Tres paños fríos sobre Liberman

Avigdor-Liberman-Getty

Por Marcelo Kisilevski

Liberman, cuyo nombramiento como Ministro de Defensa ha provocado reacciones rayanas en el pánico en diversos sectores dentro y fuera de Israel, es un líder más complejo de lo que parece a simple vista y, si se lo mira con lupa, bastante más difícil de encasillar.

Las reacciones sobre el inminente nombramiento de Avigdor Liberman del partido Israel Beiteinu como Ministro de Defensa, estuvieron signadas por la emocionalidad de la pertenencia ideológica de cada espectador. No solo los muchachos de Hezbollah en el Líbano lo tildaron de “Ministro de Defensa chiflado de Israel”; también en Estados Unidos expresaron “preocupación” por los desarrollos en el gabinete israelí.

Es que, como político de oposición, Liberman se perfila, incluso premeditadamente, como una persona que odia a mucha gente: a los jaredim (ultraortodoxos), a los árabes, a los izquierdistas. Sus expresiones son a veces brutales, como cuando llama a reconquistar Gaza y barrer con el Hamás. Sin más ni más. Cada expresión de ese tipo le vale votos, y sirve, como en un mecanismo de retroalimentación, a radicalizar a parte de la sociedad israelí.

Todo eso es cierto. Pero permítaseme poner tres paños fríos al pánico que parece cundir en el mainstream de la sociedad israelí. Liberman es un líder más complejo de lo que parece a simple vista y, si se lo mira con lupa, es un poco más difícil de encasillar.

Primero: hay un Liberman en la oposición y otro Liberman ministro. Son dos personajes diferentes. Cuando fue nombrado Ministro de Relaciones Exteriores, dicen los analistas, se comportó del modo más oficial y republicano. Fue un funcionario considerablemente eficiente, dedicado a consolidar las buenas relaciones de Israel con muchos países, entre ellos muchos latinoamericanos, entre ellos la Argentina de los Kirchner. Según todo su comportamiento en los últimos días, parecería estar cambiando su vestuario una vez más, detrás de bambalinas. Eso incluye sus encuentros con las cúpulas militares, a las que, en su otro papel, el de petardista, había denostado en diversas ocasiones. E incluye también sus disculpas a Biniamín Netanyahu, aunque sea todo cálculo político, claro está, al que había llamado antes, en su papel de “Donald Trump” vernáculo, “mentiroso, estafador, y un fraude”.

Segundo: hablamos de Liberman como un hombre a la derecha del Likud, pues apoyaba en su papel de Rasputín la pena de muerte para los terroristas, la ley de “fidelidad” a los árabes como condición para mantener su ciudadanía israelí, se nos escapa un pequeño detalle por debajo del radar. El saliente Ministro de Defensa Moshé Yaalón se oponía explícitamente a un Estado palestino. Ello, siendo la política oficial de Biniamín Netanyahu la visión de “dos Estados para dos pueblos”, inaugurada verbalmente en 2009, y que reiteró luego de su triunfo en las últimas elecciones para tranquilizar a Washington, luego de aquellos brutales exabruptos sobre los “árabes corriendo en masa a las urnas”.

En cambio, y al contrario de Yaalón, Liberman ha esgrimido una original idea  para cuando se cree el Estado palestino: que, para homogeneizar las poblaciones y reducir el roce entre ellas, la frontera del futuro Estado palestino sea corrida para incluir también los poblados árabes que están sobre la Línea Verde, al norte de Samaria. Su lema: “Ariel para Israel; Um El Fajm para Palestina”. Ergo, oh sorpresa: por default, Avigdor Liberman está reconociendo al futuro Estado palestino. Es más: será el primer miembro del gabinete israelí de derecha que ha utilizado la palabra “Palestina” para referirse a la configuración futura de “dos Estados para dos pueblos”. El espíritu es ciertamente de ultraderecha (“sacarse de encima” a los árabes), y la idea es discutible (aunque no inequívocamente descartable antes de otorgarle un minuto de reflexión, pues no hay aquí ni deportación en masa, ni siquiera anulación de la ciudadanía israelí), pero el reconocimiento de “dos Estados” supuestamente debería ser impensable en un “ultraderechista” como Liberman, y sin embargo, ahí está.

Tercero: en 2002, en la era post caída del Muro de Berlín y en plena Intifada de Al Aqsa, la Liga Árabe refrendó el Plan Saudita de Paz. Punto uno (más o menos en este orden, más o menos textual): todos los países árabes normalizarán sus relaciones con Israel. Punto dos: Israel se retirará de todos los territorios conquistados en 1967. Punto tres: se creará un Estado palestino con Jerusalem Oriental como su capital. Punto cuatro: solución justa para los refugiados palestinos (no necesariamente derecho al retorno).

