Ex ministro del Hamás, hazmerreír de la red

UNWatch

Bassam Naím, ex ministro de Hamás, entendió mal esta caricatura cuando, para denostar a Israel dijo que ésta demostraba que Israel es el máximo violador de derechos humanos del mundo. Así lo posteó en su cuenta de Twitter, quedando en extremo ridículo. La caricatura busca ironizar con la situación inversa: mostrar la incompetencia de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU al ocuparse casi exclusivamente de Israel, en comparación con lo que sucede con países como Rusia, Siria, Norcorea, China, Sudán, etc., verdaderos paladines de la violación a los derechos humanos. Por no hablar de que el yerro es de un alto jerarca del Hamás. En fin.

La caricatura fue publicada en el marco del proyecto “The Israeli Cartoon Project”, https://www.facebook.com/TTICP, destinado a elevar a la conciencia sobre estas contradicciones del mundo a través de caricaturas piolas, chéveres, etc. La info sobre Bassam Naím la levantó Ynet.

¿Cómo se saca esta foto?

TrabajadoresMoshava

Esta foto es un documento histórico que me cautivó, porque además de contar acerca de los pioneros en los kibutzim y moshavot, habla de la historia de la fotografía. Parece que los hubieran sorprendido trabajando. En realidad, es todo un esfuerzo de producción. Les dijeron que a tal hora tenían que dejar el trabajo real y venir “para la foto” a un lugar prefijado. Después, a cada uno le explicaron con detalle dónde y cómo pararse -y a uno de ellos agacharse-. Está el que apoya el pie en la pala, como a punto de hundirla en la tierra, el que posa con el pico levantado y el que lo “acaba” de golpear contra alguna roca. Y todos mirando a la cámara con actitud épica. Entonces se les indica no moverse durante largos segundos, mientras el fotógrafo hunde su cabeza bajo un paño negro para que no entre luz indeseable, porque estamos en la época de la placa fotográfica, que es cara, ni siquiera hay rollo, así que tampoco hay margen para muchas “tomas”. Toda una puesta en escena en la mejor tradición del realismo soviético, que hoy nos parece enternecedor. Es parte de un archivo con nada menos que dos millones de fotos (muchas de ellas espontáneas en serio) que está por ser subido a internet bajo el nombre de Shimur Ledorot, Conservación para las Generaciones, dirigido por Nitza Kaplan.

Ali Saad Dawabsha z”l. No al terrorismo judío

AliSaadDawabsha

Por Marcelo Kisilevski

Así como desde este lugar nos esforzamos por denunciar el terrorismo islámico como el gran obstáculo para la paz y el gran desafío que enfrenta el mundo en este siglo, hoy tenemos que denunciar el terrorismo judío.

Es cierto que los casos se cuentan con las manos y, que cuando ocurre, el gobierno y las fuerzas armadas israelíes atrapan a los culpables y la sociedad israelí los repudia con toda la fuerza posible, a diferencia de lo que ocurre con sociedades o gobiernos vecinos. El presidente palestino Mahmud Abbas otorga subsidios a familias de terroristas y bautiza calles en su nombre como si fueran grandes héroes. Eso no podría ocurrir del lado israelí.

Pero todo eso no me importa hoy. No puedo aceptar el terrorismo judío. Tampoco puedo aceptar que se intente desviar el punto de lo “judío” como si no fuera políticamente correcto, porque entonces no podríamos decir tampoco “terrorismo islámico”.

Entendámonos: los terroristas incendiaron la casa del bebé Ali Saad Dawabsha, de la aldea Duma, desde “lo judío”, y desde su forma deforme y pervertida de entender su religión y su identidad de pueblo. Mataron a un bebé palestino e intentaron liquidar a toda su familia, que lucha ahora por su vida, por el solo hecho de ser palestinos. ¿Cuál fue el crimen de Ali?

Como judíos y como israelíes estamos contra el terrorismo judío, que existe. Hace un año fue el adolescente Muhamad Abu Jdir, quemado vivo en los bosques de Jerusalem. Hoy es Ali Saad Dawabsha. Puede que no refleje una realidad masiva, pero hoy, para la familia Dawabsha, es terrorismo total. Para nosotros también.

Es terrorismo fundamentalista judío, y pretende arrogarse la representación de lo judío. Pues no: no me representa. No nos representa. Y no va a desaparecer solo. Si la repetición cíclica de actos terroristas ocurren en el supuesto nombre de Israel, Israel tiene un problema y lo debe enfrentar.

