DRAMA EN ISRAEL: DE NUEVO A ELECCIONES

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Por Marcelo Kisilevski
 
Por primera vez en la historia de Israel, la Knesset 21° acaba de ser disuelta apenas después de un mes de haber iniciado sus sesiones, y dos meses después de las últimas elecciones. Al haberse vencido el plazo para formar coalición, el premier Biniamín Netanyahu y el Likud no esperaron a que el Presidente Reuvén Rivlin diera chance a otro diputado, como lo marca el procedimiento electoral, de formar coalición, e impulsaron la ley de disolución de la Knesset para convocar a nuevos comicios.
 
El Presidente, al fin y al cabo, cumple una función poco más que nominal, y no tiene fuerza para librar batallas político-constitucionales. Tampoco se trata de una jugada ilegal por parte de Netanyahu: en el momento en que la Knesset aprueba su propia disolución y convoca a nuevos comicios, al Ejecutivo no le queda plataforma de la cual emanar y, por más que Ganz hipotéticamente formara acuerdos coalicionarios, no habría parlamento para aprobar y sustentar tal formación. Such is life in regímenes parlamentarios.
 
Las preguntas que debe hacerse el electorado tienen que ver con el status moral de la maniobra del premier. La ejecutó porque pudo, porque las reglas del juego no lo obligan a dejar que Ganz intente siquiera tomar su turno de formar coalición si puede evitarlo: “si no yo, entonces nadie” es su lema. Su jugada no es ilegal, pero huele moralmente mal, muy mal. Cree que sus votantes entenderán que tienen que venir en masa a las urnas y votar por él, y cree que puede conseguir 40 escaños esta vez, según dijo a su círculo íntimo. La pregunta, dicen en su entorno, es si no fue demasiado lejos, y no acabará pagando un alto precio por lo que acaba de conseguir.
 
Ahora, todo vuelve a fojas cero. El 17 de septiembre habrá nuevas elecciones generales en Israel, y la campaña ha comenzado: Netanyahu ya echó la culpa a Avigdor Liberman por su fracaso en formar coalición durante los últimos 42 días, y lo calificó de “izquierdista”. El que espere resultados dramáticamente diferentes, tanto en la campaña, que estará llena de alusiones personales y escasa de ideas o propuestas, como en las elecciones mismas, puede que sufra una grave decepción. Lo mismo cabe para las negociaciones coalicionarias que habrán de seguir. Y entonces, la próxima pregunta, girará en torno a la viabilidad del sistema israelí de gobierno, en su totalidad.
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¡FELICES 71, ISRAEL!

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Por Marcelo Kisilevski

Quiero a Israel por muchas cosas. Principalmente, porque es la expresión del éxito de un valor consagrado por la comunidad internacional, incluido el progresismo mundial: el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Es quizás el país más inclusivo del mundo. Sin llenarse la boca, sino practicándolo en el terreno. Que da cabida a las más diversas expresiones, tanto religiosas y culturales como de género. Es un Estado solidario, con una sociedad que se preocupa por los más necesitados, presentando el número más grande del mundo per capita en cantidad de voluntarios en ONGs de acción social. Es el país cuyos inventos más ayudan a toda la humanidad, ya sea a los que menos problemas tienen, tipo Waze, que a mí me cambió la vida, como a los que menos, como las diversas tecnologías de producción de agua potable y agricultura en zonas inhóspitas, y los comparte con todo el planeta, pasando por la mejora a las personas con discapacidades, como Orcam, que ayuda a los ciegos a leer y reconocer caras.

Ya sé, me van a decir: “Marcelo me estás cargando? Tenés un gobierno de ultraderecha religiosa, no te podés casar por civil, las parejas jóvenes no se pueden comprar casa, el costo de vida está por las nubes, los árabes y los etíopes no están del todo integrados, el conflicto no terminó, los habitantes del sur crecen con post-trauma por los misiles de Hamás, y los palestinos siguen viendo soldados hasta en la sopa”.

