Bibi, el grande. Y su esposa. Y su hijo

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Por Marcelo Kisilevski

La estatua dorada en tamaño natural de Biniamín Netanyahu, del artista Itay  Zalaít, se elevaba cuatro metros y medio (sumando su pedestal) en medio de la Plaza Rabin en Tel Aviv, esta semana. Dice que lo hizo como una instalación artística para generar el debate sobre la libertad de expresión. Los más cínicos dicen que fue para obtener de una vez sus quince minutos de fama. Fue sin permiso municipal, en medio de la noche, y la gente que pasaba se desayunaba a la mañana con la extraña visión. Algunos se rieron, otros se enfurecieron, todos hicieron selfies, y después de unas horas, un ciudadano iracundo la volteó y entre varios la destrozaron. Más que una muestra artística con debate, se pareció al volteo de las estatuas de Lenin al fin de la Guerra Fría, la de Saddam Hussein luego de la Guerra del Golfo II, o la de Khadafi en Libia como resultado de las tristemente célebres Primaveras Árabes.

Las estatuas para el debate no son un invento del artista israelí. Hace unos días nomás, después de la elección de Trump en EEUU, una banda de artistas de grafitti colocaron estatuas de un Trump desnudo en diversos lugares del país.

El tema es que a Bibi esto todavía no se le había ocurrido, y la pregunta es: ¿habrá disfrutado con la visión de su figura dorada al viento, en pleno centro de Tel Aviv? ¿O habrá pensado nuevamente en qué dirán de esto quienes lo acusan de tener alguna responsabilidad en el asesinato de Rabin?

De un modo u otro, lo seguro es que nuestro Bibi sí piensa en su grandeza. No por nada ha batido en estos días el récord, ostentado hasta ese momento por David Ben Gurión, de ser el Primer Ministro que más días seguidos ocupó el cargo máximo del país.

También lo piensa su esposa. Según reporta la revista The Marker, Sarah Netanyahu dijo, también esta semana, que hablaba de su hijo, Yair Netanyahu, como próximo Primer Ministro luego de su padre. Citando a una fuente de la Oficina del Primer Ministro, la revista cuenta acerca de la influencia creciente del retoño, de apenas 25 años de edad, en las posiciones de su padre. Como ejemplo, cuando lo del soldado Elor Azaría, juzgado en estos días por disparar a un palestino moribundo en el suelo en Hebrón, luego de que éste intentara acuchillar a un soldado, Netanyahu emitió una condena a la conducta del soldado luego de que otros encumbrados, como el mismo Jefe de Estado Mayor Yoav Galant, hicieran lo propio. Pasó el fin de semana, Netanyahu lo disfrutó en familia, y el domingo por la mañana Bibi habló de otra manera, respaldando al soldado. Dicen los que saben, que ya es lugar común en la Oficina del Primer Ministro ser testigos de estos cambios de postura política por parte de su jefe, luego de pasar por casa para el Shabat.

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Biniamín Netanyahu visita el Kotel luego de su triunfo en las últimas elecciones. A su lado, su hijo Yair.

En el despacho mayor del país, llaman a Yair “el hijo de Sarah”. Es que ella sabe también enervar a todo el entorno del premier, y muchos analistas en Israel están preocupados cada vez más por su posible influencia en decisiones políticas importantes.

Sarah fue interrogada por la Policía de Israel durante doce horas esta semana por supuestos actos de corrupción, pequeños pero muchos, del tipo de invitar a comer a sus amigos y pagar de la caja pública. En la Oficina del Premier ya están acostumbrados a sus frecuentes ataques de ira, y ahora también la imita el pequeño Yair, capaz de estallar si algún asesor contradice la postura de su padre en tal o cual cuestión.

Después del fiasco de Itzjak Herzog al frente de la oposición, queda claro que tenemos Bibi para rato. Mejor dicho, Bibi y familia. Esto no implica que su gobierno sea malo. Muchos, incluso en la oposición, dicen que al contrario.

Pero queda la pregunta de si, en temas como el conflicto con los palestinos, las cosas serían diferentes con otro premier, y ya otro Yair, en este caso Lapid, del partido Iesh Atid (Hay Futuro) está igualando a Netanyahu en las encuestas, y podría ganar si las elecciones tuvieran lugar hoy.

