Israel y el acuerdo Occidente-Irán

Los protagonistas del acuerdo en Lausana. ¿Se podrá frenar a Irán?

Los protagonistas del acuerdo en Lausana. ¿Se podrá frenar a Irán?

Por Marcelo Kisilevski

En Israel, las noticias sobre el acuerdo de este jueves en Lausana entre las potencias Occidentales e Irán fueron recibidas con escepticismo, cuando no con disgusto explícito.

Los tres diarios más importantes estuvieron divididos este viernes en su edición especial de Pesaj. Maariv se mostró a favor. Israel Hayom -alineado con todas las posiciones de Biniamín Netanyahu- se mostró claramente en contra: “El acuerdo con Irán: error histórico”, editorializó en su titular. Y Yediot Ajaronot, en general opositor férreo, dividió su portada entre ambas posiciones: “Acuerdo nuclear. Obama: ‘Buen acuerdo'; Israel: ‘Error histórico'”.

El presidente norteamericano Barack Obama emprendió una campaña personal para persuadir a todo el mundo, tanto en el exterior como en su frente interno, de que se trata del mejor acuerdo posible. Entre otros métodos de tranquilización, en EEUU se difundieron noticias según las cuales sus fuerzas armadas se siguen entrenando, y las bombas perfora-bunquers se siguen desarrollando.

El premier israelí Netanyahu, en tanto, se presentó ante las cámaras para denostar el entendimiento alcanzado: “Todos los ministros en mi gabinete y yo somos unánimes en nuestro repudio a este mal acuerdo”, sentenció.

El analista de asuntos árabes del Canal 2, Ehud Yaari, estuvo de acuerdo con él cuando citó palabras de Bill Clinton luego del acuerdo con Corea del Norte para neutralizar su plan nuclear, que terminaría, como es público, con la posesión de la bomba por ese país: “Las palabras de Obama de hoy suenan exactamente igual que las de Clinton de entonces”, comparó Yaari.

En su análisis, el periodista rebeló nada menos que cinco desacuerdos entre la versión occidental del acuerdo y la iraní. Para los voceros iraníes, los occidentales sencillamente “mienten”.

Los cinco desacuerdos acerca del acuerdo son:

1) Fin de las sanciones a Irán. Según Occidente, se acordó que las sanciones serían retiradas gradualmente. Para Irán, en el lapso de un día a partir del acuerdo definitivo a firmarse hasta el 30 de junio próximo.

2) Lapso de la suspensión del enriquecimiento de uranio. Occidente: será por 15 años. Irán: por 10.

3) Desarrollo de centrífugas de nueva generación en Fordó. Occidente: se interrumpirá totalmente. Irán: continuará.

4) Revisaciones sopresa por los inspectores internacionales en instalaciones iraníes. Occidente: Irán consintió. Irán: de ninguna manera.

5) Destino del uranio ya enriquecido, el “uranio de las siete bombas”. Occidente: la mayoría será trasladada a otro país, probablemente Rusia. Irán: permanecerá en Irán.

En este estado de cosas, es difícil vislumbrar un camino fácil hacia el acuerdo definitivo, y en Israel hay muchos convencidos de que todo lo que hace Irán -acordar, disentir en lo acordado, acceder a otro alargue, etc.- es parte de sus maniobras para ganar tiempo y seguir en tanto con el desarrollo su poderío nuclear. A la luz del caso norcoreano, y de los datos que se acumulan sobre las fintas iraníes, es posible comprender el nerviosismo israelí.

 

Netanyahu: ahora queda claro

BibiGana Por Marcelo Kisilevski

El tiempo  de negociaciones coalicionarias, es bueno para algunas reflexiones tardías sobre el cimbronazo que acaba de atravesar la sociedad israelí a partir de los resultados electorales del 17 de marzo.

¿Por qué hacían falta nuevas elecciones que dieran por resultado lo que ya teníamos, a saber, Biniamín Netanyahu como Primer Ministro? La respuesta breve es que Netanyahu jugó una apuesta audaz por un gobierno que le fuera más favorable, y la ganó. Nada más sencillo.

Vamos ahora a la respuesta más extensa. Estos comicios son ciertamente una apuesta del propio Netanyahu por lograr un gobierno en el que el Likud tuviera más diputados y, por ende, menos dependencia de pequeños partidos a su derecha y a su izquierda. Recordemos que en la Knesset anterior, la 19°, el Likud se presentó en un frente con Israel Beiteinu de Avigdor Liberman, con quien reunió apenas 31 diputados, sólo 20 de los cuales pertenecían neto al Likud. En estos comicios, en cambio, el Likud ganó 30 postulándose solo, y Liberman, en cambio, sólo logró 5. Por el lado matemático, la apuesta ya le salió bien.

