El Comunicador Personal

Una mirada (más) sobre Israel, por Marcelo Kisilevski

Videítos nuevos

Publicado por marcelokisilevski en Julio 12, 2009

En un intento por ponerse al día con la tecnología, me han llegado videos nuevos que buscan articular el mensaje en favor de Israel y sus políticas de paz, que quizás les interese ver, y difundir.

El primero fue producido por el American Jewish Comittee y se titula: “No”: el verdadero obstáculo para la paz.

El segundo lleva ya varios días circulando por la red, y es el último grito del rap! Incluye final feliz…

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Bibi y el estado palestino

Publicado por marcelokisilevski en Julio 10, 2009

Como Michael Jackson, pertenecer tiene su precio. Bibi cambia de color.

Como Michael Jackson, pertenecer tiene su precio. Bibi cambia de color.

Vaya primero un palo para el premier Biniamín Netanyahu. En su encuentro con el ministro de exteriores de Alemania dijo, refiriéndose a la eventual evacuación de la Margen Occidental, que “los territorios no serán Judenrein”, “zona libre de judíos” que era el concepto nazi de la limpieza étnica del Tercer Reich. Lo dijo, lo repitió, y recomendó a sus ministros utilizar ese mismo concepto en sus declaraciones. El alemán movió la cabeza perplejo, pero no respondió. No se puede juzgar a las víctimas en sus expresiones, sobre todo cargando con semejante culpa.

Pero diantres -por usar una palabra delicada y en desuso, pregúntenle al zeide lo que significa-, ¿no le da vergüenza? De un solo plumazo, Bibi ha borrado esfuerzos gigantescos de educadores, políticos, diplomáticos y comunicadores judíos y no judíos en todo el mundo por separar el Holocausto de lo que ocurre en los territorios, porque toda traspolación histórica es brutal y deshonra la memoria de las víctimas. Y así como no permitimos que los anti-sionistas comparen, al punto que nos negamos a entrar en la mera comparación, que implicaría en sí un triunfo del comparador, así me niego a discutir la ridiculez de la comparación de Bibi, por no decir su imbecilidad.

Y de aquí a su otro discurso. Aluf Ben, el brillante analista de Haaretz, da razón a mi último post: “El domingo (en la reunión de gabinete) Biniamín Netanyahu aprovechó esa tribuna para emitir su declaración más significativa hasta hoy: ‘Hemos logrado un acuerdo nacional en torno al conepto de dos estados para dos pueblos’. En su discurso de Bar Ilán, tres semanas antes, Netanyahu ya había dado su acuerdo a un estado palestino, pero se había cuidado de formulaciones, y habló con una manifiesta falta de entusiasmo. Esta semana sonó totalmente distinto, al adoptar el viejo slogan de la izquierda, encima presentándolo como un logro de su gobierno en sus primeros 100 días”.

Y agrega Ben, casi como si fuera lector de mi blog: “Netanyahu también respaldó su lema con medidas en el terreno, en cooperación con el ministro de Defensa Ehud Barak. Muchos checkpoints fueron retirados, y a los palestinos les es mucho más fácil circular por las rutas de la Margen Occidental. La cooperación de seguridad entre Israel y la Autoridad Palestina ya superó los récords de los días de Oslo, según altos funcionarios palestinos. Ambas partes tienen interés en minimizar el asunto, cada lado por sus propios motivos políticos, pero debe ser dicho a favor de Netanyahu, que está cumpliendo en el terreno lo que prometió en su campaña electoral”.

Más adelante, Aluf Ben da otra “pista” de que Netanyahu se propone lanzar dentro de poco un proceso político de extrema significación. Es cierto que Bibi habló en Bar Ilán de las condiciones para la creación de ese estado palestino, y de las garantías que le exigía a la comunidad internacional, empezando por Estados Unidos. “Pero una averiguación reveló que Netanyahu estaba adoptando de hecho el ‘Documento de los Ocho Puntos’ que su antecesor Ehud Olmert había presentado a la Administración Bush. Los puntos en sí son bastante triviales: desmilitarización total del estado palestino, observadores extranjeros en la frontera con Jordania, Paso de Rafah con supervisión europea, control israelí del espacio aéreo y en la adjudicación de frecuencias. Barak ya había elevado exigencias similares en Camp David hace nueve años, y Olmert las reformuló, logrando incluso, según testimonio de sus allegados, acuerdo norteamericano para ellas. Netanyahu quiere obtener de Obama esas garantías por escrito, para asegurar que Israel goce de la legitimidad internacional para sus temores de seguridad respecto de la creación de un estado palestino”.