Pero hasta que ello ocurra, la pregunta que queda flotando, a la sombra de los Netanyahu, es por la salud de la democracia israelí.

 

 

 

 

LEY DEL MOAZÍN, O: LA PAX RUIDOSA

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Aldea árabe israelí en la Galilea.

Por Marcelo Kisilevski
 
La propuesta de “ley del moazín”, aprobada por el gabinete israelí y que busca bajar el volumen de las llamadas a los musulmanes a rezar por parte del moazín desde los parlantes de las mezquitas, fue trabada antes de ser elevada a su tratamiento por la Knesset.
 
La propuesta de ley desató una ola de protestas en el mundo musulmán, denunciándola como un ataque a la libertad de cultos en Israel. Los políticos y habitantes de algunos poblados judíos aledaños a poblados árabes explicaron que el ruido era demasiado fuerte y que perturbaba la calma de sus propios poblados, cuyos habitantes judíos tienen también libertad de culto. Cabría recordar que la libertad de culto conlleva también la libertad de no culto.
 
Cabría mencionar también el argumento que ya flota en el aire de los defensores de Israel: ¿a este país le quieren enseñar libertad de culto? ¿Los musulmanes? ¿De verdad? Intente usted, señora, señor, hacer sonar las campanas de su iglesia de pueblo chico en cualquier aldea árabe y salir cantando villancicos de Navidad por sus calles a viva voz, o construir una nueva iglesia en cualquier país del Medio Oriente que no sea Israel. 
 
Todo eso es cierto. No por nada los musulmanes israelíes y del exterior ya amenazaron con una Tercera Guerra Mundial religiosa si se aprobaba la ley. De protestar con pancartas en Plaza Rabin ni hablar. Incluso podría ser una manifestación molesta pero creativa, con todos los musulmanes con megáfonos llamando a la plegaria,  aturdiendo por unas horas a los habitantes de Tel Aviv. Los medios del mundo cubrirían gustosos el evento. Pero no, guerra y listo. Estos muchachos no se la van con chiquitas.
Pero lo más divertido de este caso es otra cosa. ¿Quién trabó finalmente la propuesta de ley? ¿Quién vino en ayuda de los musulmanes atribulados por una propuesta de ley que, admitamos de todos modos, tenía un tufillo autoritario?
 
Por un lado, el ministro del Interior, Arieh Deri, líder del partido ortodoxo sefardí Shas. Dijo, con razón, que no hace falta una nueva ley, porque ya hay regulaciones contra el ruido en la vía pública, todo lo que hay que hacer es aplicarlas, y esta nueva propuesta de ley no hará más que provocar sin necesidad.
 
Por otro lado, el ministro de Salud y diputado por el partido ultraortodoxo ashkenazí Yahadut Hatorá, Yaacov Litzman, preocupado porque la ley también haría callar los parlantes que, en los poblados y barrios religiosos judíos, anuncian la llegada del Shabat. Litzman presentó un amparo, y la propuesta estará encajonada hasta su resolución.
 
¿Será que la paz está por llegar entre musulmanes y judíos, bajo el lema: “Religiosos bullangueros del mundo, uníos”?

Netanyahu: ahora queda claro

BibiGana Por Marcelo Kisilevski

El tiempo  de negociaciones coalicionarias, es bueno para algunas reflexiones tardías sobre el cimbronazo que acaba de atravesar la sociedad israelí a partir de los resultados electorales del 17 de marzo.

¿Por qué hacían falta nuevas elecciones que dieran por resultado lo que ya teníamos, a saber, Biniamín Netanyahu como Primer Ministro? La respuesta breve es que Netanyahu jugó una apuesta audaz por un gobierno que le fuera más favorable, y la ganó. Nada más sencillo.

