Donald Trump busca algo de paz

Trump Jerusalem

Por Marcelo Kisilevski

En un intento por volver a la arena mesoriental después de habérsela dejado en bandeja a Putin, y perseguido por los asuntos internos, el presidente norteamericano ha tomado dos medidas que, a su modo de ver, son drásticas y cambiarán el mapa del Medio Oriente bajo su impronta inolvidable.

La primera es el anuncio de adelantar la mudanza de la Embajada Norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén el 14 de mayo próximo (2018). Es la fecha gregoriana de la Declaración de Independencia de Israel, en la misma fecha del año 1948. Para los palestinos, es el Día de la Naqba, la “Catástrofe”, que conmemora el éxodo del los refugiados árabes, durante una guerra que ellos comenzaron, como correlato de su rechazo a la Partición de Palestina en la ONU, que les garantizaba su propio Estado ya entonces.

Para muchos, Trump está cambiando las reglas de juego al decirles a los palestinos: se acabó lo que se daba, no se pueden respaldar cómodamente en sus sillas esperando que el mundo los siga mimando. Tendrán que aceptar algo alguna vez. O cuanto menos, ofrecer un plan alternativo.

Mientras tanto, la ANP ha “despedido” a Trump como mediador. Y no importa cuán enfático haya sido Trump, en su anuncio, en cuanto a que su decisión no va en desmedro de los reclamos palestinos… si se dignan a volver a la mesa de negociones. Pero ellos nada. De más está decir que el gobierno israelí de Biniamín Netanyahu está feliz con la intransigencia palestina. Un Netanyahu exultante recorre las redes sociales y cuanta pantalla se le ofrezca para exhibir su sonrisa de oreja a oreja, en medio de los escándalos de corrupción que lo aquejan. Parece decir: “Mientras Trump nos acaricie, y mientras los palestinos se emperren en su rechazo de todo, vamos bien.”

Ayer, el diario inglés en idioma árabe, A-Shark Al-Awsat, publicó el hecho de la segunda medida drástica tomada por Trump, su plan de paz. El mismo incluye:

-Dos Estados para dos pueblos.

-Jerusalén dividida en dos capitales, la occidental para Israel, la oriental para Palestina. Eso sí, la Ciudad Vieja internacionalizada

-El Estado palestino desmilitarizado.

-La seguridad de las fronteras de ambos Estados, en manos de Israel. El Valle del Jordán en manos de Israel.

-Bloques de asentamientos a anexarse a Israel, asentamientos aislados serán evacuados (no dice adónde). Terrenos israelíes a ser dados a cambio a Palestina (intercambio de territorios).

-Atribuciones adicionales a la Autoridad Palestina que aumentan su soberanía, convirtiéndolo en Estado.

-40.000 millones de dólares de EEUU a Palestina como impulso a su creación y desarrollo.

-Los refugiados palestinos quedarán en sus lugares, y recibirán una compensación económica.

El plan sería presentado en una futura convención internacional a ser convocada por la Casa Blanca. Por el momento, sin embargo, y salvo sorpresas, queda claro de antemano el rechazo palestino por dos motivos: uno es su animadversión por Trump; el otro es el contenido del plan, que no les otorga soberanía sobre Jerusalén y acaba con el sueño del Derecho al Retorno de los refugiados, dogma central de la causa palestina. Con su anuncio de recorte en un 50% de ayuda a la UNWRA, Trump ya había iniciado su campaña para poner fin a la eternización del problema de los refugiados palestinos, único grupo de refugiados post-Segunda Guerra Mundial que queda, y que encima crece, al definir también como refugiados a sus descendientes, lo que contraviene tanto la ley como la costumbre internacional. Pero para los palestinos, es el centro de su épica, al precio de una población adoctrianda y condenada a la indigencia y a la beneficencia ajena.

Israel rechazará también, aunque a último momento, cuando el plan pierda su vigencia, Bibi repetirá su truco de aceptar al final, con la intención de dejar a Mahmud Abbas como la parte arisca en esta dinámica grupal.

Los opositores a estas medidas de Trump (Jerusalén, refugiados, plan de paz) dirán que la manera desprolija, desordenada, autoritaria, que es el fiel estilo Trump, condena toda la maniobra al fracaso de antemano. Ahora que también el Encargado de Negociaciones de Trump, su yerno Jarred Kushner, está también en situación complicada, la estruendosa noticia de su anunciado plan de paz parece perder altura de vuelo, aun antes de despegar.

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ROHANÍ, EL PASIVO-AGRESIVO

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Rohaní, el gran manipulador.

