Por qué voté Unión Democrática en Israel

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Por Marcelo Kisilevski

Me preguntaron por qué cambié mi voto de abril a septiembre, primerea y segunda “fecha” de las elecciones en Israel 2019, de Azul-Blanco (Gantz – Lapid) a Unión Democrática (Meretz + Stav Shaffir + Ehud Barak), así que aquí va.

Unión Democrática (Majané Democrati) no existía en abril. Toda la vida había votado a Meretz, pero en los dos ultimos comicios ya no pude. La realidad había cambiado demasiado desde los años de Oslo, cuando se consolidó el frente de izquierda Meretz, pero su plataforma no cambió sustancialmente. En concreto, los palestinos ya no eran ni son la misma parte “indefensa” en el conflicto. La Autoridad Palestina es un proto-estado con tres poderes, con fuerzas armadas (policía y servicios secretos varios), sistema de justicia, sistema de gobierno, responsabilidad de estado por su población y por la creación de consenso a favor de un acuerdo de convivencia con Israel en base a dos Estados. El liderazgo palestino tiene una parte importante en el estancamiento del proceso de paz, tanto como la parte israelí.

Dos argumentos nos guiaban en los años ’90: 1) Israel es más fuerte y controla a otro pueblo, por lo tanto es el que puede definir el fin de la ocupación y del conflicto con solo “apretar un botón”. 2) Yo como israelí puedo ocuparme de los extremistas de mi lado; que de los extremistas palestinos se ocupen ellos.

El problema es que, desde Oslo, no siempre gobernó la derecha y, sin embargo, todos los intentos israelíes por avanzar en el proceso de paz fracasaron por el rechazo palestino, justificado o no, pero acompañado de violencia, en lugar de contrapropuestas y continuación de negociaciones. Incluso la retirada de Gaza, que, aunque fue hecha sin acuerdo constituye un claro “principio del fin de la ocupación”, también fue respondida con violencia. Una violencia que arrastramos hasta hoy.

Voté primero a Itzjak (Buyi) Herzog, no porque el Laborismo pareciera una fuerza viable, sino porque Herzog decía lo que yo, en tiempos del operativo Margen Protector: “No hay otra, hay que dar un golpe fuerte al Hamás. Pero después hay que ir a tocar la puerta de Abbas y buscar una solución política”. En otras palabras, lo cortés no quita lo valiente, y viceversa.

Después, en abril de este año, voté por Kajol-Laván, como voto estratégico, para poner fin de una vez a la hegemonía de Netanyahu y la decadencia moral que su gobierno ha traído, junto con el estancamiento de todo proceso de paz y el “clima de anexión” que se va instalando en el discurso, dos elementos que nos pueden acabar llevando a un Estado binacional y al fin del Estado con mayoría judía en Israel. Israel no es el único responsable de la perpetuación del conflicto, pero eso no significa que esté haciendo lo suficiente por ponerle fin. La intransigencia palestina sólo le provoca un placer casi orgásmico a Biniamín Netanyahu.

Entonces vino la unión de Meretz con Stav Shaffir y Ehud Barak. Este último no es santo de mi devoción. Barak es, después de Netanyahu, el mejor sinónimo de ego y corrupción (sin igualarlo). Pero su paso al costado, colocándose como irreal número 10 en la lista, lo redime aunque sea en parte. Su discurso combina la necesidad de volver a la mesa de negociaciones con una firme concepción de seguridad y defensa.

Stav Shaffir, por su parte, no sólo trae juventud, también trae una lucha a capa y espada contra la corrupción, una acción ya demostrada en la Comisión de Finanzas por la transparencia presupuestaria, y un discurso que devuelve la palabra “sionismo” sin vergüenza a la izquierda sionista israelí. Quiero un Estado que no se avergüence de su carácter nacional judío, con respeto, con la mano tendida, con igualdad y libertad a las minorías, pero orgullosamente judío. Es por lo que luchó la izquierda sionista desde siempre, y es en lo que creo.

Cuando la gente de Meretz me dice: “¿Pero dónde leíste que Meretz no se considere orgullosamente sionista? ¿Cuándo nos viste aplaudir la intransigencia de Mahmud Abbas?”, yo respondo que tampoco he visto lo contrario. El orgullo sionista, así como la condena al terrorismo (o, aunque más no sea, una amistosa pero firme crítica constructiva) a la parte palestina en el conflicto, no pueden ser por omisión.