Vamos ahora a la respuesta más extensa. Estos comicios son ciertamente una apuesta del propio Netanyahu por lograr un gobierno en el que el Likud tuviera más diputados y, por ende, menos dependencia de pequeños partidos a su derecha y a su izquierda. Recordemos que en la Knesset anterior, la 19°, el Likud se presentó en un frente con Israel Beiteinu de Avigdor Liberman, con quien reunió apenas 31 diputados, sólo 20 de los cuales pertenecían neto al Likud. En estos comicios, en cambio, el Likud ganó 30 postulándose solo, y Liberman, en cambio, sólo logró 5. Por el lado matemático, la apuesta ya le salió bien.

Esto implica que Bibi apostaba a una coalición más gobernable. Ciertamente, para formar una coalición estable necesita más del doble de los escaños conseguidos, y por lo tanto debe dejarse caer nuevamente en las manos de los partidos más pequeños. También es cierto que esos partidos pequeños esta vez incluirán solamente partidos de derecha y religiosos.

Pero esto le otorga a Bibi tres ventajas por lo menos: primero, se trata de una coalición más homogénea, con una política más clara y sincerada; segundo, sus adversarios dentro del gabinete –Liberman y Naftali Bennet, de Habait Hayehudí- tienen menos diputados que en el anterior gobierno y, por lo tanto, menos poder para detractarlo desde adentro. Eso fue lo que hicieron precisamente durante el período anterior, especialmente durante el último operativo en Gaza, cuando los dos nombrados cuestionaron abiertamente la estrategia de un gabinete del que formaban parte.

Tercera ventaja de un gabinete homogénea y claramente de derecha desde el punto de vista de Netanyahu: precisamente él es, también, claramente de derecha. Esto dotará a Netanyahu de una fuerza de apalancamiento en cualquier negociación con los palestinos y con la Casa Blanca y la Unión Europea. Podrá decirles: “Si fuera por mí encantado –con congelar la construcción en los asentamientos, con crear un Estado palestino y demás reclamos- pero vean qué coalición tengo. Si yo firmo ese eventual acuerdo, mi gobierno caerá y no lo podremos cumplir”.

La desventaja va de la mano con la no necesidad de contar con una “hoja de parra” izquierdista, tal como lo hizo en sus gobiernos anteriores, de los que personalidades como Shimón Peres, Ehud Barak, formaron parte y que le permitieron mostrar otra cara: “No soy tan terrible”. Si el frente Hamajané Hatzioní (Laboristas de Herzog y Hatnuá de Tzipi Livni) no quiere ser hoja de parra, si quiere dejar que Netanyahu pague moneda por moneda todo el precio de su éxito en el frente internacional, más le valdrá mantener su postura de no asociarse con él en un gobierno de unidad nacional.

Existe, sin embargo, un “pero” a esta configuración que se perfila: Netanyahu ciertamente se ha revelado en esta vuelta electoral, probablemente, como el político más hábil de la historia de Israel. Pero eso incluye el ser un líder “presionable”.  El famoso discurso de Bar Ilán, pronunciado el 14 de junio de 2009, en el que Netanyahu declarara por primera vez su apoyo a la fórmula de “dos Estados para dos pueblos”, no se logró por un reblandecimiento de las posturas del premier, sino por las presiones de un Obama nuevo en el poder, que había pronunciado su propio discurso en El Cairo apoyando la fórmula de dos Estados el 4 de junio del mismo año, apenas diez días antes que Netanyahu, discurso que le valiera al norteamericano el Nobel de la Paz.

Con un gabinete más homogéneo, más claro y más gobernable, Netanyahu tendrá más poder para ser intransigente pero, también, para ceder a las presiones de las circunstancias mundiales, por ejemplo si con ello se logra una postura de Occidente menos blanda con Irán. A sus compañeros de mesa podrá decirles lo que en el gobierno saliente no podía: “Era esto (congelamiento en los territorios, nuevas negociaciones y concesiones) o nada, si quieren retirarse de la coalición pueden hacerlo, pero recuerden que ni ustedes ni nosotros en el Likud tenemos coalición alternativa”. En ese sentido, la nueva fortaleza de Netanyahu puede ser también su debilidad.

Es posible que se trate de wishful thinking, pensamiento político ilusorio. Posiblemente, como temen en la oposición, estemos ingresando en otra etapa oscura de Israel, pletórica de aislamiento internacional, exacerbación del enfrentamiento con los palestinos, no avance en el tema iraní, entre otros males.

