Breve reflexión sobre Olmert

Por Marcelo Kisilevski

El ex Primer Ministro Ehud Olmert fue hallado culpable de soborno por el Juzgado de Distrito de Tel Aviv, en el caso de la construcción del monstruoso complejo edilicio que arruinó el paisaje de Jerusalén, conocido como Hollyland. Falta saber la condena, y fuentes policiales me cuentan que es probable un mínimo de cuatro años en la cárcel. Junto con él fueron sentenciadas unas diez personas más, entre ellos su Directora de Despacho Shula Zaken y el ex alcalde de Jerusalén, Uri Lupolianski.

Una querida amiga israelí posteó entonces en nuestro grupo de whatsapp: “Intentaron hacerme una broma pesada por el 1° de abril (el equivalente al Día de los Inocentes en Israel). Me dijeron que existe un país en el mundo en el que un Presidente está preso, un ex Primer Ministro lo estará, una Directora del Despacho del Premier también lo estará, un ex ministro de Economía (Hirschzon) estuvo en la cárcel, un ex Ministro del Interior (Arieh Deri) estuvo en la cárcel, ministros de gobierno y parlamentarios estuvieron presos también, un alcalde de Jerusalén (Olmert) estará en la cárcel, y la lista continúa y es larga… Por suerte no soy ingenua y no me lo creí… No es posible que exista semejante país”.

Le contesté, y lo comparto: “En cambio para mí son excelentes noticias. Si ustedes (los israelíes) se quejan, es porque no tienen idea de lo que ocurre ahí afuera. Imagínense un país en el que todo político roba y no lo atrapan, no pasa un solo día de su vida en la cárcel y se ríe de todos todo el tiempo, al tiempo que refriega su riqueza robada en la cara de todos los ciudadanos en sus apariciones mediáticas. No es una broma de 1° de abril. Yo crecí en uno así, y es realmente triste. La frase ‘Será justicia’ no es obvia, un poco de orgullo puede venir bien también hoy.”

Mi amiga honestamente me contestó: “Ah, caramba”.

John Kerry, bueno para los palestinos… y para los israelíes

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En Israel también lo acusaron de perseguir solamente el Premio Nobel de la Paz. John Kerry.

Por Marcelo Kisilevski

El hermano del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, publicó ayer en Yediot Ajaronot una carta abierta a los israelíes donde intenta defenderlo de aquellos que lo denostan en el lado israelí de la mesa de negociaciones con los palestinos. Algún transnochado diputado israelí (específicamente Moti Yoguev, de Habait Hayehudí, partido religioso nacionalista), dijo que en sus palabras acerca del posible boicot a Israel se notaba un “tono antisemita”. Antes, el ministro de Defensa Moshé Yaalón lo había acusado en diálogos cerrados de ser “obsesivo y mesiánico” en sus denodados esfuerzos de paz. Algún otro aseguró que Kerry había “declarado una guerra al Santo Bendito Sea”. Sus comentarios sobre la ola de boicots que podría estar cirniéndose sobre Israel si esta negociación fracasa fueron tomados como desembozadas amenazas por parte del Secretario de Estado de que EEUU apoyaría tales boicots. No fue un malentendido: fue un calculado -y notoriamente sobreactuado- ataque contra el norteamericano.

Para presentar su caso a favor de su hermano, Cameron Kerry despliega en su artículo el pasado judío de la familia, remontándose a los días de la Segunda Guerra Mundial. Comienza contando que viajó con un grupo de su sinagoga en Boston a los campos de exterminio en Europa. Su abuelo Frederick Kerry, nacido como Fritz Cohen, tuvo que convertirse al catolicismo debido al antisemitismo en el ejército checo, en cuyas filas servía. Su madre fue una de tantos refugiados huidos a París por el terror nazi, y sirvió como enfermera antes de ser encerrada por su ayuda a la resistencia antinazi francesa. Entre otros, ayudó a familias judías a huir de la Francia de Vichy. Cameron mismo, con todo este telón de fondo, se convirtió más tarde al judaísmo y John le dio su bendición, si bien no se sumó.

