Israel, por ahora, gana la “Guerra de la Culpa”

Un nuevo pacto, y van... Ismail Haniye, primer ministro del Hamás en Gaza; Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina.

Un nuevo pacto, y van… Ismail Haniye, primer ministro del Hamás en Gaza; Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina.

Por Marcelo Kisilevski

El último pacto entre Fatah y Hamás, y la consiguiente reacción del gobierno de Biniamín Netanyahu parece confirmar una lectura que venimos explicando hace tiempo: el único que parece desear un acuerdo entre israelíes y palestinos es el secretario de Estado norteamericano John Kerry. Entre los israelíes y palestinos mismos, lo que se libra es una guerra sin cuartel por hacer quedar a la otra parte como la culpable por el fracaso preanunciado de las tratativas. Y esta semana, con la firma de su acuerdo con Hamás, los palestinos han quedado como los culpables y van perdiendo, hasta nuevo aviso, la “Guerra de la Culpa”. 

En la coalición israelí todos, a izquierda y a derecha, cerraron filas en torno al premier Netanyahu, que le dijo al mediador Martin Indyk esta semana: “Cada vez que estamos cerca de definiciones, los palestinos huyen”, y: “Entre la paz con Israel y la paz con Hamás, Mahmud Abbas ha elegido la paz con Hamás”.

Probablemente tiene razón. Así fue en el 2000 entre Arafat y Barak en Camp David, así lo fue en 2008 cuando Olmert le ofreció un detallado mapa a Abbas, así fue hace pocos días la solicitud palestina de incorporarse a 15 organizaciones de la ONU, y así lo es ahora con la firma de un acuerdo de unidad nacional con Hamás. El único problema no es el contenido de lo que se dijo, sino el estado de ánimo triunfal de buena parte de la coalición de gobierno, como diciendo: “¡Se los dijimos!” El resonante entierro de las negociaciones a manos de Abbas pareciera ser lo mejor que les podía haber ocurrido, en especial a los ministros más derechistas. O, como lo puso Sima Kadmón, de Yediot Ajaronot, hoy viernes: “¡Qué crisis más maravillosa!”

Pues mientras el gobierno israelí celebra el hecho de no tener que tomar decisiones dolorosas, capeando así las amenazas de su ala más derechista de desmantelar la coalición, la izquierda israelí tiene motivos para temer que este nuevo rompimiento signifique el fin del proyecto de dos estados para dos pueblos, desbarrancando al país hacia un estado binacional, que signaría el fin de la autodeterminación del pueblo judío en su tierra ancestral.

Por suerte, la decisión de gabinete posterior al acuerdo de pacificación logró ser moderada por el ala izquierda de la coalición. En efecto, el propio Netanyahu, Tzaji Hanegbi (Likud), Yair Lapid (Iesh Atid) y Tzipi Livni (Hatnuá), cuya razón de ser en la coalición es precisamente dirigir las negociaciones, lograron frenar los carros comandados por Uri Ariel, Naftali Bennet (Habait Haiehudí) y Avigdor Liberman (Israel Beiteinu) entre otros, y en lugar de dar el portazo final a las negociaciones, se decidió su suspensión hasta nuevo aviso, eso sí, con sanciones serias a la Autoridad Palestina.

Bien hizo Hanegbi, hoy por hoy una de las voces más centradas del Likud, en declarar a la emisora Galei Tzahal: “Si el nuevo gobierno (que surja del acuerdo Fatah-Hamás) acepta las tres condiciones del Cuarteto -no violencia, reconocimiento de Israel, y reconomiento de los acuerdos anteriores- podremos volver todos a la mesa de negociaciones”. Lo dijo escéptico, pero está muy bien.

Los estofados de Mahmud Abbas

En el lado palestino, Abbas también cuece habas. También él puede tener razón cuando dice que el acuerdo con Hamás no contradice las conversaciones con Israel. En efecto, el nuevo intento de pacificación Fatah-Hamás no debería en principio molestar a Israel. Después de todo, sabemos que Hamás llega a este acuerdo desde una posición de debilidad política y quiebra económica: sus fondos en el mundo están congelados, el padrinazgo sirio-iraní ya no existe desde el apoyo hamásico a los rebeldes sunitas en Siria, y el posterior padrinazgo egipcio llegó a su fin también, con la caída del gobierno de los Hermanos Musulmanes, desembocando en una guerra abierta del general A-Sisi contra el Hamás y quienes colaboren con esa organización islamista desde Egipto.

Desde ese punto de vista, Mahmud Abbas llega al acuerdo desde una posición de fuerza, hecho demostrado también por la acordada conformación del gobierno interino palestino: un gobierno de tecnócratas, encabezado por Abbas, y sin gente del Hamás. También se ve en el hecho del llamado a elecciones generales en medio año: hasta ahora, y desde los últimos comicios en 2006, Abbas no se animaba a ir a elecciones por temor a perder a manos de Hamás. Ahora se anima, y son buenas noticias. En el plano político intra-palestino, pues, el acuerdo con Hamás -se vaya a cumplir o no, pues todos los intentos anteriores fracasaron- es señal de un Abbas más fuerte, no más débil, y eso debería alentar a la parte israelí a aprovechar esa ventana de oportunidad para pisar el acelerador y cerrar trato.

Un dirigente de Fatah, en efecto, lo graficó bien en la ceremonia de la firma: “Cuando estábamos separados los israelíes decían que no había con quién hablar porque estábamos separados. Ahora que nos unimos, dicen que tampoco hay con quién hablar, porque nos unimos”. En otras palabras, ¿en qué quedamos? Si por más unidad que haya, no hay representantes de Hamás en el gabinete, la política exterior y el proceso de paz se sigue manejando según la línea no violenta y según la agenda de dos Estados que esgrime el Fatah, si Abbas, en suma, puede haber conquistado con este acuerdo la Franja de Gaza sin disparar un solo tiro, ¿cuál es el problema de Israel?

El problema es que Abbas sabía cuál sería la reacción del actual gobierno israelí. Su acuerdo con Hamás le proporciona a los israelíes municiones innecesarias. El hecho se produce después de lograr otra flexibilización de Netanyahu. En efecto, a su amenaza de desmantelar la Autoridad Palestina, el premier israelí respondió autorizando a su equipo negociador a anunciar que la construcción en los territorios sería “moderada” y que la construcción de nuevas casas particulares sería congelada. La segunda condición de los palestinos, de que se debata inmediato el tema fronteras será aceptada, a condición de que también se traten los demás temas centrales. Y también el tema de los presos palestinos, dijo Bibi, se podrá resolver por las buenas.