A partir de allí, Ben se dedica a analizar las motivaciones personales del premier para este viraje histórico, por el cual él y el Likud adoptan la línea de “dos estados para dos pueblos” y abandonan la idea de la “Gran Eretz Israel”. Está claro que ello convierte en irrelevante la oposición de Kadima, y que Netanyahu aspira a atraer a sus miembros de regreso al Likud, así como a gente de otros partidos, convirtiéndose en “más grande que Ben Gurión”.

Pero la historia se escribe así, al compás de los intereses personales de sus pequeños-grandes actores. Y si todo lo que quiere este político llamado Netanyahu a cambio de hacer lo correcto, es que lo aplaudan, entonces, aplaudamos. Que, como diría Adler, prácticamente todo lo que hace el ser humano, luego de sus pulsiones fisiológicas, es para satisfacer su instinto de pertenencia. Y Bibi quiere pertenecer al consenso nacional, ser un prócer.

O, para usar el lenguaje tanguero del Negro Dolina: “Todo lo que hace el hombre es pa’ levantarse minas”. Pero para eso la tenemos a Doña Sara, la primera dama, manteniendo las riendas bien cortas.

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¿Pienso igual que Bibi?

Publicado por marcelokisilevski en Julio 6, 2009

Ya dije que no había comentado el discurso de nuestro primer ministro, don Biniamín Netanyahu. En ese discurso dijo, ni más ni menos, que en determinadas condiciones, Israel estaría dispuesta a aceptar la idea de un estado palestino viviendo al lado de Israel.

Dijo las palabras “estado palestino”, pero tuvo que condimentarlas con tanto discurso de derecha, que aquí no dejó contento a nadie. Y además no dijo “dos estados para dos pueblos”.

Ahora, en el noticiero de esta noche, acaba de decir Netanyahu algo más inequívoco: “Hemos creado un consenso nacional alrededor de la fórmula ‘dos estados para dos pueblos’, que tiene que ver con que los palestinos deben aceptar, en ese caso, a Israel como estado del pueblo judío, y que el problema de los refugiados se resolverá por fuera del territorio soberano de Israel”.

Así, cortito, con la fórmula pronunciada en sencillo, como al pasar, “dos estados para dos pueblos”, Netanyahu acaba de completar el viraje histórico del Likud hacia el mainstream israelí, ubicado más a su izquierda. Esto es incontestable, por más que duela en el estómago de más de uno de mis amigos de la izquierda. Queda ver qué pasará por el estómago de mis amigos de la derecha.

Estoy de acuerdo con un estado palestino, pero no sólo porque a esta altura sea lo justo, sino porque implicará también la culminación de la configuración de Israel como el estado del pueblo judío. Si como izquierdista apoyo el derecho de autodeterminación de todos los pueblos, es ridículo que apoye a Palestina como “el estado del pueblo palestino”, y reclame al mismo tiempo que Israel sea el “estado de todos sus ciudadanos” porque, según el argumento palestino, pronunciado textualmente por el presidente de la Autoridad Palestina, Abu Mazen: “no se concibe un estado basado en la religión; el estado palestino será un estado laico”. A veces la hipocresía y el carácter manipulativo del débil tampoco tienen límites. De esto se desprendería que el único pueblo al que está bien negarle el derecho a la autodeterminación es el pueblo judío. Izquierdistamente sea dicho, con el nivel académico que me caracteriza: ¡Váyanse a freír espárragos!

Ahora sólo falta que los desarrollos históricos en el campo de lo discursivo se acerquen a lo que pasa en el terreno. Algunas señales ya hay. Si bien se sigue construyendo en los territorios, la construcción se ha reducido significativamente, y varios checkpoints principales se han retirado, mejorando considerablemente la calidad de vida de los palestinos de la calle. Obvio que es por la presión de Obama, no hemos nacido ayer. Pero ni Barak ni Olmert habían llegado a tanto.

Desde la izquierda hoy digo: ¡Vamos Bibi todavía!

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Chau, Michael

Publicado por marcelokisilevski en Junio 26, 2009

michael-jackson(10)

Dentro de poco, alguien podrá decir que este es un blog de obituarios. No comenté el discurso de Netanyahu, pero no nos olvidamos de Alfonsín ni de Benedetti. Y hoy acá estoy, despidiéndome de Michael Jackson.

