LEY DEL MOAZÍN, O: LA PAX RUIDOSA

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Aldea árabe israelí en la Galilea.

Por Marcelo Kisilevski
 
La propuesta de “ley del moazín”, aprobada por el gabinete israelí y que busca bajar el volumen de las llamadas a los musulmanes a rezar por parte del moazín desde los parlantes de las mezquitas, fue trabada antes de ser elevada a su tratamiento por la Knesset.
 
La propuesta de ley desató una ola de protestas en el mundo musulmán, denunciándola como un ataque a la libertad de cultos en Israel. Los políticos y habitantes de algunos poblados judíos aledaños a poblados árabes explicaron que el ruido era demasiado fuerte y que perturbaba la calma de sus propios poblados, cuyos habitantes judíos tienen también libertad de culto. Cabría recordar que la libertad de culto conlleva también la libertad de no culto.
 
Cabría mencionar también el argumento que ya flota en el aire de los defensores de Israel: ¿a este país le quieren enseñar libertad de culto? ¿Los musulmanes? ¿De verdad? Intente usted, señora, señor, hacer sonar las campanas de su iglesia de pueblo chico en cualquier aldea árabe y salir cantando villancicos de Navidad por sus calles a viva voz, o construir una nueva iglesia en cualquier país del Medio Oriente que no sea Israel. 
 
Todo eso es cierto. No por nada los musulmanes israelíes y del exterior ya amenazaron con una Tercera Guerra Mundial religiosa si se aprobaba la ley. De protestar con pancartas en Plaza Rabin ni hablar. Incluso podría ser una manifestación molesta pero creativa, con todos los musulmanes con megáfonos llamando a la plegaria,  aturdiendo por unas horas a los habitantes de Tel Aviv. Los medios del mundo cubrirían gustosos el evento. Pero no, guerra y listo. Estos muchachos no se la van con chiquitas.
Pero lo más divertido de este caso es otra cosa. ¿Quién trabó finalmente la propuesta de ley? ¿Quién vino en ayuda de los musulmanes atribulados por una propuesta de ley que, admitamos de todos modos, tenía un tufillo autoritario?
 
Por un lado, el ministro del Interior, Arieh Deri, líder del partido ortodoxo sefardí Shas. Dijo, con razón, que no hace falta una nueva ley, porque ya hay regulaciones contra el ruido en la vía pública, todo lo que hay que hacer es aplicarlas, y esta nueva propuesta de ley no hará más que provocar sin necesidad.
 
Por otro lado, el ministro de Salud y diputado por el partido ultraortodoxo ashkenazí Yahadut Hatorá, Yaacov Litzman, preocupado porque la ley también haría callar los parlantes que, en los poblados y barrios religiosos judíos, anuncian la llegada del Shabat. Litzman presentó un amparo, y la propuesta estará encajonada hasta su resolución.
 
¿Será que la paz está por llegar entre musulmanes y judíos, bajo el lema: “Religiosos bullangueros del mundo, uníos”?

Dos noticias que dividen

Por Marcelo Kisilevski

Las corrientes palomas contra el antisemitismo palestino. El gobierno israelí contra ultraortodoxos antirreformistas… que son parte del mismo gobierno. 

Alguien me dijo en un diálogo de pasillo: “Todo el mundo se está volviendo hacia los extremos”. Tal vez el problema sea que no solo se está volviendo hacia los extremos, sino que no tiene problemas en expresarlo. La vergüenza es lo que está desapareciendo, y se agarra de los pelos con el concepto de “politically correct”.

En Chile se encuentra la comunidad palestina más grande del mundo fuera del Medio Oriente, con 350.000 miembros. Hace pocos días, el embajador de la Autoridad Palestina en ese país,  Imad Nabil Djada, emprendió un ataque de neto corte antisemita cuando dijo que “en 1896 se reunió un grupo de intelectuales y asesores financieros para crear el Movimiento Sionista, con un justificativo: crear una patria para el pueblo judío. La verdad es que este objetivo tenía por fin proteger los planes de los judíos de dominar la vida de todo el mundo”.

Se trata de una cita directa de los Protocolos de los Sabios de Sión, el panfleto apócrifo del siglo 19, que constituyó entonces la vía por la cual el antisemitismo pudo reencarnar cuando Occidente abandonó los mitos judeófobos medievales a raíz del Iluminismo, que los volvía obsoletos. De la judeofobia política a la darwiniana que trajeron los nazis hubo unos pocos pasos.

