El antisemitismo en Chile es lo que aumenta (y no la lucha contra la ocupación)

 

Del muro de Gisela Fischman

Queridos amigos y contactos de FB:
Esta semana 13 jugadores de fútbol del Estadio Israelita jugaron un partido contra los del Estadio Palestino en el Estadio Palestino. Fueron insultados por unas doscientas personas con frases como “judios culeados”, “tus abuelos se quemaron en el horno” y otras más, una peor que la otra. Al final, fueron agredidos físicamente.
Esto está pasando hoy en Chile, no en Europa ni en Israel. El nivel de odio antisemita en las redes sociales chilenas sigue aumentando y sólo he visto reacciones de desaprobación a estos hechos en comentarios de mis contactos judíos.
El resto es silencio.
Si alguien más considera que este tipo de racismo es inaceptable, los invito a manifestar su repudio.

AGREGO YO:

El diario El Mercurio de Chile publicó una solicitada de la Federación Palestina de Chile con el famoso ícono del mapa en el que “los sionistas” van “borrando” a Palestina, en conmemoración de 50 años de ocupación. Además de ser un engaño histórico, no es un llamado a la paz basado en dos estados, sino un llamado a lo mismo que están denunciando pero al revés: borrar a Israel del mapa. No por casualidad la secuencia empieza en 1946 (cuando no había estado israelí NI palestino), no en 1967. Como respuesta, me llegó otra secuencia, que muestra los planes de paz propuestos por Israel, rechazados sistemáticamente por la parte palestina. Para mi gusto, si es una respuesta, podrían haber agregado el mapa de 1947. Aunque lo cierto es que ya ni los palestinos del Medio Oriente van tan atrás, quizás porque les da vergüenza haber tomado tan malas decisiones, una y otra vez. Los palestinos chilenos, que son cristianos (y por lo tanto les debería preocupar más la persecusión de los árabes cristianos en todo el Medio Oriente, incluida la Autoridad Palestina), buscan ser más palestinistas que los palestinos. Pero la historia no se puede falsear esgrimiendo el supuesto derecho a construir narrativas. Las narrativas están bien. La mentira histórica está mal. Pero el problema ahora es el antisemitismo galopante en Chile, y medios importantes como El Mercurio tendrían que evaluar su posición a la hora de vender espacios para mensajes problemáticos.

En las fotos, la publicación en El Mercurio, y los mapas de respuesta.

PalestinaMercurio PropuestasPazRechazadas

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Intento de limitar la libertad de expresión política en los claustros académicos israelíes

MiriRegevNaftali

Miri Reguev y Naftali Bennet. Netanyahu tendrá que decidir en qué momento dejar de jugar con ellos a quién es más derechista, poner bozales a los Rottweiler en su coalición, y preservar la democracia israelí.

Por Marcelo Kisilevski
¿No están ocurriendo demasiado seguido estos intentos de la derecha por acallar lo izquierdista, lo liberal, lo distinto, en Israel?
 
Uno podía entender que Miri Reguev, ministra de Cultura, vociferara en la apertura del Festival Israel contra el financiamiento estatal de piezas teatrales que muestran desnudos en vivo en escena. Después de todo, es Miri Reguev. Uno puede denunciar, advertir, oponerse, pero no escandalizarse: ya pasamos el umbral de sorpresa e histeria.
 
El problema es cuando el ministro de Educación, Naftali Bennet, le pide al Prof. Assa Kasher redactar un “código ético” para los titulares de cátedra universitarios israelíes, que les prohíba pronunciarse políticamente en sus clases y en sus investigaciones. El informe que redactó Kasher también llama a nombrar un “comité regulador” que revise los dichos de los docentes y “atienda las denuncias de los estudiantes”. Es decir, un cuerpo inquisitorial.
 
Existe un problema en las universidades. La ideología dominante es de izquierda, lo cual no sería problema en sí mismo. El problema reside en que han escuchado voces que indican que quien no responda al tono izquierdo del discurso académico hegemónico, sufre actitudes de marginación, cuando no de persecución política. Eso está mal. 
 
