Algo huele mal en Dinamarca

Europa no tiene problema con la libertad de expresión, sino con el islam radical. Nuevamente volvió a atacar en Europa, esta vez en Copenhague. Nuevamente en un centro, un café, reunión de intelectuales, y en una sinagoga. Parece un patrón que se repite desde París: asesinato de intelectuales, que representan los valores de Occidente, y la rúbrica antisemita, parte central del ADN del islam radical.

Pero en Copenhague, como en París, no se protesta contra el islam radical, sino por la libertad de expresión, y la pregunta hoy es: ¿hacia quién va dirigida la protesta? El gobierno de Francia y el de Dinamarca, justamente promueven la libertad de expresión, y son laxos incluso a expresiones que en el propio EEUU no serían políticamente correctas: la sátira religiosa.

Pero Europa sigue hundiendo su cabeza en las arenas de la corrección política de no mencionar al islam radical en sus protestas y reuniones de café, porque incluir al islam radical puede pecar de “islamofobia”. Cuando la realidad es inversa: perdonar a la ideología nefasta del islam radical en nombre de la corrección política, atenta contra la religión musulmana bien entendida, al punto que sus exponentes deben ocultarse en Occidente, pues en el Medio Oriente sus días estarían contados.

Hacer la vista gorda frente al islam radical, es lo que seguirá poniendo a Europa y a todo Occidente en peligro mientras la intelectualidad europea siga reclamando -¿a quién?- libertad de expresión.

Todo tranquilo en el norte, por ahora

Uno de los vehículos destruidos por misiles antitanques rusos de tipo Kornet, disparados ayer por Hezbollah contra el convoy militar israelí.

Uno de los vehículos destruidos por misiles antitanques rusos de tipo Kornet, disparados ayer por Hezbollah contra el convoy militar israelí.

Por Marcelo Kisilevski

El ataque de Hezbollah ayer en la frontera israelo-libanesa en el Golán, en el que murieron dos soldados israelíes y siete más resultaron levemente heridos, fue la venganza de esa organización chiíta pro iraní por el ataque israelí -según informes de la prensa extranjera- la semana pasada en suelo sirio, en el que murieron seis integrantes de Hezbollah y un general iraní. La venganza, le hizo saber Hezbollah a Israel a través de la ONU, estaba cumplida, y no hay por parte de la milicia intenciones de escalar aun más la violencia.

Israel, por su parte, elevó los tonos declarativos, pero tanto hacia adentro como hacia afuera quedaba claro ya ayer que Israel adoptaba la política de “contención”: contener (o sea aguantar) el ataque enemigo y autocontener la respuesta. El complejo de esquí en el Hermón abrió sus puertas esta mañana nuevamente, y en las escuelas en las aldeas del sur del Líbano también se vuelven a dictar clases con normalidad. Todo esto -en el Medio Oriente siempre hay que decirlo- es por ahora y hasta nuevo aviso.

Para el análisis, valgan algunos conceptos. Por ejemplo, el que trae hoy Alex Fischman en Yediot Ajaronot. Dice que desde las Primaveras Árabes, Israel había adoptado la política del silencio de radio y de la estricta no intervención. Esa política se rompió la semana pasada con el ataque que todos los medios atribuyen a Israel, y la pregunta del analista es por la necesidad de dichos ataques. Señala que la hipótesis de trabajo israelí en el caso sirio, libanés e incluso iraquí, es que todas las fuerzas de esa guerra civil están “demasiado ocupadas” entre sí como para abrir un nuevo frente con Israel, y que aun si así no fuera, la disuasión israelí, generada en la Segunda Guerra del Líbano en 2006, todavía sigue vigente.

El problema, dice Fishman, es que la disuasión no es una ciencia exacta. Y que funciona, siempre y cuando uno no obligue a la otra parte a reaccionar, aun a pesar de la disuasión existente. Con lo cual, uno termina destruyendo la disuasión con sus propias manos. Al parecer, el ataque de la semana pasada, en que murió parte de la cúpula estratégica de Hezbollah, tuvo ese efecto: Hezbollah no quiere la escalada, pero tuvo que reaccionar. La prueba de que no quiere continuar, ni arrastrar a Israel a la contienda, es que respondió a un golpe estratégico, con uno táctico.

Najum Barnea, en el mismo diario, agrega más pensamiento a la filosofía de la disuasión mutua: que no ocurra como en los choques cíclicos en Gaza, dice, donde cada parte golpea a la otra pensando que la propia disuasión no es suficiente, hasta que el campo de batalla hierve, sin que ninguna parte lo desee de verdad. Si el actual incidente termina ahí, entonces estaremos quizás ante una lección aprendida. La tendencia por el momento parece ser esa.