Todo esto y muchos otros episodios que cuenta son parte, según Kerry, del ADN de su hermano John. Esto, y el hecho de que desde siempre estuvo involucrado y siguiendo de cerca el conflicto mesoriental, incluido un vuelo en un avión militar cruzando todo Israel, comprendiendo que se podía atravesar el país en minutos. Desde entonces, dice, John está comprometido con la seguridad de Israel. Y para Kerry, como para muchos israelíes, incluido el aquí firmante, la única manera de que Israel continúe siendo un estado que sea a la vez seguro y a la vez judío y democrático, es crear un estado palestino a su lado, con el que pueda vivir relativamente en paz. (Y no me refiero aquí a la pregunta de si es posible llegar a eso o no. Esa es una incógnita que dejo a la opinología y la futurología de los lectores, aunque tratándose del Medio Oriente, no recomiendo estar seguro de ningún escenario, ni rosado ni negro).

Los exabruptos de algunos políticos israelíes deben ser leídos como nerviosismo por lo que se perfila como la cercanía de la hora de la verdad, el “money time”, cuando ambas partes deberán tomar decisiones históricas como dolorosas. También los palestinos opuestos al proceso de paz hacen lo propio, en su caso aumentando los intentos de atentados terroristas, tanto desde Gaza como desde Cisjordania, para sabotear un proceso que ven como amenazante a sus mitos relativos a Dar El Islam, el antiguo Califato perdido, dogma central del radicalismo islámico. En ambos casos, se trataría de buenas noticias, en el sentido de que algo de verdad está logrando mover John Kerry.

Buena propuesta, mala propuesta

Ciertamente su propuesta para un acuerdo marco que logre persuadir a ambas partes de permanecer en la mesa de negociaciones más allá de la fecha tope de fin de abril próximo, no es todo lo que la parte israelí sueña; tampoco es la panacea para los palestinos. A saber:

1) Acuerdo de “dos estados para dos pueblos” tomando las líneas de 1967 como base, con intercambio de territorios. A eso -a tomar 1967 como base- se opone el equipo negociador israelí.

2) Jerusalem será la capital de ambos estados. A esto también se opone Israel.

3) Todas las medidas de seguridad posibles para Israel, incluida la presencia del ejército israelí en el Valle del Jordán. A esto se oponen los palestinos.

4) Los refugiados serán absorbidos en el estado palestino. A ello se oponen también los palestinos; implicaría la renuncia al sacralizado derecho al retorno, quizás un árbol demasiado alto del que les será difícil bajarse. Pero resolvería un absurdo único en términos de política internacional: que un reclamo de un país a otro sea que éste acepte en su territorio a parte de la población de aquél.

5) Reconocimiento de la naturaleza judía del Estado de Israel. A esto se oponen los palestinos con más energía aun.

6) Compensación económica a los judíos orientales, aquellos que fueron prácticamente expulsados de los países del Medio Oriente en reacción a la creación de Israel. Este curioso punto puede estar motivado en su percepción de que es necesario trazar un paralelismo con los refugiados palestinos, que ulteriormente podrían ser también compensados materialmente. O bien, como se ha analizado en Israel, podría ser un intento de congraciarse con una parte de la opinión pública israelí, prácticamente la mitad de la población judía, que, debido a sus vivencias personales de expulsión y persecución, no ve con buenos ojos ningún acuerdo con árabes de cualquier tipo y lugar. De todos modos un punto extraño, si bien se mira, que implica involucrar -y hacer pagar- a otros países que no son parte de esta negociación específica.

Se dice con razón que una negociación exitosa es aquella en la que ambas partes se sienten perdedoras en igual medida. Para que esta negociación sea exitosa, hace falta un mediador que, si bien pueda no ser imparcial (y Kerry, insistimos, se declara abiertamente pro-israelí), por lo menos sea equilibrado. Los israelíes no necesitan un mediador que sea favorable solamente a Israel, porque la sola sospecha de que ello es así echaría por tierra la confianza palestina en esa mediación. Obama y Kerry son mejores que sus antecesores para los israelíes, porque son mejores que esos mismos antecesores para los palestinos. Una propuesta que incluye puntos inaceptables para ambas partes, por lo tanto, es una buena propuesta. Por lo menos para seguir negociando más allá de abril.