Entonces, ¿cuál era el apuro de Abbas? Bien podía haber esperado a la firma de un acuerdo marco con Israel, incluidas sus condiciones, e incluida la liberación de la cuarta tanda de presos, que hubiera abarcado también a los árabes de ciudadanía israelí, y el compromiso israelí a liberar otros 400 presos en la siguiente etapa, antes de correr a abrazarse con los fanáticos de Hamás. Éstos no tardaron en hacer su propio marketing del acuerdo, en contra de las negociaciones: “El pueblo palestino estaba yendo por un mal camino en estas negociaciones con Israel; este es el primer paso para corregir el rumbo”, dijo sin empacho un dirigente hamásico.

Dado que no se habló ni se resolvió ninguno de los puntos de discordia entre ambas agrupaciones palestinas, el acuerdo puede explotar antes de que se concrete siquiera la formación del gobierno interino. Hamás y Fatah difieren, especialmente, en quién va a controlar los medios de combate que hoy posee Hamás, con decenas de miles de cohetes apuntados a Israel y, sobre todo, qué agenda va a primar: la de dos estados (Fatah), o la de un solo estado, islámico y con la destrucción de Israel mediante, esgrimida por Hamás. Y si la lucha frente a Israel será la diplomática del Fatah o la violenta de Hamás.

Y dado que sabía que este acuerdo echaría por tierra la firma del acuerdo marco, la responsabilidad política de Abbas supera en este caso a la de Netanyahu que, hay que decirlo, dio mejores muestras de flexibilidad y muñeca política a la hora de ofrecer soluciones creativas, aun con la presión de su ala derecha soplándole en la nuca.

En tanto, todas las partes parecen respirar aliviadas en esta semana, como quien ha ganado tiempo hasta el próximo round. La única pregunta que queda pendiente es si el tiempo corre a favor de alguno de ellos. Si el fracaso total de las negociaciones lleva a una nueva erupción de violencia, ambos habrán perdido.

Y quién sabe, quizás todas estas acciones y reacciones no sean más que enérgicos intentos de último momento, antes del 30 de abril, fecha tope de esta etapa de las negociaciones, por llegar en buena posición a un final un poco más feliz. Inchallah…

John Kerry, bueno para los palestinos… y para los israelíes

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En Israel también lo acusaron de perseguir solamente el Premio Nobel de la Paz. John Kerry.

Por Marcelo Kisilevski

El hermano del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, publicó ayer en Yediot Ajaronot una carta abierta a los israelíes donde intenta defenderlo de aquellos que lo denostan en el lado israelí de la mesa de negociaciones con los palestinos. Algún transnochado diputado israelí (específicamente Moti Yoguev, de Habait Hayehudí, partido religioso nacionalista), dijo que en sus palabras acerca del posible boicot a Israel se notaba un “tono antisemita”. Antes, el ministro de Defensa Moshé Yaalón lo había acusado en diálogos cerrados de ser “obsesivo y mesiánico” en sus denodados esfuerzos de paz. Algún otro aseguró que Kerry había “declarado una guerra al Santo Bendito Sea”. Sus comentarios sobre la ola de boicots que podría estar cirniéndose sobre Israel si esta negociación fracasa fueron tomados como desembozadas amenazas por parte del Secretario de Estado de que EEUU apoyaría tales boicots. No fue un malentendido: fue un calculado -y notoriamente sobreactuado- ataque contra el norteamericano.

Para presentar su caso a favor de su hermano, Cameron Kerry despliega en su artículo el pasado judío de la familia, remontándose a los días de la Segunda Guerra Mundial. Comienza contando que viajó con un grupo de su sinagoga en Boston a los campos de exterminio en Europa. Su abuelo Frederick Kerry, nacido como Fritz Cohen, tuvo que convertirse al catolicismo debido al antisemitismo en el ejército checo, en cuyas filas servía. Su madre fue una de tantos refugiados huidos a París por el terror nazi, y sirvió como enfermera antes de ser encerrada por su ayuda a la resistencia antinazi francesa. Entre otros, ayudó a familias judías a huir de la Francia de Vichy. Cameron mismo, con todo este telón de fondo, se convirtió más tarde al judaísmo y John le dio su bendición, si bien no se sumó.

Todo esto y muchos otros episodios que cuenta son parte, según Kerry, del ADN de su hermano John. Esto, y el hecho de que desde siempre estuvo involucrado y siguiendo de cerca el conflicto mesoriental, incluido un vuelo en un avión militar cruzando todo Israel, comprendiendo que se podía atravesar el país en minutos. Desde entonces, dice, John está comprometido con la seguridad de Israel. Y para Kerry, como para muchos israelíes, incluido el aquí firmante, la única manera de que Israel continúe siendo un estado que sea a la vez seguro y a la vez judío y democrático, es crear un estado palestino a su lado, con el que pueda vivir relativamente en paz. (Y no me refiero aquí a la pregunta de si es posible llegar a eso o no. Esa es una incógnita que dejo a la opinología y la futurología de los lectores, aunque tratándose del Medio Oriente, no recomiendo estar seguro de ningún escenario, ni rosado ni negro).

Los exabruptos de algunos políticos israelíes deben ser leídos como nerviosismo por lo que se perfila como la cercanía de la hora de la verdad, el “money time”, cuando ambas partes deberán tomar decisiones históricas como dolorosas. También los palestinos opuestos al proceso de paz hacen lo propio, en su caso aumentando los intentos de atentados terroristas, tanto desde Gaza como desde Cisjordania, para sabotear un proceso que ven como amenazante a sus mitos relativos a Dar El Islam, el antiguo Califato perdido, dogma central del radicalismo islámico. En ambos casos, se trataría de buenas noticias, en el sentido de que algo de verdad está logrando mover John Kerry.