Les contesto: es cierto. Por eso yo no hablo del gobierno sino del país y su gente. Al gobierno no lo voté, es más, voté a un frente táctico que tenía como fin poner fin a la hegemonía de este gobernante corrupto, atropellador y divisor. A Bibi y el paradigma que está instalando lo critico y lo combato con la palabra y con el voto porque quiero un Israel todavía mejor. No como otros, que utilizan el derecho a la crítica para llamar a su destrucción.

Porque Israel es un país maravilloso a pesar del gobierno, no gracias a él. Es el país que elegí para criar a mis hijos, que están creciendo con un horizonte de futuro, tanto en lo individual como en lo colectivo, donde podemos inculcar buenos valores porque somos libres de hacerlo, valores que tienen expresión en el terreno y no se quedan en palabras, y donde cada uno puede elegir su forma de crecer y progresar. Ya sé que esto es difícil en Israel, como en cualquier parte. Pero acá, a diferencia de otros lugares, vas logrando cosas. Aquí es donde yo soy mi mejor yo.

¿Mucho para mejorar? Claro que sí. Invito a todos los de adentro a ver la copa llena y seguir trabajando por llenar el resto. Invito a todos los de afuera a sumarse desde la positiva y venir a trabajar con nosotros por el perfil de país que seguimos soñando. Porque queremos; no porque debamos algo a los agoreros, ni a los quejosos, ni a los antisemitas camuflados.

Y esa copa, media llena o media vacía, levantémosla a la salud del logro más magnífico, seguro, del pueblo judío en toda su historia y, quizás, aunque no siempre se logre ver, de toda la historia humana. ¡Felices 71, Israel!

CUANDO LOS “COMBATIENTES POR LA PAZ” NO BUSCAN LA PAZ

Ben Dror Yemini, mi casi siempre columnista de cabecera, apoya este año que se haya evitado la entrada de los miembros palestinos del movimiento de coexistencia “Combatientes por la Paz” para una ceremonia conjunta israelí-palestina del Día de Recordación. ¿Por qué?

Años anteriores estaba bien dejarlos entrar, porque “CxP” son ex soldados israelíes y ex terroristas palestinos que entendieron que la vía de la violencia no lleva a nada, y que podemos reconciliarnos con el diálogo en la mutua comprensión. También la Corte Suprema lo entendió así.

Pero este año algo cambió. Hace 6 meses “CxP” publicó un video de propaganda en favor del llamado “Derecho al retorno de los refugiados palestinos”. No existe tal derecho. Decenas de millones de personas perdieron sus hogares durante el siglo 20.

Fue como resultado de un proceso de derrumbe de los imperios, intercambios de poblaciones y creación de los estados nación. Luego de pocos años, todos dejaron de ser refugiados. Ninguno de todos esos millones, todos echados con lo puesto, tuvo “derecho al retorno”.

Eso incluyó a 800.000 judíos expulsados de los países árabes (el mismo número que los refugiados palestinos originales) en venganza por la creación de Israel. Por no hablar de los millones de masacrados en la Shoá y las centenas de miles de judíos sobrevivientes, desplazados que no pudieron “retornar” luego a sus casas en toda Europa.

Dos millones de alemanes fueron expulsados de Polonia. 7 millones de musulmanes fueron expulsados de la India, otros 7 millones de hindúes lo fueron de Pakistán. 2 millones fueron masacrados en el camino. Nadie habla hoy de refugiados hindúes, o pakistaníes, o judíos o alemanes.

Desde que se creó el problema de los refugiados, éste no tuvo como objeto alcanzar la paz sino destruir a Israel como país con mayoría judía. Lo dijo, en 1949, el canciller egipcio, Muhamad Salah-A-Din: “La demanda de retorno de los refugiados es la demanda de destruir Israel”.

Nasser, pte. egipcio, 1960: “Si los refugiados vuelven a Israel, será el fin de Israel”. Yasser Arafat, 1998 (5 años después de los Acuerdos de Oslo!): “El tema de los refugiados palestinos es nuestra carta ganadora en pos de la destrucción de Israel”.

Durante las décadas que pasaron desde Oslo, los palestinos rechazaron todass las propuestas israelíes de un Estado en 95% de Cisjordania, 100% de Gaza y compensación territorial. El problema no eran los asentamientos sino el tema de los refugiados.