Es cierto que Israel no puede aceptar el plan así como está, pero el solo primer punto, la mera predisposición, bajo determinadas condiciones, a reconocer a Israel, configura ya, independientemente de la aceptación o rechazo israelí, el fin de la vieja agenda árabe de “destruir a Israel y echar a los judíos al mar”, que era explícita en la época de las guerras de invasión en las primeras décadas del Estado. Por eso, cuesta entender por qué, desde entonces, ningún gobierno israelí ha levantado el guante del Plan Saudita para decirles a los países árabes: “Miren, amigos, no podemos aceptar el plan así como está, pero hablemos”.

Pues bien: hete aquí que el partido de Liberman, de entre todos los partidos de centro y derecha, fue el único en incluir nada menos que en su plataforma electoral, la apertura de negociaciones con los países de la Liga Árabe en pleno, en el marco del Plan Saudita de paz. Es extraño que Liberman sea el único derechista en hacerlo cuando, a decir verdad, se trata de la visión de Jabotinsky hecha realidad.

Cuarto y último (sí, sé que había dicho tres, pero Los Tres Mosqueteros también eran cuatro): el mismo día que se anunciaba el acuerdo coalicionario entre Netanyahu y Liberman, el presidente egipcio, Abdel Fatah A-Sisi, daba un histórico discurso de paz en El Cairo que, debido a las noticias israelíes pasó casi desapercibido. Fue en árabe, hacia toda su población, alabando por más de una hora las ventajas de la paz con Israel, y llamando a los partidos israelíes a unirse, sentarse luego a la mesa de negociaciones con los auspicios egipcios, y comenzar a cerrar trato de una vez.

Los discursos de Netanyahu y Liberman, probablemente para tranquilizar tanto a Egipto como a Washington, son de paz, en el marco de las iniciativas en ciernes, tanto la francesa como la egipcia. El cálculo de los analistas es que Netanyahu tiene un solo objetivo: mantenerse en el poder. Ya ha firmado acuerdos de paz si ello es necesario para asegurarlo. Ahora que ha formado el gobierno más derechista de la historia de Israel, quizás sienta que tiene que pagar una especie de “impuesto al derechismo”, en la forma de un acuerdo de paz que conforme a la opinión pública doméstica e internacional, y también a la Casa Blanca. Por ejemplo, al primer ministro francés, Manuel Valls, le dijo que no tenía problema en asistir a París para la convención de paz. Eso sí, aceptaría solamente charlar mano a mano y a solas con Mahmud Abbas en una sala cerrada, y no en un marco internacional. Pero todos los temas estarían sobre la mesa, incluido Jerusalem y los refugiados.

Cuando Menajem Beguin firmó la paz con Egipto en 1979, Itzjak Rabin acuñó una frase brillante: “Beguin tuvo la suerte de no tener a Beguin en la oposición”. Algo similar podría ocurrir también esta vez: ahora que no tiene a Liberman en la oposición, y que por lo tanto ya no tiene que “jugarla de derechista” para que no se le escapen votos, Netanyahu, que es básicamente un líder presionable, podría cumplir lo que viene declarando hace años, y lo que tantos esperan de él.

Como siempre en el Medio Oriente, nada de todo esto es seguro, pero todo es posible.

 

LA TOLERANCIA INTOLERANTE

QuemaTrump

A raíz del exitoso sabotaje al acto eleccionario de Donald Trump en Chicago. Negros, latinos, musulmanes -todas las minorías atacadas por Trump en su campaña- irrumpieron en la sala, rompieron y quemaron carteles, armaron un tole tole tremendo y Trump suspendió su acto. “Cumplimos nuestro cometido”, dijeron los manifestantes, mientras los “trumpistas” coreaban: “We want Trump”.

“Es una vergüenza”, dijo un trumpista. “Gritan y exigen tolerancia, pero ellos mismos no son tolerantes. Es simplemente ilógico”.

Tiene razón. Pero es que así somos los humanos y así son todos los extremismos, las revoluciones y las contrarrevoluciones. Nadie se cree el malo de la película cuando comete sus atropellos. En la URSS inventaron los gulags en nombre del noble socialismo, y la elite de funcionarios del Soviet para glorificar una sociedad sin clases. Los nazis inventaron las cámaras de gas para ennoblecer a la especie humana enalteciendo a su mejor raza por sobre las demás. Los norteamericanos lanzaron bombas atómicas y Napalm para propiciar un mundo libre, defensor de los derechos humanos. Los gobiernos de izquierda en Latinoamérica combaten a la prensa disidente en nombre de la libertad de expresión.