Comunidad judía de Palestina: ¿por qué no?

POR MARCELO KISILEVSKI

Por primera vez en las negociaciones sale a la luz la posibilidad de que los colonos judíos en los asentamientos en los territorios de Cisjordania, aquellos que no sean anexados a Israel, permanezcan en sus casas y vivan como ciudadanos comunes del futuro estado palestino. Esta vez es la reacción palestina la que pone de manifiesto una de las grandes paradojas del proceso negociador. 

JudiosArabes

“Vecinos llaman a la paz”. Judíos y árabes manifiestan por la convivencia del lado israelí. ¿Próximamente en Palestina?

La noticia fue tapa ayer, cuando la agencia de noticias francesa AFP citó a una alta fuente gubernamental según la cual el premier israelí Netanyahu “cree que en la paz, así como en Israel existe una minoría árabe, no existe razón lógica para en el estado palestino no haya una minoría judía, y que a los judíos que viven hoy en Judea y Samaria (Cisjordania) se les otorgue la posibilidad de quedarse allí”.

Por estas playas todos, a uno y otro lado de la Línea Verde, pusieron el grito en el cielo, y ahora veremos las razones. Pero cabe recordar que la incógnita de “qué hacer con los colonos” ya flota en el aire desde el primer día en que Israel, de la mano de Ehud Barak en Camp David versión 2000, instalara el principio de “intercambio de territorios”.

Según este principio, Israel anexaría ciertos bloques de asentamientos, cercanos a la Línea Verde, y entregaría todo lo demás. El cálculo grueso es de integrar a Israel a unos 150 mil colonos, y nada se decía de los restantes 200 mil. A cambio, Israel entregaría a Palestina, territorios actualmente bajo soberanía israelí, pero no poblados.

Con los años hubo insinuaciones de escenarios futuros. Se dice que si Ariel Sharón no hubiera caído en coma, habría continuado la retirada unilateral también en Cisjordania. Y que si su continuador Ehud Olmert no se hubiera enredado en la aventura de la Guerra del Líbano II en 2006, habría puesto en marcha un plan que ya tenía nombre: Operativo Convergencia.

En 2008, Olmert mostró al presidente palestino Mahmud Abbas (Abu Mazen) un mapa con ocho bloques de asentamientos que serían anexados por Israel y los territorios que serían entregados a cambio, a Palestina. Abbas pidió consultarlo, pero Olmert le dijo que era la línea roja y rehusó entregarle el mapa secreto, que fue filtrado por el diario Haaretz. Como quiera que sea, si bien el mapa de Olmert implica anexión, también significa la disposición tácita a renunciar a todo lo demás.

Un fantasma recorre Cisjordania

Ya el entonces presidente norteamericano George Bush hijo, durante el mandato de Ariel Sharón, había dado su beneplácito a Israel para la anexión -siempre a cambio de otros territorios- de tres de dichos bloques: Gush Etzion en el sur, Maalé Adumim al este de Jerusalén, y la ciudad de Ariel y alrededores en el norte de Samaria. Desde esa posición negocia desde entonces Israel: la anexión de los bloques es explícita; la renuncia a 200 mil colonos y sus asentamientos es tácita, pero siempre estuvo ahí.

El único que parecía advertir el problema parecía ser el Rabino Menajem Fruman de Tekoa, en el sur de Cisjordania, que hablaba de paz con imanes musulmanes, y que proponía la permanencia de los colonos en sus casas en un futuro arreglo.

Fuera de eso, el interrogante flotaba como un fantasma del que nadie hablaba: qué hacer con los colonos, pues, a la luz de la Desconexión de Gaza en 2005, queda claro que será técnica y políticamente imposible evacuar a todos. De repente sale la voz oficial: es un interrogante que habrá que resolver, dijo la fuente del Despacho del Primer Ministro en Jerusalén, y el premier no se opone a que permanezcan en sus lugares bajo soberanía palestina. Nada dijo de qué ciudadanía habrían de adoptar, ni de miles de detalles más, pero la piedra ya fue lanzada.

