TRUMP Y JERUSALÉN: ¿UN AUDAZ O UN DEMENTE?

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Por Marcelo Kisilevski

La decisión de Trump es la corrección de una extraña anomalía: todo país soberano tenía el derecho de fijar su capital, menos Israel. La pregunta no es por si la decisión es correcta, sino por su timing. ¿Qué consecuencias podría tener para la paz con los palestinos y las relaciones con los países sunitas frente al desafío iraní? ¿Puede haber violencia y muertos? Si es así, ¿valía la pena una decisión semejante, que no pasa del terreno simbólico? ¿Trump es un audaz, o un elefante demente en un bazar?

1) LA DECISIÓN DE TRUMP ES LA CORRECTA

Primero, ¿en qué consiste la decisión de Trump? Es una decisión por default: más que hacer algo, es no hacerlo. Una ley del Congreso norteamericano de 1995 ya determinaba que Jerusalén es la capital israelí, y llamaba al Ejecutivo a mudar la embajada a esa ciudad. La ley, eso sí, tenía un apartado al que llaman “waiver”, exención, de hecho una postergación de medio año: si el presidente firma el waiver cada seis meses, la ley no debe ser ejecutada. Tres presidentes, desde entonces, han firmado religiosamente el waiver dos veces por año. Ayer, Trump anunció que dejaba de firmarlo, y que la embajada sería mudada a Jerusalén, por fuerza de la ley de 1995. Eso es todo.

El reconocimiento del presidente Donald Trump de Jerusalén como capital de Israel es la corrección de una anomalía: Israel es el único país soberano que tiene una capital sobre la cual el resto del mundo le dice: “No, no lo es. Es Tel Aviv, y allí pondremos nuestra embajada”. Es una locura. Es como si todo el mundo comenzara a decir que los países, por fuerza de su soberanía, no pueden fijar su capital, y comenzaran a decirle a, digamos, la Argentina, que Buenos Aires no es la capital, sino Rosario. Nunca hubo discusión sobre la soberanía de Israel sobre la parte occidental de Jerusalén. ¿Hay disputa sobre la parte oriental? ¿Qué tiene que ver? El mundo no tiene por qué meterse ni tomar partido: se arreglará en negociaciones. Quien esto firma está a favor de una solución negociada para dar algún tipo de expresión al reclamo palestino de una expresión soberana en Jerusalén, incluida la posibilidad de la fórmula Clinton: “una ciudad, dos capitales, para dos pueblos”. Pero eso no tiene nada que ver con Jerusalén occidental, cuya soberanía es ya reconocida por los acuerdos de cese el fuego de Rhodas en 1949 con Jordania y demás países árabes, y desde entonces por el mundo. Embajadas, parece, fue demasiado para este, y eso es lo extraño.

Jerusalén es la capital, también, de modo efectivo: todas las instituciones de gobierno están allí. ¿Cuál es la idea de colocar una embajada en otro lugar, solo porque el país tiene un diferendo limítrofe? Llevado al extremo, es como si el mundo retirara sus embajadas de Santiago de Chile y de Perú, y las pusieran en Valparaíso y Cuzco respectivamente, solo porque no arreglan sus asuntos limítrofes y/o le dan salida al mar a Bolivia. Más al extremo aún, países que decidan retirar sus embajadas de Brasilia y trasladarlas a Río de Janeiro, porque Brasilia es una capital artificialmente creada; y porque es aburrida, y en Río hay playas y carnaval. Cualquier razón justificar que los países se metan unos en las decisiones soberanas de otros. Pero se meten solo con las de Israel. Raro, ¿no?

Se aduce la sensibilidad de Jerusalén como centro de los tres monoteísmos. ¿El mundo tiene miedo que esta definición cercene los derechos religiosos de los demás credos? Me disculparán, pero en los hechos, la única época en la que hubo y hay libertad de culto es bajo soberanía israelí. En todas las demás épocas ha habido problemas. Por supuesto los ha habido en las épocas musulmanas, la última de ellas la jordana, entre 1949 y 1967, cuando los judíos no podían rezar en el Kotel. El mito de “Al Aqsa está en peligro” es solo eso: un mito urbano, fogoneado desde los años ‘20 del siglo 20 hasta nuestros días. En los hechos, el Waqf (autoridad religiosa musulmana sobre los lugares sagrados) es una especie de isla de soberanía musulmana en Jerusalén, donde la jurisdicción israelí existe, pero no se ejerce.