La organización estadounidense “Americanos por Paz Ahora”, que apoyan a Paz Ahora en Israel, llamaron al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, a despedir a su embajador en Chile. “Expresiones de esa clase estimulan el odio y confieren legitimación a las mentiras antisemitas”, dijeron en un comunicado.

Cuando una organización paloma como Paz Ahora tiene que salir al cruce de expresiones proferidas por el bando con el cual buscan el acercamiento, ese bando debe decidir para qué lado empujan sus velas. O bien llamarse a la reflexión -“el embajador no nos representa”- o bien sincerarse: “Sí, en realidad eso pensamos”. Puede que no hagan ni lo uno ni lo otro. Será un signo de los tiempos.

Por estas playas israelíes las cosas no están mejores. El Ministro de Cultos, David Azulai dijo este fin de semana en una entrevista: “No quiero ser la primera persona en la historia del pueblo judío en reconocer a los reformistas. Los reformistas son una catástrofe para el pueblo judío”.

El propio primer ministro Biniamín Netanyahu debió emitir una “reprimenda” contra el ministro de Cultos: “He dialogado con el ministro Azulai y le he recordado que Israel es el hogar de todo el pueblo judío”.

Azulai intentó reducir daños: “Quiero referirme a mis palabras que fueron sacadas de contexto por factores de interés para provocar una fractura en el pueblo. Por supuesto que todos los judíos, aunque pequen, son judíos. Vemos con gran dolor el daño de la reforma en el judaísmo, que trajo el mayor peligro para el pueblo judío, que es la asimilación”.

Las declaraciones de Azulai -que, recordemos, no es un rabino de barrio sino el Ministro de Cultos-, así como su “aclaración”, provocaron la ira del Movimiento Reformista. El rabino de esa corriente, Guilad Kariv, dijo que “el hecho de que el ministro no retiró sus palabras es clara muestra de que el primer ministro no puede contentarse con condenar sus dichos. Esperamos que el premier ponga claro que no tolerará expresiones que deterioran las relaciones entre Israel y el judaísmo del resto del mundo”.

El domingo último, 5.7.15, el gabinete votó a favor de anular la reforma a la conversión al judaísmo, que confería la potestad de la conversión también a las autoridades rabínicas municipales, ya no solo al Rabinato Central. Ello abría las puertas a conversiones no ortodoxas. Una de las condiciones para la reentrada de partidos ortodoxos a la coalición era esta anulación, a la cual Netanyahu tuvo que acceder para arañar los 61 escaños con que cuenta su gobierno en la Knesset.

 

Este es un gobierno de derecha, coaligado con la ultraortodoxia. Es lo que podía hacer Netanyahu si quería formar coalición. Ya hemos dicho que es un gobierno vulnerable, que navegará como una cáscara de nuez en un océano tormentoso, en las manos no solamente de los partidos menores en su coalición, sino de cada uno de sus diputados en la Knesset. Cada ministro y cada diputado tiene al premier tomado de sus partes pudendas, puede expresar lo que se le antoje y elevar las propuestas que se le ocurran.

Tengo malas noticias para el Movimiento Reformista: si quieren que algo cambie, en lugar de exigir al premier, en declaraciones sacarinadas, que “no tolere” los atropellos ultraortodoxos, deberán venir a Israel y dar batalla política. Mientras tanto, Israel se continuará manejando en el aspecto religioso -conversión, matrimonio, entierro- por la vía ultraortodoxa, y los ministros se seguirán expresando como los dueños de casa que son. Porque aquí no hay otros. Solo si los no ortodoxos atinan alguna vez a organizarse, esas serán buenas noticias.

Porque el mundo, si lo dejan, va hacia los extremos. Es un signo de los tiempos.

 

Renace la nación aramea, y ocurre en Israel

"Gracias Israel por reconocer a las minorías arameas cristianas. Occidente, paren con la política de doble rasero hacia las comunidades no islámicas". Arameos cristianos israelíes manifiestan en abril pasado.

“Gracias Israel por reconocer a las minorías arameas cristianas. Occidente, paren con la política de doble rasero hacia las naciones no islámicas”. Arameos cristianos israelíes manifiestan, en abril pasado.