Ron Ben Ishai, en el sitio Ynet, parece discutir con ellos. Por un lado lo dicho es cierto: cuando Hezbollah derrama suficiente sangre nuestra, les parece una reacción suficiente, entonces paran. El problema es que, si Israel no reacciona fuerte, se podría estar abriendo la puerta para acciones violentas de esa clase en el futuro. Por las dudas, Israel comienza esta mañana a blindar la frontera con el Líbano. Pero ese es el dilema que tendrán que enfrentar ahora el premier Netanyahu, su ministro de Defensa y su comandante en jefe militar. ¿Reaccionar o dejarlo así?

Sobre todo, de nuevo Fishman, porque Hezbollah puede quedar conforme con su venganza. Pero nada dice eso de la venganza de Irán, y para ello habrá que estar con la mirada atenta hacia el exterior, hacia posibles blancos israelíes, norteamericanos y judíos.

Y por eso queda la pregunta de la necesidad del ataque atribuido a Israel contra el convoy Hezbollah-Irán, que parece cambiar, como dijimos, las reglas del juego al meter su nariz en las guerras civiles allende sus fronteras. Para Ben Ishai, se trató de una acción necesaria, que vino a frustrar un plan iraní para atacar por sorpresa a Israel, que no espera en este tiempo la reapertura del frente libanés, y convertir la vida de los habitantes del norte israelí en un infierno.

Fischman responde a ello que, aún si esto fuera así, se debió haber tomado recaudos contra el mentado plan de un modo más paciente que con un ataque tan espectacular, a ojos de todos, y que termina obligando a los atacados a reaccionar, aun contra su actual agenda.

Pero si Ben Ishai tiene razón, entonces su actual agenda sí es abrir el frente con Israel. Si ese es el caso, Israel hará muy bien en no responder el ataque de ayer, pero también en preparar mejor las trincheras para lo que pueda venir.

“Yo soy Nisman”, también en Israel

Los carteles en la manifestación. En hebreo: "Justicia para nuestro pueblo en Argentina".

Los carteles de la juventud en la manifestación. En hebreo: “Justicia para nuestro pueblo en Argentina”.

Por Marcelo Kisilevski*

De repente, la explanada del edificio de oficinas en Herzlía, al norte de Tel Aviv, se convirtió en una extensión de cualquier plaza argentina levantada en manifestación: gente envuelta en banderas nacionales, carteles con la inscripción “Yo soy Nisman”, “Nunca podrán suicidar a la justicia”, caras consternadas, diálogos en castellano, con bronca y mucho escepticismo.

Cientos de argentinos residentes en diversas localidades de Israel manifestaban de ese modo, ayer, frente a la embajada de Argentina en Israel en Herzlía, al norte de Tel Aviv, en protesta por la muerte de Alberto Nisman. El acto en sí fue escueto: consistió en tres discursos breves y la entrega de un petitorio reclamando justicia al agregado cultural argentino en Israel, Manrique Lucio Altavista. Para cerrar, en la transitada avenida israelí resonó fuerte el Himno Nacional Argentino.

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Roxana Levinson, familiar de víctimas en ambos atentados en Buenos Aires, durante su discurso.

 

“Envueltos aun en la conmoción y la desazón que implica el haber sumado la víctima número 86 del atentado perpetrado en 1994, exigimos una investigación que dé con la verdad de los hechos, la misma verdad que Alberto Nisman persiguió durante sus extensos años de arduo trabajo en la causa AMIA”, dijeron los argentinos israelíes en su petitorio. El agregado cultural Altavista dijo a Clarín que “vamos a transmitir este petitorio a Buenos Aires”, y rehusó agregar más comentarios.

Con la muerte violenta de Nisman, “alguien firmó el certificado de defunción de la Causa AMIA, una mano a la que no le tembló el pulso firmó: sentencia de muerte para la verdad y la justicia”, dijo en su discurso Roxana Levinson, sobrina de Jaime Plaksin, víctima de AMIA, y de Graciela Levinson, víctima del atentado en la Embajada israelí. “¿Y ahora qué? ¿Quién tomará la causa? Porque, obviamente, habrá nuevo fiscal y se cumplirán las formas, pero… ¿quién tomará la causa de las víctimas, quién intentará llegar al fondo de la verdad? ¿Quién volverá a enfrentarse a los monstruos del poder absoluto y la impunidad?”, se preguntaba.

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Acto digno, alrededor de 200 asistentes. A la derecha, Mariano Gorbatt, de Kehilá Latina, conduciendo el acto.

