¿Premio Israel a los asentamientos? No puede ser en serio, pero sí.

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Sitio oficial del Premio Israel, del Ministerio de Educación de Israel. Resaltado en amarillo, entre las categorías por única vez para 2018: “Hitiashvut”, “Colonización”, término utilizado por la derecha para denotar la construcción de asentamientos en Judea y Samaria, o Cisjordania. (Fuente: Mako, Canal 2, http://www.mako.co.il)

Por Marcelo Kisilevski

¿A ustedes también los confundieron con la Antártida “Argentina”? Bueno, hoy intentan confundirlos con los “territorios palestinos”. Pero eso no significa que tenga que haber un “Premio Israel” a la “Colonización”, es decir, a la construcción de asentamientos en Cisjordania y Gaza. 

Como lo explico en muchas de mis charlas, existen dos territorios sin soberanía alguna en el mundo. Uno es la Antártida. Todavía recuerdo en mis primeros años, cuando en el cole me hacían calcar con tinta china la Antártida, ocupando tardes enteras sin ver “El Zorro” ni “Kung Fu”, para venir a enterarme, demasiados años después, de que había sido estafado: la “Antártida Argentina” no era argentina. Para muestra, consultar el Tratado Antártico. Mis saludos a mis queridas maestras de la primaria, a las que, seguramente, también confundieron en su infancia.

El otro territorio que no posee soberanía asignada es el compuesto por Cisjordania y la Franja de Gaza. Por eso, es importante aclarar la terminología cuando nos dedicamos al conflicto: cuando Israel pactó la paz con Egipto, la trato fue la “devolución” del Sinaí a ese país, porque había soberanía previa. Lo mismo ocurre en los Altos del Golán: aunque Israel lo haya anexado en 1981, dicha anexión carece de reconocimiento internacional, y cuando se pueda hacer un acuerdo con Siria, la palabra será también “devolver”. O bien, alguilarlo por 99, a lo Hong Kong, pero el dueño era Siria.

No ocurre lo mismo con Cisjordania y Gaza. De un tiempo a esta parte la propaganda ha logrado que “la comunidad internacional” los considere “territorios palestinos”, y ya en demasiados marcos, medios e instituciones de la ONU, se habla de “Palestina” como si ese Estado ya hubiera sido creado. Solo que no hay soberanía previa allí, Israel los conquistó en 1967 de manos de Jordania y Egipto respectivamente, los cuales tampoco eran soberanos allí para la ley internacional. La anexión de Cisjordania por Jordania tampoco fue reconocida internacionalmente. Y nadie, durante su respectiva ocupación de esos territorios, habló por entonces de “Estado palestino”. Egipto nunca anexó Gaza, y Jordania “desanexó” Cisjordania en 1988.

Por eso, cuando leemos en los medios acerca de los asentamientos, vemos que “la comunidad internacional los considera ilegales”. La comunidad internacional, no la ley.

Si lo que considera la comunidad internacional tiene fuerza de ley, ya es una discusión sobre usos y costumbres legales. Y cada quien se arroga el derecho de traer agua a su molino según sus creencias, pero no según los hechos. En mi opinión, los asentamientos pueden ser, si se mantiene una ideología de izquierda, “problemáticos”, “una traba a la paz”, “caros para el erario público”, incluso “inmorales”. Pero una sola cosa no son: ilegales.

Por eso, por la falta de soberanía en esos dos territorios, y por el hecho de que jamás hubo allí un Estado palestino al cual “devolvérselos”, la palabra, llegado el tan anhelado acuerdo de paz, será: “entregar”. Israel, en efecto, se comprometerá a “entregar” todos o parte de esos territorios a la Autoridad Palestina para que, por primera vez, haya allí un Estado palestino, y una soberanía de ese pueblo. Si es deseable o no, eso ya es política, y cada uno podrá ser, desde esta base de claridad de conceptos, fiel a su ideología. El firmante de estas líneas, por ejemplo, está a favor de la fórmula: “dos Estados para dos pueblos”, y por lo tanto, de efectuar dicha “entrega” de territorios, y de tender a crear las condiciones adecuadas para ello (de ninguna manera repitiendo el trágico fiasco de la Desconexión).

