Todo tranquilo en el norte, por ahora

Uno de los vehículos destruidos por misiles antitanques rusos de tipo Kornet, disparados ayer por Hezbollah contra el convoy militar israelí.

Uno de los vehículos destruidos por misiles antitanques rusos de tipo Kornet, disparados ayer por Hezbollah contra el convoy militar israelí.

Por Marcelo Kisilevski

El ataque de Hezbollah ayer en la frontera israelo-libanesa en el Golán, en el que murieron dos soldados israelíes y siete más resultaron levemente heridos, fue la venganza de esa organización chiíta pro iraní por el ataque israelí -según informes de la prensa extranjera- la semana pasada en suelo sirio, en el que murieron seis integrantes de Hezbollah y un general iraní. La venganza, le hizo saber Hezbollah a Israel a través de la ONU, estaba cumplida, y no hay por parte de la milicia intenciones de escalar aun más la violencia.

Israel, por su parte, elevó los tonos declarativos, pero tanto hacia adentro como hacia afuera quedaba claro ya ayer que Israel adoptaba la política de “contención”: contener (o sea aguantar) el ataque enemigo y autocontener la respuesta. El complejo de esquí en el Hermón abrió sus puertas esta mañana nuevamente, y en las escuelas en las aldeas del sur del Líbano también se vuelven a dictar clases con normalidad. Todo esto -en el Medio Oriente siempre hay que decirlo- es por ahora y hasta nuevo aviso.

Para el análisis, valgan algunos conceptos. Por ejemplo, el que trae hoy Alex Fischman en Yediot Ajaronot. Dice que desde las Primaveras Árabes, Israel había adoptado la política del silencio de radio y de la estricta no intervención. Esa política se rompió la semana pasada con el ataque que todos los medios atribuyen a Israel, y la pregunta del analista es por la necesidad de dichos ataques. Señala que la hipótesis de trabajo israelí en el caso sirio, libanés e incluso iraquí, es que todas las fuerzas de esa guerra civil están “demasiado ocupadas” entre sí como para abrir un nuevo frente con Israel, y que aun si así no fuera, la disuasión israelí, generada en la Segunda Guerra del Líbano en 2006, todavía sigue vigente.

El problema, dice Fishman, es que la disuasión no es una ciencia exacta. Y que funciona, siempre y cuando uno no obligue a la otra parte a reaccionar, aun a pesar de la disuasión existente. Con lo cual, uno termina destruyendo la disuasión con sus propias manos. Al parecer, el ataque de la semana pasada, en que murió parte de la cúpula estratégica de Hezbollah, tuvo ese efecto: Hezbollah no quiere la escalada, pero tuvo que reaccionar. La prueba de que no quiere continuar, ni arrastrar a Israel a la contienda, es que respondió a un golpe estratégico, con uno táctico.

Najum Barnea, en el mismo diario, agrega más pensamiento a la filosofía de la disuasión mutua: que no ocurra como en los choques cíclicos en Gaza, dice, donde cada parte golpea a la otra pensando que la propia disuasión no es suficiente, hasta que el campo de batalla hierve, sin que ninguna parte lo desee de verdad. Si el actual incidente termina ahí, entonces estaremos quizás ante una lección aprendida. La tendencia por el momento parece ser esa.

Ron Ben Ishai, en el sitio Ynet, parece discutir con ellos. Por un lado lo dicho es cierto: cuando Hezbollah derrama suficiente sangre nuestra, les parece una reacción suficiente, entonces paran. El problema es que, si Israel no reacciona fuerte, se podría estar abriendo la puerta para acciones violentas de esa clase en el futuro. Por las dudas, Israel comienza esta mañana a blindar la frontera con el Líbano. Pero ese es el dilema que tendrán que enfrentar ahora el premier Netanyahu, su ministro de Defensa y su comandante en jefe militar. ¿Reaccionar o dejarlo así?

Sobre todo, de nuevo Fishman, porque Hezbollah puede quedar conforme con su venganza. Pero nada dice eso de la venganza de Irán, y para ello habrá que estar con la mirada atenta hacia el exterior, hacia posibles blancos israelíes, norteamericanos y judíos.

Y por eso queda la pregunta de la necesidad del ataque atribuido a Israel contra el convoy Hezbollah-Irán, que parece cambiar, como dijimos, las reglas del juego al meter su nariz en las guerras civiles allende sus fronteras. Para Ben Ishai, se trató de una acción necesaria, que vino a frustrar un plan iraní para atacar por sorpresa a Israel, que no espera en este tiempo la reapertura del frente libanés, y convertir la vida de los habitantes del norte israelí en un infierno.

Fischman responde a ello que, aún si esto fuera así, se debió haber tomado recaudos contra el mentado plan de un modo más paciente que con un ataque tan espectacular, a ojos de todos, y que termina obligando a los atacados a reaccionar, aun contra su actual agenda.

Pero si Ben Ishai tiene razón, entonces su actual agenda sí es abrir el frente con Israel. Si ese es el caso, Israel hará muy bien en no responder el ataque de ayer, pero también en preparar mejor las trincheras para lo que pueda venir.

“Yo soy Nisman”, también en Israel

Los carteles en la manifestación. En hebreo: "Justicia para nuestro pueblo en Argentina".

Los carteles de la juventud en la manifestación. En hebreo: “Justicia para nuestro pueblo en Argentina”.

Por Marcelo Kisilevski*

De repente, la explanada del edificio de oficinas en Herzlía, al norte de Tel Aviv, se convirtió en una extensión de cualquier plaza argentina levantada en manifestación: gente envuelta en banderas nacionales, carteles con la inscripción “Yo soy Nisman”, “Nunca podrán suicidar a la justicia”, caras consternadas, diálogos en castellano, con bronca y mucho escepticismo.

Cientos de argentinos residentes en diversas localidades de Israel manifestaban de ese modo, ayer, frente a la embajada de Argentina en Israel en Herzlía, al norte de Tel Aviv, en protesta por la muerte de Alberto Nisman. El acto en sí fue escueto: consistió en tres discursos breves y la entrega de un petitorio reclamando justicia al agregado cultural argentino en Israel, Manrique Lucio Altavista. Para cerrar, en la transitada avenida israelí resonó fuerte el Himno Nacional Argentino.

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Roxana Levinson, familiar de víctimas en ambos atentados en Buenos Aires, durante su discurso.