Por Marcelo Kisilevski

Hace tiempo venimos explicando la persecución que sufren los cristianos a manos de los musulmanes en el Medio Oriente. Las pruebas más contundentes han venido de la mano de la siniestra organización Estado Islámico con sus crucifixiones, decapitaciones, conversiones forzadas, ejecuciones masivas y expulsiones de cristianos en Irak y Siria.

En Israel hace años ya, la comunidad árabe cristiana intenta separarse de su identidad árabe y abrazar la identidad israelí, por entender que muy bien no les ha ido con su histórica alianza con el panarabismo del siglo pasado, y con la nación árabe en general. Comenzó con un movimiento por el reclutamiento obligatorio de los cristianos al ejército israelí, un derecho-obligación que también solicitaron y se les concedió en su momento a los drusos israelíes.

Ahora el siguiente paso: el ministerio del Interior israelí ha concedido el pedido de los cristianos israelíes de que en sus cédulas de identidad, donde figura el apartado “Etnia” (en hebreo dice Leóm, Nación), en lugar de “Árabe” se lea “Arameo/a”. Se trata de una lucha de años, y ayer el ministro del Interior, Gideon Sáar, supo tomar la decisión correcta.

“No somos árabes, sino cristianos que sólo hablamos árabe”, explican, pero que hasta la conquista árabe en el siglo 7, hablaban arameo, el idioma más extendido en Palestina-Eretz Israel por siglos. En ese idioma se hablaba en Canaán y en la Península Arábiga premahometana, lo hablaron los hebreos, parte del Talmud y muchas plegarias están escritas en ese idioma. En arameo, probablemente habló Jesús. Hasta hoy en día el arameo es la “Lengua Sagrada” de las iglesias orientales.

El intento de ser parte

En los años ’50 del siglo pasado, cristianos como el sirio Michel Aflaq, uno de los ideólogos del Panarabismo y uno de los pensadores fundantes del partido Baath en ese país, intentaron con esta doctrina superar la barrera religiosa que los separaba de los musulmanes y elevar la identidad nacional como una instancia superadora del paradigma religioso, lo cual configuró su mejor intento de integrar el mainstream, e incluso el establishment mesoriental.

Pero el experimento salió mal a medida que el paradigma islamista se hacía carne, y en muchos lugares, el Medio Oriente se retrotrae hoy 1.400 años. No solamente en Irak o en Siria. Belén, la ciudad más importante de toda la grey cristiana en el mundo, ha sido vaciada prácticamente de cristianos en los últimos veinte años. Hoy es una ciudad musulmana, con un magro 1.5% de cristianos.

Israel, en cambio, es el único país en el Medio Oriente donde la comunidad cristiana crece. Lo ha hecho en un 1.000% desde 1948. Sin embargo, quizás con menos violencia, también son hostigados por sus supuestos conacionales, los árabes musulmanes israelíes. Ayer, los cristianos lograron oficialmente el divorcio.

El titular de la Asociación Aramea-Cristiana y capitán del ejército israelí, Shaadi Jalul, se emocionó y felicitó la decisión del ministro Sáar. “Es una decisión histórica y un viraje histórico en las relaciones entre cristianos y judíos en el Estado de Israel”.

Dijo más: “Es quitarles la carta de la mano a todos los antisemitas, que calumnian al pueblo judío y al Estado de Israel. Es la prueba de que Israel cuida a sus ciudadanos y las identidades de las minorías que viven en ella, a diferencia de todos los países árabes en nuestro derredor”.

Ahora se podrá hablar de tres iglesias o ramas cristianas israelíes: la Iglesia Aramea-Maronita (cuya mayoría se encuentra en el Líbano), la Iglesia Aramea-Católica, y la Iglesia Aramea-Ortodoxa. En Israel, en total, se trata de una comunidad de unos 133.000 arameos. Su reconocimiento como etnia separada de los árabes puede tener implicancias importantes, como la posibilidad de una red educativa separada de la árabe: hasta ahora, en las escuelas árabes sólo se estudia la heredad árabe, e islam.

Desde ahora, todo cristiano en Israel podrá optar por colocar “Arameo/a” en su cédula de identidad. La nación aramea ha renacido, y lo hace nada menos que en Israel. ¡Salud!

“Nosotras también podemos ser rabinas”

POR MARCELO KISILEVSKI

Miles de mujeres en Israel se definen como la cara del feminismo más efervescente y combativo: “el feminismo religioso”. Luchan por la igualdad sin dejar la ortodoxia.