Buena propuesta, mala propuesta

Ciertamente su propuesta para un acuerdo marco que logre persuadir a ambas partes de permanecer en la mesa de negociaciones más allá de la fecha tope de fin de abril próximo, no es todo lo que la parte israelí sueña; tampoco es la panacea para los palestinos. A saber:

1) Acuerdo de “dos estados para dos pueblos” tomando las líneas de 1967 como base, con intercambio de territorios. A eso -a tomar 1967 como base- se opone el equipo negociador israelí.

2) Jerusalem será la capital de ambos estados. A esto también se opone Israel.

3) Todas las medidas de seguridad posibles para Israel, incluida la presencia del ejército israelí en el Valle del Jordán. A esto se oponen los palestinos.

4) Los refugiados serán absorbidos en el estado palestino. A ello se oponen también los palestinos; implicaría la renuncia al sacralizado derecho al retorno, quizás un árbol demasiado alto del que les será difícil bajarse. Pero resolvería un absurdo único en términos de política internacional: que un reclamo de un país a otro sea que éste acepte en su territorio a parte de la población de aquél.

5) Reconocimiento de la naturaleza judía del Estado de Israel. A esto se oponen los palestinos con más energía aun.

6) Compensación económica a los judíos orientales, aquellos que fueron prácticamente expulsados de los países del Medio Oriente en reacción a la creación de Israel. Este curioso punto puede estar motivado en su percepción de que es necesario trazar un paralelismo con los refugiados palestinos, que ulteriormente podrían ser también compensados materialmente. O bien, como se ha analizado en Israel, podría ser un intento de congraciarse con una parte de la opinión pública israelí, prácticamente la mitad de la población judía, que, debido a sus vivencias personales de expulsión y persecución, no ve con buenos ojos ningún acuerdo con árabes de cualquier tipo y lugar. De todos modos un punto extraño, si bien se mira, que implica involucrar -y hacer pagar- a otros países que no son parte de esta negociación específica.

Se dice con razón que una negociación exitosa es aquella en la que ambas partes se sienten perdedoras en igual medida. Para que esta negociación sea exitosa, hace falta un mediador que, si bien pueda no ser imparcial (y Kerry, insistimos, se declara abiertamente pro-israelí), por lo menos sea equilibrado. Los israelíes no necesitan un mediador que sea favorable solamente a Israel, porque la sola sospecha de que ello es así echaría por tierra la confianza palestina en esa mediación. Obama y Kerry son mejores que sus antecesores para los israelíes, porque son mejores que esos mismos antecesores para los palestinos. Una propuesta que incluye puntos inaceptables para ambas partes, por lo tanto, es una buena propuesta. Por lo menos para seguir negociando más allá de abril.

Comunidad judía de Palestina: ¿por qué no?

POR MARCELO KISILEVSKI

Por primera vez en las negociaciones sale a la luz la posibilidad de que los colonos judíos en los asentamientos en los territorios de Cisjordania, aquellos que no sean anexados a Israel, permanezcan en sus casas y vivan como ciudadanos comunes del futuro estado palestino. Esta vez es la reacción palestina la que pone de manifiesto una de las grandes paradojas del proceso negociador. 

JudiosArabes

“Vecinos llaman a la paz”. Judíos y árabes manifiestan por la convivencia del lado israelí. ¿Próximamente en Palestina?

La noticia fue tapa ayer, cuando la agencia de noticias francesa AFP citó a una alta fuente gubernamental según la cual el premier israelí Netanyahu “cree que en la paz, así como en Israel existe una minoría árabe, no existe razón lógica para en el estado palestino no haya una minoría judía, y que a los judíos que viven hoy en Judea y Samaria (Cisjordania) se les otorgue la posibilidad de quedarse allí”.

Por estas playas todos, a uno y otro lado de la Línea Verde, pusieron el grito en el cielo, y ahora veremos las razones. Pero cabe recordar que la incógnita de “qué hacer con los colonos” ya flota en el aire desde el primer día en que Israel, de la mano de Ehud Barak en Camp David versión 2000, instalara el principio de “intercambio de territorios”.

Según este principio, Israel anexaría ciertos bloques de asentamientos, cercanos a la Línea Verde, y entregaría todo lo demás. El cálculo grueso es de integrar a Israel a unos 150 mil colonos, y nada se decía de los restantes 200 mil. A cambio, Israel entregaría a Palestina, territorios actualmente bajo soberanía israelí, pero no poblados.

Con los años hubo insinuaciones de escenarios futuros. Se dice que si Ariel Sharón no hubiera caído en coma, habría continuado la retirada unilateral también en Cisjordania. Y que si su continuador Ehud Olmert no se hubiera enredado en la aventura de la Guerra del Líbano II en 2006, habría puesto en marcha un plan que ya tenía nombre: Operativo Convergencia.

En 2008, Olmert mostró al presidente palestino Mahmud Abbas (Abu Mazen) un mapa con ocho bloques de asentamientos que serían anexados por Israel y los territorios que serían entregados a cambio, a Palestina. Abbas pidió consultarlo, pero Olmert le dijo que era la línea roja y rehusó entregarle el mapa secreto, que fue filtrado por el diario Haaretz. Como quiera que sea, si bien el mapa de Olmert implica anexión, también significa la disposición tácita a renunciar a todo lo demás.

Un fantasma recorre Cisjordania

Ya el entonces presidente norteamericano George Bush hijo, durante el mandato de Ariel Sharón, había dado su beneplácito a Israel para la anexión -siempre a cambio de otros territorios- de tres de dichos bloques: Gush Etzion en el sur, Maalé Adumim al este de Jerusalén, y la ciudad de Ariel y alrededores en el norte de Samaria. Desde esa posición negocia desde entonces Israel: la anexión de los bloques es explícita; la renuncia a 200 mil colonos y sus asentamientos es tácita, pero siempre estuvo ahí.

El único que parecía advertir el problema parecía ser el Rabino Menajem Fruman de Tekoa, en el sur de Cisjordania, que hablaba de paz con imanes musulmanes, y que proponía la permanencia de los colonos en sus casas en un futuro arreglo.

Fuera de eso, el interrogante flotaba como un fantasma del que nadie hablaba: qué hacer con los colonos, pues, a la luz de la Desconexión de Gaza en 2005, queda claro que será técnica y políticamente imposible evacuar a todos. De repente sale la voz oficial: es un interrogante que habrá que resolver, dijo la fuente del Despacho del Primer Ministro en Jerusalén, y el premier no se opone a que permanezcan en sus lugares bajo soberanía palestina. Nada dijo de qué ciudadanía habrían de adoptar, ni de miles de detalles más, pero la piedra ya fue lanzada.