Del lado israelí, la derecha ya se ocupó de poner a Netanyahu en el banquillo de los acusados de alta traición. Naftali Bennett, líder del partido religioso nacional “La Casa Judía”, miembro de la coalición, dijo que “las palabras citadas son muy graves y demuestran una pérdida de cordura y de valores. Dos mil años de añoranza por Eretz Israel no pasaron para que vivamos bajo el gobierno de Abu Mazen”. Así se refirieron también personeros del ala derecha del propio Likud, como el vice ministro de Defensa Dany Danón y el vicecanciller Zeev Elkin, que hace ya un buen tiempo se la tienen jurada al titular de su partido.

Con todo, y a pesar de que como siempre no ofrecen solución alternativa al embrollo, las reacciones de la derecha israelí son previsibles. Lo que grita al cielo, en cambio, es la reacción palestina. El jefe del equipo negociador palestino, Saeb Erekat, fue contundente: “Todo aquel que hable de dejar a los colonos judíos en el estado palestino, de hecho está diciendo que no quiere un estado palestino. A ningún colono le será permitido permanecer en el estado palestino, ni siquiera uno, dado que los asentamientos son ilegales y la presencia de los colonos en territorios ocupados es ilegal”.

Es decir: mientras que Israel mantiene la igualdad de derechos de su minoría árabe, mientras también se le exige recibir a los refugiados palestinos, a los palestinos les está permitido negarse a poseer una minoría judía en su futuro estado, y las razones escapan a toda lógica.

Cuando el débil siempre tiene razón

¿Qué pasaría si los judíos que actualmente viven en territorio de lo que será el estado palestino pasan por un proceso de integración, anulando las desigualdades y ateniéndose a las nuevas leyes? Algunos dirán que se tratará de una minoría hostil, pero recordemos que la mayoría musulmana en el futuro estado palestino tampoco les será exactamente amigable. Así que dejemos eso por un momento y hablemos de principios.

Las negociaciones entre Israel y el futuro Estado de Palestina son las únicas en las que las exigencias de una parte son que millones de habitantes propios, pasen al territorio del adversario. En efecto, los palestinos tienen muchas exigencias que implican traslado masivo de población, luego que durante décadas vienen denunciándolo como violatorio de los derechos humanos: nos solamente millones de palestinos a los que llaman refugiados (a los que se han negado sistemáticamente a integrar, dar bienestar, vivienda, etc.) deberán pasar a Israel, en el marco del derecho al retorno palestino, sino que cientos de miles de judíos deberían abandonar Palestina y retornar al lado israelí.

Cuando se señala que la postura de Abu Mazen y Saeb Erekat de que “ningún judío permanecerá en territorio palestino” rememora el Judenrein de Hitler, los propalestinos se rasgan las vestiduras: no se puede comparar a Hitler con Abu Mazen. ¿Por qué? Porque los palestinos son la parte débil y Hitler era el poder, y porque los colonos viven como reyes y armados hasta los dientes, hacen vandalismo, etc. Pero en el marco de la paz, esto será modificado y los palestinos pasarán a ser el poder. Mientras tanto, en el altar de la debilidad palestina, la izquierda cae en la justificación de todas las atrocidades palestinas, tanto las de violencia física como las de violencia retórica. Y esto es violencia retórica.

A mis amigos de la izquierda les digo: la debilidad no otorga automáticamente la razón. Pues lo que están planteando los palestinos es un escenario para cuando dejen de ser débiles, para cuando posean en sus manos una maquinaria estatal igual a la de cualquier país, con poder para reprimir, para controlar, para dar ciudadanía o expulsar, para dar bienestar o para decidir sobre la vida y la muerte de sus habitantes. Yo también quiero el estado palestino y que dejen de ser débiles. ¿Pero qué diremos entonces de su ideología de no permanencia de judíos?

Los colonos deberán pensar qué harán en la perspectiva, por ahora lejana, de un estado palestino que quizás los incluya. Los palestinos, por su parte, deberán dar explicaciones: ¿por qué se oponen al nacimiento de la comunidad judía de Palestina?