Pero de ahí a prohibir a un docente expresarse políticamente, cuando tantas áreas académicas están ligadas a lo político y, en general, no existe lo no político cuando se trata de lo universitario, hay un trecho. Se ha argumentado: “¿Por qué un profesor de biología tiene que decir que se opone a la ocupación de los territorios?” Respuesta: es improcedente, porque hace perder tiempo a los alumnos respecto del contenido de la materia; dependiendo el contexto, puede ser incluso poco profesional; pero no hay violación a la ética, ni a la moral, ni a la ley, y no puede estar fiscalizado por un “comité de sabios”, so pena de sanciones. ¿Y dónde estará el límite? ¿Quién se arrogará el derecho de fijarlo?
 
¿Los profesores deberán ir a clase con grabadores y con abogados? ¿Y qué dirán Kasher y Bennet cuando empiecen a llegar denuncias contra profesores que defiendan a los colonos o combatan al BDS desde sus claustros?
¿Qué dirá a todo esto el premier Netanyahu? Como republicano de derechas, pero republicano al fin, uno esperaría que acortara las riendas de sus Rottweiler. Hasta ahora, cada vez que Bennet intentó ganarle por derecha, Bibi se vio “obligado” a superarlo, por su obsesión de no se escapen votos hacia su adversario dentro de la coalición. Ocurrió en el caso del soldado Elor Azaria y otros. ¿También aquí huirá hacia adelante?
 
Es cierto: como en tantos otros casos, no es un hecho consumado, aún el Consejo de Educación Superior lo debe aprobar, etc. Por ahora se trata de cacareos sin dientes. Pero la pregunta que me irrita la mañana es: ¿no están ocurriendo demasiado seguido estos episodios cacareantes y preocupantes en Israel?

EL PERIODISTA DAN MARGALIT, DESPEDIDO DE “ISRAEL HAYOM”

DanMargalit

(Noticia ideal para el Día del Periodista, que se festeja en Argentina)

“Mi manutención cayó en defensa de la libertad de expresión”, twitteó Dan Margalit, decano del periodismo israelí. Entre otros affaires, fue quien destapó la existencia de una cuenta en dólares de la esposa de Itsjak Rabin en 1977 (prohibido en esa época), lo que por entonces fue razón para que el premier renunciara.

Si Israel Hayom era y es el diario gratuito abiertamente pro-Netanyahu, pergeñado por el amigo de este, el multimillonario judeo-norteamericano Sheldon Edelson, cabría preguntarse qué hacía Margalit allí desde el primer día, hace 10 años. Su línea anti-Olmert fue funcional al pasquín, pero en los últimos años comenzó a criticar a Bibi, lo cual hablaba bien del pluralismo en ese medio, pero no cumplía su “raisson d’etre”. Su salida era cuestión de tiempo.

También cabría preguntarse por la función de la prensa en una democracia, su relación con el gobierno y con el poder del dinero. ¿No tiene un millonario derecho a abrir un medio en el país (democrático) que quiera y para defender lo que se le cante? Si pone en peligro al principal diario israelí (Yediot Ajaronot), ¿le tiene que importar al Estado, en el que hay libertad de prensa y de empresa? ¿O la prensa tiene una función social, su pureza como canal de pluralismo y exento de ideologismos espurios debe ser defendida lo más posible por los estamenos estatales y ergo, Israel Hayom, un medio creado por capitales extranjeros para defender a un político encaramado desde hace demasiados años en el poder, debió y debería ser prohibido?

Una copa levantada a la salud de Dan Margalit: desacreditado durante muchos años como perrito faldero de Bibi, cae parado de esta, como los gatos, después de haber cobrado suculentamente durante la última década. En tanto, el debate en Israel vuelve a estar al rojo, y tiene a este periodista otra vez en el centro.

Seguir soñando con la Familia Shómrica

Orna

Sobre la presentación del libro “La senda de un sueño – Historia de la Familia Hashomer Hatzair en la Argentina”, de Orna Stoliar.

Por Marcelo Kisilevski

El viernes (31-3-17) estuve en Gaash reencontrándome con amigos y conocidos. A eso fuimos todos, y estuvo espectacular. Más de 300 personas en el moadón javerim del kibutz Gaash, muchos sociales, representantes de todas las promociones de bogrim de Hashomer Hatzair, muchos abrazos, y también nostalgia.