Del lado israelí, la derecha ya se ocupó de poner a Netanyahu en el banquillo de los acusados de alta traición. Naftali Bennett, líder del partido religioso nacional “La Casa Judía”, miembro de la coalición, dijo que “las palabras citadas son muy graves y demuestran una pérdida de cordura y de valores. Dos mil años de añoranza por Eretz Israel no pasaron para que vivamos bajo el gobierno de Abu Mazen”. Así se refirieron también personeros del ala derecha del propio Likud, como el vice ministro de Defensa Dany Danón y el vicecanciller Zeev Elkin, que hace ya un buen tiempo se la tienen jurada al titular de su partido.

Con todo, y a pesar de que como siempre no ofrecen solución alternativa al embrollo, las reacciones de la derecha israelí son previsibles. Lo que grita al cielo, en cambio, es la reacción palestina. El jefe del equipo negociador palestino, Saeb Erekat, fue contundente: “Todo aquel que hable de dejar a los colonos judíos en el estado palestino, de hecho está diciendo que no quiere un estado palestino. A ningún colono le será permitido permanecer en el estado palestino, ni siquiera uno, dado que los asentamientos son ilegales y la presencia de los colonos en territorios ocupados es ilegal”.

Es decir: mientras que Israel mantiene la igualdad de derechos de su minoría árabe, mientras también se le exige recibir a los refugiados palestinos, a los palestinos les está permitido negarse a poseer una minoría judía en su futuro estado, y las razones escapan a toda lógica.

Cuando el débil siempre tiene razón

¿Qué pasaría si los judíos que actualmente viven en territorio de lo que será el estado palestino pasan por un proceso de integración, anulando las desigualdades y ateniéndose a las nuevas leyes? Algunos dirán que se tratará de una minoría hostil, pero recordemos que la mayoría musulmana en el futuro estado palestino tampoco les será exactamente amigable. Así que dejemos eso por un momento y hablemos de principios.

Las negociaciones entre Israel y el futuro Estado de Palestina son las únicas en las que las exigencias de una parte son que millones de habitantes propios, pasen al territorio del adversario. En efecto, los palestinos tienen muchas exigencias que implican traslado masivo de población, luego que durante décadas vienen denunciándolo como violatorio de los derechos humanos: nos solamente millones de palestinos a los que llaman refugiados (a los que se han negado sistemáticamente a integrar, dar bienestar, vivienda, etc.) deberán pasar a Israel, en el marco del derecho al retorno palestino, sino que cientos de miles de judíos deberían abandonar Palestina y retornar al lado israelí.

Cuando se señala que la postura de Abu Mazen y Saeb Erekat de que “ningún judío permanecerá en territorio palestino” rememora el Judenrein de Hitler, los propalestinos se rasgan las vestiduras: no se puede comparar a Hitler con Abu Mazen. ¿Por qué? Porque los palestinos son la parte débil y Hitler era el poder, y porque los colonos viven como reyes y armados hasta los dientes, hacen vandalismo, etc. Pero en el marco de la paz, esto será modificado y los palestinos pasarán a ser el poder. Mientras tanto, en el altar de la debilidad palestina, la izquierda cae en la justificación de todas las atrocidades palestinas, tanto las de violencia física como las de violencia retórica. Y esto es violencia retórica.

A mis amigos de la izquierda les digo: la debilidad no otorga automáticamente la razón. Pues lo que están planteando los palestinos es un escenario para cuando dejen de ser débiles, para cuando posean en sus manos una maquinaria estatal igual a la de cualquier país, con poder para reprimir, para controlar, para dar ciudadanía o expulsar, para dar bienestar o para decidir sobre la vida y la muerte de sus habitantes. Yo también quiero el estado palestino y que dejen de ser débiles. ¿Pero qué diremos entonces de su ideología de no permanencia de judíos?

Los colonos deberán pensar qué harán en la perspectiva, por ahora lejana, de un estado palestino que quizás los incluya. Los palestinos, por su parte, deberán dar explicaciones: ¿por qué se oponen al nacimiento de la comunidad judía de Palestina?

Murió un duro entre los halcones de la política israelí

POR MARCELO KISILEVSKI

Tenía 85 años. Y fue uno de los últimos veteranos que fundaron Israel. Ex general, ministro de Defensa y premier, estaba en coma desde hacía ocho años. Fue una figura intensa y controvertida.