Porque somos contradictorios. En la vida cotidiana lo mismo. El adolescente que se encierra en su cuarto de un portazo, no habla con nadie, y afirma -con razón- que nadie lo entiende. El que insulta desde su coche o le cruza su vehículo a otro porque ese -no él- maneja mal. La maestra que grita desgañitada a sus alumnos que se callen, mientras intenta enseñarles urbanidad. La esposa que pide a su marido que ordene su escritorio mientras… Ah, no. Ese soy yo, y ella tiene razón, sin atenuantes. Adiós.

Lo que le hace Hamás a Gaza

TunelesPalestinos

Parte de la ciudad subterránea de Hamás, que se extiende también hacia suelo israelí. Los habitantes gazatíes, cuya emergencia habitacional crece, pueden esperar.

¿Qué hace la Autoridad Palestina con el dinero de los países donantes? ¿Qué hace Hamás para proteger a su población en Gaza? ¿Qué hacen ambos para evitar el próximo estallido social en Gaza y el subsecuente enfrentamiento cíclico con Israel?

Como todos los años, también en 2016 se prepara Tzahal para otra vuelta de violencia en Gaza el próximo verano (del hemisferio norte). Así comienza el análisis de Alex Fischman en Yediot Ajaronot del 22.2.16. Nadie sabe el momento exacto o cuál será el disparador, pero todos tienen claro que el ritual casi anual es una realidad obvia. Y no es solo una forma de pensar israelí.

Los habitantes de Gaza que salen de la Franja y se encuentran con israelíes dejan la impresión de que el fatalismo gobierna también al otro lado. Desde su punto de vista, el enfrentamiento militar es casi seguro. También ellos creen que será mucho más violento, que Israel está harto de los jueguitos del Hamás y que hará todo lo posible por aniquilarlo, mientras que Hamás, por su parte, sorprenderá a Israel con poder de juego y ataques a la población civil israelí para intentar romper el status quo y el bloqueo. Y cuando ambas poblaciones están convencidas de que eso es lo que ocurrirá, sus dirigencias no son quiénes para decepcionarlas, asegura Fischman.

Pero parece ser, continúa, que en esta vuelta que se está cocinando, los liderazgos podrían ser sorprendidos, pues no controlan los acontecimientos. Es probable que este nuevo enfrentamiento no estalle por un error, o provocación, o por un movimiento militar planificado en base a una lógica de estado. Hay más probabilidades que la intensidad del enfrentamiento y su timing sean fijados por la población de Gaza, que le estallará a Hamás en la cara, en una explosión social que salpicará también a Israel, a Cisjordania y a Egipto.

Gaza se ha convertido en el laboratorio humano en el que se mide cada día el punto de quiebre de la población. En Israel señalan la crisis de infraestructuras en la Franja: electricidad, agua, cloacado. Es apenas la escenografía: la población en Gaza emite gritos de derrumbe personal. La cantidad de suicidios no tiene precedente. El número de asesinatos dentro de la familia va en aumento (hay, por ejemplo, un fenómeno de mujeres que acuchillan a sus maridos desempleados). Uno de cada tres habitantes de Gaza consume medicamentos psiquiátricos. Aumenta el abuso de drogas y el delito, en especial la prostitución, así como un fenómeno que rebela, el de adolescentes que se casan con mayores que las puedan mantener, como segunda o tercera esposa. Por otro lado, no hay dinero, los jóvenes se casan menos, y la edad de matrimonio promedio aumenta.

La Autoridad Palestina, encargada de transferir el dinero de las donaciones, no transfiere fondos para la salud y la educación de modo regular. No hay en Gaza un servicio psiquiátrico digbno. Hay un aumento del nacimiento de bebés con deformaciones, adjudicado al aumento de los matrimonios entre parientes cercanos. Debido a la crisis mundial de los refugiados, la UNWRA (la Agencia de la ONU para los refugiados palestinos) recibe menos dinero, de modo que menos familias logran flotar sobre el agua. Y por sobre todo, sobrevuela el miedo aterrador de un ataque israelí. Los gazatíes no tienen escape: no tienen adónde huir, no pueden influir en los acontecimientos. Están enojados con Hamás, que se han cavado una ciudad subterránea donde ocultarse, mientras que ellos, los habitantes, no tienen refugios.