Esto implica que Bibi apostaba a una coalición más gobernable. Ciertamente, para formar una coalición estable necesita más del doble de los escaños conseguidos, y por lo tanto debe dejarse caer nuevamente en las manos de los partidos más pequeños. También es cierto que esos partidos pequeños esta vez incluirán solamente partidos de derecha y religiosos.

Pero esto le otorga a Bibi tres ventajas por lo menos: primero, se trata de una coalición más homogénea, con una política más clara y sincerada; segundo, sus adversarios dentro del gabinete –Liberman y Naftali Bennet, de Habait Hayehudí- tienen menos diputados que en el anterior gobierno y, por lo tanto, menos poder para detractarlo desde adentro. Eso fue lo que hicieron precisamente durante el período anterior, especialmente durante el último operativo en Gaza, cuando los dos nombrados cuestionaron abiertamente la estrategia de un gabinete del que formaban parte.

Tercera ventaja de un gabinete homogénea y claramente de derecha desde el punto de vista de Netanyahu: precisamente él es, también, claramente de derecha. Esto dotará a Netanyahu de una fuerza de apalancamiento en cualquier negociación con los palestinos y con la Casa Blanca y la Unión Europea. Podrá decirles: “Si fuera por mí encantado –con congelar la construcción en los asentamientos, con crear un Estado palestino y demás reclamos- pero vean qué coalición tengo. Si yo firmo ese eventual acuerdo, mi gobierno caerá y no lo podremos cumplir”.

La desventaja va de la mano con la no necesidad de contar con una “hoja de parra” izquierdista, tal como lo hizo en sus gobiernos anteriores, de los que personalidades como Shimón Peres, Ehud Barak, formaron parte y que le permitieron mostrar otra cara: “No soy tan terrible”. Si el frente Hamajané Hatzioní (Laboristas de Herzog y Hatnuá de Tzipi Livni) no quiere ser hoja de parra, si quiere dejar que Netanyahu pague moneda por moneda todo el precio de su éxito en el frente internacional, más le valdrá mantener su postura de no asociarse con él en un gobierno de unidad nacional.

Existe, sin embargo, un “pero” a esta configuración que se perfila: Netanyahu ciertamente se ha revelado en esta vuelta electoral, probablemente, como el político más hábil de la historia de Israel. Pero eso incluye el ser un líder “presionable”.  El famoso discurso de Bar Ilán, pronunciado el 14 de junio de 2009, en el que Netanyahu declarara por primera vez su apoyo a la fórmula de “dos Estados para dos pueblos”, no se logró por un reblandecimiento de las posturas del premier, sino por las presiones de un Obama nuevo en el poder, que había pronunciado su propio discurso en El Cairo apoyando la fórmula de dos Estados el 4 de junio del mismo año, apenas diez días antes que Netanyahu, discurso que le valiera al norteamericano el Nobel de la Paz.

Con un gabinete más homogéneo, más claro y más gobernable, Netanyahu tendrá más poder para ser intransigente pero, también, para ceder a las presiones de las circunstancias mundiales, por ejemplo si con ello se logra una postura de Occidente menos blanda con Irán. A sus compañeros de mesa podrá decirles lo que en el gobierno saliente no podía: “Era esto (congelamiento en los territorios, nuevas negociaciones y concesiones) o nada, si quieren retirarse de la coalición pueden hacerlo, pero recuerden que ni ustedes ni nosotros en el Likud tenemos coalición alternativa”. En ese sentido, la nueva fortaleza de Netanyahu puede ser también su debilidad.

Es posible que se trate de wishful thinking, pensamiento político ilusorio. Posiblemente, como temen en la oposición, estemos ingresando en otra etapa oscura de Israel, pletórica de aislamiento internacional, exacerbación del enfrentamiento con los palestinos, no avance en el tema iraní, entre otros males.

Es posible. Pero en este caso el wishful thinking tiene base histórica. Sólo gobiernos claramente de derecha se han retirado del Sinaí (1979) y de Gaza 2005). Y un gobierno claramente de derecha, el del propio Biniamín Netanyahu, fue el que firmó en 1997 nada menos que el Acuerdo de Hebrón, por el cual la mayor parte de la ciudad de Abraham pasaba a manos palestinas. Presionado, claro está.

El gobierno anterior no pudo adjudicarse grandes logros, ni perpetrar grandes desastres. A no ser que veamos el operativo en Gaza como un desastre colosal. En realidad no logró nada, no acabó con la amenaza de Hamás pero tampoco puso en mayor peligro al Estado del que ya estaba. No mejoró la economía, la brecha social se agrandó y el salario se erosionó, pero los parámetros macro se mantuvieron bien, y ni la inflación ni la desocupación se dispararon. El gobierno anterior fue, en gran medida, el gobierno de la nada.