 

“Envueltos aun en la conmoción y la desazón que implica el haber sumado la víctima número 86 del atentado perpetrado en 1994, exigimos una investigación que dé con la verdad de los hechos, la misma verdad que Alberto Nisman persiguió durante sus extensos años de arduo trabajo en la causa AMIA”, dijeron los argentinos israelíes en su petitorio. El agregado cultural Altavista dijo a Clarín que “vamos a transmitir este petitorio a Buenos Aires”, y rehusó agregar más comentarios.

Con la muerte violenta de Nisman, “alguien firmó el certificado de defunción de la Causa AMIA, una mano a la que no le tembló el pulso firmó: sentencia de muerte para la verdad y la justicia”, dijo en su discurso Roxana Levinson, sobrina de Jaime Plaksin, víctima de AMIA, y de Graciela Levinson, víctima del atentado en la Embajada israelí. “¿Y ahora qué? ¿Quién tomará la causa? Porque, obviamente, habrá nuevo fiscal y se cumplirán las formas, pero… ¿quién tomará la causa de las víctimas, quién intentará llegar al fondo de la verdad? ¿Quién volverá a enfrentarse a los monstruos del poder absoluto y la impunidad?”, se preguntaba.

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Acto digno, alrededor de 200 asistentes. A la derecha, Mariano Gorbatt, de Kehilá Latina, conduciendo el acto.

 

Los organizadores pertenecen a una agrupación de inmigrantes llamada Kehilá (Comunidad) Latina. Uno de ellos es Mariano Gorbatt: “Así como 2 años atrás nos reunimos para protestar contra el acuerdo con Irán, el objetivo de este acto es reiterar el reclamo de justicia, que ahora se extiende a una víctima más, la número 86 de AMIA, el fiscal Alberto Nisman”.

León Amiras, presidente de OLEI, la organización de inmigrantes latinos en Israel, dijo en su alocución que “en cada acto de recordación de la tragedia de AMIA, en Ashdod, Kfar Saba o Beer Sheva, nombrábamos a Nisman, y elogiábamos su trabajo como fiscal. Ahora recordaremos que lo de AMIA sigue abierto, y que todavía la causa Nisman está en trámite”.

Muchas firmas. Un participante en el acto firma el petitorio a ser entregado a la Embajada Argentina.

Muchas firmas. Un participante en el acto firma el petitorio a ser entregado a la Embajada Argentina.

Javier Waldman es sobreviviente del atentado en AMIA. Trabajaba en Tesorería, en el edificio de Pasteur, y salió ileso. Un año después emigró hacia Israel con su esposa Carina, un plan que ya tenían desde antes del ataque. Ayer estaba entre el público, frente a la embajada argentina.

“Pasamos veinte años esperando respuestas por el atentado, y ahora tenemos que esperar explicaciones de qué pasó con la persona que estaba buscando esas respuestas de hace 20 años”, dijo Waldman, que hoy es encargado de marketing para Iberoamérica para una empresa tecnológica israelí.

Con su cartel de “El petróleo vale más que la sangre de las víctimas”, Jessica Scheinberg, una estudiante universitaria que participaba en el acto, dijo a este diario “que supuestamente la democracia había vuelto a la Argentina, y esto es una muestra que ello no fue así. Nos solidarizamos con toda la sociedad argentina que lo está viviendo allá, y esperamos que siga protestando para que haya un cambio, porque esto no puede seguir así”.

En el acto también hablo José Caro, titular de la OLEI de Raanana. “Nuncá más, por la Memoria de Nisman, y para que todos los delincuentes y asesinos vayan presos”, dijo Caro. “Nuncá más por todos los muertos, por todos nuestros muertos, para que por fin puedan descansar en paz y para que alguna vez, alguna vez, podamos decir: En la Argentina se hizo Justicia. La Justicia existe. ¡La Justicia en la Argentina de verdad existe!”

*Escrito para Clarín, 24.1.15

Que nos han declarado la guerra

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Por Marcelo Kisilevski

La guerra contra el terrorismo islámico no se parece a las guerras tradicionales que el mundo ha conocido. Eso no significa que haya que tratar los atentados en París -o en Siria o en Gaza o en Montevideo- como delitos comunes a ser combatidos por Starsky y Hutch o por CSI. La mirada europea post-colonial, en la que uno mismo es culpable de la agresión del otro, es lo que está haciendo perder a Occidente la batalla. 

En su canción Padre, interpretada en español y en catalán (Pare), Joan Manuel Serrat nos hablaba ya en 1973 de la lucha contra la contaminación ambiental, y denunciaba el maltrato humano a nuestro planeta. Su último verso era un llamado desgarrador y claro a la vez: Pare, deixeu de plorar, que ens han declarat la guerra.

El hecho de que sea una guerra no tradicional, con el ejército regular de un país enfrentando en un campo abierto al de otro, no significa que no se trate de una lucha para la que hay que estar preparados, y dar la batalla. Las guerras tradicionales así descriptas ya no existen, y sobreviven solamente en dos lugares: en la Convención de Ginebra y en el cine. La conciencia y la lucha por salvar al planeta, recién ahora han llegado a una masa crítica, cuarenta años después de la canción inolvidable de Serrat. Eso no significa que se haya ganado. Con el islam radical, la perspectiva pareciera ser mucho peor.

En esto pensaba cuando escuchaba a una panelista del programa radial Weekend en la BBC de Londres, que advertía contra la definición de “guerra contra el terrorismo” en un panel sobre los eventos de esta semana en París: “No nos fue muy bien en la vuelta anterior con esta definición”, decía segura. “No es una guerra. Son crímenes, debemos combatirlos con la policía y el sistema judicial”.

Es posible que no nos haya ido bien en la vuelta anterior, si la panelista se refiere a la respuesta norteamericana al 9/11: las guerras en Afganistán e Irak. Tal vez por haber sido guerras contra el terrorismo que EEUU y Occidente intentaron traducir a guerras tradicionales. Cuando en realidad, la guerra contra el terrorismo es y debiera ser otra cosa.  Pero eso no significa que se deba combatir a Al Qaeda y a ISIS como si fueran otras expresiones de Dexter, el asesino serial de la tele.