 

Los organizadores pertenecen a una agrupación de inmigrantes llamada Kehilá (Comunidad) Latina. Uno de ellos es Mariano Gorbatt: “Así como 2 años atrás nos reunimos para protestar contra el acuerdo con Irán, el objetivo de este acto es reiterar el reclamo de justicia, que ahora se extiende a una víctima más, la número 86 de AMIA, el fiscal Alberto Nisman”.

León Amiras, presidente de OLEI, la organización de inmigrantes latinos en Israel, dijo en su alocución que “en cada acto de recordación de la tragedia de AMIA, en Ashdod, Kfar Saba o Beer Sheva, nombrábamos a Nisman, y elogiábamos su trabajo como fiscal. Ahora recordaremos que lo de AMIA sigue abierto, y que todavía la causa Nisman está en trámite”.

Muchas firmas. Un participante en el acto firma el petitorio a ser entregado a la Embajada Argentina.

Muchas firmas. Un participante en el acto firma el petitorio a ser entregado a la Embajada Argentina.

Javier Waldman es sobreviviente del atentado en AMIA. Trabajaba en Tesorería, en el edificio de Pasteur, y salió ileso. Un año después emigró hacia Israel con su esposa Carina, un plan que ya tenían desde antes del ataque. Ayer estaba entre el público, frente a la embajada argentina.

“Pasamos veinte años esperando respuestas por el atentado, y ahora tenemos que esperar explicaciones de qué pasó con la persona que estaba buscando esas respuestas de hace 20 años”, dijo Waldman, que hoy es encargado de marketing para Iberoamérica para una empresa tecnológica israelí.

Con su cartel de “El petróleo vale más que la sangre de las víctimas”, Jessica Scheinberg, una estudiante universitaria que participaba en el acto, dijo a este diario “que supuestamente la democracia había vuelto a la Argentina, y esto es una muestra que ello no fue así. Nos solidarizamos con toda la sociedad argentina que lo está viviendo allá, y esperamos que siga protestando para que haya un cambio, porque esto no puede seguir así”.

En el acto también hablo José Caro, titular de la OLEI de Raanana. “Nuncá más, por la Memoria de Nisman, y para que todos los delincuentes y asesinos vayan presos”, dijo Caro. “Nuncá más por todos los muertos, por todos nuestros muertos, para que por fin puedan descansar en paz y para que alguna vez, alguna vez, podamos decir: En la Argentina se hizo Justicia. La Justicia existe. ¡La Justicia en la Argentina de verdad existe!”

*Escrito para Clarín, 24.1.15

Que nos han declarado la guerra

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Por Marcelo Kisilevski

La guerra contra el terrorismo islámico no se parece a las guerras tradicionales que el mundo ha conocido. Eso no significa que haya que tratar los atentados en París -o en Siria o en Gaza o en Montevideo- como delitos comunes a ser combatidos por Starsky y Hutch o por CSI. La mirada europea post-colonial, en la que uno mismo es culpable de la agresión del otro, es lo que está haciendo perder a Occidente la batalla. 

En su canción Padre, interpretada en español y en catalán (Pare), Joan Manuel Serrat nos hablaba ya en 1973 de la lucha contra la contaminación ambiental, y denunciaba el maltrato humano a nuestro planeta. Su último verso era un llamado desgarrador y claro a la vez: Pare, deixeu de plorar, que ens han declarat la guerra.

El hecho de que sea una guerra no tradicional, con el ejército regular de un país enfrentando en un campo abierto al de otro, no significa que no se trate de una lucha para la que hay que estar preparados, y dar la batalla. Las guerras tradicionales así descriptas ya no existen, y sobreviven solamente en dos lugares: en la Convención de Ginebra y en el cine. La conciencia y la lucha por salvar al planeta, recién ahora han llegado a una masa crítica, cuarenta años después de la canción inolvidable de Serrat. Eso no significa que se haya ganado. Con el islam radical, la perspectiva pareciera ser mucho peor.

En esto pensaba cuando escuchaba a una panelista del programa radial Weekend en la BBC de Londres, que advertía contra la definición de “guerra contra el terrorismo” en un panel sobre los eventos de esta semana en París: “No nos fue muy bien en la vuelta anterior con esta definición”, decía segura. “No es una guerra. Son crímenes, debemos combatirlos con la policía y el sistema judicial”.

Es posible que no nos haya ido bien en la vuelta anterior, si la panelista se refiere a la respuesta norteamericana al 9/11: las guerras en Afganistán e Irak. Tal vez por haber sido guerras contra el terrorismo que EEUU y Occidente intentaron traducir a guerras tradicionales. Cuando en realidad, la guerra contra el terrorismo es y debiera ser otra cosa.  Pero eso no significa que se deba combatir a Al Qaeda y a ISIS como si fueran otras expresiones de Dexter, el asesino serial de la tele.

