TRUMP NO ES EMPLEADO DE ISRAEL, PUTIN TAMPOCO

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Siria y el Medio Oriente a manos de Putin, en bandeja de plata.

Por Marcelo Kisilevski

El que pensaba que Israel tenía el presidente norteamericano más favorable a Israel de la historia, solo porque tiene un yerno judío y una hija convertida al judaísmo, y por haber mudado la embajada a Jerusalén, que piense de nuevo. Su decisión de esta semana de retirar a sus dos mil soldados de suelo sirio, con la oposición del Pentágono, de la Secretaría de Defensa y del partido Republicano, demuestran que Trump no está en el bolsillo de nadie. Mucho menos en el de Israel.

Ya desde la administración Obama se viene dando un proceso de retirada norteamericana del Medio Oriente, dejando un tendal. Cuando la retirada de Obama de Irak, se dijo de EEUU que había cometido dos errores: entrar en Irak en 2003, y salir de Irak en 2014. La invasión fue un error porque Saddam Hussein no tenía armas no convencionales, causal de la guerra, y porque el corolario fue el derrocamiento del dictador, que era brutal y genocida, pero que oponía un dique para algo peor: la expansión de la revolución islámica radical chiíta iraní por todo el mundo árabe y una hegemonía iraní en todo el Medio Oriente.

La retirada en 2014 fue el segundo error, precisamente por eso. Desde entonces ya no existe tampoco un dique norteamericano, e Irán, lento pero seguro, ha ido plantando sus banderas, hasta ahora, en cuatro países y medio:

-En Irak, el gobierno chiíta pero árabe, ya se debate en el abrazo de oso iraní, chiíta pero persa, poderoso y con ambiciones; en Siria, la presencia militar ya es inamovible y, una vez retirado Trump, e instalado Putin a sus anchas, no habrá incursión israelí que modifique la situación.

-En el Líbano Irán posee –con todo lo que implica la “posesión” de personas y armas- a Hezbollah.

-En Yemen, la minoría houthi, chiítas protegidos por Irán, han tomado la capital Sanaa y provocado una guerra que ya no es civil, sino el enfrentamiento encarnizado entre Irán y Arabia Saudita sobre los cuerpos de la población yemenita, en lo que constituye la crisis humanitaria más grande de la historia post Segunda Guerra Mundial, con ya más de 80.000 niños muertos por bombardeos e inanición. Habría que preguntar dónde se han escondido todos los militantes por los derechos humanos de Occidente, o algún BDS anti saudita y anti iraní en estos días, ante la noticia de decenas de miles de niños, entre más decenas de miles de muertos de todas las edades, muertos literalmente de hambre. Pero parece que las vidas de niños yemenitas no valen tanto el esfuerzo.

-Y nos falta nombrar el medio país: Gaza. Allí, Irán sostiene de modo intermitente a Hamás, y de modo permanente a la Jihad Islámica, quedando armado así un movimiento de pinzas contra Israel, cuya destrucción es parte del programa de Estado iraní: Hamás por el sur, Hezbollah por el norte, y que Israel decida de quién se defiende primero y de qué manera.

Con esto se va completando un corredor geopolítico iraní entre el Golfo Pérsico y el Mediterráneo, que pasa por el centro chiíta de Irak y la Siria de Bashar el Assad, amenazando de modo ominoso a Israel por el norte y por el sur.

La “compleja” mentalidad norteamericana

EEUU, jamás entendió el conflicto en el Medio Oriente entre chiítas y sunitas, ni el enfrentamiento entre fuerzas nacionalistas dictatoriales laicas, por un lado, e islamistas radicales, por el otro. Para la mentalidad norteamericana, solo existen los términos “democracia o dictadura”, “terrorismo o calma”, intereses petroleros defendibles o no defendibles, o bien, crudo necesario o innecesario. En ese sentido no hay corte entre Trump y Obama. La única discontinuidad de políticas –no de superficialidad- se da en Siria.

Cuando Obama exigía una solución que no incluyera a Assad, se movía sobre el eje democracia-dictadura que venía desde las primaveras árabes. Con esa misma y estrecha visión, ya había apoyado la primavera árabe en Egipto, por tratarse de un reclamo de democracia, y provocado caída de un aliado, Hosni Mubarak, dictatorial, por cierto, pero conllevando a una catástrofe peor, la de un Egipto gobernado por la Hermandad Musulmana, lo que ese país tuvo que “corregir” con el advenimiento de otra dictadura laica, la del actual Abed El Fatah A-Sisi. La democracia te la debo.

Cuando hoy Trump se retira de Siria, en cambio, está girando sobre el eje terrorismo-calma: “Si Putin y Assad combaten a ISIS igual que nosotros, no entiendo por qué hay que derrocar a Assad”, dijo en su momento el empresario devenido presidente, siempre tan profundo. Tampoco en la actual Casa Blanca tienen importancia medio millón de muertes y doce millones de personas convertidas en refugiados y desplazados. Así de simplistas y peligrosas son las visiones norteamericanas de los asuntos de este barrio.