2) LA DECISIÓN DE TRUMP ES PROBLEMÁTICA

¿La decisión de Trump puede traer problemas? Claro que sí. La discusión no es por la esencia de la decisión, que es justa y correcta, sino por el timing. El presidente de la Autoridad Palestina Mahmud Abbas ya ha “despedido” a EEUU como mediador en el proceso de paz entre Israel y los palestinos. Cabría preguntarse qué proceso de paz había antes de la decisión. Pero no nos confundamos con hechos.

Obama, en mi opinión, tenía mejores chances como mediador “imparcial”: era rechazado por Israel, por percibirlo como propalestino, y por los palestinos, por la tradicional amistad de EEUU con Israel. Su último acto en tal sentido, antes de bajarse del escenario de la historia, fue también decidir “no hacer”, cuando se abstuvo de poner veto a una grave sanción del Consejo de Seguridad de la ONU que calificaba a los asentamientos de toda Cisjordania, incluida Jerusalén, como ilegales. Al mismo tiempo, fue el gobierno norteamericano que más ayuda otorgó a Israel en dinero y armas. Desde esa actitud, tenía más posibilidades de traer a las partes a la mesa de negociaciones. El de su secretario de Estado, John Kerry, en 2014, fue un intento serio. Sin embargo, fracasó estrepitosamente, como tantos intentos anteriores. 

Desde el desastre que les implicó la Intifada de Al Aqsa, desde la muerte de Arafat y su mejora en la calidad de vida a partir de 2005, los palestinos de Cisjordania parecen haber decidido por la vía diplomática o no violenta para tratar con Israel. Ante los sucesivos operativos israelíes en Gaza, el Hamás nunca logró incitar efectivamente a una Tercera Intifada. Los cisjordanos protestaron contra la ocupación, donaron arroz y mantas a sus hermanos palestinos, pero de salir a la calle con piedras, ni hablar. La última ola de atentados con cuchillos y atropellamientos, fue un juego de niños al lado de las verdaderas Intifadas y la era de los atentados suicidas. La pregunta es si eso será cierto también esta vez. En los hechos, los últimos conatos de violencia cisjordana no fueron en los territorios de la Autoridad Palestina sino en Jerusalén oriental, véase el caso de los detectores de metal en la Ciudad Vieja. Allí, los palestinos no están bajo la AP sino bajo Israel, en una relación de amor-odio. Veremos si la parte de odio en la relación se reedita también esta vez, y cuánto dura. Por las dudas, Trump pidió a Israel festejar moderadamente su anuncio, no provocar a las fieras. Y también a los palestinos les pidió llamarse a sosiego, que su anuncio podía constituir buenas noticias también para ellos: sigo apoyando la solución de dos Estados, y los intereses de ambas partes, incluso en Jerusalén, les dijo. Del Monte del Templo, dijo que se llama también “Al-Jaram Al-Sharif“.  

Mientras tanto, en Gaza, Hamás amenaza (cómo no) con violencia, y asegura que “Trump ha abierto las puertas del infierno”. ¿Logrará arrastrar esta vez a los palestinos, que quieren dar una vuelta de página de su era violenta, a una Tercera Intifada? Es dudoso, pero no imposible. Trump ha decidido no dejarse extorsionar. Las amenazas de violencia, o el hecho de que habrá muertos, dice, no debe dictarnos políticas de Estado. Véase la actitud de Trump en el caso norcoreano. ¿Un tipo audaz, dueño de una firmeza sin precedentes en la historia política mundial, o un demente?

Queda por saber qué actitud tendrán, en los hechos, los países sunitas moderados, alineados, en secreto a voces, con Israel y EEUU en contra de su verdadero enemigo, Irán. La decisión de ayer pondrá a prueba la fragilidad o fortaleza de esa alianza. Mi opinión es que la alianza sunita-israelí-norteamericana es mucho más fuerte que cualquier acto simbólico como lo puede ser el traslado de una embajada. Hay muchos intereses, dinero y enemistades atávicas (mucho más atávicas que el antisionismo) puestos en juego. Los egipcios, jordanos y sauditas atacarán verbalmente la decisión, pero no mucho más. El único que parece querer ir más lejos, quizás por no tener hoy por hoy problemas con Irán, es el presidente de Turquía, Recyyp Erdogán, que ha anunciado que esta medida llevaría a su país a romper relaciones con Israel. Veremos cómo sigue eso.

Trump dijo ayer que el repetido no reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel por miedo a que eso aleje la paz se parece al método del loco, que repite una y otra vez la misma actitud esperando consecuencias diferentes. Ese no reconocimiento no ha acercado la paz ni siquiera en un centímetro. A 22 años de la ley del Congreso, y de dar intentar siempre lo mismo esperando resultados distintos, hoy probamos otra cosa.

