Desafíos y oportunidades en el nuevo Medio Oriente

Por Marcelo Kisilevski*

Hasta que no se estabilice el volcán que todavía ruge en el Medio Oriente, no será posible medir las consecuencias que esta erupción histórica tendrá para Israel. Estas podrán ser positivas, negativas y combinadas, y las acciones que emprenda este país pueden reducir los riesgos y potenciar las oportunidades. No queda claro, sin embargo, qué panorama (o qué canal) está viendo el actual gobierno israelí.

El gobierno de Tantawi en Egipto ha declarado que cualquier gobierno que surja en el actual proceso de democratización respetará los acuerdos firmados con Israel. Esta es la principal preocupación en Jerusalem, y el gobierno ha hecho bien en mantener un silencio de radio prácticamente total en lo que va de las revueltas.

Pero el punto no está asegurado. Un 77% de los egipcios ha votado a favor de las reformas, que implican el llamado a elecciones abiertas, una presidencia de 4 años con una sola posibilidad de reelección, entre otros puntos.

Sólo que, de los grupos opositores, el grupo fundamentalista Hermanos Musulmanes es el mejor organizado. Llegaron a un acuerdo con Tantawi para su relegalización e, incluso, la restitución de cuantiosos fondos congelados durante años por el gobierno de Mubarak, que los ha sabido mantener a raya por décadas. Ahora, los Hermanos han anunciado que no postularán un candidato presidencial propio, pero sí participarán en los comicios parlamentarios. No hay sondeos de intención de voto, pero el grupo, que se ha fortalecido mucho en esta revolución, podría tener un peso decisivo en el parlamento egipcio y signar desde allí el destino del acuerdo con Israel, al que detestan.

Este acuerdo, en efecto, es visto por la calle egipcia como uno de los signos de la corrupción del régimen de Mubarak, lo cual se reflejó en la última interrupción del suministro de gas a Israel. Esto, y los Hermanos Musulmanes, padres ideológicos del Hamás en los territorios palestinos, y de la Jihad Islámica en todo el Medio Oriente, siguen siendo factores de cuidado para Israel.

En Jordania, el rey Abdallah pertenece a la tribu Hashemita, descendiente de la dinastía de Mahoma en persona, lo cual le vale cierta popularidad y prestigio. Pero los Hermanos Musulmanes, que allí se llaman Frente de Acción Islámica, rechazaron la propuesta del nuevo primer ministro jordano, Maaruf Batith, de participar en una comisión reformadora. En Jordania en general hay una fuerte oposición al acuerdo de paz con Israel, liderada por los Hermanos Musulmanes y los sindicatos de trabajadores. Con manifestaciones masivas, sobre trasfondo del congelamiento en el proceso de paz con Israel, buscan hacer tambalear el trono de Abdallah.

El tema israelo-palestino prácticamente desapareció de los titulares en la prensa mundial. Más significativamente, desapareció también de la prensa árabe. Aquí y allá, como en el Yemen, los mandatarios jaqueados intentaron jugar la carta de Israel, acusándolo de estar detrás de los desmanes, pero las opiniones públicas árabes no compraron. El continuado bloqueo, la reapertura del paso de Rafah, el malestar de las masas en la Franja de Gaza, dejaron de ser relevantes para los medios a la hora de seguir los procesos en el mundo árabe. Los jóvenes que manifiestan en la Plaza Tahrir, en El Cairo, también en Siria, Yemen y Bahrein, están más preocupados por su falta de futuro, el estancamiento económico, la falta de libertades y la violación a los derechos humanos, que por la construcción israelí en la Margen Occidental.

Probablemente con eso tenga que ver la escalada de violencia en las últimas dos semanas. La organización fundamentalista Hamás en la Franja de Gaza intenta recuperar la pantalla perdida, y para ello vuelven a escalar el lanzamiento de misiles, Qassam y Grad, estos últimos suministrados por Irán. Con un nuevo proyectil, lograron mejorar su capacidad de puntería, al dar de lleno en un autobús escolar israelí lleno de niños.