El número de refugiados en 2013 alcanza su nivel más alto en 20 años

ACNUR advierte que la crisis de Mali, el conflicto en Siria y la inestabilidad en Sudán del Sur, agravan esta situación.

Por Inma López*

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Uno de los campos de refugiados sirios en Turquía, de los casi dos millones que se vieron desplazados por la brutal represión del régimen sirio.

El resultado del informe del primer semestre de 2013 realizado por la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), señala que tan sólo en los primeros seis meses del año, casi 6 millones de personas se vieron obligadas a huir de sus hogares, frente a los 7 millones de todo 2012.(http://www.acnur.es/PDF/Tendencias_Globales_2012_baja.pdf)

El informe refleja que cerca  de 180.000 refugiados provienen de Sudán del Sur, casi dos millones de Siria y más de  400.000 de Mali. ACNUR expone así una situación para la que pide ayuda. “Es difícil ver cifras tan elevadas sin preguntarse por qué hoy en día tantas personas se convierten en refugiadas o desplazadas internasLas organizaciones humanitarias proporcionan una asistencia vital, pero no podemos prevenir o detener las guerras. Esto requiere esfuerzo y voluntad política, que es donde se necesita centrar la atención de la comunidad internacional de manera mucho más concertada“. Son palabras de António Guterres, Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados

La ola de conflictos armados que afecta a más de 15 países (http://elpais.com/elpais/2013/12/27/media/1388174643_201224.html) , ha provocado que el número de refugiados también sea el más elevado desde comienzos de los años ’90. Así, casi el 55% de los refugiados provienen de cinco países en conflicto como son Afganistán, Somalia, Irak, Siria y Sudán.

El estudio con datos del primer semestre de 2013 incluye a más de 120 países y abarca tanto refugiados dentro del mismo territorio nacional como externos. En total, se calcula que hay más de 45 millones de refugiados en todo el mundo, siendo Afganistán el país que más genera, con casi dos y millones y medio de personas que han tenido que abandonar su hogar. A su vez, Pakistán es el país que más personas acoge, superando el millón y medio de refugiados.

Con respecto al intento de mejorar esta situación, el secretario general de Amnistía Internacional, Salil Shetty, cree que “al no abordarse eficazmente las situaciones de conflicto, se está creando una clase de segunda categoría de carácter global. Los derechos de quienes huyen de los conflictos están desprotegidos. Hay demasiados gobiernos que cometen abusos contra los derechos humanos en nombre de los controles migratorios, sobrepasando con mucho las medidas legítimas de control de fronteras”.

* Inma López es estudiante de Máster en Periodismo Internacional en UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia), España. 

 

Murió un duro entre los halcones de la política israelí

POR MARCELO KISILEVSKI

Tenía 85 años. Y fue uno de los últimos veteranos que fundaron Israel. Ex general, ministro de Defensa y premier, estaba en coma desde hacía ocho años. Fue una figura intensa y controvertida.