3) LA DECISIÓN DE TRUMP ES HISTÓRICA

La discusión por la decisión de Trump no es de esencia sino de timing. Seguramente, el mandatario estadounidense está movido por intereses que tienen que ver más con su situación doméstica, ante el peligro de impeachment y destitución, y con distraer la atención de esos problemas, que con un sincero deseo de cumplir promesas electorales a sus votantes. De hecho, dicen sus críticos, es la única promesa electoral, de cientos que formuló en su campaña, que se siente en condiciones de cumplir. Con todo el resto le ha ido muy mal.

Mi opinión al respecto es que eso no le quita ni le saca valor a la decisión. Por un lado, nunca habrá “timings” correctos, porque todos estos asuntos son y serán siempre complejos. Segundo, prácticamente todas las decisiones políticas de peso en el mundo, han estado siempre teñidas de motivaciones espurias, más personales que de fondo. Parece que es así como avanza la historia. Siempre hay coyunturas, situaciones, atenuantes, enfrentamientos personales. Decisiones de Estado que un mandatario toma para esquivar a la justicia (véase Sharón en la Desconexión de Gaza), o para no tener que ir a elecciones, o para superar a un opositor en las internas, o todo tipo de pequeñeces y politiquerías por el estilo. Esta no es la excepción.

Por eso, más que buena o mala para la paz, más que si el timing es valedero o no, más que si es traerá violencia o no, el calificativo más seguro para la decisión de Trump de ayer, es: histórica, y correcta en esencia. Nadie puede predecir el resto.

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LEY DEL MOAZÍN, O: LA PAX RUIDOSA

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Aldea árabe israelí en la Galilea.

Por Marcelo Kisilevski
 
La propuesta de “ley del moazín”, aprobada por el gabinete israelí y que busca bajar el volumen de las llamadas a los musulmanes a rezar por parte del moazín desde los parlantes de las mezquitas, fue trabada antes de ser elevada a su tratamiento por la Knesset.
 
La propuesta de ley desató una ola de protestas en el mundo musulmán, denunciándola como un ataque a la libertad de cultos en Israel. Los políticos y habitantes de algunos poblados judíos aledaños a poblados árabes explicaron que el ruido era demasiado fuerte y que perturbaba la calma de sus propios poblados, cuyos habitantes judíos tienen también libertad de culto. Cabría recordar que la libertad de culto conlleva también la libertad de no culto.
 
Cabría mencionar también el argumento que ya flota en el aire de los defensores de Israel: ¿a este país le quieren enseñar libertad de culto? ¿Los musulmanes? ¿De verdad? Intente usted, señora, señor, hacer sonar las campanas de su iglesia de pueblo chico en cualquier aldea árabe y salir cantando villancicos de Navidad por sus calles a viva voz, o construir una nueva iglesia en cualquier país del Medio Oriente que no sea Israel. 
 
Todo eso es cierto. No por nada los musulmanes israelíes y del exterior ya amenazaron con una Tercera Guerra Mundial religiosa si se aprobaba la ley. De protestar con pancartas en Plaza Rabin ni hablar. Incluso podría ser una manifestación molesta pero creativa, con todos los musulmanes con megáfonos llamando a la plegaria,  aturdiendo por unas horas a los habitantes de Tel Aviv. Los medios del mundo cubrirían gustosos el evento. Pero no, guerra y listo. Estos muchachos no se la van con chiquitas.
Pero lo más divertido de este caso es otra cosa. ¿Quién trabó finalmente la propuesta de ley? ¿Quién vino en ayuda de los musulmanes atribulados por una propuesta de ley que, admitamos de todos modos, tenía un tufillo autoritario?
 
Por un lado, el ministro del Interior, Arieh Deri, líder del partido ortodoxo sefardí Shas. Dijo, con razón, que no hace falta una nueva ley, porque ya hay regulaciones contra el ruido en la vía pública, todo lo que hay que hacer es aplicarlas, y esta nueva propuesta de ley no hará más que provocar sin necesidad.
 
Por otro lado, el ministro de Salud y diputado por el partido ultraortodoxo ashkenazí Yahadut Hatorá, Yaacov Litzman, preocupado porque la ley también haría callar los parlantes que, en los poblados y barrios religiosos judíos, anuncian la llegada del Shabat. Litzman presentó un amparo, y la propuesta estará encajonada hasta su resolución.
 
¿Será que la paz está por llegar entre musulmanes y judíos, bajo el lema: “Religiosos bullangueros del mundo, uníos”?

Dos noticias que dividen

Por Marcelo Kisilevski

Las corrientes palomas contra el antisemitismo palestino. El gobierno israelí contra ultraortodoxos antirreformistas… que son parte del mismo gobierno. 