Orna Stoliar es la autora del libro en cuestión, La senda de un sueño – Historia de la Familia Hashomer Hatzair en la Argentina, que no paraba de firmar dedicatorias y de emocionarse. No temía una sala vacía, pero tampoco se imaginó ese lleno total.

En la entrada ya nos esperaba el libro, de factura prolija, diseño actual, y la escritura amena (y en hebreo) de su autora, que incluye también un CD con cientos de fotos y documentos de todas las épocas.*

Conocí a Orna en la redacción de Nueva Sión, por la época de Alfonsín allá y la primera Intifada acá, y nos hicimos amigos, una amistad que me honra. Ella había llegado antes a “la mesa de Nueva Sión“, pero ambos nos incorporamos a la “familia” con algo de retraso. Como lo dijo la propia Orna: “Como muchos de ustedes saben, nunca fui parte de la tnuá… Las circunstancias de la vida me llevaron a la familia después de la edad de tnuá y jativá, cuando el periódico Nueva Sión reanudó sus publicaciones después de la última dictadura militar en la Argentina”.

No lo dijo de autorreferencial, nomás, sino para recalcar que ese hecho le permitió, a la hora de escribir La senda de un sueño,  “mantener cierta perspectiva y encarar la tarea desde una gran empatía, pero también desde una postura constructivamente crítica”.

El libro reúne historias, a partir de documentos, entrevistas, fotografías, de la saga de Hashomer Hatzair en la Argentina desde los años ’20 del siglo pasado, prácticamente hasta nuestros días. Como no se cansan de repetir sus impulsores, una honorable comisión de veteranos de Hashomer, está a mitad de camino entre la investigación académica y la literatura.

Por ejemplo, Yejezkel Shlomi, del kibutz Ramot Menashé, le cuenta a Orna en el libro:

“Los pisos de las salas en el ken ‘Kadima’ eran de madera. Yo había estudiado en un secundario industrial para maestro mayor de obras y por supuesto, entre otras cosas, también aprendimos a colocar pisos de madera.

“Cuando volví del Majón de Madrijim la tnuá me nombró como Rosh Hakén… Fui a visitar el Ken y se me vino el mundo abajo: ¡un madrij había desmantelado el piso madera de una de las salas para encender una medurá (fogón)! Teníamos que encontrar una solución para que se pudiera dar peulá en ese espacio. ¿Qué hacer?

“Busqué por la zona alguna serrería donde se pudiera encontrar tablas de madera para el piso, y ¡oh milagro, encontré! Más me alegré cuando me enteré de que pertenecía a un judío de buen corazón. No dudé un instante y le pedí una donación de maderas para el ken. El hombre aceptó, pero pidió que las lleve yo mismo. (Sigue)

Lirit

“No tenía experiencia como carretero ni como cargador de madera, pero logré alquilar una carreta y un caballo en un establo que había en el barrio. Llegué a la serrería, cargué las maderas, ¡y allá vamos! Por supuesto no até bien las maderas, y durante el viaje se corrieron para atrás, hasta que el peso logró levantar al caballo en vilo en medio de la calle atestada de tráfico. Intentaba bajar al caballo y arreglar las tablas, en medio de los bocinazos de los coches, cuando justo pasa un pariente mío y me dice: ‘¡¿Tu papá te pagó los estudios para que trabajes de carretero?!’

“Después de no pocos esfuerzos llegué al ken y descargué las tablas… y el mismo madrij que había desarmado el piso me ayudó con la restauración, porque le exigí asumir la responsabilidad por sus actos. Unos días después el piso quedó reinstalado y de nuevo se pudo dar peulá en ese jeder”.

Este fue uno de los párrafos que leyó la actriz Lirit Mash en la presentación. El programa artístico se completó con el dúo de folclore argentino de Natán Furmansky y Fernando “Bicho” Naymark, que cantaron como los dioses y animaron a una concurrencia ya animada. Natán, hijo del legendario educador Tata Furmansky (que estuvo presente a sus 92 años e incluso tocó el bombo desde la platea), contó de qué manera su shelíaj lo había sacado de la Argentina durante la dictadura salvándole la vida.