Jóvenes que fueron capturados cuando intentaban cruzar la cerca hacia Israel, relataron que lo hacían porque no tenían lo que comer en casa. Parte de ellos huían por violencia familiar. El 50% de los jóvenes en Gaza declararon en encuestas diversas que querían emigrar de la Franja para siempre. Los soldados de Tzahal son testigos del fenómeno: universitarios que lograron obtener un permiso de paso por el paso de Erez, salen de la Franja y besan el suelo. En su vivencia, han salido de la prisión. El ethos del Retorno ha sido quebrado: déjenlos huir, no volver.

Hasta mediados de 2015 las familias que se podían dar el lujo se fueron por los túneles hacia Egipto y Libia, y buscaban un barco hacia Europa. Cientos de palestinos se ahogaron en ese viaje. Los egipcios lograron sobreponerse a la mayoría de los túneles, y esa vía se cerró. Ahora crece el número de personas que falsifican certificados de enfermedad para salir a tratamientos en Cisjordania y no volver más.

Varias personas en Gaza ya se prendieron fuego a lo bonzo en son de protesta. En Túnez, un evento similar desató la llamada “Primavera árabe”. También Gaza arderá. Es cierto, una población religiosa, tradicional, tiende más a resignarse a su destino, pero también aquí el vaso de veneno se va llenando. Y cuando esta carga humana estalle, no habrá ningún aviso previo. Las esquirlas aterrizarán sobre todos nosotros.

 

 

 

 

 

Derechos humanos vs. Propaganda antiisraelí vs. Propuestas de ley problemáticas: separar la paja del trigo

 

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Ilana Dayán, acusada de cooperar con una “campaña orquestada de demonización de la izquierda israelí”. Atrás, Ezra Nawi, de la organización Ta’ayush.

Por Marcelo Kisilevski

Hace ya un par de semanas la discusión en Israel hierve en torno a la nota en el programa Uvdá (“Hecho probado”) de la periodista de investigación argentina-israelí Ilana Dayán. En su última edición, Dayán reveló que un activista de izquierda entregaba a la Autoridad Nacional Palestina a palestinos que vendían terrenos a judíos en los territorios de Cisjordania. Según la ley de la ANP, tal venta se pena con la muerte, y ya han sido muchos los ejecutados, previa tortura. De lo que resulta que un militante de derechos humanos que lucha por la causa de los palestinos, envía palestinos a la tortura y la muerte. Los miembros de la izquierda se despegaron de las actividades de este señor, llamado Ezrah Nawi, pero al mismo tiempo criticaron el programa Uvdá como parte de una “campaña de deslegitimación y demonización de la izquierda en Israel”.

Parte de esa campaña incluye la nueva propuesta de “ley de transparencia”, que determinaría que hay que “marcar” a organizaciones pacifistas que reciben fondos de entidades estatales extranjeras (a veces son estados, otras son entidades supraestatales como la Unión Europea), para hacer lo que el gobierno considera que es propaganda de deslegitimación de Israel. En este tema se han llegado a extremos desde todos lados, y es importante separar varias pajas de varios trigos.

No es serio en una democracia como la israelí intentar “marcar” a organizaciones de izquierda que reciben fondos de gobiernos extranjeros. Si el gobierno francés o el español, o la Unión Europea, financian a Shovrim Stiká (Rompemos el Silencio), la acción gubernamental, por la vía diplomática, debe estar dirigida hacia esos estados, no a ejercer una presión estilo “shaming” contra Rompemos el Silencio. Llegar a una situación donde mucha gente bien intencionada llama a prohibir la actividad en Israel de Amnistía Internacional, probablemente la organización de derechos humanos más veterana y seria del mundo, solo porque está financiada por donaciones no israelíes, es una situación no sana, provocada por fenómenos tampoco sanos.

Pero relativizar las acciones de Nawi, blanqueándolas por default al inscribir su denuncia en una “campaña”, no hace honor al respetable y enorme sector de la sociedad israelí que defiende los derechos humanos y que busca sinceramente una mejora en la vida de los palestinos en los territorios, que lucha por la coexistencia y la paz bien entendidas.

Sigamos con el diagnóstico. Rompemos el Silencio es una organización de ex soldados y oficiales del ejército israelí que recorren instituciones, tanto en Israel como en el exterior, describiendo las cosas “inmorales” que les hicieron hacer en el ejército cuando servían en los territorios de Cisjordania. En un video de la organización se ve a niños de unos  diez años cuya madre los había enviado a comprar pan, retenidos en una esquina de Hebrón. Los jóvenes de Rompemos el Silencio preguntan a los soldados qué hicieron estos niños para que los retengan. “Se olvidaron el documento de identidad en casa, estarán aquí hasta que los familiares vengan por ellos con los documentos”, fue la respuesta. “Pero son niños, iban a comprar pan. ¿De qué manera amenazan la seguridad de Israel?”, insisten los militantes pacifistas. “No tenemos la culpa, son nuestras órdenes”, respondieron los soldados, ellos mismos jóvenes de veinte años que solo esperan el fin de semana para volver a casa, ayudar también a sus madres y salir con sus novias. Conclusión de los hacedores del video: “Esta es la ocupación: una situación imposible en la que nadie parece tener la culpa de nada”.

