La anulación de Argentina-Israel, y un fenómeno llamado Miri Reguev

2018-06-05 07.57.31

En Cannes apareció con una enorme falda blanca estampada con la Ciudad Vieja de Jerusalén. En Israel dijo: “Quiero ver a Messi no estrechando mi mano y la del premier”. Ministra de Cultura y Deportes, Miri Reguev. (Caricatura de Gai Morad, tapa de Yediot Ajaronot)

Mientras en Israel niños y adultos lamen las heridas por la anulación del partido, y en la Argentina se habla del “gran papelón” de la selección, podemos empezar a resumir, y también a abrir una ventana a la interna israelí, en lo que se ha dado en llamar “el gol en contra” de la Ministra de Cultura y Deportes, la señora Miri Reguev.

Por Marcelo Kisilevski

El relato de la anulación del partido entre Argentina e Israel tiene muchas aristas. En Israel, dicen los medios y las encuestas, las culpas están repartidas. Por un lado, la gente acusa a la selección (no a Messi en lo personal, que es una vaca sagrada también en Israel) de haberse agachado ante el terrorismo. Como si ISIS no lo hubiera amenazado a Messi en lo personal de matarlo en Rusia, publicando ya incluso un video trucado mostrando su ejecución. ¿En qué otra ciudad estaría más segura la selección que en Jerusalén?, nos preguntamos todos.

Por otro lado, Givril Rajoub, presidente de la Federación Palestina de Fútbol, que amenazó a Messi con una campaña en su contra, empezando por quemar camisetas del número diez, y quemando en pantalla banderas argentinas. El presidente de OLEI (Organización de Latinoamericanos en Israel), el abogado León Amiras, presentó un pedido a FIFA de tomar medidas contra dicha Federación, por incitación a la violencia y politización del deporte, ambos prohibidos por el estatuto de la organización internacional. El dinero que salga de la demanda, sería donado al Centro Shimón Peres, que organiza partidos en los que participan niños judíos, cristianos y musulmanes, “por la unidad de los pueblos”.

Y por último, aunque no en ese orden, la gente acusa a Miri Reguev, ministra de Cultura y Deportes, que con sus pasos de elefante en un bazar, convierte todo lo que toca en un acto político para Biniamín Netanyahu y, sobre todo, para sí misma. Y a veces, rompe platos y copas.

En este caso, su terquedad en trasladar el partido del estadio Samy Ofer de Haifa, más moderno, cómodo para los jugadores, y rentable para la empresa productora, al más antiguo Teddy en Jerusalén, acabó por politizar el encuentro: una vez tomada la decisión, todo el mundo quedaba trepado a un árbol del que nadie podía bajarse. Ni el gobierno, so pena de dañar la movida por Jerusalén, ni los movimientos antiisraelíes ligados al BDS, que lo festejaron como una excusa para torpedear un partido que, de por sí, presentaban como “un blanqueo de la ocupación de Palestina”.

La Oficina del Contralor, que audita los gastos y otras acciones del Estado, está revisando ahora por qué prometió Miri Reguev al productor del encuentro, Benaím, unos 2 millones de dólares para cubrir la menor rentabilidad del evento si se hacía en Jerusalén y no en Haifa. A cambio, se debería montar la foto-oportunidad de Messi dándole la mano a ella y al Primer Ministro. “A partir de ese trato, Reguev se comportó como si el partido fuera un evento privado de ella”, dijo una fuente cercana a la producción. Se trató de fondos públicos, claro. No para su bolsillo, pero sí para su prestigio, para su carrera y para su ego. El tufillo de corrupción flota por donde se lo mire. Si algún medio le discutía, vociferaba: “Quiero ver a Messi no estrechando mi mano ni la del Premier”.

Que quede claro una vez más: las organizaciones del BDS no piden la paz basada en “dos Estados para dos pueblos”, sino el lema: “Del río Jordán al Mediterráneo, Palestina libre”, o sea, la destrucción de Israel. Incluso Chiqui Tapia, presidente de AFA, en su extraña conferencia de prensa, habló de “una situación que ya existe desde hace 70 años”, es decir que el problema para él también es la creación de Israel en 1948. Más allá de preguntarle si no sabían de ello semanas antes, cuando aceptaron jugar en Jerusalén, ¿no eran solo 51 años, desde la toma de control de Cisjordania y Gaza por Israel en la Guerra de los Seis Días? Pero vaya uno a repetir una y otra vez lecciones de historia y matemáticas a Chiqui Tapia.

En el medio, Messi, literal dueño de la pelota, hasta ese momento ilusionado con hacer la “Gran Diego” de 1986 (tocar el Kotel y ganar el Mundial, rompiendo un hechizo de 30 años sin ganarlo), se habría bajado por presiones de los jugadores y del técnico Sampaoli, que desde el vamos no estaba de acuerdo con este “City-Tour” por el Vaticano e Israel justo antes del Mundial. Después de los gritos de los veinte manifestantes afuera de la concentración, por primera vez, los jugadores preguntaron de qué se trataba todo, y escucharon acerca del traspaso de la embajada norteamericana a la capital israelí, y sobre un conflicto del que tenían vaga idea, y se asustaron. ¿Para qué necesitamos semejante bardo a tres días del Mundial?, preguntaban. Messi presentó el pedido de anular, pero se estima que representaba al plantel en su conjunto.