De usos y abusos

Dicho todo lo anterior, un gobierno no debería utilizar instituciones públicas que son de todos, en beneficio de una ideología partidaria. Hay instituciones que tienen en Israel un prestigio que resguarda la democracia, junto con parámetros morales superiores, fuera de toda discusión, porque están, precisamente, más allá de las ideologías. Una de estas instituciones, por ejemplo, es la Corte Suprema de Justicia. Otra, en el campo de la cultura y lo civil, es el Premio Israel, conferido cada año por el Ministerio de Educación.

Por primera vez, para el año que viene, 2018, aniversario 70° de la creación del Estado de Israel, se entregarán premios especiales a personalidades que aportaron de modo singular a la construcción del Estado. Entre las categorías para estos premios de única vez, están: Industria, Sociedad y Comunidad, Tecnología e Innovación Aplicada y… “Agricultura y Colonización”.

Este último se refiere a la construcción y desarrollo de los asentamientos en los territorios de Cisjordania. Los medios, entre ellos Mako (Noticias del Canal 2) explicó que la intención es, “al parecer, otorgar el Premio Israel a Zeev Jéver (alias Zambish), secretario general del movimiento “Amaná” (“Pacto”), que se dedica a la construcción de asentamientos y puestos de población ilegal (no reconocidos por el Estado). Zambish es un activista conocido, que fuera miembro de la Resistencia Judía, la más grande organización de terrorismo judío religioso fundamentalista en la historia del país, que actuó en los años ’80. Afortunadamente, el gobierno y la sociedad israelí repudiaron a esta organización y el ejército israelí la aplastó, aunque solo después de que lograran perpetrar varios atentados contra palestinos.

El movimiento pacifista Shalom Ajshav (Paz Ahora) condenó el agregado de esta categoría y denunció que (el ministro de Educación Naftali) “Bennet ha convertido el Premio Israel en un premio a la Gran Eretz Israel… Conferir ese premio a pesar de que los asentamientos son controvertidos, demuestra que en Israel de 2017 la desvergüenza no tiene límites”. También se denuncia que se trataría del tercer premio consecutivo a un colono de los territorios.

El Ministerio de Educación dio su respuesta oficial: “La afirmación de a quién se dará el Premio Israel no es correcta, y se origina en una confusión: por los 70 años del Estado se decidió conferir por única vez, premios adicionales a obras de vida, por logros extraordinarios, y por acciones inspiradoras. Ello se llevará a cabo en concordancia con el reglamento del Premio Israel: en años especiales, está permitido agregar premios, y así lo haremos también este año”. Con aclaraciones así, vivan las confusiones. Pero ojalá sean erróneas las estimaciones, y el Premio Israel a la “Hitiashvut” se otorgue a alguien que ha mejorado la agricultura israelí dentro de la Línea Verde…

Pues el Premio Israel debería estar más allá de la división (algunos lo llamarían “grieta”) de la sociedad israelí en sus ideas políticas. El Estado no debería otorgar premios políticos, ni de izquierda ni de derecha. Como lo diría la periodista Jana Beris en una charla reseñada en el post anterior, se trata de una continuación en la seguidilla de actos de gobierno que, si bien no minan la democracia israelí, la van envenenando a cuenta gotas.

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La democracia israelí, y otros desafíos

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JANA BERIS: “LAS PROPUESTAS DE LEY DEL GOBIERNO NO MINAN LA DEMOCRACIA ISRAELÍ, PERO LA ENVENENAN”

El mayor desafío de Israel no es Hamás, Irán o Hezbollah, sino el de mantener a Israel, citando a Marcos Aguinis, como un “Estado imperfecto pero ejemplar”, dijo la periodista Jana Beris en su conferencia brindada en OLEI-Modiin hace algunos días. Contó que para entender bien el proceso que estaba viviendo el país, consultó a dos juristas: la profesora Susy Navot y el doctor Amir Fucks. Ambos coincidieron en que la ola de propuestas de ley provenientes de diferentes ministros de gobierno están lejos de minar la democracia israelí, pero “envenenan” dicho carácter de Israel, al crear un clima determinado, preparar el terreno y crear consenso para desarrollos posteriores no deseables, haciendo daño aun cuando no sean aprobadas por la Knesset. De hecho, en efecto, Beris señaló que de todas propuestas de ley considerables como no democráticas, solo la Ley de Regularización de los asentamientos en los territorios fue aprobada. El resto fue rechazado o directamente no presentado por ser consideradass no constitucionales por el Asesor Letrado.