Alguien me dijo en un diálogo de pasillo: “Todo el mundo se está volviendo hacia los extremos”. Tal vez el problema sea que no solo se está volviendo hacia los extremos, sino que no tiene problemas en expresarlo. La vergüenza es lo que está desapareciendo, y se agarra de los pelos con el concepto de “politically correct”.

En Chile se encuentra la comunidad palestina más grande del mundo fuera del Medio Oriente, con 350.000 miembros. Hace pocos días, el embajador de la Autoridad Palestina en ese país,  Imad Nabil Djada, emprendió un ataque de neto corte antisemita cuando dijo que “en 1896 se reunió un grupo de intelectuales y asesores financieros para crear el Movimiento Sionista, con un justificativo: crear una patria para el pueblo judío. La verdad es que este objetivo tenía por fin proteger los planes de los judíos de dominar la vida de todo el mundo”.

Se trata de una cita directa de los Protocolos de los Sabios de Sión, el panfleto apócrifo del siglo 19, que constituyó entonces la vía por la cual el antisemitismo pudo reencarnar cuando Occidente abandonó los mitos judeófobos medievales a raíz del Iluminismo, que los volvía obsoletos. De la judeofobia política a la darwiniana que trajeron los nazis hubo unos pocos pasos.

La organización estadounidense “Americanos por Paz Ahora”, que apoyan a Paz Ahora en Israel, llamaron al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, a despedir a su embajador en Chile. “Expresiones de esa clase estimulan el odio y confieren legitimación a las mentiras antisemitas”, dijeron en un comunicado.

Cuando una organización paloma como Paz Ahora tiene que salir al cruce de expresiones proferidas por el bando con el cual buscan el acercamiento, ese bando debe decidir para qué lado empujan sus velas. O bien llamarse a la reflexión -“el embajador no nos representa”- o bien sincerarse: “Sí, en realidad eso pensamos”. Puede que no hagan ni lo uno ni lo otro. Será un signo de los tiempos.

Por estas playas israelíes las cosas no están mejores. El Ministro de Cultos, David Azulai dijo este fin de semana en una entrevista: “No quiero ser la primera persona en la historia del pueblo judío en reconocer a los reformistas. Los reformistas son una catástrofe para el pueblo judío”.

El propio primer ministro Biniamín Netanyahu debió emitir una “reprimenda” contra el ministro de Cultos: “He dialogado con el ministro Azulai y le he recordado que Israel es el hogar de todo el pueblo judío”.

Azulai intentó reducir daños: “Quiero referirme a mis palabras que fueron sacadas de contexto por factores de interés para provocar una fractura en el pueblo. Por supuesto que todos los judíos, aunque pequen, son judíos. Vemos con gran dolor el daño de la reforma en el judaísmo, que trajo el mayor peligro para el pueblo judío, que es la asimilación”.

Las declaraciones de Azulai -que, recordemos, no es un rabino de barrio sino el Ministro de Cultos-, así como su “aclaración”, provocaron la ira del Movimiento Reformista. El rabino de esa corriente, Guilad Kariv, dijo que “el hecho de que el ministro no retiró sus palabras es clara muestra de que el primer ministro no puede contentarse con condenar sus dichos. Esperamos que el premier ponga claro que no tolerará expresiones que deterioran las relaciones entre Israel y el judaísmo del resto del mundo”.

El domingo último, 5.7.15, el gabinete votó a favor de anular la reforma a la conversión al judaísmo, que confería la potestad de la conversión también a las autoridades rabínicas municipales, ya no solo al Rabinato Central. Ello abría las puertas a conversiones no ortodoxas. Una de las condiciones para la reentrada de partidos ortodoxos a la coalición era esta anulación, a la cual Netanyahu tuvo que acceder para arañar los 61 escaños con que cuenta su gobierno en la Knesset.

 

Este es un gobierno de derecha, coaligado con la ultraortodoxia. Es lo que podía hacer Netanyahu si quería formar coalición. Ya hemos dicho que es un gobierno vulnerable, que navegará como una cáscara de nuez en un océano tormentoso, en las manos no solamente de los partidos menores en su coalición, sino de cada uno de sus diputados en la Knesset. Cada ministro y cada diputado tiene al premier tomado de sus partes pudendas, puede expresar lo que se le antoje y elevar las propuestas que se le ocurran.

Tengo malas noticias para el Movimiento Reformista: si quieren que algo cambie, en lugar de exigir al premier, en declaraciones sacarinadas, que “no tolere” los atropellos ultraortodoxos, deberán venir a Israel y dar batalla política. Mientras tanto, Israel se continuará manejando en el aspecto religioso -conversión, matrimonio, entierro- por la vía ultraortodoxa, y los ministros se seguirán expresando como los dueños de casa que son. Porque aquí no hay otros. Solo si los no ortodoxos atinan alguna vez a organizarse, esas serán buenas noticias.