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El dúo de Natán Furmansky y Fernando Naymark. A la izquierda, Orna Stoliar. Al fondo, con papeles: Israel Masch, maestro de ceremonias.

El libro fue escrito en hebreo (se prevé su traducción al castellano, recaudación de fondos mediante) y contó con la iniciativa y el acompañamiento de toda una comisión de ex bogrim de la tnuá: Roni Bujman, Menajem Dekel, Israel Masch (que condujo la velada), Iair Rubin, Shlomo Slutzky y Daniel (Danito) Wengrovski. El proyecto se suma a los libros ya escritos sobre Hashomer en Chile y en Cuba, también escritos por Stoliar. Los “shmutznikim” argentinos no se iban a quedar fuera por mucho tiempo. El flamante libro se presentará próximamente en el Congreso Mundial de Ciencias Judaicas en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Los discursos hablaron del camino recorrido, un camino de logros, también de los valores, y de la difícil realidad israelí actual, en la que la sociedad se derechiza, y la ocupación no cesa. Y por supuesto se habló del libro, de la necesidad de documentar pero, sobre todo, de contar la historia a los que vienen atrás, de una manera humana y convocante, inspiradora.

En fin, como “acto” fue de lo más divertido. Tan contenta estaba la gente, que los de atrás, como suele suceder en los mejores colegios, no paraban de hablar. Sobre todo, se notó la energía de la Familia Shómrica. Una familia que quiere seguir soñando.

 

*Nota: quienes quieran adquirir el libro, pueden escribirle a Israel Masch a:  chichemasch@gmail.com

 

Mucho publico

Más de 300 personas llenaron al tope el moadón javerim de Gaash.

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Chicos Hashomer

La Familia Shómrica Argentina tiene su libro

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A fines de marzo tendrá lugar en el kibutz Gaash la presentación del libro La senda de un sueño. Historia de la familia de Hashomer Hatzair en Argentina, de Orna Stoliar. El libro recorre la historia del nacimiento y desarrollo de la familia shómrica ampliada, con todas sus ramificaciones, desde los años ’20 del siglo pasado hasta nuestros días, sobre telón de fondo de los acontecimientos políticos, económicos y sociales que influyeron en ella y más allá.

El movimiento Hashomer Hatzair educó (y todavía educa) a numerosas generaciones de adolescentes y jóvenes judíos en todo el mundo con los valores del judaísmo, el sionismo, el socialismo, la libertad de expresión, la creatividad, el pensamiento crítico. Hoy en día se extiende por 22 países, donde funcionan 40 kenim (sedes). Ayuda a construir y fortalecer la identidad personal y nacional de los jóvenes, les inculca valores judíos y universales, con la idea de convertirse en agentes de cambio y ser un factor relevante en su entorno inmediato a nivel comunitario y nacional en los países en que viven.

El crecimiento de Hashomer en Argentina no se limitó a la tnuá solamente, sino que incluyó a bogrim de otras tnuot que quisieron sumarse a los kibutzim del movimiento (Kibutz Artzí) con su aliá a Israel. También incluía agrupaciones universitarias (como la legendaria Jativá Anilevich), grupos de adultos, así como jardín de infantes y un colegio primario, capacitación agrícola, producción de folletos, revistas y diversas publicaciones en tres idiomas, un partido político (Convergencia), el prestigioso periódico Nueva Sión, la cooperativa Junín y mucho más. Este panorama de realizaciones es descripto por su autora capítulo por capítulo, de un modo colorido y multifacético.

La publicación de este libro para homenajear y perpetuar la historia de la Familia Shómrica en Argentina fue el sueño de muchos. Hace unos cinco años se formó un grupo de veteranos shómricos, entre ellos Roni Buchman (Gaash), Menajem Dekel (ex Harel), Danito Vangrovsky (Zikim), Israel Mash (Gazit) y Yair Rubin (ex Harel), que con decisión y perseverancia encomiables, lograron impulsar el proyecto.