Por Marcelo Kisilevski
Este fin de semana, un dron iraní penetró durante un minuto y medio en cielo territorial israelí, hasta que Israel lo derribó. Aviones de la Fuerza Aérea israelí atacaron, entonces, 12 objetivos en Siria, parte sirios (entre ellos bases de lanzamiento de misiles antiaéreos) y parte iraníes. Uno de los aviones F-16 fue derribado por un misil sirio, en realidad de fabricación rusa.
La estrategia de Irán consiste en lograr una hegemonía iraní en el Medio Oriente, penetrando en países árabes (Irán es persa), actuando como potencia regional militar y económica, a través de la concreción de un corredor: Irán + el Irak chiíta (centro-norte) + Siria como protectorado iraní + Mediterráneo. Sin olvidar a su proxy en el Líbano, Hezbollah. Allí, en el Líbano, supuestamente a salvo de los bombardeos israelíes, es donde Irán planea construir una planta de fabricación de misiles de alta precisión a ser disparados contra Israel cuando llegue la hora, lo cual sería la solución, desde su punto de vista, a las incursiones israelíes en territorio sirio para frustrar el costoso traslado de misiles desde Irán a las comarcas de Hezbollah. Para Israel, eso es una línea roja, y de allí las incursiones. Como movimiento de pinzas, Irán se acerca por el sur, apoyando a los hutíes chiítas en el Yemen, y también a Hamás (sunitas, pero un enemigo en común los une) en la Franja de Gaza. Israel está preocupado por esta avanzada iraní en la región, pero más lo están los propios países árabes. En Siria, medio millón de civiles ya fueron muertos, y el régimen genocida de Assad permanece incólume, gracias al sostén iraní, además del ruso.
Todo esto no lo impidió al presidente de Irán, Hassan Rohaní decir, en respuesta a la escalada del fin de semana: “Una solución militar, intervención extranjera, y traspaso de armas destructivas a la región, no son la solución a los problemas de la zona. Si un país piensa que se pueden obtener resultados deseados por medio de aumentar el terror, intervención en asuntos de otros países o bombardeos de países vecinos, está equivocado”.
¿De veras? ¿No es lo que está haciendo, precisamente, Irán? Quizás Rohaní está proyectando, diría un psicólogo. Son síntomas del famoso trastorno pasivo-agresivo, diría un psiquiatra. En conferencia de prensa, mostró grandes dotes de manipulador. Por desgracia, el Medio Oriente no es un espacio terapéutico.
¿De quién habla Rohaní? Es sabido que existe una interna entre él, que defiende soluciones económicas para la alicaída economía iraní, reduciendo la inversión en aventuras militares exteriores, y Muhamad Alí Jafari, comandante de la Guardia Revolucionaria Iraní, que defiende las soluciones militares a todos los problemas de Irán. ¿Le estará hablando a él? ¿Es un Irán que se mira al espejo?
Pero no. Rohaní, leal, aclara el punto: “Irán está dispuesto a aportar a la seguridad de la región. Ya hemos creado una cooperación tripartita, cuádruple y quíntuple en la región, y vemos que esta cooperación contribuye a la zona”.
El mandatario iraní tiene suerte: en la era de las narrativas, cualquier construcción simbólica es posible. En tanto, altos oficiales del ejército israelí han anunciado que el actual choque a tocado a su fin pero, advierten, el próximo incidente con Irán es solo cuestión de tiempo.

¿Hacia una “Primera Guerra del Norte”?

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Soldados israelíes junto a la frontera con Siria.

Resumido por Marcelo Kisilevski

Es importante leer la nota de este viernes de Najum Barnea, en el Suplemento de Shabat de Yediot Ajaronot, titulada “La Primera Guerra del Norte”. La semana pasada, el autor, junto con Thomas Friedman, editor en jefe de The New York Times, se reunió con altos oficiales del ejército e inteligencia israelíes en la frontera norte y en el Comando General, para recibir de ellos informes detallados sobre la situación frente a Gaza en el sur, y frente al eje Irán-Siria-Líbano en el norte. En ninguno de los dos frentes las partes quieren una nueva guerra, pero dicen: “En el Medio Oriente las guerras tienen vida propia; una sola crisis, un mero disparador, y todos estarán inmersos en una guerra con la que nadie soñó”, dijo un alto oficial.

El premier israelí Biniamín Netaniahu conversó esta semana tanto con Trump como con Putin, intentando convencerlos de la necesidad de frentar la consolidación de fuerzas iraníes sobre suelo sirio. También hubo amenazas solapadas contra Hezbollah, al indicar su ministro de Defensa, Avigdor Liberman, que Israel ve al Líbano como un solo país, y que si Hezbollah utiliza su arsenal de misiles contra Israel, el fuego israelí llegará hasta Beirut. El objetivo de ambos es evitar la guerra, no provocarla, pero deben manejarse con cuidado para no ayudar a la mentada crisis que lleve a toda la zona a una nueva confrontación.

Otro hito podría ocurrir el 12 de mayo, cuando venza el ultimátum de Trump a Irán para cambiar el acuerdo nuclear entre ambos países. En Israel especulan con que podría llegarse a un acuerdo por el cual Irán continúe gozando de los frutos del acuerdo, pero que deba moderar su apetito en Siria y Líbano: no más misiles de precisión a Hezbollah, no más milicias iraníes en Siria. Y si Irán se niega, como es probable, Trump se negaría a firmar otra prórroga al acuerdo, y entraríamos en una crisis de otra naturaleza.

El peor escenario para Israel, explica Barnea, es que los europeos persuadan a Irán de aceptar cambios cosméticos al acuerdo, permitiendo a Trump declarar victoria. “Israel perderá dos veces: una frente al tema nuclear, y otra frente a Hezbollah”.