Es decir, no significa que Occidente no esté en guerra contra el terrorismo islámico radical, por una sencilla razón: el islam radical es el que ha declarado la guerra a Occidente. La naturaleza de una lucha o una guerra, la define el agresor. Y usted, señora panelista de la BBC, puede no creer en guerras santas, pero cuando el islam radical le declara una, eso es exactamente lo que tiene encima. Puede no escuchar la declaración, si no quiere, pero el resultado es el que ya está a la vista.

No es por un mundo mejor

¿Y qué es exactamente lo que está a la vista? Ben Dror Yemini lo resume bien este fin de semana en Yediot Ajaronot. “El atentado no fue una protesta contra la discriminación o por los derechos de los musulmanes”, escribe. “No fue contra la desocupación o la alienación. Los jihadistas no luchan por un mundo mejor. Luchan contra todo el que es distinto de ellos. Luchan para erigir una entidad islámica oscurantista”.

Yemini explica que después de los atentados en EEUU en 2001 hubo más atentados: en Madrid, en Londres. Desde entonces, el islam radical se ha hecho más fuerte. En 2013, 18.000 personas fueron asesinadas en atentados terroristas islámicos, un 60% más que en 2012. En 2014 pasaron los 30.000. En paralelo con los atentados en París, hubo esta semana otros en Yemen, Nigeria, Siria e Irak. En Montevideo, agregamos nosotros, la embajada de Israel tuvo que ser evacuada.

La mayoría de las víctimas son otros musulmanes, pero el terrorismo jihadista ya anida fuerte en los países occidentales. Los perpetradores de principios del milenio no eran los más discriminados y pauperizados de la tierra. Al contrario, eran jóvenes existosos que crecieron en especial en Occidente, con su cerebro lavado de una ideología que destila sólo odio. Ahora ocurre lo mismo, con una diferencia: entonces eran unos pocos, hoy son cientos de miles.

Yemini trae un dato inquietante. Los jihadistas, dice, no son la mayoría de los musulmanes, por supuesto. Pero no hace falta que sean mayoría. “El problema es que el apoyo a la instauración de la Sharía en los países del mundo libre, aun por la fuerza, es mucho más alta. Ya no se trata de unos pocos porcentuales. Hay diferencias importantes entre un sondeo y otro, pero el promedio señala porcentajes de dos dígitos. Más entre los jóvenes que entre los adultos. Eso significa que millones de musulmanes en el mundo libre, en especial jóvenes, apoyan el objetivo supremo de la Jihad: la creación de un Califato Islámico.

El Síndrome de Estocolmo

“La reacción del mundo libre es la debilidad. La capitulación. La industria de las justificaciones. Los musulmanes carecen de toda responsabilidad de lo que les sucede ni de sus ideas, no en los países musulmanes ni en las comunidades musulmanas de París, Londres o Estocolmo. Pues son pobre gente. Viven bajo la opresión y la discriminación. Esto no es corrección política. Es el Síndrome de Estocolmo: justificar al agresor. Ramas enteras de las ciencias sociales en las universidades del mundo libre se hicieron adictos a la escuela post-colonial que, dicho en resumen, señala con el dedo acusador a Occidente, a EEUU, al sionismo. Miles salieron a las calles en el último verano para apoyar a Hamás, una organización jihadista cuyos líderes declaran abiertamente que su meta final no es el fin de la ocupación sionista (en Cisjordania y Gaza solamente, MK) sino la conquista islamista de todo el mundo libre. A esta corriente pertenecen miles de académicos y periodistas. Creen en sus propias vanalidades…

“Cuando musulmanes decentes -y los hay por millones- intentaron decir que los extremistas representan un peligro, fueron acallados. Cuando el líder más importante del islam sunita, el jeque Yusuf Qardawi, fue invitado a una visita oficial en Londres, fueron los musulmanes los que advirtieron al alcalde, Ken Livingston, que se trata de un hombre peligroso que instiga a la radicalización. No sirvió de nada. Qardawi fue recibido con alfombra roja. Francia, dicho sea de paso, no le autorizó la entrada”.

Con amigos como estos…

El problema, como señala el columnista de Yediot, es que los únicos que están reaccionando en Europa contra el peligro islamista radical son partidos de ultra derecha. Véase el caso de Marine Le Pen en Francia, que obtuvo el 32% de los votos en agosto, o el Partido de la Libertad en Holanda, que empató al partido de gobierno, o las manifestaciones de Pegida (“Patriotas contra la islamización de Occidente”) en Alemania, donde no queda claro si luchan contra la islamización o si sus manifestaciones son de racismo puro contra los musulmanes.

“La respuesta a la debilidad conciliadora del mundo libre no es la extrema derecha”, sentencia Yemini. “El problema es que el mundo libre no ha hallado el punto de equilibrio correcto entre una lucha mucho más firme contra los jihadistas y sus seguidores, y un desbarrancamiento hacia el racismo contra todos los musulmanes”.

Por ahora, dice Yemini, “la batalla está perdida”. “Así como luego de una década y media desde los atentados terribles, la jihad se convirtió en algo mucho más fuerte y la radicalización creció, es de suponer que tampoco el atentado en París conllevará cambio alguno. Pero a no desesperar. Hace falta, en cambio, una mirada dolida de la realidad. Sólo cuando ello ocurra, será posible hablar de alguna posibilidad de cambio”.

 

 

Más muertos, nuevos horizontes

Por Marcelo Kisilevski

Todavía no queda claro cómo se sale de Gaza. El primer ministro ofreció el pasado miércoles una conferencia de prensa donde, además de denostar a sus ministros por hablar en contra de su política, dijo también cosas como: “Ante cada ataque palestino, tendrán un golpe 70 veces más fuerte”, y “se abre un nuevo horizonte político en la región que no necesariamente es malo para Israel”.

Lo primero se refleja en la acción del ejército, que ha pasado a una nueva fase de la guerra contra Hamás, la liquidación selectiva de líderes de Hamás y el derribamiento de edificios enteros donde tiene lugar la actividad terrorista.

Lo segundo queda menos claro pero se ven sus señales: la propuesta egipcia, el mayor involucramiento de Arabia Saudita, el lobby que hace Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, en Qatar frente a Khaled Mashal, el líder del brazo político de Hamás, gestiones de resultado incierto.

La propuesta egipcia sobre la mesa hoy incluye un alto el fuego inmediato y el regreso a la mesa de negociaciones dentro de un mes. Según sostiene la delegación palestina, ya durante ese mes se abrirían los pasos fronterizos para personas y mercancías, y comenzaría de inmediato la reconstrucción de Gaza.