Es posible. Pero en este caso el wishful thinking tiene base histórica. Sólo gobiernos claramente de derecha se han retirado del Sinaí (1979) y de Gaza 2005). Y un gobierno claramente de derecha, el del propio Biniamín Netanyahu, fue el que firmó en 1997 nada menos que el Acuerdo de Hebrón, por el cual la mayor parte de la ciudad de Abraham pasaba a manos palestinas. Presionado, claro está.

El gobierno anterior no pudo adjudicarse grandes logros, ni perpetrar grandes desastres. A no ser que veamos el operativo en Gaza como un desastre colosal. En realidad no logró nada, no acabó con la amenaza de Hamás pero tampoco puso en mayor peligro al Estado del que ya estaba. No mejoró la economía, la brecha social se agrandó y el salario se erosionó, pero los parámetros macro se mantuvieron bien, y ni la inflación ni la desocupación se dispararon. El gobierno anterior fue, en gran medida, el gobierno de la nada.

La ventaja, si hay alguna, de un gobierno tan claro, es que podrá emprender políticas y llevarlas a término, recoger los frutos de sus logros de modo claro, o ser castigado en las próximas urnas –para variar– también de modo claro.

Resultados y escenarios de boca de urna en Israel

Desde la izquierda arriba, en dirección horaria: Itzjak Herzog, Naftali Bennet, Yair Lapid, Moshé Kajlón. En el centro, el premier Biniamín Netanyahu, esta noche, el que se siente más cómodo con los resultados electorales.

Desde la izquierda arriba, en dirección horaria: Itzjak Herzog, Naftali Bennet, Yair Lapid, Moshé Kajlón. En el centro, el premier Biniamín Netanyahu, esta noche, el que se siente más cómodo con los resultados electorales.

Por Marcelo Kisilevski

Según los resultados publicados por los canales de televisión israelíes, los resultados de boca de urna de los comicios para la Knesset N° 20 en Israel atribuyen al premier Biniamín Netanyahu una posibilidad cómoda de formar un gobierno de derecha más homogéneo que el anterior. Sin embargo, esto no echa por tierra de modo total la posibilidad de formar un gobierno estrecho de centro-izquierda por parte de Itjzak Herzog, líder de Hamajané Hatzioní. Los analistas tampoco descartan la posibilidad de un gobierno de unidad nacional entre Likud y Hamajané Hatzioní.

He aquí los resultados según el Canal 2 de televisión:

Likud                                                     28

Majané Tzioní                                    27

Lista Árabe Unificada                      13

Yesh Atid (Lapid)                              12

Kulanu (Kajlón)                                 9

Habait Hayehudí                               8

Shas                                                       7

Yahadut Hatorá                                 6

Meretz                                                 5

Israel Beiteinu (Liberman)            5

 

Yajad (Eli Ishai)                                  0 (No alcanzó el umbral mínimo de 3,25%, 4 diputados)

 

Alé Yarok                                             0 (No alcanzó el umbral mínimo de 3,25%, 4 diputados)

 

Si estos son los resultados finales mañana miércoles a la mañana, Biniamín Netanyahu puede formar dos gobiernos: uno de derecha junto con los partidos religiosos, y otro de unidad nacional con Hamajané Hatzioní. Éste, en cambio, no puede formar gobierno de unidad nacional, y la formación de un gobierno de centro-izquierda, si bien es posible, estará sujeto a negociaciones arduas con asociaciones que pueden resultar endebles.

