmud A-Zahar, pudiera asistir a las negociaciones en El Cairo sin que le cayera un misil israelí encima. Su presidente, Hosni Mubarak, logró que A-Zahar viajara a Damasco a convencer a Khaled Mashal, líder político del Hamás en el exilio, de que dejara al pueblo palestino en paz y cerrara trato para dar vuelta de página.

Mubarak logró también algo para Israel: incluir a Guilad Shalit en las negociaciones. Antes, Hamás se oponía, insistiendo en que se trataba de dos asuntos separados: por un lado, los Qassam y los pasos fronterizos; por otro, Guilad Shalit y el intercambio de prisioneros.

Ahora, el trato, que pareciera inminente, según fuentes egipcias, incluiría todo de un saque: cese de las hostilidades mutuas, apertura paulatina de los pasos fronterizos, incluido el de Rafah entre Gaza y Egipto; intercambio entre el soldado Guilad Shalit y cientos de presos palestinos en cárceles israelíes. Éstos, advirtieron los medios en Israel,  incluirían a terroristas que han perpetrado atentados terribles: el del Hotel Park en Natania, durante el Seder de Pesaj de 2002, en el que 30 civiles israelíes fueron masacrados; los terroristas del restaurante Maxim en Haifa, en octubre de 2003, donde 21 comensales fueron asesinados por una mujer suicida de la Jihad Islámica; también serían liberados los asesinos del entonces ministro de Turismo, Rehavam Zehevi (a) Gandhi.

Egipto e Israel están corriendo contra el reloj, para que estos temas se resuelvan todavía en tiempos de Ehud Olmert, y no en los del nuevo gobierno, y para limpiarle el escritorio a Obama.

En Israel, en tanto, parece ser que la sociedad israelí está dispuesta a pagar el altísimo precio de este dilema de vida o muerte, en el que ninguna solución es aceptable. Sólo se está eligiendo la menos terrible.

Y en Caracas

Una sinagoga ha sido incendiada.

Punto final.

Encuentro de Análisis Post-Electoral

Imagen de la última video conferencia con las comunidades latinas del norte. La del jueves, apta para todo público.

Imagen de la última video conferencia con las comunidades latinas del norte. La del jueves, apta para todo público.

Este martes son las elecciones. El miércoles vienen las repercusiones, empiezan las negociaciones coalicionarias de aquellos que ganaron, y los rendimientos de cuenta para aquellos que perdieron.

Yo los invito a encontrarnos el jueves en la red para analizar juntos lo que pasó y lo que puede pasar de acá en más. Repitiendo el éxito de la web-conference de la semana pasada, la cita es este jueves 12.2 a las 23.oo hora israelí (GMT+2), cosa de ajustarme lo más posible al horario latinoamericano.

¿Cómo acceder? Hagan click aquí abajo, donde dice “Israel, elecciones y después”, que los va a llevar a la plataforma de WizIQ.com. Ahí se les va a pedir que se inscriban con email y contraseña, y quedarán inscriptos a la charla. Si hay preguntas al respecto, no duden en escribir. Los espero!

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Empiezan las encuestas del 10 de febrero

Mucho trabajo esta semana y poco tiempo para escribir, pero no me rindo!

Porque han comenzado a publicarse los sondeos de intención de voto para las elecciones del 10 de febrero, y las grandes estrellas, por sus reposicionamientos positivos, son el derechista Likud, el de izquierda Meretz y también los Verdes (Ecologistas). Gran caída del Laborismo, y desaparición (prevista) de los Jubilados.

Como primera lectura, el crecimiento del alicaído Meretz es el acuse de recibo de la crisis socioeconómica mundial que ya ha comenzado a cobrarse sus primeras víctimas, con un índice de despidos de 800 trabajadores por día promedio, más una ola de denuncias mediáticas de explotación en el campo laboral. Escuché al líder, Jaim Orón, esta mañana por radio. Está planeando un frente socioeconómico que trascenderá a Meretz, e incluirá a excluidos (o autoexcluidos) del Laborismo, con los cuales ya está manteniendo negociaciones, por ahora a puertas cerradas.

La impresionante recuperación del Likud, por su parte, da cuenta que el voto, de todos modos y a pesar de todo, seguirá girando en torno a lo político, a las negociaciones con nuestros vecinos, y como reacción a las promesas concesivas de Kadima y Tzipi Livni.

La cosa al día de hoy, según el diario Israel Hayom y el Instituto Gal Jadash, está así:

Likud (Bibi Netaniahu): 33 escaños en la Knesset (de un total de 120) (En la Knesset saliente: 12)

Kadima (Tzipi Livni): 28 (29)

Laborismo (Ehud Barak): 11 (19)

Shas (Eli Ishai, ultraortodoxos y tradicionalistas sefardíes): 10 (12)

Partidos Árabes (Balad-Raam): 10 (10)

Israel Beiteinu (Avigdor Liberman): 7 (11)

Meretz (Jaim Orón): 7 (5)

Ijud Leumí-Mafdal: 6 (9)

Iahadut Hatorá (ultraortodoxos ashkenazíes): 5 (5)

Verdes: 3 (0)

El día en que Olmert se afilió a Meretz

De salida. Olmert y Abu Mazen.

De salida. Olmert y Abu Mazen.