Mientras esperamos que la policía y el ejército atrapen a los terroristas (por suerte y por lo menos, en general es lo que ocurre), y el premier Netanyahu condena y promete hacer justicia como corresponde, hagamos votos por que este execrable crimen nacionalista no dispare una nueva escalada de violencia en una situacion contenida a duras penas.

Me quedo con las lúcidas palabras del presidente del Estado, Reuvén Rivlin, a los medios de comunicación árabes y palestinos: “Nos hemos levantado esta mañana a un día triste. El asesinato de Ali Dawabsha, un bebé que dormía en su cuna, y la herida grave a su familia, su hermano, su papá y su mamá, que lucha por su vida, hirieron el corazón de todos nosotros. Más que vergüenza, siento dolor. Dolor por el asesinato de un pequeño bebé. Dolor porque miembros de mi pueblo eligieron el camino del terrorismo y perdieron forma humana. Su camino no es mi camino. Su camino no es nuestro camino. Su camino no es el camino del Estado de Israel y no es el camino del pueblo judío.

“Lamentablemente, hasta ahora,  creo que hemos enfrentado el fenómeno del terrorismo judío con debilidad. No hemos internalizado todavía que estamos ante un grupo ideológico, decidido y peligroso, que se ha puesto como objetivo destruir los delicados puentes que construimos con tanto trabajo. Creo que, en la medida que entendamos que enfrentamos un peligro esencial para el Estado de Israel, seremos más firmes para enfrentarlo y arrancarlo de raíz”.

¿Qué preocupa a Israel del acuerdo EEUU-Irán?

Nueva era en la geopolítica mundial: ¿hacia dónde? Secretario de Estado John Kerry y Ministro de Exteriores iraní Muhamad Zarif sellan el acuerdo.

Nueva era en la geopolítica mundial: ¿hacia dónde? Secretario de Estado John Kerry y Ministro de Exteriores iraní Muhamad Yavad Zarif sellan el acuerdo.

Por Marcelo Kisilevski

El acuerdo firmado entre EEUU e Irán en torno al plan de desarrollo nuclear bélico de los ayatollahs no debería disparar reacciones automáticas a favor ni en contra, ni siquiera en Israel.

Los méritos del acuerdo pueden ser pocos, pero significativos, aunque probablemente se inscriben en un plano de largo plazo, un poco abstracto para aquellos que viven en casas dentro del rango de tiro de los misiles Shihab persas, capaces potencialmente de portar ojivas nucleares.

Pero después de treinta y cinco años de enemistad total entre el “Gran Satán” e Irán se ha abierto un canal de diálogo entre este país y el Occidente al que tanto dice odiar. No es poca cosa para un país de corte islámico chiíta, que se ve como portaestandarte de una minoría milenariamente perseguida, largamente colocada entre la espada y la pared. A partir del acuerdo, Irán se puede sentir menos acorralado, más escuchado, menos necesitado de afilar las zarpas.

Irán, además, tiene ahora lo que perder si no cumple su acuerdo. Especialmente en lo que refiere a su economía: 150 mil millones de dólares fluirán directamente a sus alicaídas arcas, y servirán, no solo para seguir bancando sus guerras extranjeras sino para que la angustiada calle iraní pueda dejar de consumir únicamente productos chinos. En el plano interno, fueron las sanciones y sus efectos en el consenso a favor de la Revolución Islámica lo que trajeron a Irán a la mesa de negociaciones.

En un plano geopolítico, Occidente le acaba de decir a Irán que tiene voz e importancia en los procesos mesorientales y mundiales. Eso también es un activo para un país que busca tanto la hegemonía en Medio Oriente como la relevancia y la atención mundiales. Si lo analizáramos psicológicamente como a una persona, llamémosla Imán Alí Jamenei, verdadero mandatario de Irán, deberíamos decir también, el afecto mundial. El perseguido líder no querrá perder tampoco eso.

¿Conteniendo la nueva Guerra Fría?

En el mismo plano, en un contexto en el que se predibuja una nueva proto guerra fría, el acuerdo le coloca paños fríos, al menos por el momento. En efecto, en los últimos años parece perfilarse un nuevo dibujamiento bipolar de las relaciones internacionales. De un lado EEUU y Europa, Israel, todos los países árabes sunitas. Del otro, Rusia, Irán, la Siria todavía bajo la elite alawita, China oteando desde la lejanía económica, algunos países latinoamericanos.

