¿Cierran el Ulpán Etzion?

La conciencia -quizás por dictado de la subconciencia- se niega a titular sin signos de pregunta. Pero parece que el Ulpán Etzion se cierra. Ahí están los ex alumnos intentando hacer algo, pero parece que en la Sojnut ya no queda mucho con quién hablar. Aparentemente no queda ya lo que hacer, y el próximo curso del histórico Ulpán, dicen, será dictado en el centro de absorción de Beit Canada, hasta que se consigan, siguen diciendo, los millonarios fondos necesarios para no cerrar el querido campus de Baka. Los que entienden de dinámicas institucionales comprenderán que se trata del fin de esta institución.

El Ulpán Etzion fue el primer ulpán, fundado allá por 1949, apenas creado el estado. Queda en la calle Gad 6 del barrio de Baka en Jerusalem, y es el lugar donde jóvenes académicos, solteros y solteras, pasan los primeros 5 meses de su vida en Israel. Ellos y los jóvenes matrimonios, los «externim», estudian hebreo cada mañana en el que es probablemente el mejor ulpán del país.

La Sojnut, ya se sabe, es un transatlántico en proceso de hundición. No digo Titanic, porque hace tiempo que nadie baila ya en la cubierta. Mi solidaridad con los trabajadores de la organización, que ya han empezado a ser víctimas de la situación, y a evaluar sus posibilidades personales a futuro.

Y tampoco puedo discutir hasta el final contra los argumentos del cierre. Si no cierran Etzion primero, ¿qué habrá que cerrar (o privatizar, como se baraja) antes? ¿Los ulpanim generales, donde se enseña el idioma a las familias de olim (inmigrantes)? ¿Los de los judíos etíopes? Cuando eso ocurra, espero que toda la sociedad israelí gane las calles en protesta.

Y sin embargo, la decisión de empezar el recorte de ulpanim por Etzion tiene olor a mensaje. El Etzion es el lugar adonde llegan jóvenes académicos que hacen aliá por convicción, trayendo un capital intelectual invaluable al país, junto con una convicción ideológica que en otros centros no está garantizada. Sus egresados se integran en mayores porcentajes que los de otros centros a los lugares clave y de liderazgo en ámbitos del desarrollo académico, económico, político y del tercer sector en la sociedad israelí.

Empezar el recorte por allí, por más argumentos ligados al caro alquiler del edificio y demás, transmite un grave mensaje de quiebra de la Agencia Judía y el Movimiento Sionista en su conjunto. Una quiebra que no es sólo económica, sino una quiebra en la moral y en lo moral, en la energía, en el «nos importa», en el mandato. A la Agencia Judía parece faltarle no sólo el dinero, sino las ganas de vivir. Como el moribundo, que además de su enfermedad, al final del camino, lo aqueja una grave depresión y baja los brazos.  ¿Habrá alguna sección, o alguna persona, dentro de la vieja Agencia, que pueda reaccionar y salir del pozo depresivo en el que ha caído?

Los dejo con la carta de los ex alumnos, entre los que me cuento, que luchan por el no cierre. Hagan copy-paste y difundan:

«A quien corresponda:
Esta es una carta de los Bogrim (egresados) actuales y pasados de Ulpán Etzion, un legado de las últimas 60 generaciones del Olim.
 
Ulpán Etzion es el primer Ulpán de Hebreo, fundado en 1949 y ubicado en la céntrica zona de Baka, en Jerusalén.  Ha existido desde la fundación del Estado de Israel. El campus del Ulpán en Baka estará cerrando sus puertas en los próximos días por decisión de la Agencia Judía (Sojnut).
 
Durante los últimos 60 años el Ulpán Etzion ha sido el primer hogar en Israel para miles de jóvenes académicos Olim  del mundo entero. Incluso hoy, jóvenes adultos sionistas llegan a Ulpán Etzion para aprender hebreo, comenzar una vida en Israel y contribuir a la sociedad israelí. Los egresados del Ulpán, los estudiantes actuales y los trabajadores de la institución esperamos que en conjunto podamos cambiar la decisión de la Agencia Judía de clausurar este campus histórico, para que sus puertas sigan abiertas para las generaciones futuras de Olim. 
 
Te urgimos a reenviar este mensaje y sumarte a la lucha para salvar esta institución tan significativa e histórica.
 
Para más información y participar:
save@ulpanetzion.com
www.ulpanetzion.com
Unite www.facebook.com/group.php?gid=64764776256

A estudiar hebreo, pero ya no en el Etzion.

A estudiar hebreo, pero ya no en el Etzion.