 

Escenarios:

1. Gobierno de derecha, Primer Ministro Biniamín Netanyahu:

 

Likud                                                     28

 

Kulanu (Kajlón)                                 9

 

Habait Hayehudí                               8

 

Shas                                                       7

 

Yahadut Hatorá                                 6

 

Israel Beiteinu (Liberman)            5

Total diputados:                               64

 

2. Gobierno de unidad nacional, Primer Ministro Biniamín Netanyahu o rotación con Itzjak Herzog:

 

Likud                                                     28

 

Majané Tzioní                                    27

 

Kulanu (Kajlón)                                 9

 

Shas                                                       7

 

Yahadut Hatorá                                 6

Total diputados:                               77

 

3. Gobierno de centro izquierda, Primer Ministro Itzjak Herzog:

 

Majané Tzioní                                    27

 

Yesh Atid (Lapid)                              12

 

Kulanu (Kajlón)                                 9

 

Shas                                                       7

 

Meretz                                                 5

 

Yahadut Hatorá                                 6

Total diputados:                               66

 

 

Si bien la Lista Árabe Unificada apoyaría desde afuera a la coalición de centro-izquierda, Herzog necesita a Yahadut Hatorá, ultraortodoxos ashkenazim, para reclamar el derecho, siquiera, a intentar formar coalición. La dificultad está dada por la casi imposibilidad de que este partido religioso comparta el gabinete con Yesh Atid de Yair Lapid, responsable de la ley de reclutamiento de los estudiantes de ieshivá (casa de estudios religiosos).

 

La ventaja obtenida por el premier Netanyahu, después de sufrir una desventaja de cuatro mandatos en la última encuesta de intención de voto frente a Herzog (que lo aventajaba por 26 contra 22 diputados), se debió a la habilidad del primero en efectuar un bombardeo táctico de entrevistas en los medios y un contacto sin precedente con la calle israelí, donde llamó a los votantes tradicionales del Likud, dispersos por otros partidos mayormente nuevos (como Yajad) a “volver a casa”. El Likud pudo así “chupar” a último momento diputados, de partidos nuevos como Yajad, que quedó fuera del parlamento, y también de Habait Hayehudí.

 

A pesar de la decepción de los laboristas, la recuperación del Likud no fue a expensas de la alianza entre Herzog y Livni, sino de otros partidos de derecha. Hamajané Hatzioní mantuvo su nivel e incluso lo superó en un mandato, siempre los sondeos de boca de urna. Los resultados finales, mañana miércoles a la mañana.

Elecciones anticipadas, otra vez

Por Marcelo Kisilevski

Ayer el primer ministro Biniamín Netanyahu dio el puntapié inicial a la campaña electoral con un acto de fuerza: el despido premeditado de los ministros Yair Lapid y Tzipi Livni. También dio un discurso en el que admitió que su gobierno había sido desastroso y él fue un primer ministro débil. Eso sí,  por culpa de otros. La prueba está en que su gobierno anterior, que fue excelente. De paso, también culpó al pueblo de Israel: esto ocurrió por una coalición imposible, a la que llegó debido a que “no obtuvimos suficientes bancas en la Knesset”.
En lo único que se puede decir que acertó es en que este gobierno estuvo signado por una heterogeneidad imposible de conciliar, por la deslealtad al gobierno del que formaban parte y a su jefe de equipo y, por ende, la parálisis. No se terminó de vencer a Hamás, tampoco de asegurar la pacificación del sur israelí, no se abarataron las viviendas ni el costo de vida, no avanzó el proceso de paz. Nada. En su famoso discurso de “No evacuaste, no hiciste”, del que ya hay un remix en Youtube, enumeraba logros tan “extraordinarios” como la ley de guardería gratuita desde los tres años de edad.
En su discurso de ayer enumeró una lista de acusaciones donde pintaba a Lapid y a Livni poco menos que como traidores, sobre todo por su intento de conformar un gobierno alternativo volteando a Bibi… siendo parte del propio gobierno. El premier olvidó mencionar solamente que también Liberman y Bennet, sus dos puntales derechos, habían sido tan desleales como ellos, pero a ellos no se animó a despedirlos. Esto justificó el argumento de Livni: “Bibi se rindió a las amenazas de su ala derecha. Todo lo demás son excusas”.
Al único que se animó a despedir, durante el operativo Margen Protector, fue a un vice ministro, Dany Danón. El problema es que Danón preside nada menos que del Comité Central del Likud, y allí lo esperará en las internas. También estará Moshé Feiglin, un ultra nacionalista que infiltró el Likud para derechizarlo desde adentro, el propio Danón, y posiblemente, si lo convencen, Gideon Saar, el que se retiró de la política para criar a su hijo.
Sin embargo, las posibilidades de que lo voten a Netanyahu nuevamente en las internas no son surrealistas: si las elecciones se realizaran hoy, con él encabezando a su partido, éste aumetnaría sus bancas, de 20 a 22, y eso es un argumento de peso en un Comité que tiene que decidir, no a quién le tienen más afecto, sino quién es capaz de mantener al Likud en el poder. Y hoy por hoy, no hay quien pueda llenar los zapatos del vapuleado líder.
Estos son los resultados de la encuesta de intención de voto realizada por Mina Tzémaj para el Canal 2 de televisión:
Likud 22
Habait Hayehudí (Bennet) 17
Avodá (Herzog) 13
Israel Beiteinu (Liberman) 10
Shas 10
Partido nuevo de Moshé Kajlón 10
Yesh Atid (Lapid) 9
Yahadut Hatorá (Jaredim) 8
Meretz 7
Yesh Atid (Lapid) 9
Hatnuá (Livni) 4
Partidos árabes juntos 11
De este panorama resulta que el Likud no se debilitó, al contrario, y que bloque de la derecha sigue teniendo las de ganar. Itzjak Herzog, del Laborismo, intentará formar un bloque que le cierre el paso a la derecha, y ayer llamaba a Livni, Lapid y Meretz a unirse tras su liderazgo. El que ayer no se descartaba que pudiera barajar su incorporación es Avigdor Liberman, que con su plan de paz publicado este fin de semana hace un significativo guiño hacia el centro del mapa político.
Las elecciones se perfilaban ayer para el 17 de marzo o alrededores, y hasta entonces este gobierno seguirá gobernando, con campaña electoral, con acusaciones mutuas por lo que se consideran las elecciones adelantadas más injustificadas de la historia (atribuidas a las malas relaciones personales de sus líderes), con un presupuesto nacional provisorio y sin proyectos ni realizaciones a la vista. El resto es incertidumbre.