Es decir, no significa que Occidente no esté en guerra contra el terrorismo islámico radical, por una sencilla razón: el islam radical es el que ha declarado la guerra a Occidente. La naturaleza de una lucha o una guerra, la define el agresor. Y usted, señora panelista de la BBC, puede no creer en guerras santas, pero cuando el islam radical le declara una, eso es exactamente lo que tiene encima. Puede no escuchar la declaración, si no quiere, pero el resultado es el que ya está a la vista.

No es por un mundo mejor

¿Y qué es exactamente lo que está a la vista? Ben Dror Yemini lo resume bien este fin de semana en Yediot Ajaronot. “El atentado no fue una protesta contra la discriminación o por los derechos de los musulmanes”, escribe. “No fue contra la desocupación o la alienación. Los jihadistas no luchan por un mundo mejor. Luchan contra todo el que es distinto de ellos. Luchan para erigir una entidad islámica oscurantista”.

Yemini explica que después de los atentados en EEUU en 2001 hubo más atentados: en Madrid, en Londres. Desde entonces, el islam radical se ha hecho más fuerte. En 2013, 18.000 personas fueron asesinadas en atentados terroristas islámicos, un 60% más que en 2012. En 2014 pasaron los 30.000. En paralelo con los atentados en París, hubo esta semana otros en Yemen, Nigeria, Siria e Irak. En Montevideo, agregamos nosotros, la embajada de Israel tuvo que ser evacuada.

La mayoría de las víctimas son otros musulmanes, pero el terrorismo jihadista ya anida fuerte en los países occidentales. Los perpetradores de principios del milenio no eran los más discriminados y pauperizados de la tierra. Al contrario, eran jóvenes existosos que crecieron en especial en Occidente, con su cerebro lavado de una ideología que destila sólo odio. Ahora ocurre lo mismo, con una diferencia: entonces eran unos pocos, hoy son cientos de miles.

Yemini trae un dato inquietante. Los jihadistas, dice, no son la mayoría de los musulmanes, por supuesto. Pero no hace falta que sean mayoría. “El problema es que el apoyo a la instauración de la Sharía en los países del mundo libre, aun por la fuerza, es mucho más alta. Ya no se trata de unos pocos porcentuales. Hay diferencias importantes entre un sondeo y otro, pero el promedio señala porcentajes de dos dígitos. Más entre los jóvenes que entre los adultos. Eso significa que millones de musulmanes en el mundo libre, en especial jóvenes, apoyan el objetivo supremo de la Jihad: la creación de un Califato Islámico.

El Síndrome de Estocolmo

“La reacción del mundo libre es la debilidad. La capitulación. La industria de las justificaciones. Los musulmanes carecen de toda responsabilidad de lo que les sucede ni de sus ideas, no en los países musulmanes ni en las comunidades musulmanas de París, Londres o Estocolmo. Pues son pobre gente. Viven bajo la opresión y la discriminación. Esto no es corrección política. Es el Síndrome de Estocolmo: justificar al agresor. Ramas enteras de las ciencias sociales en las universidades del mundo libre se hicieron adictos a la escuela post-colonial que, dicho en resumen, señala con el dedo acusador a Occidente, a EEUU, al sionismo. Miles salieron a las calles en el último verano para apoyar a Hamás, una organización jihadista cuyos líderes declaran abiertamente que su meta final no es el fin de la ocupación sionista (en Cisjordania y Gaza solamente, MK) sino la conquista islamista de todo el mundo libre. A esta corriente pertenecen miles de académicos y periodistas. Creen en sus propias vanalidades…

“Cuando musulmanes decentes -y los hay por millones- intentaron decir que los extremistas representan un peligro, fueron acallados. Cuando el líder más importante del islam sunita, el jeque Yusuf Qardawi, fue invitado a una visita oficial en Londres, fueron los musulmanes los que advirtieron al alcalde, Ken Livingston, que se trata de un hombre peligroso que instiga a la radicalización. No sirvió de nada. Qardawi fue recibido con alfombra roja. Francia, dicho sea de paso, no le autorizó la entrada”.

Con amigos como estos…

El problema, como señala el columnista de Yediot, es que los únicos que están reaccionando en Europa contra el peligro islamista radical son partidos de ultra derecha. Véase el caso de Marine Le Pen en Francia, que obtuvo el 32% de los votos en agosto, o el Partido de la Libertad en Holanda, que empató al partido de gobierno, o las manifestaciones de Pegida (“Patriotas contra la islamización de Occidente”) en Alemania, donde no queda claro si luchan contra la islamización o si sus manifestaciones son de racismo puro contra los musulmanes.