Como lo dijo Farouk Kadumi (alto funcionario y negociador palestino) en 2002: “El retorno de los refugiados a Haifa y Acco (dentro de Israel) es más importante que obtener un Estado”.

Así, el rechazo palestino a la fórmula de “2 Estados para 2 pueblos” se origina en que ello implicaría el fin -explícito o tácito- de la demanda de retorno masivo de los refugiados a territorio israelí.

La izquierda sionista israelí, dice Yemini, debería no solamente presionar al gobierno de la derecha israelí con el fin de los asentamientos, sino poner en claro a la parte palestina que su reclamo de “derecho al retorno” es una demanda de suicidio nacional para Israel.

Ello no ocurrirá. Pero cuando una organización como “Combatientes por la Paz” adopta la postura del “Frente del Rechazo” árabe y palestino, impulsando el derecho al retorno, no está impulsando ninguna paz, sino la continuación del rechazo.

“CxP”, al adoptar la lucha por el “derecho al retorno”, está adoptando la postura de aquellos que se levantaron para asesinar, que no luchan contra el “fin de la ocupación en Cisjordania y Gaza”, sino contra la mismísima existencia del Estado de Israel.

El progresismo israelí apoya la solución de 2 Estados étnicos, uno palestino y uno judío, que vivan en paz, seguridad y buena vecindad uno al lado del otro, pero no por medio del “derecho al retorno”. Incluso Meretz se opone a tal derecho.

Desde el momento en que “CxP”, responsable por la organización de la ceremonia conjunta del Día de Recordación, adopta el “derecho al retorno” como bandera, destinado a poner fin a la existencia de Israel, ha cruzado las líneas.

Por eso, la Corte Suprema y los izquierdistas israelíes de buena fe, no debieran apoyar esta ceremonia conjunta, que se ha convertido en una estafa intelectual y política.

CULPAR A ISRAEL POR EL TERRORISMO NO LO EXPLICA. SOLO LO JUSTIFICA

Sri Lanka“Busquen otro cuello del cual colgarse” es el título de la columna de Ben Dror Yemini este fin de semana en el diario israelí Yediot Ajaronot. Aproximadamente 253 personas han sido asesinadas en Sri Lanka, en una acción terrorista que pasa a ocupar el cuarto lugar en la escala de la muerte homicida desde las Torres Gemelas, dice Yemini. Buscamos razones para el terrorismo. Enseguida después del atentado en EEUU aparecieron ríos de tinta con el título: “¿Por qué nos odian?” Es por nosotros, respondieron demasiados académicos de las carreras ligadas a Medio Oriente. Es por la presencia norteamericana en los países musulmanes. Es por el apoyo a Israel. Más que explicaciones, se trató de justificaciones.

¿Qué dirán ahora todos aquellos, como Jimmy Carter o la canciller sueca, que luego de todo acto terrorista en Occidente culpan a Israel y sostienen seriamente que todo es por la opresión a los palestinos? Ya encontrarán algo. Pero todas esas excusas eran dudosas desde un principio. En especial por el hecho de que la mayor parte de las víctimas del terror jihadista son otros musulmanes. El segundo atentado en la escala de la muerte fue en Mogadishu en 2017, cuando 587 personas, todos musulmanes, fueron asesinadas por medio de un camión bomba. El tercer atentado en la escala ocurrió en la mezquita A-Rauda en el norte del Sinaí egipcio. 309 víctimas asesinadas. Es cierto que estamos más expuestos al terrorismo perpetrado en Londres o París, pero, de hecho, más del 95% de los atentados del terrorismo jihadista ocurre en el Tercer Mundo, y la mayoría de las víctimas son musulmanes asesinados por otros musulmanes. Esta vez se trató en especial de residentes de Sri Lanka, un país pobre, que no maltrata a los musulmanes, que no ocupa nada ni a nadie.