Este dibujamiento tendría dos atenuantes. Por un lado, a Rusia no le dan todavía los números para volver por sus fueros como super potencia, luego de la debacle económica de la Guerra Fría, de la que todavía no se ha recuperado. No puede aún, pero quiere. Sus intervenciones en Georgia y Ucrania, sus amenazas a quienes osen coquetear con el bloque europeo, su exitosa intervención contra un ataque norteamericano en Siria que era inminente, son solo algunos de los pasos dados en esa dirección.

Como segundo atenuante, no se trataría de bloques impermeables, no hay aquí -siempre hasta nuevo aviso- una “cortina de hierro”. Rusia ha firmado últimamente acuerdos para la venta de armas a países árabes, supuestamente en el bando norteamericano. Y EEUU “se habla” con Irán.

Si no queremos volver a una realidad que en varios think tanks de Occidente comienza a ser vista como la “Segunda Guerra Fría”, el acuerdo EEUU-Irán pareciera neutralizar las hostilidades en ciernes. Esto a su vez tiene su reparo: una de las razones para el acuerdo es poder despejar energías para la hostilidad que ambos países comparten contra lo que ya parece ser un tercer polo, indomable tanto para Occidente como para el bloque “pro ruso”: ISIS y sus símiles.

EEUU detesta a ISIS por islamistas radicales desprendidos de Al Qaeda, que infrigiera a los norteamericanos el peor atentado terrorista de su historia. Irán los odia por sunitas. De modo surrealista, allí, en los desiertos de Siria e Irak, ambos pueden formar un frente común.

Además, tanto para EEUU como para Rusia, el nuevo paradigma que instala ISIS es el de pequeños ejércitos que desmembran o ponen en jaque a países establecidos y reconocidos que son parte de la ONU, y es un desafío al que tendrán que dar respuesta. ISIS controla un territorio con diez millones de personas a las que gobierna efectivamente: servicios, impuestos, leyes y comercio internacional, en especial de petróleo en el mercado negro. El Califato, si bien sus fronteras no están fijadas definitivamente, es una realidad, y tanto el bloque norteamericano como el ruso tendrán que rascarse mucho la cabeza para decidir qué política seguir frente a ella. Si la realidad dicta que Siria e Irak ya no existen como los conocíamos, ¿deberá el mundo reconocer al nuevo país? ¿O deberán salir a una guerra total, regidos por el principio de defender a países miembros de la ONU de su desaparición, como lo hizo EEUU frente a la desaparición de Kuwait en 1991?

En este contexto, el acuerdo entre EEUU e Irán busca neutralizar al menos uno de los frentes, reduciendo los decibeles de la inestabilidad mundial, aunque más no sea en el estado de ánimo de la Casa Blanca.

Los reparos de Israel

Si todo esto es así, ¿qué coloca a todo Israel al borde de un ataque de nervios?

Lo primero que llamó la atención en el plano interno israelí fue que, en lugar de condenar la arrogancia de su primer ministro y su negativa a alinearse con el acuerdo, puesto que es una realidad e Israel debiera confiar un poco más en su principal aliado y reparar la confianza casi destruida entre él y Obama, tanto la oposición encabezada por el centro-izquierdista Itzjak Herzog, como los principales medios de comunicación, que tradicionalmente exhiben posiciones de izquierda, esta vez corrieron a Netanyahu “por derecha”.

Herzog incluso se ofreció para iniciar una gira por EEUU para clarificar sobre los peligros de este acuerdo ya firmado, mientras puertas adentro condena el “colosal fracaso” de Netanyahu a la hora de evitarlo.

Yair Lapid, líder del partido Iesh Atid, que actuara como ministro de Economía en el gobierno anterior, embistió contra el juego solitario de Netanyahu: “Nunca dejó que el gabinete en pleno tratara el tema, quiso llevarse todo el crédito. Ahora que fracasó rotundamente, que se lleve toda la responsabilidad”, ataca furibundo en todos los medios posibles.

Los principales analistas de prensa también condenaron la gestión del premier, que no hizo más que crear antagonismos allí donde el sonriente mandatario iraní, Hassan Rohani, ganaba empatía. Pero sobre todo, cargaron las tintas contra el acuerdo en sí.

Pues bien. La preocupación israelí a raíz de este acuerdo se inscribe en dos planos: la capacidad nuclear iraní en sí, y su renovado apoyo al terrorismo internacional.

En el primer plano, el acuerdo convierte a Irán en un “país umbral”, con capacidad para dar un salto a potencia nuclear, con un año de anticipación como máximo, en el momento que decida, ya sea porque quiera violar el acuerdo, ya porque crea que éste no es más relevante, porque considere que Occidente lo ha violado antes, o porque sencillamente caduque al cabo de los años estipulados.

