Fósforo blanco: gol en contra

Al dar comienzo la fase terrestre del Operativo Plomo Fundido me llamó la atención, en las imágenes televisivas, una de las visiones de proyectiles lanzados por Israel: una especie de fuego de artificio al revés, que estallaba arriba y se dispersaba hacia abajo, y de color blanco. Nadie en la prensa israelí lo comentaba, y supuse que se trataba de otras tantas granadas de iluminación, como otras que también se veían.

Los medios en el mundo empezaron a incluir en sus condenas el uso de fósforo blanco. La organización Human Rights Watch publicó enseguida un llamado a Israel a cesar su utilización.

Al parecer, dice la misma organización, el fósforo blanco era utilizado por Israel para crear cortinas de humo que ocultaran las operaciones militares en tierra, un uso permitido por la ley internacional, según HRW. Sólo en los últimos días, en una nota de la televisión israelí, el ejército explicó que se utilizaba en los obuses de humo sólo para su encendido. Pero el fósforo blanco arde en contacto con el oxígeno, su apagado es difícil, y en contacto con la piel provoca horrorosas quemaduras, de 2° y 3° grado, además de ser capaz de incendiar viviendas y estructuras edilicias.

La prestigiosa organización entiende que “el uso de fósforo blanco en zonas densamente pobladas en la Franja de Gaza transgrede la exigencia del derecho humanitario internacional de emplear todos los medios de precaución posibles para evitar la muerte y herida de civiles”. El temor aumenta por el método elegido por el ejército para utilizarlo, a saber, lanzamiento desde el aire, dispersando 116 copos ardientes, en un radio aumentado de entre 125 y 250 metros, en lugar de explosiones localizadas en tierra.

El portavoz de Tzahal negó rotundamente, el 10.1, al segundo día de iniciada la operación terrestre, ante la CNN, que Israel estuviera haciendo uso alguno de fósforo blanco. Sólo en los últimos días se admitió su uso y se esbozó la explicación antes mencionada. ¿No sabía el ejército que el fósforo blanco iba a arder, aun llegado a tierra? En la tele israelí indicaron que el ejército ha comenzado a investigar el caso.

Ya lo dije, y no tengo problemas en seguir argumentando a favor del caso de Israel en esta contienda. Sigo pensando que la mayoría de los críticos y de todos los manifestantes en las calles de Occidente pecan de deshonestidad intelectual al no manifestar también por los muertos en el Congo, o por la cara desfigurada por ácido de niñas escolares afganas a manos de los Talibán. Pero ellos son hipócritas, o sus idiotas útiles. Yo, en cambio, amo a Israel.

Y desde ese amor a Israel, no puedo dejar de preguntarme: ¿hacía falta? ¿Tzahal no tiene otros medios para crear cortinas de humo? Créanme, yo vivo acá, y serví en el ejército. Israel puede crear otras cortinas de humo, sin necesidad de fósforo blanco.

¿Qué quieren que les diga? Hoy me embarga una sensación incómoda. Siento que si no digo esto, no voy a poder acusar a otros de deshonestidad intelectual e hipocresía. Y tampoco voy a poder escribir el post de mañana, donde volveré a explicar que la opinión pública palestina está por mandar al infierno al Hamás, por provocarles esta tragedia, y que Irán se está preparando para reducir daños y financiar el rearme de Hamás, y que Al Qaeda quiere hincarle el diente a la sufrida Palestina, reemplazando a los inútiles de Hamás.

Porque en Gaza han muerto cientos de personas, miles de otras han quedado tullidas y quemadas para siempre, y unos 90.000 han quedado sin casa, y sin que haya nadie que se ocupe de ellos por el momento. Si somos honestos al decir que “no tenemos problema con el pueblo palestino” sino con el terrorismo, entonces por lo menos debemos hacernos cargo de lo que le hemos provocado a parte de ese pueblo con el que no tenemos problema.

El operativo está bien, se justifica, y explicaciones sobran, y las muertes de civiles utilizados como escudos humanos por Hamás son terribles, pero inevitables en toda guerra, sobre todo en una como ésta. Y sí, señores críticos: era una guerra, y nunca se puede saber cuántas muertes se pudieron haber evitado en lo táctico. En lo estratégico, Hamás habría podido evitar todas.

Pero el uso de fósforo blanco por Israel fue un crimen de guerra. Innecesario e inhumano. Sobre todo para un ejército que se jacta de su doctrina de “Pureza de las armas”. Desde esa doctrina, esto es un crimen de guerra, y los responsables tendrán que rendir cuentas e ir a prisión. Para que yo, y muchos otros, al defender la causa de Israel, no acabemos, también, justificando crímenes.

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