Hasta aquí, un espectador inocente no ve el problema con Rompemos el Silencio. A mí personalmente no me parece mal que se llame la atención sobre hechos derivados de reglas del juego impuestas por una realidad que mezcla terrorismo, política nacional e internacional, y vida cotidiana de habitantes civiles de uno y otro lado. No debería haber una situación en la que niños fueran retenidos por militares. No debería haber niños siquiera en contacto con soldados. Los niños deberían estar en la escuela, en los parques, en sus casas. Los soldados deberían estar en sus cuarteles o en campos de batalla. Está bien señalar que estas situaciones son anormales. Incluso no tengo problema con que la conclusión sea llamar al fin de la “ocupación” y la creación –de una vez por todas- de un Estado palestino que viva al lado de Israel en paz y buenas relaciones. Por el bien de los palestinos, pero también por el bien de los israelíes, para que no se vean más en la posición de tener que retener gente, o entrar en casas de palestinos en busca de terroristas, o hacer esperar a los palestinos horas en los checkpoints.

Principio falaz

El problema es cuando el mero “fin de la ocupación, dos Estados para dos pueblos” no es la conclusión de las organizaciones de izquierda cuyo marcamiento intenta la ministra de Justicia Ayelet Shaked legislar, sino la destrucción de Israel.  De nuevo, me parece problemático esto de “marcar” organizaciones financiadas desde el exterior (que las hay de izquierda y también de derecha), cuando Israel se esfuerza por enseñar al mundo que está mal “marcar” productos de los territorios o israelíes en general con fines de boicot. Aquí cabría esperar de una Ministra de Justicia israelí un poco más de coherencia.

Pero, ¿qué hacer cuando algunos líderes de estas organizaciones llegan a la siguiente conclusión, no menos problemática, antidemocrática y violadora de los derechos de los pueblos, en este caso el judío? “Dado que Israel comete estas atrocidades, que son las más graves que conozca la humanidad, Israel es un país ilegítimo que debe ser desmantelado”. ¿De verdad?

En la era de las decapitaciones de ISIS, del genocidio en Siria, o, aquí más cerca, las ejecuciones de Hamás de colaboracionistas o las de la “moderada” ANP, que ejecuta a particulares palestinos que osan vender terrenos a judíos, la presencia del ejército israelí en Cisjordania no puede ser llamada seriamente “atrocidades más graves que haya cometido la humanidad”, o llamar a Israel un “régimen nazi temporario”, y esperar que eso suene a una progresista, pacífica y bondadosa expresión de deseos.

El problema de la izquierda es que algunas de sus organizaciones o sus líderes, en principio pacifistas y sinceros defensoras de la coexistencia, se están deslizando peligrosamente por el camino del llamado a la destrucción de Israel, lo cual implica una incitación a la violencia extrema, no a la paz.

Lizi Saguí, ex alta dirigente de B’Tselem, una organización que monitorea la construcción de viviendas en los territorios y los problemas de la Cerca Separadora o “Muro”, entre otros, dijo sin avergonzarse que “Israel provoca las atrocidades más grandes de la humanidad. Israel demuestra su adhesión a los valores del nazismo”. La echaron de B’Tselem, pero consiguió empleo en otra ONG, la Fundación de Defensa de Derechos Humanos”. La directora ejecutiva de esta ONG, Alma Bibelsh, definió a Israel como “racista y asesino”, y un “Estado Apartheid judío y temporario”.

En estas declaraciones, recopiladas en Yediot Ajaronot por Ben Dror Iemini, Biblesh da un paso más allá cuando llama a la “lucha de israelíes, palestinos y la comunidad internacional contra el régimen israelí”. Y la lucha no es por la autodeterminación de todos los pueblos involucrados en el conflicto, ni por un Israel más justo y democrático, sino “por el fin de la ocupación entre el Jordán y el Mediterráneo”.  O sea, Tel Aviv y Raanana son territorio ocupado igual que Ramallah. Iemini es irónico: “Y entonces nos irá genial bajo un gobierno palestino. Como la maravillosa armonía y hermandad entre los pueblos que reina en Siria”.