La ventaja, si hay alguna, de un gobierno tan claro, es que podrá emprender políticas y llevarlas a término, recoger los frutos de sus logros de modo claro, o ser castigado en las próximas urnas –para variar– también de modo claro.

Resultados y escenarios de boca de urna en Israel

Desde la izquierda arriba, en dirección horaria: Itzjak Herzog, Naftali Bennet, Yair Lapid, Moshé Kajlón. En el centro, el premier Biniamín Netanyahu, esta noche, el que se siente más cómodo con los resultados electorales.

Desde la izquierda arriba, en dirección horaria: Itzjak Herzog, Naftali Bennet, Yair Lapid, Moshé Kajlón. En el centro, el premier Biniamín Netanyahu, esta noche, el que se siente más cómodo con los resultados electorales.

Por Marcelo Kisilevski

Según los resultados publicados por los canales de televisión israelíes, los resultados de boca de urna de los comicios para la Knesset N° 20 en Israel atribuyen al premier Biniamín Netanyahu una posibilidad cómoda de formar un gobierno de derecha más homogéneo que el anterior. Sin embargo, esto no echa por tierra de modo total la posibilidad de formar un gobierno estrecho de centro-izquierda por parte de Itjzak Herzog, líder de Hamajané Hatzioní. Los analistas tampoco descartan la posibilidad de un gobierno de unidad nacional entre Likud y Hamajané Hatzioní.

He aquí los resultados según el Canal 2 de televisión:

Likud                                                     28

Majané Tzioní                                    27

Lista Árabe Unificada                      13

Yesh Atid (Lapid)                              12

Kulanu (Kajlón)                                 9

Habait Hayehudí                               8

Shas                                                       7

Yahadut Hatorá                                 6

Meretz                                                 5

Israel Beiteinu (Liberman)            5

 

Yajad (Eli Ishai)                                  0 (No alcanzó el umbral mínimo de 3,25%, 4 diputados)

 

Alé Yarok                                             0 (No alcanzó el umbral mínimo de 3,25%, 4 diputados)

 

Si estos son los resultados finales mañana miércoles a la mañana, Biniamín Netanyahu puede formar dos gobiernos: uno de derecha junto con los partidos religiosos, y otro de unidad nacional con Hamajané Hatzioní. Éste, en cambio, no puede formar gobierno de unidad nacional, y la formación de un gobierno de centro-izquierda, si bien es posible, estará sujeto a negociaciones arduas con asociaciones que pueden resultar endebles.

 

Escenarios:

1. Gobierno de derecha, Primer Ministro Biniamín Netanyahu:

 

Likud                                                     28

 

Kulanu (Kajlón)                                 9

 

Habait Hayehudí                               8

 

Shas                                                       7

 

Yahadut Hatorá                                 6

 

Israel Beiteinu (Liberman)            5

Total diputados:                               64

 

2. Gobierno de unidad nacional, Primer Ministro Biniamín Netanyahu o rotación con Itzjak Herzog:

 

Likud                                                     28

 

Majané Tzioní                                    27

 

Kulanu (Kajlón)                                 9

 

Shas                                                       7

 

Yahadut Hatorá                                 6

Total diputados:                               77

 

3. Gobierno de centro izquierda, Primer Ministro Itzjak Herzog:

 

Majané Tzioní                                    27

 

Yesh Atid (Lapid)                              12

 

Kulanu (Kajlón)                                 9

 

Shas                                                       7

 

Meretz                                                 5

 

Yahadut Hatorá                                 6

Total diputados:                               66

 

 

Si bien la Lista Árabe Unificada apoyaría desde afuera a la coalición de centro-izquierda, Herzog necesita a Yahadut Hatorá, ultraortodoxos ashkenazim, para reclamar el derecho, siquiera, a intentar formar coalición. La dificultad está dada por la casi imposibilidad de que este partido religioso comparta el gabinete con Yesh Atid de Yair Lapid, responsable de la ley de reclutamiento de los estudiantes de ieshivá (casa de estudios religiosos).

 

La ventaja obtenida por el premier Netanyahu, después de sufrir una desventaja de cuatro mandatos en la última encuesta de intención de voto frente a Herzog (que lo aventajaba por 26 contra 22 diputados), se debió a la habilidad del primero en efectuar un bombardeo táctico de entrevistas en los medios y un contacto sin precedente con la calle israelí, donde llamó a los votantes tradicionales del Likud, dispersos por otros partidos mayormente nuevos (como Yajad) a “volver a casa”. El Likud pudo así “chupar” a último momento diputados, de partidos nuevos como Yajad, que quedó fuera del parlamento, y también de Habait Hayehudí.

 

A pesar de la decepción de los laboristas, la recuperación del Likud no fue a expensas de la alianza entre Herzog y Livni, sino de otros partidos de derecha. Hamajané Hatzioní mantuvo su nivel e incluso lo superó en un mandato, siempre los sondeos de boca de urna. Los resultados finales, mañana miércoles a la mañana.