El último intento fue decididamente condenado, tanto por el Asesor Letrado Avijai Mandelblit como por el propio Presidente del Estado, Reuvén Rivlin, en su discurso en la inauguración del período parlamentario de invierno: la propuesta de ley impulsada por el jefe de la coalición, diputado David Bitán, que prohibiría investigar a un Primer Ministro en ejercicio por casos de corrupción (sí se permitiría en casos de homicidio o violación). En realidad fue la anteúltima. La ultimísima propone que la policía no pueda recomendar someter a juicio al investigado al término de sus investigaciones.

Otros intentos recientes son la Ley de Nacionalidad, que definiría a Israel, en lugar de “Estado judío y democrático”, como un “Estado judío cuyo régimen es democrático”. “No es lo mismo”, dijo la periodista, “porque la democracia es mucho más que el hecho de votar; las minorías también deben ser respetadas, y no solo los árabes, sino toda minoría, incluidos los grupos de oposición política”. Eso, por no hablar del intento de supeditar el carácter democrático al carácter “judío”, cuando “judaísmo” es entendido mayormente en Israel como de corte religioso y, más específicamente, ortodoxo.

Beris, ex corresponsal de la BBC de Londres, corresponsal de La Razón de España, La Nación de Argentina, directora del Semanario Israelita uruguayo, entre otros medios, desarrolló también los dilemas de Israel frente al nuevo intento de unidad entre Fatah y Hamás. “Por un lado Israel decía que no podía negociar con los palestinos mientras no hubiera una dirección unificada que pudiera cumplir un acuerdo; ahora, si realmente se unen, lo que está por verse, el dilema es cómo negociar con un gobierno que incluye a Hamás, que se niega a renunciar a la violencia y llama a la destrucción de Israel”. Y agregó, como para aclarar que ello va más allá del gobierno israelí: “Obviamente al primer ministro Netanyahu, este dilema le es muy cómodo y funcional, pues no necesita apurarse a negociar, pero eso no significa que el desafío sea menor”.

El otro desafío israelí es lo que ocurre con Hezbollah e Irán en la frontera israelí norte. “No cabe duda que una próxima guerra con Hezbollah implicará enfrentarse a un arsenal de 150.000 misiles, con capacidad para lanzar 1.500 por día. Israel ya ha dicho que no permitirá bases de Irán en Siria, cerca del Golán israelí. Los analistas coinciden hoy en que los frecuentes incidentes con Siria ya trascienden las ‘balas perdidas’ o disparos no intencionales. Assad está envalentonado, a la luz de sus éxitos en el plano interno. Ha declarado: ‘No podemos estar mejor: Hezbollah combate con nosotros, Irán nos suple de armas y Rusia nos protege en el plano internacional’. Con semejante eje nos estamos enfrentando”.

A Jana le encanta presentar claroscuros, así que frente a esos desafíos y amenazas relató acerca de numerosas luces: la atención médica a miles de palestinos de Gaza, en especial niños, en los hospitales israelíes, a quienes se efectúan operaciones a corazón abierto entre otros tratamientos especiales.

Otra buena noticia tiene que ver con la creciente integración en Israel de los sectores minoritarios, en especial el árabe musulmán, en el que crece una orgullosa generación de enrolados en el ejército israelí, sigue la de cristianos, que están abandonando la denominación árabe para pasar a llamarse “arameos”. Uno de los soldados musulmanes le dijo: “Cuando ves lo que pasa en el Medio Oriente, te das cuenta que Israel es el mejor país del mundo para nosotros los árabes”.

Concluyó diciendo que hay bases para seguir creyendo que Israel es un país “imperfecto pero ejemplar”. Pero hoy se ha convertido en una responsabilidad de todos el garantizar que esto siga siendo así.

Medio Oriente e Israel, entre el radicalismo del sur, y el del norte

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El túnel de la Jihad, destruido por Israel, del lado israelí.