Además, durante los quince años que dure el acuerdo, Irán se convertirá en la niña mimada de los mercados internacionales y será difícil, por no decir imposible, restituir el régimen de sanciones que, de por sí, amenazaba con colapsar. Ya ahora se están firmando preacuerdos entre Irán y numerosos países necesitados del crudo iraní y de su gran mercado, y será muy difícil echarse atrás del acuerdo, por ejemplo en caso de que el mismo no sea aprobado por el Congreso en Washington.

A Israel le preocupa también el hecho de que, más allá de la inspección prevista en el marco del acuerdo, nada se dice de la vigilancia a posibles desarrollos secretos que pueda realizar el régimen iraní. Es decir, ¿qué pasa si Irán viola el acuerdo? Ya en el pasado, incluso el mismo presidente Hassan Rohani se había jactado de cómo “enroscó la víbora” a Occidente en diversas instancias negociadoras. Ante ello, el Mossad israelí, encabezado por su entonces director, Meir Dagán, había sabido tejer alianzas con la CIA, el MI-6 inglés y el BND alemán para investigar y sabotear el programa nuclear iraní a diversos niveles, para cuanto menos ganar tiempo. La sensación en la comunidad de inteligencia es que, con el acuerdo, Israel ha sido dejado solo en ese campo, como también en el de un eventual ataque militar llegado el caso.

Los “agujeros” del acuerdo:

Según lo resume el periodista Ron Ben Ishai en Ynet:

1) Irán no cesa: Irán podrá continuar desarrollando centrífugas avanzadas, con lo cual el lapso de enriquecimiento de uranio se reduce signficativamente.

2) La inspección en instalaciones desconocidas debiera ser “en todo momento y en todo lugar”. En los hechos, las potencias y la Agencia de Energía Atómica deberán avisar a Irán de sus visitas y entregar a Irán pruebas de sus sospechas, es decir: información de inteligencia.

3) Desgaste: el aparato de arbitraje ante cada denuncia de violación es demasiado complejo, y puede llevar meses o años.

4) La central de Fordo continuará funcionando, con sus centrífugas girando en falso hasta que se decida en contrario. Está entre montañas, muy difícil de bombardear.

5) Misiles: Irán podrá seguir desarrollando misiles navegables con un alcance de miles de kilómetros.

6) Después del acuerdo: no queda claro qué impedirá a Irán reiniciar a toda velocidad su carrera hacia la bomba al cabo de los 15 años como máximo que dure el acuerdo.

Irán redoblará su principal exportación: el terrorismo

El segundo plano preocupa todavía más a Israel. El acuerdo comienza por el descongelamiento automático de 150 mil millones de dólares de fondos iraníes que habían sido congelados en bancos del exterior. Ahora, Irán recibirá una inyección colosal de fondos, parte de los cuales serán canalizados hacia la financiación del terrorismo.

Irán ya ha declarado que el acuerdo se refiere solamente al área nuclear, y que, por lo tanto, todo el resto de su política exterior permanece intacto. Y ello incluye la financiación de los grupos terroristas que atenazan a Israel, Hezbollah desde el Líbano y Hamás en Gaza. Ya durante el régimen de sanciones Irán se las había apañado para armar con decenas de miles de cohetes, pertrechos bélicos y entrenamiento profesional a lo que llaman la “resistencia” contra Israel. El Estado hebreo se ha visto en serias dificultades para detener, con todo y bloqueo en Gaza, con todo e incursiones en la frontera sirio-libanesa o en el desierto sudanés, el contrabando de misiles iraníes. Ahora, dicen en Israel, con un Irán vuelto a enriquecer, será una misión imposible.

Irán ya ha puesto sus garras sobre cuatro países del Medio Oriente: Irak, Siria, Líbano y, últimamente, Yemen. No solo Israel manifiesta su nerviosismo frente al acuerdo sino, especialmente aunque sin hacer olas, los países árabes, comenzando por Arabia Saudita, que está interviniendo en Yemen contra las fuerzas chiítas apadrinadas por Irán, y Egipto, que recela de la influencia iraní en Gaza y, por extensión, en la Península del Sinaí.

Lo que viene

El gobierno israelí ve las gestiones de esclarecimiento contra el acuerdo iraní como un intento de “reducir daños”. Entre otros puntos, intentará que la opción militar contra Irán por parte de todo Occidente siga sobre la mesa, como forma de acicate a ese país para que no se le ocurra incumplir el acuerdo.