Orna Stoliar, prestigiosa escritora y traductora que reside en Israel, es ella misma miembro de la extensa Familia Shómrica, habiendo sido una eximia colaboradora de Nueva Sión, entre otras actividades y colaboraciones. Como intelectual rigurosa, ha producido y escrito un libro de modo integral y cuidadoso. El mismo no pretende ser académico, pero se basa en copioso material de archivo y en entrevistas personales no solo con bogrim, madrijim y ex shlijim, sino también con periodistas, educadores e investigadores.

El texto es acompañado por fotos de las diversas épocas, y presenta al lector la larguísima trayectoria de la Familia Shómrica en la generosa Argentina, las diversas épocas y personalidades, todo salpicado de jugosas anécdotas, dibujando la singularidad y el aporte de esta familia al movimiento sionista, a la comunidad judía de la argentina y a las sociedades argentina e israelí.

Los miembros de todas las generaciones de la Familia Shómrica en Argentina están invitados a reencontrarse y compartir recuerdos en el lanzamiento del libro, el viernes 31 de marzo a las 11.00 en el Moadón LaJaver del Kibutz Gaash.

Paam Shomer, Shomer Lanetzaj! 

Una vez Shomer, por siempre Shomer!

1948, y los “hechos alternativos”

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Heridos judíos en la Guerra de Independencia, 1948. La agresión árabe, un desaparecido de la narrativa palestina. (Foto: OGP)

Por Shlomo Avineri*, Haaretz, 2.3.2017 

Así describe Uda Basharat la creación del Estado de Israel y la guerra de 1948 en su artículo “El sionismo no quiere un Estado“: “En 1948, el mundo se enroló en pos de la creación de un Estado judío junto a un Estado árabe. En el camino fue expulsada la mayoría del pueblo palestino y el territorio del ansiado Estado se estiró en otro 50%. Y el mundo, sin una decisión oficial, reconoció el territorio aumentado” (“Haaretz”, 20.2).

Lo leo, y no lo puedo creer. Supongo, entonces, que el estallido de la Segunda Guerra Mundial se puede describir así: “El 3 de septiembre de 1939, Inglaterra y Francia declararon la guerra a Alemania, en el camino se unieron también la Unión Soviética y Estados Unidos a la guerra, y al final fue desmembrado el Reich alemán, 12 millones de alemanes fueron expulsados de su patria, Alemania perdió el 20% de su territorio, que fue anexado a la URSS y a Polonia, y el mundo, sin una decisión oficial, lo reconoció”. Es probable que los neonazis alemanes describan así la Segunda Guerra Mundial.

También la guerra en el Lejano Oriente se puede describir de este modo: “El 8 de diciembre de 1941, el presidente Roosvelt declaró la guerra al Japón, y en 1945 se unió también la Unión Soviética a la guerra. En el camino, Japón mismo fue conquistado por los norteamericanos, perdió el control sobre Taiwán, Manchuria y Sajalín, y el mundo, sin una decisión oficial, lo reconoció”. Seguramente habrá nacionalistas japoneses que describan así la guerra.

El hecho es, por supuesto, que el 1° de septiembre de 1939 Alemania invadió Polonia, y que el 7 de diciembre de 1941 Japón atacó en Pearl Harbor. Este es exactamente el asunto en todo lo tocante a la descripción de Basharat: no hay en su artículo una descripción del enérgico rechazo de los palestinos y de la Liga Árabe a la resolución de la ONU sobre la división del territorio y la creación de un Estado judío en parte de la Tierra de Israel; no han habido ataques armados contra el poblado judío y sus arterias de transporte por las milicias árabes palestinas, ayudadas por fuerzas de salvación árabes de Siria y otros países; no ha habido invasión de los ejércitos árabes de Egipto, Siria, Transjordania e Irak al día siguiente de la creación del Estado de Israel, el 15 de mayo de 1948. En resumen, todos los actos árabes que condujeron a la Naqba palestina sencillamente no existieron.

No es una cuestión de narrativa. Se trata aquí de lo que todavía se puede definir como hechos. Resulta ser que no hacía falta esperar la llegada de Donald Trump y sus amigos para inventar el concepto de “hechos alternativos”.