“La respuesta a la debilidad conciliadora del mundo libre no es la extrema derecha”, sentencia Yemini. “El problema es que el mundo libre no ha hallado el punto de equilibrio correcto entre una lucha mucho más firme contra los jihadistas y sus seguidores, y un desbarrancamiento hacia el racismo contra todos los musulmanes”.

Por ahora, dice Yemini, “la batalla está perdida”. “Así como luego de una década y media desde los atentados terribles, la jihad se convirtió en algo mucho más fuerte y la radicalización creció, es de suponer que tampoco el atentado en París conllevará cambio alguno. Pero a no desesperar. Hace falta, en cambio, una mirada dolida de la realidad. Sólo cuando ello ocurra, será posible hablar de alguna posibilidad de cambio”.

 

 

Elecciones anticipadas, otra vez

Por Marcelo Kisilevski

Ayer el primer ministro Biniamín Netanyahu dio el puntapié inicial a la campaña electoral con un acto de fuerza: el despido premeditado de los ministros Yair Lapid y Tzipi Livni. También dio un discurso en el que admitió que su gobierno había sido desastroso y él fue un primer ministro débil. Eso sí,  por culpa de otros. La prueba está en que su gobierno anterior, que fue excelente. De paso, también culpó al pueblo de Israel: esto ocurrió por una coalición imposible, a la que llegó debido a que “no obtuvimos suficientes bancas en la Knesset”.
En lo único que se puede decir que acertó es en que este gobierno estuvo signado por una heterogeneidad imposible de conciliar, por la deslealtad al gobierno del que formaban parte y a su jefe de equipo y, por ende, la parálisis. No se terminó de vencer a Hamás, tampoco de asegurar la pacificación del sur israelí, no se abarataron las viviendas ni el costo de vida, no avanzó el proceso de paz. Nada. En su famoso discurso de “No evacuaste, no hiciste”, del que ya hay un remix en Youtube, enumeraba logros tan “extraordinarios” como la ley de guardería gratuita desde los tres años de edad.
En su discurso de ayer enumeró una lista de acusaciones donde pintaba a Lapid y a Livni poco menos que como traidores, sobre todo por su intento de conformar un gobierno alternativo volteando a Bibi… siendo parte del propio gobierno. El premier olvidó mencionar solamente que también Liberman y Bennet, sus dos puntales derechos, habían sido tan desleales como ellos, pero a ellos no se animó a despedirlos. Esto justificó el argumento de Livni: “Bibi se rindió a las amenazas de su ala derecha. Todo lo demás son excusas”.
Al único que se animó a despedir, durante el operativo Margen Protector, fue a un vice ministro, Dany Danón. El problema es que Danón preside nada menos que del Comité Central del Likud, y allí lo esperará en las internas. También estará Moshé Feiglin, un ultra nacionalista que infiltró el Likud para derechizarlo desde adentro, el propio Danón, y posiblemente, si lo convencen, Gideon Saar, el que se retiró de la política para criar a su hijo.
Sin embargo, las posibilidades de que lo voten a Netanyahu nuevamente en las internas no son surrealistas: si las elecciones se realizaran hoy, con él encabezando a su partido, éste aumetnaría sus bancas, de 20 a 22, y eso es un argumento de peso en un Comité que tiene que decidir, no a quién le tienen más afecto, sino quién es capaz de mantener al Likud en el poder. Y hoy por hoy, no hay quien pueda llenar los zapatos del vapuleado líder.
Estos son los resultados de la encuesta de intención de voto realizada por Mina Tzémaj para el Canal 2 de televisión:
Likud 22
Habait Hayehudí (Bennet) 17
Avodá (Herzog) 13
Israel Beiteinu (Liberman) 10
Shas 10
Partido nuevo de Moshé Kajlón 10
Yesh Atid (Lapid) 9
Yahadut Hatorá (Jaredim) 8
Meretz 7
Yesh Atid (Lapid) 9
Hatnuá (Livni) 4
Partidos árabes juntos 11
De este panorama resulta que el Likud no se debilitó, al contrario, y que bloque de la derecha sigue teniendo las de ganar. Itzjak Herzog, del Laborismo, intentará formar un bloque que le cierre el paso a la derecha, y ayer llamaba a Livni, Lapid y Meretz a unirse tras su liderazgo. El que ayer no se descartaba que pudiera barajar su incorporación es Avigdor Liberman, que con su plan de paz publicado este fin de semana hace un significativo guiño hacia el centro del mapa político.
Las elecciones se perfilaban ayer para el 17 de marzo o alrededores, y hasta entonces este gobierno seguirá gobernando, con campaña electoral, con acusaciones mutuas por lo que se consideran las elecciones adelantadas más injustificadas de la historia (atribuidas a las malas relaciones personales de sus líderes), con un presupuesto nacional provisorio y sin proyectos ni realizaciones a la vista. El resto es incertidumbre.