Image TEL AVIV. ESPECIAL PARA CLARIN – 12/01/14 Dejó de respirar, luego de ocho años de coma, quien fuera uno de los políticos más famosos y controvertidos de la historia israelí, Ariel Sharon. Fue uno de los últimos veteranos que fundaron el país junto con David Ben Gurion, y que acompañaron como el asesinado Yitzhak Rabin, o el presidente Shimon Peres, la historia de Israel desde sus comienzos. En diciembre de 2005 cayó en coma, luego de dos infartos cerebrales. Una insuficiencia renal lo llevó al colapso primero y al final después. Sharon nació como Ariel Sheinerman en el poblado de Kfar Malal, en 1928, en una familia de pioneros agrícolas provenientes de Rusia. En 1945 se incorporó a la Haganá, la principal milicia clandestina judía en la Palestina del Mandato Británico, que luchaba contra la potencia colonialista y contra las milicias árabes locales. La Guerra de Independencia, en 1948, lo encontró como comandante de pelotón, y fue herido de gravedad en la batalla de Latrún. Al parecer, la herida sería fundacional en su ideología y en su accionar posterior. En la Guerra de los Seis Días, en 1967 fue factor clave, al frente de la División 38, en la conquista de la Península del Sinaí de manos de Egipto. La Guerra del Día del Perdón, en octubre de 1973, fue la última guerra de invasión emprendida por Egipto y Siria, pero que tomó por sorpresa a la mayoría de los israelíes y al gobierno de Golda Meirpreso de una concepción según la cual los países árabes ya no se atreverían a atacar a Israel. Luego de una desventaja inicial, Sharonimpulsó y condujo un audaz operativo, resistido en principio por el alto mando, para cruzar el Canal de Suez pasando entre fuerzas egipcias, lo que empujó a El Cairo a pedir el alto el fuego. Pero uno de los episodios que más trascendieron al mundo fue el papel de Sharon como Ministro de Defensa durante la Primera Guerra del Líbano en 1982. Uno de los incidentes más graves fue la matanza de palestinos por las falanges cristianas en los campos de refugiados de Sabra y Chatila. La comisión investigadora israelí Kahanadeterminó la responsabilidad indirecta de Sharon y del propio Menajem Begin (“No se les podían haber escapado los hechos de las falanges”, rezó el informe), que un año después renunció y se retiró de la política hasta su muerte. Sobre Sharon, la comisión r ecomendó que no se le permitiera retomar Defensa. Nada dijo de la posibilidad de que fuera Primer Ministro. En 2000, luego del fracaso de las conversaciones de Camp David entre el premier israelí Ehud Barak y el presidente palestino Yasser Arafat, Sharon efectuó como jefe de la oposición una resonante visita al Monte del Templo, donde se halla la Mezquita de Al Aqsa. Lo hizo acompañado de mil efectivos de policía por temor a disturbios y, según se supo luego, con la anuencia del Waqf, la autoridad religiosa a cargo de los lugares santos para el islam en Jerusalén, que había asegurado al gobierno israelí que no habría incidentes. Las razones de la Intifada de Al Aqsa son más profundas, deben buscarse en l a frustración palestina por el fracaso del diálogo de paz y la continuación de una situación incierta. Sin embargo, y aunque ya había habido incidentes pocos días antes, la visita de Sharon se inscribió como la chispa que la encendió. Luego de numerosos cargos ministeriales, Sharon llegó a la jefatura de gobierno en 2001, pero no fue sino hasta 2005, ya al frente de Kadima, el nuevo partido que fundó luego de perder en las internas del Likud frente a Benjamin Netanyahu, que efectuó su acto más dramático y, tal vez, el más controvertido: la retirada unilateral de la Franja de Gaza. Muchos, incluida la propia Autoridad Palestina presidida por Mahmud Abbas, se oponían a la jugada: el fundamentalista grupo Hamas, opuesto Al Fatah de Abbas, era hegemónico en la Franja, decían, y la policía palestina no era suficiente para imponer control. Pero Sharon insistió, con el argumento de que “no hay con quién hablar de paz” en el lado palestino y, por lo tanto, se deben efectuar medidas “que aseguren la mayoría judía en el Estado de Israel”, al replegar las tropas hacia líneas más defendibles, según dijo. La retirada se efectuó en agosto de 2005, y las imágenes de los 8.000 colonos judíos evacuados a la fuerza recorrieron el mundo. El resultado, si bien pudo haberse leído como el principio del fin de la ocupación israelí, fue “vendido” por Hamas como una victoria propia sobre el “enemigo sionista” y, entre otros factores, le valió la victoria en las elecciones palestinas de 2006. Para algunos, fue el error más grande de Sharon, al signar el cisma que separa hasta hoy, tanto geográfica como políticamente, a Cisjordania de Gaza. Hay quienes dicen que fue ése, precisamente, el resultado que quiso conseguir, si bien habrá que esperar a los historiadores para determinarlo. Eso, y la construcción de la discutida Cerca Separadora o “Muro”, fueron los últimos actos de Sharon, que cayó en coma en diciembre de ese mismo año.

“Nosotras también podemos ser rabinas”

POR MARCELO KISILEVSKI

Miles de mujeres en Israel se definen como la cara del feminismo más efervescente y combativo: “el feminismo religioso”. Luchan por la igualdad sin dejar la ortodoxia.