El problema sigue. Los jóvenes de Rompemos el Silencio no se limitan a hacer videos de advertencia sobre soldados que retienen niños en su camino a la panadería (¡terrible atrocidad!). Otra periodista del mismo diario, Ifat Erlich, reveló que uno de sus más altos miembros, Alón Liel, recorre el mundo llamando al reconocimiento de Palestina como Estado. Liel sabe que esa búsqueda de la ANP por el mundo incluye el “derecho al retorno” de todos los refugiados palestinos, que es el fin de Israel como expresión del derecho a la autodeterminación del pueblo judío, y expresa el apoyo a la intransigencia palestina actual a seguir negociando sin precondiciones hacia dos estados para dos pueblos.

Rompiendo el Silencio recibe financiación de organizaciones como Trocaire, de Irlanda, que es una organización fuerte en el nuevo movimiento que viene sacudiendo la arena de la deslegitimación de Israel, el BDS (Boicot, Divestment, Sanctions), que llama al mundo a dejar de comerciar con Israel, a las universidades a dejar sin efecto acuerdos de intercambio académico con universidades israelíes, presiona a cantantes a no actuar en Israel, etc.  El BDS, menos conocido en América Latina, ya ha plantado una primera bandera firme en Chile. El BDS ha dejado hace ya tiempo de denunciar la ocupación, para llamar a la destrucción de Israel como un todo.

Llamar a la destrucción de Israel es antisemitismo

La paja del trigo: está bien criticar el manejo del ejército israelí en los territorios, en insistir a llamar al fin de la ocupación y la creación de un Estado palestino. Eso es una opinión política, legítima de ser expresada en una democracia. Llamar directa o indirectamente a la destrucción de Israel como Estado judío, democrático y legalmente constituido, es incitar a la violencia y al genocidio. Es menos legítimo, es menos moral.

Es además antisemitismo, y debo explicarlo, ya que no se me conoce como un paranoico que grita “antisemitismo” ante cualquier crítica contra Israel.

Pues, ¿cuál es el principio que se desprende del llamado a la desaparición de Israel debido a sus injusticias? Suponiendo que Israel fuera exclusivo culpable del fenómeno de los refugiados palestinos, que hubiera habido limpieza étnica y un montón de falsificaciones históricas por el estilo, y que la ocupación fuera tan atroz que los palestinos se arrastraran desangrándose por las calles (cosa que está lejos de ocurrir), el silogismo intelectualmente honesto debería ser: “Todo país que, a la hora de su nacimiento o a continuación, ha perpetrado iniquidades contra otro colectivo humano, es ilegítimo y debería desaparecer”. El problema:  prácticamente todos los estados modernos cumplen ese principio general. Piense cada lector en las razones por las cuales su propio país debería ser destruido de acuerdo con este principio. Sin embargo, del único país que se dice que, “dado que hizo tales y cuales cosas, debe desaparecer”, es Israel. Cuando se inventa un principio y se sostiene seriamente que el único país que lo cumple es el Estado de los judíos –cuando a decir verdad es uno de los pocos que justamente no lo cumplen-, las preguntas acerca de las motivaciones antisemitas, por lo menos, deben ser formuladas.

Demos un solo ejemplo: en 1948, en tiempos de la creación de la India y Paquistán, catorce millones de personas pasaron entre un país y otro, expulsiones forzadas y genocidio mediante. La mitad de ellos, musulmanes, pasaron de la India a Paquistán; la otra, hindúes de Paquistán, tuvieron que trasladarse a la India. En el medio, dos millones de seres humanos fueron masacrados.

En la guerra de la Independencia israelí –según lo documenta el historiador Benny Morris en su libro 1948-, una guerra iniciada por el lado árabe con la agenda explícita de “evitar el nacimiento de Israel y expulsar a los judíos al mar”, dejaron el futuro Israel –la mayoría huyendo por temor a la guerra, aunque en algunos lugares se registraron también expulsiones-, en cambio, unos 800.000 árabes (no se llamaban a sí mismos aún palestinos). 800 civiles fueron asesinados. Del lado israelí también hubo asesinados, 250 civiles, pues es parte de las lacras de toda guerra. Luego de la creación del Estado de Israel, la misma cifra aproximada de judíos fueron expulsados de todos los países árabes en represalia por la creación de Israel. Fueron refugiados por un día, a su llegada a Israel. Al día siguiente, Israel los ya los convertía en ciudadanos. Lo mismo ocurrió con los indios y paquistaníes, y nadie habla hoy de refugiados judíos, o de la India y Paquistán, cuyas cifras de muertos sí dan cuenta de un verdadero genocidio. Los países árabes, en cambio, no quisieron resolver el problema de los refugiados palestinos en sus territorios. En uno de ellos, Siria, se da hoy mismo un nuevo genocidio, y se han generado muchos millones de refugiados.