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 TEL AVIV. ESPECIAL – 07/01/14 – 10:24

“Hoy en Israel el feminismo más efervescente y combativo es justamente el feminismo religioso”, asegura Jana Kehát, fundadora y directora de Koléj (Tu voz, en hebreo), la mayor organización feminista religiosa en Israel, en diálogo con Clarín. Koléj lucha contra toda discriminación, exclusión e incluso violencia contra las mujeres en nombre de la religión.

¿Cuáles son los problemas que enfrenta la mujer en el sector judío religioso ortodoxo, diferente del resto de las mujeres en el mundo?

“Violencia en el hogar, violencia sexual, acoso sexual general, acoso sexual por rabinos, exclusión de la mujer de los espacios públicos, negación de divorcio por el hombre, que deja a cientos de mujeres sin poder rehacer su vida (el casamiento es confesional en Israel, y el divorcio es de hecho un repudio, el “guet”, del hombre hacia la mujer)”, enumera Kehat.

“Nos dedicamos también de temas como salud femenina, mujeres en la política, igualdad ritual y demás. Como las comunidades ortodoxas son muy cerradas en sí mismas, todo lo que se relaciona con la mujer siempre fue barrido debajo de la alfombra”.  Para ese doble objetivo de combatir la discriminación y también romper el silencio, el encubrimiento dentro de la comunidad, es que funda en 1998 la organización Koléj.

El grupo, sin embargo, no desea abandonar la ortodoxia en pos de la igualdad, como lo hicieron las corrientes modernas en el judaísmo, el conservadorismo y el reformismo, por ejemplo en Argentina. Para ella, no es necesario romper con la ortodoxia para lograr la igualdad. En la Halajá (ley religiosa basada en el Viejo Testamento y el Talmud), asegura, no existe la discriminación expresa. “Incluso en lo ritual, si bien las mujeres están ‘exentas’ de tomar parte, nada les está prohibido”, sorprende.

Es decir, concluye categórica, que ponerse kipá (solideo), talit (paño ritual), tefilín (filacterias) e incluso ser rabinas y oficiar matrimonios, está permitido para las mujeres en la ortodoxia judía. “Por lo tanto, lo machista es la práctica en el establishment ortodoxo, no las leyes. Es la costumbre social y es lo político. Eso se puede cambiar y a eso nos dedicamos”.

Jana nació en el seno de una comunidad ultraortodoxa, de aquellas en que los hombres se visten de negro. Pero en su juventud se pasó al sector ortodoxo más moderno, conocido como el de la “kipá (solideo) tejida”, y allí desarrolla su lucha.

Pero en su sector natal, el ultraortodoxo, el despertar recién comienza, y desde Koléj intenta ayudar también a las mujeres de ese sector. Sin duda las mujeres ultraortodoxas, en aquellos casos donde los maridos se dedican a estudiar Torá, y las mujeres a trabajar y también criar a los hijos, son las que más sufren. “El sector ultraortodoxo destroza literalmente a sus mujeres”, denuncia Kehat contundente. “Las destroza físicamente. Trabajan duro en su empleo, manejan una familia numerosa y limpian la casa. Su expectativa de vida es la menor de Israel, y la de sus maridos es casi la más alta de Israel. Ellas se enferman y mueren jóvenes.” ¿Les cae la ficha de que hay algo injusto en el reparto de responsabilidades? “No, es un proceso muy largo y difícil, están inmersas en una situación de explotación que pasa también por lo mental”.

“Yo no quiero renunciar a mi religiosidad. Soy religiosa ortodoxa. Pero soy feminista. Empezamos como un grupo pequeño, sólo queríamos decirles a los rabinos que se equivocaban, que trataran mejor a las mujeres en todas esas áreas. Pero abrimos una caja de Pandora, y hoy somos miles”.

¿Es optimista? “Hay cosas que están trabadas”, responde, “en especial en lo que respecta al establishment religioso. Por ejemplo, en el tema del divorcio, existe la posibilidad, en la línea de Maimónides, de instaurar la imposición del divorcio al marido negador, pero el establishment rabínico se niega a ir con Maimónides, y los motivos son políticos, el temor a perder el control”.