Netanyahu, o: la soledad en la cima

Netanyahu solo

Por Marcelo Kisilevski

Estamos pasando días turbulentos, de los que hoy viernes 28 de noviembre, no queda claro si la coalición de Biniamín Netanyahu saldrá con bien. Dirán que es por el presupuesto nacional, o por la ley de “IVA Cero” que quiere Yair Lapid para el primer apartamento comprado por matrimonios jóvenes, dirán que es por la “Ley de Nacionalidad Judía” que impulsa la derecha, o por la imposibilidad del gobierno de poner fin a la ola de violencia en Jerusalén. Pero lo cierto es que el torbellino comenzó con el fin del último operativo-guerra en Gaza, “Margen Protector”, que no dejó conformes ni a izquierdistas ni a derechistas, que no trajo la pacificación y tampoco una victoria por knock out. Desde entonces, todos quieren la cabeza de Bibi, y el premier no hace más que agarrarse de la baranda, intentando aguantar la tormenta, para no terminar de caerse.

Si vamos a una nueva coalición (si los ultraortodoxos me dan el sí), parece decir un malherido Netanyahu, o si vamos a llamar a elecciones, tras lo cual me harán pedazos en las internas del Likud, siendo éste por lo tanto mi último período como primer ministro (por ahora), que sea por mi lucha heroica por un valor nacional, y no por algo tan prosaico como haber perdido uno por uno a todos mis aliados: que no sea por politiquería de barrio, sino por un tópico que se inscriba en los libros de historia.

El asunto de la “Ley de Nacionalidad Judía”

La propuesta de ley de anclar a Israel como estado judío y democrático no viene a traer ninguna buena o mala nueva, sino a fijar en las leyes básicas, que conforman la futura constitución nacional, lo que ya dice la Declaración de Independencia, que no tiene peso de ley, aunque está allí en el trasfondo como borroso marco referencial jurisprudencial cuando hace falta: Israel es el Estado que expresa la concreción del derecho de autodeterminación del pueblo judío, y además será democrático y respetará a todas las minorías, instaurando la plena igualdad de derechos y deberes.

A pesar de haber tres versiones de propuesta de ley de nacionalidad judía, es posible que ninguna prospere en el parlamento israelí. No lo logrará, seguramente, la propuesta extremista de Zeev Elkin, que enfatiza el carácter judío de Israel por sobre el democrático. Ante la vehemente oposición de Lapid y de Livni, a la que se sumaron discursos de personalidades como Shimón Peres o el mismísimo presidente del Estado, Reuvén Rivlin, Netanyahu dijo que “en estas circunstancias, seré firme en impulsar esta ley bajo mi formulación”. Se hace responsable, pero se preocupó de remarcar que será su propuesta de ley, seguramente más moderada, más republicana, y no la de Elkin. Si la de Elkin se preocupaba solo por el carácter judío del Estado, la de Bibi pondrá en el mismo nivel el carácter democrático y el respeto a las minorías, junto con el carácter judío. Los analistas en Israel explicaron que mandar a Elkin al frente, dejando que se queme por derecha, es lo que le permitirá a Bibi quedar bien por izquierda, marcando esta ley como su jugada de continuidad en el gobierno, o bien como su salida triunfal: qué mejor realización que la de salvar a Israel nada menos que de perder su naturaleza judía, no solo a ojos de israelíes y palestinos, sino también ante los del mundo entero.

Quienes apoyan la ley explicaron que la misma es necesaria debido justamente a la creciente ola de deslegitimación mundial de Israel como Estado judío. Agregan que dentro mismo de Israel hay quienes cuestionan este carácter, y que es importante que, en momentos en que Israel declara su consentimiento a un Estado del pueblo palestino, se reafirme el derecho a un Estado del pueblo judío. Solo así, un futuro tratado de paz con la parte palestina será justo y equilibrado.

Quienes se oponen dijeron también varias cosas: que da legitimidad al racismo callejero israelí, dándole carácter oficial; que intensificará la hostilidad contra Israel en el mundo, que no es el momento, y -como dijo Rivlin- que el mero hecho de tener que decirlo por ley estaría indicando, precisamente, que no estamos tan seguros de su carácter judío.