Esto se pone de manifiesto de un modo aun más extremo en los intentos palestinos de negar todo vínculo histórico judío con la Tierra de Israel y la existencia de un Templo sagrado sobre el Monte del Templo: en cierto momento de las conversaciones de paz, Yasser Arafat dijo a diplomáticos norteamericanos que nunca existió un Templo judío en Jerusalén. Los palestinos, que repiten esas cosas, quizás no se dan cuenta que no solo están haciendo caso omiso de la historia judía sino también de la tradición cristiana, que relaciona a Jesús, una y otra vez, con el Templo de Jerusalén: si no hubo un Templo judío en Jerusalén, ¿adónde, exactamente, llevaron los padres de Jesús a su hijo al nacer? ¿Y de dónde expulsó Jesús a los comerciantes y a los cambistas?

¿Quiere decir entonces que todos los argumentos palestinos son falsos y todas las afirmaciones sionistas son correctas? Claro que no. Pero con todo el respeto que le cabe a la sensibilidad árabe, existen también los hechos.

Basharat también se equivoca -y confunde a los demás- en su descripción de la aceptación de la Partición por parte del movimiento sionista y el poblado judío. Escribe que “hasta la creación del estado, hablar de la partición del territorio era una especie de herejía”. Es sencillamente falso. Y tampoco esta repetición del “hecho alternativo” lo convierte en verdad histórica. Desde las recomendaciones de la Comisión Peel, que en 1937 elevó por primera vez al orden del día la idea de la partición, el tema se convirtió en la piedra de conflicto más amarga dentro del Movimiento Sionista. No solo los revisionistas se oponían furiosamente a toda idea de partición: en la década transcurrida entre 1937 y 1947, fue el principal foco de conflicto en el movimiento, que provocó la escición de Mapai en la Convención de Kfar Vitkin en 1942, y no les fue fácil a Weizmann y a Ben Gurión consolidar una mayoría dentro del Movimiento Sionista a favor de la Partición. Esta es la razón por la cual la Resolución del 29 de noviembre -que dejaba afuera de los límites del Estado judío a Jerusalén- fue aceptada al fin y al cabo con entusiasmo casi mesiánico en la Tierra de Israel  y en todo el mundo judío: habían hecho falta para ello muchos años de preparación del terreno.

Es difícil entender qué espera Basharat conseguir con una presentación tan distorsionada de lo que ocurrió en 1948: ¿de verdad cree que se puede convencer a los judíos israelíes de adoptar semejantes mensajes? Por el contrario, la sola repetición de estos hechos una y otra vez, no aporta en nada a la reconciliación entre ambos movimientos nacionales, y solo colabora con la derecha israelí en su argumento de que “no hay con quién hablar”.

Una posición totalmente diferente del lado árabe es la que propone Salman Matzalja, en su artículo “Una misión para la izquierda” (Haaretz, 23.2). Matzalja llama a la izquierda judía israelí a luchar por el derecho de los palestinos a la autodeterminación frente a las posiciones de la derecha nacionalista-religiosa en Israel, y no hay mejor forma de formularlo que la que formuló en su artículo. Para fortalecer su argumento, Matzalja vuelve a recordar hechos que ambas partes vociferantes del diálogo israelo-palestino ya casi olvidaron. Recuerda que la izquierda árabe apoyó en 1947-1948 la Resolución de la Partición, y condenó el ataque de los países árabes al Estado de Israel, y cita varias expresiones del diputado Tawfik Tubi, a la sazón uno de los líderes del Partido Comunista Israelí (Maki).

En honor a la exactitud debemos subrayar que la posición de Maki en favor de la Partición y la creación de un Estado judío junto a un Estado árabe no provenía básicamente de una decisión de la “izquierda árabe”, sino del hecho de que la URSS había apoyado la Resolución, y Maki -como todo otro partido comunista en el mundo, incluidos los de los países árabes- se alinearon con ella. Es difícil imaginar hoy que comunistas árabes fueron arrojados a la cárcel en países como Egipto y Siria por oponerse a la invasión árabe contra el Estado de Israel.