En Israel se barajan fuerte, hoy (viernes) hipótesis según las cuales el seleccionado habría fraguado un conflicto, por las motivaciones profesionales de Sampaoli, inventando lo de la “politización” del partido y lo del miedo por la seguridad de los jugadores ante las amenazas. Se dice que todo habría sido por presiones de otros países, el principal de ellos Qatar, que habría ofrecido cubrir el reintegro de más de 2 millones de dólares a la empresa productora israelí, así como las eventuales indemnizaciones. Para Nahuel Lanzillota, el cronista de Clarín que cubre a la selección, las cosas son más sencillas. Sin negar el liderazgo de Messi en cocinar el partido y también en deshacerlo, las cosas ocurrieron, según él, como se señala en el párrafo anterior.

Miri Reguev, un fenómeno de cuidado

Pero de este lado, la Reguev es un fenómeno de cuidado. Con su carácter payasesco, hace las delicias de “Eretz Nehederet”, el principal programa de sátira política de la televisión israelí. ¿Pero cuántos payasos se han convertido ya en primeros mandatarios en los últimos años en el mundo? El que no la quiera hoy como Ministra de Cultura, podría tenerla en el futuro como Primera Ministra israelí. Si de feminismo hablamos, Golda Meir, más que alegrarse, se revolcaría en su tumba al ver quién es su sucesora.

Ultraderechista, ambiciosa, trepadora y atropelladora, son solo algunos de los adjetivos que caracterizan su accionar. Esta semana, después del fiasco del partido con Argentina, se utilizaron varios términos tomados del fútbol. El principal, obviamente: gol en contra. Tan en contra, que cuando quiso reclutar al premier Netanyahu a que la ayude a salir del barro en que se había metido sola con el traslado del partido de Haifa a Jerusalén, el mandatario israelí fue terminante: “Yo no tuve nada que ver con el traslado del partido”. Ello, a pesar de una carta que habría mandado Bibi al presidente Mauricio Macri ya en marzo, explicándole la importancia de que el partido se jugara en Jerusalén.

Reguev lo politiza todo: en cada discurso inaugurando cualquier festival de cultura carga prácticamente contra toda la intelectualidad israelí, desde cineastas hasta actores, que no son suficientemente “patriotas”. Administra recursos de su ministerio según los contenidos de libros, piezas teatrales, películas. En el último Día de la Independencia, se empecinó con que Biniamín Netanyahu hablara en el Monte Herzl, en el acto central, en lugar del Presidente de la Knesset, como lo marca el protocolo. Al Festival de Cine en Cannes fue con un vestido estampado con la Ciudad Vieja de Jerusalén. Incluso el triunfo de Neta Barzilai en el Eurovisión fue una oportunidad para ella de robar pantalla. El público israelí, acostumbrado de a poco, como sapo en olla hirviendo, pone ojos en blanco y sigue adelante.

Los ministros de la coalición se negaron por horas a salir en radio a respaldar a su par, y los que lo hicieron, hablaron a medias lenguas. También el diario de Bibi, “Israel Hayom”, encontró en Reguev un blanco adonde desviar los dardos: “Críticas en el entorno de Netanyahu contra Miri Reguev: ‘¿Para que empecinarse en el traslado del partido a la capital?'”, titularon en tapa. En pocas palabras: Bibi limpio está, que Miri se arregle sola.

Entonces, hizo lo que sabe hacer: echar gasolina para apagar el fogón. En su delirante conferencia de prensa, echó la culpa al “terrorismo”, “el mismo que perpetró el atentado contra los deportistas israelíes en Munich en 1972”. Nada menos. Unos cuantos fanáticos con camisetas bañadas en kétchup, son equiparados con Septiembre Negro. Ahora se las tiene que ver con los familiares de aquellas víctimas, y con la sociedad israelí en su conjunto, portadora del atentado de Munich como parte de su mitología genética.

Tan delirante se va tornando su trayectoria, que hace que un periodista virulentamente nacionalista como Roni Daniel diga en su programa de radio: “Alguien tiene que pararla”. Ahora, estiman algunos analistas, la ministra hará mutis por el foro por un tiempo. Hasta la próxima vez.

“Es cierto, hice un gol en contra”, dijo Yuval Jemo, caracterizado como la Reguev en Eretz Nehederet. “¡Pero qué gol en contra! Esperen, que eso no es nada comparado con lo que les tengo preparado para el Eurovisión”. Es que, después del triunfo de Netta Barzilai, el año que viene el festival debe llevarse a cabo en Israel. Los estatutos no obligan a los países anfitriones a realizarlo en su capital, y en Israel están barajando alternativas. Pero Reguev ya fue tajante: “Si no se hace en Jerusalén, tenemos que considerar no hacerlo del todo”.

