Análisis del Bicentenario: suspendido por buen tiempo

El viejo Cabildo. ¿Dónde habrá un troquelado de la revista Anteojito?

Ayer me enganché con el canal C5N por Internet, y me di una panzada de Bicentenario. Vi los granaderos, escuché las marchas, y hasta canté la de San Lorenzo sin cambiarle la letra. Vi un montón de mandatarios saludar a Cristina y la verdad que no podía creer el ataque de paciencia que me agarró a esta altura de mis años. Hasta la escuché hablar de principio a fin en la inauguración de la sala de los Patriotas Latinoamericanos, y vi el rimbombantemente anunciado “Show 3D” proyectado sobre las paredes del Cabildo. ¿El análisis? Suspendido por buen tiempo.

Después me fui a dormir, porque acá ya era la 1.30 AM y todo tiene un límite, así que me perdí el show teatral en la calle Esmeralda. Pero hoy me desperté, puse la tele en la compu a las 6.30 y ahí estaba Fito Páez en el show nocturno. ¡Una fiesta, o sea! Se lo explicaba a mi hija de 8, y se me partió el alma al ver cuán lejano le resulta el tema.

Pero en todo este tiempo, una emoción muy grande, y digan de mí lo que quieran, que hoy estoy pa’l cachetazo. La verdad es que extraño la Argentina, sigo siendo argentino y estoy contento con sus 200 años. A sus taras le encontré la vuelta: veo la tele argentina o escucho la radio por Internet, leo los diarios argentinos y tomo mate. ¿Qué diferencia hay con hacer exactamente lo mismo en pleno Buenos Aires? Respuesta: es como estar en la Argentina sin los bolonquis criollos, sin la corrupción, los baches y los corralitos periódicos. Pero no, ya sé, no es lo mismo.

Mientras Cristina cruzaba la Plaza de Mayo, un amigo querido me preguntó por chat desde otra punta cualquiera del planeta si todavía, después de tantos años en Israel, me seguía sintiendo argentino. A pesar de algunas series de televisión que dicen lo contrario, el ADN todavía no se puede cambiar. Para mí es como si le preguntaran a un pato que se fue a vivir entre monos si se sigue sintiendo pato.

Y no, no estoy comparando a los israelíes con monos. Yo sigo siendo argentino, a pesar de haber aprendido a treparme de los árboles… ¡Feliz Bicentenario!