Pero nadie habla de los refugiados hindúes o paquistaníes, ni de desmantelar Paquistán y la India por ilegítimos. Nadie habla de destruir a los países árabes por haber expulsado a los judíos en pleno siglo 20, ni de desmantelar Siria como castigo por perpetrar el primer genocidio del siglo 21. Por no hablar de que nadie habla de desmantelar Alemania por la Shoá, o Turquía por el genocidio armenio. Pero sí se habla de desmantelar Israel, el único Estado judío. ¿No suena raro? ¿No es extraño que, con tanta guerra e injusticia en el mundo, se haya instalado con fuerza creciente y se haya legitimado la discusión sobre el derecho de Israel, y solo de Israel, a existir? Ya lo dijo Woody Allen: “Que uno sea paranoico, no significa que no lo estén persiguiendo”.

Que haya algunos que van por el mundo pregonando que Israel, uno de los pocos países creados por votación internacional, es un estado ilegítimo, sean israelíes y judíos, no los convierte en menos antisemitas.  La izquierda sionista israelí, una de las más lúcidas del mundo, debería hacer un serio ejercicio de separación entre paja y trigo, y despegarse clara y enérgicamente de las “malas hierbas” en su interior, en lugar de blanquearlas retrucando con que se trata de una “campaña de demonización de la izquierda”. Porque si esa es la lógica, tendrán que dejar de denunciar a fenómenos de ultraderecha como “Tag Mejir” y el terrorismo judío, pues eso podría ser catalogado como campaña contra toda la derecha religiosa sionista.

No hay fórmulas mágicas para combatir la deslegitimación de Israel. A las campañas antiisraelíes, que tienen todos los rasgos del antisemitismo (ver nota anterior sobre el tema), habrá que responder con campañas de concientización, utilizando incluso lo mejor de las técnicas de comunicación, de diplomacia y de lobby frente a los gobiernos que creen que contribuyen a la paz cuando financian organizaciones que llaman al boicot y la destrucción de Israel. Legislar “transparencias” por imposición, en cambio, no es útil. Al contrario, puede traer más daño y más división.

RABINO REUVÉN BIRMAJER Z”L, ARGENTINO ISRAELÍ, ASESINADO EN JERUSALEM: LA OLA TERRORISTA PALESTINA NO CESA

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Las 28 víctimas de la actual ola de terrorismo palestino. Rabino Reuvén Birmajer Z”L, fila inferior, segundo desde la derecha.

Por Marcelo Kisilevski
No hay una “ola de violencia” en Israel y la ANP. Es terrorismo palestino, y la respuesta israelí correspondiente. Los conflictos deben ser juzgados por quién es el agresor, no por quién es el débil. Es como si llamáramos “ola de violencia” a los últimos atentados de ISIS en Francia y los operativos para dar con los terroristas y matarlos. Nadie habló allí de “ola de violencia”. La debilidad no otorga automáticamente la razón, y el malestar socio-económico-político no engendra automáticamente terrorismo. La pobreza no engendra automáticamente terrorismo, como lo dijo el Papa. Pregúntenles a los haitianos, a los zimbabweanos, o a los congoleños, o a los pobres de cada país latinoamericano. La no independencia política tampoco. Pregunten a tibetanos o a catalanes, entre tantos otros. Si así no fuera, el planeta entero se dividiría en terroristas y sus víctimas. Occidente debería cuestionar la responsabilidad del débil en este conflicto, que aunque no la vean, también está.
No es que no haya problemas ni conflicto. Pero, ¿qué les pasó a las manifestaciones con carteles y cánticos con rimas ingeniosas? Matar y llamar a eso “manifestación de un pueblo”, es no solo contrapruducente para ese pueblo, sino intelectualmente torcido. Algo no está bien con ese pueblo, algo no está bien con quienes lo apoyan desde Occidente, por acción u omisión.
A las 13.10 de ayer, hora israelí, dos terroristas palestinos perpetraron (no “protagonizaron”) un ataque con cuchillos en pleno Shaar Yaffo, en el centro de Jerusalén. Mataron al rabino Reuvén Birmajer z”l, hermano del escritor argentino Marcelo Birmajer. Vivía en Kiriat Yearim, cerca de la capital israelí, 45 de edad, 7 hijos. Soldadas de la Guardia de Frontera abatieron a los dos terroristas, pero con los disparos mataron por error a Ofer Ben Ari, 46 años. Birmajer era docente en la ieshivá (casa de estudios rabínicos) Esh Hatorá en el barrio judío de la Ciudad Vieja, cerca del Kotel. Enseñaba a los hispano parlantes allí. Su director dijo que “Reuvén era un tzadik (justo), recto, inocente y lleno de fe. Todos sus alumnos lo amaban”. El atentado lo perpetraron dos terroristas con nombre y apellido: Annan Hamed (19) e Isa Assaf (20), del campo de refugiados Kalandia.