Por Marcelo Kisilevski

La desvergüenza de la Jihad Islámica de llamar a la explosión de su túnel el “crimen del túnel” no tiene límites. La explosión fue en territorio israelí, pues el túnel ya había pentrado en nuestro territorio, violando la soberanía de este país; y tenía intenciones violentas: matar civiles israelíes. ¿Qué esperaban? Pero que no los confundan con hechos: ellos son la parte herida, y han anunciado que planean una represalia para vengar el “crimen” de haber frustrado su plan terrorista. No solo lo anuncian. El coordinador de acciones de Tzahal en los territorios, Gral. Yoav (Poli) Mordejai salió anteayer con un video en árabe, para que se haga viral, en el que advierte a la Jihad que saben de su plan, y los previno, y por elevación al Hamás también, de que tal acción tendría un costo demasiado alto como para llevarla a cabo.

Dicho sea de paso, si hicieran un somero análisis de costo y beneficio, los radicales islámicos en Gaza deberían entender que el método de los túneles, más que épica de resistencia, no les ha dado nada. Y frente a la situación a la que han llevado a la población de Gaza, incluso lo de la épica sería fácilmente puesto en tela de juicio. No por nada Hamás ha hecho el intento más serio hasta ahora de reconciliarse con Fatah. Como era de prever, también este nuevo intento comienza a desbarrancarse, pero Hamás ha dejado en claro de varias maneras que no está interesado en una escalada de violencia contra Israel en este momento, y el episodio del túnel, provocado por sus opositores de la Jihad, lo ha puesto en nuevos problemas.

La tensión mayor, sin embargo, es en el norte israelí. En el Líbano ha renunciado el primer ministro, el sunita Saed Hariri. Aparentemente fue un apriete de Salman, rey de Arabia Saudita, por no cumplir con el compromiso de constituir un bastión sunita en el Líbano contra el avance voraz de Hezbollah, que se ha apoderado virtualmente del país de los cedros. Y Hezbollah es el proxy de Irán, archienemigo de Arabia Saudita, y está poniendo demasiadas fichas en plantar banderas en el mundo árabe. Construye un eje que va desde el Golfo Pérsico, pasando por la mitad chiíta iraquí, la Siria de Bashar Asad y el Líbano “hezbollahizado” hasta el Mediterráneo. Más allá, otra bandera clavada en la Península Arábiga, en el Yemen, donde los hutíes, un grupo chiíta apañado por Irán, ha conquistado la capital yemenita Sanaa.

Todo este rompecabezas mesoriental, dinámico y en evolución, deja a Israel colocado entre el islam radical sunita en el sur, y el islam radical chiíta por el norte. Ambos poseen cuantiosos misiles de corto y mediano alcance, capaces de cruzar prácticamente todo Israel. No todo es oscuro: el mundo sunita moderado -el Egipto de A-Sisi en el sur, Jordania, la Autoridad Palestina de Abbas y la Arabia Saudita del inusitadamente activo Salman-, están junto con Israel en esta vuelta. Por dónde estallará la contienda primero, eso ya es cuestión de lecturas. Pero habrá contienda,  coinciden los analistas, pues todos los bandos están afilando sus espadas.

LOS MAGNÓMETROS FUERON RETIRADOS; EL GUARDIA ISRAELÍ REGRESÓ DE JORDANIA. ¿HABRÁ RELACIÓN?

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O: ¿de qué manera, la ampliación de la crisis al espacio mesoriental más amplio es justamente lo que permitió resolverla?

Luego de una nueva reunión de gabinete ayer, y por recomendación de “todos los organismos de seguirdad”, los magnómetros fueron retirados.

El hecho fue coincidente con el regreso de la delegación diplomática israelí a Israel, luego del ataque sufrido por un guardia por un ciudadano jordano armado con un cuchillo. El guardia mató a su atacante, pero se tuvo que atrincherar luego en la sede diplomática, pues las autoridades jordanas pretendían arrestarlo y juzgarlo por asesinato.

Abdallah, rey de Jordania, habló anoche con Netanyahu, seguramente de ambos temas. También Jason Greenblatt, enviado especial de Donald Trump, visitó al monarca hachemita y conversó con él de las vías para resolver la crisis.

Hoy, como está dicho, ambas situaciones han llegado a buen término, aunque no se ha publicado aún el hecho de algún acuerdo tipo “trueque” entre Netanyahu y Abdallah: magnómetros “out”, guardia de seguridad israelí “in”. Si es como suponemos, el incidente en Jordania, relacionado con los magnómetros, podría haber proporcionado a Israel una escalera para bajarse del alto árbol en el que había trepado.

