Ataque con sorpresa

A eso las 12.30 del mediodía de hoy sonó mi celular, del exterior. Era de una emisora argentina, querían entrevistarme sobre el ataque de Israel a Gaza. Me agarraron desprevenido: era sábado al mediodía, y yo había salido a una pastoral excursión llamada “Casa Abierta” con mi hija y una amiguita, en la que los artistas de Modiín recibían al público en sus casas y mostraban sus trabajos y sus atelieres. El ataque había dado comienzo a las 11.30, después de iniciado nuestro paseo. Compartí mi sorpresa con la productora de la radio,  le confesé que me estaba “desayunando” ella a mí, le conté que me sorprendía paseando y le prometí una buena performance para la próxima.

No fui el único tomado “con los pantalones abajo”, como se dice por aquí. La decisión de utilizar el efecto sorpresa en el bombardeo israelí a Gaza, que ya ha cobrado allí más de 200 muertes, fue parte, esta vez, del plan de acción. Al punto tal que, como explica Roni Daniel, el cronista militar de Canal 2, muchos policías del Hamás realizaban tareas de rutina en lugar de ocultarse como de costumbre en los búnkers.

Antes de iniciado el ataque, el gobierno todavía simulaba vacilar acerca de si anular o no el planeado ataque. Anoche se abrieron los pasos fronterizos, la mercadería abastecía a la Franja de Gaza, y las fuerzas armadas del Hamás trabajaban normalmente en las calles.

En los medios israelíes se explicaba que el gobierno había decidido postergar el operativo hasta que el gabinete de seguridad y el alto mando militar terminaran de coordinar los últimos detalles del operativo. En los hechos, el gobierno había planeado el operativo junto con el alto mando desde el vamos. Mientras el gobierno se mostraba dubitativo, la Fuerza Aérea ya había recibido luz verde para lanzar el bombardeo contra blancos del Hamás apenas el estado del tiempo lo permitiera.

Así como yo no pensé que Israel atacaría en pleno Shabat, los líderes del Hamás también entendieron que Israel no atacaría durante el fin de semana. No por Shabat, precisamente, sino porque la canciller Tzipi Livni había estado en El Cairo, y luego los egipcios habían asegurado que todavía se podía hablar de la reanudación de la “tahadía”, la tregua que había durado 6 meses hasta que el propio Hamás la declaró concluida. En suma, nadie en la Franja de Gaza imaginó que Israel atacaría hoy. Por primera vez, Tzahal sorprendió al Hamás no preparado.

Roni Daniel, del Canal 2, menciona cuatro condiciones de Israel para acceder a un nuevo alto el fuego: 1) Israel no aceptará ningún tipo de disparos desde la Franja de Gaza contra su territorio ni contra sus fuerzas armadas; 2) exige que Hamás retire todo tipo de carga explosiva de la cercanía de la cerca separadora; 3) cese de todo tipo de acciones de sabotaje y terrorismo; 4) cese de todo el contrabando de armas hacia la Franja. Por ahora, no parece que el Hamás vaya a aceptar ninguna de las cuatro condiciones, dice Daniel.

Mientras tanto, y si esto es así, Israel no incluyó entre las condiciones la liberación de Guilad Shalit. Y, fuera de “provocar un duro golpe al Hamás”, Israel no ha planteado hasta el momento objetivos de máxima para este ataque, tal vez para no crear falsas expectativas y fracasos consabidos de antemano.

Lo que queda, mientras las pantallas de tv del mundo se llenan con muertos palestinos, mientras Guilad no vuelve, y mientras más misiles Kassam y morteros palestinos siguen aterrorizando -y hoy matando- israelíes, es el trágico dilema: en este diálogo de sangre entre Israel y Hamás, el ataque era inevitable pero, al mismo tiempo, inútil.

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