Dentro de un mes se hablaría del puerto y el aeropuerto y la liberación de presos palestinos. Según los palestinos, su delegación en El Cairo ya dio su consentimiento al esquema, pero Israel todavía no. No es del todo exacto. Dentro de la delegación existe una interna feroz. El representante de la Jihad Islámica dio su consentimiento, pero no así los de Hamás. En un comunicado esta organizaicón dijo: “Está por verse, cuando haya algo nuevo avisaremos”. Israel está esperando a Hamás.

Es que Hamás parece haber logrado una ecuación que le es cómoda: 1) Ha logrado matar al primer niño israelí, Danielito Treguerman, de 4 años y medio, por una bomba de mortero en su casa en el kibutz, y ha logrado convertir a decenas de miles de israelíes en refugiados dentro de su país: ahora se sienten más empatados. 2) La abundante cobertura en los medios israelíes, que muestran a tantas familias alejadas de sus hogares, acumulando ira contra el gobierno que no ha resuelto el tema de los disparos y que no presta ayuda económica para su deambular por casas de parientes y gente solidaria en otros kibutzim y poblados, y con la inminente apertura del ciclo lectivo la semana que viene, quizás no brinda una imagen de triunfo contundente al Hamás, pero se acerca bastante a una sensación de pervereso placer, y además, podría hacer caer al actual gobierno israelí en un mediano plazo. 3) Hamás sabe que Israel no quiere reconquistar la Franja, así que aprieta las clavijas del “cautiverio” israelí en la trampa gazatí. La trampa consiste en no poder parar la contienda, pero al mismo tiempo no poder terminarla de modo contundente, pues ello implicaría una guerra de meses, miles de muertos palestinos, y cientos de soldados israelíes caídos.

En el ejército lo saben: “Por supuesto que Israel puede voltear a Hamás, pero tiene su precio”. Sobre todo cuando, en el plano político, se perfila un esquema de pacificación (no necesariamente de paz) donde Hamás obtendría logros como los que figuran en la propuesta egipcia, pero Israel podría obtener una mayor intervención regional por parte de sus nuevos y coyunturales aliados, los ya nombrados saudíes, egipcios, jordanos, Autoridad Palestina, una alianza que posibilitaría un corrimiento de Hamás, que quedaría como parte del gobierno de unidad de la AP, ahora sí reconocido por Israel, a un plano menor.

Al punto tal esto asoma como posibilidad real, que el mismísimo ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Liberman, llamó a su gobierno a desempolvar la Propuesta Árabe de Paz de 2002 y sentarse a negociar la paz con toda la Liga Árabe sobre esa base. Soplan nuevos vientos, a no dudarlo, y el fin de esta contienda abre ciertamente nuevas oportunidades.

Puede tratarse de wishful thinking, pero está claro que existe una dinámica más compleja, sobre todo a la vista de ISIS, que viene marchando desde el noreste, que lo que veíamos antes del operativo. No es el sueño de Netanyahu, que durante el operativo anterior, Pilar Defensivo, aseguraba con arrogancia que a él no le ocurriría lo mismo, pues “nosotros derribaremos a Hamás”. Pero en el Medio Oriente también existe la política como el arte de lo posible, y ahí estará Israel, ganando una guerra y haciendo concesiones al derrotado, esperando que los réditos vengan esta vez por otros costados más amplios.

El resultado es que nada le impide a Hamás esperar una semana más, hasta que empiecen las clases en Israel, para que el país entre en caos social y político, y algunos muertos y heridos israleíes más con bombas de mortero. Todavía le quedan a Hamás miles de estas bombas a las que Israel, que ha logrado dar solución a los cohetes de mediano y largo alcance y a los túneles, recién ha comenzado a desarrollar una tecnología que dé respuesta a estas bombas pequeñas, primitivas, pero no menos asesinas. Según dijeron los medios, pasarán todavía un par de años hasta dar con esta tecnología.

Siendo así, y no previéndose un mutis por el foro de Hamás al cabo de la contienda y de las negociaciones, sólo cabe esperar que prospere la nueva alianza moderada en el Medio Oriente, de la que Israel es parte, y que, junto con la gravedad de la destrucción en Gaza y la duración de la guerra, hagan que Hamás no sea ya el único jugador en Gaza, y que la pacificación, esta vez, dure más de dos años. Es lo más opitimistas que podemos ser por el momento.

¿Ganando la guerra, perdiendo la paz?

Hamás ha "logrado" una nueva invasión israelí, con destrucción masiva y más de 1.800 muertos, ha quedado de pie, y es posible que obtenga ahora concesiones: eso es ganar. Equipo negociador de Hamás, con Azam Al-Ahmad (3o. de la izq.) a la cabeza.

Hamás ha “logrado” una nueva invasión israelí, con destrucción masiva y más de 1.800 muertos, ha quedado de pie, y es posible que obtenga ahora concesiones: eso es ganar. Equipo negociador de Hamás, con Azam Al-Ahmad (3o. de la izq.) a la cabeza.

Por Marcelo Kisilevski

Mañana martes termina el nuevo cese del fuego entre Israel y Hamás, que están negociando en El Cairo sobre la propuesta de Egipto, que también es el país mediador. Ambas partes, Israel y Hamás sienten que están en una trampa. La propuesta egipcia contiene la mutua no agresión, el levantamiento del bloqueo israelí y la posibilidad de reconstruir Gaza. Pero no incluye el puerto y el aeropuerto ni, por sobre todo, la reapertura del paso de Rafah, por donde pasa el dinero de Qatar para pagar sueldos y cemento.

De todos los apartados del plan egipcio para un cese del fuego duradero, el más difícil de aceptar es el que los obliga a cesar de plano su desarrollo balístico y la excavación de túneles de ofensiva en el subsuelo israelí. Aquí se divide la interna hamásica: Hamás-Gaza está dispuesto a aceptar la propuesta egipcia así como está, pero Khaled Mashal, desde su hotel de 5 estrellas en Qatar, ya la ha rechazado: para él, ese apartado implica reconocer a Israel en las fronteras del ’67.