La encrucijada libanesa

“Aquí no habrá una Tercera Guerra del Líbano”, dice uno de los altos oficiales a la vista de la frontera israelí norteña, “sino una Primera Guerra del Norte”. Estos oficiales ven ahora toda la frontera norte como un solo frente, desde el Mediterráneo hasta el río Yarmuj, en el Golán, lindante con Siria. Del otro lado de la cerca actúan fuerzas militares de dos países, de una potencia regional (Irán), de una súper-potencia (Rusia), de organizaciones terroristas no gubernamentales, de una organización terrorista gubernamental (Hezbollah), de tribus y comunidades. Este cóctel no tiene parangón en ninguna otra zona de conflicto en el mundo.

De hecho, ISIS ha desaparecido prácticamente de Siria, y queda un pequeño grupo que se agazapa cerca de la frontera con Israel, porque calculan que allí obtienen cierto tipo de refugio, suponiendo que nadie se atreverá a disparar en esa dirección. Un desarrollo extraño si los hay.

Según fuentes extranjeras, el ejército israelí bombardeó en Siria arsenales de Assad y de Hezbollah, una caravana de armas iraníes en camino al Líbano, una fábrica de misiles cuya construcción habían iniciado los iraníes, una base iraní, y otros blancos. Estos bombardeos quirúrgicos fueron posibles porque Siria se ha convertido en tierra de nadie, sin soberano. Salvo una vez, en la que Hezbollah mató a dos soldados israelíes en respuesta a un ataque israelí, Siria no reaccionó a las incursiones.

El Líbano es otra historia. Siempre según estos altos oficiales, si Israel ataca allí, será visto por el mundo como una grosera violación de soberanía, provocaría una dura reacción de Hezbollah y una posible intervención de los rusos. Entre guerra y guerra, Líbano goza de cierta inmunidad. Esta es la razón por la cual Irán y Hezbollah planean el emplazamiento de una fábrica de misiles de alta precisión en Líbano, y esta es también la razón por la que Israel ve en ello una causal de guerra.

Los misiles de alta precisión están equipados con GPS. Si los misiles hasta ahora tenían un margen de error de 250 metros, los nuevos pueden errar por unas decenas de metros solamente, y la diferencia es abismal. Hezbollah posee ya unos 70.000 misiles, pero muy pocos son de alta precisión. La fabricación local de los mismos cambiaría todas las reglas de juego: amenazarían puntos sensibles de Israel. Hezbollah ha marcado entre 1.000 y 1.500 de esos blancos, nada menos.

La paradoja es que Irán, en este momento, es el factor tranquilizador en el frente norte. No tiene, por el momento, interés en una conflagración contra Israel, ni en el Golán ni en la frontera libanesa. Está interesado en un entendimiento en Siria, que legitime la presencia de sus fuerzas allí -unos 20.000 soldados de combate iraníes-. A Hezbollah lo tiene reservado para cuando suene la hora contra Israel. Una complicación provocada por Hezbollah como fue el secuestro de los dos soldados israelíes en 2006, que se desbarrancó hacia la Segunda Guerra del Líbano, le genera a Irán solo daños.

La interna iraní: el Irán de hoy no es homogéneo. La agenda del presidente Hassan Rohaní prioriza los asuntos internos; el orden del día del general Kassem Suleimani, comandante de las fuerzas en Siria, en cambio, está encabezado por metas militares. En Tzahal creen que los países occidentales pueden entrar en esa grieta y ampliarla. Israel también puede, aunque el autor no explica de qué manera.

Guerras con voluntad propia

Hassan Nasserallah, líder de Hezbollah, tampoco está interesado, por el momento, en complicarse en otra guerra, por sus propios motivos. Es un agente iraní, pero, más aún, es un político libanés. Cerca de 2.000 de sus milicianos cayeron en Siria, y otros 8.000 fueron heridos. La opinión pública libanesa se opone a la guerra, y como líder de una fuerza política debe tenerla en consideración. No tiene dinero, y tiene una campaña electoral en puerta, con posibilidades, por primera vez, de llegar a una mayoría chiíta en el parlamento libanés. Él recuerda muy bien qué le hicieron los aviones de la Fuerza Aérea israelí en 2006 al aeropuerto de Daajía en Beirut, y sabe que esta vez el ataque israelí sería aun más preciso y mortal.

Los altos oficiales de Tzahal explicaron a Barnea y a Friedman que el hecho de que ni Irán, ni Hezbollah ni Israel quieran la guerra, no significa que esta no estalle. Ocurrió lo mismo en “Margen protector” (último operativo israelí en Gaza, 2014), otro tanto en la Guerra de los Seis Días, y así sucesivamente. Las guerras en el Medio Oriente, dijeron, tienen voluntad propia.