Según Alón Pinkas, quien fuera Cónsul General de Israel en Nueva York, las motivaciones de Trump y de EEUU en general para esta retirada, vinculadas a procesos propios, tienen cuatro motivos centrales:

1) Independencia energética: EEUU no requiere ya más del petróleo del Medio Oriente, pudiendo producir por sí mismo más petróleo que Arabia Saudita y Rusia juntos, gracias a sus nuevas tecnologías de perforación.

2) Fatiga y desangramiento continuados como resultado de las aventuras militares en Afganistán e Irak.

3) Toma de conciencia y decepción continuas respecto del mundo árabe, y la no necesidad de acuerdos pro-norteamericanos para frenar a la Unión Soviética, ya inexistente.

4) Mudanza del foco de las preocupaciones norteamericanas al Lejano Oriente y, en particular, el tsunami geopolítico chino.

Irán, dice Pinkas, sigue siendo una preocupación debido a sus ambiciones nucleares, pero no se requiere presencia militar en Siria para hacerle frente.

Ganadores y perdedores

El gran ganador de esta partida se llama Vladimir Putin, a quien Trump acaba de entregarle Siria en bandeja de plata, convirtiéndose en el nuevo sheriff de la región. Para eso ha trabajado duro, ha invertido, enviado aviones y pilotos, bombardeado directamente –y no solo a través de testaferros sirios- a civiles de ese país, y hecho la vista gorda a la penetración iraní. Putin se lleva un merecido premio que, quizás, le haga ganar otro: la vista gorda occidental, definitiva, en Crimea.

Putin no es anti israelí, pero tampoco él cobra sueldo en la ventanilla del despacho de Biniamín Netanyahu. Así lo demuestra, por un lado, la posibilidad del premier israelí de coordinar posiciones con su par ruso en cuanto a las incursiones hechas hasta ahora en suelo sirio y, por otro, el incidente con el derribamiento del avión de combate ruso, del cual Putin culpa a Israel.

Putin sí tiene interés en el petróleo mesoriental y en la posibilidad de dar salida a armas de su fabricación, para bien de la implosiva economía rusa. Putin ya ha anunciado que ampliará sus bases militares en la costa mediterránea siria. Y, una vez retirado Trump, habrá que estar atentos a la actitud de Putin para con Israel de acá en más.

Los que pierden allí son los kurdos. El bolsón kurdo generado en el noreste sirio está asediado por Assad desde el sur y por Erdogán, el mandatario turco, por el norte. Una vez retirado EEUU, traicionando una vez más a sus aliados, 2019 podría ser también el fin del sueño independentista de unos kurdos que hoy temen, lisa y llanamente, por sus vidas.

Y el que pierde, también, es Israel. Este país deberá pensarse ahora en una realidad mesoriental con un nuevo patrón, Putin, una realidad en la que Irán queda definitivamente instalado en Siria, y la volatilidad de la frontera con el Líbano ya no cuenta con una disuasión norteamericana. El mensaje es que esta dinámica entre Irán y el mundo árabe, fogoneada por Rusia, y en la que Israel se siente el pato de la boda, ya no es problema de Washington, y 2019 podría ser un año de estallidos violentos varios en su frontera norte, no solo en Gaza. No por nada la respuesta de un malherido y traicionado Netanyahu a la noticia de la retirada norteamericana en Siria fue lacónica, hasta, se diría, triste: “Israel sabrá defenderse”.

Muchos en Israel habían advertido de que la mudanza de la embajada a Jerusalén podría tener un precio posterior. Quizás sea este. Quizás siga con el “Plan de paz del siglo” a ser propuesto por Trump para resolver el conflicto con los palestinos. Quizás esta retirada sea un bofetazo demasiado desproporcionado contra Israel. Y, dado que, también se dice, la amistad entre EEUU e Israel es profunda y trasciende presidentes pasajeros, habrá que ver de qué manera se sigue poniendo de manifiesto de acá en más.

 

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3 pensamientos en “TRUMP NO ES EMPLEADO DE ISRAEL, PUTIN TAMPOCO

  1. “Su decisión de esta semana de retirar a sus dos mil soldados de suelo sirio, con la oposición del Pentágono, de la Secretaría de Defensa y del partido Republicano, demuestran que Trump no está en el bolsillo de nadie.”

    Al contrario. Si hay una explicación lógica que ate todas las acciones de Trump desde que comenzó la campaña hasta hoy en día, es que está en el bolsillo de los rusos. Esta acción no rompe el patrón.

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  2. Netaniahu fue muy, increiblemente claro tratandose de un politico tan experimentado como él, durante el año pasado, cuando afirmo: “Israel va a vivir siempre con la espada en la mano”
    Israel se creo con asentamientos armados hace ya mas de un siglo y siempre vivio gracias a la proteccion de su armamento, sin demasiada ayuda de nadie.y como dijo Rabin: “Nuestra última guerra sera la que perdamos”
    No hay mucho mas que agregar, salvo recordar que que lo acaba de hacer Trump no es otra cosa que lo que siempre han hecho los eternamente temporarios y parciales, aliados de Israel.

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  3. No son afortunadas al inicio las afirmaciones sobre el yerno y la hija de Trump. Las medidas de apoyo de su gobierno a Israel exceden en mucho el traslado de la embajada a Jerusalem.

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