Israel está dispuesto a otorgar algunas medidas de alivio a la situación humanitaria, y de hecho, los cientos de camiones con insumos de primera necesidad nunca han dejado de fluir hacia la Franja. Ahora, a pesar del silencio de radio al que se ha llamado el equipo negociador israelí, la prensa sabe que Israel permitiría la ampliación de la zona pesquera gazeña a 3 millas. Hamás quiere 6.

Hamás está en una trampa porque llevó a la Franja de Gaza a la peor destrucción de su historia y a más de 1.800 muertos, bajo una confesa política de “escudos humanos”, en las que se le pedía a la gente sacrificarse por la causa, literalmente hablando. Si no lleva a su opinión pública logros que impliquen que el sacrificio valió la pena, en la forma de alivio al bloqueo y dinero contante y sonante, puede ver en peligro su permanencia en el poder y su relevancia en las conciencias.

Pero Israel está en una trampa no menor, que ni siquiera pasa por la construcción de un puerto y un aeropuerto, sino por el hecho de estar negociando con Hamás, lo cual se quería evitar. Cualquier logro que se lo otorgue a Hamás implicará que Israel está dando un premio al terrorismo y a la política desquiciada de esa organización islamista radical. Por no hablar del sentido común: Hamás es el bando que perdió una guerra que él comenzó. ¿Por qué habría de salir de la negociación con logro alguno? Por todo ello, Israel prefiere que sea Hamás el que diga que no a la propuesta de El Cairo.

Un síntoma del malestar que recorre la cúpula israelí es el hecho de que, durante el operativo, el premier Netanyahu efectuaba reuniones de consulta de varias horas por día con su gabinete, intentando evitar errores del pasado, pasando el examen del Contralor del Estado, que luego revisa los procesos de toma de decisiones. Ahora, en la etapa diplomática, se quejan sus ministros, nadie se entera de nada. Sus ministros, dicen en los pasillos de la Knesset y también en los del partido Likud, esperan a Netanyahu en la esquina para liquidarlo políticamente.

Nadie está conforme

Es que el operativo no ha dejado conforme a nadie. La derecha israelí truena ahora con que el operativo no fue “ni chicha ni limonada”: no terminó de liquidar al Hamás, ni ha logrado calma por años para los pobladores del sur -ni del centro- de Israel, y estamos negociando con los terroristas para darles “premios” por esta guerra que ellos lanzaron. Una vez terminado el operativo, se sienten libres para dar sus opiniones independientes -y prepararse quizás para inminentes internas y elecciones generales-, y la inconsultabilidad con la que se conduce ahora el premier, los hace sentir aún más libres para criticar e incluso atacar a la dupla Netanyahu-Yaalón, el ministro de Defensa.

Tampoco están conformes los pobladores del sur, que temen volver a sus hogares en torno a Gaza, y hasta el momento sólo un 25% lo hicieron. Es que por lo menos un tercio de los cohetes hamásicos salieron ilesos del ataque, la cúpula hamásica entera no fue tocada, la capacidad de fabricación de nuevos cohetes continúa viva, aunque no sepamos sus dimensiones. Ante la red de Qatar, Al-Jezeera, Hamás lució orgulloso uno de sus talleres, presentando incluso en sociedad al nuevo cohete J-80, capaz de llegar a Tel Aviv. Tampoco hay garantías de que se hallan encontrado y destruido todos los túneles excavados debajo de pueblos y kibutzim. Cuando a fines de mes terminen las vacaciones de verano, y los chicos israelíes deban volver a clases, el problema de opinión pública se agravará.

La izquierda israelí, por supuesto, tampoco está conforme, pero a diferencia de ocasiones anteriores, ha logrado articular una línea de acción que le permite salir de su letargo. Esta vez, a la par de expresar su preocupación por la población palestina en Gaza, denunciaron con fuerza la locura de Hamás y, salvo algunas manifestaciones con tinte anarquista, la clase política se mantuvo alineada con el gobierno, y en especial con el ejército.

Pero la izquierda apoya la línea de, una vez golpeado con fuerza el islam radical y quitada de en medio su relevancia, pasar rápidamente a un arreglo global que de verdad garantice paz, no sólo por años sino por generaciones.

El que mejor expresa esta línea hoy en día es el líder de la oposición, Itzjak (Buyi) Herzog, jefe del Partido Laborista. Luego de apoyar republicanamente al gobierno durante el operativo, elogiando la autocontención, y el no dejarse llevar por las propuestas de destrucción total escuchadas desde la propia coalición, Herzog otorgó este fin de semana una extensa entrevista a Yediot Ajaronot, donde rompió el silencio. Fue crítico, pero dejó implícito que todavía el premier está a tiempo.

“Bibi no es fuerte frente a Hamás, sino que fortalece a Hamás”, dijo con dureza. “Hamás, que estaba debilitado antes de la contienda, entendió que por medios militares puede obtener logros, y el pueblo (palestino) se aglutinó en torno suyo. No hemos logrado crédito internacional a nivel político, no hemos aislado a Hamás, y al final Netanyahu entró en una trampa… Se ha desarrollado en nuestra región una coalición apasionante, de la que somos parte: Egipto, Jordania, la Autoridad Palestina, Arabia Saudita, los estados del Golfo. Una coalición que refleja una visión”, la visión de un Medio Oriente laico, que se opone en bloque al islam radical que viene avanzando, donde se incluye a ISIS, pero también a Hamás. “¿Y qué hizo Bibi con eso?”, pregunta Herzog. “Sólo fanfarronear y dedicarse a su supervivencia política, mientras sus ministros se dedican a mutuas chicanas preelectorales… Yo espero por lo menos que el primer ministro diga cuál es su visión… El problema es que fortalecer al Hamás impide toda capacidad de llegar a una paz por la vía política… Yo en su lugar habría dado un golpe doloroso a Hamás, y luego habría viajado a Ramallah, a lo de Mahmud Abbas,  habría llamado a su puerta y comenzado a hablar con él”.

Se puede discutir con el líder laborista: el crédito internacional se debilitó hacia el fin del operativo pero sigue vivo y coleando. Hamás estuvo más aislado que nunca en el frente internacional e incluso en el mesoriental. Pero un dato es incuestionable: Israel está en El Cairo negociando con Hamás. Cuando, en realidad, la idea era bien otra: apalancar el aislamiento de Hamás, negociar con Egipto, la Autoridad Palestina, Jordania, Arabia Saudita (todos ansiosos por cerrar un bloque contra el islam radical en la región), para una desmilitarizar la Franja, con o sin autorización de Hamás. Y, a partir de allí, generar una coalición humanitaria internacional para reconstruir y desarrollar la Franja de Gaza (el gobierno ya dijo que no tendría problema en ayudar), y crear un estado palestino moderado al que Israel, de todos modos, ya se ha comprometido.