A favor de los líderes de Maki (tanto árabes como judíos) se debe atribuir su apoyo a la Partición, no a razones estratégicas sino a su modo de enfrentar la base misma del conflicto. Matzalja trae declaraciones de Tubi en un acto en París en los festejos del primer Día de la Independencia de Israel, y que se publicaron luego en el periódico del partido, “La voz del pueblo“. Conviene repetir sus dichos, para saber que alguna vez hubo aquí una voz árabe diferente. “Les agradezco desde el fondo de mi corazón esta oportunidad de festejar aquí (en París) esta noche, tal como lo hacen mis compatriotas en la patria, el primer aniversario de la creación del Estado de Israel”, dijo Tubi, y agregó que se trata de la celebración “de la victoria del principio de autodeterminación del pueblo judío en Eretz Israel”. Matzalja nos recuerda luego, también, un discurso que ofreció Tubi en la Knesset en diciembre de 1948, en el que advirtió del peligro de un nuevo ataque árabe contra Israel, y anunció que si ocurre tal ataque, él y sus camaradas lucharán “hombro con hombro con las masas del pueblo judío por la independencia y soberanía del Estado de Israel”.

Sí, hubo una vez una izquierda árabe con valores universales, que defendía el derecho de los palestinos a la autodeterminación, pero que también aceptaba explícitamente el derecho a la autodeterminación del pueblo judío. En sus palabras brillaba la chispa de la promesa de posibilidad de reconciliación entre ambos movimientos nacionales: es difícil imaginar dichos parecidos de boca de diputados de la Lista Árabe Unificada hoy en día.

Parte de la tragedia común a nosotros y a los palestinos es que la izquierda israelí apoya el derecho de autodeterminación de ambos pueblos, pero lo que se denomina izquierda árabe palestina derrapó en parte, si no en su mayoría, al nacionalismo árabe. No guardo nostalgia por Maki, pero no se puede negar que aportó mucho a que los árabes israelíes pudieran ver a Israel como su país, aun en horas difíciles para su pueblo y sus familias. Si hoy existieran voces similares en el liderazgo del sector árabe de Israel, y si personalidades como Basharat adoptaran hoy en día posturas similares, habrían buenas posibilidades de una conciliación histórica entre ambos movimientos nacionales.

*Shlomo Avineri es politólogo e historiador de filosofía política, en especial de socialismo y sionismo, Profesor Emérito de Ciencia Política de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Premio Israel a la Ciencia Política, 1996.

(Traducción: Marcelo Kisilevski)

 

Hoy, Conferencia de París, hoy

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Biniamín Netanyahu y Francois Hollande. El israelí le surigirió al francés, en su último encuentro, que anule el foro internacional de hoy y que, en cambio, dedique una sala donde se puedan sentar a solas él y su par palestino Mahmud Abbas para cerrar trato sin precondiciones.

Por Marcelo Kisilevski 

¿Cuál es la agenda de cada uno de los actores en este nuevo capítulo de la telenovela llamada “proceso de paz”, en que los actores secundarios del culebrón intentan lograr algún tiempo de pantalla?

Cuando se realiza cualquier conferencia en pos de la paz, se supone que debemos alegrarnos. Quien esto escribe se alegró mucho con la Conferencia de Paz en Madrid en 1991, pues era la primera vez que israelíes y árabes se sentaban en una misma mesa y en público a hablar del futuro compartido en esta región. No salió nada de allí, salvo un precedente para lo que después sería Oslo. Luego, en 1993, con el apretón de manos entre Rabin y Arafat, muchos nos emocionamos de verdad. Hoy se reúnen nada menos que 72 países en París, bajo los auspicios del presidente Francois Hollande para intentar romper la brecha hacia la paz entre israelíes y palestinos… sin los unos ni los otros. El principal problema de esta conferencia es la experiencia que tenemos tanto protagonistas como testigos: después de tantos años de intentos fallidos, nadie cree -de antemano- una sola palabra de lo que pueda salir de allí.

En breve -porque ni siquiera vale la pena el río de tinta digital, hay otras cosas que hacer- este sería el esquema de las motivaciones de cada actor en este nuevo sketch de la política internacional.

