Ciento cincuenta años después: llega la conversión laica

Ya lo hemos dicho en este espacio: una de las batallas perdidas del sionismo frente a la religión fue el dejarle a ésta ser el custodio de las puertas de entrada al pueblo judío. De modo absurdo, en la época del Iluminismo, la Revolución Francesa y los estados-nación, el sionismo logra imponer su definición del judaísmo ya no como mera práctica religiosa, sino como un pueblo, una civilización, una nación, en el que la religión es un componente importrante y fundacional, pero no el único. Y la pregunta que se hace el goi laico -e incluso ateo- de buena voluntad es: “¡Excelente! No soy creyente, pero me gusta ese pueblo, su historia de coraje, su visión humanística de avanzada, su solidaridad y su amor por la sabiduría y la ciencia, su sentido de ayuda al resto del mundo.  La nación ‘x’ me ha decepcionado, quiero vivir en el seno de la nación judía. ¿Por dónde entro?” El sionismo, que compartía y comparte esta visión, le respondía y le responde: “Ah, genial, vaya al Rabinato Principal, cito en la calle Strauss, en el centro de Jerusalem. Después venga y seguimos bailando rikudim, hablando hebreo, construyendo y combatiendo por Israel, comiendo falafel y estudiando a Agnón y a Herzl”.

Los religiosos tienen argumentos en contra de esto que van a niveles ligados a la sangre: si la conversión laica -así como la conservadora y la reformista- no son aceptadas en Israel, los hijos de los conversos, que no están reconocidos por el rabinato ni por el total de los públicos ortodoxos, no podrán casarse con ellos, so pena de contraer un matrimonio mixto. Pasadas algunas generaciones no se podrá saber quién se convirtió por dónde, y el resultado será la endogamia de las comunidades ortodoxas, cada una dentro de sí, para no correr riesgos. Para ciertos argumentadores, la medida que voy a comentar  constituye el fin de la unión del pueblo judío. Pero otros rabinos ortodoxos admiten: todo es política, y también dinero. Los ortodoxos sabrán hallar argumentos muy eruditos con tal de no perder el control político que ostentan hoy. Pero cuando se les gane, si se les gana, bien podrán vivir con estas y otras cosas sin que se produzcan catástrofes inimaginables. Si esta heterodoxia ocurre en otras comunidades del mundo, también puede ocurrir aquí.

La cuestión, para ir de una vez al punto, es que el lobby laico junto con otras organizaciones, han decidido la creación de un Tribunal de Conversión independiente del Rabinato Principal. El nuevo Tribunal ofrecerá, además de las conversiones conservadoras y reformistas que existen ya hoy, también conversiones laicas y ortodoxas nacionales (datí leumí, los que reconocemos por su “kipá tejida”). Estas conversiones no serán reconocidas por el Rabinato Principal a los efectos de casamiento, pero el Ministerio del Interior deberá inscribir a los así conversos como judíos en el registro poblacional, informó el diario Haaretz.

El Foro por la Conversión Pluralista, impulsor de la medida, explica que apenas 1.800 personas pasan por el proceso de conversión cada año. Sin embargo, “hay 300.000 personas en Israel que han hecho aliá (inmigración) en el marco de la Ley del Retorno y que se ajustan a los criterios para ser convertidos, pero no están reconocidos como judíos en el registro poblacional. Se han integrado a nuestra sociedad, han sellado con nosotros un pacto por el cual comparten nuestro destino, pero no son aceptados como parte del pueblo judío, con todo lo que ello implica: negación de derechos civiles, alienación y rechazo”.

Agregan los impulsores de la medida, entre quienes se encuentra un argentino, el Dr. Efraim Zadoff, que “la oportunidad que se le dió al Rabinato de resolver el problema de la conversión ya fue utilizada; ha llegado el momento de quitarle el monopolio”.

Una de las innovaciones en esta vuelta de conflicto entre religión y estado en Israel, es la participación de los religiosos nacionales a favor de los que innovan. Ello fue posible sólo gracias a un fallo halájico de los ultraortodoxos por el cual se quitaba reconocimiento a todas las conversiones hechas por un rabino religioso nacional, el rabino Drukman. Ahora, los de “kipá tejida” se incorporan a esta nueva coalición con los laicos, con sus movimientos: “Fieles de la Torá y el Trabajo”, “Callejón sin Salida” (que ayuda a las mujeres negadas de divorcio), y “Kolej” (Tu voz, movimiento feminista sionista-religioso).