El terrorismo jihadista no apunta a liberación alguna. Se trata de una “industria de la muerte”, como lo denominara el mismo Hassan Al-Banna, fundador de la Hermandad Musulmana egipcia ya en 1928, matriz de todos los grupos terroristas musulmanes sunitas como Hamás, ISIS, Al Qaeda. En 12 distritos, por dar un solo ejemplo, que constituyen cerca de medio territorio de todo Nigeria, fue impuesta la Sharía, la ley islámica estricta. Eso no sirve ni ayuda a los musulmanes que viven en dichos territorios. Ellos han sido convertidos en víctimas de Boqo Haram, una de las organizaciones jihadistas más mortíferas de la última década.

De ese modo, la industria de las justificaciones se ha convertido en patética y ridícula cuando se le oponen los hechos. Los esfuerzos por ser simpáticos y empáticos no servirán de nada frente a la Jihad. Esta carece de interés alguno en la libertad, ni en el multiculturalismo ni en la justicia. Se trata de un terrorismo que busca convertir al mundo entero en un lugar oscuro, en especial por medio de sembrar el pánico y el horror. La lucha contra el terrorismo es dura. Muy dura. Pero la industria de las justificaciones, otro tumor crecido de las corrientes de la idiotez que se han apoderado del pensamiento académico, vuelve esa lucha más dura aún.

ROTEM SELA VS. BIBI NETANYAHU: ¿QUÉ NOS TIENE QUE PREOCUPAR?

RotemBibi

Por Marcelo Kisilevski

Todo comenzó con una entrevista a Miri Reguev por Rina Matzlíaj en la tele. La ministra de Cultura y Deportes, y alcahueta voluntaria del premier Netanyahu, en medio de las repeticiones de que Benny Gantz y Yair Lapid (Kajol-Laván) “son la izquierda”, fogoneaba, como nena buena de Bibi, que “Kajol-Laván tiene que admitir que para formar un bloque ganador tendrán que usar los votos de los diputados árabes”. Rotem Sela, exitosa modelo y actriz, le salió al cruce en su cuenta de Instagram: “Y yo me pregunto por qué Rina no le pregunta asqueada: ‘¿Y cuál es el problema con los árabes? Dios mío, hay también ciudadanos árabes. ¿Cuándo carajo alguien en este gobierno dirá a la sociedad que Israel es el Estado de todos sus ciudadanos y que todos los seres humanos nacimos iguales? Y que los árabes, oh sorpresa, también son seres humanos. Y también los drusos, los gays, de paso, y también… ¡shock!… los izquierdistas.”

Ahí intervino Biniamín Netanayhu que, cual Superman (o Superpibe, que salía al ring a ayudar a su amigo Pepino el Gran Payaso, décadas atrás en Titanes en el Ring), a través de su canal de Youtube, “Likud TV” (de paso, ya tiene un diario, Israel Hayom, ahora un canal para su campaña; es el político más cubierto del país, pero se queja de que los medios están en su contra; parece que está en el ADN de los gobernantes populistas quejarse de eso), la reprendió como buen patriarca: “Rotem querida, Israel no es el Estado de todos sus ciudadanos. Según la ‘Ley Fundamental: La Nación’ que aprobamos, Israel es el Estado nación del pueblo judío, y solamente de él. Como has escrito, no hay ningún problema con los ciudadanos árabes. Son iguales en derechos a todos nosotros, y el gobierno del Likud ha invertido en el sector árabe más que ningún otro gobierno. Todo lo que buscamos es aclarar la pregunta central de estas elecciones: la opción es entre un gobierno de derecha fuerte bajo mi conducción, o un gobierno de la izquierda al mando de Lapid y Gantz con el apoyo de los partidos árabes. Lapid y Gantz no tienen otra manera de formar coalición, y un gobierno tal desestabilizará la seguridad del Estado y sus ciudadanos. La definición: en un mes en las urnas. Que tengas buen día”.

Tengo mucho para decir al respecto. Primero, que es lo más divertido que le ha pasado hasta ahora a esta campaña electoral, en la que, en lugar de hablar de esencia, se habla de esto. De Rotem Sela contra Bibi Netanyahu y Miri Reguev. Después les digo cuál es la esencia, porque todavía tengo un poco de dignidad intelectual.