Si nadie quiere guerra, ¿por qué Tzahal emite amenazas? La explicación de los altos oficiales se apoya en dos ejes: el carácter de los tomadores de decisiones del otro lado, y la vulnerabilidad de la retaguardia israelí. Del lado israelí no confían en el sentido de responsabilidad de los iraníes y de Nasserallah, y temen una situación insostenible en la retaguardia civil. Cuanto más pudiente y conectado es Israel, más vulnerable es. El plan de guerra de Nasserallah es conocido: lanzar un batallón comando que conquiste un poblado israelí en la frontera norte y, paralelamente, ahogar a Israel con cohetes y misiles de alta precisión. Está convencido de que, luego de algunos días, la opinión pública israelí se lanzará contra su propio gobierno. Terminará con un cese el fuego y una victoria moral y estratégica.

O, alternativamente, generará un equilibrio de disuasión y un espacio de inmunidad, en el que Israel no podría tocarlo. La amenza israelí busca frustrar ambos escenarios.

 

 

Ley del Retorno – Texto completo

1) Todo judío tiene derecho a hacer Aliá (inmigrar) a Israel.

2)

  1. a) La inmigración será bajo la visa de Olé (inmigrante).
  2. b) La visa de Olé será otorgada a todo judío que exprese su deseo de asentarse en Israel, siempre que el Ministro del Interior no demuestre que el solicitante

1) activa en contra del Pueblo Judío; o

2) puede poner en peligro la salud publica o la seguridad del Estado; o

3) tiene un pasado criminal que pueda poner en peligro la paz pública.

3)

  1. a) Todo judío que venga a Israel, y luego de si venida exprese su deseo de asentarse en el Estado, tiene derecho, mientras permanezca en Israel, a recibir una Teudat Olé (documento de Olé).
  2. b) Las excepciones del articulo 2(b) son aplicables también al otorgamiento de la Teudat Olé, pero una persona no será considerado un peligro a la salud pública en base a una enfermedad que contrajo luego de su llegada a Israel.

4) Todo judío que hizo Aliá antes del comienzo de la vigencia de esta ley, y todo judío que nazca en Israel ya sea antes del comienzo de la vigencia de esta ley o después del mismo, será considerado como quien hizo Aliá según esta ley.

4a)

  1. a) Los derechos de un judío según esta ley y los derechos del Olé según la Ley de Ciudadanía (1952), así como los derechos del Olé según cualquier otra legislación, serán otorgados también al hijo y al nieto de un judío, a la pareja de un judío, y a la pareja del hijo y nieto de un judío, exceptuando a quien era judío y cambió de religión por voluntad propia.
  2. b) No se hará diferencia si el judío del cual se desprende los derechos del artículo 4a (a) esta con vida o no, o si hizo Aliá o no.
  3. c) Las excepciones y condiciones que rigen para un judío o Olé según esta ley o cualquier otra según el artículo 4a (a), rigen también para quien solicita su derecho en base al artículo 4a (a).

4b) A los fines de esta ley, “judío” es todo aquel nacido de madre judía o convertido al judaísmo y no es miembro de otra religión.

5) El Ministro del Interior es el encargado de la ejecución de esta ley, y está autorizado a reglamentar en todo lo referente a la ejecución de la misma, así como a otorgar visas de olé y teudot olé a menores de hasta 18 años. Los reglamentos concernientes a los artículos 4a y 4b tienen la aprobación de la Comisión Constitutiva, Legislativa y Judicial de la Kneset.

 

ACTIVISTAS DE BDS DE VARIOS PAÍSES: NO PODRÁN ENTRAR A ISRAEL

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El cantante Roger Waters, principal vocero de BDS, se ha convertido en su propio personaje simil-nazi.