Image TEL AVIV. ESPECIAL PARA CLARIN – 12/01/14 Dejó de respirar, luego de ocho años de coma, quien fuera uno de los políticos más famosos y controvertidos de la historia israelí, Ariel Sharon. Fue uno de los últimos veteranos que fundaron el país junto con David Ben Gurion, y que acompañaron como el asesinado Yitzhak Rabin, o el presidente Shimon Peres, la historia de Israel desde sus comienzos. En diciembre de 2005 cayó en coma, luego de dos infartos cerebrales. Una insuficiencia renal lo llevó al colapso primero y al final después. Sharon nació como Ariel Sheinerman en el poblado de Kfar Malal, en 1928, en una familia de pioneros agrícolas provenientes de Rusia. En 1945 se incorporó a la Haganá, la principal milicia clandestina judía en la Palestina del Mandato Británico, que luchaba contra la potencia colonialista y contra las milicias árabes locales. La Guerra de Independencia, en 1948, lo encontró como comandante de pelotón, y fue herido de gravedad en la batalla de Latrún. Al parecer, la herida sería fundacional en su ideología y en su accionar posterior. En la Guerra de los Seis Días, en 1967 fue factor clave, al frente de la División 38, en la conquista de la Península del Sinaí de manos de Egipto. La Guerra del Día del Perdón, en octubre de 1973, fue la última guerra de invasión emprendida por Egipto y Siria, pero que tomó por sorpresa a la mayoría de los israelíes y al gobierno de Golda Meirpreso de una concepción según la cual los países árabes ya no se atreverían a atacar a Israel. Luego de una desventaja inicial, Sharonimpulsó y condujo un audaz operativo, resistido en principio por el alto mando, para cruzar el Canal de Suez pasando entre fuerzas egipcias, lo que empujó a El Cairo a pedir el alto el fuego. Pero uno de los episodios que más trascendieron al mundo fue el papel de Sharon como Ministro de Defensa durante la Primera Guerra del Líbano en 1982. Uno de los incidentes más graves fue la matanza de palestinos por las falanges cristianas en los campos de refugiados de Sabra y Chatila. La comisión investigadora israelí Kahanadeterminó la responsabilidad indirecta de Sharon y del propio Menajem Begin (“No se les podían haber escapado los hechos de las falanges”, rezó el informe), que un año después renunció y se retiró de la política hasta su muerte. Sobre Sharon, la comisión r ecomendó que no se le permitiera retomar Defensa. Nada dijo de la posibilidad de que fuera Primer Ministro. En 2000, luego del fracaso de las conversaciones de Camp David entre el premier israelí Ehud Barak y el presidente palestino Yasser Arafat, Sharon efectuó como jefe de la oposición una resonante visita al Monte del Templo, donde se halla la Mezquita de Al Aqsa. Lo hizo acompañado de mil efectivos de policía por temor a disturbios y, según se supo luego, con la anuencia del Waqf, la autoridad religiosa a cargo de los lugares santos para el islam en Jerusalén, que había asegurado al gobierno israelí que no habría incidentes. Las razones de la Intifada de Al Aqsa son más profundas, deben buscarse en l a frustración palestina por el fracaso del diálogo de paz y la continuación de una situación incierta. Sin embargo, y aunque ya había habido incidentes pocos días antes, la visita de Sharon se inscribió como la chispa que la encendió. Luego de numerosos cargos ministeriales, Sharon llegó a la jefatura de gobierno en 2001, pero no fue sino hasta 2005, ya al frente de Kadima, el nuevo partido que fundó luego de perder en las internas del Likud frente a Benjamin Netanyahu, que efectuó su acto más dramático y, tal vez, el más controvertido: la retirada unilateral de la Franja de Gaza. Muchos, incluida la propia Autoridad Palestina presidida por Mahmud Abbas, se oponían a la jugada: el fundamentalista grupo Hamas, opuesto Al Fatah de Abbas, era hegemónico en la Franja, decían, y la policía palestina no era suficiente para imponer control. Pero Sharon insistió, con el argumento de que “no hay con quién hablar de paz” en el lado palestino y, por lo tanto, se deben efectuar medidas “que aseguren la mayoría judía en el Estado de Israel”, al replegar las tropas hacia líneas más defendibles, según dijo. La retirada se efectuó en agosto de 2005, y las imágenes de los 8.000 colonos judíos evacuados a la fuerza recorrieron el mundo. El resultado, si bien pudo haberse leído como el principio del fin de la ocupación israelí, fue “vendido” por Hamas como una victoria propia sobre el “enemigo sionista” y, entre otros factores, le valió la victoria en las elecciones palestinas de 2006. Para algunos, fue el error más grande de Sharon, al signar el cisma que separa hasta hoy, tanto geográfica como políticamente, a Cisjordania de Gaza. Hay quienes dicen que fue ése, precisamente, el resultado que quiso conseguir, si bien habrá que esperar a los historiadores para determinarlo. Eso, y la construcción de la discutida Cerca Separadora o “Muro”, fueron los últimos actos de Sharon, que cayó en coma en diciembre de ese mismo año.

El inusual temporal de nieve que logró acercar a Israel y a Hamas

POR MARCELO KISILEVSKI

El Estado judío envió a Gaza agua y combustible. Y alimentos y frazadas a Cisjordania.

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TEL AVIV. ESPECIAL PARA CLARÍN – 15/12/13

La inusual tormenta que azota al Oriente Medio, y que convirtió a Jerusalén y a Safed en verdaderas prisiones de nieve, cobrándose cuatro víctimas fatales, no perdonó tampoco a los palestinos. En la Franja de Gaza, que también vio la nieve en algunas zonas, más de 4.000 personas fueron evacuadas de sus hogares inundados, según informó Muhamad al-Madaina, del Departamento de Defensa Civil de Gaza.

La buena noticia es que el temporal logró acercar a Israel con Hamas. El gobierno del movimiento islamista radical que gobierna la Franja de Gaza hizo llegar al ejército israelí a través de las Naciones Unidas un pedido de ayuda para capear los daños de la tormenta, en especial inundaciones y cortes masivos en el suministro eléctrico.

A raíz del pedido, el coordinador de actividades en los territorios por parte del ejército israelí, general Eitán Dangot, autorizó a la compañía acuífera israelí Mekorot transferir a la Franja bombas de agua a través del paso fronterizo Kerem Shalom.

En diálogo con funcionarios de la Autoridad Palestina y de la comunidad internacional, Dangot enfatizó que “Israel hará todo lo que esté a su alcance para asistir a la población civil tanto en Gaza como en Cisjordania”, en especial transferencia de electricidad a la central eléctrica gazeña, así como combustible y gas.

El primer ministro de Hamas, Ismail Haniyeh, llamó a sus fuerzas a permitir la entrada de combustible y otros suministros a la Franja de Gaza desde territorio israelí.

“Hemos sobrevivido a dos guerras frente a Israel, y sobreviviremos también a esto”, declaró. Las cámaras lo captaron con chaleco de rescate en las calles de Gaza, siguiendo los acontecimientos.

En Cisjordania, gobernada por el partido laico nacionalista Fatah, la cooperación entre la Autoridad Palestina e Israel fue más abierta. Allí se abrió una oficina de enlace conjunto israelo-palestino, dedicado especialmente a supervisar el despeje de rutas de la copiosa nieve. Equipos de rescate israelíes utilizaron pequeñas embarcaciones para hacer llegar alimentos y frazadas a casas palestinas, de donde evacuaron también a unas 700 personas.

 

Publicado en Clarín, http://www.clarin.com, 15.12.13

Cómo leer y cómo no leer el ataque israelí*

"Me escandaliza la idea de una intervención extranjera". Una caricatura que nos invita a complejizar el análisis.

“Me escandaliza la idea de una intervención extranjera”. Una caricatura que nos invita a complejizar el análisis.