Una jurista explicó por radio que la viabilidad de Israel como Estado pluricultural, plurinacional y plurirreligioso estuvo dada siempre por la habilidad de “decidir no decidir”, dejar muchas definiciones clave en la nebulosa -la constitución, el carácter nacional judío, el lugar de la religión, entre otras-, dejando a todos conformes y disconformes por igual: la ambigüedad como base para el acuerdo político y la convivencia de concepciones. La ley propuesta -aun en la versión más democrática que anuncia Netanyahu- aclararía demasiado los tantos, y ello, dijo, no necesariamente es bueno para Israel.

El lector podrá dar su opinión. Se puede estar a favor o en contra. Pero de allí a que la mera existencia de un anteproyecto que no llega a ser ley, que está inscripto en rencillas políticas y en coyunturas puntuales y pasajeras, que seguramente habrá de pasar decenas de modificaciones en el camino y que quizás no llegue nunca a ser ley, justifique los ataques que ha tenido en la prensa internacional, extendiendo la deslegitimación de todo el Estado de Israel como inmoral y racista y, por lo tanto, inviable, es definitivamente infame. Y a no dudarlo, el trasfondo de un análisis tan microscópico de las posturas derechistas en Israel no tiene otra intención que la descalificación generalizada de todo el Estado.

Deben formularse dos preguntas: 1) ¿De qué otro país se ocupa tanto la prensa internacional de analizar con lupa anteproyectos de ley?, y 2) Si la regla es que un anteproyecto de ley problemático justifica la deslegitimación de la existencia de un Estado, ¿cuántos otros Estados deberían desaparecer por tener anteproyectos de ley problemáticos?

Ya que hablamos de racismo

Porque una cosa debe ser dicha respecto del racismo. Ciertamente, la herencia de Margen Protector, el operativo de agosto último en Gaza, nos deja como herencia una ola de racismo anti árabe en una capa oscurantista, callejera, de la sociedad israelí. Las expresiones nacionalistas se exacerbaron, surgió un grupo de jóvenes que salen a evitar con su cuerpo casamientos de judíos con árabes, o, esta semana, un cantante conocido, Amir Benayún, subió a su cuenta de Facebook una canción de neto corte racista, a raíz del atentado de la sinagoga en Har Nof, en Jerusalén. La canción, que coloca a todos los árabes israelíes o habitantes de Jerusalén oriental, como potenciales terroristas escondidos en las sombras dispuestos a clavarnos su “hacha afilada” en la espalda a la primera oportunidad, encendió una luz roja fuerte en el grueso de la sociedad, que sigue siendo democrática y tolerante. Sobre ese punto deberá trabajar intensamente el establishment israelí en los próximos años. Ya ha hecho muy bien el presidente Rivlin (recordemos, un hombre del Likud) en anular la actuación de Benayún la semana entrante en un acto en la Residencia Presidencial. El Ministerio de Educación israelí promueve desde siempre programas de estudio contra el racismo en las escuelas y hacia allí deberá seguir trabajando todo gobierno, el de Netanyahu o cualquier otro líder que lo suceda.

Pero una cosa es el odio exacerbado a otro grupo que se da en la calle, en alguna cancha de fútbol, que es inevitable en cualquier sociedad en situación de guerra, y sobre el que hay que trabajar por vías educativas (y policiales cuando llega la violencia), y otra bien distinta es la incitación al odio y la violencia que viene precisamente de los líderes. Y ello no ocurre desde el establishment político israelí, sino desde la Autoridad Palestina.

Un ministro palestino llamó esta semana a “glorificar esas armas mortales que todos tenemos, los automóviles de nuestros mártires. Prepárenlos y úsenlos”, un claro llamado a continuar y aumentar los atentados por atropellamiento.

Desde este espacio hemos llamado repetidas veces a fortalecer a Mahmud Abbas como factor moderado en la Autoridad Palestina, como partner válido para las negociaciones de paz, y de hecho sigue siendo lo único que Israel tiene, si de verdad quiere quitarle altura de vuelo a Hamás, crear otra realidad política, etc. Pero cuando Abbas visita a las familias de los “mártires” terroristas de Har Nof, cuando pone nombres de terroristas a plazas y calles, cuando llama a “defender Al Aqsa con nuestro cuerpo” y cuando declara que “ningún judío debe entrar y profanar el Monte de la Mezquita” (cuando definitivamente no queda claro cuál es el “peligro” que corre Al Aqsa, donde Israel ha mantenido a rajatabla la libertad de culto, incluida la potestad allí por parte del Waqf, la autoridad religiosa musulmana), eso es más grave, porque el liderazgo, todo liderazgo, educa. Y el liderazgo de Abbas y su grupo, hoy por hoy, educa hacia el racismo y hacia el pogrom.