En la Margen Occidental, en tanto, el panorama es bien diferente. Los intentos de instigar una tercera intifada en mayo, “a la El Cairo” desde facebook, no parece levantar vuelo, según lo mostró un relevo del Canal 2 de la televisión israelí. Si bien “nunca se dice nunca” en el Medio Oriente, en Ramallah y demás ciudades se ha comenzado en los últimos años un proceso de construcción del futuro estado palestino. La calidad de vida de la gente está mejorando, crece paulatinamente el empleo y la cultura del tiempo libre.

Al punto tal, que el Banco Mundial ha indicado hace una semana que, desde un punto de vista estrictamente económico, los palestinos, siempre en Cisjordania, están listos para tomar las riendas del estado en ciernes. Dadas esas circunstancias, una intifada en estos momentos no sería una buena apuesta. La mejor prueba tuvo lugar ya en 2009, durante la operación Plomo Fundido: si ese fulminante ataque israelí en Gaza no desató entonces la tercera intifada de sus hermanos en Cisjordania, significa que hay una interna bien abierta entre los dos bloques palestinos, y que del lado de Mahmud Abbas y el Fatah, la gente interpreta que tiene mucho más para perder que para ganar, de decidir volver a empuñar piedras y cinturones explosivos.

Hasta ahora, en los hechos, la influencia cairota en la Autoridad Palestina se manifestó en la forma de un nuevo movimiento, el “15 de marzo”, de jóvenes que se autoconvocaron vía facebook a manifestar –y lo hicieron con mucho éxito de asistencia- por la reunificación de Cisjordania y Gaza y, en una segunda etapa, por el fin de la ocupación israelí. Ni Fatah ni Hamás sienten simpatía por este grupo no violento y no alineado. Por ello, Mahmud Abbas lanzó una iniciativa de reconciliación con Hamás, para un gobierno de unidad nacional y un llamado conjunto a elecciones, pero el plan fue vetado por Hamás-Damasco. En septiembre, la ONU podría deliberar sobre la creación de un estado palestino en las fronteras de 1967, con una aprobación internacional masiva, tal como ya lo prometieron numerosos países latinoamericanos, entre ellos la Argentina.

Ante esta situación de incertidumbre, Israel haría muy bien en recuperar la iniciativa, y neutralizar el frente palestino para poder dedicarse a asegurar las defensas frente a Egipto y, sobre todo, frente a Irán. En este caso, neutralizar no significa reprimir, sino, por el contrario, ejecutar los principios de la propia doctrina israelí de seguridad. A saber, lo que viene diciendo siempre Israel: que en el momento en que los palestinos abandonen el terrorismo como base de su accionar, Israel estará dispuesto a tender su mano de paz, y a firmar “mañana mismo” el acuerdo.

Pero el gobierno actual se ha llamado a parálisis. Le es muy cómoda a Biniamín Netanyahu la situación actual: en Cisjordania no disparaban desde hace ya años –sólo cabe esperar que los atentados en Itamar y en la Estación Central en Israel no hayan signado el cierre de esa ventana de oportunidad- y el Hamás está aislado en Gaza. La Fuerza Aérea responde sin problemas, y la nueva maravilla, el sistema Cúpula de Hierro, intercepta exitosamente los misiles palestinos más peligrosos. La construcción en los territorios empieza a recobrar vida, y la coalición, en este estado de cosas, está más estable que nunca.

¿Por qué habría un primer ministro en su sano juicio, cuyo objeto principal es llegar al fin de su mandato sin haberse caído del sillón, de cambiar el status quo? Las amenazas que plantea el nuevo Medio Oriente en gestación, que no son pocas, bien podrían llenar una exitosa campaña electoral del Likud. Las oportunidades, en cambio, se transmiten, en lo que a Bibi Netanyahu y el Likud respecta, por otro canal.

* Publicado por Nueva Sión, http://www.nuevasion.com.ar/articulo.php?id=5351, 26.4.11. El artículo fue escrito antes del acuerdo de unidad nacional entre Fatah y Hamás. 

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