Grupo Musical Berluna en Israel

Me cuentan del Instituto Cervantes que se presenta en Israel mañana lunes 12 y el jueves 15, el grupo Berluna en Israel, en un show que han titulado Mudéjares. Escuché la música, es muy interesante. Se trata de música étnica que combina la música árabe con la española y la celta. Y la cantante es espectacular.

Berluna es una agrupación de Aragón, del norte de España, antiguamente poblada por pueblos celtas, que han dejado huellas de su singular estilo musical. El término Mudéjar designa a aquellos árabes que permanecieron en España reconquistada por los cristianos y bajo su control político durante la Edad Media.

El término Mudéjar es símbolo de la riqueza cultural que convivió pacíficamente en aquella época. Un estílo musical único, dice el Cervantes, en el cual a las corrientes artísticas cristianas (románicas, góticas y renacentistas) se le suman elementos del arte islámico. El grupo realiza numerosas giras por el mundo acompañando al bailarín Miguel Ángel Berna, y esta es su segunda presentación en Israel.

Presentaciones:

Lunes 12.10, 21.00 horas en “Hamaabadá”, Derej Hebrón 28, Jerusalem. Entradas: 02-6292000, o: maabada.kartis@gmail.com

Jueves 15.10, 21.00 horas, en Shuni, Biniamina. Entradas: 04-6388760, o info@shuni.co.il

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Chau, Michael

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Dentro de poco, alguien podrá decir que este es un blog de obituarios. No comenté el discurso de Netanyahu, pero no nos olvidamos de Alfonsín ni de Benedetti. Y hoy acá estoy, despidiéndome de Michael Jackson.

Michael Jackson fue toda una época. Don Juan, aquel viejo brujo tolteca de “Las enseñanzas de…”,  diría que se trataba de un “adversario digno”. Para nosotros, jóvenes latinoamericanos de los años ’70 a los que nos gustaba llamarnos pensantes, era el símbolo de todo lo aborrecible: música disco vacía de contenido y de valores, industria cultural de corte imperialista, en la que unos pueden producir videoclips en masa porque otros no tienen lo que comer.

Nos gustaba mirar con desdén todo lo que fuera la onda Jackson, y cada vez fue más patética su ola de operaciones faciales, a medida que el racismo anti-negro se hacía menos y menos aceptable en el mundo. Por supuesto no renegaríamos nosotros de nuestra identidad negra si la tuviéramos, no crearíamos un zafari que llevara nuestro nombre ni bambolearíamos bebés desde los balcones, cuando nuestras carreras y nuestros egos sufrieran crisis. No cabe duda: con Michael Jackson teníamos contra qué luchar.

Pero hoy me levanté, y me desayuné con la noticia de su desaparición. Me quedé helado. Hoy, despojado de mi pose setentista, ya no temo admitir que también también me puse triste. Mis cachorros se despertaron, no me pude contener y les conté que Michael Jackson se murió. Michael Jackson se murió. Les conté quién era, y les mostré por Youtube su famosa “caminata lunar”.

Nos fuimos caminando los 200 metros que hay hasta el cole tratando de imitársela, y yo tratando de cantar Billy Jean, cuya letra no entendí jamás.

Sin Michael Jackson, el mundo no es el mismo. En más de un sentido.

PD: También se murió Farrah Fawcet, la diosa de “Los Ángeles de Charlie”. Digo, para hacer honor a este blog de obituarios. Zijronam librajá…