Como se dice por estos lares, a veces es más importante ser sabios que tener razón. Miri Reguev solo quiere tener razón. La sabiduría y la inteligencia, parece, quedarán en manos de los votantes. Y no es esa la mejor noticia.

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ESCALADA EN EL SUR: CAMBIO DE REGLAS DE JUEGO EN GAZA

Gaza

Vista de Gaza, luego de una incursión israelí. Hoy se registraron cinco heridos israelíes, y no se reportaron víctimas palestinas. 

Por Marcelo Kisilevski

No se sabe hacia dónde va la actual escalada con Gaza, iniciada hoy por la Jihad Islámica con el lanzamiento de más de cien bombas de mortero y cohetes de tipo Katiusha contra suelo israelí, hiriendo a cinco israelíes. A pesar de ser una suma que pasa la línea roja desde el punto de vista de la opinión pública israelí, el gobierno sigue sin querer ir a una guerra, sabiendo el precio que tendrá que pagar.

Como lo explica Amós Harel en Haaretz, hasta el momento se daba un juego consentido entre Israel y Hamás: cada viernes, a veces también a media semana, Hamás organizaba una manifestación, con visos de popular para la narrativa hacia el mundo, mientras que, con esa cobertura, terroristas intentaban penetrar la cerca, colocando cargas explosivas, además de botellas incendiarias, barriletes incendiarios y el uso de otras armas. Israel por su parte, impedía la penetración de la cerca y, como mucho incursionaba dentro de la Franja. Pero la dinámica no pasaba de ahí. Israel frustraba las intenciones operativas de Hamás, y Hamás ganaba imagen en las pantallas mundiales.

Parece ser, no obstante, que Hamás comenzó a cambiar las reglas ya desde la jornada anterior al Día de la Naqba, cuando muriero 62 palestinos, 50 de ellos miembros del Hamás, según se jactó públicamente un alto dirigente de esa organización. Desde entonces, los incidentes en la cerca crecieron significativamente en número. Entonces, el domingo, luego de que palestinos intentaran colocar una enorme carga explosiva junto a la cerca, un tanque de Tzahal disparó contra una posición de la Jihad Islámica matando a tres de sus miembros que estaban en un puesto de observación.

En general, la Jihad amenaza con vengarse, y también lo hizo esta vez. Esta mañana cumplió su amenaza, con el lanzamiento de más de cien proyectiles, en su mayoría bombas de mortero y también cohetes Katiusha, contra poblados israelíes. Una de las bombas cayó en el patio de recreos de un jardín de infantes. De este modo, la Jihad Islámica, financiada y comandada totalmente por Irán, cambió hoy las reglas del juego.

Israel reaccionó responsabilizando a Hamás, entendiendo que sigue siendo la autoridad que controla el tamaño de la flama. Treinta blancos del Hamás fueron bombardeados. El hecho de que no se haya informado de víctimas del lado palestino indica que todavía Israel se maneja con prudencia, apostando a que el incidente no pase de ahí y que no conduzca a una escalada.

Uno de los ataques fue el bombardeo desde el aire de un largo túnel terrorista del Hamás, que se introducía en territorio egipcio y emergía nuevamente en territorio israelí, cerca del kibutz Kerem Shalom.

Mientras esta noche se reunía el gabinete de seguridad, el Hamás y la Jihad emitían un inédito comunicado conjunto en el que asumían la responsabilidad compartida por los disparos y lanzamientos de hoy, según informó Jacky Jugui de la emisora militar Galei Tzahal. También aseguraban que estaban preparados para la guerra.

Israel, en tanto, advirtió a los líderes del Hamás que ellos en lo personal estaban en la mira esta vez. No por nada, hoy ya están todos ocultos en los túneles internos de la Franja de Gaza.

Las 12 exigencias de EEUU a Irán

Pompeo

EEUU y una apuesta fuerte. Secretario de Estado, Mike Pompeo.

 

Por Marcelo Kisilevski

Es difícil pensar que Irán vaya a aceptar los “12 puntos de Pompeo” para un nuevo acuerdo con Irán. ¿Qué escenarios se abren en ese caso?

El gobierno israelí, y seguramente Biniamín Netanyahu, se despiertan hoy a un nuevo amanecer de idilio con Donald Trump y su equipo, especialmente su Secretario de Estado, Mike Pompeo, después del anuncio de los 12 puntos de exigencia para un nuevo tratado nuclear con Irán. Como si les hubieran sido dictados por la Oficina del Primer Ministro en Jerusalén, según se preguntaban, medio en serio, medio en broma, los analistas esta mañana.

En efecto, las 12 exigencias de EEUU a Irán, para no someter al país de los ayatollahs nuevas sanciones económicas, incluyen todas las preocupaciones israelíes, y todos los puntos que no estaban en el acuerdo anterior, firmado por Barack Obama:

1) Retirar todas las fuerzas iraníes de Siria.