“Yo soy Nisman”, también en Israel

Los carteles en la manifestación. En hebreo: "Justicia para nuestro pueblo en Argentina".

Los carteles de la juventud en la manifestación. En hebreo: “Justicia para nuestro pueblo en Argentina”.

Por Marcelo Kisilevski*

De repente, la explanada del edificio de oficinas en Herzlía, al norte de Tel Aviv, se convirtió en una extensión de cualquier plaza argentina levantada en manifestación: gente envuelta en banderas nacionales, carteles con la inscripción “Yo soy Nisman”, “Nunca podrán suicidar a la justicia”, caras consternadas, diálogos en castellano, con bronca y mucho escepticismo.

Cientos de argentinos residentes en diversas localidades de Israel manifestaban de ese modo, ayer, frente a la embajada de Argentina en Israel en Herzlía, al norte de Tel Aviv, en protesta por la muerte de Alberto Nisman. El acto en sí fue escueto: consistió en tres discursos breves y la entrega de un petitorio reclamando justicia al agregado cultural argentino en Israel, Manrique Lucio Altavista. Para cerrar, en la transitada avenida israelí resonó fuerte el Himno Nacional Argentino.

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Roxana Levinson, familiar de víctimas en ambos atentados en Buenos Aires, durante su discurso.

 

“Envueltos aun en la conmoción y la desazón que implica el haber sumado la víctima número 86 del atentado perpetrado en 1994, exigimos una investigación que dé con la verdad de los hechos, la misma verdad que Alberto Nisman persiguió durante sus extensos años de arduo trabajo en la causa AMIA”, dijeron los argentinos israelíes en su petitorio. El agregado cultural Altavista dijo a Clarín que “vamos a transmitir este petitorio a Buenos Aires”, y rehusó agregar más comentarios.

Con la muerte violenta de Nisman, “alguien firmó el certificado de defunción de la Causa AMIA, una mano a la que no le tembló el pulso firmó: sentencia de muerte para la verdad y la justicia”, dijo en su discurso Roxana Levinson, sobrina de Jaime Plaksin, víctima de AMIA, y de Graciela Levinson, víctima del atentado en la Embajada israelí. “¿Y ahora qué? ¿Quién tomará la causa? Porque, obviamente, habrá nuevo fiscal y se cumplirán las formas, pero… ¿quién tomará la causa de las víctimas, quién intentará llegar al fondo de la verdad? ¿Quién volverá a enfrentarse a los monstruos del poder absoluto y la impunidad?”, se preguntaba.

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Acto digno, alrededor de 200 asistentes. A la derecha, Mariano Gorbatt, de Kehilá Latina, conduciendo el acto.

 

Los organizadores pertenecen a una agrupación de inmigrantes llamada Kehilá (Comunidad) Latina. Uno de ellos es Mariano Gorbatt: “Así como 2 años atrás nos reunimos para protestar contra el acuerdo con Irán, el objetivo de este acto es reiterar el reclamo de justicia, que ahora se extiende a una víctima más, la número 86 de AMIA, el fiscal Alberto Nisman”.

León Amiras, presidente de OLEI, la organización de inmigrantes latinos en Israel, dijo en su alocución que “en cada acto de recordación de la tragedia de AMIA, en Ashdod, Kfar Saba o Beer Sheva, nombrábamos a Nisman, y elogiábamos su trabajo como fiscal. Ahora recordaremos que lo de AMIA sigue abierto, y que todavía la causa Nisman está en trámite”.

Muchas firmas. Un participante en el acto firma el petitorio a ser entregado a la Embajada Argentina.

Muchas firmas. Un participante en el acto firma el petitorio a ser entregado a la Embajada Argentina.

Javier Waldman es sobreviviente del atentado en AMIA. Trabajaba en Tesorería, en el edificio de Pasteur, y salió ileso. Un año después emigró hacia Israel con su esposa Carina, un plan que ya tenían desde antes del ataque. Ayer estaba entre el público, frente a la embajada argentina.

“Pasamos veinte años esperando respuestas por el atentado, y ahora tenemos que esperar explicaciones de qué pasó con la persona que estaba buscando esas respuestas de hace 20 años”, dijo Waldman, que hoy es encargado de marketing para Iberoamérica para una empresa tecnológica israelí.

Con su cartel de “El petróleo vale más que la sangre de las víctimas”, Jessica Scheinberg, una estudiante universitaria que participaba en el acto, dijo a este diario “que supuestamente la democracia había vuelto a la Argentina, y esto es una muestra que ello no fue así. Nos solidarizamos con toda la sociedad argentina que lo está viviendo allá, y esperamos que siga protestando para que haya un cambio, porque esto no puede seguir así”.