Michael Jackson fue toda una época. Don Juan, aquel viejo brujo tolteca de “Las enseñanzas de…”,  diría que se trataba de un “adversario digno”. Para nosotros, jóvenes latinoamericanos de los años ‘70 a los que nos gustaba llamarnos pensantes, era el símbolo de todo lo aborrecible: música disco vacía de contenido y de valores, industria cultural de corte imperialista, en la que unos pueden producir videoclips en masa porque otros no tienen lo que comer.

Nos gustaba mirar con desdén todo lo que fuera la onda Jackson, y cada vez fue más patética su ola de operaciones faciales, a medida que el racismo anti-negro se hacía menos y menos aceptable en el mundo. Por supuesto no renegaríamos nosotros de nuestra identidad negra si la tuviéramos, no crearíamos un zafari que llevara nuestro nombre ni bambolearíamos bebés desde los balcones, cuando nuestras carreras y nuestros egos sufrieran crisis. No cabe duda: con Michael Jackson teníamos contra qué luchar.

Pero hoy me levanté, y me desayuné con la noticia de su desaparición. Me quedé helado. Hoy, despojado de mi pose setentista, ya no temo admitir que también también me puse triste. Mis cachorros se despertaron, no me pude contener y les conté que Michael Jackson se murió. Michael Jackson se murió. Les conté quién era, y les mostré por Youtube su famosa “caminata lunar”.

Nos fuimos caminando los 200 metros que hay hasta el cole tratando de imitársela, y yo tratando de cantar Billy Jean, cuya letra no entendí jamás.

Sin Michael Jackson, el mundo no es el mismo. En más de un sentido.

PD: También se murió Farrah Fawcet, la diosa de “Los Ángeles de Charlie”. Digo, para hacer honor a este blog de obituarios. Zijronam librajá…

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Obama y el arte de la puesta en escena

Publicado por marcelokisilevski en Junio 5, 2009

Obama 

Me gustó el discurso de Obama. La novedad que trajo no fue su contenido sino su forma. Porque, la verdad sea dicha, Obama no dijo nada nuevo. Lo nuevo estuvo en la manera en que armó la puesta en escena, la dimensión de espectáculo, los días que precedieron, con un impresionante marketing del “Discurso de Obama”, con vistas a la avant premier, que fue presenciada por el mundo entero, y más allá también.

Obama les dijo a todos lo que ya sabían, pero lo dijo de un modo en que todos quedaran contentos. Obama intentó decir a todos lo que esperaban oir, pero no le molestó, tampoco, que todos se pudieran molestar. Ayer me consultaron en la CNN en español, y antes de mi intervensión, un analista peruano de origen palestino se quejaba de que Obama hablara del  fin del terrorismo, siendo que Israel no había cesado la construcción en los asentamientos desde los años ‘90, cuando los acuerdos de Oslo. Yo recordé luego, a mi turno, que tampoco los palestinos cesaron con el terrorismo, a pesar de que ello también formaba parte de los mismos acuerdos. Pero eso no era lo más importante.

También los judíos e israelíes se pueden enojar. Obama, por primera vez, equiparó por completo a palestinos con israelíes. Comparó el sufrimiento del pueblo judío de siglos hasta llegar al Holocausto, con el sufrimiento palestino de “las últimas décadas”. Y equiparó el terrorismo palestino con la construcción en los asentamientos, frente a lo que la derecha siempre se ha enojado: “¿Construir casas es lo mismo que matar mujeres y niños inocentes? ¿Cómo amenaza la paz construir lugares donde vivir?”

Pero Obama les estaba diciendo otra cosa, a condición que se lo quiera oir: por primera vez tienen un presidente norteamericano que intenta ser un mediador imparcial en serio, que entiende tanto a unos como a otros, que habla del “Holly Koran” y resucita su segundo nombre, Hussein, pero que mañana visitará Buchenwald, porque no se olvida.

Ahora tienen ustedes dos opciones: o seguir colocados de cara al pasado y quejarse infinitamente, o de convertir el conflicto en problema, y colocarnos todos del mismo lado frente a ese problema en común, y de cara al futuro.

Todos ustedes, les dijo ayer Obama a todas las partes de todos los conflictos en el Medio Oriente, saben perfectamente qué es lo que pueden alcanzar, qué es lo que les corresponde. Todos ustedes, también, saben cuál es el precio que tendrán que pagar por ello, qué es lo que las otras partes esperan de ustedes. Ya lo hemos hablado hasta el cansancio, y de algunas de esas cosas tenemos incluso contratos firmados.