Francia y demás participantes: volver al ruedo como los hacedores de la paz. Algunos de ellos haciendo gala del mismo pacifismo europeo poscolonial multiculturalista de siempre. En el mejor de los casos, buena gente con buenas intenciones. En lo concreto, emitirán una declaración meramente declarativa (valga más que nunca la redundancia) en la que llamarán a las partes a renovar su compromiso con la solución de dos Estados y a renegar de sus respectivos funcionarios de gobierno que se oponen a ella, como lo reveló el matutino Haaretz. También, advertirán a la entrante Administración Trump de no trasladar la embajada norteamericana a Jerusalén. “Sería una decisión unilateral que puede escalar la violencia en el terreno”, dijo a Reuters un alto diplomático francés. “Cinco días antes de asumir su mando como Presidente, no es nada despreciable que más de 70 países se reúnan para llamar a la solución de dos estados, cuando su Administración podría implementar medidas controvertidas que podrían provocar una escalada”. ¿Llamar a dos estados y advertir a Trump contra el traslado de la embajada? ¿Para eso se reúnen hoy 72 países en París? Parece que sí.

EEUU: También John Kerry, secretario de Estado norteamericano, asistirá. Cinco días antes de terminar su carrera y la de Obama, la idea es reforzar el discurso del primero, hace unos días, en el que predicara su doctrina moral, principalmente contra el premier israelí Netanyahu, sobre las culpas del no avance del proceso de paz. También, intentar comprometer a la próxima administración con algún otro hecho consumado, tal como lo hiciera esa potencia con el no veto a la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad. Como dijimos en una entrega anterior, Obama y Kerry intentan diseñar su paso a la historia como hacedores de la paz, y poner un alto precio a sus futuras conferencias en universidades y foros internacionales, donde podrán enseñar cómo no lo lograron… claro está, por culpa de otros.

Autoridad Palestina: no asiste, en parte por la negativa de Netanyahu a hacerlo, y en parte porque Israel no ha cumplido la precondición palestina de cesar la construcción en los territorios. Cuando, en tanto, Israel continúa construyendo -a paso lento, solo en asentamientos existentes, y solo en los bloques junto a la Línea Verde, pero construye- cabe preguntarse qué esperan los palestinos. Una de las respuestas de los analistas es que se trata de una excusa para no cerrar trato jamás por un Estado palestino que se extienda solo por Cisjordania y Gaza. Por default eso implicaría reconocer a Israel que, en términos del islamismo radical que infesta la sociedad palestina, es “una soberanía no musulmana sobre Dar El-Islam”, la morada del islam, que es tierra sagrada. Desde esta perspectiva, Mahmud Abbas, presidente palestino, temería que la solución de dos estados, con todo lo que él pueda apoyarla verbalmente, no solo dictaría su propia muerte -tal como le ocurriera a Anwar El-Sadat- sino el estallido de una guerra civil palestina, lo contrario de lo que se quiere lograr, a saber, la paz. Lo que quedaría, pues, sería el status quo, mantener las cosas más o menos como están, manteniendo bajos los decibeles de la violencia, y con logros diplomáticos simbólicos en la arena internacional que menoscaben la legitimidad de Israel, pero no mucho más. Fuentes periodísticas en Israel indicaron que la intransigencia palestina podría reducirse con la nueva Administración en Washington, ante el temor de un Trump demasiado pro-israelí. Entonces se avendrían a negociar, sin precondiciones y a precios reducidos. Suena a wishful thinking, pero el tiempo dirá.

Israel: No acepta negociar con precondiciones, recuerda a quien quiera escuchar que Arafat no esperó a que este país dejara de construir para negociar con él durante todos los años de Oslo, por lo que la precondición palestina suena a excusa para no cerrar trato por la creación de un estado palestino que se extienda solamente por Cisjordania y Gaza. Recuerdan, como evidencia, que en 2009, ante las presiones de Obama luego del discurso de El Cairo, Israel congeló la construcción en los territorios por 10 meses, sin que la Autoridad Palestina insinuara siquiera una vuelta a la mesa de negociaciones. Por otro lado, el gobierno israelí entiende que, históricamente, los foros multilaterales -empezando por el mencionado Madrid 1991- jamás aportaron a la paz, y que solo negociaciones directas, basadas en el intento de satisfacer necesidades e intereses realistas de las partes, han servido para impulsar los procesos, y no “circos de la paz” que solo ayudan a que sus organizadores y asistentes salgan bien en las fotos.

Pero hablar de la paz siempre es positivo. Feliz día de la paz para todos.