Porque el mundo, si lo dejan, va hacia los extremos. Es un signo de los tiempos.

 

Renace la nación aramea, y ocurre en Israel

"Gracias Israel por reconocer a las minorías arameas cristianas. Occidente, paren con la política de doble rasero hacia las comunidades no islámicas". Arameos cristianos israelíes manifiestan en abril pasado.

“Gracias Israel por reconocer a las minorías arameas cristianas. Occidente, paren con la política de doble rasero hacia las naciones no islámicas”. Arameos cristianos israelíes manifiestan, en abril pasado.

Por Marcelo Kisilevski

Hace tiempo venimos explicando la persecución que sufren los cristianos a manos de los musulmanes en el Medio Oriente. Las pruebas más contundentes han venido de la mano de la siniestra organización Estado Islámico con sus crucifixiones, decapitaciones, conversiones forzadas, ejecuciones masivas y expulsiones de cristianos en Irak y Siria.

En Israel hace años ya, la comunidad árabe cristiana intenta separarse de su identidad árabe y abrazar la identidad israelí, por entender que muy bien no les ha ido con su histórica alianza con el panarabismo del siglo pasado, y con la nación árabe en general. Comenzó con un movimiento por el reclutamiento obligatorio de los cristianos al ejército israelí, un derecho-obligación que también solicitaron y se les concedió en su momento a los drusos israelíes.

Ahora el siguiente paso: el ministerio del Interior israelí ha concedido el pedido de los cristianos israelíes de que en sus cédulas de identidad, donde figura el apartado “Etnia” (en hebreo dice Leóm, Nación), en lugar de “Árabe” se lea “Arameo/a”. Se trata de una lucha de años, y ayer el ministro del Interior, Gideon Sáar, supo tomar la decisión correcta.

“No somos árabes, sino cristianos que sólo hablamos árabe”, explican, pero que hasta la conquista árabe en el siglo 7, hablaban arameo, el idioma más extendido en Palestina-Eretz Israel por siglos. En ese idioma se hablaba en Canaán y en la Península Arábiga premahometana, lo hablaron los hebreos, parte del Talmud y muchas plegarias están escritas en ese idioma. En arameo, probablemente habló Jesús. Hasta hoy en día el arameo es la “Lengua Sagrada” de las iglesias orientales.

El intento de ser parte

En los años ’50 del siglo pasado, cristianos como el sirio Michel Aflaq, uno de los ideólogos del Panarabismo y uno de los pensadores fundantes del partido Baath en ese país, intentaron con esta doctrina superar la barrera religiosa que los separaba de los musulmanes y elevar la identidad nacional como una instancia superadora del paradigma religioso, lo cual configuró su mejor intento de integrar el mainstream, e incluso el establishment mesoriental.

Pero el experimento salió mal a medida que el paradigma islamista se hacía carne, y en muchos lugares, el Medio Oriente se retrotrae hoy 1.400 años. No solamente en Irak o en Siria. Belén, la ciudad más importante de toda la grey cristiana en el mundo, ha sido vaciada prácticamente de cristianos en los últimos veinte años. Hoy es una ciudad musulmana, con un magro 1.5% de cristianos.

Israel, en cambio, es el único país en el Medio Oriente donde la comunidad cristiana crece. Lo ha hecho en un 1.000% desde 1948. Sin embargo, quizás con menos violencia, también son hostigados por sus supuestos conacionales, los árabes musulmanes israelíes. Ayer, los cristianos lograron oficialmente el divorcio.

El titular de la Asociación Aramea-Cristiana y capitán del ejército israelí, Shaadi Jalul, se emocionó y felicitó la decisión del ministro Sáar. “Es una decisión histórica y un viraje histórico en las relaciones entre cristianos y judíos en el Estado de Israel”.

Dijo más: “Es quitarles la carta de la mano a todos los antisemitas, que calumnian al pueblo judío y al Estado de Israel. Es la prueba de que Israel cuida a sus ciudadanos y las identidades de las minorías que viven en ella, a diferencia de todos los países árabes en nuestro derredor”.

Ahora se podrá hablar de tres iglesias o ramas cristianas israelíes: la Iglesia Aramea-Maronita (cuya mayoría se encuentra en el Líbano), la Iglesia Aramea-Católica, y la Iglesia Aramea-Ortodoxa. En Israel, en total, se trata de una comunidad de unos 133.000 arameos. Su reconocimiento como etnia separada de los árabes puede tener implicancias importantes, como la posibilidad de una red educativa separada de la árabe: hasta ahora, en las escuelas árabes sólo se estudia la heredad árabe, e islam.