Por el momento, el único movimiento que da servicio de conversión laica al judaísmo es el movimiento “Tmurá”, del cual forma parte Zadoff, quien trabajó codo a codo con la rabina del movimiento, Siván Mass, para lograr que esta iniciativa sea por fin aprobada. La rabina Siván Mass anunció que ya en enero de 2009 comienza el primer curso de conversión laica en Israel. ¡Salud!

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2 pensamientos en “Ciento cincuenta años después: llega la conversión laica

  1. Conozco perfectamente los orígenes, historia y éxitos del sionismo, además estoy de acuerdo con tus palabras Marcelo en cuanto a la escencia del judío (un pueblo donde la religión ocupa un lugar importante y fundacional, pero no el único, eso incluso creo que hasta lo admiten los ortodoxos). No obstante eso, estoy en desacuerdo con esa idea de “liberalizar” el Judaísmo en Israel (en la diáspora es otra cosa). Me explico, en primer lugar, a pesar de que nunca fui religioso ni tuve demasiados conocimientos sobre Torá ni nada por el estilo, personalmente me siento mucho más seguro de que en Israel sea la ortodoxia la que tenga el monopolio de cuestiones tan delicadas y se refieren a nuestra identidad como los casamientos, los divorcios, los entierros y especialmente las conversiones. Y digo especialmente las conversiones por una simple razón… ¿se imaginan el caos que surgiría si los conservadores y aún peor los reformistas tuvieran, por ejemplo, el derecho de practicar conversiones y por ende aceptar como un judío capaz de hacer Aliá a cualquier latino, asiático o africano que, solo por escapar de su infierno personal y emigrar a un país económicamente próspero, está dispuesto a que un reformista lo “convierta” al Judaísmo (sin ningún tipo de trabas o limitaciones como hacen los reformistas)? sería un caos. En pocos años tendríamos en Israel el fin de la mayoría judía y la identidad hebrea de ese país. Los ortodoxos son los únicos capaces y con el conocimiento adecuado para saber cuándo una persona debe ser convertida al Judaísmo (si es por causas económicas, matrimoniales o estratégicas se lo niegan por poner un ejemplo) y en definitiva mantener la tradición judía del Estado de Israel (como lo vienen haciendo desde hace 2000 años en el seno de nuestro pueblo). Y esto lo digo, repito, sin tener nada que ver con la ortodoxia. Pero cuando de la identidad judía de Israel, la religión, las conversiones o legislación cultural se trata, prefiero que los ortodoxos tengan el poder, así como prefiero que los laicos tengan el poder en todas las otras cosas que hacen al ejercicio práctico gubernamental. Se trata de un balance. Los ortodoxos nunca gobiernan cuestiones delicadas como la seguridad, la economía, las relaciones exteriores… pero con la identidad judía de Israel, no se jode… prefiero que sean ellos los que tengan el mando de la cuestión, a modo de llave de seguridad.

    Un saludo

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  2. Andrés, te entiendo, y tu temor, entre nos, es justificado. Pero es lo que digo que dicen muchos buenos israelíes laicos: los religiosos son garantía de muchas cosas, dicen: de la continuidad del judaísmo, del pueblo judío y del mismísimo Estado de Israel. Pobre cosa, el sionismo, si ha llegado a esta miserable dependencia de los religiosos y de la religión, y si sus cuadros sionistas, del que te declarás parte fiel, llegan también a esta conclusión. Se trata de la quiebra del Movimiento Sionista como recipiente de la totalidad judía. Pues, en lugar de construir un judaísmo laico por la positiva: con contenido, portador de la heredad cultural del judaísmo, su filosofía, su sabiduría y su historia, construyó un pueblo judío que es laico por omisión, vacío de contenidos. En cambio, existen otras alternativas, muchos movimientos y organizaciones que hoy buscan responder a ese interrogante y llenar el vacío que, a pesar de Ajad Haam, hasta ahora no se pudo llenar. Por eso, a no claudicar banderas, que el judaísmo es demasiado importante para dejarlo en las exclusivas manos de los rabinos. Esta historia continuará…

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