Segundo: se armaron sectores en Israel, en este rincón los amigos de Sela, y en este otro los de Bibi. Los primeros, que incluyeron nada menos que a Gal Gadot, nuestra Wonder Woman internacional, aplaudiendo el coraje de Rotem Sela que, por su parte, avisó por su cuenta de Instagram que a pesar de todas las cosas horribles que escribieron sobre ella, no renunciará a su libertad de expresión. También su compañero de ruta en la pantalla, el conductor Asi Azar, obviamente, se alineó con ella. También la modelo Esti Ginzburg, y más o menos toda la farándula israelí.

Pero también, la prensa, que incluyó a la analista política Sima Kadmón, de Yediot Ajaronot, que se mostró escandalizada por todo el escándalo: “Lo que tiene que escandalizar es el escándalo con que fueron recibidas las palabras de la modelo. Las tomaron como un ‘acto de coraje’. Qué terrible es pensar que en un país como el nuestro, las cosas que dijo Sela sobre los árabes israelíes, cosas que tienen que ser obvias, sean consideradas como algo heroico”.

En un país normal, agrego yo, Rotem Sela tendría que poder hablar de lo que se le antoje sin despertar semejante bolonqui. Pero, del otro lado, lo mismo puede decirse de la respuesta de Bibi. Si Rotem tiene derecho a hablar, no tiene por qué escandalizarse si otro ser humano en esta democracia, le contesta. Por más que ese ser humano sea el primer ministro de Israel. ¿Te trató paternalistamente? ¿Machistamente? Bueno, decíselo y listo. Y así seguirán dialogando. Porque en Israel se puede.

Sí, ya sé que Rotem Sela se refería más a los comentaristas de su post en Instagram, que no le van en saga a los más verbalmente violentos del mundo. Pero a hacerse de abajo, que si hablás, seguramente te van a contestar. Es el maravilloso mundo de las redes, cuando atravesás la vidriera inofensiva de las fotos felices.

También se habló, otra vez, y ya me tienen medio harto, de la vieja cuestión de los artistas y la política: ¿tienen derecho a emitir opinión política quienes se dedican al entretenimiento? Y yo contesto: ¿por qué en este caso se debate eso y no cuando otras celebridades se pasan a la política? ¿Quizás porque solo surge cuando la que se expresa es una mujer, que encima responde a cierto estereotipo que ya creíamos extinguido, el de la rubia boba? Si es así, váyanse todos al carajo. Que esto, creíamos, era una democracia. ¡Rotem Sela (que de boba no tiene un pelo) Primera Ministra!

Un párrafo solamente sobre la esencia de estas elecciones. No, no son sobre entregar o no entregar territorios a los palestinos. Giran en cambio, sobre otro eje: o un régimen corrupto que ha hecho desmoronarse la cultura política y la sociedad israelí a un camino de inmoralidad, atropello al Poder Judicial, racismo y división social, o la recuperación de un país con reglas de juego democráticas sanas y solidaridad social, en el que podamos volver a una discusión derecha-izquierda que, hoy por hoy, es irrelevante.

¿POR QUÉ GANA NETANYAHU? O: DE ILUSIONES MENTALES TAMBIÉN SE SOBREVIVE

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Por Marcelo Kisilevski

Los preparativos para las elecciones en Israel del 9 de abril avanzan, nuevos partidos surgen como hongos, todos con visos personalistas, y uno se pregunta adónde fue a parar el parlamentarismo israelí, donde todavía legalmente votamos por listas enteras y no por figuras. Pero ahí estamos, como en todo el planeta, votando figuras. Si es así, el ex Comandante en Jefe del ejército, Beny Ganz, la más nueva de ellas, hace bien en intentar reclutar a más celebridades que refuercen este patrón, como la conductora televisiva Miki Jaimovich, entre otros.

Mientras tanto, uno se pregunta: ¿por qué gana Bibi Netanyahu una y otra vez? Lo hará nuevamente, a menos que su sentido de la ética lo haga retirar su candidatura cuando el Asesor Letrado Avijai Mandelblit decida procesarlo “sujeto a audiencia”. Pero nadie con sentido común lo prevé, y los encargados de campaña del Likud ya han anunciado que toda la propaganda electoral de ese partido girará en torno a la persecución en su contra por parte de la justicia y la “prensa izquierdista”.