Estados Unidos por su parte, intenta desesperadamente tranquilizar a Israel, y ya esta semana ha comenzado un verdadero desfile de altos funcionarios de la Casa Blanca, el Departamento de Estado y la Secretaría de Defensa por Jerusalén. Entre bambalinas se negocia un paquete “consuelo” de ayuda militar, venta de aviones que antes habían sido negados, y la estrella del momento: bombas perfora-bunkers capaces de cavar más de 60 metros antes de estallar. Es decir, EEUU sabe que Israel tiene más de una hipótesis de ataque a Irán.

Pero por el momento, Netanyahu se niega rotundamente a negociar por el paquete de ayuda compensatoria, e incluso prohíbe a su Ministerio de Defensa y a su ejército presentar su “lista de compras” al Pentágono. Dar siquiera una apariencia de negociación podría significar una disposición israelí a resignarse al acuerdo.

En el marco de dos meses, el Congreso podría votar contra el acuerdo, lo cual estaría seguido por el veto de Obama, que sería más difícil, por no decir imposible de anular en el Capitolio. Durante estos dos meses, los esfuerzos israelíes por influir en la política norteamericana estarán a full. También Herzog y Lapid estarán allí.

Cuando el periodista de Yediot Ajaronot Najum Barnea le preguntó a un ministro israelí involucrado en la lucha contra el acuerdo, qué ocurrirá si los esfuerzos tienen éxito y el mismo es anulado, el funcionario hizo una pausa, como quien piensa en ello por primera vez.

“No está claro”, dijo el ministro, “quizás el parlamento iraní decida rechazar el acuerdo y correr hacia la bomba. Podría ocurrir que los iraníes decidan, como represalia, violar el acuerdo, pero solo en sus márgenes. El mundo levantará las sanciones, EEUU continuará con ellas. Será un enorme lío”.

Este lío, ¿será bueno para Israel?, insistió Barnea. El ministro no supo responder. “Una lástima”, concluyó el analista. “porque esta pregunta cumplirá un rol central en la lucha por la aprobación del acuerdo”.

Los congresistas norteamericanos querrán saber qué ocurrirá, qué hará Irán, qué hará la Administración y qué harán Israel, Rusia, China, Europa, cómo influirá el rechazo del acuerdo en la guerra en Siria, y si ello no arrastrará a EEUU a otra guerra en el Medio Oriente.

¿Y si la lucha termina en derrota para Netanyahu? ¿El generoso paquete que ahora Obama está dispuesto a ofrecer a Israel en ayuda militar, que le garantiza la superioridad militar en la región, no se reducirá? ¿Israel no arriesga demasiado en una guerra prácticamente perdida contra un presidente en ejercicio?

Fuentes norteamericanas creen ver que Netanyahu mira más allá de la gestión de Obama, que termina dentro de un año y medio, pues está convencido de que el próximo presidente será republicano y mucho más simpatizante con Israel. “Entonces, Bibi será recibido en la Casa Blanca como un héroe y todos sus pedidos serán satisfechos”.

Mientras tanto, el juego en torno al acuerdo EEUU-Irán consistirá en muchos entrevistados israelíes en los medios norteamericanos, un juego de “palo y zanahoria” de Obama a Bibi y, en la política israelí, el intento de la oposición de capitalizar el fracaso de Netanyahu en frustrar el acuerdo. Herzog ya ha desmentido enérgicamente los rumores de que ingresaría en la coalición bajo un gobierno de unidad nacional, y ha llamado a “reemplazar a este gobierno”.

Israel y el acuerdo Occidente-Irán

Los protagonistas del acuerdo en Lausana. ¿Se podrá frenar a Irán?

Los protagonistas del acuerdo en Lausana. ¿Se podrá frenar a Irán?

Por Marcelo Kisilevski

En Israel, las noticias sobre el acuerdo de este jueves en Lausana entre las potencias Occidentales e Irán fueron recibidas con escepticismo, cuando no con disgusto explícito.

Los tres diarios más importantes estuvieron divididos este viernes en su edición especial de Pesaj. Maariv se mostró a favor. Israel Hayom -alineado con todas las posiciones de Biniamín Netanyahu- se mostró claramente en contra: “El acuerdo con Irán: error histórico”, editorializó en su titular. Y Yediot Ajaronot, en general opositor férreo, dividió su portada entre ambas posiciones: “Acuerdo nuclear. Obama: ‘Buen acuerdo’; Israel: ‘Error histórico'”.