La ventana de oportunidades no se ha cerrado aún. Los próximos días y meses dirán si el gobierno israelí aprovecha, a pesar de todas las dificultades, una oportunidad que puede ser histórica para alcanzar la paz regional.

 

Israel, Gaza y el Mundo: Cuando Todo Aumenta

Por Marcelo Kisilevski

El islam radical aumenta la apuesta. El cinismo de Hamás a trepado a nuevos picos. El antisemitismo se ha quitado la máscara. La superficialidad en el análisis no conoció límites. La guerra de los números (de muertos) adquiere ribetes macabros. Crónica de un mundo que “va por más”. 

En muchas manifestaciones, los motivos antisemitas directos se entremezclaron en los clásicos llamados a "parar la masacre". Los medios y los gobiernos no pueden quedar indiferentes al aumento del antisemitismo abierto.

En muchas manifestaciones, los motivos antisemitas directos se entremezclaron en los clásicos llamados a “parar la masacre”. Los medios y los gobiernos no pueden quedar indiferentes al aumento del antisemitismo abierto.

Durante esta guerra se exacerbó todo. Los cohetes de Hamás llegaron más lejos. Más israelíes quedaron dentro del rango de tiro y millones debieron correr a los refugios. Hamás aumentó su apuesta casi hasta el final, y así aumentó también la reacción israelí.

El islam fundamentalista también fue más. La contienda no fue solamente contra Hamás: los políticos, los países árabes, los analistas, miran hacia el noreste, donde ISIS sólo ha comenzado su carnicería, y su marcha implacable hacia Siria, Líbano Jordania, Israel y también hacia Europa. Las banderas de ISIS ya han llegado al Viejo Continente. No por nada los países árabes no se pronunciaron esta vez, como era su costumbre, condenando a Israel por el ataque en Gaza. El contexto internacional se ha modificado, se ha amplificado.

Durante el último Ramadán, que terminó hace pocos días, organizaciones como ISIS en Irak, Jabat El Nusra en Siria, Boko Haram en Nigeria, mataron a 15.500 personas. En 2013 habían sido 8.000. Este fin de semana, ISIS conquistó una aldea de la etnia yazidi en Irak, y les dio dos opciones: conversión al islam o muerte. Al final fusilaron a sangre fría a 80 varones y secuestraron a 100 mujeres. Los muertos en Siria ya rozan los 200.000, entre ellos 1.800 palestinos de campos de refugiados. Sin embargo, sólo la muerte de 1.867 palestinos en Gaza a manos de Israel, fue calificada de “genocidio” por gente muy respetada en Occidente. El relativismo moral también alcanzó niveles de exuberancia.

Periodistas “apretados” y amenazados

Creció también la sofisticación de la táctica de Hamás de utilización de civiles en la contienda. Una vez que los corresponsales extranjeros salieron de la Franja, comenzaron a relatar lo que verdaderamente había ocurrido. Fueron publicadas las órdenes de Hamás a sus combatientes de mantener a la población en sus hogares: “El ejército israelí limita su fuego contra concentraciones de población civil”, se lee en el documento de instrucciones a los cuadros. “Recomendamos utilizarlas con fines ofensivos. Disparar desde viviendas civiles es interés de Hamás puesto que potencia el odio contra Israel”.

Los periodistas fueron “apretados” para que den una sola versión de los hechos, a saber: “Israel dispara deliberadamente contra civiles”. Cuando un periodista de la India filmó desde su cuarto de hotel a una célula de Hamás disparando misiles de entre las casas, lo hizo murmurando: sabía que estaba arriesgando la vida. Muchos periodistas saben que no podrán entrar más en Gaza por estas revelaciones.

Medios respetados y no precisamente pro-israelíes, como New York Times, la mismísima Al Jezeera y la BBC de Londres, comenzaron a poner en duda las estadísticas hamásicas y a hacer las preguntas correctas, si bien sólo después de la retirada israelí de Gaza, cuando el daño en la opinión pública mundial ya estaba hecho.

El NYTimes analizó las cifras y las edades de los muertos de la lista entregada por “fuentes médicas en Gaza” pero controlada por Hamás con mano de hierro, y descubrieron que los hombres de 20 a 29 años (varones en edad de combatir), que son el 9% de la población general, constituían un tercio de los muertos. Ello implicó, por ejemplo, quitarles los uniformes a los cuerpos de los combatientes caídos y hacerlos pasar por civiles. En cambio, las mujeres y los niños menores de 15 años -menos propensos a empuñar un rifle- y que representan juntos el 71% de la población general, representan un tercio de los muertos. Es decir, con todo el dolor por la muerte de civiles no involucrados, no se puede llamar a eso “matanza indiscriminada”. Algo bien diferente sucedió allí.

En el islam radical, la posibilidad de “ocultar la verdad en la defensa del islam” se llama “taqiyya”, que es difinido como “disimulación, o dispensa legal, por la cual un creyente puede negar su fe o cometer otros actos ilegales o blasfemos, al verse en peligro significativo de persecución”. En otras palabras, el islam prevé el uso de la mentira, pero sólo ante el peligro para la propia vida. El islam radical, con Hamás a la cabeza, ha llevado ese concepto a altísimos y macabros niveles de sofisticación.*

Cuando los “sionistas” eran los “judíos”

La cobertura de ciertos medios de comunicación también fue exacerbadamente militante. Un “poeta” palestino fue entrevistado por una radio sudamericana diciendo que los soldados caminaban entre la multitud palestina “buscando mujeres y niños”, y cuando los encontraban “les disparaban en la cabeza”. Los periodistas de la radio lo dejaron hablar sin siquiera repreguntar.

Es que la superficialidad del análisis también fue la estrella de este período. La lectura se redujo a un pensamiento moralmente escandaloso: “Murieron más palestinos. Ergo, Hamás tiene razón”. Ese pensamiento, llevado a sus últimas consecuencias, daría la razón a Hitler: en los bombardeos de los aliados sobre Alemania murieron entre 400.000 y 600.000 alemanes civiles. Por los cohetes nazis sobre Londres, murieron 10 veces menos: 60.000.