2) Cesar las amenazas contra todos los países de la zona, incluyendo la amenaza explícita de destruir Israel.

3) Abrir todas las instalaciones nucleares a los inspectores internacionales, cesando el ocultamiento y la mentira.

4) Cesar totalmente el enriquecimiento de uranio y la producción de aguas pesadas (para la producción de plutonio).

5) Proporcionar información completa sobre el programa nuclear.

6) Cesar por completo el desarrollo de misiles balísticos.

7) Cesar la asistencia de las Guardias Revolucionarias a organizaciones terroristas.

8) Dejar de dar refugio en su territorio a miembros de organizaciones terroristas.

9) Cesar el apoyo a la milicia huty en el Yemen.

10) Dejar de pertrechar a las milicias chiítas en Irak.

11) Dejar de financiar y pertrechar a la organización chiíta libanesa Hezbollah, y a las palestinas Hamás y Jihad Islámica.

12) Liberar a todos los ciudadanos occidentales hechos prisioneros en Irán.

Es difícil suponer que Irán aceptará siquiera una parte de estas exigencias, y ya las ha rechazado en el plano público. Según analistas en Israel, Trump está, por lo tanto, yendo a un camino de colisión que lo llevará de modo calculado a un escenario de nuevas sanciones. Se trata, dicen, de una apuesta fuerte pues, no como en la vuelta anterior, no queda claro que EEUU cuente con buena compañía para nuevas sanciones. Irán podría ampararse en las economías de India y China, quizás las de algunos países europeos que se rebelen a los dictados norteamericanos, y renunciando a la economía norteamericana. Eso significa la vuelta de Irán al desarrollo nuclear.

Y eso significaría que, en manos de EEUU, volvería a estar fuerte sobre el tapete la opción militar.

DEL HAMÁS Y LAS ILUSIONES MENTALES

Afifon

Un barrilete incendiario, con una cruz svástica. Todo un símbolo de la manifestación “pacífica” y su agenda.

Por Marcelo Kisilevski

Puedo entender a los que condenan a Israel por los resultados sangrientos de la manifestación del lunes en el límite entre Israel y Gaza. Ellos ven manifestantes de un lado, militares del otro. Estos disparan, aquellos mueren. Nada más simple. Nada más maligno e injusto. Como dice el psicólogo socio-económico Dan Arieli, si las ilusiones ópticas son tan difíciles de superar, imaginen qué ocurre con las ilusiones mentales. Y esta es una ilusión mental.

Sobre todo, cuando se trata de una ilusión mental -“la manifestación de los palestinos era pacífica”- alimentada con otra: “los israelíes disparan porque son malvados en su esencia; pues sionistas son, y el sionismo es lo malvado par excellence“. Es decir, “a los israelíes les encanta disparar a civiles desarmados; si la manifestación era pacífica, no hay otra explicación posible”.

Se trata de la demonización en su estado más puro. El mal que se explica a sí mismo: los israelíes (los judíos) son malvados porque lo son.

Todo esto, fogoneado por otra fantasía: la que el Hamás utilizó para llevar a un pequeño número de palestinos (planearon 200.000; asistieron 40.000 en su mejor jornada) al límite con Israel. Lo llamaron la “Gran Marcha del Retorno”: “Hoy regresamos al hogar”, era el alucinado mantra repetido en las calles de Gaza desde los altoparlantes del Hamás desde semanas antes. ¿De verdad pensaban que Israel permitiría que hordas de palestinos desesperados lograran penetrar la cerca y llegar a poblados israelíes, matar a sus pobladores y apoderarse de las casas que sus abuelos abandonaron (por las buenas o por las malas, pues hubo de todo, pero no es la discusión aquí) en 1948? ¿Y luego qué harían? La agenda de la Gran Marcha del Retorno, pues, no era aliviar las condiciones de vida a las que el Hamás mismo llevó a su desesperada población en Gaza, sino destruir Israel. Liso, llano y explícito.

Que quede claro: la manifestación no llamaba a condenar la mudanza de la embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalem, que se realizaba ese mismo día. En todo caso, solo a perturbar los festejos israelíes. La agenda de la manifestación era el “Retorno”, con pancartas como “Nos encontraremos pronto, Palestina, ¡volveremos!” La manifestación más grande contra la mudanza de Trump a Jerusalén ocurrió en Estambul, no en Gaza.

Como lo explica este fin de semana Ben Dror Yemini en Yediot Ajaronot, no existe tal derecho, el “derecho al retorno”, ni en la ley internacional ni en su jurisprudencia. De los millones de refugiados post-Segunda Guerra Mundial, ningún grupo logró realmente algo significativo. Aquí y allá hubo demandas de restitución de bienes y retorno. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos trató la principal demanda en esta área: refugiados griegos del lado turco de Chipre, a raíz de la invasión turca de 1974, exigieron la restitución de sus bienes. La situación ha cambiado, determinó el tribunal, y rechazó la demanda. Los judíos forzados a emigrar de Egipto también demandaron los bienes que les fueron expropiados. De facto, ninguno de ellos recibió ninguna indemnización. Ochocientos mil judíos fueron expulsados de todos los países árabes en venganza por la creación de Israel. Pero solo los refugiados de Palestina, que entonces eran árabes y hoy son los palestinos, continúan cultivando una sola y única fantasía: el Retorno.