Y aunque esto estaba tan claro, Obama se tomó el trabajo de nombrar una por una a las partes del conflicto, sus necesidades, sus exigencias y sus precios a pagar, pero sin pretensiones de renovar en la información, ni de fundar en El Cairo ninguna “Doctrina Obama”. Con respecto a Israel y los palestinos, prácticamente se trató de una repetición de la Hoja de Ruta.

Ahora, terminó Obama, dejémonos todos de berrinches y de quejas, y hagamos lo que tenemos que hacer, pero esta vez, todos juntos.

Todo ello, repito, a condición que se lo quiera oir, pues se sabe que, si tanta gente desea algo, nada es imposible. Pregúntenle, si no, a Theodoro Herzl. Y para atacar esa dimensión emocional, igual que el dramaturgo frustrado Herzl en aquel 1° Congreso Sionista de 1897, al que montó como si fuera una gala teatral, es que el histriónico Obama armó lo que armó.

Aunque los resultados se verán en la cancha -pero el norteamericano ya trae buenas referencias-, ya no cabe duda de que Obama es un artista del marketing, de la oratoria y de la escena.

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Murió Mario Benedetti, un hombre “de a pie”

Publicado por marcelokisilevski en Mayo 19, 2009

Benedetti_1

Por Alejandro Stein – Kibutz Barkay, Israel

Dios mío. Dios mío. Dios mío. Dios mío.

(Martín Santomé en su diario, al enterarse de la muerte de Laura Avellaneda.)

No hay nada más para decir. En Montevideo se ha muerto, no como del rayo, sino apagándose, lenta, gris, pacífica, tristemente, Mario Benedetti. Ochenta y ocho años, los últimos de mucha tristeza sin su Luz, la compañera de casi toda la vida, que lo dejó sin ídem y sin fuerza.

Benedetti fue un poeta, un escritor, un  militante, un hombre de principios, y fue, sobre todo, o quizás por todo eso, un hombre profunda y entrañablemente bueno y sencillo, siendo quien era, una de las grandes figuras de las letras latinoamericanas, o de las letras a secas.

Desde mi adolescencia, desde que lo conocí a través de “Montevideanas” y “La Muerte y otras sorpresas”, me hizo sentir que escribía para mí y para los como yo. Podría haber sido mía la historia de amor de “La Tregua”,  porque sintió como yo y dolió como yo, me hizo conmocionarme con Gracias por el Fuego, levantar el puño e  identificarme con sus “Letras de Emergencia”, en “El país de la cola de Paja”, resulta imposible  darse cuenta a qué margen del Río de La Plata se refieren sus artículos, nadie podría haber expresado mejor lo que significa para mí  la sensación del desexilio (palabra inventada por él) que él mismo en su poema “Quiero creer que estoy volviendo”. La lista es interminable, recurrente, hermosa. Y cuesta creer que se terminó. Él dijo que escribía para “el hombre de a pié”. Yo creo que el hombre de a pie para el que él escribía era el hombre de clase media rioplatense, de centro izquierda o izquierda. Véase a Budiño en Gracias por el Fuego, hijo de un burgués corrupto devenido en agente de viajes, véase a Santomé mismo en La Tregua. Al personaje de “Andamios”, a parte de los personajes de “Con y sin nostalgia”.

Como él mismo dijo en su poema “Consternados, Rabiosos”, escrito al enterarse de la muerte del Che, donde esté, si es que está, será una pena que no exista Dios.

Se fue uno de los hombres que más respeté en mi vida, y no sólo por sus condiciones de novelista, cuentista y poeta, sino porque fue  “A Mentch”

Alejandro Stein
Barkay, 18/5/09

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Rabino contra la religión en Tzahal

Publicado por marcelokisilevski en Mayo 18, 2009

SoldadoReza

Érase un grupo de soldados que regresaron a su base después del franco de Pesaj, sin afeitarse, lo cual está prohibido en el ejército. Sólo que estos soldados, además, eran amigos, y miembros del movimiento Masortí, o sea, de la corriente religiosa conservadora.

Según la tradición, estamos en los días de la Cuenta del Omer, que dura 49 días, o sea, las siete semanas entre Pesaj y Shavuot. Durante todos esos días, la grey practicante mantiene algunas normas de duelo por la destrucción de nuestro Templo, entre otras desgracias históricas, y una de ellas es el no afeitarse. Y la corriente conservadora, igual que la ortodoxa, es “halájica” en estos asuntos, es decir, sus miembros se ciñen en comunidad a las reglas rituales.

