LA TOLERANCIA INTOLERANTE

QuemaTrump

A raíz del exitoso sabotaje al acto eleccionario de Donald Trump en Chicago. Negros, latinos, musulmanes -todas las minorías atacadas por Trump en su campaña- irrumpieron en la sala, rompieron y quemaron carteles, armaron un tole tole tremendo y Trump suspendió su acto. “Cumplimos nuestro cometido”, dijeron los manifestantes, mientras los “trumpistas” coreaban: “We want Trump”.

“Es una vergüenza”, dijo un trumpista. “Gritan y exigen tolerancia, pero ellos mismos no son tolerantes. Es simplemente ilógico”.

Tiene razón. Pero es que así somos los humanos y así son todos los extremismos, las revoluciones y las contrarrevoluciones. Nadie se cree el malo de la película cuando comete sus atropellos. En la URSS inventaron los gulags en nombre del noble socialismo, y la elite de funcionarios del Soviet para glorificar una sociedad sin clases. Los nazis inventaron las cámaras de gas para ennoblecer a la especie humana enalteciendo a su mejor raza por sobre las demás. Los norteamericanos lanzaron bombas atómicas y Napalm para propiciar un mundo libre, defensor de los derechos humanos. Los gobiernos de izquierda en Latinoamérica combaten a la prensa disidente en nombre de la libertad de expresión.

Porque somos contradictorios. En la vida cotidiana lo mismo. El adolescente que se encierra en su cuarto de un portazo, no habla con nadie, y afirma -con razón- que nadie lo entiende. El que insulta desde su coche o le cruza su vehículo a otro porque ese -no él- maneja mal. La maestra que grita desgañitada a sus alumnos que se callen, mientras intenta enseñarles urbanidad. La esposa que pide a su marido que ordene su escritorio mientras… Ah, no. Ese soy yo, y ella tiene razón, sin atenuantes. Adiós.

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