La respuesta, desde mi punto de vista, es: Netanyahu, ya consagrado como el político más hábil de la historia (superando incluso a Ben Gurión, que tuvo como viento de cola haber surgido como líder en la era de los liderazgos carismáticos de masas del siglo 20; es interesante preguntarse qué tal le iría en nuestros tiempos), ha logrado efectuar el siguiente truco de prestidigitador: si durante el mandato de un partido de izquierda ocurrieran atentados, manifestaciones violentas en el borde con Gaza, globos y barriletes incendiarios, continuación del terrorismo de los cuchillos, la izquierda sería lanzada por todas las escalinatas y será defenestrada (o sea, lanzada desde todas las ventanas) en los siguientes comicios.

Pero si exactamente eso es lo que le pasa a un gobierno de Netanyahu, como ha ocurrido y ocurre, todo eso no le juega en contra, sino que, muy por el contrario, es precisamente la prueba de que solo un gobierno de Netanyahu debe seguir estando en ese lugar y seguir enfrentando “con éxito” al terrorismo y a la violencia del Hamás. ¿De verdad se puede afirmar esto con seriedad? La izquierda debería ser castigada por esto, pero la derecha debe continuar gobernando.

Extraño, ¿verdad? El psicólogo social israelí consagrado en EEUU, Dan Arieli, en su libro “No racionales, y no por casualidad”, explica que las ilusiones ópticas tienen la magia de que, aun cuando entendemos el truco, éste sigue funcionando y, la próxima vez que miremos la imagen ilusoria, seguirá ejerciendo el mismo efecto en nosotros. Y si la vista es el sentido que más utilizamos, el más aguzado, imaginen, dice Arieli, lo que ocurre con las ilusiones mentales.

De modo que, aun quienes hayan comprendido la irracionalidad de votar a Netanyahu después de todo lo malo que ha ocurrido en su gobierno, seguirán preguntando: ¿qué otra alternativa hay? ¿Quién podrá reemplazarlo? Después de todo, sigue haciendo falta una mano dura contra el Hamás. ¿De verdad dicen eso? Sí, de verdad.

Pero que quede claro: Netanyahu no es irreemplazable. Como mucho, es imbatible, que es algo bien diferente. Otros, muchos y buenos, pueden ser excelentes gobernantes de Israel. El país debe entrar en una dinámica diferente, en la que se rompa el círculo vicioso de la violencia seguida de inacción, y entrar en otra bien distinta, de mano dura llegado el inevitable caso, sí, pero seguida de acción política y diplomática intensiva, aprovechando el nuevo cuadro de alianzas en el Oriente Medio, y eso antes de que EEUU decida retirarse del todo de la arena, antes de que Abu Mazen se muera, aprovechando el nuevo liderazgo de Putin en la región, que todavía no es hostil a Israel, sino incluso al contrario, y varios y buenos factores más, con el fin de prevenir el próximo operativo.

Y eso no lo puede hacer Netanyahu. El actual primer ministro, que parece que es también el próximo, solo puede reproducir hasta el cansancio su bonito truco de prestidigitación mental. Después de todo, ¿por qué cambiar una fórmula ganadora?

TRUMP NO ES EMPLEADO DE ISRAEL, PUTIN TAMPOCO

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Siria y el Medio Oriente a manos de Putin, en bandeja de plata.

Por Marcelo Kisilevski

El que pensaba que Israel tenía el presidente norteamericano más favorable a Israel de la historia, solo porque tiene un yerno judío y una hija convertida al judaísmo, y por haber mudado la embajada a Jerusalén, que piense de nuevo. Su decisión de esta semana de retirar a sus dos mil soldados de suelo sirio, con la oposición del Pentágono, de la Secretaría de Defensa y del partido Republicano, demuestran que Trump no está en el bolsillo de nadie. Mucho menos en el de Israel.