Pero en lo demás sigo coincidiendo con Meretz: un Israel inclusivo, progresista, la necesidad de modificar la Ley Básica: Israel, cuna nacional del pueblo judío, de modo que incluya la dimensión democrática y de igualdad para todos sus habitantes al mismo nivel que su carácter nacional judío, y la devolución al árabe de su carácter de lengua oficial junto con el hebreo; la defensa de los débiles de la sociedad; la igualdad de derechos para la comunidad LGTB, la lucha contra la violencia de género, el fortalecimiento de los resortes del Estado de bienestar, la separación entre religión y Estado y el fin de la compulsión religiosa como políticas públicas -es decir, desde el respeto y tolerancia hacia los religiosos en sí-, etc. En general, una concepción de mirada hacia el futuro, con democracia, con inclusión, con tolerancia, sin complejo de inferioridad, con capacidad para, una vez más, tomar la historia en nuestras manos con optimismo y, en alerta, pero sin paranoia.

En lo táctico, el frente de Gantz-Lapid gozaba de buena salud, pero la existencia de Meretz, Majané Democrati, y el bloque de la izquierda en general, quedaban en peligro de extinción, otra razón para votar por el espacio de mis amores.

Por todo eso, mi voto por Majané Democrati fue natural, una especie de “regreso a casa”. El resultado pudo haber sido mejor. Pero yo gané.

 

 

 

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DRAMA EN ISRAEL: DE NUEVO A ELECCIONES

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Por Marcelo Kisilevski
 
Por primera vez en la historia de Israel, la Knesset 21° acaba de ser disuelta apenas después de un mes de haber iniciado sus sesiones, y dos meses después de las últimas elecciones. Al haberse vencido el plazo para formar coalición, el premier Biniamín Netanyahu y el Likud no esperaron a que el Presidente Reuvén Rivlin diera chance a otro diputado, como lo marca el procedimiento electoral, de formar coalición, e impulsaron la ley de disolución de la Knesset para convocar a nuevos comicios.
 
El Presidente, al fin y al cabo, cumple una función poco más que nominal, y no tiene fuerza para librar batallas político-constitucionales. Tampoco se trata de una jugada ilegal por parte de Netanyahu: en el momento en que la Knesset aprueba su propia disolución y convoca a nuevos comicios, al Ejecutivo no le queda plataforma de la cual emanar y, por más que Ganz hipotéticamente formara acuerdos coalicionarios, no habría parlamento para aprobar y sustentar tal formación. Such is life in regímenes parlamentarios.
 
Las preguntas que debe hacerse el electorado tienen que ver con el status moral de la maniobra del premier. La ejecutó porque pudo, porque las reglas del juego no lo obligan a dejar que Ganz intente siquiera tomar su turno de formar coalición si puede evitarlo: “si no yo, entonces nadie” es su lema. Su jugada no es ilegal, pero huele moralmente mal, muy mal. Cree que sus votantes entenderán que tienen que venir en masa a las urnas y votar por él, y cree que puede conseguir 40 escaños esta vez, según dijo a su círculo íntimo. La pregunta, dicen en su entorno, es si no fue demasiado lejos, y no acabará pagando un alto precio por lo que acaba de conseguir.
 
Ahora, todo vuelve a fojas cero. El 17 de septiembre habrá nuevas elecciones generales en Israel, y la campaña ha comenzado: Netanyahu ya echó la culpa a Avigdor Liberman por su fracaso en formar coalición durante los últimos 42 días, y lo calificó de “izquierdista”. El que espere resultados dramáticamente diferentes, tanto en la campaña, que estará llena de alusiones personales y escasa de ideas o propuestas, como en las elecciones mismas, puede que sufra una grave decepción. Lo mismo cabe para las negociaciones coalicionarias que habrán de seguir. Y entonces, la próxima pregunta, girará en torno a la viabilidad del sistema israelí de gobierno, en su totalidad.

¡FELICES 71, ISRAEL!