Una de las cosas que enervan a los israelíes que rompen la claustrofobia de los medios locales para leer lo que se publica y dice afuera de la propia burbuja, es que los setenta mil muertos, entre masacres y sub-masacres que perpetra a diario Bashar El Assad en una guerra civil que tiene lugar en el marco de la erupción volcánica de las llamadas “primaveras árabes”, que comenzaron en Túnez, allá por 2010, y que amenaza con seguir extendiéndose por los países árabes que aún no fueron afectados, arrastrando a potencias y mini-potencias a un agujero negro impredecible, todo eso, digo, no es visto por el mundo como una amenaza a la estabilidad y la paz.

Pero un solo bombardeo israelí fuera de su suelo, con el fin de prevenir ataques en su contra por milicias para-estatales, eso sí, eso y no otra cosa, amenaza nada menos que la paz mundial. Hay que sufrir de una miopía internacional seria, o bien ser dueño de una mente analítica algo torcida, para compartir esa cosmovisión tan de moda según la cual, sólo cuando Israel dispara, el mundo queda puesto al borde del abismo, mientras todo lo demás, en especial lo que hacen los países árabes, es comprendido como parte de un multiculturalismo retorcido, que blanquea las peores atrocidades bajo la bandera del relativismo cultural.

El ataque israelí, es cierto, puede ser entendido por Bashar Assad, desde todas las reglas del derecho internacional, y si de verdad se empecina, como una declaración de guerra por parte de Israel. Pero Siria, al tiempo que combate a sus oponentes domésticos, está hace ya más de una década inmersa hasta el cuello en el programa del eje Irán-Siria-Hezbollah-Jihad Islámica palestina y otros apadrinados de los ayatollas de Teherán para armar hasta los dientes a organizaciones terroristas con las cuales intentar atenazar a Israel por el norte y por el sur sin ensuciar sus propias manos. ¿Armar a organizaciones terroristas y asociarse para atacar a otro país sin provocación de su parte, todo eso sí es legal según el derecho internacional? El mundo debería explicarse y explicar, en cambio, que los actos de armamentismo de Irán y Siria son los que bien pueden ser entendidos por Israel como declaración de guerra en su contra. Pero al parecer, eso es mucho pedir.

Pensar en Israel como violador serial del derecho internacional y en Bashar El-Assad como la Madre Teresa de Calcuta, sólo puede provenir de mentes confundidas en el mejor de los casos, o de mentes afiebradas de sospechosa agenda, en el peor. Lo mejor, en cambio, es intentar entender el conflicto desde su propia dinámica, que no está guiada por derechos y morales, sino por fidelidades, identidades religiosas e intereses.

Desde esta perspectiva, el ataque doble de este fin de semana no estuvo inscripto en la guerra civil siria, sino en el enfrentamiento que la mencionada alianza chiíta-alawi mantiene con Israel. Los israelíes vieron en el virtual “empate” entre el régimen alawita de Assad y los rebeldes sunitas, una oportunidad para destruir parte de un arsenal de misiles de largo alcance que estaban en camino al sur del Líbano, a manos de Hezbollah.

Según fuentes de inteligencia militar occidentales, el cargamento incluiría misiles Fatah 110, con un alcance de unos 70 kilómetros, que podrían llegar desde el sur del Líbano a Tel Aviv, o misiles Scud-D, con un alcance de más de 600 kilómetros, que podrían llegar desde el sur libanés a Eilat, o ambos.

Según los cálculos israelíes, Siria no responderá al ataque, abriendo un nuevo frente en el cual debería utilizar su fuerza aérea, única ventaja estratégica que hoy en día mantiene frente a los rebeldes sunitas. El problema de Assad es que, de iniciarse una contienda contra Israel, éste destruiría sus aviones en un par de días, pero frente a sus rebeldes, esas naves son las que mantienen al régimen en pie. Por eso, a Israel le es más conveniente un Assad fuerte y en control, más que un líder sirio acorralado, que no tenga nada que perder y que desde ese rincón decida lanzar sus misiles contra Israel.

Israel no está preocupado por las armas que puedan detentar los diversos regímenes en el Medio Oriente. Ni los misiles de tecnología iraní y rusa que hoy pasan por territorio sirio, ni las eventuales armas nucleares en manos de Irán. Se trata ciertamente de regímenes autocráticos, pero de gobiernos que, al fin y al cabo, tienen responsabilidad de estado. Siria sabe que atacar a Israel implica colocar a toda la nación en un riesgo mortal. Irán, por su parte, sabe que lanzar una bomba contra Tel Aviv tendrá su réplica en la desaparición de Teherán. E Israel sabe que sus vecinos saben.

A Israel, en cambio, le preocupa que esas tecnologías, convencionales y no convencionales, nucleares y químicas, puedan llegar a las organizaciones terroristas, que carecen de tal responsabilidad por sus estados y por sus habitantes, y que tienen, por lo tanto, el gatillo fácil.

Israel se ha abstenido de participar de modo alguno en ninguna de las llamadas primaveras árabes. No ha intervenido en el plano militar, ni en el de inteligencia, ni en el diplomático, ni siquiera en el verbal. Nada. Este país sabe que cualquier cosa que diga o haga, será utilizada en su contra. Y dado que ningún escenario emergente es necesariamente favorable a Israel –de un lado caen tiranos, pero de otro lado surgen regímenes islamistas- lo mejor es llamarse a un estricto silencio de radio y de acción.

Por eso, a casi dos años y medio de masacres y guerra civil en Siria, se puede confiar con cierta dosis de seguridad en que Israel tuvo buenos motivos para efectuar este ataque doble contra el tren cargado de misiles y el instituto de investigación aledaño a Damasco. Sólo cabe esperar que sus cálculos sean correctos y que Siria se abstenga de reaccionar, que el conflicto en Siria culmine pronto y con la menor cantidad de muertos posible, por el bien y la paz entre todos los actores de la zona.

*Publicado en “El Diario Judío”, http://www.eldiariojudio.com

Cuando israelíes y palestinos se hablan… o juegan al rugby

Entre tanta noticia de antagonismo, educación para el odio, y un proceso de paz estancado, es importante recordarnos y recordar al mundo, a las organizaciones de derechos humanos y a los liderazgos, que palestinos e israelíes se hablan, sencillamente se hablan. A veces con la ayuda de ONGs del exterior, y a veces no. Existen miles de organizaciones para la coexistencia, y es importante reflejar sus iniciativas.