Pero en Tzahal, el ejército israelí, hay rabinos militares encargados de decidir quién es religioso y quién no. De otro modo, toda la soldadezca podría aprovechar la volada y decidir por motu propio, de repente, no afeitarse, lo cual significaría una falta masiva a la disciplina militar, rayana en el motín, Dios nos libre.

Y el comandante de los muchachos conservadores, temeroso de semejante insolencia o, más bien, cuidadoso de su propio trasero, envió a sus subordinados ante el rabino, para que fallara en su caso: ¿tienen derecho a llamarse religiosos y a no afeitarse en los días de la Cuenta del Omer?

Hete aquí que el rabino falló en contra de la religiosidad de los chicos, quienes debieron afeitarse en contra de sus creencias religiosas judaicas. “Ustedes no son religiosos”, determinó, “y por lo tanto no podrán cumplir con las reglas del Omer, y deberán afeitarse”. Lean otra vez, por si todavía no se quedaron con la boca abierta.

Los conservadores no son “religiosos”, “datiím”, según la terminología israelí. Subrayo: cuando aquí la gente dice “datí”, según la terminología israelí -que no según la judía- la referencia es al ortodoxo, pues las demás corrientes, hasta que no hagan aliá en masa y corten y pinchen políticamente, no existen. Es una cuestión de posicionamiento, marketing puro. Así como la Coca Cola es sinónimo de toda bebida de cola siendo en realidad una marca, “datí”, religioso, es aquí sinónimo de ortodoxo. Sorry.

Nuestra historia no ha terminado, y los padres iban a protestar. Probablemente ganen, si es que no lo han logrado ya a la altura de estas líneas. Pero el hecho en sí marca de modo patente hasta las lágrimas, de risa y también de bronca, uno de los absurdos magistrales de la sociedad israelí: un rabino, y encima ortodoxo, de esos que de común nos insisten hasta el hartazgo, hasta que casi nos dan ganas de tirarlos desde el último piso de Azrieli, sin importar si somos conservadores o ateos, con que nos pongamos tefilin, comamos casher y no viajemos en Shabat, Guevalt!, prohibió -repito: prohibió- a otros judíos, que no importa si son conservadores o ateos, cumplir reglas de la halajá ortodoxa.

Más clarito, y sin tanta subordinada: rabino prohíbe a judíos practicar el judaísmo. ¿Ahora se entendió?

Es sólo un botón de muestra de lo que ya se ha convertido en lugar común: que Israel es el único país occidental en el que no existe la libertad de culto para los judíos. Vergüenza debería darnos.

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Jerusalem se escribe con M

Publicado por marcelokisilevski en Mayo 8, 2009

Jerusalem

Nos ha llegado el hermoso libro de Abraham Argov, “Jerusalem se escribe con M”, con estampas breves, entrañables, de la capital israelí, con sus calles y edificios que resuman historia, y también con su gente, que desborda en mundos enteros.

Abraham Argov es un hombre de Jerusalem. Ha vivido allí desde siempre, y ha trabajado y activado por la ciudad y por el mundo judío, del que Jerusalem es centro. Y la centralidad de Argov, olé de la Argentina, queda oculta, como el misterio mismo de la ciudad. Como pista, por ahí aparece una foto de él caminando por la Ciudad Vieja, medio de espaldas, a la Hitchkok. En otra da la cara, tocando el violín nada menos que con Teddy Kolleck, el legendario alcalde. Y aunque titule una de sus estampas, como otra pista, “El Teddy Kolleck que yo conocí”, y aunque haya trabajado con él (infidencia nuestra), en su texto se empecina en el misterio, y salvo ese desliz con el violín, insiste en ser el que sostiene la “cámara”, en lugar de estar frente a ella.

Se puede visitar la ciudad y llevar tranquilamente este libro, para leer y  dar voz a los lugares, que son mudos, pero sólo en apariencia.

Me tomo el atrevimiento de publicar uno de los textos, que habla de un lugar de esos, que es mudo sólo en apariencia: un simple hospital. Pero un hospital de Jerusalem:

Hospital Shaarei Tzedek

Hace algunas semanas visité en el Hospital Shaarei Zedek a un buen amigo, internado por unos días.

En su habitación había tres camas, separadas por cortinas. Una estaba ocupada por él, nacido en Roma y descendiente de una familia llegada a Italia tal vez en la época de los césares o quizás en tiempos de la expulsión de los judíos de España, no lo sabe. Su idioma materno es el italiano, pero domina también el español, el portugués, el francés y el inglés, además del hebreo. Su esposa, nacida en Rusia, habla ruso y alemán, ya que sus padres emigraron de Rusia a Alemania, para salir de allí con el surgimiento del nazismo, y partir a Palestina. Además de hebreo, habla también español, portugués e inglés. A pesar de sus sólidos conocimientos de la tradición judía, los dos impartieron a sus hijos una educación laica.