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Por Marcelo Kisilevski

Quiero a Israel por muchas cosas. Principalmente, porque es la expresión del éxito de un valor consagrado por la comunidad internacional, incluido el progresismo mundial: el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Es quizás el país más inclusivo del mundo. Sin llenarse la boca, sino practicándolo en el terreno. Que da cabida a las más diversas expresiones, tanto religiosas y culturales como de género. Es un Estado solidario, con una sociedad que se preocupa por los más necesitados, presentando el número más grande del mundo per capita en cantidad de voluntarios en ONGs de acción social. Es el país cuyos inventos más ayudan a toda la humanidad, ya sea a los que menos problemas tienen, tipo Waze, que a mí me cambió la vida, como a los que menos, como las diversas tecnologías de producción de agua potable y agricultura en zonas inhóspitas, y los comparte con todo el planeta, pasando por la mejora a las personas con discapacidades, como Orcam, que ayuda a los ciegos a leer y reconocer caras.

Ya sé, me van a decir: “Marcelo me estás cargando? Tenés un gobierno de ultraderecha religiosa, no te podés casar por civil, las parejas jóvenes no se pueden comprar casa, el costo de vida está por las nubes, los árabes y los etíopes no están del todo integrados, el conflicto no terminó, los habitantes del sur crecen con post-trauma por los misiles de Hamás, y los palestinos siguen viendo soldados hasta en la sopa”.

Les contesto: es cierto. Por eso yo no hablo del gobierno sino del país y su gente. Al gobierno no lo voté, es más, voté a un frente táctico que tenía como fin poner fin a la hegemonía de este gobernante corrupto, atropellador y divisor. A Bibi y el paradigma que está instalando lo critico y lo combato con la palabra y con el voto porque quiero un Israel todavía mejor. No como otros, que utilizan el derecho a la crítica para llamar a su destrucción.

Porque Israel es un país maravilloso a pesar del gobierno, no gracias a él. Es el país que elegí para criar a mis hijos, que están creciendo con un horizonte de futuro, tanto en lo individual como en lo colectivo, donde podemos inculcar buenos valores porque somos libres de hacerlo, valores que tienen expresión en el terreno y no se quedan en palabras, y donde cada uno puede elegir su forma de crecer y progresar. Ya sé que esto es difícil en Israel, como en cualquier parte. Pero acá, a diferencia de otros lugares, vas logrando cosas. Aquí es donde yo soy mi mejor yo.

¿Mucho para mejorar? Claro que sí. Invito a todos los de adentro a ver la copa llena y seguir trabajando por llenar el resto. Invito a todos los de afuera a sumarse desde la positiva y venir a trabajar con nosotros por el perfil de país que seguimos soñando. Porque queremos; no porque debamos algo a los agoreros, ni a los quejosos, ni a los antisemitas camuflados.

Y esa copa, media llena o media vacía, levantémosla a la salud del logro más magnífico, seguro, del pueblo judío en toda su historia y, quizás, aunque no siempre se logre ver, de toda la historia humana. ¡Felices 71, Israel!

CUANDO LOS “COMBATIENTES POR LA PAZ” NO BUSCAN LA PAZ

Ben Dror Yemini, mi casi siempre columnista de cabecera, apoya este año que se haya evitado la entrada de los miembros palestinos del movimiento de coexistencia “Combatientes por la Paz” para una ceremonia conjunta israelí-palestina del Día de Recordación. ¿Por qué?

Años anteriores estaba bien dejarlos entrar, porque “CxP” son ex soldados israelíes y ex terroristas palestinos que entendieron que la vía de la violencia no lleva a nada, y que podemos reconciliarnos con el diálogo en la mutua comprensión. También la Corte Suprema lo entendió así.

Pero este año algo cambió. Hace 6 meses “CxP” publicó un video de propaganda en favor del llamado “Derecho al retorno de los refugiados palestinos”. No existe tal derecho. Decenas de millones de personas perdieron sus hogares durante el siglo 20.

Fue como resultado de un proceso de derrumbe de los imperios, intercambios de poblaciones y creación de los estados nación. Luego de pocos años, todos dejaron de ser refugiados. Ninguno de todos esos millones, todos echados con lo puesto, tuvo “derecho al retorno”.