Pero el plano social fuera del establishment, se enorgullece, los logros no son pocos. “Quince años después, tenemos refugios para mujeres golpeadas del sector. En el tema del acoso sexual logramos sacar una regulación que fue la que destapó todo el tema del Rabino Moti Elón (procesado por pedofilia contra alumnos suyos). Tenemos muchos programas para escuelas y cada vez somos más requeridas allí. Llevamos programas de identidad sexual, adolescencia, violencia sexual, relaciones de pareja; escritura femenina, liderazgo femenino, la mujer en la Torá, la lucha contra la exclusión de mujeres de los espacios públicos. En todo eso hemos avanzado enormemente”.

Publicado en http://www.clarin.com, 7/1/14.

El judaísmo israelí y el “Paradigma Koala”

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Por Marcelo Kisilevski, Modiín, Israel*

Las especies en Oceanía son únicas, porque se desarrollaron luego de la separación de ese archipiélago del resto del continente asiático. Algo parecido le ocurrió al judaísmo: la creación de Israel con su singularidad diferenciada del resto del mundo judío,  generó una serie de prácticas judaicas, corrientes, discursos y dinámicas específicas, que sólo fueron posibles a partir del movimiento tectónico que significó la creación del Estado judío.

Se trata de fenómenos que sólo se podían haber dado en una comunidad judía convertida en mayoría, en una comunidad vuelta Estado, donde entra a tallar la política, el perfil de un país, el dinero público y, a veces, incluso la vida y la muerte, entre muchos otros factores.

Como koalas y ornitorrincos, surgieron en Israel corrientes y grupos específicos: el movimiento religioso sefardí Shas, por ejemplo, formado por judíos llegados de países como Marruecos, pero vestidos como en Lituania del siglo 18, es quizás el fenómeno más moderno de la historia judía, y que sólo hubiera sido posible en Israel. Cuando se analiza la sociedad israelí, nadie habla de “ortodoxos, conservadores y reformistas”, como en la Diáspora: el sector judío aquí se divide en jaredim (ortodoxos no sionistas, reconocibles por su vestimenta negra), religiosos nacionales (con su característica kipá tejida), tradicionalistas y laicos.

Los conservadores y reformistas tienen ciertamente su desarrollo y presencia en Israel. Pero no han llegado a una masa crítica como para que tallen socio-políticamente. Su llegada al sionismo es tardía, luego de haber nacido al compás de la Emancipación y el Iluminismo europeos, como expresiones de la flamante separación entre religión y Estado en Europa y Estados Unidos: abrazaremos la ciudadanía que nos ofrece la Revolución Francesa, pero mantendremos nuestro judaísmo, al que a partir de ahora entenderemos como nuestra religión. Seremos franceses (o alemanes, o estadounidenses, o argentinos) de fe mosaica. Al punto tal, que rezaremos en nuestros dos idiomas: el religioso y el nacional. Por ende, su ADN original fue no-sionista por definición.

Los ortodoxos, que poblaron Israel antes que esas corrientes modernas, lo hicieron por motivos de tradición y de comodidad, no de sionismo. Sin embargo, llegaron primero y fueron más, fundando un establishment religioso en Israel con el que el nuevo Estado hebreo tuvo que negociar, llegándose al famoso “acuerdo de statu-quo en materia de religión y estado”. Los conservadores y reformistas, que entre tanto han fundado por fin movimientos juveniles sionistas en su seno, tendrán por lo tanto que trabajar mucho, incluyendo el enviar importantes olas de inmigración de entre sus filas, si quieren quebrar algún día el monopolio ortodoxo en Israel.

Los laicos, en cambio, sí somos un componente sociológico importante: cerca del 25% de la población judía. Pero si en la Diáspora son los no observantes, los laicos en Israel somos aquellos que practicamos “poco”. En mi caso, por ejemplo, me inscribo con mi familia dentro del laicismo israelí, pero los viernes decimos generalmente el kidush antes de cenar, e incluso a veces se encienden las velas. En Iom Kipur no viajamos, como prácticamente todos los israelíes. En Jánuka hay receso escolar, y nos juntamos varias de las noches con parientes o amigos, los chicos encienden las velas, comen sufganiot y juegan con trompos. En Pesaj se lee la Hagadá y, en general, no nos perdemos ninguna cena familiar por festividades. Todos los niños en Israel, laicos o religiosos, tienen infancias pletóricas de fogatas de Lag Baomer. No solemos asistir a la sinagoga, excepto para ceremonias de Bar Mitzvá, propias y ajenas. Sin embargo, nadie en la Argentina nos llamaría “laicos”.  El laico israelí es un oso distinto: es un koala.