En el gabinete se decidió que en seis meses se colocarán cámaras mucho más sofisticadas de las que existen hoy en día y, mientras tanto, se engrosará la presencia de efectivos policiales en la zona. Los palestinos, en tanto, dijeron que “la lucha continuará”, ellos sabrán contra qué.

Como lo analizaba para Radio Kan Amós Yadlin, del Instituto Nacional de Seguridad (INSS), no sería la primera vez que Netanyahu retrocede de esta manera. El premier israelí ya tiene experiencia en este tipo de acuerdos con Jordania. En 1997, luego de un atentado suicida doble en el Mercado Majané Yehuda en Jerusalem, Netanyahu envió una misión secreta a Jordania para acabar con la vida de Khaled Mashal, cerebro del atentado y que más tarde sería jefe del brazo político del Hamás.

El ataque fracasó, y los agentes secretos fueron arrestados. El rey de Jordania, Hussein, exigió la liberación del líder espiritual del Hamás, el Jeque Ahmad Yassin, por la liberación de los agentes asesinos fracasados. Netanyahu tuvo que aceptar. Yassin sería eliminado luego por Israel en 2004, pero hoy es un dato menor: las relaciones con Jordania son más importantes.

CONCLUSIÓN: Debido a la fuerte alianza entre Jordania e Israel, el involucramiento de los jordanos tenía que ser una buena noticia. Hoy en día, la alianza estratégica entre Israel y los países árabes sunitas moderados, de la mano de EEUU, todos en contra del bloque que van tejiendo Rusia e Irán, se va consolidando más que nunca, y una crisis de este tipo no es del interés de ninguna de las partes. Por eso, fue justamente la ampliación de la crisis de la Explanada de las Mezquitas y los magnómetros al círculo más amplio de países árabes, lo que habría permitido ponerle paños fríos luego.

LOS MAGNÓMETROS EN EL MONTE DEL TEMPLO: INFORME Y DEBATE

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“Daremos nuestra vida por Al Aqsa”. Musulmanes rezando en son de protesta fuera de la Explanada de las Mezquitas, pues se niegan a pasar por los magnómetros, custodiados por efectivos israelíes.

Por Marcelo Kisilevski

Ayer, viernes, día de descanso sagrado en el Islam, se produjeron seis muertes: tres palestinos murieron por balas de las fuerzas de seguridad israelíes en distintas manifestaciones en Jerusalén Oriental. Y a la noche, Yosef Salomón, un abuelo de 70 años y sus hijos, Elad (40) y Jaia (46), fueron asesinados por un terrorista en su casa en Jalamish, un asentamiento en Samaria, cerca de Ramallah. La nuera del abuelo se salvó junto con los niños a los que ocultó en otro cuarto. Un soldado de franco, en una casa vecina, escuchó los gritos, llegó a la casa y abatió al terrorista. La esposa de Yosef, de 68 años, sufrió heridas graves y lucha por su vida.

Ayer y hoy, los musulmanes se han negado a pasar por los detectores. Los que asistieron a las cercanías de la explanada, dentro y fuera de la Ciudad Vieja, efectuaron servicios religiosos en las calles y, luego, choques con las fuerzas de seguridad israelíes.

Como respuesta al atentado en Jalamish, el ejército ha decidido “inundar Cisjordania de tropas para dar respuesta a todo intento de ataque terrorista”. El mentado ataque fue del tipo “lobo solitario”, muy difícil de frustrar, por no haber prácticamente posibilidad de hacer inteligencia sobre él. En las fuerzas de seguridad e inteligencia expresaron su preocupación de que en las redes sociales predomina y crece de modo preocupante el discurso incitador a la violencia, temen que haya “atentados de inspiración”, es decir inspirados en el ataque en Jalamish, y explicaron que, a diferencia de otros ciclos de violencia, prácticamente no se registran voces que llamen al sosiego.

Esta noche de sábado continuaron los disturbios, registrándose por lo menos tres heridos palestinos.

El debate en Israel

¿Cuáles son las posturas en Israel acerca de la colocación de los detectores de metales o magnómetros a la entrada del Monte del Templo o Explanada de las Mezquitas?