Por Marcelo Kisilevski
BDS (Boycot, Divestment, Sanctions) es una organización que llama al boicot de Israel, de sus empresas, y de empresas en el mundo que operan en y/o con Israel. Uno de sus grandes voceros es el solista de Pink Floyd, Roger Waters. O sea, no estamos hablando de una banda de marginales: hay gente que los apoya, cuya voz es muy respetada en el mundo. Su último éxito: la cantante Lorde anuló su show en Israel. La mayoría de los artistas, también hay que decirlo, entienden la trampa de BDS, rechazan sus molestas presiones, y actúan en Israel con gran éxito.
Muchos jóvenes idealistas caen en su canto de sirena por la paz y un mundo mejor, cuando, en realidad, BDS activa por la destrucción lisa y llana de Israel. Véase, si no, su lema en las calles, “From the river to the sea, Palestine will be free” (“Desde el río hasta el mar, Palestina será libre”), como botón de muestra. Un llamado al genocidio, vamos.
Es una trampa ideológica, también, porque de todos los lugares en el mundo donde existen conflictos, el único país que “goza” de una organización destinada a boicotearlo bajo la vapuleada bandera de los derechos humanos, es Israel. ¿Dónde está el BDS cuando se lo necesita en Siria, por ejemplo? ¿Por qué solo el Estado hebreo disfruta de semejante privilegio? Uno se resiste en general, a jugar la carta del antisemitismo, salvo que en el caso de BDS, lamentablemente, “que las hay, las hay”…
Y cuando el BDS tiene algún logro en el terreno, y alguna empresa se retira de los territorios, los primeros que pierden su fuente de trabajo son los trabajadores palestinos., véase el caso Soda-Stream. ¿No sería más útil una organización que militara, en lugar de la “desinversión”, por todo lo contrario: la inversión masiva en los territorios, para desarrollarlos e independizarlos de Israel?
El ministro de Asuntos Estratégicos y Esclarecimiento (Hasbará), Guilad Ardán, ha hecho publicar una lista de veinte organizaciones ligadas a BDS, cuyos activistas tendrán negada la entrada a Israel. Entre ellas: Jewish Voice for Peace, BDS Francia, BDS Italia, y BDS Chile.
Desde ese ministerio se explicó que Israel ha decidido pasar de la defensa al ataque de esas organizaciones. El problema para el Estado israelí, que tiene colchón de aguante contra organizacines no gubernamentales, es cuando gobiernos les prestan financiación. Un primer éxito de esta acción es que los gobiernos de Noruega y Dinamarca han anunciado que suspendían su apoyo financiero a organizaciones propalestinas que activan en pos del boicot a Israel. En 24 estados de los Estados Unidos se legisló contra el BDS, y una ley federal está en ciernes.
Voy a decir algo políticamente incorrecto: no me molestan las presiones externas contra la presencia de Israel en Cisjordania (en Gaza, Israel ya no está, allí el problema es otro: Hamás, los cohetes, etc.). Tengo un hijo pronto a iniciar su servicio militar. Quiero que defienda las fronteras de Israel contra serios enemigos externos, y no que pase sus años de servicio pidiendo documentos a civiles en un check-point. Quiero que haya una solución política al conflicto basada en la separación entre ambos pueblos, un elegante y civilizado divorcio, que incluya la cooperación económica entre dos Estados independientes.
Esa presión externa no me molesta, digo, siempre y cuando la agenda de los países y organizaciones que presionan (incluidos sectores judíos progresistas) lo hagan en pos de una solución basada en “dos Estados para dos pueblos”, es decir, el derecho de todos los pueblos de la región a su Estado, incluyendo el judío, no excluyéndolo. Y siempre y cuando dichas presiones se repartan proporcionalmente también con el establishment palestino en Ramallah, que parece estar muy cómodo, igual que Netanyahu y su coalición, con el status quo actual. Creo que tanto unos como otros necesitan una ayuda desde afuera que los salve de sí mismos.
Pero el BDS no es eso, y los jóvenes que empiezan a abrir sus ojos al mundo y a pensar en cómo mejorarlo, tienen que estar advertidos: no es por ahí la cosa. El BDS, con Roger Waters y otros como él a la cabeza, encarnan una forma nueva, sofisticada y almibarada, de neo-nazismo.

TRUMP Y JERUSALÉN: ¿UN AUDAZ O UN DEMENTE?

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Por Marcelo Kisilevski

La decisión de Trump es la corrección de una extraña anomalía: todo país soberano tenía el derecho de fijar su capital, menos Israel. La pregunta no es por si la decisión es correcta, sino por su timing. ¿Qué consecuencias podría tener para la paz con los palestinos y las relaciones con los países sunitas frente al desafío iraní? ¿Puede haber violencia y muertos? Si es así, ¿valía la pena una decisión semejante, que no pasa del terreno simbólico? ¿Trump es un audaz, o un elefante demente en un bazar?

1) LA DECISIÓN DE TRUMP ES LA CORRECTA

Primero, ¿en qué consiste la decisión de Trump? Es una decisión por default: más que hacer algo, es no hacerlo. Una ley del Congreso norteamericano de 1995 ya determinaba que Jerusalén es la capital israelí, y llamaba al Ejecutivo a mudar la embajada a esa ciudad. La ley, eso sí, tenía un apartado al que llaman “waiver”, exención, de hecho una postergación de medio año: si el presidente firma el waiver cada seis meses, la ley no debe ser ejecutada. Tres presidentes, desde entonces, han firmado religiosamente el waiver dos veces por año. Ayer, Trump anunció que dejaba de firmarlo, y que la embajada sería mudada a Jerusalén, por fuerza de la ley de 1995. Eso es todo.

El reconocimiento del presidente Donald Trump de Jerusalén como capital de Israel es la corrección de una anomalía: Israel es el único país soberano que tiene una capital sobre la cual el resto del mundo le dice: “No, no lo es. Es Tel Aviv, y allí pondremos nuestra embajada”. Es una locura. Es como si todo el mundo comenzara a decir que los países, por fuerza de su soberanía, no pueden fijar su capital, y comenzaran a decirle a, digamos, la Argentina, que Buenos Aires no es la capital, sino Rosario. Nunca hubo discusión sobre la soberanía de Israel sobre la parte occidental de Jerusalén. ¿Hay disputa sobre la parte oriental? ¿Qué tiene que ver? El mundo no tiene por qué meterse ni tomar partido: se arreglará en negociaciones. Quien esto firma está a favor de una solución negociada para dar algún tipo de expresión al reclamo palestino de una expresión soberana en Jerusalén, incluida la posibilidad de la fórmula Clinton: “una ciudad, dos capitales, para dos pueblos”. Pero eso no tiene nada que ver con Jerusalén occidental, cuya soberanía es ya reconocida por los acuerdos de cese el fuego de Rhodas en 1949 con Jordania y demás países árabes, y desde entonces por el mundo. Embajadas, parece, fue demasiado para este, y eso es lo extraño.