En la cama contigua se veía a un inmigrante de la ex Unión Soviética, religioso, que pasaba la mayor parte del tiempo leyendo libros sagrados y rezando en hebreo. Cuando entraba a visitarlo su hija, una mujer de mediana edad vestida como las mujeres religiosas de Jerusalem y acompañada por cinco niños (cuatro varoncitos con solideos y una niña), el abuelo hablaba con ellos en un hebreo insuficiente; cuando no lograba expresarse en el idioma de los nietos, recurría a su hija y hablaba en ruso.

En la tercera cama había un hombre de mediana edad, un poblador de la vecina aldea árabe de Djabel Mukabar, quien recibía la visita de sus dos mujeres, tres hijos, dos hermanos y su padre. Todos hablaban árabe entre sí, y hebreo conmigo.

Dos días después, en mi segunda visita, ya no vi a la familia árabe. El problema médico se había solucionado y el enfermo había sido dado de alta. Junto a esa cama encontré a un grupo de jóvenes que acompañaban al nuevo paciente, joven como ellos. Todos hablaban español y estudiaban en un instituto religioso para jóvenes interesados en abrazar el judaísmo. El grupo estaba integrado por muchachos de Venezuela, Colombia, Brasil y España (Ibiza), y una joven peruana.

Trabé conversación con ellos, que no cesaban de plantearme preguntas. Todo les interesaba: el país, su geografía, sus costumbres, las comunidades judías de la diáspora.

Uno de ellos me relató su historia. Nació cristiano, y un tío suyo le reveló en secreto que la familia había llegado a Sudamérica siglos atrás huyendo de la Inquisición y que, desde entonces, conservaba en secreto los ritos de la religión judía a la que siempre había pertenecido. El trauma del muchacho fue tremendo al escuchar la revelación del tío; empezó a interesarse por su pasado familiar, leyó todo lo que estaba a su alcance sobre la historia y la tradición judía, y hoy en día está en Jerusalem preparando su retorno a las fuentes para reintegrarse a su viejo-nuevo origen.

Cuatro historias, cuatro estampas diferentes, muchos idiomas y costumbres en una misma sala del Hospital Shaarei Zedek.

 

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La Muerte Vecina

Publicado por marcelokisilevski en Abril 28, 2009

A veces la muerte necesita nombre y apellido. Por eso, tal vez, porque es difícil, Israel decide honrar al último soldado muerto ese año. Este año, todos los soldados muertos se llamaron Yonatan Netanel, oficial comandante de destacamento, muerto por “fuego amigo” en el operativo “Plomo fundido” en la Franja de Gaza. Él y su familia fueron honrados por el estado y el ejército, las fotos de sus padres, su viuda, y su hijita Maayán salieron en todos los medios.

Yo recuerdo a Malki Netanel, la mamá de Yonatan, de la calle Arieh Dultzin, en el barrio de Guivat Masuá en Jerusalem. Allí viví 3 años con mi familia. Cuando recibimos muchos invitados, Malki nos prestó todas las sillas. Desde entonces, siempre nos saludaba, preguntaba si necesitábamos algo, se esforzaba en encontrar algo que pudiera hacer por nosotros. Con dulzura, sin cargosear, parecía explicarnos que al ayudarnos, nosotros en realidad la ayudábamos a ella. Los ortodoxos conciben una especie de “banco de mitzvot”: si hacen más buenas acciones, así les irá de bien en el mundo venidero, a la hora del último balance. Por eso, cuando uno hace una buena acción, te la agradecen diciendo: “shetizké lemitzvot”, algo así como: “que se te acrediten buenas acciones (en el banco del más allá)”.

Y Malki, mamá de Yonatan z”l, invertía mucho en su banco de mitzvot. Quizás será por eso que llamó a su hijo Yonatan, como una plegaria doble: Yonatan significa “Dios ha dado”. Y “Netanel” significa… exactamente lo mismo, aunque invertido: “Ha dado Dios”. Yonatan Netanel. Dios ha dado, ha dado Dios. Como un pedido, o como un temor y una premonición.

No lo sé, sólo sé que por lo que sabemos de este mundo de más acá, a Malki no le alcanzaron sus depósitos en el banco de más allá. A menos que estemos viendo, nosotros acá, todo al revés.