Por Fernando Cohen-Sur, para Guysen International News

Si en vez de un artículo de opinión, se tratase de una crónica publicista, las siguientes líneas se titularían “El día en que Olmert salió del armario”. Lo que sucede es que Olmert hace tiempo que viene haciendo declaraciones que borran de un plumazo su muy extenso pasado en el Likud. ¿Por qué lo hace? ¿Qué le ha pasado a lo largo de estos años? Difícil saberlo. Lo más surrealista es que para las principales figuras del horizonte político ni siquiera vale la pena refutarle.
Ayer, lunes 10 de noviembre, fue un triste día en Israel. Según el calendario hebreo, se conmemoraba el 13 aniversario del traumático aniversario del primer ministro Itzjak Rabin. En el Monte Hertzl, un acto oficial junto a la tumba del Rabin y su esposa Lea. En la Knesset, una sesión especial dedicada a su persona. En ambas ocasiones habló Ehúd Olmert. Frente a los diputados y a los oyentes del acto oficial, se atrevió a expresar en total plenitud su actual concepción del conflicto en el Medio Oriente.

A pocos meses de abandonar su cargo, y quizás su carrera política, cuesta creer que este mismo Olmert es el autor de frases como “Le dije que era un error histórico, que podría ser muy peligroso, y todas esas cosas…” (recordando como voto en contra del acuerdo de Paz con Egipto y como expresó su descontento al entonces Primer Ministro Menajem Beguin). Hoy, Ehud Olmert piensa muy parecido a las ideas de Meretz. No desde el punto de vista socioeconómico. Sí desde lo político.

Las críticas hacia Ehud Olmert sostienen que el primer ministro de transición explotó un acto oficial en memoria de Rabin para exponer su legado ideológico mientras atacaba inadecuadamente a los líderes nacionalistas y a los colonos.

El ministro de Defensa Ehud Barak, uno de los discursantes en la sesión especial de la Knesset, fue uno de los pocos que le respondió a Olmert con un cínico: “Sentimos un poco de alegría al ver como algunos han regresado en Tshuva (se han vuelto religiosos o han descubierto la verdad) y ahora te apoyan Itzjak”, en obvia referencia a las palabras de Ehud Olmert en la Knesset. Para Biniamin Netaniahu, las frases de Olmert no merecieron alusión alguna. Quizás, y solamente si uno realmente se esfuerza por querer buscar pistas entre líneas, para Olmert eran las palabras del líder del Likud que afirmaban, “Debemos admirar de Itzjak Rabín por su firme y constante posición ideológica. Él estaba convencido del camino elegido y no estaba impulsado por otros intereses” (es decir, Olmert estaría siendo impulsado por otros intereses).

Sobre el podio de la Knesset, Ehud Olmert le pidió a los colonos que comiencen a prepararse para desalojar Judea y Samaria. “Nos equivocamos, no vimos a los lejos lo que sucedería”, en referencia la colonización de estas tierras. Luego agregó: “La verdad nos obligará a cortar buena parte de nuestra tierra en Judea y Samaria, en el este de Jerusalén y en las alturas del Golán”. Unas horas antes, durante el acto en el Monte Hertzl, había dicho: “Hay que renunciar a parte de nuestra patria y a los barrios este de Jerusalén y esa decisión se debe tomar ahora”.

El propio Ehud Olmert reconoció que, seguramente, este sería uno de sus últimos discursos frente a la Knesset: “Aquel primer ministro que diga que se puede seguir dominando sin tomar estas decisiones les estará arrojando arena sobre vuestros ojos”. “A medida que se acerca el momento de la definición, las tensiones internas y los grupos extremistas descontentos harán escuchar su voz”.

Durante su discurso, ningún diputado lo interrumpió ni hizo algún comentario inoportuno. Los diputados Uri Ariel y Arieh Eldad (Unión Nacional / Mafdal) abandonaron la sala en señal de protesta. Fuera de la sala de sesiones los ataques hacia Olmert repicaron con fuerza.

El jefe de la bancada parlamentaria del Likud, Guideón Saar, afirmaba lo que muchos otros diputados compartían: “Olmert explotó de manera cínica una posición oficial para hacer un discurso político emulando a la extrema izquierda”.

Arieh Eldad fue decididamente más agresivo en su declaración; “No se puede tolerar que un fracasado primer ministro, acusado de corrupción, utilice los últimos días que le quedan en medio de sus investigaciones policiales para destruir la colonización judía en Eretz Israel”.

¿Qué le ha pasado a Olmert durante estos últimos años? Difícil saber las causas exactas pero el proceso hacia el centro y luego hacia las posiciones de la izquierda se han reflejado a lo largo de estos últimos cinco años. Para algunos, Olmert ha cambiado porque “desde la silla de Primer Ministro las cosas se ven de otra manera”. Para los más cínicos, “Olmert ha copiado a Ariel Sharón y ha intentado desviar la atención del público y de los medios impulsando iniciativas políticas populares entre los que modelan la opinión pública”. Para los extremadamente cínicos, “Olmert sabe que está acabado y quiere que la historia lo recuerde como el que declaró lo que al final se terminará haciendo”.
 
Puede que Ehud Olmert tenga razón. Puede que al final de cuentas, Israel deba renunciar a todo lo que hoy expuso. Lamentablemente ayer, 11 de noviembre de 2008, demasiadas voces se alzaban contra las declaraciones “ideológicas” de Ehud Olmert, y menos de las que deberían se dedicaban a analizar la figura del Primer Ministro recordado y su legado en la sociedad israelí.