También ha crecido el antisemitismo en el mundo, o por lo menos, ha aumentado el desembozo. A partir de la Segunda Guerra Mundial y la Shoá, el antisemitismo había quedado colocado en el freezer: ya no era políticamente correcto decir “yo soy antisemita”, o “yo odio a los judíos” a excepción de los neonazis, por décadas alejados del mainstream occidental. No es que el odio hubiera desaparecido, sino que había quedado sublimado, recanalizado hacia “el judío entre los estados”, Israel. De ello hemos tratado en un post anterior.

Pues bien: el “recreo” de siete décadas ha finalizado, y los antisemitas ya no tienen problema en identificar al odiado sionismo con los judíos. En Alemania se escuchaban gritos de “judíos (ya no ‘sionistas’) a las cámaras de gas”. En Berlín, un hombre fue golpeado por usar kipá en la calle, y el embajador israelí en Alemania denunció que “están atacando judíos en la calle como si fuera 1938″. En México se gritó “Fuera judíos de México”, en París una sinagoga fue atacada por una horda neonazi y repelida por la juventud judía. En Toulouse, un hombre fue arrestado por lanzar bombas incendiarias contra un centro judío, periodistas mezclaron la palabra “judío” como sinónimo del demoníaco “sionista”. En las manifestaciones en Londres, Hitler fue convocado y bendecido.

Es que también ha aumentado la claridad, el sinceramiento de todas las pasiones. El antisemitismo no había desaparecido, sólo estaba camuflado. Ahora ha recibido certificado de buena conducta, ha quedado en libertad, y se ha sincerado. La mayor parte de la humanidad, que en general se mantiene imparcial, cuando no indiferente, deberá ser advertida de que de eso se trataba, y deberán cuidarse de aquellos que llaman a la destrucción de Israel: estaban hablando de los judíos. Ahora queda más claro.

 

* Para leer un informe completo de USNews traducido al español: http://hatzadhasheni.com/las-mentiras-del-hamas-sobre-los-muertos-y-los-medios-de-comunicacion-que-les-creen-por-oren-kessler/ 

Islam radical: trampa de destrucción

Se desprendió de Al Qaeda y mutó: de organización que pone bombas, a un ejército. Conquistan ciudades y han fundado el "Califato". ISIS en acción. Ejecución masiva de efectivos de seguridad iraquíes.

Se desprendió de Al Qaeda y mutó: de organización que pone bombas, a un ejército. Conquistan ciudades y han fundado el “Califato”. ISIS en acción. Ejecución masiva de efectivos de seguridad iraquíes.

El siguiente artículo de Ben Dror Yemini fue escrito durante la tregua de 72 horas destinadas a negociar un cese el fuego permanente. Hoy, viernes 8.8.14, a las 8.00 AM, Hamás y Jihad Islámica reanudaron su ataque contra Israel, por no “acatar” sus demandas, más parecidas a las de un gremio en huelga que a una organización terrorista que ha arrastrado la zona a la guerra y que, habiendo recibido semejante golpe, debería desear desesperadamente la paz. Decenas de cohetes ya fueron lanzados contra las ciudades israelíes. Israel respondió el fuego. Cuando la paz es funcional a Occidente, y la guerra es funcional al islam radical. 

Por Ben Dror Yemini*

Con todo el caos nos olvidamos de una sola cosa: Hamás nos engaña a todos. El objetivo de Hamás no es liberar a los palestinos del bloqueo o de la ocupación. El objetivo, con cohetes y con los túneles del terror, es lo inverso. Si hay algo que saca de quicio a Hamás, es la posibilidad de un acuerdo. Puesto que el acuerdo, a ojos de Hamás, es la legitimación de Israel. Para ello, Hamás debe arrastrar a Israel a enfrentamientos. El resultado es doble: primero, la destrucción contribuye a la deslegitimación de Israel. Segundo, la mera existencia de una entidad jihadista en territorio que Israel ha evacuado persuade a la mayoría de los ciudadanos de Israel que no hay posibilidad de acuerdo. Cuidado. Israel puede caer en la trampa.

Una retirada de Cisjordania puede provocar que Hamás se haga con ella. El congelamiento en las negociaciones también conducirá a la concresión de la pesadilla de un solo estado, y también a la victoria de la estrategia de la deslegitimación. Ambas opciones son peligrosas. Ambas son funcionales a Hamás. ¿Las conclusiones? En el Medio Oriente se escriben en estos días nuevos capítulos. Siria, Libia e Irak se están desintegrando. ISIS (EIIL, el Estado Islámico de Irak y el Levante) se expande. ISIS se ha hecho con una ciudad limítrofe, Arsal, al norte del Líbano. Ya hay ríos de sangre, literalmente hablando: ISIS difundió un video donde exhibe una ejecución en masa y el lanzamiento de los cuerpos al río. Pero el mundo libre se calla. Se niega a entender que el ascenso del islam radical, que incluye a Hamás, es un fenómeno cuya dimensión es como la del ascenso del nazismo.

Lo que no comprende parte de Occidente, lo entiende parte del mundo árabe. Quizás, sólo quizás, esté allí la clave. No es sólo el Egipto del general A-Sissi. Las masas, a diferencia del pasado, no salieron esta vez a las calles para manifestar su apoyo a Hamás. Parte del mundo musulmán -su tamaño aún no queda claro- comienza a internalizar que la Jihad Global es una receta segura para la destrucción y el derramamiento de sangre. El tiempo dirá si se trata de otra ilusión, o quizás de una puerta a una nueva esperanza.

Las lecciones (reales) del pasado

Para entender qué ha logrado Israel, o qué no ha logrado, se debe comparar con enfrentamientos similares entre ejércitos colosales y bien equipados, y alguno de los grupos de la Jihad.

Los norteamericanos salieron de Irak con el rabo entre las patas. La continuación de la historia es conocida: Irak está colapsando. La Unión Soviética luchó durante la mayor parte de la década del ’80 en Afganistán. Luego de una década se retiró quebrada. El Talibán se apoderó del país. Rusia luchó en dos ocasiones en Chechenia, destruyó Grozno, mató a centenas de miles, la mayoría civiles, a pesar de que la población de Chechenia es más pequeña que la de la Franja de Gaza. No hubo allí precisamente una victoria.