Operativo militar con todas las letras

Pero resulta ser que el Hamás creyó su propia fantasía, y las manifestaciones, en especial la del lunes, fueron planeadas como un verdadero operativo militar, con jerarquías, con órdenes, y con la combinación de fuerzas militares del Hamás utilizando tácticamente a la población civil. El lunes, la aspiración era traer 200.000 personas. Todo aquel que subió a los autobuses recibió 50 shekel (unos 15 dólares). Si era una familia entera, recibía 100 dólares, todo dinero de Irán. Los miembros de Hamás recibieron la orden de asistir con sus familias. En los viernes anteriores se organizaron cinco focos de manifestaciones. El lunes se establecieron doce, cada uno con sus tiendas de campaña para abastecimiento y coordinación.

Se trató de un operativo militar con todas las letras. Cada foco era un sector de batalla, con su comandante de batallón, pelotones con funciones definidas, medios de combate. La orden del día no dejaba lugar a dudas: “El lunes se presentará la gente a las 10 AM. Se establecerá la Hora H, y a esa hora avanzarán los manifestantes como un solo bloque y a pecho descubierto hacia la cerca. Los manifestantes traerán un cuchillo o una pistola, la ocultarán debajo de sus ropas y no la utilizarán hasta que no se topen con soldados o con habitantes israelíes (al otro lado de la cerca). La orden no es matarlos sino traerlos (secuestrarlos): se trata de un naipe de negociación sensible, del cual teme Israel”.

El ejército israelí practicó durante los días previos simulacros de cómo dispersar las manifestaciones de la manera menos violenta posible. Se enviaron mensajes de texto, se lanzaron volantes en todo Gaza advirtiendo del peligro. En el lugar se lanzaron gases lacrimógenos y hasta bombas de olor. “Más no podíamos hacer (para dispersarlos pacíficamente)”, dijo un alto oficial en el lugar. Y luego, ante los que no se retraían, solo quedaba el arma de fuego. Las órdenes de apertura de fuego eran claras y fueron repasadas teniendo como sombra la ley internacional, porque el peligro de demandas internacionales en la Corte de La Haya por crímenes de guerra contra soldados y sus comandantes preocupa, y mucho, a la parte israelí. Solo disparar a palestinos violentos, que utilizan bombas molotov, llegan a la cerca, zona delimitada de antemano como prohibida de acuerdo a cánones internacionales, e intentan volarla con cargas explosivas. Disparar a focos de disparos con armas de fuego también utilizadas por Hamás desde detrás de los manifestantes, o de las cortinas de humo generadas por los neumáticos ardientes. De paso, si la manifestación es pacífica, ¿para qué se queman miles de neumáticos?

El resultado operativo, desde el punto de vista de Hamás, fue un desastre total. La convocatoria fue pobre, en comparación con las expectativas. No hubo una sola penetración a través de la cerca. Murieron 62 palestinos. Yjia Anwar se jactó ante su propia gente, en árabe: “Sepan que 50 de los 62 eran hombres nuestros, los heroicos mártires del Hamás”, pensando que nadie se enteraría. Mejor confesión que esa, y mejor admisión de la exactitud de los francotiradores israelíes, imposible. Por otro lado, no hubo una sola víctima israelí, ni una fotografía del éxito, porque no hubo ningún éxito.

Como lo dice Bret Stephens en el New York Times: “El viejo patrón es conocido y se ha vuelto a poner en acción: busca la destrucción de Israel, y clama por lástima y ayuda cuando el plan te conduce al desastre.”

Derrota israelí en la guerra de la percepción

El único logro es simbólico, de imagen. Indudablemente, Hamás logró ganar la batalla de la “hasbará”, la guerra de percepciones, e Israel deberá cambiar drásticamente su política respecto de Gaza si quiere resultados diferentes en esa arena. Hamás logró devolver el tema palestino a los titulares del mundo, y engañar nuevamente a parte de la opinión pública mundial, a los progresistas, a la Unión Europea, y al siempre antiisraelí Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que llamó a una investigación internacional sobre los hechos. No vimos comisiones de investigación para los hechos en Siria respaldados por Irán y la ONU. Cuando mueren doce civiles inocentes en Gaza y 50 terroristas, se investiga. Cuando se muere medio millón de sirios a manos de Assad, (¡entre ellos 4.000 palestinos!) o diez mil yemenitas por los bombardeos de Arabia Saudita, no se investiga. Raro, ¿no? Pero que no los confundan con hechos. Stephens, del New York Times, concluía:  las razones de esta deformación moral en la crítica parecen ser bastante claras.