En contra: los magnómetros se colocaron a raíz del atentado del viernes anterior, en el que dos árabes israelís de Um El Fajem asesinaron en ese mismo lugar a dos policías israelíes de la comunidad drusa. En un proceso de toma de decisión poco claro, en el que el gobierno echa la culpa a la policía y viceversa, se decidió colocar los aparatos para detección de metales. No se consultó con el ejército ni el Shin Bet. A pesar de ser medios de seguridad usuales en centros comerciales, en aeropuertos, y en todo sitio sagrado posible, desde el Kotel mismo hasta la Meca, pasando por la Plaza San Pedro en el Vaticano, no se consultó con el Waqf, la autoridad religiosa musulmana responsable por los lugares santos de esa religión en Jerusalén. Esta forma inconsulta provocó que los musulmanes lo vieran como una imposición o, peor, como un nuevo intento de hacerse con “el dominio de la mezquita de Al Aqsa por la ocupación agresora sionista”. Dentro del gabinete y de las fuerzas de seguridad crecen las voces que llaman a retirarlos y a buscar otra alternativa que satisfaga las necesidades de seguridad. Yoav Galant, miembro del gabinete y ex Jefe de Estado Mayor del ejército, dijo que revisar en check-points a 25.000 musulmanes puede llevar por lo menos cuatro horas. Agrego yo: no es recomendable en sí, ni como espectáculo ante las cámaras de TV del mundo.

A favor: como está dicho, se trata de medios de seguridad habituales en miles de lugares de encuentro público en el mundo, desde centros comerciales hasta los sitios religiosos más importantes. Pero el argumento más inteligente a favor de los magnómetros y en contra de la reacción exagerada de los musulmanes la dio Ben Dror Yemini en el matutino Yediot Ajaronot de ayer. La comparto, aunque su visión vaya más allá de este caso particular.

Cualquier cosa, dice, es interpretada por los musulmanes como “ataque al honor”. “Cuando quien es considerado líder religioso más importante del islam, Yusuf Al Kardawi, llamó a los musulmanes a completar el trabajo de Hitler, no hubo manifestaciones en Occidente. Y cuando se publican caricaturas antisemitas de modo constante en el mundo musulmán, no hay reacciones de ira por parte de judíos. Los musulmanes no son apedreados. No hemos escuchado quejas de “ataque al honor”. Pero cuando se publica una caricatura de Mahoma, o cuando se colocan magnómetros, ¿sí hay ataque al honor? Para Yemini, “hay un problema con los musulmanes: son seres humanos. Son iguales. Pero a veces insisten en que se los trate como a niños pequeños”. Y Occidente, y la izquierda, lo hacen, porque las amenazas y la violencia funcionan. Tratarlos como pequeños, eso es racismo.

Para el columnista, autor de “La industria de la mentira”, sobre los ataques contra Israel en la arena mediática mundial, no se trata de lucha contra la ocupación, sino decididamente de una guerra religiosa. “En un acto televisado por la televisión oficial de la Autoridad Palestina dijo el conductor, hombre del Fatah (de corte laico nacionalista, al menos oficialmente, MK): ‘Nuestra guerra contra los descendientes de monos y cerdos es una guerra de religión y fe’. El actual mufti de Jerusalén, Mujamad Hussein, subió al podio a continuación y leyó los conocidos versículos de incitación al odio, acerca de que ‘la resurrección de los muertos no llegará hasta que combatáis a los judíos’, agregando un llamado a matar judíos”. Esto ocurrió ya en 2012. Por entonces, no había magnómetros.

Yemini denuncia una doble moral al tratar a los musulmanes radicales que así reaccionan, una doble moral bajo el “síndrome de las bajas expectativas”. Es decir, ¿qué se puede esperar de ellos?, se pregunta el iluminado multiculturalista occidental. “No se les puede aplicar criterios occidentales pues su cultura es diferente”. Eso, dice Yemini, se llama racismo, con todas las letras. Existen algunos musulmanes que abren la boca, que se hartaron del racismo que los ve como “buenos salvajes”. Pero son los menos. Algunos lo hacen en los medios árabes regionales. Pero luego, deben vivir en el miedo permanente, cuando no con guardaespaldas.

Cuando esas voces aisladas se conviertan en una corriente significativa, será una gran noticia para el mundo en general y para el mundo musulmán en particular. Y no, ello no tiene nada que ver con la ocupación. Tiene que ver con un racismo por el cual los musulmanes se autoconvierten en inferiores. En tanto y en cuanto este autorracismo continúe, también la inferioridad continuará.