ISIS financiado por Hamás

IsisHamas

Por Marcelo Kisilevski

Si había alguna duda de que el Hamás era ISIS e ISIS es Hamás, la nota de ayer de Alex Fischman en Yediot nos cuenta algunas novedades al respecto, no exentas de paradojas.

Efectivamente, quienes diferencian uno de otro basados en la cantidad de muertos que provocan, se basan en inconscientes criterios ligados a lo politically correct, al multiculturalismo, y a la defensa de la causa palestina. Pero flaco favor le hacen al pueblo palestino al defender al Hamás en su nombre. Lo cierto es que, si se diferencian, es en el enemigo que tienen enfrente. ISIS mató y mata decenas de miles porque puede. Hamás lo intenta también, con decenas de miles de cohetes de diverso alcance lanzados contra objetivos también civiles, por no hablar del resto de sus formas de atentados terroristas, coyunturalmente en baja. Sencillamente fracasa, pero quiere. Su fracaso, el hecho de que “no mata tanto”, no debería retratarlo como el underdog a los ojos del mundo, mucho menos del progresista. Lo repetiremos hasta el cansancio: la debilidad en un conflicto no otorga automáticamente la razón.

Según detalla Fischman, el brazo armado del Hamás en la Franja de Gaza transfirió en el último año decenas de miles de dólares por mes a la filial de ISIS en el Sinaí egipcio, como parte de la cooperación militar y estratégica que se va estrechando entre ambas organizaciones terroristas.

Fischman explica que el brazo armado de Hamás maneja un aparato financiero separado del resto de la organización en la Franja. El trato con ISIS es: Hamás paga a miembros de ISIS en Egipto para hacer guardia y resguardar los depósitos y arsenales de armas y pertrechos contrabandeado vía Sinai hacia dentro de Gaza. Se trata de grandes cantidades de explosivos para la fabricación de cohetes  y la construcción de instalaciones militares de Hamás.

A cambio, Hamás paga salarios de miembros de ISIS y, también, le proporciona equipamiento militar y entrenamiento. Gracias a ello, ISIS-Sinai se convirtió, de una banda de terroristas salafistas montañeses sin demasiada capacidad, en un mini ejército uniformado y entrenado, con armamento sofisticado, como misiles antitanques y otros. ISIS es hoy, gracias a Hamás, la pesadilla más grande del presidente egipcio A-Sisi, que por ahora solo se atreve a bombardearlos desde el aire. Hamás también proporciona infraestructura logística a ISIS, por ejemplo, facilitando el traslado de heridos a Gaza para su tratamiento médico.

En las fuerzas armadas israelíes, que siguen de cerca este desarrollo, señalaron una paradoja clara detrás de esta cooperación macabra: el principal apoyo financiero para el brazo armado del Hamás en Gaza proviene de Irán, que combate ferozmente a ISIS en Siria y en Irak. No pocos soldados iraníes murieron en estos combates. Pero justamente en el frente de Gaza-Sinai, los iraníes son los que financian –por medio de Hamás- la actividad de ISIS.

Fischman agrega que otra parte nada pequeña de los fondos del brazo armado hamásico provienen de los impuestos que paga el palestino de la calle en Gaza. Agrego yo: mucha ayuda internacional llega a las calles de Gaza por parte de organizaciones bien intencionadas de derechos humanos, quienes, más allá de leyes de vigilancia a las ONGs que se proponen a cada rato desde la derecha israelí, deberían preguntarse seriamente qué se está haciendo con su dinero.

Dr. Robot, directo al corazón

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Primera vez en Israel: al quirófano del hospital Rambam en Haifa entró un robot y efectuó nada menos que una operación a corazón abierto. Con menos cortes y menos posibilidad de complicaciones. Los cirujanos están conformes: “un paso enorme para la medicina”.  Pero la familia del paciente no pierde el foco: “Quizás el robot operó, pero los que lo salvaron fueron los médicos”.

(Del diario Yediot Ajaronot de hoy)