Desde ahora, todo cristiano en Israel podrá optar por colocar “Arameo/a” en su cédula de identidad. La nación aramea ha renacido, y lo hace nada menos que en Israel. ¡Salud!

“Nosotras también podemos ser rabinas”

POR MARCELO KISILEVSKI

Miles de mujeres en Israel se definen como la cara del feminismo más efervescente y combativo: “el feminismo religioso”. Luchan por la igualdad sin dejar la ortodoxia.

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 TEL AVIV. ESPECIAL – 07/01/14 – 10:24

“Hoy en Israel el feminismo más efervescente y combativo es justamente el feminismo religioso”, asegura Jana Kehát, fundadora y directora de Koléj (Tu voz, en hebreo), la mayor organización feminista religiosa en Israel, en diálogo con Clarín. Koléj lucha contra toda discriminación, exclusión e incluso violencia contra las mujeres en nombre de la religión.

¿Cuáles son los problemas que enfrenta la mujer en el sector judío religioso ortodoxo, diferente del resto de las mujeres en el mundo?

“Violencia en el hogar, violencia sexual, acoso sexual general, acoso sexual por rabinos, exclusión de la mujer de los espacios públicos, negación de divorcio por el hombre, que deja a cientos de mujeres sin poder rehacer su vida (el casamiento es confesional en Israel, y el divorcio es de hecho un repudio, el “guet”, del hombre hacia la mujer)”, enumera Kehat.

“Nos dedicamos también de temas como salud femenina, mujeres en la política, igualdad ritual y demás. Como las comunidades ortodoxas son muy cerradas en sí mismas, todo lo que se relaciona con la mujer siempre fue barrido debajo de la alfombra”.  Para ese doble objetivo de combatir la discriminación y también romper el silencio, el encubrimiento dentro de la comunidad, es que funda en 1998 la organización Koléj.

El grupo, sin embargo, no desea abandonar la ortodoxia en pos de la igualdad, como lo hicieron las corrientes modernas en el judaísmo, el conservadorismo y el reformismo, por ejemplo en Argentina. Para ella, no es necesario romper con la ortodoxia para lograr la igualdad. En la Halajá (ley religiosa basada en el Viejo Testamento y el Talmud), asegura, no existe la discriminación expresa. “Incluso en lo ritual, si bien las mujeres están ‘exentas’ de tomar parte, nada les está prohibido”, sorprende.

Es decir, concluye categórica, que ponerse kipá (solideo), talit (paño ritual), tefilín (filacterias) e incluso ser rabinas y oficiar matrimonios, está permitido para las mujeres en la ortodoxia judía. “Por lo tanto, lo machista es la práctica en el establishment ortodoxo, no las leyes. Es la costumbre social y es lo político. Eso se puede cambiar y a eso nos dedicamos”.

Jana nació en el seno de una comunidad ultraortodoxa, de aquellas en que los hombres se visten de negro. Pero en su juventud se pasó al sector ortodoxo más moderno, conocido como el de la “kipá (solideo) tejida”, y allí desarrolla su lucha.

Pero en su sector natal, el ultraortodoxo, el despertar recién comienza, y desde Koléj intenta ayudar también a las mujeres de ese sector. Sin duda las mujeres ultraortodoxas, en aquellos casos donde los maridos se dedican a estudiar Torá, y las mujeres a trabajar y también criar a los hijos, son las que más sufren. “El sector ultraortodoxo destroza literalmente a sus mujeres”, denuncia Kehat contundente. “Las destroza físicamente. Trabajan duro en su empleo, manejan una familia numerosa y limpian la casa. Su expectativa de vida es la menor de Israel, y la de sus maridos es casi la más alta de Israel. Ellas se enferman y mueren jóvenes.” ¿Les cae la ficha de que hay algo injusto en el reparto de responsabilidades? “No, es un proceso muy largo y difícil, están inmersas en una situación de explotación que pasa también por lo mental”.

“Yo no quiero renunciar a mi religiosidad. Soy religiosa ortodoxa. Pero soy feminista. Empezamos como un grupo pequeño, sólo queríamos decirles a los rabinos que se equivocaban, que trataran mejor a las mujeres en todas esas áreas. Pero abrimos una caja de Pandora, y hoy somos miles”.

¿Es optimista? “Hay cosas que están trabadas”, responde, “en especial en lo que respecta al establishment religioso. Por ejemplo, en el tema del divorcio, existe la posibilidad, en la línea de Maimónides, de instaurar la imposición del divorcio al marido negador, pero el establishment rabínico se niega a ir con Maimónides, y los motivos son políticos, el temor a perder el control”.