Renace la nación aramea, y ocurre en Israel

"Gracias Israel por reconocer a las minorías arameas cristianas. Occidente, paren con la política de doble rasero hacia las comunidades no islámicas". Arameos cristianos israelíes manifiestan en abril pasado.

“Gracias Israel por reconocer a las minorías arameas cristianas. Occidente, paren con la política de doble rasero hacia las naciones no islámicas”. Arameos cristianos israelíes manifiestan, en abril pasado.

Por Marcelo Kisilevski

Hace tiempo venimos explicando la persecución que sufren los cristianos a manos de los musulmanes en el Medio Oriente. Las pruebas más contundentes han venido de la mano de la siniestra organización Estado Islámico con sus crucifixiones, decapitaciones, conversiones forzadas, ejecuciones masivas y expulsiones de cristianos en Irak y Siria.

En Israel hace años ya, la comunidad árabe cristiana intenta separarse de su identidad árabe y abrazar la identidad israelí, por entender que muy bien no les ha ido con su histórica alianza con el panarabismo del siglo pasado, y con la nación árabe en general. Comenzó con un movimiento por el reclutamiento obligatorio de los cristianos al ejército israelí, un derecho-obligación que también solicitaron y se les concedió en su momento a los drusos israelíes.

Ahora el siguiente paso: el ministerio del Interior israelí ha concedido el pedido de los cristianos israelíes de que en sus cédulas de identidad, donde figura el apartado “Etnia” (en hebreo dice Leóm, Nación), en lugar de “Árabe” se lea “Arameo/a”. Se trata de una lucha de años, y ayer el ministro del Interior, Gideon Sáar, supo tomar la decisión correcta.

“No somos árabes, sino cristianos que sólo hablamos árabe”, explican, pero que hasta la conquista árabe en el siglo 7, hablaban arameo, el idioma más extendido en Palestina-Eretz Israel por siglos. En ese idioma se hablaba en Canaán y en la Península Arábiga premahometana, lo hablaron los hebreos, parte del Talmud y muchas plegarias están escritas en ese idioma. En arameo, probablemente habló Jesús. Hasta hoy en día el arameo es la “Lengua Sagrada” de las iglesias orientales.