Ciento cincuenta años después: llega la conversión laica

Ya lo hemos dicho en este espacio: una de las batallas perdidas del sionismo frente a la religión fue el dejarle a ésta ser el custodio de las puertas de entrada al pueblo judío. De modo absurdo, en la época del Iluminismo, la Revolución Francesa y los estados-nación, el sionismo logra imponer su definición del judaísmo ya no como mera práctica religiosa, sino como un pueblo, una civilización, una nación, en el que la religión es un componente importrante y fundacional, pero no el único. Y la pregunta que se hace el goi laico -e incluso ateo- de buena voluntad es: «¡Excelente! No soy creyente, pero me gusta ese pueblo, su historia de coraje, su visión humanística de avanzada, su solidaridad y su amor por la sabiduría y la ciencia, su sentido de ayuda al resto del mundo.  La nación ‘x’ me ha decepcionado, quiero vivir en el seno de la nación judía. ¿Por dónde entro?» El sionismo, que compartía y comparte esta visión, le respondía y le responde: «Ah, genial, vaya al Rabinato Principal, cito en la calle Strauss, en el centro de Jerusalem. Después venga y seguimos bailando rikudim, hablando hebreo, construyendo y combatiendo por Israel, comiendo falafel y estudiando a Agnón y a Herzl».

Los religiosos tienen argumentos en contra de esto que van a niveles ligados a la sangre: si la conversión laica -así como la conservadora y la reformista- no son aceptadas en Israel, los hijos de los conversos, que no están reconocidos por el rabinato ni por el total de los públicos ortodoxos, no podrán casarse con ellos, so pena de contraer un matrimonio mixto. Pasadas algunas generaciones no se podrá saber quién se convirtió por dónde, y el resultado será la endogamia de las comunidades ortodoxas, cada una dentro de sí, para no correr riesgos. Para ciertos argumentadores, la medida que voy a comentar  constituye el fin de la unión del pueblo judío. Pero otros rabinos ortodoxos admiten: todo es política, y también dinero. Los ortodoxos sabrán hallar argumentos muy eruditos con tal de no perder el control político que ostentan hoy. Pero cuando se les gane, si se les gana, bien podrán vivir con estas y otras cosas sin que se produzcan catástrofes inimaginables. Si esta heterodoxia ocurre en otras comunidades del mundo, también puede ocurrir aquí.

La cuestión, para ir de una vez al punto, es que el lobby laico junto con otras organizaciones, han decidido la creación de un Tribunal de Conversión independiente del Rabinato Principal. El nuevo Tribunal ofrecerá, además de las conversiones conservadoras y reformistas que existen ya hoy, también conversiones laicas y ortodoxas nacionales (datí leumí, los que reconocemos por su «kipá tejida»). Estas conversiones no serán reconocidas por el Rabinato Principal a los efectos de casamiento, pero el Ministerio del Interior deberá inscribir a los así conversos como judíos en el registro poblacional, informó el diario Haaretz.

El Foro por la Conversión Pluralista, impulsor de la medida, explica que apenas 1.800 personas pasan por el proceso de conversión cada año. Sin embargo, «hay 300.000 personas en Israel que han hecho aliá (inmigración) en el marco de la Ley del Retorno y que se ajustan a los criterios para ser convertidos, pero no están reconocidos como judíos en el registro poblacional. Se han integrado a nuestra sociedad, han sellado con nosotros un pacto por el cual comparten nuestro destino, pero no son aceptados como parte del pueblo judío, con todo lo que ello implica: negación de derechos civiles, alienación y rechazo».

Agregan los impulsores de la medida, entre quienes se encuentra un argentino, el Dr. Efraim Zadoff, que «la oportunidad que se le dió al Rabinato de resolver el problema de la conversión ya fue utilizada; ha llegado el momento de quitarle el monopolio».

Una de las innovaciones en esta vuelta de conflicto entre religión y estado en Israel, es la participación de los religiosos nacionales a favor de los que innovan. Ello fue posible sólo gracias a un fallo halájico de los ultraortodoxos por el cual se quitaba reconocimiento a todas las conversiones hechas por un rabino religioso nacional, el rabino Drukman. Ahora, los de «kipá tejida» se incorporan a esta nueva coalición con los laicos, con sus movimientos: «Fieles de la Torá y el Trabajo», «Callejón sin Salida» (que ayuda a las mujeres negadas de divorcio), y «Kolej» (Tu voz, movimiento feminista sionista-religioso).