En el acto también hablo José Caro, titular de la OLEI de Raanana. “Nuncá más, por la Memoria de Nisman, y para que todos los delincuentes y asesinos vayan presos”, dijo Caro. “Nuncá más por todos los muertos, por todos nuestros muertos, para que por fin puedan descansar en paz y para que alguna vez, alguna vez, podamos decir: En la Argentina se hizo Justicia. La Justicia existe. ¡La Justicia en la Argentina de verdad existe!”

*Escrito para Clarín, 24.1.15

Elecciones anticipadas, otra vez

Por Marcelo Kisilevski

Ayer el primer ministro Biniamín Netanyahu dio el puntapié inicial a la campaña electoral con un acto de fuerza: el despido premeditado de los ministros Yair Lapid y Tzipi Livni. También dio un discurso en el que admitió que su gobierno había sido desastroso y él fue un primer ministro débil. Eso sí,  por culpa de otros. La prueba está en que su gobierno anterior, que fue excelente. De paso, también culpó al pueblo de Israel: esto ocurrió por una coalición imposible, a la que llegó debido a que “no obtuvimos suficientes bancas en la Knesset”.
En lo único que se puede decir que acertó es en que este gobierno estuvo signado por una heterogeneidad imposible de conciliar, por la deslealtad al gobierno del que formaban parte y a su jefe de equipo y, por ende, la parálisis. No se terminó de vencer a Hamás, tampoco de asegurar la pacificación del sur israelí, no se abarataron las viviendas ni el costo de vida, no avanzó el proceso de paz. Nada. En su famoso discurso de “No evacuaste, no hiciste”, del que ya hay un remix en Youtube, enumeraba logros tan “extraordinarios” como la ley de guardería gratuita desde los tres años de edad.
En su discurso de ayer enumeró una lista de acusaciones donde pintaba a Lapid y a Livni poco menos que como traidores, sobre todo por su intento de conformar un gobierno alternativo volteando a Bibi… siendo parte del propio gobierno. El premier olvidó mencionar solamente que también Liberman y Bennet, sus dos puntales derechos, habían sido tan desleales como ellos, pero a ellos no se animó a despedirlos. Esto justificó el argumento de Livni: “Bibi se rindió a las amenazas de su ala derecha. Todo lo demás son excusas”.
Al único que se animó a despedir, durante el operativo Margen Protector, fue a un vice ministro, Dany Danón. El problema es que Danón preside nada menos que del Comité Central del Likud, y allí lo esperará en las internas. También estará Moshé Feiglin, un ultra nacionalista que infiltró el Likud para derechizarlo desde adentro, el propio Danón, y posiblemente, si lo convencen, Gideon Saar, el que se retiró de la política para criar a su hijo.
Sin embargo, las posibilidades de que lo voten a Netanyahu nuevamente en las internas no son surrealistas: si las elecciones se realizaran hoy, con él encabezando a su partido, éste aumetnaría sus bancas, de 20 a 22, y eso es un argumento de peso en un Comité que tiene que decidir, no a quién le tienen más afecto, sino quién es capaz de mantener al Likud en el poder. Y hoy por hoy, no hay quien pueda llenar los zapatos del vapuleado líder.
Estos son los resultados de la encuesta de intención de voto realizada por Mina Tzémaj para el Canal 2 de televisión:
Likud 22
Habait Hayehudí (Bennet) 17
Avodá (Herzog) 13
Israel Beiteinu (Liberman) 10
Shas 10
Partido nuevo de Moshé Kajlón 10
Yesh Atid (Lapid) 9
Yahadut Hatorá (Jaredim) 8
Meretz 7
Yesh Atid (Lapid) 9
Hatnuá (Livni) 4
Partidos árabes juntos 11
De este panorama resulta que el Likud no se debilitó, al contrario, y que bloque de la derecha sigue teniendo las de ganar. Itzjak Herzog, del Laborismo, intentará formar un bloque que le cierre el paso a la derecha, y ayer llamaba a Livni, Lapid y Meretz a unirse tras su liderazgo. El que ayer no se descartaba que pudiera barajar su incorporación es Avigdor Liberman, que con su plan de paz publicado este fin de semana hace un significativo guiño hacia el centro del mapa político.
Las elecciones se perfilaban ayer para el 17 de marzo o alrededores, y hasta entonces este gobierno seguirá gobernando, con campaña electoral, con acusaciones mutuas por lo que se consideran las elecciones adelantadas más injustificadas de la historia (atribuidas a las malas relaciones personales de sus líderes), con un presupuesto nacional provisorio y sin proyectos ni realizaciones a la vista. El resto es incertidumbre.

Renace la nación aramea, y ocurre en Israel

"Gracias Israel por reconocer a las minorías arameas cristianas. Occidente, paren con la política de doble rasero hacia las comunidades no islámicas". Arameos cristianos israelíes manifiestan en abril pasado.