A partir de aquí, en palabras de Rubén Friedmann, para Israelenlínea.com:

El próximo 23 de noviembre la ONG argentina «Rugby sin Fronteras» realizará un partido en Jerusalén con 60 niños israelíes y palestinos con el fin de llevar un mensaje de paz y respeto al mundo.

«Queremos llevar los valores del rugby de solidaridad y amor a nuestros hermanos palestinos e israelíes jugando un partido con ellos. Esta será sin duda la más importante de nuestras acciones solidarias. Tratemos de cambiar nosotros para cambiar el mundo», expresó Juan Bautista Segonds, titular y fundador de la ONG que ya es patrimonio de la humanidad.

El evento se cerrará con un tercer tiempo cantando todos juntos «We are the world» de Michael Jackson.

Al evento de presentación asistieron el conductor de televisión Julián Weich, el ex embajador de Israel, Daniel Gazit, el actual embajador de Nueva Zelanda, Darrly Dunn, y diplomáticos de las cancillerías de Argentina y Sudáfrica. Además, participaron Carlos Campagnoli, presidente de la URBA, Marcelo Loffreda, ex entrenador de Los Pumas y Gustavo Zerbino, sobreviviente uruguayo de la tragedia aérea de Los Andes, entre otras personalidades del rugby.

Según consigna su sitio web, «Rugby sin Fronteras es una organización sin fines de lucro, nacida en 2009, con la clara meta de formar a niños y jóvenes para que puedan ser personas nobles y honorables, guiados por los valores que enseña el rugby, aplicándolos diariamente en su vida personal y social. Para que una vez jugado el partido en la cancha puedan empezar a jugar el partido de su vida. Promover la importancia del deporte para la salud como también para el crecimiento personal a través del trabajo en equipo, entendiendo al rugby no sólo como un deporte sino también como un vehículo de valores como humildad, compromiso, identidad, respeto, nobleza y fidelidad».

Desde su nacimiento, la ONG realizó partidos solidarios en las Islas Malvinas, en la Cordillera de Los Andes, en homenaje a los 16 sobrevivientes y 29 víctimas de la tragedia del equipo uruguayo en 1972, y en Robben Island, prisión donde el líder sudafricano, Nelson Mandela, permaneció 18 años.

Entrevista en “Libre Expresión”, FM Laser, Mar del Plata

Entrevista extensa y jugosa (espero) con un servidor en el programa “Libre Expresión” conducido por Adrián Freijó en FM Laser de Mar del Plata sobre dos temas: 1) Política de Medio Oriente; 2) La Era Post-Salarial. La pasé bárbaro, me sentí como en casa. Gracias Adrián y Gustavo (el operador)! Pasen, vean y escuchen (tecnología buenísima!):http://www.ustream.tv/recorded/25197706
(La entrevista empieza en el minuto 27)

¿Quién está tirando misiles Qassam?

Sderot, ayer. (Foto: Avi Rókaj, Ynet)

Las noticias en Israel son que las clases comenzaron hoy con éxito, sin amenazas de huelga, y yo ya filmé a mi hijo conduciendo el acto de apertura. Eso es lo más importante.

Le sigue en importancia, claro está, los misiles Qassam que cayeron en Sderot y alrededores ayer, cuando chicos de la secundaria hacían un encuentro previo con sus docentes. De un tiempo a esta parte han cambiado las constelaciones políticas en Gaza, y para entender quién ha lanzado los misiles hay que retrotraernos al líder espiritual del Hamás, el jeque Ahmad Yassin.

Hasta su muerte, el Hamás, como buena organización palestina, era aislacionista e independentista aun dentro del mundo árabe y musulmán, resistiendo todas las voces internas que lo presionaban, ante la quiebra económica impuesta por Israel, Estados Unidos y la Unión Europea, a aceptar el padrinazgo, el dinero y los pertrechos iraníes.

En 2001 Israel liquida al líder terrorista, y la nueva conducción del Hamás acepta el abrazo de oso iraní, pasando a la égida de los ayatollahs chiítas, tradicionales enemigos del mundo árabe, que son en general sunitas. La conducción política y económica se instala en Damasco, el gran aliado iraní.

Pero cuando comienza hace un año y medio la revuelta en Siria, el Hamás no tiene más alternativa que apoyarla, puesto que buena parte de los rebeldes son sunitas en armas contra el régimen alawita (que religiosamente son un antiguo desprendimiento chiíta) del carnicero de Damasco, Bashar El Assad. Éste se siente traicionado por el Hamás, y arroja de todas las escaleras a su líder político, Khaled Mashal.

Hamás queda huérfano de protectores, y vira hacia Egipto, aún gobernado por el general Tantawi, post-Hosni Mubarak, pero donde los Hermanos Musulmanes, su movimiento matriz, van levantando cabeza. En efecto, el Hamás se autodefine en su carta fundacional como “el brazo palestino de los Hermanos Musulmanes”.

Tantawi le dice al Hamás, no necesariamente con estas palabras: “No tengo problema en que pactemos una alianza, pero yo tengo que cuidar mis relaciones con Estados Unidos, Israel y Occidente en general. Ustedes tienen hace cinco años encerrado a un pobre soldadito, Gilad Shalit. Libérenlo y hay trato”. La liberación de Shalit en 2011, pues, fue posible gracias a la revuelta siria y a una flexibilización en la posición del Hamás, no de Israel.

Desde entonces, en los hechos, la relativa calma entre Israel y Gaza se debe a una coyuntural comunión de intereses entre Egipto, Israel y Hamás, todos interesados en bajar los decibeles de la violencia. Una vez que los Hermanos Musulmanes asumen el poder ordenadamente en Egipto, tienen interés en controlar a las facciones más extremistas que ellos, y asegurar el monopolio del uso de la fuerza en su país. Su introducción de tanques en el Sinaí (cuya prohibición es una cláusula clara en los acuerdos de Camp David de 1979) está más motivado por su necesidad de reprimir a las nuevas facciones terroristas beduinas allí, que con cualquier intención de violar el tratado de paz con Israel.

Israel, no hace falta explayarse, tiene la obsesión de la paz y la tranquilidad por razones obvias, pero ahora acrecentada por la coyuntura abierta frente a Irán.