Agrego yo: el mito de “Al Aqsa está en peligro” fue una leyenda pergeñada por el nefasto Mufti de Jerusalén, Hadj Amín El Husseini, ya en los años ’20 del siglo pasado. Cada tantos años, el delirio resurge de las cenizas como el Ave Fénix, costando vidas humanas irrecuperables. Sería hora que el mundo -y los musulmanes lúcidos- ayuden a los musulmanes radicales a madurar, y a rehabilitarse de su propia pesadilla alucinógena. Por su propio bien, y por el nuestro.

Israel aprueba la duplicación de Kalkilia, ciudad palestina, en territorios C

Kalkilia

En azul, Kalkilia. En amarillo, la ampliación planificada, que duplicaría prácticamente la superficie de la ciudad, tomando territorios C, bajo control israelí según Oslo.

El gobierno israelí aprobó hoy la ampliación de la ciudad palestina de Kalkilia, que duplicará su tamaño, y la construcción de 14.000 unidades de vivienda, que darán cobijo a unas 60.000 personas. Así lo acaba de informar el Canal 2 de televisión israelí.

La zona en la que se ampliaría la ciudad, que linda con la ruta de peaje israelí 6, tomaría territorios C, bajo control del ejército israelí, según lo pactado en los Acuerdos de Oslo II. Según el periodista Udi Segal, se trataría de parte de un compromiso asumido por el premier Biniamín Netanyahu ante Donald Trump como parte de gestos de buena voluntad para poner en marcha el proceso de paz.

Los colonos de los territorios pusieron el grito en el cielo, y dijeron que se trataba de “siete veces más viviendas que lo aprobado para los colonos en los últimos años, en una ciudad de la que salieron tantos atentados terroristas contra ciudadanos israelíes”.

El antisemitismo en Chile es lo que aumenta (y no la lucha contra la ocupación)

 

Del muro de Gisela Fischman

Queridos amigos y contactos de FB:
Esta semana 13 jugadores de fútbol del Estadio Israelita jugaron un partido contra los del Estadio Palestino en el Estadio Palestino. Fueron insultados por unas doscientas personas con frases como “judios culeados”, “tus abuelos se quemaron en el horno” y otras más, una peor que la otra. Al final, fueron agredidos físicamente.
Esto está pasando hoy en Chile, no en Europa ni en Israel. El nivel de odio antisemita en las redes sociales chilenas sigue aumentando y sólo he visto reacciones de desaprobación a estos hechos en comentarios de mis contactos judíos.
El resto es silencio.
Si alguien más considera que este tipo de racismo es inaceptable, los invito a manifestar su repudio.

AGREGO YO:

El diario El Mercurio de Chile publicó una solicitada de la Federación Palestina de Chile con el famoso ícono del mapa en el que “los sionistas” van “borrando” a Palestina, en conmemoración de 50 años de ocupación. Además de ser un engaño histórico, no es un llamado a la paz basado en dos estados, sino un llamado a lo mismo que están denunciando pero al revés: borrar a Israel del mapa. No por casualidad la secuencia empieza en 1946 (cuando no había estado israelí NI palestino), no en 1967. Como respuesta, me llegó otra secuencia, que muestra los planes de paz propuestos por Israel, rechazados sistemáticamente por la parte palestina. Para mi gusto, si es una respuesta, podrían haber agregado el mapa de 1947. Aunque lo cierto es que ya ni los palestinos del Medio Oriente van tan atrás, quizás porque les da vergüenza haber tomado tan malas decisiones, una y otra vez. Los palestinos chilenos, que son cristianos (y por lo tanto les debería preocupar más la persecusión de los árabes cristianos en todo el Medio Oriente, incluida la Autoridad Palestina), buscan ser más palestinistas que los palestinos. Pero la historia no se puede falsear esgrimiendo el supuesto derecho a construir narrativas. Las narrativas están bien. La mentira histórica está mal. Pero el problema ahora es el antisemitismo galopante en Chile, y medios importantes como El Mercurio tendrían que evaluar su posición a la hora de vender espacios para mensajes problemáticos.

En las fotos, la publicación en El Mercurio, y los mapas de respuesta.

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