¿Y por qué no hubo otra jornada de “manifestaciones” en el verdadero Día de la Naqba, el martes? Dos versiones: una, que los líderes del Hamás se asustaron de la magnitud de la reacción de Israel, tanto de los números de muertos como del hecho de que Israel no se limitó a la cerca y realizó ataques en profundidad en blancos de Hamás dentro de la Franja. Otra, que A-Sisi amenazó a Ismail Haniye, jefe del brazo político de Hamás: “Si no paran, cuando Israel comience su política de asesinatos selectivos, no intercederé”. Ya sea lo uno o lo otro, Hamás replegó sus tiendas de campaña y ordenó a su gente la retirada. Ya sea lo uno o lo otro. Se trató de un operativo militar, ciento por ciento controlado por Hamás.

En fin. Un reciente cálculo de economistas occidentales estimó que la cantidad de “Planes Marshall” que fueron volcados en la Franja de Gaza desde los Acuerdos de Oslo, dinero contante y sonante de los países donantes, proporcionalmente a su territorio y población, asciende a 15. Quince Planes Marshall. Gaza podría ser hoy varias veces Singapur. El único gran emprendimiento constructor del Hamás, el de construir túneles terroristas para penetrar en territorio israelí y matar a civiles, o secuestrar un soldado (de lo cual, si la memoria no me falla, solo lograron secuestrar a Guilad Shalit en 2006, matando a su compañero, y a cuatro soldados más en el último operativo israelí en 2014), requiere 350 camiones de material por túnel. Según el cálculo del Wall Street Journal, es la cantidad con la cual se hubieran podido construir 86 hogares, 7 mezquitas, 6 escuelas o 19 clínicas médicas… por cada túnel. Israel descubrió y destruyó 32 túneles. Hagan la cuenta.

Después de once años gobernando la Franja de Gaza, los niños palestinos caminan sobre caca en las calles de Gaza, porque el Hamás cava túneles y fabrica misiles en lugar de construir cloacas. Y también, porque la imagen es más fotogénica. Niños sanos, con escuelas y casas reconstruidas, no se ajustan a esta “narrativa de un pueblo”. Así no se construye el futuro de ese pueblo; así solo se lo enferma, se lo hambrea y se lo utiliza para una vil maquinaria de propaganda. Menos mal que está Israel ahí afuera para ser culpado por ello. Así también se alimenta la ilusión mental.

Los actores en la trama israelí palestina no son Israel, por un lado, malvado diabólico, y los palestinos indefensos por el otro. Se trata, antes bien, de tres actores: Israel por un lado, el pueblo palestino, con el que Israel no tiene absolutamente ningún problema (si Israel quisiera matar palestinos inocentes adrede los números habrían sido y serían bien otros), y el Hamás por el otro, con su ideología islámica radical irredentista mesiánica y violenta. Solo con este actor, Israel tiene un serio problema.

En el libro Matar un ruiseñor, de la escritora Harper Lee, la niña Scout le pregunta a su padre, Atticus, abogado que defiende a un afroamericano por un asesinato que no cometió. Corría el año 1936 en los Estados Unidos. En determinado momento, Scout le pregunta a su papá: “¿Por qué lo defiendes, si sabes de antemano que vas a perder el juicio?” Atticus le responde: “Aun si habrán de pasar cien años antes de que logremos ganar un caso semejante, eso no significa que no debemos intentarlo”.

De la misma manera, la ilusión mental acerca de los palestinos, el Hamás e Israel, no será desbaratada con estas líneas, porque es muy poderosa. No tiene nada que ver con la razón, sino solo con la emoción, que es la base de los prejuicios. Si logramos cambiar la percepción de un solo lector acerca de este drama de errores, habremos dado un paso adelante. Y quién sabe, quizás dentro de cien años, toda esta historia trágica se entienda mejor.

 

HAMÁS ENCONTRÓ UNA NUEVA FÓRMULA PARA LA JIHAD – ¿QUÉ HARÁ ISRAEL?

ViernesLlantasPor Marcelo Kisilevski

Luego del fracaso rotundo de los túneles terroristas, después de la neutralización de los cohetes Qassam y sus desarrollos posteriores, y aun antes de hallarse una respuesta adecuada a los morteros, Hamás parece haber hallado una fórmula que se perfila como el nuevo desafío para Israel: manifestaciones masivas contra la cerca que separa Gaza de Israel. Como en la primera época de la primera Intifada, en 1987, Israel ha actuado el último viernes con perplejidad, pero con la mayor exactitud posible. Diez de los 16 palestinos muertos en la última manifestación eran terroristas ya conocidos por las fuerzas de seguridad israelíes. Pero seis no lo eran, y hay algunos testimonios que dan cuenta de disparos no exactos contra manifestantes desarmados, que habrá que investigar.