Pero el plano social fuera del establishment, se enorgullece, los logros no son pocos. “Quince años después, tenemos refugios para mujeres golpeadas del sector. En el tema del acoso sexual logramos sacar una regulación que fue la que destapó todo el tema del Rabino Moti Elón (procesado por pedofilia contra alumnos suyos). Tenemos muchos programas para escuelas y cada vez somos más requeridas allí. Llevamos programas de identidad sexual, adolescencia, violencia sexual, relaciones de pareja; escritura femenina, liderazgo femenino, la mujer en la Torá, la lucha contra la exclusión de mujeres de los espacios públicos. En todo eso hemos avanzado enormemente”.

Publicado en http://www.clarin.com, 7/1/14.

El judaísmo israelí y el “Paradigma Koala”

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Por Marcelo Kisilevski, Modiín, Israel*

Las especies en Oceanía son únicas, porque se desarrollaron luego de la separación de ese archipiélago del resto del continente asiático. Algo parecido le ocurrió al judaísmo: la creación de Israel con su singularidad diferenciada del resto del mundo judío,  generó una serie de prácticas judaicas, corrientes, discursos y dinámicas específicas, que sólo fueron posibles a partir del movimiento tectónico que significó la creación del Estado judío.

Se trata de fenómenos que sólo se podían haber dado en una comunidad judía convertida en mayoría, en una comunidad vuelta Estado, donde entra a tallar la política, el perfil de un país, el dinero público y, a veces, incluso la vida y la muerte, entre muchos otros factores.

Como koalas y ornitorrincos, surgieron en Israel corrientes y grupos específicos: el movimiento religioso sefardí Shas, por ejemplo, formado por judíos llegados de países como Marruecos, pero vestidos como en Lituania del siglo 18, es quizás el fenómeno más moderno de la historia judía, y que sólo hubiera sido posible en Israel. Cuando se analiza la sociedad israelí, nadie habla de “ortodoxos, conservadores y reformistas”, como en la Diáspora: el sector judío aquí se divide en jaredim (ortodoxos no sionistas, reconocibles por su vestimenta negra), religiosos nacionales (con su característica kipá tejida), tradicionalistas y laicos.

Los conservadores y reformistas tienen ciertamente su desarrollo y presencia en Israel. Pero no han llegado a una masa crítica como para que tallen socio-políticamente. Su llegada al sionismo es tardía, luego de haber nacido al compás de la Emancipación y el Iluminismo europeos, como expresiones de la flamante separación entre religión y Estado en Europa y Estados Unidos: abrazaremos la ciudadanía que nos ofrece la Revolución Francesa, pero mantendremos nuestro judaísmo, al que a partir de ahora entenderemos como nuestra religión. Seremos franceses (o alemanes, o estadounidenses, o argentinos) de fe mosaica. Al punto tal, que rezaremos en nuestros dos idiomas: el religioso y el nacional. Por ende, su ADN original fue no-sionista por definición.

Los ortodoxos, que poblaron Israel antes que esas corrientes modernas, lo hicieron por motivos de tradición y de comodidad, no de sionismo. Sin embargo, llegaron primero y fueron más, fundando un establishment religioso en Israel con el que el nuevo Estado hebreo tuvo que negociar, llegándose al famoso “acuerdo de statu-quo en materia de religión y estado”. Los conservadores y reformistas, que entre tanto han fundado por fin movimientos juveniles sionistas en su seno, tendrán por lo tanto que trabajar mucho, incluyendo el enviar importantes olas de inmigración de entre sus filas, si quieren quebrar algún día el monopolio ortodoxo en Israel.

Los laicos, en cambio, sí somos un componente sociológico importante: cerca del 25% de la población judía. Pero si en la Diáspora son los no observantes, los laicos en Israel somos aquellos que practicamos “poco”. En mi caso, por ejemplo, me inscribo con mi familia dentro del laicismo israelí, pero los viernes decimos generalmente el kidush antes de cenar, e incluso a veces se encienden las velas. En Iom Kipur no viajamos, como prácticamente todos los israelíes. En Jánuka hay receso escolar, y nos juntamos varias de las noches con parientes o amigos, los chicos encienden las velas, comen sufganiot y juegan con trompos. En Pesaj se lee la Hagadá y, en general, no nos perdemos ninguna cena familiar por festividades. Todos los niños en Israel, laicos o religiosos, tienen infancias pletóricas de fogatas de Lag Baomer. No solemos asistir a la sinagoga, excepto para ceremonias de Bar Mitzvá, propias y ajenas. Sin embargo, nadie en la Argentina nos llamaría “laicos”.  El laico israelí es un oso distinto: es un koala.