Ya desde la administración Obama se viene dando un proceso de retirada norteamericana del Medio Oriente, dejando un tendal. Cuando la retirada de Obama de Irak, se dijo de EEUU que había cometido dos errores: entrar en Irak en 2003, y salir de Irak en 2014. La invasión fue un error porque Saddam Hussein no tenía armas no convencionales, causal de la guerra, y porque el corolario fue el derrocamiento del dictador, que era brutal y genocida, pero que oponía un dique para algo peor: la expansión de la revolución islámica radical chiíta iraní por todo el mundo árabe y una hegemonía iraní en todo el Medio Oriente.

La retirada en 2014 fue el segundo error, precisamente por eso. Desde entonces ya no existe tampoco un dique norteamericano, e Irán, lento pero seguro, ha ido plantando sus banderas, hasta ahora, en cuatro países y medio:

-En Irak, el gobierno chiíta pero árabe, ya se debate en el abrazo de oso iraní, chiíta pero persa, poderoso y con ambiciones; en Siria, la presencia militar ya es inamovible y, una vez retirado Trump, e instalado Putin a sus anchas, no habrá incursión israelí que modifique la situación.

-En el Líbano Irán posee –con todo lo que implica la “posesión” de personas y armas- a Hezbollah.

-En Yemen, la minoría houthi, chiítas protegidos por Irán, han tomado la capital Sanaa y provocado una guerra que ya no es civil, sino el enfrentamiento encarnizado entre Irán y Arabia Saudita sobre los cuerpos de la población yemenita, en lo que constituye la crisis humanitaria más grande de la historia post Segunda Guerra Mundial, con ya más de 80.000 niños muertos por bombardeos e inanición. Habría que preguntar dónde se han escondido todos los militantes por los derechos humanos de Occidente, o algún BDS anti saudita y anti iraní en estos días, ante la noticia de decenas de miles de niños, entre más decenas de miles de muertos de todas las edades, muertos literalmente de hambre. Pero parece que las vidas de niños yemenitas no valen tanto el esfuerzo.

-Y nos falta nombrar el medio país: Gaza. Allí, Irán sostiene de modo intermitente a Hamás, y de modo permanente a la Jihad Islámica, quedando armado así un movimiento de pinzas contra Israel, cuya destrucción es parte del programa de Estado iraní: Hamás por el sur, Hezbollah por el norte, y que Israel decida de quién se defiende primero y de qué manera.

Con esto se va completando un corredor geopolítico iraní entre el Golfo Pérsico y el Mediterráneo, que pasa por el centro chiíta de Irak y la Siria de Bashar el Assad, amenazando de modo ominoso a Israel por el norte y por el sur.

La “compleja” mentalidad norteamericana

EEUU, jamás entendió el conflicto en el Medio Oriente entre chiítas y sunitas, ni el enfrentamiento entre fuerzas nacionalistas dictatoriales laicas, por un lado, e islamistas radicales, por el otro. Para la mentalidad norteamericana, solo existen los términos “democracia o dictadura”, “terrorismo o calma”, intereses petroleros defendibles o no defendibles, o bien, crudo necesario o innecesario. En ese sentido no hay corte entre Trump y Obama. La única discontinuidad de políticas –no de superficialidad- se da en Siria.

Cuando Obama exigía una solución que no incluyera a Assad, se movía sobre el eje democracia-dictadura que venía desde las primaveras árabes. Con esa misma y estrecha visión, ya había apoyado la primavera árabe en Egipto, por tratarse de un reclamo de democracia, y provocado caída de un aliado, Hosni Mubarak, dictatorial, por cierto, pero conllevando a una catástrofe peor, la de un Egipto gobernado por la Hermandad Musulmana, lo que ese país tuvo que “corregir” con el advenimiento de otra dictadura laica, la del actual Abed El Fatah A-Sisi. La democracia te la debo.

Cuando hoy Trump se retira de Siria, en cambio, está girando sobre el eje terrorismo-calma: “Si Putin y Assad combaten a ISIS igual que nosotros, no entiendo por qué hay que derrocar a Assad”, dijo en su momento el empresario devenido presidente, siempre tan profundo. Tampoco en la actual Casa Blanca tienen importancia medio millón de muertes y doce millones de personas convertidas en refugiados y desplazados. Así de simplistas y peligrosas son las visiones norteamericanas de los asuntos de este barrio.