Una buena y hermosa familia, la familia Netanel, de Jerusalem. Yonatan murió por “fuego amigo” en el operativo “Plomo fundido”. Su padre, el rabino Amos Netanel, esposo de Malki, se apresuró a enviar una carta de “abrazo” y amor a los soldados que dispararon equivocadamente un obús de tanque contra la edificación en la que se ocultaron Yonatan y los soldados que comandaba.

Nada de venganza, nada de odio. Así debía ser, porque fue Dios el que lo ha dado. Y fue Dios el que ha quitado, quien sabe, para dar otra cosa.

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¿Nos enseñaron todo mal?

Publicado por marcelokisilevski en Abril 14, 2009

¿Fue el Rey David, realmente, el noble héroe que nos enseñaron en la escuela? Y si no lo fue, si se trató de un farsante y un asesino de opositores y de pueblos vecinos, ¿qué dice ese descubrimiento acerca de nuestra identidad histórico-nacional, incluido nuestro carácter presente de nación con derecho a una tierra?

¿Que la inocencia nos valga? El Rey David y su harpa, en Jerusalem.

¿Que la inocencia nos valga? El Rey David y su harpa, en Jerusalem.

 

 

Tiempos de Pesaj y de luchar contra la balanza. Tiempos de Seder en casa, y después a lidiar con las vacaciones de los chicos. Tiempos entre-computadoras, esos temibles días en que la laptop ha fallecido sin que hayamos alcanzado a reemplazarla. Algo así como los “Días Terribles”, pero en Pesaj…

De todos modos, la falta de conexión no sólo me alejó del blog por un tiempo, sino que también me arrojó de lleno, una vez más, al placer de la lectura, y a uno de esos libros con los que uno se topa una vez por año con suerte, de esos que no se pueden dejar. Se llama “Melajim Guimel”, o sea “Reyes III”, de la escritora israelí Ioji Brandes, y cuenta en clave de novela histórica de cómo David, el Rey David, nuestro gran héroe, era en realidad un traidor que conspiró, con astucia y malicia, contra la corona al rey Shaúl, luego de falsificar la hazaña de la muerte de Goliath el gigante filisteo, y de pergeñar una patraña tras otra para hacerse no sólo con el reino, sino también con el amor de las siguientes generaciones. Un maestro del marketing, supo posicionar a Jerusalem como nueva capital con el fin de unificar a las tribus de Israel, objetivo noble si los hubiera, pero también utilizó el relato y el mito como arma mortífera en manos de sus escribas y biógrafos.

Un libro subversivo si los hay -calificado de tal por su propia autora- Melajim Guimel nos asegura que, después, iremos corriendo a leer otra vez la Biblia, ahora con otros ojos. En efecto, las señales de la trampa y la manipulación están denunciadas en nuestras fuentes por todos lados.

Lo interesante de este libro, sin embargo, son las reflexiones filosóficas, casi existenciales, que dispara. Porque si se pone a pensar uno, toda la historia nos llega de un modo, cuando en realidad fue de otro. O, por lo menos, fue mucho más complejo. Ejemplito: ¿quién no vio la foto de Moshé Dayán, Itzjak Rabin y “Dado” Elazar entrando en la Ciudad Vieja de Jerusalem rumbo al Kotel, una vez conquistado en el ‘67? Imagen romántica, espontánea, mitológica. Pues bien, parece ser que la tan romántica foto tiene detrás toda una historia apasionante de egos e intrigas, con todo y un Moshé Dayán, entonces ministro de Defensa, amenazando con tiros y líos si no esperaban a que él se pusiera el uniforme (que ya no usaba) y llegara para posar en la imagen. Y así todo. Absolutamente todo.

Hace unos días, antes de la fiesta, se me acercaron unos alumnos en el Majón de Madrijim (Instituto de Líderes de la Agencia Judía) en Jerusalem. Acababa de darles una charla sobre los árabes israelíes, donde explicaba entre otras cosas la narrativa árabe acerca del nacimiento del Estado de Israel. Como conclusión general, para no ahondar en detalles, explicaba que, a pesar de los acontecimientos, las circunstancias y las emociones en juego en un colectivo y en el otro -el judío y el árabe-, Israel ha logrado mantenerse razonablemente democrático -muchísimo mejor que otros países con minorías nacionales-, con mucho hecho y mucho por hacer para equiparar el status de los árabes israelíes.