Eso incluyó a 800.000 judíos expulsados de los países árabes (el mismo número que los refugiados palestinos originales) en venganza por la creación de Israel. Por no hablar de los millones de masacrados en la Shoá y las centenas de miles de judíos sobrevivientes, desplazados que no pudieron “retornar” luego a sus casas en toda Europa.

Dos millones de alemanes fueron expulsados de Polonia. 7 millones de musulmanes fueron expulsados de la India, otros 7 millones de hindúes lo fueron de Pakistán. 2 millones fueron masacrados en el camino. Nadie habla hoy de refugiados hindúes, o pakistaníes, o judíos o alemanes.

Desde que se creó el problema de los refugiados, éste no tuvo como objeto alcanzar la paz sino destruir a Israel como país con mayoría judía. Lo dijo, en 1949, el canciller egipcio, Muhamad Salah-A-Din: “La demanda de retorno de los refugiados es la demanda de destruir Israel”.

Nasser, pte. egipcio, 1960: “Si los refugiados vuelven a Israel, será el fin de Israel”. Yasser Arafat, 1998 (5 años después de los Acuerdos de Oslo!): “El tema de los refugiados palestinos es nuestra carta ganadora en pos de la destrucción de Israel”.

Durante las décadas que pasaron desde Oslo, los palestinos rechazaron todass las propuestas israelíes de un Estado en 95% de Cisjordania, 100% de Gaza y compensación territorial. El problema no eran los asentamientos sino el tema de los refugiados.

Como lo dijo Farouk Kadumi (alto funcionario y negociador palestino) en 2002: “El retorno de los refugiados a Haifa y Acco (dentro de Israel) es más importante que obtener un Estado”.

Así, el rechazo palestino a la fórmula de “2 Estados para 2 pueblos” se origina en que ello implicaría el fin -explícito o tácito- de la demanda de retorno masivo de los refugiados a territorio israelí.

La izquierda sionista israelí, dice Yemini, debería no solamente presionar al gobierno de la derecha israelí con el fin de los asentamientos, sino poner en claro a la parte palestina que su reclamo de “derecho al retorno” es una demanda de suicidio nacional para Israel.

Ello no ocurrirá. Pero cuando una organización como “Combatientes por la Paz” adopta la postura del “Frente del Rechazo” árabe y palestino, impulsando el derecho al retorno, no está impulsando ninguna paz, sino la continuación del rechazo.

“CxP”, al adoptar la lucha por el “derecho al retorno”, está adoptando la postura de aquellos que se levantaron para asesinar, que no luchan contra el “fin de la ocupación en Cisjordania y Gaza”, sino contra la mismísima existencia del Estado de Israel.

El progresismo israelí apoya la solución de 2 Estados étnicos, uno palestino y uno judío, que vivan en paz, seguridad y buena vecindad uno al lado del otro, pero no por medio del “derecho al retorno”. Incluso Meretz se opone a tal derecho.

Desde el momento en que “CxP”, responsable por la organización de la ceremonia conjunta del Día de Recordación, adopta el “derecho al retorno” como bandera, destinado a poner fin a la existencia de Israel, ha cruzado las líneas.

Por eso, la Corte Suprema y los izquierdistas israelíes de buena fe, no debieran apoyar esta ceremonia conjunta, que se ha convertido en una estafa intelectual y política.

CULPAR A ISRAEL POR EL TERRORISMO NO LO EXPLICA. SOLO LO JUSTIFICA

Sri Lanka“Busquen otro cuello del cual colgarse” es el título de la columna de Ben Dror Yemini este fin de semana en el diario israelí Yediot Ajaronot. Aproximadamente 253 personas han sido asesinadas en Sri Lanka, en una acción terrorista que pasa a ocupar el cuarto lugar en la escala de la muerte homicida desde las Torres Gemelas, dice Yemini. Buscamos razones para el terrorismo. Enseguida después del atentado en EEUU aparecieron ríos de tinta con el título: “¿Por qué nos odian?” Es por nosotros, respondieron demasiados académicos de las carreras ligadas a Medio Oriente. Es por la presencia norteamericana en los países musulmanes. Es por el apoyo a Israel. Más que explicaciones, se trató de justificaciones.