Jerusalén es la capital, también, de modo efectivo: todas las instituciones de gobierno están allí. ¿Cuál es la idea de colocar una embajada en otro lugar, solo porque el país tiene un diferendo limítrofe? Llevado al extremo, es como si el mundo retirara sus embajadas de Santiago de Chile y de Perú, y las pusieran en Valparaíso y Cuzco respectivamente, solo porque no arreglan sus asuntos limítrofes y/o le dan salida al mar a Bolivia. Más al extremo aún, países que decidan retirar sus embajadas de Brasilia y trasladarlas a Río de Janeiro, porque Brasilia es una capital artificialmente creada; y porque es aburrida, y en Río hay playas y carnaval. Cualquier razón justificar que los países se metan unos en las decisiones soberanas de otros. Pero se meten solo con las de Israel. Raro, ¿no?

Se aduce la sensibilidad de Jerusalén como centro de los tres monoteísmos. ¿El mundo tiene miedo que esta definición cercene los derechos religiosos de los demás credos? Me disculparán, pero en los hechos, la única época en la que hubo y hay libertad de culto es bajo soberanía israelí. En todas las demás épocas ha habido problemas. Por supuesto los ha habido en las épocas musulmanas, la última de ellas la jordana, entre 1949 y 1967, cuando los judíos no podían rezar en el Kotel. El mito de “Al Aqsa está en peligro” es solo eso: un mito urbano, fogoneado desde los años ‘20 del siglo 20 hasta nuestros días. En los hechos, el Waqf (autoridad religiosa musulmana sobre los lugares sagrados) es una especie de isla de soberanía musulmana en Jerusalén, donde la jurisdicción israelí existe, pero no se ejerce.

2) LA DECISIÓN DE TRUMP ES PROBLEMÁTICA

¿La decisión de Trump puede traer problemas? Claro que sí. La discusión no es por la esencia de la decisión, que es justa y correcta, sino por el timing. El presidente de la Autoridad Palestina Mahmud Abbas ya ha “despedido” a EEUU como mediador en el proceso de paz entre Israel y los palestinos. Cabría preguntarse qué proceso de paz había antes de la decisión. Pero no nos confundamos con hechos.

Obama, en mi opinión, tenía mejores chances como mediador “imparcial”: era rechazado por Israel, por percibirlo como propalestino, y por los palestinos, por la tradicional amistad de EEUU con Israel. Su último acto en tal sentido, antes de bajarse del escenario de la historia, fue también decidir “no hacer”, cuando se abstuvo de poner veto a una grave sanción del Consejo de Seguridad de la ONU que calificaba a los asentamientos de toda Cisjordania, incluida Jerusalén, como ilegales. Al mismo tiempo, fue el gobierno norteamericano que más ayuda otorgó a Israel en dinero y armas. Desde esa actitud, tenía más posibilidades de traer a las partes a la mesa de negociaciones. El de su secretario de Estado, John Kerry, en 2014, fue un intento serio. Sin embargo, fracasó estrepitosamente, como tantos intentos anteriores. 

Desde el desastre que les implicó la Intifada de Al Aqsa, desde la muerte de Arafat y su mejora en la calidad de vida a partir de 2005, los palestinos de Cisjordania parecen haber decidido por la vía diplomática o no violenta para tratar con Israel. Ante los sucesivos operativos israelíes en Gaza, el Hamás nunca logró incitar efectivamente a una Tercera Intifada. Los cisjordanos protestaron contra la ocupación, donaron arroz y mantas a sus hermanos palestinos, pero de salir a la calle con piedras, ni hablar. La última ola de atentados con cuchillos y atropellamientos, fue un juego de niños al lado de las verdaderas Intifadas y la era de los atentados suicidas. La pregunta es si eso será cierto también esta vez. En los hechos, los últimos conatos de violencia cisjordana no fueron en los territorios de la Autoridad Palestina sino en Jerusalén oriental, véase el caso de los detectores de metal en la Ciudad Vieja. Allí, los palestinos no están bajo la AP sino bajo Israel, en una relación de amor-odio. Veremos si la parte de odio en la relación se reedita también esta vez, y cuánto dura. Por las dudas, Trump pidió a Israel festejar moderadamente su anuncio, no provocar a las fieras. Y también a los palestinos les pidió llamarse a sosiego, que su anuncio podía constituir buenas noticias también para ellos: sigo apoyando la solución de dos Estados, y los intereses de ambas partes, incluso en Jerusalén, les dijo. Del Monte del Templo, dijo que se llama también “Al-Jaram Al-Sharif“.  

Mientras tanto, en Gaza, Hamás amenaza (cómo no) con violencia, y asegura que “Trump ha abierto las puertas del infierno”. ¿Logrará arrastrar esta vez a los palestinos, que quieren dar una vuelta de página de su era violenta, a una Tercera Intifada? Es dudoso, pero no imposible. Trump ha decidido no dejarse extorsionar. Las amenazas de violencia, o el hecho de que habrá muertos, dice, no debe dictarnos políticas de Estado. Véase la actitud de Trump en el caso norcoreano. ¿Un tipo audaz, dueño de una firmeza sin precedentes en la historia política mundial, o un demente?