“Gracias Israel por reconocer a las minorías arameas cristianas. Occidente, paren con la política de doble rasero hacia las naciones no islámicas”. Arameos cristianos israelíes manifiestan, en abril pasado.

Por Marcelo Kisilevski

Hace tiempo venimos explicando la persecución que sufren los cristianos a manos de los musulmanes en el Medio Oriente. Las pruebas más contundentes han venido de la mano de la siniestra organización Estado Islámico con sus crucifixiones, decapitaciones, conversiones forzadas, ejecuciones masivas y expulsiones de cristianos en Irak y Siria.

En Israel hace años ya, la comunidad árabe cristiana intenta separarse de su identidad árabe y abrazar la identidad israelí, por entender que muy bien no les ha ido con su histórica alianza con el panarabismo del siglo pasado, y con la nación árabe en general. Comenzó con un movimiento por el reclutamiento obligatorio de los cristianos al ejército israelí, un derecho-obligación que también solicitaron y se les concedió en su momento a los drusos israelíes.

Ahora el siguiente paso: el ministerio del Interior israelí ha concedido el pedido de los cristianos israelíes de que en sus cédulas de identidad, donde figura el apartado “Etnia” (en hebreo dice Leóm, Nación), en lugar de “Árabe” se lea “Arameo/a”. Se trata de una lucha de años, y ayer el ministro del Interior, Gideon Sáar, supo tomar la decisión correcta.

“No somos árabes, sino cristianos que sólo hablamos árabe”, explican, pero que hasta la conquista árabe en el siglo 7, hablaban arameo, el idioma más extendido en Palestina-Eretz Israel por siglos. En ese idioma se hablaba en Canaán y en la Península Arábiga premahometana, lo hablaron los hebreos, parte del Talmud y muchas plegarias están escritas en ese idioma. En arameo, probablemente habló Jesús. Hasta hoy en día el arameo es la “Lengua Sagrada” de las iglesias orientales.

El intento de ser parte

En los años ’50 del siglo pasado, cristianos como el sirio Michel Aflaq, uno de los ideólogos del Panarabismo y uno de los pensadores fundantes del partido Baath en ese país, intentaron con esta doctrina superar la barrera religiosa que los separaba de los musulmanes y elevar la identidad nacional como una instancia superadora del paradigma religioso, lo cual configuró su mejor intento de integrar el mainstream, e incluso el establishment mesoriental.

Pero el experimento salió mal a medida que el paradigma islamista se hacía carne, y en muchos lugares, el Medio Oriente se retrotrae hoy 1.400 años. No solamente en Irak o en Siria. Belén, la ciudad más importante de toda la grey cristiana en el mundo, ha sido vaciada prácticamente de cristianos en los últimos veinte años. Hoy es una ciudad musulmana, con un magro 1.5% de cristianos.

Israel, en cambio, es el único país en el Medio Oriente donde la comunidad cristiana crece. Lo ha hecho en un 1.000% desde 1948. Sin embargo, quizás con menos violencia, también son hostigados por sus supuestos conacionales, los árabes musulmanes israelíes. Ayer, los cristianos lograron oficialmente el divorcio.

El titular de la Asociación Aramea-Cristiana y capitán del ejército israelí, Shaadi Jalul, se emocionó y felicitó la decisión del ministro Sáar. “Es una decisión histórica y un viraje histórico en las relaciones entre cristianos y judíos en el Estado de Israel”.

Dijo más: “Es quitarles la carta de la mano a todos los antisemitas, que calumnian al pueblo judío y al Estado de Israel. Es la prueba de que Israel cuida a sus ciudadanos y las identidades de las minorías que viven en ella, a diferencia de todos los países árabes en nuestro derredor”.

Ahora se podrá hablar de tres iglesias o ramas cristianas israelíes: la Iglesia Aramea-Maronita (cuya mayoría se encuentra en el Líbano), la Iglesia Aramea-Católica, y la Iglesia Aramea-Ortodoxa. En Israel, en total, se trata de una comunidad de unos 133.000 arameos. Su reconocimiento como etnia separada de los árabes puede tener implicancias importantes, como la posibilidad de una red educativa separada de la árabe: hasta ahora, en las escuelas árabes sólo se estudia la heredad árabe, e islam.

Desde ahora, todo cristiano en Israel podrá optar por colocar “Arameo/a” en su cédula de identidad. La nación aramea ha renacido, y lo hace nada menos que en Israel. ¡Salud!

La hora de la paz

A la derecha de Netanyahu, Liberman y Bennet. A la izquierda, Livni y Lapid. Los desafios de la hora.

A la derecha de Netanyahu, Liberman y Bennet. A la izquierda, Livni y Lapid. Los desafios de la hora.