El presidente norteamericano Barack Obama emprendió una campaña personal para persuadir a todo el mundo, tanto en el exterior como en su frente interno, de que se trata del mejor acuerdo posible. Entre otros métodos de tranquilización, en EEUU se difundieron noticias según las cuales sus fuerzas armadas se siguen entrenando, y las bombas perfora-bunquers se siguen desarrollando.

El premier israelí Netanyahu, en tanto, se presentó ante las cámaras para denostar el entendimiento alcanzado: “Todos los ministros en mi gabinete y yo somos unánimes en nuestro repudio a este mal acuerdo”, sentenció.

El analista de asuntos árabes del Canal 2, Ehud Yaari, estuvo de acuerdo con él cuando citó palabras de Bill Clinton luego del acuerdo con Corea del Norte para neutralizar su plan nuclear, que terminaría, como es público, con la posesión de la bomba por ese país: “Las palabras de Obama de hoy suenan exactamente igual que las de Clinton de entonces”, comparó Yaari.

En su análisis, el periodista rebeló nada menos que cinco desacuerdos entre la versión occidental del acuerdo y la iraní. Para los voceros iraníes, los occidentales sencillamente “mienten”.

Los cinco desacuerdos acerca del acuerdo son:

1) Fin de las sanciones a Irán. Según Occidente, se acordó que las sanciones serían retiradas gradualmente. Para Irán, en el lapso de un día a partir del acuerdo definitivo a firmarse hasta el 30 de junio próximo.

2) Lapso de la suspensión del enriquecimiento de uranio. Occidente: será por 15 años. Irán: por 10.

3) Desarrollo de centrífugas de nueva generación en Fordó. Occidente: se interrumpirá totalmente. Irán: continuará.

4) Revisaciones sopresa por los inspectores internacionales en instalaciones iraníes. Occidente: Irán consintió. Irán: de ninguna manera.

5) Destino del uranio ya enriquecido, el “uranio de las siete bombas”. Occidente: la mayoría será trasladada a otro país, probablemente Rusia. Irán: permanecerá en Irán.

En este estado de cosas, es difícil vislumbrar un camino fácil hacia el acuerdo definitivo, y en Israel hay muchos convencidos de que todo lo que hace Irán -acordar, disentir en lo acordado, acceder a otro alargue, etc.- es parte de sus maniobras para ganar tiempo y seguir en tanto con el desarrollo su poderío nuclear. A la luz del caso norcoreano, y de los datos que se acumulan sobre las fintas iraníes, es posible comprender el nerviosismo israelí.

 

Netanyahu: ahora queda claro

BibiGana Por Marcelo Kisilevski

El tiempo  de negociaciones coalicionarias, es bueno para algunas reflexiones tardías sobre el cimbronazo que acaba de atravesar la sociedad israelí a partir de los resultados electorales del 17 de marzo.

¿Por qué hacían falta nuevas elecciones que dieran por resultado lo que ya teníamos, a saber, Biniamín Netanyahu como Primer Ministro? La respuesta breve es que Netanyahu jugó una apuesta audaz por un gobierno que le fuera más favorable, y la ganó. Nada más sencillo.

Vamos ahora a la respuesta más extensa. Estos comicios son ciertamente una apuesta del propio Netanyahu por lograr un gobierno en el que el Likud tuviera más diputados y, por ende, menos dependencia de pequeños partidos a su derecha y a su izquierda. Recordemos que en la Knesset anterior, la 19°, el Likud se presentó en un frente con Israel Beiteinu de Avigdor Liberman, con quien reunió apenas 31 diputados, sólo 20 de los cuales pertenecían neto al Likud. En estos comicios, en cambio, el Likud ganó 30 postulándose solo, y Liberman, en cambio, sólo logró 5. Por el lado matemático, la apuesta ya le salió bien.

Esto implica que Bibi apostaba a una coalición más gobernable. Ciertamente, para formar una coalición estable necesita más del doble de los escaños conseguidos, y por lo tanto debe dejarse caer nuevamente en las manos de los partidos más pequeños. También es cierto que esos partidos pequeños esta vez incluirán solamente partidos de derecha y religiosos.

Pero esto le otorga a Bibi tres ventajas por lo menos: primero, se trata de una coalición más homogénea, con una política más clara y sincerada; segundo, sus adversarios dentro del gabinete –Liberman y Naftali Bennet, de Habait Hayehudí- tienen menos diputados que en el anterior gobierno y, por lo tanto, menos poder para detractarlo desde adentro. Eso fue lo que hicieron precisamente durante el período anterior, especialmente durante el último operativo en Gaza, cuando los dos nombrados cuestionaron abiertamente la estrategia de un gabinete del que formaban parte.