El intento de ser parte

En los años ’50 del siglo pasado, cristianos como el sirio Michel Aflaq, uno de los ideólogos del Panarabismo y uno de los pensadores fundantes del partido Baath en ese país, intentaron con esta doctrina superar la barrera religiosa que los separaba de los musulmanes y elevar la identidad nacional como una instancia superadora del paradigma religioso, lo cual configuró su mejor intento de integrar el mainstream, e incluso el establishment mesoriental.

Pero el experimento salió mal a medida que el paradigma islamista se hacía carne, y en muchos lugares, el Medio Oriente se retrotrae hoy 1.400 años. No solamente en Irak o en Siria. Belén, la ciudad más importante de toda la grey cristiana en el mundo, ha sido vaciada prácticamente de cristianos en los últimos veinte años. Hoy es una ciudad musulmana, con un magro 1.5% de cristianos.

Israel, en cambio, es el único país en el Medio Oriente donde la comunidad cristiana crece. Lo ha hecho en un 1.000% desde 1948. Sin embargo, quizás con menos violencia, también son hostigados por sus supuestos conacionales, los árabes musulmanes israelíes. Ayer, los cristianos lograron oficialmente el divorcio.

El titular de la Asociación Aramea-Cristiana y capitán del ejército israelí, Shaadi Jalul, se emocionó y felicitó la decisión del ministro Sáar. “Es una decisión histórica y un viraje histórico en las relaciones entre cristianos y judíos en el Estado de Israel”.

Dijo más: “Es quitarles la carta de la mano a todos los antisemitas, que calumnian al pueblo judío y al Estado de Israel. Es la prueba de que Israel cuida a sus ciudadanos y las identidades de las minorías que viven en ella, a diferencia de todos los países árabes en nuestro derredor”.

Ahora se podrá hablar de tres iglesias o ramas cristianas israelíes: la Iglesia Aramea-Maronita (cuya mayoría se encuentra en el Líbano), la Iglesia Aramea-Católica, y la Iglesia Aramea-Ortodoxa. En Israel, en total, se trata de una comunidad de unos 133.000 arameos. Su reconocimiento como etnia separada de los árabes puede tener implicancias importantes, como la posibilidad de una red educativa separada de la árabe: hasta ahora, en las escuelas árabes sólo se estudia la heredad árabe, e islam.

Desde ahora, todo cristiano en Israel podrá optar por colocar “Arameo/a” en su cédula de identidad. La nación aramea ha renacido, y lo hace nada menos que en Israel. ¡Salud!

Tres comentarios a las noticias del día

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Por Marcelo Kisilevski

1) No a la desinformación sobre la nueva vuelta de violencia con Gaza, que ya empezó. Tal como ocurrió con los operativos israelíes anteriores, la actual espiral ya ha comenzado. Desde hace varios días se producen ráfagas diarias de cohetes Qassam desde la Franja de Gaza hacia Israel. En el fin de semana, uno impactó en una fábrica de Sderot, que ardió en llamas. Hoy cayeron 13, solamente a la mañana, por suerte en terrenos abiertos. En Gaza gobierna el Hamás, probablemente autor también del secuestro de los tres adolescentes en Cisjordania. Hamás sigue con una agenda que es inversa a la del Fatah, partido laico nacionalista que controla la Autoridad Palestina en Cisjordania: mientras que este partido apoya la fórmula de “dos estados para dos pueblos”, también aceptada por Israel, y la confrontación no violenta y diplomática, Hamás se empecina en un solo estado, que sea de corte islámico radical en toda la llamada Palestina, destrucción de Israel mediante. También apoya el mantenimiento de la “lucha armada” y se opone a todo diálogo con Israel. Como lo dijo Yossi Beilin, ex líder de Meretz: “Por supuesto que habría que hablar con Hamás, pues no podemos elegir a nuestros enemigos; el problema es que Hamás no quiere hablar con nosotros”. Desde Cisjordania, que intenta -hasta nuevo aviso- mantener una calma que da paso al desarrollo, miran azorados cómo sus hermanos palestinos de Gaza patean su propio avispero una y otra vez. Hasta que Hamás no dé su vuelta de página, que implicará abandonar dogmas religiosos ligados a Dar el Islam y la vuelta al Califato, cualquier gobierno de unidad nacional con Fatah será sólo para John Kerry, la ONU y la CNN. En tanto, debe quedar claro que todo cohete que cae en territorio soberano ajeno es “casus belli”, causal de guerra. Y que por lo tanto, si se produce (lo que ocurrirá en caso de que los lanzamientos trepen a decenas o cientos por día, o si hay muertes israelíes, indigeribles para la opinión pública), Hamás ya ha encargado el próximo operativo israelí. En todas las de la ley internacional.