¿Qué dirán ahora todos aquellos, como Jimmy Carter o la canciller sueca, que luego de todo acto terrorista en Occidente culpan a Israel y sostienen seriamente que todo es por la opresión a los palestinos? Ya encontrarán algo. Pero todas esas excusas eran dudosas desde un principio. En especial por el hecho de que la mayor parte de las víctimas del terror jihadista son otros musulmanes. El segundo atentado en la escala de la muerte fue en Mogadishu en 2017, cuando 587 personas, todos musulmanes, fueron asesinadas por medio de un camión bomba. El tercer atentado en la escala ocurrió en la mezquita A-Rauda en el norte del Sinaí egipcio. 309 víctimas asesinadas. Es cierto que estamos más expuestos al terrorismo perpetrado en Londres o París, pero, de hecho, más del 95% de los atentados del terrorismo jihadista ocurre en el Tercer Mundo, y la mayoría de las víctimas son musulmanes asesinados por otros musulmanes. Esta vez se trató en especial de residentes de Sri Lanka, un país pobre, que no maltrata a los musulmanes, que no ocupa nada ni a nadie.

El terrorismo jihadista no apunta a liberación alguna. Se trata de una “industria de la muerte”, como lo denominara el mismo Hassan Al-Banna, fundador de la Hermandad Musulmana egipcia ya en 1928, matriz de todos los grupos terroristas musulmanes sunitas como Hamás, ISIS, Al Qaeda. En 12 distritos, por dar un solo ejemplo, que constituyen cerca de medio territorio de todo Nigeria, fue impuesta la Sharía, la ley islámica estricta. Eso no sirve ni ayuda a los musulmanes que viven en dichos territorios. Ellos han sido convertidos en víctimas de Boqo Haram, una de las organizaciones jihadistas más mortíferas de la última década.

De ese modo, la industria de las justificaciones se ha convertido en patética y ridícula cuando se le oponen los hechos. Los esfuerzos por ser simpáticos y empáticos no servirán de nada frente a la Jihad. Esta carece de interés alguno en la libertad, ni en el multiculturalismo ni en la justicia. Se trata de un terrorismo que busca convertir al mundo entero en un lugar oscuro, en especial por medio de sembrar el pánico y el horror. La lucha contra el terrorismo es dura. Muy dura. Pero la industria de las justificaciones, otro tumor crecido de las corrientes de la idiotez que se han apoderado del pensamiento académico, vuelve esa lucha más dura aún.

ROTEM SELA VS. BIBI NETANYAHU: ¿QUÉ NOS TIENE QUE PREOCUPAR?

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Por Marcelo Kisilevski

Todo comenzó con una entrevista a Miri Reguev por Rina Matzlíaj en la tele. La ministra de Cultura y Deportes, y alcahueta voluntaria del premier Netanyahu, en medio de las repeticiones de que Benny Gantz y Yair Lapid (Kajol-Laván) “son la izquierda”, fogoneaba, como nena buena de Bibi, que “Kajol-Laván tiene que admitir que para formar un bloque ganador tendrán que usar los votos de los diputados árabes”. Rotem Sela, exitosa modelo y actriz, le salió al cruce en su cuenta de Instagram: “Y yo me pregunto por qué Rina no le pregunta asqueada: ‘¿Y cuál es el problema con los árabes? Dios mío, hay también ciudadanos árabes. ¿Cuándo carajo alguien en este gobierno dirá a la sociedad que Israel es el Estado de todos sus ciudadanos y que todos los seres humanos nacimos iguales? Y que los árabes, oh sorpresa, también son seres humanos. Y también los drusos, los gays, de paso, y también… ¡shock!… los izquierdistas.”

Ahí intervino Biniamín Netanayhu que, cual Superman (o Superpibe, que salía al ring a ayudar a su amigo Pepino el Gran Payaso, décadas atrás en Titanes en el Ring), a través de su canal de Youtube, “Likud TV” (de paso, ya tiene un diario, Israel Hayom, ahora un canal para su campaña; es el político más cubierto del país, pero se queja de que los medios están en su contra; parece que está en el ADN de los gobernantes populistas quejarse de eso), la reprendió como buen patriarca: “Rotem querida, Israel no es el Estado de todos sus ciudadanos. Según la ‘Ley Fundamental: La Nación’ que aprobamos, Israel es el Estado nación del pueblo judío, y solamente de él. Como has escrito, no hay ningún problema con los ciudadanos árabes. Son iguales en derechos a todos nosotros, y el gobierno del Likud ha invertido en el sector árabe más que ningún otro gobierno. Todo lo que buscamos es aclarar la pregunta central de estas elecciones: la opción es entre un gobierno de derecha fuerte bajo mi conducción, o un gobierno de la izquierda al mando de Lapid y Gantz con el apoyo de los partidos árabes. Lapid y Gantz no tienen otra manera de formar coalición, y un gobierno tal desestabilizará la seguridad del Estado y sus ciudadanos. La definición: en un mes en las urnas. Que tengas buen día”.