Tercera ventaja de un gabinete homogénea y claramente de derecha desde el punto de vista de Netanyahu: precisamente él es, también, claramente de derecha. Esto dotará a Netanyahu de una fuerza de apalancamiento en cualquier negociación con los palestinos y con la Casa Blanca y la Unión Europea. Podrá decirles: “Si fuera por mí encantado –con congelar la construcción en los asentamientos, con crear un Estado palestino y demás reclamos- pero vean qué coalición tengo. Si yo firmo ese eventual acuerdo, mi gobierno caerá y no lo podremos cumplir”.

La desventaja va de la mano con la no necesidad de contar con una “hoja de parra” izquierdista, tal como lo hizo en sus gobiernos anteriores, de los que personalidades como Shimón Peres, Ehud Barak, formaron parte y que le permitieron mostrar otra cara: “No soy tan terrible”. Si el frente Hamajané Hatzioní (Laboristas de Herzog y Hatnuá de Tzipi Livni) no quiere ser hoja de parra, si quiere dejar que Netanyahu pague moneda por moneda todo el precio de su éxito en el frente internacional, más le valdrá mantener su postura de no asociarse con él en un gobierno de unidad nacional.

Existe, sin embargo, un “pero” a esta configuración que se perfila: Netanyahu ciertamente se ha revelado en esta vuelta electoral, probablemente, como el político más hábil de la historia de Israel. Pero eso incluye el ser un líder “presionable”.  El famoso discurso de Bar Ilán, pronunciado el 14 de junio de 2009, en el que Netanyahu declarara por primera vez su apoyo a la fórmula de “dos Estados para dos pueblos”, no se logró por un reblandecimiento de las posturas del premier, sino por las presiones de un Obama nuevo en el poder, que había pronunciado su propio discurso en El Cairo apoyando la fórmula de dos Estados el 4 de junio del mismo año, apenas diez días antes que Netanyahu, discurso que le valiera al norteamericano el Nobel de la Paz.

Con un gabinete más homogéneo, más claro y más gobernable, Netanyahu tendrá más poder para ser intransigente pero, también, para ceder a las presiones de las circunstancias mundiales, por ejemplo si con ello se logra una postura de Occidente menos blanda con Irán. A sus compañeros de mesa podrá decirles lo que en el gobierno saliente no podía: “Era esto (congelamiento en los territorios, nuevas negociaciones y concesiones) o nada, si quieren retirarse de la coalición pueden hacerlo, pero recuerden que ni ustedes ni nosotros en el Likud tenemos coalición alternativa”. En ese sentido, la nueva fortaleza de Netanyahu puede ser también su debilidad.

Es posible que se trate de wishful thinking, pensamiento político ilusorio. Posiblemente, como temen en la oposición, estemos ingresando en otra etapa oscura de Israel, pletórica de aislamiento internacional, exacerbación del enfrentamiento con los palestinos, no avance en el tema iraní, entre otros males.

Es posible. Pero en este caso el wishful thinking tiene base histórica. Sólo gobiernos claramente de derecha se han retirado del Sinaí (1979) y de Gaza 2005). Y un gobierno claramente de derecha, el del propio Biniamín Netanyahu, fue el que firmó en 1997 nada menos que el Acuerdo de Hebrón, por el cual la mayor parte de la ciudad de Abraham pasaba a manos palestinas. Presionado, claro está.

El gobierno anterior no pudo adjudicarse grandes logros, ni perpetrar grandes desastres. A no ser que veamos el operativo en Gaza como un desastre colosal. En realidad no logró nada, no acabó con la amenaza de Hamás pero tampoco puso en mayor peligro al Estado del que ya estaba. No mejoró la economía, la brecha social se agrandó y el salario se erosionó, pero los parámetros macro se mantuvieron bien, y ni la inflación ni la desocupación se dispararon. El gobierno anterior fue, en gran medida, el gobierno de la nada.

La ventaja, si hay alguna, de un gobierno tan claro, es que podrá emprender políticas y llevarlas a término, recoger los frutos de sus logros de modo claro, o ser castigado en las próximas urnas –para variar– también de modo claro.

Resultados y escenarios de boca de urna en Israel

Desde la izquierda arriba, en dirección horaria: Itzjak Herzog, Naftali Bennet, Yair Lapid, Moshé Kajlón. En el centro, el premier Biniamín Netanyahu, esta noche, el que se siente más cómodo con los resultados electorales.