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 TEL AVIV. ESPECIAL – 07/01/14 – 10:24

“Hoy en Israel el feminismo más efervescente y combativo es justamente el feminismo religioso”, asegura Jana Kehát, fundadora y directora de Koléj (Tu voz, en hebreo), la mayor organización feminista religiosa en Israel, en diálogo con Clarín. Koléj lucha contra toda discriminación, exclusión e incluso violencia contra las mujeres en nombre de la religión.

¿Cuáles son los problemas que enfrenta la mujer en el sector judío religioso ortodoxo, diferente del resto de las mujeres en el mundo?

“Violencia en el hogar, violencia sexual, acoso sexual general, acoso sexual por rabinos, exclusión de la mujer de los espacios públicos, negación de divorcio por el hombre, que deja a cientos de mujeres sin poder rehacer su vida (el casamiento es confesional en Israel, y el divorcio es de hecho un repudio, el “guet”, del hombre hacia la mujer)”, enumera Kehat.

“Nos dedicamos también de temas como salud femenina, mujeres en la política, igualdad ritual y demás. Como las comunidades ortodoxas son muy cerradas en sí mismas, todo lo que se relaciona con la mujer siempre fue barrido debajo de la alfombra”.  Para ese doble objetivo de combatir la discriminación y también romper el silencio, el encubrimiento dentro de la comunidad, es que funda en 1998 la organización Koléj.

El grupo, sin embargo, no desea abandonar la ortodoxia en pos de la igualdad, como lo hicieron las corrientes modernas en el judaísmo, el conservadorismo y el reformismo, por ejemplo en Argentina. Para ella, no es necesario romper con la ortodoxia para lograr la igualdad. En la Halajá (ley religiosa basada en el Viejo Testamento y el Talmud), asegura, no existe la discriminación expresa. “Incluso en lo ritual, si bien las mujeres están ‘exentas’ de tomar parte, nada les está prohibido”, sorprende.

Es decir, concluye categórica, que ponerse kipá (solideo), talit (paño ritual), tefilín (filacterias) e incluso ser rabinas y oficiar matrimonios, está permitido para las mujeres en la ortodoxia judía. “Por lo tanto, lo machista es la práctica en el establishment ortodoxo, no las leyes. Es la costumbre social y es lo político. Eso se puede cambiar y a eso nos dedicamos”.

Jana nació en el seno de una comunidad ultraortodoxa, de aquellas en que los hombres se visten de negro. Pero en su juventud se pasó al sector ortodoxo más moderno, conocido como el de la “kipá (solideo) tejida”, y allí desarrolla su lucha.

Pero en su sector natal, el ultraortodoxo, el despertar recién comienza, y desde Koléj intenta ayudar también a las mujeres de ese sector. Sin duda las mujeres ultraortodoxas, en aquellos casos donde los maridos se dedican a estudiar Torá, y las mujeres a trabajar y también criar a los hijos, son las que más sufren. “El sector ultraortodoxo destroza literalmente a sus mujeres”, denuncia Kehat contundente. “Las destroza físicamente. Trabajan duro en su empleo, manejan una familia numerosa y limpian la casa. Su expectativa de vida es la menor de Israel, y la de sus maridos es casi la más alta de Israel. Ellas se enferman y mueren jóvenes.” ¿Les cae la ficha de que hay algo injusto en el reparto de responsabilidades? “No, es un proceso muy largo y difícil, están inmersas en una situación de explotación que pasa también por lo mental”.

“Yo no quiero renunciar a mi religiosidad. Soy religiosa ortodoxa. Pero soy feminista. Empezamos como un grupo pequeño, sólo queríamos decirles a los rabinos que se equivocaban, que trataran mejor a las mujeres en todas esas áreas. Pero abrimos una caja de Pandora, y hoy somos miles”.

¿Es optimista? “Hay cosas que están trabadas”, responde, “en especial en lo que respecta al establishment religioso. Por ejemplo, en el tema del divorcio, existe la posibilidad, en la línea de Maimónides, de instaurar la imposición del divorcio al marido negador, pero el establishment rabínico se niega a ir con Maimónides, y los motivos son políticos, el temor a perder el control”.