Por Marcelo Kisilevski

El Operativo Margen Protector ha terminado. Ha sido más bien una guerra. Fue iniciada por Hamás, que no dudó en llevar una vez más a su gente a la destrucción y la muerte. La debilidad o la cantidad de muertos de una parte, no le otorga necesariamente la razón. Pero la razón de Israel se puede terminar de construir ahora, dando los pasos necesarios, y en diálogo con los interlocutores correctos. La única pregunta es si el actual gobierno está en condiciones de lograrlo.

El gobierno israelí sale maltrecho del Operativo Margen Protector. El mayor damnificado es Biniamín Netanyahu, el primer ministro, al que no le ha quedado prácticamente ningún margen, ni de protección ante sus adversarios internos, ni de maniobra ante los palestinos y el mundo, para seguir gobernando hasta 2017. El resultado es la parálisis, y la vuelta a la posición anterior al operativo.

El problema es que en el camino han muerto más de 2.000 palestinos y 70 soldados, que millones de israelíes fueron convertidos en refugiados en su propio país, que el prestigio de Israel en el mundo no es precisamente rutilante, y que el antisemitismo en el mundo, que estaba latente, ha salido –ya sin la máscara de “antisionista”- de su madriguera. Todo esto podría ser un precio trágico, terrible, de un proceso de paz a comenzar ya. Podría ser la vía hacia la concreción de una agenda a la que Netanyahu ya dio su acuerdo, la de dos estados para dos pueblos.

Pero si en cambio gana la parálisis, las vidas, junto con la salud mental de los israelíes habitantes del sur, por no hablar del ánimo de los palestinos de Gaza hacia un futuro compartido, se habrán perdido en vano. A lo único que se podrá aspirar será un escenario de mínima, por el que Hamás no sea el que hegemonice la política de Gaza, en el que gobierne la Autoridad Palestina, con el gobierno de unidad Fatah-Hamás reconocido de facto con Israel, y se dé, no una paz, sino una pacificación de facto basada en la mutua disuasión.

Por el momento, sin embargo, ni siquiera eso parece estar en la agenda del gobierno que se conforma con una especie de “status quo mejorado”: gobierno de Hamás en Gaza, pero débil y ahogado; gobierno de Al-Fatah en Cisjordania, pero también débil, y que coopere con Israel. Se trata de una receta literalmente explosiva, que nos llevará hacia la próxima vuelta de violencia en el sur. En esta situación, sólo podemos esperar que lleve más de dos años llegar a ella.

¿Qué hacer?

En su último discurso, Netanyahu habló de que “se abre un horizonte político, no necesariamente malo para Israel”. No podemos saber por el momento si se trató de un guiño para liberarse de la presión por izquierda –EEUU, los países árabes moderados, Lapid y Livni- o una intención real. Por las dudas, su anuncio de la nacionalización de 400 hectáreas en Gush Etzion, donde fueron asesinados los tres adolescentes antes del operativo, sería un guiño compensatorio para su ala derecha.

Lo que muchos alrededor del premier dicen que hay que hacer no es nada sencillo, pero el intento sería un comienzo tan valioso como el logro. Los portavoces son variados y a veces insólitos. En la oposición, por ejemplo, el líder laborista Itzjak (Buyi) Herzog dijo: “Si yo hubiera estado al mando, habría dado ese duro golpe a Hamás, que en todo momento hemos apoyado, y luego iría corriendo a golpear la puerta de Mahmud Abbas (presidente de la Autoridad Palestina) para dialogar con él”.

En la propia coalición, Tzipi Livni, la ministra de Justicia y líder del partido Hatnuá, puso en evidencia por televisión el absurdo en el que está atenazado su jefe: “Se opone a dialogar con un gobierno de unidad nacional palestino, que apoya los pactos firmados previamente con Israel, pero negocia con Hamás en El Cairo. Con Hamás no se negocia, sino con la Autoridad Palestina, de la mano de Egipto, Jordania, Arabia Saudita. Con un paraguas político y financiero internacional reconstruir Gaza y llegar a la solución de dos estados. Es la única manera en que podremos garantizar la paz, junto con la continuidad de Israel como estado judío y democrático”.

La nota insólita la dio el ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Liberman. Haciendo caso omiso de las amenazas de Netanyahu y de su ministro de Defensa, Moshé Yaalón, que le dijeron a él y a Naftali Bennet: “Hablen menos”, Liberman expuso su teoría, también por televisión: Hamás debe ser eliminado, y tengo una manera muy “sencilla” de hacerlo, dijo. Y el elemento sorpresivo: “debemos sentarnos a hablar con la Liga Árabe sobre el Plan Saudita de paz”.