 

Renace la nación aramea, y ocurre en Israel

"Gracias Israel por reconocer a las minorías arameas cristianas. Occidente, paren con la política de doble rasero hacia las comunidades no islámicas". Arameos cristianos israelíes manifiestan en abril pasado.

“Gracias Israel por reconocer a las minorías arameas cristianas. Occidente, paren con la política de doble rasero hacia las naciones no islámicas”. Arameos cristianos israelíes manifiestan, en abril pasado.

Por Marcelo Kisilevski

Hace tiempo venimos explicando la persecución que sufren los cristianos a manos de los musulmanes en el Medio Oriente. Las pruebas más contundentes han venido de la mano de la siniestra organización Estado Islámico con sus crucifixiones, decapitaciones, conversiones forzadas, ejecuciones masivas y expulsiones de cristianos en Irak y Siria.

En Israel hace años ya, la comunidad árabe cristiana intenta separarse de su identidad árabe y abrazar la identidad israelí, por entender que muy bien no les ha ido con su histórica alianza con el panarabismo del siglo pasado, y con la nación árabe en general. Comenzó con un movimiento por el reclutamiento obligatorio de los cristianos al ejército israelí, un derecho-obligación que también solicitaron y se les concedió en su momento a los drusos israelíes.

Ahora el siguiente paso: el ministerio del Interior israelí ha concedido el pedido de los cristianos israelíes de que en sus cédulas de identidad, donde figura el apartado “Etnia” (en hebreo dice Leóm, Nación), en lugar de “Árabe” se lea “Arameo/a”. Se trata de una lucha de años, y ayer el ministro del Interior, Gideon Sáar, supo tomar la decisión correcta.

“No somos árabes, sino cristianos que sólo hablamos árabe”, explican, pero que hasta la conquista árabe en el siglo 7, hablaban arameo, el idioma más extendido en Palestina-Eretz Israel por siglos. En ese idioma se hablaba en Canaán y en la Península Arábiga premahometana, lo hablaron los hebreos, parte del Talmud y muchas plegarias están escritas en ese idioma. En arameo, probablemente habló Jesús. Hasta hoy en día el arameo es la “Lengua Sagrada” de las iglesias orientales.

El intento de ser parte

En los años ’50 del siglo pasado, cristianos como el sirio Michel Aflaq, uno de los ideólogos del Panarabismo y uno de los pensadores fundantes del partido Baath en ese país, intentaron con esta doctrina superar la barrera religiosa que los separaba de los musulmanes y elevar la identidad nacional como una instancia superadora del paradigma religioso, lo cual configuró su mejor intento de integrar el mainstream, e incluso el establishment mesoriental.

Pero el experimento salió mal a medida que el paradigma islamista se hacía carne, y en muchos lugares, el Medio Oriente se retrotrae hoy 1.400 años. No solamente en Irak o en Siria. Belén, la ciudad más importante de toda la grey cristiana en el mundo, ha sido vaciada prácticamente de cristianos en los últimos veinte años. Hoy es una ciudad musulmana, con un magro 1.5% de cristianos.

Israel, en cambio, es el único país en el Medio Oriente donde la comunidad cristiana crece. Lo ha hecho en un 1.000% desde 1948. Sin embargo, quizás con menos violencia, también son hostigados por sus supuestos conacionales, los árabes musulmanes israelíes. Ayer, los cristianos lograron oficialmente el divorcio.

El titular de la Asociación Aramea-Cristiana y capitán del ejército israelí, Shaadi Jalul, se emocionó y felicitó la decisión del ministro Sáar. “Es una decisión histórica y un viraje histórico en las relaciones entre cristianos y judíos en el Estado de Israel”.

Dijo más: “Es quitarles la carta de la mano a todos los antisemitas, que calumnian al pueblo judío y al Estado de Israel. Es la prueba de que Israel cuida a sus ciudadanos y las identidades de las minorías que viven en ella, a diferencia de todos los países árabes en nuestro derredor”.

Ahora se podrá hablar de tres iglesias o ramas cristianas israelíes: la Iglesia Aramea-Maronita (cuya mayoría se encuentra en el Líbano), la Iglesia Aramea-Católica, y la Iglesia Aramea-Ortodoxa. En Israel, en total, se trata de una comunidad de unos 133.000 arameos. Su reconocimiento como etnia separada de los árabes puede tener implicancias importantes, como la posibilidad de una red educativa separada de la árabe: hasta ahora, en las escuelas árabes sólo se estudia la heredad árabe, e islam.

Desde ahora, todo cristiano en Israel podrá optar por colocar “Arameo/a” en su cédula de identidad. La nación aramea ha renacido, y lo hace nada menos que en Israel. ¡Salud!