Por el momento, el único movimiento que da servicio de conversión laica al judaísmo es el movimiento «Tmurá», del cual forma parte Zadoff, quien trabajó codo a codo con la rabina del movimiento, Siván Mass, para lograr que esta iniciativa sea por fin aprobada. La rabina Siván Mass anunció que ya en enero de 2009 comienza el primer curso de conversión laica en Israel. ¡Salud!

En el tintero: Una a favor de Jabad

Reasumo después de una semana de trabajo muy intensa, en la que pasaron muchas cosas y muchas más me quedaron por decir. Ya habrán visto que me tocó contar el atentado en Bombay para Clarín, así que aproveché y usé las notas como posts, cosa de no faltar demasiado a este «trabajo» tampoco.

Se puede hablar horas de lo que pasó ahí, pero me quedé con las ganas de hablar bien de Jabad, aunque suene sorpresivo o desubicado viniendo de un laico declarado, o bien a destiempo. Pero lo es cierto es que Jabad nos provoca una sensación de incomodidad que cuesta definir a los que estamos afuera. Como no aceptamos lo que viven los de adentro a nivel ideológico, nos consolamos pensando que les «lavan el cerebro». Nos sentimos bárbaro pensando que Jabad utiliza las más altas tecnologías y las más refinadas técnicas de marketing para manipular a las masas de judíos perplejas por la globalización y la malaria económica. Y que para ello mueven grandes cantidades de dinero. En resumen, mala gente.

Cuando la verdad es que lo que tenemos es envidia. Envidiamos a Jabad, ante todo, porque tienen éxito. Porque cuando nosotros hacemos marketing, lo llamamos marketing. Cuando Jabad hace el mismo marketing, lo llamamos «manipulación» y «lavado de cerebro». ¿Y para qué hacen marketing? No sólo para captar, traer hacia adentro de sí a más adeptos, sino para hacer el bien tal como ellos lo entienden, y como lo creen de corazón.

Por supuesto que hay (o puede haber) un cálculo estadístico dentro de su «business plan»: de tanta gente para la que hagamos mitzvot sin mirar a quién, un porcentaje «x» vendrá a otra charla, un porcentaje «y» del cual se convertirá en habitué, un porcentaje «z» del cual comenzará un proceso de teshuvá, de volverse religiosos. ¿No es el tipo de cálculo de ventas que hace o debiera hacer cualquier empresa seria? ¿Y no dicen hoy que las organizaciones del tercer sector se comportan o se debieran comportar en gran medida como empresas para poder crecer? Jabad es pionera en asimilar conceptos del marketing, del maxi-marketing y del posicionamiento a su institución/organización/movimiento sin fines de lucro, tema sobre el que ya escribieron, entre otros, Peter Druker, gurú del marketing moderno. En ese sentido, kol hakavod Jabad.

Porque además hay otro punto. Jabad invierte en estar presente en la mayor cantidad de lugares posible. Se podría decir que esa es su misión intra-institucional, así como la de Walt Disney era «cuidar hasta el mínimo de los detalles». Y lo que lleva a esa cantidad de lugares con la que ningún movimiento laico se ha atrevido siquiera a soñar, es «Toire» al estilo jasídico: valores, no sólo místicos, sino aquellos ligados a lo humanístico y a lo afectivo entre la gente: la hospitalidad, la tzedaká, el sentido del dar, también la alegría, la dimensión del cuerpo puesto en acción junto con el alma, en el baile, chupi incluido. Dirán: eso es por los millones que mueven, que andá a saber quién y por qué los pone. ¿Saben qué? Ojalá todos los que tienen esos millones, lo pusieran en cosas en las que creen, en lugar de patinárselos en placeres, amantes, diamantes, y viajes por el mundo. Tampoco los filántropos laicos, que los hay, y muy fuertes, no dedican sus esfuerzos al reaching out a un nivel mundial como lo hace Jabad. Entonces, a no quejarse.

Es cierto: me hace un poquito de «ruido» la campaña que están haciendo ahora, justo después de Bombay, sobre «¿En qué podés ayudar?», es como que alguien se olvidó allí de poner el freno, y no es la primera vez que les pasa. Cualquier experto en marketing, ahora, les recomendaría guardar silencio por un buen rato, dejando que los Kisilevskis del mundo les hagan, sin que se los pidan, prensa a favor.

Pero ya los volveremos a criticar cuando se nos pase este ataque de fervor jabadnik. Hoy elijo perdonarles el desliz, contarles que los laicos de buena voluntad sí creemos que su presencia en Bombay, en Moscú y en Tanganika es buena para los judíos, y que esperamos que otros movimientos más racionales y menos alegres, por el bien de la pluralidad judía, atinen algún día, en lugar de a criticarlos, a preguntarles cómo lo hacen.