Desde la izquierda arriba, en dirección horaria: Itzjak Herzog, Naftali Bennet, Yair Lapid, Moshé Kajlón. En el centro, el premier Biniamín Netanyahu, esta noche, el que se siente más cómodo con los resultados electorales.

Por Marcelo Kisilevski

Según los resultados publicados por los canales de televisión israelíes, los resultados de boca de urna de los comicios para la Knesset N° 20 en Israel atribuyen al premier Biniamín Netanyahu una posibilidad cómoda de formar un gobierno de derecha más homogéneo que el anterior. Sin embargo, esto no echa por tierra de modo total la posibilidad de formar un gobierno estrecho de centro-izquierda por parte de Itjzak Herzog, líder de Hamajané Hatzioní. Los analistas tampoco descartan la posibilidad de un gobierno de unidad nacional entre Likud y Hamajané Hatzioní.

He aquí los resultados según el Canal 2 de televisión:

Likud                                                     28

Majané Tzioní                                    27

Lista Árabe Unificada                      13

Yesh Atid (Lapid)                              12

Kulanu (Kajlón)                                 9

Habait Hayehudí                               8

Shas                                                       7

Yahadut Hatorá                                 6

Meretz                                                 5

Israel Beiteinu (Liberman)            5

 

Yajad (Eli Ishai)                                  0 (No alcanzó el umbral mínimo de 3,25%, 4 diputados)

 

Alé Yarok                                             0 (No alcanzó el umbral mínimo de 3,25%, 4 diputados)

 

Si estos son los resultados finales mañana miércoles a la mañana, Biniamín Netanyahu puede formar dos gobiernos: uno de derecha junto con los partidos religiosos, y otro de unidad nacional con Hamajané Hatzioní. Éste, en cambio, no puede formar gobierno de unidad nacional, y la formación de un gobierno de centro-izquierda, si bien es posible, estará sujeto a negociaciones arduas con asociaciones que pueden resultar endebles.

 

Escenarios:

1. Gobierno de derecha, Primer Ministro Biniamín Netanyahu:

 

Likud                                                     28

 

Kulanu (Kajlón)                                 9

 

Habait Hayehudí                               8

 

Shas                                                       7

 

Yahadut Hatorá                                 6

 

Israel Beiteinu (Liberman)            5

Total diputados:                               64

 

2. Gobierno de unidad nacional, Primer Ministro Biniamín Netanyahu o rotación con Itzjak Herzog:

 

Likud                                                     28

 

Majané Tzioní                                    27

 

Kulanu (Kajlón)                                 9

 

Shas                                                       7

 

Yahadut Hatorá                                 6

Total diputados:                               77

 

3. Gobierno de centro izquierda, Primer Ministro Itzjak Herzog:

 

Majané Tzioní                                    27

 

Yesh Atid (Lapid)                              12

 

Kulanu (Kajlón)                                 9

 

Shas                                                       7

 

Meretz                                                 5

 

Yahadut Hatorá                                 6

Total diputados:                               66

 

 

Si bien la Lista Árabe Unificada apoyaría desde afuera a la coalición de centro-izquierda, Herzog necesita a Yahadut Hatorá, ultraortodoxos ashkenazim, para reclamar el derecho, siquiera, a intentar formar coalición. La dificultad está dada por la casi imposibilidad de que este partido religioso comparta el gabinete con Yesh Atid de Yair Lapid, responsable de la ley de reclutamiento de los estudiantes de ieshivá (casa de estudios religiosos).

 

La ventaja obtenida por el premier Netanyahu, después de sufrir una desventaja de cuatro mandatos en la última encuesta de intención de voto frente a Herzog (que lo aventajaba por 26 contra 22 diputados), se debió a la habilidad del primero en efectuar un bombardeo táctico de entrevistas en los medios y un contacto sin precedente con la calle israelí, donde llamó a los votantes tradicionales del Likud, dispersos por otros partidos mayormente nuevos (como Yajad) a “volver a casa”. El Likud pudo así “chupar” a último momento diputados, de partidos nuevos como Yajad, que quedó fuera del parlamento, y también de Habait Hayehudí.

 

A pesar de la decepción de los laboristas, la recuperación del Likud no fue a expensas de la alianza entre Herzog y Livni, sino de otros partidos de derecha. Hamajané Hatzioní mantuvo su nivel e incluso lo superó en un mandato, siempre los sondeos de boca de urna. Los resultados finales, mañana miércoles a la mañana.