Pero el plano social fuera del establishment, se enorgullece, los logros no son pocos. “Quince años después, tenemos refugios para mujeres golpeadas del sector. En el tema del acoso sexual logramos sacar una regulación que fue la que destapó todo el tema del Rabino Moti Elón (procesado por pedofilia contra alumnos suyos). Tenemos muchos programas para escuelas y cada vez somos más requeridas allí. Llevamos programas de identidad sexual, adolescencia, violencia sexual, relaciones de pareja; escritura femenina, liderazgo femenino, la mujer en la Torá, la lucha contra la exclusión de mujeres de los espacios públicos. En todo eso hemos avanzado enormemente”.

Publicado en http://www.clarin.com, 7/1/14.

Masiva manifestación de inmigrantes africanos en Israel

POR MARCELO KISILEVSKI

Es por una ley que permite encarcelar sin juicio a los “sin papeles”.

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TEL AVIV. ESPECIAL – 06/01/14

Unos veinte mil inmigrantes africanos de Eritrea y de Sudán manifestaron ayer masivamente en la Plaza Rabin de Tel Aviv para protestar contra el trato que reciben de parte del gobierno israelí. En concreto, el reclamo apunta a una ley que permite que los indocumentados, algunos de los cuales trabajan en varias partes del país, sean detenidos durante un año sin juicio. Marchas similares tuvieron lugar también en la ciudad balnearia de Eilat, en el sur israelí.

En los últimos años, ha crecido el número de quienes el gobierno israelí califica de “infiltrados”, en alusión a los inmigrantes que pasan por la frontera sur con Egipto de modo ilegal. En Israel, existen mecanismos para diferenciar a los inmigrantes que sencillamente vienen en busca de trabajo –a los que les corresponde una visa temporaria– de aquellos cuyas vidas peligran si regresan a sus países en guerra civil. A éstos les cabe el status de refugiados. Sin embargo, muchas organizaciones que atienden a esta población en Israel han denunciado que esos mecanismos no terminan de ser aplicados o que se lo hace de modo arbitrario e insuficiente, dejando a miles en situación de indocumentados.

“Luchamos por nuestra vida”, dijo Barhana, un solicitante de refugio de 24 años proveniente de Eritrea y que está hace cinco años en Israel. “Israel ha violado sus compromisos internacionales y nos trata como criminales cuando, de hecho, muchos de nosotros hemos huido por peligro de muerte”.

Miles de ciudadanos de diversos países africanos viven y trabajan en Israel en status de indocumentados. El gobierno ha habilitado por ley un establecimiento en Jolot, en la frontera con Egipto, del que pueden salir, pero se deben presentar al final del día.

Ello les impide de hecho trabajar, pues para hacerlo deberían viajar durante horas en ambas direcciones.

La mayoría de los inmigrantes trabaja en la industria culinaria, en restaurantes y hoteles, tanto en Tel Aviv como en Eilat. El problema ha provocado que muchos establecimientos debieran cerrar sus puertas, lo que muestra las dimensiones económicas del fenómeno. Sin embargo, los manifestantes enfatizan su carácter de refugiados. “No somos trabajadores, somos refugiados políticos”, rezaban sus carteles.

En septiembre, la Corte Suprema había fallado contra la ley sobre infiltración de extranjeros, por la cual se los podía encerrar sin juicio por tres años.

La Corte determinó que la ley violaba el derecho a la libertad. El gobierno logró entonces hacer aprobar una enmienda reduciendo de tres a uno el lapso de encarcelamiento sin juicio. En las últimas semanas, de los 53.000 solicitantes de refugio, la policía arrestó a 150 que fueron hallados sin poseer visados en regla.

Activistas israelíes acompañaron a los manifestantes, entre ellos la ex diputada laborista Yael Dayán. “Son refugiados y no infiltrados. El gobierno debe permitirles trabajar, ello resolvería buena parte del problema”, sostuvo.

Publicado en Clarín, http://www.clarin.com, 6/1/14