Algo huele mal en Dinamarca

Europa no tiene problema con la libertad de expresión, sino con el islam radical. Nuevamente volvió a atacar en Europa, esta vez en Copenhague. Nuevamente en un centro, un café, reunión de intelectuales, y en una sinagoga. Parece un patrón que se repite desde París: asesinato de intelectuales, que representan los valores de Occidente, y la rúbrica antisemita, parte central del ADN del islam radical.

Pero en Copenhague, como en París, no se protesta contra el islam radical, sino por la libertad de expresión, y la pregunta hoy es: ¿hacia quién va dirigida la protesta? El gobierno de Francia y el de Dinamarca, justamente promueven la libertad de expresión, y son laxos incluso a expresiones que en el propio EEUU no serían políticamente correctas: la sátira religiosa.

Pero Europa sigue hundiendo su cabeza en las arenas de la corrección política de no mencionar al islam radical en sus protestas y reuniones de café, porque incluir al islam radical puede pecar de “islamofobia”. Cuando la realidad es inversa: perdonar a la ideología nefasta del islam radical en nombre de la corrección política, atenta contra la religión musulmana bien entendida, al punto que sus exponentes deben ocultarse en Occidente, pues en el Medio Oriente sus días estarían contados.

Hacer la vista gorda frente al islam radical, es lo que seguirá poniendo a Europa y a todo Occidente en peligro mientras la intelectualidad europea siga reclamando -¿a quién?- libertad de expresión.

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