¿Y Hamás? El gobierno hamásico en Gaza necesita desesperadamente una calma que le permita reafirmar su poder político y económico una vez abandonado el cálido hogar iraní. Necesita reconquistar a las masas palestinas, que no estaban tan acostumbradas a la tan estricta ley de la Shaaría. Y necesitan consolidar su control de corte mafioso de la principal industria gazeña: la industria de los túneles de contrabando de mercaderías civiles, drogas y armas.

Pero dentro de esta política, quizás la principal obsesión es la represión de las facciones opositoras en Gaza, generalmente terroristas y jihadistas más fundamentalistas que el Hamás, similar al desafío que enfrenta la Hermandad Musulmana egipcia. Irán no iba a renunciar tan fácilmente a su cabeza de playa en “Palestina”, así que luego de la traición hamásica, los iraníes pasaron a apadrinar a la Jihad Islámica y a los Comités de Resistencia. Hamás incluso llegó a crear un cuerpo de policía especial cuya función exclusiva es prevenir lanzamientos de misiles contra Israel, desafiando su autoridad. Suena surrealista, pero si las cosas no pasan a mayores en el último año entre Israel y Gaza, es en buena parte gracias al Hamás.

Otros desafíos se asoman en Gaza, como una pequeña sucursal de la multinacional del terror, Al Qaeda, y como una organización salafista, quizás los fundamentalistas de mayor extremismo en el mundo de la jihad, que ven a todos los demás musulmanes como herejes, autodenominada “Consejo de Combatientes junto a Jerusalem”.

Según el analista de asuntos árabes del Canal 2, Ehud Yaari, ellos son los que lanzaron los Qassam de ayer, pero no en respuesta a Israel… sino en represalia contra alguna acción represiva del Hamás.

Ahora que la cosa no es con Israel, y que se entiende un poco más la interna palestina, uno podría quedarse más tranquilo. Pero no sé, la sensación de que los palestinos dirimen sus entuertos jugando al “Tiro al pato” no es muy agradable que digamos. Pero por lo menos no es personal. Al fin y al cabo, somos sólo patos…

Sí al nombramiento de ex terroristas en la ANP; sí a las liquidaciones selectivas por Israel

El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, ha nombrado al general Mahmud Damra, como su nuevo asesor, según informa hoy el diario Israel Haiom. Damra fue condenado en 2006 por estar involucrado en atentados terroristas en los que fueron asesinados civiles israelíes, y fue liberado de la prisión israelí en el marco del acuerdo por la liberación de Guilad Shalit de manos del Hamás.

La prensa israelí, en especial un diario como Israel Haiom, que es prácticamente un vocero del premier derechista Biniamín Netanyahu, se escandaliza por el apoyo y nombramiento de personajes que Israel ve como terroristas en cargos oficiales en la Autoridad Palestina, pues se trata a las claras de ver a los terroristas como héroes nacionales, y de dar al terrorismo premios por sus actos criminales.

Pero el blanqueo de terroristas no es nuevo. Israel mismo ha hecho las pases con el archi terrorista Yasser Arafat en los Acuerdos de Oslo. Del lado israelí, durante el Mandato Británico, milicias clandestinas judías mataron civiles, tanto ingleses como árabes, y no sólo el Etzel y el Leji. Algunos de sus líderes, como Menajem Beguin e Itzjak Shamir, llegaron a ser respetables primeros ministros del estado judío.

Es hora de que tanto israelíes como palestinos se deshagan de su pose de ingenuidad y de su careta de hipocresía si quieren llegar a la paz algún día. El terrorismo, esa plaga de muerte que ha asolado el siglo 20, y al parecer nos acompañará por un buen par de siglos más, ha dado buenos resultados, históricamente, como táctica de guerra. Ha obtenido logros significativos y los gobiernos han debido negociar con él. El caso de Guilad Shalit es una sola prueba entre muchas.

Pero si esto es así, lo mismo cabe advertir a los palestinos y a todo pueblo que haga de sus terroristas, héroes de guerra. Pues si ellos no se autodefinen como terroristas, sino como “guerreros de la libertad”, entonces las reglas de juego que están imponiendo son las de matar y morir. Si ellos convierten a un autobús lleno de israelíes civiles en su campo de batalla, su casa y su barrio en Gaza, en los que se ocultan luego, también lo son.

Una de las respuestas de Israel al terrorismo es el encarcelamiento, cuando ello es posible. Lo atestiguan los 10.000 presos palestinos que aún permanecen en cárceles israelíes. Pero en otras circunstancias también lo es la tan debatida “liquidación selectiva”. Algunos lo llaman “asesinato selectivo”, cargando el concepto negativamente. Pero si son viles asesinatos selectivos o ejecuciones sumarias, entonces los actos terroristas no son “ataques”, sino también viles homicidios en serie y en masa, que deben ser igualmente condenados. Vaya eso a mis colegas en los medios de comunicación.

Las liquidaciones selectivas tienen como fin limitar la matanza. Intenta matar al combatiente palestino, que está en guerra, y a cuantos menos personas a su alrededor mejor. Al ocultarse en su casa, el “guerrero de la libertad” está convirtiendo a su casa y su barrio en campo de batalla, y está poniendo en peligro a quienes lo rodean. Los está tomando de rehenes. Si él está en guerra, Israel también, con todo lo que ello implica.

Pues no puede ser que se juzgue a los palestinos según el criterio de “estado de guerra”, en la que todo les está permitido, y a los israelíes según el criterio de “estado de paz”, donde todo procedimiento que no sea arrestar y buscar evidencias como si se tratara de un caso para CSI, les estuviera prohibido.

Si los palestinos eligen esa táctica, ese campo de batalla -un autobús, una escuela- y esos blancos, y son luego convertidos en héroes de guerra y en altos dignatarios, todo bien. Esa es su percepción de la guerra que están librando. Pero a no reclamar cuando Israel, precisamente respetando la percepción palestina, se maneje también como en la guerra que es.

ImagenEl Presidente de la Autoridad Nacional palestina, Mahmud Abbas, reunido con Amana Muna, responsable de seducir a un adolescente israelí de 14 años, Ofir Rajum en un chat de Internet. Quedaron en un encuentro, y el chico fue asesinado por los terroristas cómplices de Muna, que fue convertida así en “heroína de la resistencia palestina”. (Imagen tomada de la televisión palestina).