Tengo mucho para decir al respecto. Primero, que es lo más divertido que le ha pasado hasta ahora a esta campaña electoral, en la que, en lugar de hablar de esencia, se habla de esto. De Rotem Sela contra Bibi Netanyahu y Miri Reguev. Después les digo cuál es la esencia, porque todavía tengo un poco de dignidad intelectual.

Segundo: se armaron sectores en Israel, en este rincón los amigos de Sela, y en este otro los de Bibi. Los primeros, que incluyeron nada menos que a Gal Gadot, nuestra Wonder Woman internacional, aplaudiendo el coraje de Rotem Sela que, por su parte, avisó por su cuenta de Instagram que a pesar de todas las cosas horribles que escribieron sobre ella, no renunciará a su libertad de expresión. También su compañero de ruta en la pantalla, el conductor Asi Azar, obviamente, se alineó con ella. También la modelo Esti Ginzburg, y más o menos toda la farándula israelí.

Pero también, la prensa, que incluyó a la analista política Sima Kadmón, de Yediot Ajaronot, que se mostró escandalizada por todo el escándalo: “Lo que tiene que escandalizar es el escándalo con que fueron recibidas las palabras de la modelo. Las tomaron como un ‘acto de coraje’. Qué terrible es pensar que en un país como el nuestro, las cosas que dijo Sela sobre los árabes israelíes, cosas que tienen que ser obvias, sean consideradas como algo heroico”.

En un país normal, agrego yo, Rotem Sela tendría que poder hablar de lo que se le antoje sin despertar semejante bolonqui. Pero, del otro lado, lo mismo puede decirse de la respuesta de Bibi. Si Rotem tiene derecho a hablar, no tiene por qué escandalizarse si otro ser humano en esta democracia, le contesta. Por más que ese ser humano sea el primer ministro de Israel. ¿Te trató paternalistamente? ¿Machistamente? Bueno, decíselo y listo. Y así seguirán dialogando. Porque en Israel se puede.

Sí, ya sé que Rotem Sela se refería más a los comentaristas de su post en Instagram, que no le van en saga a los más verbalmente violentos del mundo. Pero a hacerse de abajo, que si hablás, seguramente te van a contestar. Es el maravilloso mundo de las redes, cuando atravesás la vidriera inofensiva de las fotos felices.

También se habló, otra vez, y ya me tienen medio harto, de la vieja cuestión de los artistas y la política: ¿tienen derecho a emitir opinión política quienes se dedican al entretenimiento? Y yo contesto: ¿por qué en este caso se debate eso y no cuando otras celebridades se pasan a la política? ¿Quizás porque solo surge cuando la que se expresa es una mujer, que encima responde a cierto estereotipo que ya creíamos extinguido, el de la rubia boba? Si es así, váyanse todos al carajo. Que esto, creíamos, era una democracia. ¡Rotem Sela (que de boba no tiene un pelo) Primera Ministra!

Un párrafo solamente sobre la esencia de estas elecciones. No, no son sobre entregar o no entregar territorios a los palestinos. Giran en cambio, sobre otro eje: o un régimen corrupto que ha hecho desmoronarse la cultura política y la sociedad israelí a un camino de inmoralidad, atropello al Poder Judicial, racismo y división social, o la recuperación de un país con reglas de juego democráticas sanas y solidaridad social, en el que podamos volver a una discusión derecha-izquierda que, hoy por hoy, es irrelevante.