Arabia Saudita había propuesto en 2000 un plan según el cual todos los países de la Liga Árabe normalizarían sus relaciones con Israel, a cambio de una retirada israelí total de los territorios de 1967; la creación de un estado palestino con Jerusalén oriental como su capital; y una “solución justa” para el tema de los refugiados. El plan en sí no es tan fácil de aceptar así como está, pero podría ser una base para comenzar a negociar. En años más recientes, incluso, la Liga Árabe flexibilizó el punto sobre la “retirada total” y aceptó el principio de intercambio de territorios.

El Plan Saudita fue refrendado luego por la Liga Árabe (sí, la misma de los nefastos “Tres no de Khartoum”) en 2002 en Beirut. Tan solo el primer punto del plan es revolucionario en el Medio Oriente: la potencial disposición de todos los países árabes, los más acérrimos enemigos de Israel, a poner fin a décadas de estado de guerra y a aceptar al estado judío en el concierto de la región. Es, ni más ni menos, el fin declarado del conflicto árabe-israelí.

Sin embargo, en toda la década y media transcurrida desde entonces ningún gobierno israelí, ni de izquierda, ni de centro, ni de derecha, ha levantado ese guante, por ser un “plan inaceptable”. Cada tanto, por suerte, los árabes insisten. Esta semana, el rey Abdallah de Arabia Saudita dijo: “Los países árabes debemos reconocer a Israel”.

Hete aquí que es nada menos que Avigdor Liberman la primera voz oficial que se anima a abrir una puerta al Plan Saudita de paz con Israel. Era hora.

Las cadenas de Netanyahu

En resumen, el “nuevo horizonte político, no necesariamente malo para Israel” está compuesto por una coyuntura quizás irrepetible, que coloca de un mismo lado a Israel con las fuerzas moderadas del Medio Oriente, junto con el mundo occidental, frente a amenazas como Irán nuclear y Hezbollah del lado chiíta, el Estado Islámico (ISIS) en Irak, Jabat el Nusra en Siria, Boko Haram en Nigeria… y también el Hamás palestino, todos ellos del lado sunita, y sus países mecenas: Qatar y Turquía. Más arriba, Estados Unidos de un lado, Rusia del otro.

No se trata de nuevos bloques compactos y duros como en la Guerra Fría. A Rusia no le dan los números para volver por sus fueros, pero no cabe duda que existe la voluntad política de volver por sus fueros imperiales, aunque la amenace el desmembramiento interno. Estados Unidos también llega a esta constelación bastante debilitado, y se alegra de poder ceder ante Rusia en casos como el casi ataque a Siria por el uso de armas químicas. Además, no son bloques herméticos: EEUU se habla con Irán sobre cómo enfrentar al fenómeno ISIS.

En ese sentido, la oportunidad para Israel consistiría en terminar de hacer la paz con la Autoridad Palestina moderada del sobreviviente Mahmud Abbas (que cumple en estos días 80, y para el que no hay sucesor potable a la vista) y abrir las compuertas de la paz con todos los países de la Liga Árabe, para poder enfrentar todos juntos los próximos desafíos.

La pregunta es si el gobierno de Netanyahu, como están las cosas, estará a la altura de la oportunidad. Los problemas que tiene el premier, más allá de la estrecha visión ligada a si es posible voltear o no a Hamás o si es mejor dejarlo en el poder, o si hablar o no con Mahmud Abbas, tienen que ver con la supervivencia de su coalición y, más estrechamente aún, con su propio futuro político.

Con un Hamás golpeado y disuadido, convertido en la pata débil de una coalición palestina de unidad, sería posible acercarse a Mahmud Abbas y cerrar trato. Por lo menos, más posible que antes de Margen Protector. Pero si lo hace, Netanyahu perderá a los partidos a su derecha: Habait Hayehudí de Naftali Bennet, a Avigdor Liberman y, lo que es más grave, será linchado políticamente por el propio Likud, que ya lo espera en el próximo congreso del Comité Central, presidido nada menos que por el ex vice ministro de Defensa, Dany Danón, que le prepara una verdadera vendetta por despedirlo en medio de la guerra. Si, en cambio, el premier continúa con el status quo, lo podría abandonar su ala izquierda: Tzipi Livni y Yair Lapid.

Mientras tanto, la acción de gobierno de Bibi se reduce a “control de daños”: cómo hacer callar a sus ministros, frente a los que ha perdido toda autoridad, cómo responder a la comisión investigadora de la ONU sobre supuestos crímenes de guerra en Gaza, cómo recuperar votantes del Likud, muchos de los cuales lo han dejado a favor de Bennet en las encuestas de intención de voto, y cómo recuperar lugar en la interna de su propio partido: según una fuente del Likud, para esta semana y la que viene organizó dos convenciones partidarias, varios brindis por Rosh Hashaná, un congreso de mujeres del Likud, otro congreso de fundadores del partido, y actos varios con punteros zonales que todavía lo apoyan. Extraño modo de invertir el tiempo luego de una guerra.