La separación de la isla judeo-israelí del continente judío mundial ha creado también un discurso específico, y para que siga habiendo comunicación entre Israel y la Diáspora, tendrán que aprender  la resignificación de las palabras que ha tenido lugar aquí. Así como les explico sin cansancio (y a veces sin esperanza de éxito) a mis amigos israelíes que para nosotros hablar hebreo, escuchar música israelí en la radio todos los días y, en general, vivir en Israel, ya es practicar el judaísmo, los judíos diaspóricos deberán entender que para el israelí, hablar de “iahadut”, judaísmo, es hablar de religión. Y cuando se habla de religión, se habla de ortodoxia.

Esta fue, quizás, la victoria más grande de la corriente rabínica ortodoxa israelí sobre el sionismo: luego de que éste proclamara en sus inicios que el judaísmo era una nación y una cultura, en la que la religión era un elemento más, los religiosos ortodoxos han logrado que aun los israelíes más laicos de hoy en día identifiquen “judaísmo” como sinónimo de “religión judía”. Cuando se les pregunta a muchos de ellos si no creen que Israel estaría mejor sin un sector jaredí tan fuerte, contestarán: “No, porque está bien que haya gente que aun practique el ‘judaísmo’. Si no, ¿quién lo hará?” Respuestas del tipo: “Lo haremos nosotros, como de hecho ya lo hacemos:  viviendo en Israel, hablando hebreo, bailando rikudim, cantando las canciones de Arik Einstein, yendo al ejército, jugando al burako en las playas de Tel Aviv, dando a los que menos tienen, y estudiando la filosofía y la historia del pueblo judío”, los dejan perplejos.

Atrás quedaron los guías turísticos sionistas socialistas, que salían por los caminos de Israel con sus sandalias y su Tanaj en mano, a mostrar a sus janijim de Hashomer Hatzair, movimiento ateo si los hay, pero sionista hasta los huesos, los lugares por los que pasaron los personajes fundadores de la nación en tiempos bíblicos. Fuera de algunos sobrevivientes laicos, los únicos que siguen con esta práctica de unir tierra e historia a través de la Biblia son los inscriptos en la órbita de Benei Akiva, es decir, los sionistas religiosos. Cuando éstos se jactan de ser “los últimos jalutzim (pioneros)”, tienen un punto.

En las escuelas públicas judías laicas, la enseñanza de Tanaj, Toshba (Torá SheBeAlPé, Ley Oral) y materias afines, suele estar en manos de un docente religioso, y ello por dos motivos: uno, porque se ha impuesto la cultura de “la Biblia para los religiosos”; dos, sencillamente porque ya no quedan suficientes  docentes laicos para cubrir esos puestos en toda la red.

Estos y muchos otros “koalas” han surgido en Israel. Los jóvenes que se definen como “israelíes” antes que como “judíos”; el combativo movimiento Neshot Hakotel (las Mujeres del Kotel), que luchan, a veces físicamente, por rezar allí con su talit, su tefilín y su kipá igual que los hombres; los movimientos de judaísmo alternativo, a través de los cuales israelíes “laicos con contenido” intentan comenzar a dar batalla; la segregación de la mujer en el sector jaredí; paralelamente, la silenciosa rebelión femenina en ese mismo sector; los rabinos milagreros; los movimientos religiosos de extrema derecha, y muchísimas “nuevas especies” más.

Sobre algunos de estos apasionantes fenómenos de la fauna israelí intentaremos poner nuestra lupa en futuras entregas.

*Publicado para Limud Buenos Aires en http://www.itongadol.com.ar

JANUKIÁ DE QASSAMS. ¿ME ESTÁN CARGANDO?

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En Sderot armaron una Janukiá, el candelabro de 8 brazos que se prende en la festividad de Jánuka, hecha con restos de misiles Qassam, de los muchos lanzados por los palestinos desde la Franja de Gaza. Podría leerse el asunto como dos pronunciamientos claros: por un lado, a la oscuridad que plantea el Hamás, nosotros le oponemos luz. Por otro, como lo dijeron en una de las ceremonias, protestar contra el gobierno que no previene los lanzamientos.

A mí, qué quieren que les diga, me dio cosa. Si fuera religioso hablaría de profanación. Volví a recordar la memorable película de la saga “El Planeta de los Simios”, cuando los humanos sobrevivientes a la hecatombe adoraban, deformados por la radiación, un misil atómico. Así desarrollamos por aquí también la famosa “identidad de la catástrofe”. Nadie en Israel se escandalizó por esto. Al contrario, las crónicas cuentan cómo tal o cual alta personalidad “tuvo el honor” de encender la vela del día. ¿Estaré yo muy mal, o acá estamos todos muy mal?