Las manifestaciones seguirán este viernes y los siguientes, hasta el 14.5, Día de la Naqba. Es posible que con cada manifestación vayan mejorando sus variantes, con mayor o menor violencia. Para este viernes, se anuncia el “Viernes de las llantas”. La intención es reunir unas 10.000 llantas para, el viernes, colocarlas junto a la cerca e incendiarlas. Se formaría una cortina de humo gigante que taparía el resto de las actividades violentas a la vista de los soldados, como lanzamiento de piedras, botellas incendiarias, colocación de cargas explosivas junto a la cerca, penetración de la cerca al lado israelí. Asimismo, colocarán espejos para encandilar a los soldados.

No cabe duda que Israel tiene un problema. La fórmula hallada por Hamás, y que tiene bastante aceptación entre la población civil palestina, a juzgar por los alrededor de 50.000 palestinos que participaron en la primera edición, es ganadora: si Israel se abstiene de disparar a los violentos de entre los manifestantes, para no arriesgarse a matar civiles inocentes, los terroristas podrán efectuar sus acciones violentas sin molestias. Si el ejército israelí, en cambio, decide disparar, matando a violentos y a civiles, como ocurrió el viernes último, también es ganancia neta para el Hamás, que cuenta con los muertos de su lado para enrolar a la opinión pública mundial.

Hoy se reunía un representante egipcio con un funcionario del Shin Bet israelí para analizar pasos conjuntos para enfrentar la situación. Pero la solución, o el alivio de la crisis, debe venir del área política: qué medidas tomar para aliviar la crisis humanitaria que afecta a Gaza, sacar vapor de estas manifestaciones violentas camufladas como pacíficas, y reflotar algún viso de negociación de paz. Ante un Trump desacreditado, quien se perfila como posible mediador es nada menos que Vladimir Putin, nuevo hombre poderoso en la región, en principio potable para ambas partes en el conflicto. El problema es que ni el actual gobierno israelí, ni, al parecer, las dos conducciones palestinas, la del Hamás y la de Fatah, parecen demasiado interesados en volver a la mesa de negociaciones, cada uno por sus propios motivos internos. Puede ser que la violencia creciente, y los muertos en el camino, acabe por obligar a ambos.

Donald Trump busca algo de paz

Trump Jerusalem

Por Marcelo Kisilevski

En un intento por volver a la arena mesoriental después de habérsela dejado en bandeja a Putin, y perseguido por los asuntos internos, el presidente norteamericano ha tomado dos medidas que, a su modo de ver, son drásticas y cambiarán el mapa del Medio Oriente bajo su impronta inolvidable.

La primera es el anuncio de adelantar la mudanza de la Embajada Norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén el 14 de mayo próximo (2018). Es la fecha gregoriana de la Declaración de Independencia de Israel, en la misma fecha del año 1948. Para los palestinos, es el Día de la Naqba, la “Catástrofe”, que conmemora el éxodo del los refugiados árabes, durante una guerra que ellos comenzaron, como correlato de su rechazo a la Partición de Palestina en la ONU, que les garantizaba su propio Estado ya entonces.

Para muchos, Trump está cambiando las reglas de juego al decirles a los palestinos: se acabó lo que se daba, no se pueden respaldar cómodamente en sus sillas esperando que el mundo los siga mimando. Tendrán que aceptar algo alguna vez. O cuanto menos, ofrecer un plan alternativo.

Mientras tanto, la ANP ha “despedido” a Trump como mediador. Y no importa cuán enfático haya sido Trump, en su anuncio, en cuanto a que su decisión no va en desmedro de los reclamos palestinos… si se dignan a volver a la mesa de negociones. Pero ellos nada. De más está decir que el gobierno israelí de Biniamín Netanyahu está feliz con la intransigencia palestina. Un Netanyahu exultante recorre las redes sociales y cuanta pantalla se le ofrezca para exhibir su sonrisa de oreja a oreja, en medio de los escándalos de corrupción que lo aquejan. Parece decir: “Mientras Trump nos acaricie, y mientras los palestinos se emperren en su rechazo de todo, vamos bien.”

Ayer, el diario inglés en idioma árabe, A-Shark Al-Awsat, publicó el hecho de la segunda medida drástica tomada por Trump, su plan de paz. El mismo incluye:

-Dos Estados para dos pueblos.

-Jerusalén dividida en dos capitales, la occidental para Israel, la oriental para Palestina. Eso sí, la Ciudad Vieja internacionalizada

-El Estado palestino desmilitarizado.

-La seguridad de las fronteras de ambos Estados, en manos de Israel. El Valle del Jordán en manos de Israel.

-Bloques de asentamientos a anexarse a Israel, asentamientos aislados serán evacuados (no dice adónde). Terrenos israelíes a ser dados a cambio a Palestina (intercambio de territorios).

-Atribuciones adicionales a la Autoridad Palestina que aumentan su soberanía, convirtiéndolo en Estado.

-40.000 millones de dólares de EEUU a Palestina como impulso a su creación y desarrollo.

-Los refugiados palestinos quedarán en sus lugares, y recibirán una compensación económica.