La separación de la isla judeo-israelí del continente judío mundial ha creado también un discurso específico, y para que siga habiendo comunicación entre Israel y la Diáspora, tendrán que aprender  la resignificación de las palabras que ha tenido lugar aquí. Así como les explico sin cansancio (y a veces sin esperanza de éxito) a mis amigos israelíes que para nosotros hablar hebreo, escuchar música israelí en la radio todos los días y, en general, vivir en Israel, ya es practicar el judaísmo, los judíos diaspóricos deberán entender que para el israelí, hablar de “iahadut”, judaísmo, es hablar de religión. Y cuando se habla de religión, se habla de ortodoxia.

Esta fue, quizás, la victoria más grande de la corriente rabínica ortodoxa israelí sobre el sionismo: luego de que éste proclamara en sus inicios que el judaísmo era una nación y una cultura, en la que la religión era un elemento más, los religiosos ortodoxos han logrado que aun los israelíes más laicos de hoy en día identifiquen “judaísmo” como sinónimo de “religión judía”. Cuando se les pregunta a muchos de ellos si no creen que Israel estaría mejor sin un sector jaredí tan fuerte, contestarán: “No, porque está bien que haya gente que aun practique el ‘judaísmo’. Si no, ¿quién lo hará?” Respuestas del tipo: “Lo haremos nosotros, como de hecho ya lo hacemos:  viviendo en Israel, hablando hebreo, bailando rikudim, cantando las canciones de Arik Einstein, yendo al ejército, jugando al burako en las playas de Tel Aviv, dando a los que menos tienen, y estudiando la filosofía y la historia del pueblo judío”, los dejan perplejos.

Atrás quedaron los guías turísticos sionistas socialistas, que salían por los caminos de Israel con sus sandalias y su Tanaj en mano, a mostrar a sus janijim de Hashomer Hatzair, movimiento ateo si los hay, pero sionista hasta los huesos, los lugares por los que pasaron los personajes fundadores de la nación en tiempos bíblicos. Fuera de algunos sobrevivientes laicos, los únicos que siguen con esta práctica de unir tierra e historia a través de la Biblia son los inscriptos en la órbita de Benei Akiva, es decir, los sionistas religiosos. Cuando éstos se jactan de ser “los últimos jalutzim (pioneros)”, tienen un punto.

En las escuelas públicas judías laicas, la enseñanza de Tanaj, Toshba (Torá SheBeAlPé, Ley Oral) y materias afines, suele estar en manos de un docente religioso, y ello por dos motivos: uno, porque se ha impuesto la cultura de “la Biblia para los religiosos”; dos, sencillamente porque ya no quedan suficientes  docentes laicos para cubrir esos puestos en toda la red.

Estos y muchos otros “koalas” han surgido en Israel. Los jóvenes que se definen como “israelíes” antes que como “judíos”; el combativo movimiento Neshot Hakotel (las Mujeres del Kotel), que luchan, a veces físicamente, por rezar allí con su talit, su tefilín y su kipá igual que los hombres; los movimientos de judaísmo alternativo, a través de los cuales israelíes “laicos con contenido” intentan comenzar a dar batalla; la segregación de la mujer en el sector jaredí; paralelamente, la silenciosa rebelión femenina en ese mismo sector; los rabinos milagreros; los movimientos religiosos de extrema derecha, y muchísimas “nuevas especies” más.

Sobre algunos de estos apasionantes fenómenos de la fauna israelí intentaremos poner nuestra lupa en futuras entregas.

*Publicado para Limud Buenos Aires en http://www.itongadol.com.ar

JANUKIÁ DE QASSAMS. ¿ME ESTÁN CARGANDO?

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En Sderot armaron una Janukiá, el candelabro de 8 brazos que se prende en la festividad de Jánuka, hecha con restos de misiles Qassam, de los muchos lanzados por los palestinos desde la Franja de Gaza. Podría leerse el asunto como dos pronunciamientos claros: por un lado, a la oscuridad que plantea el Hamás, nosotros le oponemos luz. Por otro, como lo dijeron en una de las ceremonias, protestar contra el gobierno que no previene los lanzamientos.

A mí, qué quieren que les diga, me dio cosa. Si fuera religioso hablaría de profanación. Volví a recordar la memorable película de la saga “El Planeta de los Simios”, cuando los humanos sobrevivientes a la hecatombe adoraban, deformados por la radiación, un misil atómico. Así desarrollamos por aquí también la famosa “identidad de la catástrofe”. Nadie en Israel se escandalizó por esto. Al contrario, las crónicas cuentan cómo tal o cual alta personalidad “tuvo el honor” de encender la vela del día. ¿Estaré yo muy mal, o acá estamos todos muy mal?