Queda por saber qué actitud tendrán, en los hechos, los países sunitas moderados, alineados, en secreto a voces, con Israel y EEUU en contra de su verdadero enemigo, Irán. La decisión de ayer pondrá a prueba la fragilidad o fortaleza de esa alianza. Mi opinión es que la alianza sunita-israelí-norteamericana es mucho más fuerte que cualquier acto simbólico como lo puede ser el traslado de una embajada. Hay muchos intereses, dinero y enemistades atávicas (mucho más atávicas que el antisionismo) puestos en juego. Los egipcios, jordanos y sauditas atacarán verbalmente la decisión, pero no mucho más. El único que parece querer ir más lejos, quizás por no tener hoy por hoy problemas con Irán, es el presidente de Turquía, Recyyp Erdogán, que ha anunciado que esta medida llevaría a su país a romper relaciones con Israel. Veremos cómo sigue eso.

Trump dijo ayer que el repetido no reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel por miedo a que eso aleje la paz se parece al método del loco, que repite una y otra vez la misma actitud esperando consecuencias diferentes. Ese no reconocimiento no ha acercado la paz ni siquiera en un centímetro. A 22 años de la ley del Congreso, y de dar intentar siempre lo mismo esperando resultados distintos, hoy probamos otra cosa.

3) LA DECISIÓN DE TRUMP ES HISTÓRICA

La discusión por la decisión de Trump no es de esencia sino de timing. Seguramente, el mandatario estadounidense está movido por intereses que tienen que ver más con su situación doméstica, ante el peligro de impeachment y destitución, y con distraer la atención de esos problemas, que con un sincero deseo de cumplir promesas electorales a sus votantes. De hecho, dicen sus críticos, es la única promesa electoral, de cientos que formuló en su campaña, que se siente en condiciones de cumplir. Con todo el resto le ha ido muy mal.

Mi opinión al respecto es que eso no le quita ni le saca valor a la decisión. Por un lado, nunca habrá “timings” correctos, porque todos estos asuntos son y serán siempre complejos. Segundo, prácticamente todas las decisiones políticas de peso en el mundo, han estado siempre teñidas de motivaciones espurias, más personales que de fondo. Parece que es así como avanza la historia. Siempre hay coyunturas, situaciones, atenuantes, enfrentamientos personales. Decisiones de Estado que un mandatario toma para esquivar a la justicia (véase Sharón en la Desconexión de Gaza), o para no tener que ir a elecciones, o para superar a un opositor en las internas, o todo tipo de pequeñeces y politiquerías por el estilo. Esta no es la excepción.

Por eso, más que buena o mala para la paz, más que si el timing es valedero o no, más que si es traerá violencia o no, el calificativo más seguro para la decisión de Trump de ayer, es: histórica, y correcta en esencia. Nadie puede predecir el resto.

¿Premio Israel a los asentamientos? No puede ser en serio, pero sí.

PrasIsraelHitiashvut

Sitio oficial del Premio Israel, del Ministerio de Educación de Israel. Resaltado en amarillo, entre las categorías por única vez para 2018: “Hitiashvut”, “Colonización”, término utilizado por la derecha para denotar la construcción de asentamientos en Judea y Samaria, o Cisjordania. (Fuente: Mako, Canal 2, http://www.mako.co.il)

Por Marcelo Kisilevski

¿A ustedes también los confundieron con la Antártida “Argentina”? Bueno, hoy intentan confundirlos con los “territorios palestinos”. Pero eso no significa que tenga que haber un “Premio Israel” a la “Colonización”, es decir, a la construcción de asentamientos en Cisjordania y Gaza. 

Como lo explico en muchas de mis charlas, existen dos territorios sin soberanía alguna en el mundo. Uno es la Antártida. Todavía recuerdo en mis primeros años, cuando en el cole me hacían calcar con tinta china la Antártida, ocupando tardes enteras sin ver “El Zorro” ni “Kung Fu”, para venir a enterarme, demasiados años después, de que había sido estafado: la “Antártida Argentina” no era argentina. Para muestra, consultar el Tratado Antártico. Mis saludos a mis queridas maestras de la primaria, a las que, seguramente, también confundieron en su infancia.

El otro territorio que no posee soberanía asignada es el compuesto por Cisjordania y la Franja de Gaza. Por eso, es importante aclarar la terminología cuando nos dedicamos al conflicto: cuando Israel pactó la paz con Egipto, la trato fue la “devolución” del Sinaí a ese país, porque había soberanía previa. Lo mismo ocurre en los Altos del Golán: aunque Israel lo haya anexado en 1981, dicha anexión carece de reconocimiento internacional, y cuando se pueda hacer un acuerdo con Siria, la palabra será también “devolver”. O bien, alguilarlo por 99, a lo Hong Kong, pero el dueño era Siria.