¿POR QUÉ GANA NETANYAHU? O: DE ILUSIONES MENTALES TAMBIÉN SE SOBREVIVE

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Por Marcelo Kisilevski

Los preparativos para las elecciones en Israel del 9 de abril avanzan, nuevos partidos surgen como hongos, todos con visos personalistas, y uno se pregunta adónde fue a parar el parlamentarismo israelí, donde todavía legalmente votamos por listas enteras y no por figuras. Pero ahí estamos, como en todo el planeta, votando figuras. Si es así, el ex Comandante en Jefe del ejército, Beny Ganz, la más nueva de ellas, hace bien en intentar reclutar a más celebridades que refuercen este patrón, como la conductora televisiva Miki Jaimovich, entre otros.

Mientras tanto, uno se pregunta: ¿por qué gana Bibi Netanyahu una y otra vez? Lo hará nuevamente, a menos que su sentido de la ética lo haga retirar su candidatura cuando el Asesor Letrado Avijai Mandelblit decida procesarlo “sujeto a audiencia”. Pero nadie con sentido común lo prevé, y los encargados de campaña del Likud ya han anunciado que toda la propaganda electoral de ese partido girará en torno a la persecución en su contra por parte de la justicia y la “prensa izquierdista”.

La respuesta, desde mi punto de vista, es: Netanyahu, ya consagrado como el político más hábil de la historia (superando incluso a Ben Gurión, que tuvo como viento de cola haber surgido como líder en la era de los liderazgos carismáticos de masas del siglo 20; es interesante preguntarse qué tal le iría en nuestros tiempos), ha logrado efectuar el siguiente truco de prestidigitador: si durante el mandato de un partido de izquierda ocurrieran atentados, manifestaciones violentas en el borde con Gaza, globos y barriletes incendiarios, continuación del terrorismo de los cuchillos, la izquierda sería lanzada por todas las escalinatas y será defenestrada (o sea, lanzada desde todas las ventanas) en los siguientes comicios.

Pero si exactamente eso es lo que le pasa a un gobierno de Netanyahu, como ha ocurrido y ocurre, todo eso no le juega en contra, sino que, muy por el contrario, es precisamente la prueba de que solo un gobierno de Netanyahu debe seguir estando en ese lugar y seguir enfrentando “con éxito” al terrorismo y a la violencia del Hamás. ¿De verdad se puede afirmar esto con seriedad? La izquierda debería ser castigada por esto, pero la derecha debe continuar gobernando.

Extraño, ¿verdad? El psicólogo social israelí consagrado en EEUU, Dan Arieli, en su libro “No racionales, y no por casualidad”, explica que las ilusiones ópticas tienen la magia de que, aun cuando entendemos el truco, éste sigue funcionando y, la próxima vez que miremos la imagen ilusoria, seguirá ejerciendo el mismo efecto en nosotros. Y si la vista es el sentido que más utilizamos, el más aguzado, imaginen, dice Arieli, lo que ocurre con las ilusiones mentales.

De modo que, aun quienes hayan comprendido la irracionalidad de votar a Netanyahu después de todo lo malo que ha ocurrido en su gobierno, seguirán preguntando: ¿qué otra alternativa hay? ¿Quién podrá reemplazarlo? Después de todo, sigue haciendo falta una mano dura contra el Hamás. ¿De verdad dicen eso? Sí, de verdad.

Pero que quede claro: Netanyahu no es irreemplazable. Como mucho, es imbatible, que es algo bien diferente. Otros, muchos y buenos, pueden ser excelentes gobernantes de Israel. El país debe entrar en una dinámica diferente, en la que se rompa el círculo vicioso de la violencia seguida de inacción, y entrar en otra bien distinta, de mano dura llegado el inevitable caso, sí, pero seguida de acción política y diplomática intensiva, aprovechando el nuevo cuadro de alianzas en el Oriente Medio, y eso antes de que EEUU decida retirarse del todo de la arena, antes de que Abu Mazen se muera, aprovechando el nuevo liderazgo de Putin en la región, que todavía no es hostil a Israel, sino incluso al contrario, y varios y buenos factores más, con el fin de prevenir el próximo operativo.

Y eso no lo puede hacer Netanyahu. El actual primer ministro, que parece que es también el próximo, solo puede reproducir hasta el cansancio su bonito truco de prestidigitación mental. Después de todo, ¿por qué cambiar una fórmula ganadora?