Según Alón Pinkas, quien fuera Cónsul General de Israel en Nueva York, las motivaciones de Trump y de EEUU en general para esta retirada, vinculadas a procesos propios, tienen cuatro motivos centrales:

1) Independencia energética: EEUU no requiere ya más del petróleo del Medio Oriente, pudiendo producir por sí mismo más petróleo que Arabia Saudita y Rusia juntos, gracias a sus nuevas tecnologías de perforación.

2) Fatiga y desangramiento continuados como resultado de las aventuras militares en Afganistán e Irak.

3) Toma de conciencia y decepción continuas respecto del mundo árabe, y la no necesidad de acuerdos pro-norteamericanos para frenar a la Unión Soviética, ya inexistente.

4) Mudanza del foco de las preocupaciones norteamericanas al Lejano Oriente y, en particular, el tsunami geopolítico chino.

Irán, dice Pinkas, sigue siendo una preocupación debido a sus ambiciones nucleares, pero no se requiere presencia militar en Siria para hacerle frente.

Ganadores y perdedores

El gran ganador de esta partida se llama Vladimir Putin, a quien Trump acaba de entregarle Siria en bandeja de plata, convirtiéndose en el nuevo sheriff de la región. Para eso ha trabajado duro, ha invertido, enviado aviones y pilotos, bombardeado directamente –y no solo a través de testaferros sirios- a civiles de ese país, y hecho la vista gorda a la penetración iraní. Putin se lleva un merecido premio que, quizás, le haga ganar otro: la vista gorda occidental, definitiva, en Crimea.

Putin no es anti israelí, pero tampoco él cobra sueldo en la ventanilla del despacho de Biniamín Netanyahu. Así lo demuestra, por un lado, la posibilidad del premier israelí de coordinar posiciones con su par ruso en cuanto a las incursiones hechas hasta ahora en suelo sirio y, por otro, el incidente con el derribamiento del avión de combate ruso, del cual Putin culpa a Israel.

Putin sí tiene interés en el petróleo mesoriental y en la posibilidad de dar salida a armas de su fabricación, para bien de la implosiva economía rusa. Putin ya ha anunciado que ampliará sus bases militares en la costa mediterránea siria. Y, una vez retirado Trump, habrá que estar atentos a la actitud de Putin para con Israel de acá en más.

Los que pierden allí son los kurdos. El bolsón kurdo generado en el noreste sirio está asediado por Assad desde el sur y por Erdogán, el mandatario turco, por el norte. Una vez retirado EEUU, traicionando una vez más a sus aliados, 2019 podría ser también el fin del sueño independentista de unos kurdos que hoy temen, lisa y llanamente, por sus vidas.

Y el que pierde, también, es Israel. Este país deberá pensarse ahora en una realidad mesoriental con un nuevo patrón, Putin, una realidad en la que Irán queda definitivamente instalado en Siria, y la volatilidad de la frontera con el Líbano ya no cuenta con una disuasión norteamericana. El mensaje es que esta dinámica entre Irán y el mundo árabe, fogoneada por Rusia, y en la que Israel se siente el pato de la boda, ya no es problema de Washington, y 2019 podría ser un año de estallidos violentos varios en su frontera norte, no solo en Gaza. No por nada la respuesta de un malherido y traicionado Netanyahu a la noticia de la retirada norteamericana en Siria fue lacónica, hasta, se diría, triste: “Israel sabrá defenderse”.

Muchos en Israel habían advertido de que la mudanza de la embajada a Jerusalén podría tener un precio posterior. Quizás sea este. Quizás siga con el “Plan de paz del siglo” a ser propuesto por Trump para resolver el conflicto con los palestinos. Quizás esta retirada sea un bofetazo demasiado desproporcionado contra Israel. Y, dado que, también se dice, la amistad entre EEUU e Israel es profunda y trasciende presidentes pasajeros, habrá que ver de qué manera se sigue poniendo de manifiesto de acá en más.