Pero los acontecimientos del pasado no dejaban tranquilos a mis estudiantes. El hecho de que había habido una guerra, y que se había generado el problema de los refugiados, ¿no echaba por tierra la legitimidad del Estado de Israel? Me explicaban que algunos de sus amigos habían abandonado la causa sionista a raíz de esa “toma de conciencia” acerca de aquel “pecado original”.

Les dije de antemano: “No les voy a acallar la conciencia; ustedes tendrán que seguir rompiéndose la cabeza, estudiando, investigando, pensando”. Pero, ¿acaso hay país en Occidente que haya nacido sin guerra civil, sin violencia, sin intrigas? ¿Fueron los palestinos más víctimas de las circunstancias históricas de la época que los judíos? En una época de genocidios, exilios forzosos y violentos intercambios de poblaciones en la URSS, en China, de holocaustos y bombas atómicas, Israel no mató a toda la minoría árabe, sino que ésta se trasladó, mucha de la cual se fue sola a los campos de refugiados en los países vecinos, y parte de la cual se fue con “ayuda” israelí, más o menos delibarada. Los historiadores siguen y seguirán discutiendo acerca de los números y las proporciones, pero lo que está claro es que no existió política centralizada de expulsión de todas las masas árabes. De otro modo, no habría permanecido ni uno de ellos. ¿Convierte esta relativa no violencia a Israel en un país que “nació en el pecado”? O, por el contrario, ¿lava este hecho del todo su culpa, como en el bíblico caso de Noé, el “justo en su época”? Como todo, absolutamente todo, la verdad y las respuestas están en algún lugar en el medio.

Les pregunté a mis estudiantes si el hecho de que los padres fundadores de sus países -Argentina, Brasil, etc.- hubieran sido todos, absolutamente todos, corruptos, asesinos de opositores, genocidas de indígenas y esclavizadores de negros, suponía entonces que Argentina y Brasil no tendrían derecho a la existencia. Vamos, que sin todos aquellos “pecadillos originales”, ninguno de esos países sería lo que es. Ni siquiera los revolucionarios cubanos pueden arrojar la primera piedra de nada.

El hecho de que David, si Ioji Brandes está en lo cierto, no hubiera sido un gran héroe sino un cruel asesino y sobre todo un farsante, ¿echa por tierra prácticamente toda nuestra identidad nacional judía? El hecho de que los árabes israelíes y los refugiados palestinos hubieran vivido el nacimiento de Israel como una Naqba, una “catástrofe”, ¿pone en tela de juicio la legitimidad del sionismo como movimiento de liberación nacional del pueblo judío?

Del otro lado, el hecho de que el movimiento de liberación palestino hubiera nacido como una banda de terroristas que cometieron crímenes de lesa humanidad desde la década del ‘60 hasta nuestros días, con miles de civiles inocentes, hombres, mujeres y niños judíos y de otras nacionalidades cruelmente masacrados, ¿no pone en tela de juicio, de la misma forma, el derecho a la existencia del estado palestino que todavía no nació? ¿No tendrán ellos también que lidiar con sus propios “pecados originales”? La respuesta será sí en ambos casos, dependiendo a quién se le pregunte, y dependiendo de quién sea el escriba.

La pregunta que en algún momento nos tenemos que hacer, es dónde poner el punto final a la discusión histórica con implicancias para el presente. Pues, de nuevo, así es como ha ocurrido todo desde los albores de la historia, y la inocencia de los procesos políticos dejadla a los inocentes. De otro modo, nada podría ser hecho: ni lo verdaderamente malvado, ni lo razonablemente justo, podrían tener lugar.

Y así como los países de América deben enfrentar su pasado y contribuir a la reconstrucción de las naciones indígenas diezmadas por la Europa del hierro y la pólvora, los imperialistas de la Europa del siglo XIX enfrentar su pasado colonial, y los norteamericanos compensar a los Sioux y encumbrar a un presidente negro (por algo se empieza), Israel deberá en algún momento, cuando lo pueda digerir, contribuir a algún tipo de reparación para con los refugiados palestinos. La fórmula “solución justa” para ese problema -junto con el fin del terrorismo y otras partes a cumplir por los palestinos- ya formaba parte de la Hoja de Ruta que, junto con la creación del estado palestino, ha sido aceptada por el mainstream israelí y su establishment. Y está bien que así sea.

Pero la inacción en nombre de la pureza de los ideales, y la deslegitimación a posteriori de todo lo actuado y de todo lo creado, es equivalente a defender la parálisis y, muchas veces, al suicidio del colectivo propio. Para bien y también para mal, no es así como funciona la historia.

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