Rabino Menajem Fruman Z”L, el “extraño” rabino de Tekoa

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El Rabino Menajem Fruman con un amigo, Ibrahim Abulhawa,

invitado al casamiento de la hija de Fruman.

Pocas personas en Israel ilustran tanto la complejidad del conflicto israelo-palestino como el Rabino Menajem Fruman, que falleció a principios de este mes. Era colono de los territorios, pues vivía en el asentamiento de Tekoa. Por otro lado era “pacifista”, pues quería solucionar el conflicto, y para ello fue capaz de hacer lo prohibido: conversar y activar con el Hamás. Incluso llegó a desempeñarse como “enlace” entre el establishment rabínico israelí y líderes musulmanes. Por un tercer lado, ir hasta el fondo del diálogo tenía podía tener ribetes extremos: participar junto con los sacerdotes del Hamás en manifestaciones contra las Marchas del Orgullo Gay. Fue muy controvertido incluso a su muerte, cuando su vida se convierte en texto. Un texto que vale la pena leer.

 Dentro del amplio paraguas ideológico del sionismo surge el Rabino Menajem Fruman, que funda junto con su grupo un asentamiento que, si bien está en los territorios, se plantea como premisa la convivencia, tanto entre judíos religiosos y laicos, como entre judíos y palestinos de la zona.

 Según él, el conflicto entre israelíes y palestinos es eminentemente religioso. Por ende, sólo los sacerdotes de ambos credos serán capaces de llegar a la paz entre ambos pueblos. Veía con preocupación la actitud menospreciativa de los israelíes hacia los palestinos, pues, sostenía, esa actitud es la que impide un diálogo verdaderamente abierto y sincero. Afirmaba que, dado el carácter religioso del conflicto, es justamente con el liderazgo del Hamás que se debe dialogar. Ello se debe a que sólo ellos comprenden que su visión puede no cumplirse de modo inmediato sino que la resolución última, en especial sus plazos y cronogramas, están en manos de Dios. Ello se contrapone a la visión laica, según la cual, son precisamente los religiosos los que carecen de toda capacidad de flexibilización de sus posiciones. Paradójicamente, desde esa visión laica, son los mismos laicos los que actúan más “religiosamente” al oponerse a todo diálogo con el Hamás.

 ¿Y los asentamientos? Los laicos en Israel están dispuestos a evacuar. Los religiosos se oponen, y sostienen que deben permanecer todos ellos bajo soberanía israelí. Los partidos de centro se han mostrado más pragmáticos: anexar los grandes bloques de asentamientos a Israel, evacuar el resto, transferir territorios bajo soberanía israelí a los palestinos en compensación por las anexiones. Del lado palestino, el presidente Mahmud Abbas ha expresado lo que ningún líder no judío se había atrevido a pronunciar desde Hitler: que ningún judío vivirá en el Estado palestino a crearse. Eso hizo correr un escalofrío por las espaldas de muchos judíos, que recuerdan el concepto de Judenrein, zona “limpia” de judíos de la Alemania nazi.

Sólo Menajem Fruman plantea un escenario que no sólo es pragmático sino que aparece como el único plausible: una Tierra de Israel en la que existen dos estados, uno palestino y otro judío, y en donde cada uno alberga una minoría nacional del pueblo vecino. Israel ya tiene un 20% de palestinos con ciudadanía israelí plena. Que el Estado palestino tenga un porcentaje de judíos con ciudadanía palestina plena, no debería poner los pelos de punta a nadie. Al fin y al cabo, los judíos han vivido en Eretz Israel siempre, hoy existe el Estado de Israel, y su propuesta no contradice en una sola coma a la promesa divina hecha a los Patriarcas hebreos. El cumplimiento de la promesa seguirá siendo esperado con ansias, pues habrá de llegar indudablemente, algún día.

 Es tan sencillo, que aun hoy nadie, salvo el fallecido Rabino Menajem Fruman de Tekoa, se atreve a hablar del asunto. Sin dudas, un pensador “extraño”, quizás demasiado adelantado a su tiempo.

 * Publicado en El Diario Judío, http://www.eldiariojudio.com, 13.3.13