 

Podría ser distinto. Hamás gobierna Gaza con puño de hierro para mantener viva la llama de la "resistencia armada" en lugar de desarrollar un país. Hamás en acción: ejecución de un colaboriacionista con Israel, 2012.

Podría ser distinto. Hamás gobierna Gaza con puño de hierro para mantener viva la llama de la “resistencia armada” en lugar de desarrollar un país. Hamás en acción: ejecución de un colaboriacionista con Israel, 2012.

Israel, al contrario de Rusia o EEUU, puede derrotar a Hamás. El precio sería de decenas de miles de muertos. La Franja toda se vería como Faloudja, como Grozno y como Sadjaía. Pero el problema de Israel no es la reacción no proporcional, sino la reacción prudente. La única razón por la cual Israel no va “hasta el final” y derrota a Hamás, es la reacción internacional: el discurso de los derechos humanos al servicio de la Jihad.

Y todavía queda la pregunta: ¿ha conseguido algo este operativo? La Segunda Guerra del Líbano parecía en el verano de 2006 como un fracaso colosal. Una mirada en retrospectiva evidencia que el golpe recibido por Hezbollah condujo a una calma que ya lleva ocho años. El operativo Plomo Fundido en 2009 fue descripto como un “éxito”. “Aprendimos las lecciones del Líbano”, se sostuvo una y otra vez. ¿De veras? Israel no tuvo siquiera un mes de calma desde la Franja, y además recibió un parche en la cara de nombre “Informe Goldstone”. Así que habrá que esperar. Si bien la comunidad internacional limitó el poder de reacción de Israel, la Unión Europea, justamente ella, impulsó la fórmula de “reconstrucción a cambio de desmilitarización”. Es una fórmula excelente. Después de todo, Israel no tiene nada en contra de los habitantes de la Franja. Si Israel logra apalancar hacia esa dirección, el logro de “Margen Protector” será mucho más grande que el de la Segunda Guerra del Líbano.

Antes de “Plomo Fundido”, (el entonces Primer MInistro) Ehud Olmert lanzó la propuesta de paz más audaz de la historia del conflicto. Abu Mazen la rechazó. Pero los hechos no confunden a los fabricantes de mentiras. Un horizonte diplomático, declaman, habría evitado el enfrentamiento. Ojalá. Ojalá el Medio Oriente en general, y el conflicto árabe israelí en particular, se desarrollaran según líeas racionales o intereses nacionales. Si ello fuera así, hace tiempo tendríamos aquí paz. La Franja de Gaza habría sido libre y próspera luego de la Desconexión (retirada unitlateral israelí en 2005). Israel hubiera marchado hacia una nueva Desconexión, con o sin acuerdo, según el modelo gazeño. Pero ello no ocurrió.

Hamás utiliza niños de varias maneras. Los entrena y adoctrina para la guerra en "inocentes" campamentos de verano. Los utiliza para cavar túneles, pues son ideales por su tamaño, 160 niños han muerto en en su construcción. Los utiliza como escudos humanos en batallas como muestra la imagen. Los exhibe de modo cínico cuando mueren por bombardeos israelíes que ellos provocan. Algunos medios comenzaron a entender de qué se trata.

Hamás utiliza niños de varias maneras. Los entrena y adoctrina para la guerra en “inocentes” campamentos de verano. Los utiliza para cavar túneles, pues son ideales por su tamaño: 160 niños han muerto en su construcción. Los utiliza como escudos humanos en combate como muestra la imagen. Los exhibe de modo cínico cuando mueren por bombardeos israelíes que ellos provocan. Algunos medios comenzaron a entender de qué se trata.

También al Hamás se le propuso un horizonte diplomático. El Cuarteto propuso un entendimiento para el fin del bloqueo. Hamás eligió el terorrismo. Invirtió sumas inconmensurables en la industria de la muerte. En lugar de cada uno de los túneles se podían haber construido 6 escuelas, 19 clínicas u 86 viviendas. Cuando se piensa en los inmensos búnkeres construidos debajo de tantos edificios, en las herrerías que fueron confiscadas para fabricar cohetes, en el canal de televisión Al-Aqsa, que se convirtió en un instrumento de propaganda tal que Der Stürmer (el pasquín pro-Hitleriano) al lado suyo es de izquierda, los palabreríos acerca de intereses, horizonte diplomático, bienestar y prosperidad son una quimera. Todo ello no le interesa a Hamás, como no le interesa a Talibán ni a Boko Haram. Ello no significa que no haga falta un horizonte diplomático. No significa que haya que ampliar la empresa asentadora en Cisjordania, que nos lleva a todos a la pesadilla de un solo gran estado. Pero no hacen falta las falsas ilusiones, no nos han servido y no nos servirán.

¿Ha cambiado el rol de los medios?

A raíz de la cobertura de la Segunda Guerra del Líbano escribió un cronista del Spectator inglés: “tomar posición sobre el enfrentamiento entre Hezbollah e Israel en base a los informes de la BBC desde Beirut es como adoptar una postura acerca de la Segunda Guerra Mundial en base a los bombardeos de Dresden tal como fueron filmados por el Departamento de Propaganda de Goebbels”.

¿Ha cambiado algo? Pues bien, han habido amenazas y aprietes. Un periodista italiano, Gabriel Barbati, admitió que puede informar libremente sólo desde fuera de Gaza, cuando está libre de las represalias de Hamás. Radja Abu Dega, que trabaja para un diario francés, tuvo que abandonar la Franja. A pesar de ello, los cronistas de France 24, también la televisión finlandesa y la televisión india, presentaron evidencias, a veces en vivo, de que las denuncias de Israel acerca del uso de población civil y de instalaciones de la ONU eran ciertas. Un cronista de la CNN puso en aprietos en vivo al portavoz de Hamás, cuando le presentó un fragmento en el que éste acusaba a los judíos de utilizar la sangre de niños cristianos. E incluso una cronista de la BBC presentó evidencias, desde las entrañas de Gaza, sobre la utilización de civiles por parte de Hamás. Se trata de buenas noticias. A pesar de todo y después de todo, algo ha cambiado de todos modos.

* Yediot Ajaronot, Suplemento de Shabat, pág. 9, 8.8.14. Traducción: Marcelo Kisilevski