2) Sí al estado kurdo. El premier Netanyahu se pronunció ayer a favor de un estado kurdo en el norte de Irak, donde los kurdos tienen ya autonomía. Ese estado debería abarcar también el resto de la zona del Kurdistán, que incluye territorios de Turquía y de Siria. Los tres estados -así como el resto de los países árabes- son creación occidental post Primera Guerra Mundial, sin tener en cuenta grupos étnicos ni religiosos, sino solamente qué tipo de arreglo garantizaría a las potencias europeas el conveniente flujo petrolero hacia el Mediterráneo. En algunos lugares, las fronteras fueron trazadas literalmente con reglas. Probablemente, y a la luz de los sangrientos aconteceres en Medio Oriente, haya llegado el momento de rever el dibujo. Si aceptamos el principio de autodeterminación de los pueblos (de todos los pueblos), e Israel oficialmente ha declarado su apoyo a la fórmula de un estado palestino, el pueblo kurdo está parado en fila incluso desde antes que nuestros vecinos de Cisjordania y Gaza. Sólo cabe esperar que el sinceramiento del mapa implique también un reconocimiento árabe -y de aquellos que todavía no se despertaron en el resto del mundo- a la autodeterminación, de hecho ya concretada, de otra minoría étnica en el Medio Oriente: los judíos del Estado de Israel. Dicho sea de paso, los kurdos ya agradecieron el apoyo israelí.

3) No al cierre de comercios en Shabat en Tel Aviv, decretado por el ministro del Interior Gideon Saar. Israel es un estado judío y democrático que basa su delicado equilibrio entre los deseos y sentires de su población laica y de su población religiosa en base a delicados arreglos de modus vivendi. El primero de ellos fue el acuerdo de “Status quo en materia de religión y estado”, entre Ben Gurión y el partido religioso ortodoxo no sionista Agudat Israel. Éste concedía a los religiosos el no transporte público en Shabat, la kashrut en las instituciones estatales, el manejo de los asuntos de familia (casamientos, entierros) y la prórroga al servicio militar (que luego se fue convirtiendo en exención) entre otras cosas. A cambio, los religiosos prometían no batallar contra el estado sionista al que, ideológicamente, consideraban herético. Las líneas del “status quo” se fueron corriendo con los años: los religiosos fueron cerrando más y más calles en Shabat al tránsito automotor, consiguieron leyes de no importación de productos no kasher; los laicos fueron abriendo más y más comercios, restaurantes y discotecas en Shabat. Pero el equilibrio se sigue manteniendo, e incluso ha cobrado ribetes geográficos: en Jerusalem (y en Modiin, donde vivo) todo se cierra en Shabat; en Tel Aviv, ciudad de colores plurales, muchos establecimientos abren. En el resto de Israel, todos los matices coexisten. Así, en Israel se vive y se deja vivir, aquí y allá con medidas que enfurecen a uno u otro sector, y sembrando el terreno para oportunismos políticos varios. Por ejemplo, el embanderado de la nueva embestida contra la apertura de comercios en Shabat es el ministro del Interior Gideon Saar, un laico, del partido Likud, autor del decreto de cierre. La municipalidad de Tel Aviv anunció que apelaría a la Corte Suprema la orden de Saar, y agregó que la ordenanza “retrotrae a Tel Aviv decenas de años hacia el pasado”. Yo puedo entender al ex ministro del Interior Eli Ishai, del partido religioso sefardí Shas, que solía hacer campañas parecidas. ¿Pero cuál es la agenda personal de Gideon Saar?