El plan sería presentado en una futura convención internacional a ser convocada por la Casa Blanca. Por el momento, sin embargo, y salvo sorpresas, queda claro de antemano el rechazo palestino por dos motivos: uno es su animadversión por Trump; el otro es el contenido del plan, que no les otorga soberanía sobre Jerusalén y acaba con el sueño del Derecho al Retorno de los refugiados, dogma central de la causa palestina. Con su anuncio de recorte en un 50% de ayuda a la UNWRA, Trump ya había iniciado su campaña para poner fin a la eternización del problema de los refugiados palestinos, único grupo de refugiados post-Segunda Guerra Mundial que queda, y que encima crece, al definir también como refugiados a sus descendientes, lo que contraviene tanto la ley como la costumbre internacional. Pero para los palestinos, es el centro de su épica, al precio de una población adoctrianda y condenada a la indigencia y a la beneficencia ajena.

Israel rechazará también, aunque a último momento, cuando el plan pierda su vigencia, Bibi repetirá su truco de aceptar al final, con la intención de dejar a Mahmud Abbas como la parte arisca en esta dinámica grupal.

Los opositores a estas medidas de Trump (Jerusalén, refugiados, plan de paz) dirán que la manera desprolija, desordenada, autoritaria, que es el fiel estilo Trump, condena toda la maniobra al fracaso de antemano. Ahora que también el Encargado de Negociaciones de Trump, su yerno Jarred Kushner, está también en situación complicada, la estruendosa noticia de su anunciado plan de paz parece perder altura de vuelo, aun antes de despegar.

ROHANÍ, EL PASIVO-AGRESIVO

Rohani

Rohaní, el gran manipulador.

Por Marcelo Kisilevski
Este fin de semana, un dron iraní penetró durante un minuto y medio en cielo territorial israelí, hasta que Israel lo derribó. Aviones de la Fuerza Aérea israelí atacaron, entonces, 12 objetivos en Siria, parte sirios (entre ellos bases de lanzamiento de misiles antiaéreos) y parte iraníes. Uno de los aviones F-16 fue derribado por un misil sirio, en realidad de fabricación rusa.
La estrategia de Irán consiste en lograr una hegemonía iraní en el Medio Oriente, penetrando en países árabes (Irán es persa), actuando como potencia regional militar y económica, a través de la concreción de un corredor: Irán + el Irak chiíta (centro-norte) + Siria como protectorado iraní + Mediterráneo. Sin olvidar a su proxy en el Líbano, Hezbollah. Allí, en el Líbano, supuestamente a salvo de los bombardeos israelíes, es donde Irán planea construir una planta de fabricación de misiles de alta precisión a ser disparados contra Israel cuando llegue la hora, lo cual sería la solución, desde su punto de vista, a las incursiones israelíes en territorio sirio para frustrar el costoso traslado de misiles desde Irán a las comarcas de Hezbollah. Para Israel, eso es una línea roja, y de allí las incursiones. Como movimiento de pinzas, Irán se acerca por el sur, apoyando a los hutíes chiítas en el Yemen, y también a Hamás (sunitas, pero un enemigo en común los une) en la Franja de Gaza. Israel está preocupado por esta avanzada iraní en la región, pero más lo están los propios países árabes. En Siria, medio millón de civiles ya fueron muertos, y el régimen genocida de Assad permanece incólume, gracias al sostén iraní, además del ruso.
Todo esto no lo impidió al presidente de Irán, Hassan Rohaní decir, en respuesta a la escalada del fin de semana: “Una solución militar, intervención extranjera, y traspaso de armas destructivas a la región, no son la solución a los problemas de la zona. Si un país piensa que se pueden obtener resultados deseados por medio de aumentar el terror, intervención en asuntos de otros países o bombardeos de países vecinos, está equivocado”.
¿De veras? ¿No es lo que está haciendo, precisamente, Irán? Quizás Rohaní está proyectando, diría un psicólogo. Son síntomas del famoso trastorno pasivo-agresivo, diría un psiquiatra. En conferencia de prensa, mostró grandes dotes de manipulador. Por desgracia, el Medio Oriente no es un espacio terapéutico.
¿De quién habla Rohaní? Es sabido que existe una interna entre él, que defiende soluciones económicas para la alicaída economía iraní, reduciendo la inversión en aventuras militares exteriores, y Muhamad Alí Jafari, comandante de la Guardia Revolucionaria Iraní, que defiende las soluciones militares a todos los problemas de Irán. ¿Le estará hablando a él? ¿Es un Irán que se mira al espejo?
Pero no. Rohaní, leal, aclara el punto: “Irán está dispuesto a aportar a la seguridad de la región. Ya hemos creado una cooperación tripartita, cuádruple y quíntuple en la región, y vemos que esta cooperación contribuye a la zona”.
El mandatario iraní tiene suerte: en la era de las narrativas, cualquier construcción simbólica es posible. En tanto, altos oficiales del ejército israelí han anunciado que el actual choque a tocado a su fin pero, advierten, el próximo incidente con Irán es solo cuestión de tiempo.