No ocurre lo mismo con Cisjordania y Gaza. De un tiempo a esta parte la propaganda ha logrado que “la comunidad internacional” los considere “territorios palestinos”, y ya en demasiados marcos, medios e instituciones de la ONU, se habla de “Palestina” como si ese Estado ya hubiera sido creado. Solo que no hay soberanía previa allí, Israel los conquistó en 1967 de manos de Jordania y Egipto respectivamente, los cuales tampoco eran soberanos allí para la ley internacional. La anexión de Cisjordania por Jordania tampoco fue reconocida internacionalmente. Y nadie, durante su respectiva ocupación de esos territorios, habló por entonces de “Estado palestino”. Egipto nunca anexó Gaza, y Jordania “desanexó” Cisjordania en 1988.

Por eso, cuando leemos en los medios acerca de los asentamientos, vemos que “la comunidad internacional los considera ilegales”. La comunidad internacional, no la ley.

Si lo que considera la comunidad internacional tiene fuerza de ley, ya es una discusión sobre usos y costumbres legales. Y cada quien se arroga el derecho de traer agua a su molino según sus creencias, pero no según los hechos. En mi opinión, los asentamientos pueden ser, si se mantiene una ideología de izquierda, “problemáticos”, “una traba a la paz”, “caros para el erario público”, incluso “inmorales”. Pero una sola cosa no son: ilegales.

Por eso, por la falta de soberanía en esos dos territorios, y por el hecho de que jamás hubo allí un Estado palestino al cual “devolvérselos”, la palabra, llegado el tan anhelado acuerdo de paz, será: “entregar”. Israel, en efecto, se comprometerá a “entregar” todos o parte de esos territorios a la Autoridad Palestina para que, por primera vez, haya allí un Estado palestino, y una soberanía de ese pueblo. Si es deseable o no, eso ya es política, y cada uno podrá ser, desde esta base de claridad de conceptos, fiel a su ideología. El firmante de estas líneas, por ejemplo, está a favor de la fórmula: “dos Estados para dos pueblos”, y por lo tanto, de efectuar dicha “entrega” de territorios, y de tender a crear las condiciones adecuadas para ello (de ninguna manera repitiendo el trágico fiasco de la Desconexión).

De usos y abusos

Dicho todo lo anterior, un gobierno no debería utilizar instituciones públicas que son de todos, en beneficio de una ideología partidaria. Hay instituciones que tienen en Israel un prestigio que resguarda la democracia, junto con parámetros morales superiores, fuera de toda discusión, porque están, precisamente, más allá de las ideologías. Una de estas instituciones, por ejemplo, es la Corte Suprema de Justicia. Otra, en el campo de la cultura y lo civil, es el Premio Israel, conferido cada año por el Ministerio de Educación.

Por primera vez, para el año que viene, 2018, aniversario 70° de la creación del Estado de Israel, se entregarán premios especiales a personalidades que aportaron de modo singular a la construcción del Estado. Entre las categorías para estos premios de única vez, están: Industria, Sociedad y Comunidad, Tecnología e Innovación Aplicada y… “Agricultura y Colonización”.

Este último se refiere a la construcción y desarrollo de los asentamientos en los territorios de Cisjordania. Los medios, entre ellos Mako (Noticias del Canal 2) explicó que la intención es, “al parecer, otorgar el Premio Israel a Zeev Jéver (alias Zambish), secretario general del movimiento “Amaná” (“Pacto”), que se dedica a la construcción de asentamientos y puestos de población ilegal (no reconocidos por el Estado). Zambish es un activista conocido, que fuera miembro de la Resistencia Judía, la más grande organización de terrorismo judío religioso fundamentalista en la historia del país, que actuó en los años ’80. Afortunadamente, el gobierno y la sociedad israelí repudiaron a esta organización y el ejército israelí la aplastó, aunque solo después de que lograran perpetrar varios atentados contra palestinos.

El movimiento pacifista Shalom Ajshav (Paz Ahora) condenó el agregado de esta categoría y denunció que (el ministro de Educación Naftali) “Bennet ha convertido el Premio Israel en un premio a la Gran Eretz Israel… Conferir ese premio a pesar de que los asentamientos son controvertidos, demuestra que en Israel de 2017 la desvergüenza no tiene límites”. También se denuncia que se trataría del tercer premio consecutivo a un colono de los territorios.

El Ministerio de Educación dio su respuesta oficial: “La afirmación de a quién se dará el Premio Israel no es correcta, y se origina en una confusión: por los 70 años del Estado se decidió conferir por única vez, premios adicionales a obras de vida, por logros extraordinarios, y por acciones inspiradoras. Ello se llevará a cabo en concordancia con el reglamento del Premio Israel: en años especiales, está permitido agregar premios, y así lo haremos también este año”. Con aclaraciones así, vivan las confusiones. Pero ojalá sean erróneas las estimaciones, y el Premio Israel a la “Hitiashvut” se otorgue a alguien que ha mejorado la agricultura israelí dentro de la Línea Verde…

Pues el Premio Israel debería estar más allá de la división (algunos lo llamarían “grieta”) de la sociedad israelí en sus ideas políticas. El Estado no debería otorgar premios políticos, ni de izquierda ni de derecha. Como lo diría la periodista Jana Beris en una charla reseñada en el post anterior, se trata de una continuación en la seguidilla de actos de gobierno que, si bien no minan la democracia israelí, la van envenenando a cuenta gotas.